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espectáculo » 02
:: EL ESPECTÁCULO
::
(THE SHOW)
Las mujeres estaban ya completamente desnudas,
y sus manos presionaban entre las piernas de su
compañera. Gabrielle se dio cuenta de pronto
de que su propio sexo estaba reaccionando ante
lo que pasaba en el escenario. Xena había
notado cómo su humedad iba creciendo desde
hacía ya bastante rato, y se interrogó
acerca de Gabrielle. La mirada en el rostro de
su amiga rebelaba algo más que un mero
interés de bardo, mucho más. Xena
no estaba del todo segura. No quería leer
en él más de lo que había.
Se interrogó, pero Gabrielle nunca había
demostrado interés por las mujeres, sólo
por varios hombres con los que se habían
cruzado en sus viajes. Incluso había estado
casada, aunque brevemente. Quizás se trataba
de una reacción natural ante tantos días
por los caminos y unos cuantos vasos de vino de
más.
Xena se dio
cuenta entonces de lo mucho que su amiga estaba
bebiendo. Conocía los límites de
Gabrielle demasiado bien. La joven amazona podía
volverse tremendamente parlanchina y marearse
cuando los excedía. En raras ocasiones,
Xena había dejado a Gabrielle pasarse un
poco sólo por verla sonreír y carcajearse
de nada en particular. Adoraba ese lado juguetón
de la bardo. Gabrielle era para ella una luz brillante
en una noche oscura. Ésta no tenía
ni idea de cuántas veces su sonrisa había
iluminado el, de otro modo, sombrío carácter
de la guerrera.
Las mujeres
del escenario intercambiaron posiciones. Tawni
yacía ahora sobre la mesa, con las piernas
abiertas. Syres estaba arrodillada, con la cara
enterrada entre ellas. Los ojos de Xena se abrieron.
Hacía años que no veía un
espectáculo de sexo en directo, y su cuerpo
estaba reaccionando. Podía sentir la humedad
crecer entre sus piernas y alargó su mano
para aliviar la sensación, mirando a Gabrielle
a través de sus párpados medio cerrados.
Gabrielle respiraba
lenta y profundamente, con los ojos prendidos
de las mujeres del escenario. Su mente estaba
llena de las palabras de Safo, y su cuerpo reaccionaba
con la pasión de la juventud. Bebió
varios y prolongados tragos de su copa cuando
las mujeres cambiaron de posición. No se
atrevió a mirar a Xena por miedo a que
pudiera leer las emociones en su cara. No podía
creer lo excitada que estaba. Ni siquiera cuando
hizo el amor con Pérdicas se sintió
así. La pasión entre dos mujeres
había sido muy bien descrita por Safo,
pero leerla y verla eran dos cosas tremendamente
diferentes para Gabrielle. Mientras contemplaba
al dúo en el escenario, su mente dibujaba
la misma situación protagonizada por ella.
Imaginó una fuerte y dulce lengua contra
su centro, y unos delicados dedos acariciando
sus pezones. Se dejó llevar durante unos
momentos por su fantasía, hasta que se
dio cuenta de que tenía los ojos cerrados.
Seguramente Xena querría saber en qué
estaba pensando si la viera así. ¿Cómo
se lo explicaría? Abrió rápidamente
los ojos y se acabó su vino. No podía
aguantarlo más. Necesitaba aliviarse.
—Xena,
voy a subir ya. ¿No tienes que ir a comprobar
que Argo está bien o algo? —Luego
se dijo a sí misma: "Buena excusa,
bardo", se reprochó. "¿O
algo? ¿Por qué no se lo has dicho
directamente?: Xena, no subas hasta dentro de
un rato porque no quiero morirme de vergüenza
cuando entres y me sorprendas con las manos entre
las piernas." No obstante, trató de
corregirse rápidamente.— Quiero decir,
¿no dijiste que últimamente no pasabas
suficiente tiempo con ella? Supuse que con una
noche tan agradable y todo eso…
—Es
una gran idea, Gabrielle. —dijo Xena al
tiempo que también se levantaba.
—Bien,
te veré dentro de digamos… ¿media
marca de vela? —Propuso, tratando de estimar
el tiempo que necesitaría.
—Seguramente
un poco más. —contestó Xena.
Gabrielle asintió y se fue escaleras arriba,
perfectamente consciente de la humedad que ocupaba
su entrepierna. Su ropa interior estaba tan húmeda
que seguro que podría escurrirla. Xena
contempló con sorpresa cómo la bardo
se apresuraba a subir.
Había
estado mirando a Gabrielle cuando ésta
había cerrado los ojos. Xena centró
entonces completamente su atención en la
bardo, en cómo su respiración se
aceleraba y cómo se pasaba la lengua una
y otra vez por los labios. Xena había sentido
su cuerpo reaccionar ante esos gestos de Gabrielle.
