|
Uber » Como
el agua y el aceite
Esta historia ha sido
escrita por MET,
miembro de Xenafanfics. Si
quieres hacer algún comentario sobre
la misma, que te revisemos tu propia historia
o traducción, o recibir información
sobre las actividades de nuestro grupo, escribe
un e-mail a: xenafanfics@hotmail.com
O visita nuestra web informativa
en: http://personales.ya.com/bibliotecaxff
Revisado por Ellen
NOTA DE LA REVISORA:
He tratado de mantener las expresiones características
del país de la autora como era su deseo,
sólo he realizado algún mínimo
cambio para que sea entendible a ambos lados
del océano. Las expresiones menos comunes
las explico en notas a pie de página,
y las palabras que conserva en inglés
las traduzco también al pie.
NOTAS DE LA AUTORA:
Este Uber es de Clasificación ALT (sabes
lo que eso significa, ¿verdad?) y aunque
sus escenas no son extremadamente gráficas,
su lectura es recomendable para un público
adulto…
Los personajes son de
mi creación a pesar de que guardan
cierta similitud física, y tal vez
un poco psicológica, con nuestras queridas
heroínas; ellas, como es bien sabido,
pertenecen a Universal/MCA TV/Renaissance…
He tomado prestado algunos
nombres de personajes y sitios que son reales,
espero no ofender con ello a nadie.
Ciertos términos
y expresiones son propias de mi tierra, creo
que con un poquito de paciencia los entenderán.
Hay párrafos en los que el idioma original
debería ser inglés… éstos
están señalados con «…»,
y los pensamientos de los personajes en cursiva.
Gracias a mi talentosa
hija "Warrior*D"
por su hermoso montaje para el título.
Ahora que ya tienen sus
'disclaimers', vamos con la historia…
:: COMO EL
AGUA Y EL ACEITE ::
Por
MET
CAPÍTULO I
«Definitivamente
éste no es mi día… todo
tenía que salirme mal, desde la mismísima
mañana en la que ese bendito Jeep
se recalentó y se me hizo tarde para
la entrevista de trabajo. Maldita carcacha,
tengo que cambiarla de alguna forma, bueno,
a ver como salgo también de ésta…»
pensó Jessy.
—Hola viejita
—saludó la joven a su abuela
dándole un abrazo tan fuerte que
casi le hace perder el equilibrio—.
¡¡¡Puff!!!, ¡cómo
detesto esto de andar toda arreglada!, y
lo peor… pa'ná.
Comenzó a sacarse
los tacones y se dejó caer sobre
un viejo sofá, cansada y sobre todo
decepcionada.
—¿¿¿Cómo
que pa'ná??? ¿¿¿y
el trabajo, niña, y la plata del
Hotel…??? ¿¿¿y
qué dice Julián???
—Ná, abue,
creo de verdad que alguien nos ha puesto
una maldición, porque ni pidiendo
las cosas saldrían peor. Mi liquidación
quizás nos alcance para un par de
meses y ya'stá… Bueno, lo cierto
es que ahora tenemos menos de lo que pensamos.
¡Ah!, lo de la entrevista en la constructora…
como llegué tarde, el jefe ya había
salido a no sé que diab… cosa
y mi cita se canceló, y claro, el
baboso de Julián no apareció
por ningún lado… Viejita, tengo
hambre y quiero bañarme, ¿se
podrá?
—Claro, linda.
Y mi'jita, no te preocupes, ya verás
que las cosas se van a arreglar, tarde o
temprano, ya sabes que Dios aprieta, pero…
—… no ahoga
—terminó la frase Jessy ya
saliendo de la pequeña salita camino
de su cuarto.
«Mmm…
no ahoga… ¿pero por qué
siento que ya no puedo respirar más?»,
se dijo a sí misma la jovencita.
***
Mientras, a miles de
kilómetros…
—¿Sabes,
mi amor? Creo que debemos fijar una fecha
para la boda, mis padres no me dejan en
paz y yo estoy más que loco por ti…
¿tú qué crees?, ¿podríamos
tal vez planearlo para este verano? ¿o
quizás pa…? —se detuvo,
ya que era obvio que Kim no le estaba prestando
atención, él podía
seguir hablando horas y horas mientras ella
seguía con la mirada clavada en su
pantalla, no cabía la menor duda,
su pasión era el trabajo, y la pasión
de Rafael… el dinero.
Intentó llamar
su atención nuevamente: —Gringuita,
¿qué tal si salimos a comer?,
son casi las 2:00, la gente ya debe de estar
regresando de su almuerzo.
Como si una piedra
le hubiera golpeado la cabeza, Kim regresó
a mirar a su novio, odiaba el apodo que
éste le daba, intentando ser dulce
o gracioso, ¿quién sabe? Ella
sólo lo detestaba. Okay, realmente
era gringa, pero de todos modos no soportaba
la palabrita en sus labios.
—Shit!…
No me llames así, and
just for the record, yo no te pedí
venir, ve tú a comer si quieres,
yo tengo mucho que hacer. Ya sabes que debes
comprobar con Jane mi agenda antes de venir
a mi oficina. —Se dio cuenta de que
estaba siendo muy dura con él y trato
de suavizar un poco sus palabras—.
