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:: EL ESPECTÁCULO ::
(THE SHOW)

Las mujeres estaban ya completamente desnudas, y sus manos presionaban entre las piernas de su compañera. Gabrielle se dio cuenta de pronto de que su propio sexo estaba reaccionando ante lo que pasaba en el escenario. Xena había notado cómo su humedad iba creciendo desde hacía ya bastante rato, y se interrogó acerca de Gabrielle. La mirada en el rostro de su amiga rebelaba algo más que un mero interés de bardo, mucho más. Xena no estaba del todo segura. No quería leer en él más de lo que había. Se interrogó, pero Gabrielle nunca había demostrado interés por las mujeres, sólo por varios hombres con los que se habían cruzado en sus viajes. Incluso había estado casada, aunque brevemente. Quizás se trataba de una reacción natural ante tantos días por los caminos y unos cuantos vasos de vino de más.

Xena se dio cuenta entonces de lo mucho que su amiga estaba bebiendo. Conocía los límites de Gabrielle demasiado bien. La joven amazona podía volverse tremendamente parlanchina y marearse cuando los excedía. En raras ocasiones, Xena había dejado a Gabrielle pasarse un poco sólo por verla sonreír y carcajearse de nada en particular. Adoraba ese lado juguetón de la bardo. Gabrielle era para ella una luz brillante en una noche oscura. Ésta no tenía ni idea de cuántas veces su sonrisa había iluminado el, de otro modo, sombrío carácter de la guerrera.

Las mujeres del escenario intercambiaron posiciones. Tawni yacía ahora sobre la mesa, con las piernas abiertas. Syres estaba arrodillada, con la cara enterrada entre ellas. Los ojos de Xena se abrieron. Hacía años que no veía un espectáculo de sexo en directo, y su cuerpo estaba reaccionando. Podía sentir la humedad crecer entre sus piernas y alargó su mano para aliviar la sensación, mirando a Gabrielle a través de sus párpados medio cerrados.

Gabrielle respiraba lenta y profundamente, con los ojos prendidos de las mujeres del escenario. Su mente estaba llena de las palabras de Safo, y su cuerpo reaccionaba con la pasión de la juventud. Bebió varios y prolongados tragos de su copa cuando las mujeres cambiaron de posición. No se atrevió a mirar a Xena por miedo a que pudiera leer las emociones en su cara. No podía creer lo excitada que estaba. Ni siquiera cuando hizo el amor con Pérdicas se sintió así. La pasión entre dos mujeres había sido muy bien descrita por Safo, pero leerla y verla eran dos cosas tremendamente diferentes para Gabrielle. Mientras contemplaba al dúo en el escenario, su mente dibujaba la misma situación protagonizada por ella. Imaginó una fuerte y dulce lengua contra su centro, y unos delicados dedos acariciando sus pezones. Se dejó llevar durante unos momentos por su fantasía, hasta que se dio cuenta de que tenía los ojos cerrados. Seguramente Xena querría saber en qué estaba pensando si la viera así. ¿Cómo se lo explicaría? Abrió rápidamente los ojos y se acabó su vino. No podía aguantarlo más. Necesitaba aliviarse.

—Xena, voy a subir ya. ¿No tienes que ir a comprobar que Argo está bien o algo? —Luego se dijo a sí misma: "Buena excusa, bardo", se reprochó. "¿O algo? ¿Por qué no se lo has dicho directamente?: Xena, no subas hasta dentro de un rato porque no quiero morirme de vergüenza cuando entres y me sorprendas con las manos entre las piernas." No obstante, trató de corregirse rápidamente.— Quiero decir, ¿no dijiste que últimamente no pasabas suficiente tiempo con ella? Supuse que con una noche tan agradable y todo eso…

—Es una gran idea, Gabrielle. —dijo Xena al tiempo que también se levantaba.

—Bien, te veré dentro de digamos… ¿media marca de vela? —Propuso, tratando de estimar el tiempo que necesitaría.

—Seguramente un poco más. —contestó Xena. Gabrielle asintió y se fue escaleras arriba, perfectamente consciente de la humedad que ocupaba su entrepierna. Su ropa interior estaba tan húmeda que seguro que podría escurrirla. Xena contempló con sorpresa cómo la bardo se apresuraba a subir.

Había estado mirando a Gabrielle cuando ésta había cerrado los ojos. Xena centró entonces completamente su atención en la bardo, en cómo su respiración se aceleraba y cómo se pasaba la lengua una y otra vez por los labios. Xena había sentido su cuerpo reaccionar ante esos gestos de Gabrielle.