—Oh,
mi bardo, —había pensado entonces.—
Ojalá supieras lo que me estás haciendo.
—Sabía exactamente sobre quién
sería su fantasía masturbatoria
de esa noche. Cuando Gabrielle se levantó
de golpe y le sugirió que fuese a visitar
a Argo, Xena supo lo que Gabrielle iba a hacer
una vez llegara arriba. Agradeció la oportunidad
de pasar un tiempo a solas, puesto que también
necesitaba satisfacer sus necesidades. Pagó
rápidamente la cuenta, salió del
local y se encaminó hacia el bosque de
las afueras de la aldea. Le tomó sólo
unos minutos encontrar un lugar tranquilo. Satisfecha
de estar completamente sola, dejó la espada
a su lado y se tumbó. Se subió la
falda y retiró su ropa interior, colocando
rápidamente sus dedos en la ya familiar
posición. Su mente se centró en
imágenes de Gabrielle, refrescada por el
agua en un día abrasador y con la luz del
sol lanzando destellos sobre su humedecido cuerpo.
Una vez dentro del hechizo de su fantasía,
sus dedos comenzaron a moverse espontáneamente,
sabiendo con exactitud lo que su dueña
necesitaba y proporcionándoselo.
Gabrielle cerró
la puerta tras de sí y se precipitó
sobre la cama. Sin preocuparse por el resto, se
bajó la ropa interior y se recostó,
apoyando una pierna contra la pared para ayudarse.
Imaginó a una mujer fuerte abrazándola,
amándola, lamiendo sus pezones, endureciéndolos
casi dolorosamente. Gabrielle dejó a sus
pensamientos guiar sus emociones, acariciándose
los pezones a través de la ropa y finalmente
apartando el corpiño cuando ese contacto
se hizo insuficiente. Sus dedos rodearon y pellizcaron
sus pezones, lo que produjo aún más
líquido entre sus piernas. Imaginó
a esa mujer abriéndose camino hacia abajo,
enterrando la cabeza entre sus piernas, probando
su sabor. Los dedos de Gabrielle imitaron los
movimientos que imaginaba haría la mujer.
Nunca había sentido una lengua en su sexo,
Pérdicas era demasiado conservador para
eso, pero supuso que sería suave, mucho
más suave que sus dedos. Sin darse cuenta,
la imagen de esa poderosa mujer adquirió
cabello oscuro y unos penetrantes ojos azules.
Inconscientemente profirió un sonido.
—Xena…
—Eso lo significó todo para Gabrielle.
La imagen de su fantasía se convirtió
rápidamente en Xena. Imaginó las
manos de la guerrera, su boca y su lengua sobre
su cuerpo, y eso la llevó hasta el límite.
Sus caderas se elevaron de la cama mientras su
dedo vibraba despiadadamente contra la hinchada
extremidad. Sintió salir el flujo, deslizándose
por su sexo. No sabía si había gritado,
y tampoco le importaba. Pasaron varios minutos
antes de que encontrara las fuerzas necesarias
para levantarse y limpiarse. No quería
tener que dar explicaciones por el olor de sus
manos o de su cuerpo a su dormida compañera.
Xena llegó
al poco rato y se dirigió directamente
hacia la palangana.
—Apesto
después de haber tocado a Argo. —mintió
ella.— Estaré lista en un minuto.
—Oyó a Gabrielle gruñir en
conformidad. Se lavó las manos rápidamente
y colocó un paño limpio dentro de
su ropa interior. Una vez hecho eso, se cambió
y se metió en la cama, pensando que el
sueño llegaría en breve. Pero no
lo hizo.
Intentó
no pensar en el cuerpo que yacía a su lado.
Gabrielle le daba la espalda y Xena podía
ver íntegramente uno de sus torneados muslos,
que sin duda había escapado del abrigo
de las mantas. Obligándose a cerrar los
ojos, Xena probó una de sus técnicas
de relajación, pero fue en vano. Se giró
para separarse de la bardo, y pasó casi
una marca de vela completa antes de que se durmiera.
Gabrielle sintió
que Xena se daba la vuelta. Su mente aún
seguía reproduciendo escenas de su fantasía.
Tenía que luchar contra el impulso de darse
la vuelta y abrazarse a ella. Eso seguramente
provocaría que la guerrera le lanzase algunas
preguntas bastante embarazosas. Se quedó
dormida con una sonrisa en la cara y la imagen
de su guerrera en la mente.
Un silencio
incómodo fluctuó entre ellas todo
el día. Ambas estaban completamente sumidas
en sus recién descubiertos sentimientos
y deseos, tan envueltas en sus propios pensamientos
que ninguna de las dos reparó en el silencio.