Honey,
esta noche sí podremos salir a algún
sitio, ¿ok?, ahora sólo…
mm… ¡no puedo!
Inmediatamente se giró
sobre su silla y continuó como si
estuviera sola, Rafael ya la conocía,
pero realmente no estaba tan "encantado"
con sus displicencias. Salió sin
decir nada más, sabía que
no tenía sentido hacerlo, Kim estaba
ya en otro mundo.
«Esta mujer
es, según mis padres, la "octava
maravilla", sin lugar a dudas cumple
con todos los requisitos, es la "gringa"
más hermosa que he visto jamás,
la más inteligente y sobre todo la
más rica… Sí, es la
octava maravilla, pero es también
la más insoportable, la más
autoritaria, la mujer más fría
que he conocido», pensaba él
mientras se alejaba.
Tampoco entendía
como había conseguido "ennoviarse"
con ella, bueno, en verdad mucho era trabajo
de sus respectivos padres; amigos y socios
de negocios desde sus épocas de Universidad
allí en los Estados, de familias
adineradas y de muy buenos contactos, sólo
que la suya había tenido serios y
muy secretos reveses económicos últimamente
y…
«¡Uf!…
todo es cuestión de tener un poco
más de paciencia, quizá con
algo o mucho de suerte y mi innegable encanto
latino, consiga desleír este hermoso
témpano de hielo, o por lo menos
obtener una abultada cuenta en el banco…
¡¡¡lo que venga primero!!!»
***
En la costa…
«Tengo que
conseguir un trabajo cueste lo que cueste…
¡bueno, no exageremos!,»
pensó la jovencita, «las
cosas están verdaderamente duras
aquí, mi abue necesita dinero para
sus medicamentos y su doctor. También
está lo del arriendo, y todavía
no entiendo por qué todos los días
tenemos que comer… ¡¡¡y
a mí que me gusta tanto!!! ¡¡¡Mierda,
estoy frita!!! ¿Dónde diablos
estará Julián? Me prometió
que hablaría con su jefe para ayudarme.»
—Nena, dejaron
esta factura de la luz, te la pongo aquí
para que vayas a pagarla… —le
interrumpió la voz de su abuela.
—Sí, viejita,
no te preocupes, yo voy.
Al rato, la puerta
se abrió y un hombre muy bien formado
y con un aire de suficiencia entró,
acomodándose al instante en un sillón
y prendiendo la tele.
—¿Cómo
le va, mi amorcito? ¿Qué tal
si me trae una cervecita bien fría,
ah?
—¡¡¡Tú!!!
Eres un sinvergüenza, ¿¿¿ni
siquiera tocas para entrar y ahora me pides
una cerveza??? Te estuve esperando en lo
del Juancho, y claro, ni apareciste.
—Mi reina, tuve
un montón de rollos en la Agencia,
y me puedes creer… ni siquiera tuve
tiempo para darte una llamadita ni ná,
¡había tanto trabajo!
—¿Qué
pasó con lo de tu jefe, le hablaste
de mí, le preguntaste si tenía
algún puesto libre? Puedo hacer de
vendedora, o de lo que sea… Julián,
¿me estás oyendo…? ¿Julián?
Pero de hecho él
estaba en otra cosa, la tele y su famoso
fútbol. Al rato…
—Sí mi
nena, ya te oí, hablé, sí,
hablé con el man,
y me dijo que por ahora ná, tienes
que esperar un poco. Pero mi amorcito no
te preocupes, cuando te cases conmigo no
vas a necesitar ni trabajar ni andar por
ahí exhibiéndote y sonriendo
a todo el que pase.
—¿¿¿Quéeee???
¡¡¡Estás loco!!!
Yo no voy por ahí exhibiéndome,
y lo de casarme contigo… ¿yo
y cuántas más? ¿¿¿Ah???
Mejor me callo… y en vista de que
el único favor que te pedí
no me lo cumpliste, quedamos en lo de antes,
o sea nada… y chaito contigo. —Se
alejó y se dirigió a su abuela—.
Abue… voy a lo de Matteo, nos vemos
luego.
—¡¡¡Ah!!!
Doña Pancha, su nieta sí que
es como una gata salvaje —comentó
Julián a la señora.
—No, negro, mi
nieta es de respetar.
La jovencita caminaba
hacia donde su amigo pensando: «¿Quién
me mandaría meterme con ese infeliz?
Y todavía más, hasta creí
que me podía dar una mano. ¿Cuántas
veces ya me ha fallado antes? Menos mal
que ya terminé con él. Mi
viejo sí tenía razón
en una cosa, de verdad ese tipo es "un
baboso". Y pensar que fui su novia
por tanto tiempo… ¡ay! ¡Dios…
cuánto tiempo perdido!»
Al rato llegó
al bar de Matteo, que en verdad no era de
él sino de su tío, un viejo
recontra cascarrabias, pero que casi nunca
aparecía por la costa.