—Oh, mi bardo, —había pensado entonces.— Ojalá supieras lo que me estás haciendo. —Sabía exactamente sobre quién sería su fantasía masturbatoria de esa noche. Cuando Gabrielle se levantó de golpe y le sugirió que fuese a visitar a Argo, Xena supo lo que Gabrielle iba a hacer una vez llegara arriba. Agradeció la oportunidad de pasar un tiempo a solas, puesto que también necesitaba satisfacer sus necesidades. Pagó rápidamente la cuenta, salió del local y se encaminó hacia el bosque de las afueras de la aldea. Le tomó sólo unos minutos encontrar un lugar tranquilo. Satisfecha de estar completamente sola, dejó la espada a su lado y se tumbó. Se subió la falda y retiró su ropa interior, colocando rápidamente sus dedos en la ya familiar posición. Su mente se centró en imágenes de Gabrielle, refrescada por el agua en un día abrasador y con la luz del sol lanzando destellos sobre su humedecido cuerpo. Una vez dentro del hechizo de su fantasía, sus dedos comenzaron a moverse espontáneamente, sabiendo con exactitud lo que su dueña necesitaba y proporcionándoselo.

Gabrielle cerró la puerta tras de sí y se precipitó sobre la cama. Sin preocuparse por el resto, se bajó la ropa interior y se recostó, apoyando una pierna contra la pared para ayudarse. Imaginó a una mujer fuerte abrazándola, amándola, lamiendo sus pezones, endureciéndolos casi dolorosamente. Gabrielle dejó a sus pensamientos guiar sus emociones, acariciándose los pezones a través de la ropa y finalmente apartando el corpiño cuando ese contacto se hizo insuficiente. Sus dedos rodearon y pellizcaron sus pezones, lo que produjo aún más líquido entre sus piernas. Imaginó a esa mujer abriéndose camino hacia abajo, enterrando la cabeza entre sus piernas, probando su sabor. Los dedos de Gabrielle imitaron los movimientos que imaginaba haría la mujer. Nunca había sentido una lengua en su sexo, Pérdicas era demasiado conservador para eso, pero supuso que sería suave, mucho más suave que sus dedos. Sin darse cuenta, la imagen de esa poderosa mujer adquirió cabello oscuro y unos penetrantes ojos azules. Inconscientemente profirió un sonido.

—Xena… —Eso lo significó todo para Gabrielle. La imagen de su fantasía se convirtió rápidamente en Xena. Imaginó las manos de la guerrera, su boca y su lengua sobre su cuerpo, y eso la llevó hasta el límite. Sus caderas se elevaron de la cama mientras su dedo vibraba despiadadamente contra la hinchada extremidad. Sintió salir el flujo, deslizándose por su sexo. No sabía si había gritado, y tampoco le importaba. Pasaron varios minutos antes de que encontrara las fuerzas necesarias para levantarse y limpiarse. No quería tener que dar explicaciones por el olor de sus manos o de su cuerpo a su dormida compañera.

Xena llegó al poco rato y se dirigió directamente hacia la palangana.

—Apesto después de haber tocado a Argo. —mintió ella.— Estaré lista en un minuto. —Oyó a Gabrielle gruñir en conformidad. Se lavó las manos rápidamente y colocó un paño limpio dentro de su ropa interior. Una vez hecho eso, se cambió y se metió en la cama, pensando que el sueño llegaría en breve. Pero no lo hizo.

Intentó no pensar en el cuerpo que yacía a su lado. Gabrielle le daba la espalda y Xena podía ver íntegramente uno de sus torneados muslos, que sin duda había escapado del abrigo de las mantas. Obligándose a cerrar los ojos, Xena probó una de sus técnicas de relajación, pero fue en vano. Se giró para separarse de la bardo, y pasó casi una marca de vela completa antes de que se durmiera.

Gabrielle sintió que Xena se daba la vuelta. Su mente aún seguía reproduciendo escenas de su fantasía. Tenía que luchar contra el impulso de darse la vuelta y abrazarse a ella. Eso seguramente provocaría que la guerrera le lanzase algunas preguntas bastante embarazosas. Se quedó dormida con una sonrisa en la cara y la imagen de su guerrera en la mente.