Estaban preparándose para bajar a cenar
cuando accidentalmente se tocaron. La sensación
de la mano de Xena rozando suavemente el talle
de Gabrielle hizo que la respiración de
ésta se acelerara. Los dedos de Xena hormiguearon
bajo el inesperado contacto. Las dos mujeres intercambiaron
una breve mirada, sin que ninguna se atreviera
a expresar sus sentimientos, aunque Xena estaba
inclinada a sospechar que algo nuevo rondaba en
la mente de la bardo tras la experiencia de la
noche anterior.
Sus sospechas
se vieron confirmadas cuando Gabrielle sugirió
quedarse un rato después de la cena para
tomar algo de beber. Después de todo, indicó
la bardo, la noche era realmente agradable. Gabrielle
nunca había sabido engañarle demasiado
bien, y un pensamiento vino a formarse rápidamente
en la mente de Xena. Así que su pequeña
bardo sentía curiosidad, ¿no? Bien,
veamos lo que nos depara la noche entonces. Mientras
esos pícaros pensamientos atravesaban la
mente de Xena, su cara era una máscara
totalmente ilegible para Gabrielle. Ésta
estaba segura de que Xena protestaría ante
su propuesta de quedarse, pero no lo hizo. En
lugar de una silla con mesas, Xena había
conseguido la de la esquina. Estaba algo alejada
del resto, pero, aún así, permitía
tener una vista excelente del escenario. En vez
de sillas, unos amplios y mullidos bancos se adosaban
a unas paredes igualmente acolchadas. Cuando las
luces se apagaron para indicar el comienzo del
espectáculo, Xena miró con silencioso
agradecimiento cómo las lámparas
situadas encima de ellas eran sustituidas por
una pequeña vela sobre la mesa. La camarera
les dejó tres rondas de bebidas, explicando
que iba a dejar de atender para poder cenar, y
no regresaría hasta el final del espectáculo.
Todo se desarrollaba maravillosamente para los
propósitos de Xena, quien pensó
que ella misma no podría haber planeado
las cosas de mejor forma. Los Hados, sin duda,
debían sonreírle esta noche. Ahora,
ella tenía que intentar convencer a una
pequeña bardo de que expresara sus deseos
más íntimos.
Gabrielle había
terminado ya su vaso de vino y comenzaba el segundo
cuando Nikki entró en escena. Xena se acercó
a la bardo, pretextando un mejor ángulo
de visión. Con ello, Xena se las arregló
para colocar su muslo firmemente contra el de
Gabrielle. Se recostó y pasó su
brazo por el respaldo del banco, justo detrás
de Gabrielle.
—Sólo
me estoy poniendo cómoda. —contestó
a la mirada que recibió de la bardo. Desde
su posición aventajada, podía ver
no sólo lo que Gabrielle estaba mirando,
sino también una vista completa sobre la
bardo misma. Con los ojos clavados sobre la mujer
medio desnuda sobre el escenario, Gabrielle no
era consciente de la mirada hambrienta que descansaba
justo tras ella. Su temperatura se estaba elevado
rápidamente, así que se terminó
su bebida. Nikki había finalizado y estaban
preparando afanosamente el escenario para el siguiente
acto.— Me pregunto si saldrán aquellas
dos chicas otra vez. —dijo Xena suavemente
en el oído de Gabrielle. La bardo se estremeció,
puesto que no se había dado cuenta que
Xena se hubiese acercado a ella.
—N…
no lo sé. — Tartamudeó. Xena
estaba muy cerca, demasiado cerca. Sentía
la respiración de la guerrera contra su
oído, la presión de su muslo contra
ella. Eso era todo lo que podía hacer para
no cerrar los ojos y abandonarse a la fuerte mujer
que estaba a su lado. Se frotó los ojos,
intentando aclarar sus ideas, que se inclinaban
fuertemente a seguir sus impulsos.
—Ven,
recuéstate, pareces cansada. —Xena
se sentó detrás y tiró de
Gabrielle hacia ella, volviendo a colocar la boca
cerca del oído de la bardo. Gabrielle se
inquietó por el contacto de Xena en público.
Advirtiendo esa pregunta no formulada, Xena le
contestó.— Aquí está
completamente oscuro, Gabrielle. Nadie puede ver
nada. —Con una risa grave que reverberó
en el interior de la bardo, Xena agregó—:
Además, ahora mismo están todas
ocupadas con sus propios asuntos. Podrías
gritar y a nadie le importaría. —Esas
últimas palabras fueron dichas lentamente,
manifestando un mudo y fugaz pensamiento que cruzó
la mente de Xena. Gabrielle apagó la vela
depositada sobre la mesa y se recostó contra
el hombro de Xena, el brazo de la guerrera alrededor
de su cintura y su mano descansando ligeramente
contra su vientre. Mirando al escenario, Gabrielle
vio que Tawni y Syres se acariciaban mutuamente
sus pezones, provocándose mutuos gemidos
de placer.
