Cuando esto ocurre no eres consciente, el carácter se ve afectado gradualmente y aparecen nuevos comportamientos en nuestro estado de ánimo.
Sin darme cuenta mi autoestima estaba por los suelos y mi personalidad baja y susceptible, vulnerable. Pasé de lo individual a lo colectivo siendo irritante y poco tolerante simplemente por llevar la contraria o por no adaptarse a mis ideas.
Empezaba a tener oscilaciones entre la manía y la depresión de menos a más hasta que mi cuerpo dijo basta, tuve que ingresar en el hospital psiquiátrico.
Trastorno Bipolar de tipo I es el nombre de la enfermedad con quien convivo. Es una parte de mí que afecta al estado de ánimo, manipulando la realidad y mimetizando los sentimientos, su afán consiste en desorientar y desviar el rumbo de nuestra vida para caer dentro de una espiral maníaca o depresiva.
A veces pienso que puede venir desde que nací, otras que algo dejó de funcionar correctamente durante mi madurez, y a veces las ligo pensando que siempre he sido más o menos igual y que en algún momento, la sobrecarga de pensamientos diversos que guardaba dentro de mí, fue el detonante de un estrés emocional y como resultado activar la enfermedad.
Cuando se activa la enfermedad, es un proceso irreversible, hacerse la idea de que es para toda la vida no resulta ser agradable, pero hay que seguir hacia adelante y luchar por lo que es tuyo: tu estado anímico.
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