Un silencio incómodo fluctuó entre ellas todo el día. Ambas estaban completamente sumidas en sus recién descubiertos sentimientos y deseos, tan envueltas en sus propios pensamientos que ninguna de las dos reparó en el silencio. Estaban preparándose para bajar a cenar cuando accidentalmente se tocaron. La sensación de la mano de Xena rozando suavemente el talle de Gabrielle hizo que la respiración de ésta se acelerara. Los dedos de Xena hormiguearon bajo el inesperado contacto. Las dos mujeres intercambiaron una breve mirada, sin que ninguna se atreviera a expresar sus sentimientos, aunque Xena estaba inclinada a sospechar que algo nuevo rondaba en la mente de la bardo tras la experiencia de la noche anterior.

Sus sospechas se vieron confirmadas cuando Gabrielle sugirió quedarse un rato después de la cena para tomar algo de beber. Después de todo, indicó la bardo, la noche era realmente agradable. Gabrielle nunca había sabido engañarle demasiado bien, y un pensamiento vino a formarse rápidamente en la mente de Xena. Así que su pequeña bardo sentía curiosidad, ¿no? Bien, veamos lo que nos depara la noche entonces. Mientras esos pícaros pensamientos atravesaban la mente de Xena, su cara era una máscara totalmente ilegible para Gabrielle. Ésta estaba segura de que Xena protestaría ante su propuesta de quedarse, pero no lo hizo. En lugar de una silla con mesas, Xena había conseguido la de la esquina. Estaba algo alejada del resto, pero, aún así, permitía tener una vista excelente del escenario. En vez de sillas, unos amplios y mullidos bancos se adosaban a unas paredes igualmente acolchadas. Cuando las luces se apagaron para indicar el comienzo del espectáculo, Xena miró con silencioso agradecimiento cómo las lámparas situadas encima de ellas eran sustituidas por una pequeña vela sobre la mesa. La camarera les dejó tres rondas de bebidas, explicando que iba a dejar de atender para poder cenar, y no regresaría hasta el final del espectáculo. Todo se desarrollaba maravillosamente para los propósitos de Xena, quien pensó que ella misma no podría haber planeado las cosas de mejor forma. Los Hados, sin duda, debían sonreírle esta noche. Ahora, ella tenía que intentar convencer a una pequeña bardo de que expresara sus deseos más íntimos.

Gabrielle había terminado ya su vaso de vino y comenzaba el segundo cuando Nikki entró en escena. Xena se acercó a la bardo, pretextando un mejor ángulo de visión. Con ello, Xena se las arregló para colocar su muslo firmemente contra el de Gabrielle. Se recostó y pasó su brazo por el respaldo del banco, justo detrás de Gabrielle.

—Sólo me estoy poniendo cómoda. —contestó a la mirada que recibió de la bardo. Desde su posición aventajada, podía ver no sólo lo que Gabrielle estaba mirando, sino también una vista completa sobre la bardo misma. Con los ojos clavados sobre la mujer medio desnuda sobre el escenario, Gabrielle no era consciente de la mirada hambrienta que descansaba justo tras ella. Su temperatura se estaba elevado rápidamente, así que se terminó su bebida. Nikki había finalizado y estaban preparando afanosamente el escenario para el siguiente acto.— Me pregunto si saldrán aquellas dos chicas otra vez. —dijo Xena suavemente en el oído de Gabrielle. La bardo se estremeció, puesto que no se había dado cuenta que Xena se hubiese acercado a ella.

—N… no lo sé. — Tartamudeó. Xena estaba muy cerca, demasiado cerca. Sentía la respiración de la guerrera contra su oído, la presión de su muslo contra ella. Eso era todo lo que podía hacer para no cerrar los ojos y abandonarse a la fuerte mujer que estaba a su lado. Se frotó los ojos, intentando aclarar sus ideas, que se inclinaban fuertemente a seguir sus impulsos.

—Ven, recuéstate, pareces cansada. —Xena se sentó detrás y tiró de Gabrielle hacia ella, volviendo a colocar la boca cerca del oído de la bardo. Gabrielle se inquietó por el contacto de Xena en público. Advirtiendo esa pregunta no formulada, Xena le contestó.— Aquí está completamente oscuro, Gabrielle. Nadie puede ver nada. —Con una risa grave que reverberó en el interior de la bardo, Xena agregó—: Además, ahora mismo están todas ocupadas con sus propios asuntos. Podrías gritar y a nadie le importaría. —Esas últimas palabras fueron dichas lentamente, manifestando un mudo y fugaz pensamiento que cruzó la mente de Xena. Gabrielle apagó la vela depositada sobre la mesa y se recostó contra el hombro de Xena, el brazo de la guerrera alrededor de su cintura y su mano descansando ligeramente contra su vientre. Mirando al escenario, Gabrielle vio que Tawni y Syres se acariciaban mutuamente sus pezones, provocándose mutuos gemidos de placer.