—¿Te
diviertes? —La voz baja y gutural de Xena
envió una nueva oleada sobre la bardo,
ya de por sí excitada. Xena sonrió
cuando la vio cerrar los ojos en respuesta al
sonido de su voz.
—Mmm.
—contestó Gabrielle, sin atreverse
a hablar. Abrió los ojos y miró
fijamente al escenario, temerosa de que Xena pudiese
leer en ellos. Era sumamente consciente de los
fuertes dedos que describían lentos y sugerentes
círculos sobre su abdomen. Aunque pensaba
que debía decir algo al respecto, no lo
hizo. Era demasiado agradable como para interrumpirlo.
—Bien.
—La voz de Xena asaltó sus sentidos
otra vez.— Sólo relájate y
disfruta, Gabrielle. No permitiré que ocurra
nada que tú no quieras, ¿me entiendes?
—Aunque estuviera en sus manos, Xena tenía
que dejar claro a Gabrielle que estaría
segura sin importar lo que pasara, o no pasara.
Xena contuvo la respiración mientras esperaba
la respuesta de la bardo.
—Confío
en ti —Las palabras de Gabrielle fueron
dichas tan bajo que solamente Xena pudo escucharlas.
Sintió a la guerrera suspirar y después
retomar la suave caricia sobre su vientre.
—Abre
tus ojos. Observa la escena. —ordenaba dulcemente
Xena. Los ojos de Gabrielle se abrieron para ver
a la pareja turnándose para chupar los
pezones una a la otra.— ¿Está
bien, verdad? —Gabrielle se estremeció
involuntariamente con el sonido hipnótico
de la voz de Xena. Ella no podía más
que asentir con una señal de su cabeza,
tenía la mirada fija sobre la actividad
que se realizaba en el escenario. Los dedos de
Xena habían logrado encontrar el camino
exacto hacia el borde inferior de su corpiño.
El sólo pensamiento de aquellos fuertes
dedos acariciando sus pechos hicieron que el flujo
de Gabrielle comenzar a fluir apresuradamente.
—Mmm,
muy bien. —logró susurrar finalmente
la bardo. Ambas sabían que ella no hablaba
del espectaculo.
—¿Qué
es lo que quieres, Gabrielle? —Las palabras
de Xena la forzaron a tomar una decisión
y que fuera conocida. Sin titubear un segundo,
ella dirigió su pequeña mano hacia
abajo y envolvió la muñeca de Xena.
La examinó a través de sus párpados
medio cerrados y colocó la mano de la guerrera
sobre su corpiño. Gabrielle quedó
sin aliento al sentir los fuertes dedos y la palma
caliente de Xena masajear su pecho. Incapaz de
mantener sus ojos abiertos, ella se inclina hacia
atrás contra Xena para apoyarse. Xena retiró
su mano, causando un murmullo de protesta en la
bardo y muy a su pesar se forzó a abrir
sus ojos para mirar a Xena.
—No
te detengas. —dijo Gabrielle con vehemencia.
—No
te preocupes, no pensaba detenerme. —gruñó
Xena mientas depositaba a la bardo sobre sus rodillas.—
Solamente quería tener una mejor posición.
—Sus respiraciones se entremezclaron y Xena
no perdió el tiempo para saborear aquellos
labios y aquella boca tan deseada.
Al principio,
Gabrielle se puso rígida, luego se relajó
y cedió ante la exigencia que la lengua
de Xena. Ésta desplazó a Gabrielle
hasta sentarla a horcajadas sobre sus caderas,
cara al escenario. No deseando ser entorpecida
ni un instante más por el escotado corpiño
de la bardo, Xena, desató rápidamente
los lazos. Había casi terminado cuando
sintió la mano de Gabrielle cubrir la suya.
—Xena,
¿Qué hay sobre las demás
personas? ¿Y si alguien nos ve? —Gabrielle
miró alrededor de la sala en penumbra para
comprobar que de hecho, todo el mundo estaba ocupado
con asuntos más importantes en sus propias
mesas. Solo un incendio les habría movido.
—No
me importa. —gruñó Xena levantando
el corpiño y exponiendo los pechos de Gabrielle
a la sala antes de cubrirlos con sus manos robustas.
Sus dedos circundaron, luego suavemente pinzaron
los rosados pezones. Arqueando su espalda, Gabrielle
presiona sus pechos contra las manos de Xena.
Era una suerte que nadie le prestara atención
cuando Gabrielle no pudo controlar más
sus gritos y gemidos.— ¿Disfrutas
del espectáculo, Gabrielle? —Un soplo
cálido bañaba su oído haciendo
estremecer de deseo a la contadora de historias.—
Abre los ojos, mira el espectáculo. —Las
mujeres del escenario, estaban arrodilladas sobre
la mesa, una frente a la otra, con sus manos profundamente
hundidas entre las piernas de cada una, provocando
que Gabrielle soltara un gruñido al observarlas.
