ANALOGÍA SOBRE LA ENFERMEDAD
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Me gusta pensar que la enfermedad es como un volcán que ha aparecido en la geografía de la genética de la persona a través de la presión generada por el estrés. En el momento que toma forma y se dispone a estallar en una crisis, la enfermedad ya se manifiesta. Este proceso se genera de manera cautelosa, donde se ve afectado nuestro sistema límbico que es el regulador de nuestro estado de ánimo. Los neurotransmisores, como la dopamina, la serotonina y la acetilcolina juegan también un papel crucial en cada fase. También están involucradas las hormonas, sobretodo la tiroxina. Con este conjunto de ingredientes son los que se encargan de regular la química y su aumento hace estallar y manar ríos de lava, donde recorren los caminos más débiles de nuestro ser, alterando pensamientos de culpabilidad al fin de hacernos sentir frágiles. Incluso se recrea en

situaciones que cometimos algún error, cosas que creíamos olvidadas y surgen de nuevo para congestionar.
Va tomando control sobre la mente e intenta disfrazar nuestro mundo, para teñir de negro y blanco, calcinarlo todo con la idea de que es inútil restaurarse.
Se hace difícil distinguir lo real de lo imaginario, siendo todo como una especie de ilusión, ficción proyectada con el fin de doblegar y poder apoderarse de nuestro ser.
Un gran tormento insípido, voraz, cuando uno se ve sumergido en su mundo para hacerse la idea de que es inútil luchar, largas dimensiones, lugares, recuerdos teñidos de ceniza, mantos cubiertos en el mobiliario de tu mente como si tuviéramos que trasladarnos así sin más. Una gran sensación de desconcierto como si todo lo que vivía en ti se hubiese consumido.
De un extremo a otro, de la manía a la depresión saltamos, prescindiendo de todo lo que nos dejamos entre medio sin escala de valores.
Se pone en duda lo que percibimos, atónit@ ante la impotencia de no poder explicar, ni tan siquiera identificar que se trata de un Trastorno Bipolar.

 


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