—¿Te diviertes? —La voz baja y gutural de Xena envió una nueva oleada sobre la bardo, ya de por sí excitada. Xena sonrió cuando la vio cerrar los ojos en respuesta al sonido de su voz.

—Mmm. —contestó Gabrielle, sin atreverse a hablar. Abrió los ojos y miró fijamente al escenario, temerosa de que Xena pudiese leer en ellos. Era sumamente consciente de los fuertes dedos que describían lentos y sugerentes círculos sobre su abdomen. Aunque pensaba que debía decir algo al respecto, no lo hizo. Era demasiado agradable como para interrumpirlo.

—Bien. —La voz de Xena asaltó sus sentidos otra vez.— Sólo relájate y disfruta, Gabrielle. No permitiré que ocurra nada que tú no quieras, ¿me entiendes? —Aunque estuviera en sus manos, Xena tenía que dejar claro a Gabrielle que estaría segura sin importar lo que pasara, o no pasara. Xena contuvo la respiración mientras esperaba la respuesta de la bardo.

—Confío en ti —Las palabras de Gabrielle fueron dichas tan bajo que solamente Xena pudo escucharlas. Sintió a la guerrera suspirar y después retomar la suave caricia sobre su vientre.

—Abre tus ojos. Observa la escena. —ordenaba dulcemente Xena. Los ojos de Gabrielle se abrieron para ver a la pareja turnándose para chupar los pezones una a la otra.— ¿Está bien, verdad? —Gabrielle se estremeció involuntariamente con el sonido hipnótico de la voz de Xena. Ella no podía más que asentir con una señal de su cabeza, tenía la mirada fija sobre la actividad que se realizaba en el escenario. Los dedos de Xena habían logrado encontrar el camino exacto hacia el borde inferior de su corpiño. El sólo pensamiento de aquellos fuertes dedos acariciando sus pechos hicieron que el flujo de Gabrielle comenzar a fluir apresuradamente.

—Mmm, muy bien. —logró susurrar finalmente la bardo. Ambas sabían que ella no hablaba del espectaculo.

—¿Qué es lo que quieres, Gabrielle? —Las palabras de Xena la forzaron a tomar una decisión y que fuera conocida. Sin titubear un segundo, ella dirigió su pequeña mano hacia abajo y envolvió la muñeca de Xena. La examinó a través de sus párpados medio cerrados y colocó la mano de la guerrera sobre su corpiño. Gabrielle quedó sin aliento al sentir los fuertes dedos y la palma caliente de Xena masajear su pecho. Incapaz de mantener sus ojos abiertos, ella se inclina hacia atrás contra Xena para apoyarse. Xena retiró su mano, causando un murmullo de protesta en la bardo y muy a su pesar se forzó a abrir sus ojos para mirar a Xena.

—No te detengas. —dijo Gabrielle con vehemencia.

—No te preocupes, no pensaba detenerme. —gruñó Xena mientas depositaba a la bardo sobre sus rodillas.— Solamente quería tener una mejor posición. —Sus respiraciones se entremezclaron y Xena no perdió el tiempo para saborear aquellos labios y aquella boca tan deseada.

Al principio, Gabrielle se puso rígida, luego se relajó y cedió ante la exigencia que la lengua de Xena. Ésta desplazó a Gabrielle hasta sentarla a horcajadas sobre sus caderas, cara al escenario. No deseando ser entorpecida ni un instante más por el escotado corpiño de la bardo, Xena, desató rápidamente los lazos. Había casi terminado cuando sintió la mano de Gabrielle cubrir la suya.

—Xena, ¿Qué hay sobre las demás personas? ¿Y si alguien nos ve? —Gabrielle miró alrededor de la sala en penumbra para comprobar que de hecho, todo el mundo estaba ocupado con asuntos más importantes en sus propias mesas. Solo un incendio les habría movido.

—No me importa. —gruñó Xena levantando el corpiño y exponiendo los pechos de Gabrielle a la sala antes de cubrirlos con sus manos robustas. Sus dedos circundaron, luego suavemente pinzaron los rosados pezones. Arqueando su espalda, Gabrielle presiona sus pechos contra las manos de Xena. Era una suerte que nadie le prestara atención cuando Gabrielle no pudo controlar más sus gritos y gemidos.— ¿Disfrutas del espectáculo, Gabrielle? —Un soplo cálido bañaba su oído haciendo estremecer de deseo a la contadora de historias.— Abre los ojos, mira el espectáculo. —Las mujeres del escenario, estaban arrodilladas sobre la mesa, una frente a la otra, con sus manos profundamente hundidas entre las piernas de cada una, provocando que Gabrielle soltara un gruñido al observarlas.