Los dedos de
Xena encontraron rápidamente el borde de
la ropa interior de Gabrielle. A pesar de la tentación
impetuosa que la poseyó de simplemente
arrancársela, permitió que la bardo
la levantara y se la quitara. Reinstalando a Gabrielle
hacia atrás en su regazo, Xena aproximó
nuevamente su boca al oído de la bardo.
Había posicionado de tal manera a Gabrielle
que ahora la tenía de frente, permitiendo
a Xena un acceso total sobre su cuerpo.—
Te deseo, Gabrielle. Te deseo y voy a tomarte,
ahora mismo. —Sus palabras eran como un
mandato para la bardo, cautivándola. Gabrielle
no hubiera podido más decir "No"
que dejar simplemente de respirar. Ella estaba
completamente a merced de los caprichos de Xena
y la guerrera lo sabía.— Voy a hacerte
gemir, Gabrielle, voy a hacerte gritar mi nombre
de placer. —Fue recompensada con un profundo
gemido de la bardo. El sensual sonido no sirvió
más que para hacer que la humedad entre
las piernas de Xena fluyera con mayor intensidad.
Estaba bien segura de no poder ella misma soportarlo
por más tiempo. Los dedos de Gabrielle
encontraron su camino entre los largos mechones
de Xena, alentando a la guerrera, como si ella
necesitara más estímulo. La boca
de Xena reclamó el cuello de la bardo,
sellando así su amor y deseo, sin importarle
las marcas que allí dejaba. Sus dedos se
cerraron alrededor de los pezones de Gabrielle,
haciendo rodar la parte más sensible entre
sus dedos índices y pulgares.
—Xena,
sííí. —Los jadeos de
Gabrielle servían sólo para avivar
el fuego entre ellas. Abrió los ojos y
miró a su amor. Incapaz de resistir la
tentación, se inclinó hacia delante
y presionó sus labios separados contra
los de Xena. Los besos de la bardo estaban llenos
de admiración e interrogantes. Xena permitía
a Gabrielle explorar, fascinándose con
los vacilantes tanteos de la lengua de la bardo.
Cuando Gabrielle tomó la iniciativa y presionó
sus manos contra los lados de los pechos de Xena,
la guerrera fue incapaz de ahogar un profundo
gemido. Había esperado que la bardo fuera
pasional, pero no había previsto tanta
bravura de Gabrielle. Silenciosamente deseaba
haber llevado puesta una túnica de algodón
en vez de sus cueros. Sus manos se movían
hacia abajo para agarrar el bien proporcionado
trasero de Gabrielle, tirando de ella para acercarla,
obligando a las rodillas de la bardo a separarse,
facilitando con ello un mejor acceso a su sexo.
Gabrielle rompió el beso y enterró
su cara contra el cuello de Xena, agradecida por
los fuertes brazos que sostenían su cuerpo,
que sentía como de gelatina en ese momento.
Gemidos de placer se filtraban del escenario,
añadiéndose a la pasión de
ellas.
—Te
amo, Gabrielle. —murmuró Xena mientras
traía su mano alrededor de la parte delantera,
rozando delicadamente con sus dedos de un lado
a otro su suave y rizada mata de pelos. Gabrielle
contestó con un gemido mientras su cuerpo
se daba cuenta de dónde había dirigido
Xena su mano. Xena rió ahogada y dulcemente
cuando que su dedo se deslizó entre los
pliegues de Gabrielle e inmediatamente se empaparon.—
Dioses, Gabrielle, estás muy húmeda.
—Xena gimió mientras sus ojos se
cerraban instantáneamente ante la agradable
sensación. Las palabras estaban más
allá de la bardo en ese momento, todos
sus pensamientos estaban puestos en los dedos
de Xena, que estaban ahora acariciándola
delicadamente. Las caderas de la contadora de
historias se movían rítmicamente
contra los suaves pero fuertes dedos.— Gabrielle…
—Era una pregunta que no necesitaba palabras.
Todo lo que Gabrielle podía hacer era aceptar
con una inclinación de la cabeza, su cuerpo
reclamaba a gritos el contacto. Preocupada por
la juvenil inexperiencia de su amante, Xena la
penetró con sólo un dedo, acariciándola
suavemente dentro y fuera, penetrándola
mas profundamente a cada caricia. No tenía
que preocuparse.
—Oh…
dioses, Xena… mmm… oh sí. —Los
suaves lamentos de Gabrielle contra su cuello
incitaban a Xena a probar más allá.
Tanteando colocó un segundo dedo cerca
de la apertura. Los empujes de las caderas de
Gabrielle impulsaban todos los pensamientos de
la guerrera mientras hundía dos dedos en
la profundidad del coral abierto.