Los dedos de Xena encontraron rápidamente el borde de la ropa interior de Gabrielle. A pesar de la tentación impetuosa que la poseyó de simplemente arrancársela, permitió que la bardo la levantara y se la quitara. Reinstalando a Gabrielle hacia atrás en su regazo, Xena aproximó nuevamente su boca al oído de la bardo. Había posicionado de tal manera a Gabrielle que ahora la tenía de frente, permitiendo a Xena un acceso total sobre su cuerpo.— Te deseo, Gabrielle. Te deseo y voy a tomarte, ahora mismo. —Sus palabras eran como un mandato para la bardo, cautivándola. Gabrielle no hubiera podido más decir "No" que dejar simplemente de respirar. Ella estaba completamente a merced de los caprichos de Xena y la guerrera lo sabía.— Voy a hacerte gemir, Gabrielle, voy a hacerte gritar mi nombre de placer. —Fue recompensada con un profundo gemido de la bardo. El sensual sonido no sirvió más que para hacer que la humedad entre las piernas de Xena fluyera con mayor intensidad. Estaba bien segura de no poder ella misma soportarlo por más tiempo. Los dedos de Gabrielle encontraron su camino entre los largos mechones de Xena, alentando a la guerrera, como si ella necesitara más estímulo. La boca de Xena reclamó el cuello de la bardo, sellando así su amor y deseo, sin importarle las marcas que allí dejaba. Sus dedos se cerraron alrededor de los pezones de Gabrielle, haciendo rodar la parte más sensible entre sus dedos índices y pulgares.

—Xena, sííí. —Los jadeos de Gabrielle servían sólo para avivar el fuego entre ellas. Abrió los ojos y miró a su amor. Incapaz de resistir la tentación, se inclinó hacia delante y presionó sus labios separados contra los de Xena. Los besos de la bardo estaban llenos de admiración e interrogantes. Xena permitía a Gabrielle explorar, fascinándose con los vacilantes tanteos de la lengua de la bardo. Cuando Gabrielle tomó la iniciativa y presionó sus manos contra los lados de los pechos de Xena, la guerrera fue incapaz de ahogar un profundo gemido. Había esperado que la bardo fuera pasional, pero no había previsto tanta bravura de Gabrielle. Silenciosamente deseaba haber llevado puesta una túnica de algodón en vez de sus cueros. Sus manos se movían hacia abajo para agarrar el bien proporcionado trasero de Gabrielle, tirando de ella para acercarla, obligando a las rodillas de la bardo a separarse, facilitando con ello un mejor acceso a su sexo. Gabrielle rompió el beso y enterró su cara contra el cuello de Xena, agradecida por los fuertes brazos que sostenían su cuerpo, que sentía como de gelatina en ese momento. Gemidos de placer se filtraban del escenario, añadiéndose a la pasión de ellas.

—Te amo, Gabrielle. —murmuró Xena mientras traía su mano alrededor de la parte delantera, rozando delicadamente con sus dedos de un lado a otro su suave y rizada mata de pelos. Gabrielle contestó con un gemido mientras su cuerpo se daba cuenta de dónde había dirigido Xena su mano. Xena rió ahogada y dulcemente cuando que su dedo se deslizó entre los pliegues de Gabrielle e inmediatamente se empaparon.— Dioses, Gabrielle, estás muy húmeda. —Xena gimió mientras sus ojos se cerraban instantáneamente ante la agradable sensación. Las palabras estaban más allá de la bardo en ese momento, todos sus pensamientos estaban puestos en los dedos de Xena, que estaban ahora acariciándola delicadamente. Las caderas de la contadora de historias se movían rítmicamente contra los suaves pero fuertes dedos.— Gabrielle… —Era una pregunta que no necesitaba palabras. Todo lo que Gabrielle podía hacer era aceptar con una inclinación de la cabeza, su cuerpo reclamaba a gritos el contacto. Preocupada por la juvenil inexperiencia de su amante, Xena la penetró con sólo un dedo, acariciándola suavemente dentro y fuera, penetrándola mas profundamente a cada caricia. No tenía que preocuparse.

—Oh… dioses, Xena… mmm… oh sí. —Los suaves lamentos de Gabrielle contra su cuello incitaban a Xena a probar más allá. Tanteando colocó un segundo dedo cerca de la apertura. Los empujes de las caderas de Gabrielle impulsaban todos los pensamientos de la guerrera mientras hundía dos dedos en la profundidad del coral abierto.

—Gabrielle… —la voz susurrante, imponente y profunda de Xena hipnotizaba y ponía en trance a la bardo. Ella era como la cera blanda en las hábiles manos de Xena.— Siente mis dedos dentro de ti… es mi caricia la que te hace vibrar así. —Sonrió cuando sintió la cabeza de la bardo asentir con un movimiento de arriba a abajo. Las caderas de Gabrielle incrementaron el ritmo, oprimiendo su sexo contra la mano de la guerrera. Xena subió su pulgar para frotarlo contra el clítoris de Gabrielle.

—¡Oh! —exclamó Gabrielle ante el contacto directo, nunca antes la había tocado nadie salvo ella misma. Rechinó los dientes y fortaleció su agarre al cuello de Xena. Sus caderas se movían por voluntad propia, forzando el ritmo que los dedos de Xena habían creado.

—¿Debo suponer que estás disfrutando? —Xena bromeaba a la vez que aumentaba el ritmo del movimiento de arriba abajo. Fue respondida por un gruñido. Los dulces gritos de Gabrielle sobre su oreja y el incremento de líquido en su mano le hicieron ver a Xena que el orgasmo de la bardo era inminente.

—Xena… oh Xena. —Gabrielle jadeaba. Trató de abrir sus ojos para mirar a su amante, pero cada empuje de los firmes dedos de Xena provocaba que sus ojos se cerraran con mayor fuerza.

—Déjate llevar. —susurró Xena con dulzura cuando sintió que el pequeño cuerpo de Gabrielle temblaba contra ella.— Te tengo, Gabrielle, déjate llevar. —Sus dedos encontraron un suave punto en el interior y se frotaron contra él, su pulgar trabajaba intensamente en el exterior.

—¡¡Xena!!! —gritó. Las uñas de Gabrielle se clavaron en los músculos de la espalda de Xena mientras su cuerpo explotaba de placer. Los dedos de Xena continuaron su misión mientras, ola tras ola, explotaba dentro de ella, dejándola exhausta e indefensa. Gabrielle sepultó su cabeza en el cuello de Xena, dejando que sus lágrimas se derramaran sobre la bronceada piel. Permaneció inmóvil durante varios latidos de corazón.

Xena apartó su mano humedecida del calor y con delicadeza empujó a Gabrielle hacia atrás para ver su cara. Quería ver esa mirada, esa cara de satisfacción total. Alzó la mano para enjugar una lágrima errante y atrapó el placentero olor de Gabrielle sobre sus dedos.— Te amo, Gabrielle. —murmuró suavemente.

—Xena. —contestó jadeando. Xena la atrajo hacia sí para darle un delicado beso, lleno de amor y devoción, antes de estrechar a la bardo contra su hombro. La acunó en sus brazos, mientras sus manos le acariciaban cuidadosamente la espalda desnuda.

—Shh, descansa un momento. —Con dulzura, meció su preciada carga, esperando que el temblor parase. Aflojó su abrazo cuando sintió los suaves labios de Gabrielle presionando contra su cuello, y luego incorporó un poco a la bardo para mirarla.

—Te quiero. —susurró Gabrielle, inclinándose para compartir un beso.

—¿Estás bien? —le preguntó Xena, llenando su voz de preocupación al encontrar con las yemas de los dedos otra lágrima. Gabrielle asintió con la cabeza y se enjugó la gota salada.

—Sí. —sonrió y suspiró.— Es sólo que… bueno, yo nunca… —dejó de tartamudear al sentir el contacto de uno de los dedos de Xena sobre su boca. El olor que lo impregnaba llegó hasta ella y la inundó, recordándole el placer que había recibido hacía tan sólo unos instantes, y descubrió que su cuerpo no lo había olvidado.

—Shh, creo que te entiendo. —contestó Xena suavemente. Sospechaba que Gabrielle nunca había experimentado un orgasmo tan intenso. Saber que ella era la responsable provocó que aflorara a sus labios una sonrisa de satisfacción.— Supongo que eso quiere decir que te ha gustado, ¿huh? —preguntó con inocencia. Su penetrante mirada descendió hasta los pechos de la bardo, todavía visibles bajo la mortecina luz. Xena apenas era consciente de que el espectáculo había terminado y las clientas comenzaban a recolocarse sus ropas y marcharse.