—Gabrielle…
—la voz susurrante, imponente y profunda
de Xena hipnotizaba y ponía en trance a
la bardo. Ella era como la cera blanda en las
hábiles manos de Xena.— Siente mis
dedos dentro de ti… es mi caricia la que
te hace vibrar así. —Sonrió
cuando sintió la cabeza de la bardo asentir
con un movimiento de arriba a abajo. Las caderas
de Gabrielle incrementaron el ritmo, oprimiendo
su sexo contra la mano de la guerrera. Xena subió
su pulgar para frotarlo contra el clítoris
de Gabrielle.
—¡Oh!
—exclamó Gabrielle ante el contacto
directo, nunca antes la había tocado nadie
salvo ella misma. Rechinó los dientes y
fortaleció su agarre al cuello de Xena.
Sus caderas se movían por voluntad propia,
forzando el ritmo que los dedos de Xena habían
creado.
—¿Debo
suponer que estás disfrutando? —Xena
bromeaba a la vez que aumentaba el ritmo del movimiento
de arriba abajo. Fue respondida por un gruñido.
Los dulces gritos de Gabrielle sobre su oreja
y el incremento de líquido en su mano le
hicieron ver a Xena que el orgasmo de la bardo
era inminente.
—Xena…
oh Xena. —Gabrielle jadeaba. Trató
de abrir sus ojos para mirar a su amante, pero
cada empuje de los firmes dedos de Xena provocaba
que sus ojos se cerraran con mayor fuerza.
—Déjate
llevar. —susurró Xena con dulzura
cuando sintió que el pequeño cuerpo
de Gabrielle temblaba contra ella.— Te tengo,
Gabrielle, déjate llevar. —Sus dedos
encontraron un suave punto en el interior y se
frotaron contra él, su pulgar trabajaba
intensamente en el exterior.
—¡¡Xena!!!
—gritó. Las uñas de Gabrielle
se clavaron en los músculos de la espalda
de Xena mientras su cuerpo explotaba de placer.
Los dedos de Xena continuaron su misión
mientras, ola tras ola, explotaba dentro de ella,
dejándola exhausta e indefensa. Gabrielle
sepultó su cabeza en el cuello de Xena,
dejando que sus lágrimas se derramaran
sobre la bronceada piel. Permaneció inmóvil
durante varios latidos de corazón.
Xena apartó
su mano humedecida del calor y con delicadeza
empujó a Gabrielle hacia atrás para
ver su cara. Quería ver esa mirada, esa
cara de satisfacción total. Alzó
la mano para enjugar una lágrima errante
y atrapó el placentero olor de Gabrielle
sobre sus dedos.— Te amo, Gabrielle. —murmuró
suavemente.
—Xena.
—contestó jadeando. Xena la atrajo
hacia sí para darle un delicado beso, lleno
de amor y devoción, antes de estrechar
a la bardo contra su hombro. La acunó en
sus brazos, mientras sus manos le acariciaban
cuidadosamente la espalda desnuda.
—Shh,
descansa un momento. —Con dulzura, meció
su preciada carga, esperando que el temblor parase.
Aflojó su abrazo cuando sintió los
suaves labios de Gabrielle presionando contra
su cuello, y luego incorporó un poco a
la bardo para mirarla.
—Te
quiero. —susurró Gabrielle, inclinándose
para compartir un beso.
—¿Estás
bien? —le preguntó Xena, llenando
su voz de preocupación al encontrar con
las yemas de los dedos otra lágrima. Gabrielle
asintió con la cabeza y se enjugó
la gota salada.
—Sí.
—sonrió y suspiró.—
Es sólo que… bueno, yo nunca…
—dejó de tartamudear al sentir el
contacto de uno de los dedos de Xena sobre su
boca. El olor que lo impregnaba llegó hasta
ella y la inundó, recordándole el
placer que había recibido hacía
tan sólo unos instantes, y descubrió
que su cuerpo no lo había olvidado.
—Shh,
creo que te entiendo. —contestó Xena
suavemente. Sospechaba que Gabrielle nunca había
experimentado un orgasmo tan intenso. Saber que
ella era la responsable provocó que aflorara
a sus labios una sonrisa de satisfacción.—
Supongo que eso quiere decir que te ha gustado,
¿huh? —preguntó con inocencia.
Su penetrante mirada descendió hasta los
pechos de la bardo, todavía visibles bajo
la mortecina luz. Xena apenas era consciente de
que el espectáculo había terminado
y las clientas comenzaban a recolocarse sus ropas
y marcharse.
—Muchísimo.