—Muchísimo. —La voz de Gabrielle tenía ahora más matiz y su respiración volvía a la normalidad. De pronto comprendió el motivo de la mirada de Xena y tomó consciencia de lo que le rodeaba.— Xena, no podemos quedarnos aquí. Todas se marchan. —Buscó su corpiño, sin estar realmente segura de cuándo había desaparecido. Xena lo encontró y se lo entregó, ayudándola a enlazar los cordones. Gabrielle recogió entonces su ropa interior, pero le fueron arrebatadas por el rápido brazo de Xena.

—No te preocupes por esto. —Xena la introdujo entonces entre sus pechos. Sintió en su piel la humedad de la entrepierna depositada en aquella pieza de tela. Conteniendo el impulso de poseer de nuevo a la bardo allí mismo y en ese preciso instante, le ayudó con cuidado a ponerse en pie. Gabrielle, que no estaba segura de si podría andar después de lo sucedido, agradeció la firme mano que Xena le prestó mientras salían de allí y se dirigían, despacio, hacia su dormitorio, conscientes de la humedad que emanaba entre sus piernas. Una vez arriba, Xena se adelantó para abrir la puerta. Sus largas zancadas la transportaron al vestíbulo muy por delante de la bardo. Había abierto la puerta y estaba ya dentro aflojando los cordones de su bota antes de que Gabrielle entrara en el cuarto y cerrara la puerta.

—Déjame. — Dijo Gabrielle dulcemente mientras se arrodillaba ante la guerrera, que se hallaba sentada sobre la cama. Xena permaneció inmóvil y miró a la bardo mover sus manos y comenzar a desatarle las botas. La joven amazona terminó con una, pero no hizo ningún movimiento para sacarla del pie. Sus manos se deslizaron acariciando hasta las rodillas de Xena. Sus ojos se nublaron con el suave roce. Gabrielle estaba fascinada con la piel bajo sus manos, y sus dedos se deslizaron para tocar la suave piel de detrás de las rodillas, al tiempo que acercaba sus labios para besarlas. Los ojos de la bardo se cerraron al escuchar la profunda inspiración de Xena.

—Dioses, Gabrielle. —Xena suspiró al sentir el movimiento de las manos de Gabrielle desatando la otra bota. Cada parte de su cuerpo que la bardo tocaba vibraba enviando impulsos eléctricos al centro de su ser. Sentía su piel erizarse allá donde los suaves labios de Gabrielle habían tocado. No advirtió que la otra bota desaparecía, puesto que su atención estaba fija en la expresión de Gabrielle, intentando leer sus pensamientos y sus emociones. Admiración, fascinación, miedo, deseo y amor, todo combinado luchaba en el interior de sus ojos.

Todavía arrodillada, Gabrielle permitió a sus dedos vagar a través de la parte baja de los muslos de Xena. Se deleitó sintiendo aquellos músculos fuertes bajo sus dedos. Colocó las manos sobre las piernas de Xena para incorporarse y le presentó su mano en una invitación tácita. Xena la tomó y permitió ser conducida al borde de la cama. Incapaz de resistirse, tiró de Gabrielle aproximándola para besarla con toda la pasión de la que era capaz. Los brazos de Gabrielle se cerraron alrededor del cuello de la guerrera, acercándola más. Ninguna se preocupó de que pudieran o no respirar. Cuando Xena la liberó, Gabrielle se tambaleó ligeramente, pero los fuertes brazos de la guerrera la sujetaron.

—Gracias —dijo la bardo cuando pudo recuperar el aliento.— Me dejas sin respiración, ¿sabes? — murmuró mientras sus dedos encontraban las correas de la ropa de Xena y se deslizaban entre ésta y su piel.

—Es lo justo, tú a mí también. —respondió Xena tan suavemente cuando sintió deslizarse un tirante, y después el otro, sobre sus hombros. Las manos de Gabrielle abandonaron su cuerpo, lo cual no agradeció precisamente, hasta que se dio cuenta de hacia dónde se dirigían. Gabrielle llevó dos de sus dedos bajo el cuero, entre los pechos de Xena, y tiró de su propia ropa interior, situada allí por Xena momentos antes. Xena dejó escapar un profundo gemido. Estaba siendo torturada, y lo sabía. Lo que no sabía era a qué diosa dar las gracias por ello. El cuero que cubría su cuerpo fue retirado, revelando por completo sus pechos y sus ya erectos pezones a la vista de Gabrielle. Sintió los ojos de la bardo mirándola fijamente, memorizando su cuerpo. — Gabrielle… — No podría soportar eso mucho más tiempo.

—Oops, lo siento. —Gabrielle soltó una leve risa.— Sólo estaba disfrutando de la vista. —Sus manos se movieron a continuación para descansar justo bajo los pechos de Xena.