—La voz de Gabrielle tenía ahora
más matiz y su respiración volvía
a la normalidad. De pronto comprendió el
motivo de la mirada de Xena y tomó consciencia
de lo que le rodeaba.— Xena, no podemos
quedarnos aquí. Todas se marchan. —Buscó
su corpiño, sin estar realmente segura
de cuándo había desaparecido. Xena
lo encontró y se lo entregó, ayudándola
a enlazar los cordones. Gabrielle recogió
entonces su ropa interior, pero le fueron arrebatadas
por el rápido brazo de Xena.
—No
te preocupes por esto. —Xena la introdujo
entonces entre sus pechos. Sintió en su
piel la humedad de la entrepierna depositada en
aquella pieza de tela. Conteniendo el impulso
de poseer de nuevo a la bardo allí mismo
y en ese preciso instante, le ayudó con
cuidado a ponerse en pie. Gabrielle, que no estaba
segura de si podría andar después
de lo sucedido, agradeció la firme mano
que Xena le prestó mientras salían
de allí y se dirigían, despacio,
hacia su dormitorio, conscientes de la humedad
que emanaba entre sus piernas. Una vez arriba,
Xena se adelantó para abrir la puerta.
Sus largas zancadas la transportaron al vestíbulo
muy por delante de la bardo. Había abierto
la puerta y estaba ya dentro aflojando los cordones
de su bota antes de que Gabrielle entrara en el
cuarto y cerrara la puerta.
—Déjame.
— Dijo Gabrielle dulcemente mientras se
arrodillaba ante la guerrera, que se hallaba sentada
sobre la cama. Xena permaneció inmóvil
y miró a la bardo mover sus manos y comenzar
a desatarle las botas. La joven amazona terminó
con una, pero no hizo ningún movimiento
para sacarla del pie. Sus manos se deslizaron
acariciando hasta las rodillas de Xena. Sus ojos
se nublaron con el suave roce. Gabrielle estaba
fascinada con la piel bajo sus manos, y sus dedos
se deslizaron para tocar la suave piel de detrás
de las rodillas, al tiempo que acercaba sus labios
para besarlas. Los ojos de la bardo se cerraron
al escuchar la profunda inspiración de
Xena.
—Dioses,
Gabrielle. —Xena suspiró al sentir
el movimiento de las manos de Gabrielle desatando
la otra bota. Cada parte de su cuerpo que la bardo
tocaba vibraba enviando impulsos eléctricos
al centro de su ser. Sentía su piel erizarse
allá donde los suaves labios de Gabrielle
habían tocado. No advirtió que la
otra bota desaparecía, puesto que su atención
estaba fija en la expresión de Gabrielle,
intentando leer sus pensamientos y sus emociones.
Admiración, fascinación, miedo,
deseo y amor, todo combinado luchaba en el interior
de sus ojos.
Todavía
arrodillada, Gabrielle permitió a sus dedos
vagar a través de la parte baja de los
muslos de Xena. Se deleitó sintiendo aquellos
músculos fuertes bajo sus dedos. Colocó
las manos sobre las piernas de Xena para incorporarse
y le presentó su mano en una invitación
tácita. Xena la tomó y permitió
ser conducida al borde de la cama. Incapaz de
resistirse, tiró de Gabrielle aproximándola
para besarla con toda la pasión de la que
era capaz. Los brazos de Gabrielle se cerraron
alrededor del cuello de la guerrera, acercándola
más. Ninguna se preocupó de que
pudieran o no respirar. Cuando Xena la liberó,
Gabrielle se tambaleó ligeramente, pero
los fuertes brazos de la guerrera la sujetaron.
—Gracias
—dijo la bardo cuando pudo recuperar el
aliento.— Me dejas sin respiración,
¿sabes? — murmuró mientras
sus dedos encontraban las correas de la ropa de
Xena y se deslizaban entre ésta y su piel.
—Es
lo justo, tú a mí también.
—respondió Xena tan suavemente cuando
sintió deslizarse un tirante, y después
el otro, sobre sus hombros. Las manos de Gabrielle
abandonaron su cuerpo, lo cual no agradeció
precisamente, hasta que se dio cuenta de hacia
dónde se dirigían. Gabrielle llevó
dos de sus dedos bajo el cuero, entre los pechos
de Xena, y tiró de su propia ropa interior,
situada allí por Xena momentos antes. Xena
dejó escapar un profundo gemido. Estaba
siendo torturada, y lo sabía. Lo que no
sabía era a qué diosa dar las gracias
por ello. El cuero que cubría su cuerpo
fue retirado, revelando por completo sus pechos
y sus ya erectos pezones a la vista de Gabrielle.
Sintió los ojos de la bardo mirándola
fijamente, memorizando su cuerpo. — Gabrielle…
— No podría soportar eso mucho más
tiempo.
—Oops,
lo siento. —Gabrielle soltó una leve
risa.— Sólo estaba disfrutando de
la vista. —Sus manos se movieron a continuación
para descansar justo bajo los pechos de Xena.
—Bien,
entonces deja que yo haga lo mismo. —Xena
se inclinó hacia delante y se deshizo rápidamente
del corpiño de la bardo. El contemplar
los pechos de Gabrielle volvió a provocar
un auténtico torrente entre sus piernas.
La urgencia que la abrasaba empezaba a amenazar
con consumirla, demasiado pronto.— Gabrielle…
—Su voz se quebró por el deseo, y
su tono casi suplicó por si mismo. Gabrielle
supo que Xena estaba luchando realmente para mantenerse
bajo control. Un momento después, ambas
mujeres estaban completamente desnudas y tumbadas
sobre la cama.
Xena se había
situado a medias sobre Gabrielle y las piernas
de ambas estaban entrelazadas. El muslo de Xena
captó la cálida humedad de Gabrielle
presionando sobre él. Incapaz de contenerse
por más tiempo, Xena introdujo sus piernas
bajo ella y llevó su boca al oído
de Gabrielle.
—Levanta
la rodilla. —Fue una orden que Gabrielle
cumplió con agrado. Ambas mujeres gimieron
con el contacto. Manteniendo la parte alta de
su cuerpo sobre Gabrielle, Xena movió sus
caderas arriba y abajo, gimiendo por la fricción
a que se vio sometido su sexo. Sus brazos rodeaban
la espalda de Gabrielle, y los de ésta
el cuello de la guerrera. Gabrielle acarició
suavemente el pelo de Xena mientras pequeños
jadeos de placer escapaban de los labios de la
guerrera.— Gabrielle… oh dioses…
oh. —Xena perdió completamente la
capacidad de pensar y de hablar cuando sintió
las manos de Gabrielle moverse y capturar sus
pechos. Presionó su rostro contra el cuello
de la mujer, temiendo que al intentar besarla
le hiciese daño por la fuerza de su pasión.
Perder el control aterrorizó e intrigó
al mismo tiempo a la guerrera, mientras sus nervios
amenazaban con explotar en ese preciso momento.—
¡Ga… bri… elle! —El nombre
fue emitido como una plegaria a través
de sus apretados dientes mientras esperaba a que
el orgasmo desbordase su cuerpo. Gabrielle movió
rápidamente los dedos para pellizcar y
acariciar los pezones de Xena, multiplicando la
fuerza del clímax. Xena estaba segura de
que al día siguiente Gabrielle tendría
arañazos en su cuerpo, donde sus dedos
se habían anclado.
Descansó
así durante varios segundos.
—No
puedo moverme, —admitió finalmente.
Habiendo recuperado la compostura sólo
un poco antes, Gabrielle se rió ante el
reconocimiento de indefensión por parte
de la guerrera.
—Déjame
ayudarte. —dijo Gabrielle con voz profunda.
Elevó el cuerpo de Xena con cuidado y lo
dejó descansar de espaldas a la cama. Luego
se dio cuenta de que los ojos de Xena permanecían
cerrados, y que una solitaria lágrima se
le deslizaba mejilla abajo. Los ojos de Gabrielle
se nublaron al darse cuenta de lo vulnerable que
Xena se mostraba ante ella en ese momento.—
Te quiero, Xena. —dijo al tiempo que se
inclinaba y besaba aquella lágrima.
—Te
quiero. —La voz de Xena era prácticamente
un susurro. Atrajo a Gabrielle hacia sí,
necesitaba sentir la calidez del suave cuerpo
de la bardo sobre el suyo. Por mucho que ambas
mujeres desearan retomar su pasión y complacerse
mutuamente, el cansancio las invadió pronto.
El amanecer
sorprendió a las dos amantes todavía
abrazadas. Xena contempló cómo su
preciosa bardo se estremecía bajo el brillante
sol y se daba media vuelta, lo cual dejó
su espalda a la vista de la guerrera. Incapaz
de resistirse, Xena se inclinó hacia ella
y comenzó a besarla a lo largo de la columna
vertebral. Gabrielle no se vio capaz de volver
a dormir, se giró con un leve suspiro,
centrando la vista en el deseo que ardía
en los ojos de Xena. Sus ojos se contagiaron pronto
de ese fuego y la atrajo hacia un apasionado beso.
Pasaron muchas
horas antes de que el hambre quedase finalmente
saciada, al igual que la pasión, y se obligaran
a salir de la cama. Gabrielle se hizo con suficiente
comida y bebida para ambas mientras Xena pagaba
por dos noches más. Ninguna de las dos
se molestó en ver un espectáculo
más.
FIN
Espero que os
haya gustado. Si es así, decídmelo
(en inglés). Me podéis localizar
en esta dirección: IQ139@aol.com
Cualquier comentario es siempre bien recibido,
siempre y cuando sea de buen gusto.
BL.
Miller
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