—Bien, entonces deja que yo haga lo mismo. —Xena se inclinó hacia delante y se deshizo rápidamente del corpiño de la bardo. El contemplar los pechos de Gabrielle volvió a provocar un auténtico torrente entre sus piernas. La urgencia que la abrasaba empezaba a amenazar con consumirla, demasiado pronto.— Gabrielle… —Su voz se quebró por el deseo, y su tono casi suplicó por si mismo. Gabrielle supo que Xena estaba luchando realmente para mantenerse bajo control. Un momento después, ambas mujeres estaban completamente desnudas y tumbadas sobre la cama.

Xena se había situado a medias sobre Gabrielle y las piernas de ambas estaban entrelazadas. El muslo de Xena captó la cálida humedad de Gabrielle presionando sobre él. Incapaz de contenerse por más tiempo, Xena introdujo sus piernas bajo ella y llevó su boca al oído de Gabrielle.

—Levanta la rodilla. —Fue una orden que Gabrielle cumplió con agrado. Ambas mujeres gimieron con el contacto. Manteniendo la parte alta de su cuerpo sobre Gabrielle, Xena movió sus caderas arriba y abajo, gimiendo por la fricción a que se vio sometido su sexo. Sus brazos rodeaban la espalda de Gabrielle, y los de ésta el cuello de la guerrera. Gabrielle acarició suavemente el pelo de Xena mientras pequeños jadeos de placer escapaban de los labios de la guerrera.— Gabrielle… oh dioses… oh. —Xena perdió completamente la capacidad de pensar y de hablar cuando sintió las manos de Gabrielle moverse y capturar sus pechos. Presionó su rostro contra el cuello de la mujer, temiendo que al intentar besarla le hiciese daño por la fuerza de su pasión. Perder el control aterrorizó e intrigó al mismo tiempo a la guerrera, mientras sus nervios amenazaban con explotar en ese preciso momento.— ¡Ga… bri… elle! —El nombre fue emitido como una plegaria a través de sus apretados dientes mientras esperaba a que el orgasmo desbordase su cuerpo. Gabrielle movió rápidamente los dedos para pellizcar y acariciar los pezones de Xena, multiplicando la fuerza del clímax. Xena estaba segura de que al día siguiente Gabrielle tendría arañazos en su cuerpo, donde sus dedos se habían anclado.

Descansó así durante varios segundos.

—No puedo moverme, —admitió finalmente. Habiendo recuperado la compostura sólo un poco antes, Gabrielle se rió ante el reconocimiento de indefensión por parte de la guerrera.

—Déjame ayudarte. —dijo Gabrielle con voz profunda. Elevó el cuerpo de Xena con cuidado y lo dejó descansar de espaldas a la cama. Luego se dio cuenta de que los ojos de Xena permanecían cerrados, y que una solitaria lágrima se le deslizaba mejilla abajo. Los ojos de Gabrielle se nublaron al darse cuenta de lo vulnerable que Xena se mostraba ante ella en ese momento.— Te quiero, Xena. —dijo al tiempo que se inclinaba y besaba aquella lágrima.

—Te quiero. —La voz de Xena era prácticamente un susurro. Atrajo a Gabrielle hacia sí, necesitaba sentir la calidez del suave cuerpo de la bardo sobre el suyo. Por mucho que ambas mujeres desearan retomar su pasión y complacerse mutuamente, el cansancio las invadió pronto.

El amanecer sorprendió a las dos amantes todavía abrazadas. Xena contempló cómo su preciosa bardo se estremecía bajo el brillante sol y se daba media vuelta, lo cual dejó su espalda a la vista de la guerrera. Incapaz de resistirse, Xena se inclinó hacia ella y comenzó a besarla a lo largo de la columna vertebral. Gabrielle no se vio capaz de volver a dormir, se giró con un leve suspiro, centrando la vista en el deseo que ardía en los ojos de Xena. Sus ojos se contagiaron pronto de ese fuego y la atrajo hacia un apasionado beso.

Pasaron muchas horas antes de que el hambre quedase finalmente saciada, al igual que la pasión, y se obligaran a salir de la cama. Gabrielle se hizo con suficiente comida y bebida para ambas mientras Xena pagaba por dos noches más. Ninguna de las dos se molestó en ver un espectáculo más.

FIN

Espero que os haya gustado. Si es así, decídmelo (en inglés). Me podéis localizar en esta dirección: IQ139@aol.com Cualquier comentario es siempre bien recibido, siempre y cuando sea de buen gusto.

BL. Miller

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