«Veamos que
me cuenta mi pana, de pronto a él
se le ocurre algo bueno…»
—¿Quí'hubo
chico? —Se abrazaron y besaron como
si no se hubieran visto hace años,
se conocían desde la escuela y no
hacían más que meterse en
líos desde… toda la vida.
—Mi suca
querida, ¿dónde te habías
metido? Estuve preguntando por ti desde
la mañanita, te tengo una buena y
otra mala. ¿Cuál quieres primero?
Yo te aconsejo la buena, así te pones
con el espíritu en alto, o quizás
la mala, así luego la buena te relaja,
qué se yo, mejor….
—¡¡¡Basta
enano, manda aire al cerebro, que pareces
lora con
huevo!!! Dime, ¿qué pasó?
—Vida mía…
ni sabes, en la Deltex dicen que necesitan
a alguien para el Departamento de Personal
o algo así, y eso es lo que tú
hacías en el Hotel, ¿no? Bueno,
lo cierto es que tienes que presentarte
mañana con el Dr. no-sé-cuantito,
o mejor llama ahorita mismo a la Bachi para
averiguarle o quizás hacer una cita…
Jessy estaba a punto
de comérselo vivo si no hablaba más
despacio, no podía creer que Matteo
pudiera lanzar al aire tantas palabras juntas
sin sentido y con tanta rapidez.
—¡Flaco!,
¡o paras el carro o aquí mismo
te mato!, ya voy a llamar a la Bachi. Ahora
cuéntame la mala…
—El rollo es
un poco feo, verás, dicen que vieron
a tu novio…
—Ex novio, aclaremos.
—Bueno, como
quieras, a Julián en el bar del pelado
Vargas como a eso de las 12, en muy buena
compañía, con una morena despampanante.
Bueno, ehmm… ¿ves como es un
asco?, ¡un gusano!, yo te lo he dicho
desde hace mil años, tu viejo siempre
te advirtió, y tú nada…
"que lo quiero, que me gusta y bla-bla".
—¡Ahora
sí que te mato si no te callas! Sólo
hay un pequeño detalle que parece
que tu cabecita no logra asimilar, ese gusano
ya no es nada para mí, esta vez rompimos
en serio, por lo que él puede hacer
lo que le de la gana con su vida…
¿está claro?
—Bue… no
sería la primera vez ni la última
que regresas con él, a pesar de sus
cochinadas, digo yo, ¿no?
—Ya estoy curada…
mm… ¿me prestas tu celular?,
al mío se le acabó la mier…
tarjetita.
Rápidamente
se comunicó con su amiga Beatriz
en la fábrica Deltex.
—¡Bachita!,
mi amor, ¿cómo vas?, ¿qué
me cuentas de bueno?, ¿qué
hay de cierto de lo de Deltex?… ¡júrame!…
o sea que… podría tal vez mañana…
segurísimo… a las 11:00 entonces,
y mil gracias por pasarnos la voz…
te amo, gorda… ¡¡¡hey!!!,
eres una desgraciada, no hablaba en el sentido
literal de la palabra. ¡Chaito! —Jessy
cerró la comunicación y comentó
con su amigo—: Esta enana es de temer,
si no me cuido se me tira encima.
—Suerte la tuya,
no sólo los hombres babean por ti,
también las mujeres… ¡¡¡Ouch!!!,
eso dolíó —dijo después
de recibir un buen golpe en su brazo—,
pero es verdad, yo en cambio ni lo uno ni
lo otro —comentó con una sonrisita
picarona.
—Eres un bocón,
pero te debo la vida si esto resulta.
—Ya me la debes
desde hace rato, suquita linda.
***
En Estados Unidos…
—Damn!,
no me queda otra alternativa, tengo que
viajar a Sudamérica, Deltex nos está
dando demasiados problemas… —contaba
Kim a su novio mientras terminaban la cena.
—Mi amorcito,
si quieres yo voy contigo, es mi tierra
y te puedo ayudar.
—¿Ayudarme?,
¿en qué?, eso sí sería
chistoso. ¡Eh!, perdón…
no creo que sea necesario, honey, tú
quédate tranquilo aquí estudiando
—«ja»—,
yo voy, soluciono el problemita y regreso,
¿ok? Además mi padre está
tan molesto con este asunto que debo salir
lo antes posible y no tenemos tiempo para
organizar tu viaje —«yeah…
whatever»—. Además
son sólo negocios que te aburrirían
tremendamente y tú sabes que no tengo
problema con el idioma ni nada de eso, no
te preocupes.
—Ojalá
regreses enseguida, amor, sabes que te voy
a extrañar mucho. —«Por
lo menos tendré un tiempito libre
para no andar siempre de monigote.»
—¡Yep!
Mmm… Raf, podemos irnos ya, tengo
que salir mañana bien temprano. Es
bueno que descanse algo, ¿verdad?
—Sí, claro,
linda, vamos. ¡Ah!, voy a pagar la
cuenta.
—Deja, toma mi
tarjeta.
«Es raro,
pero siento que a pesar de estimar al vago
de Raf, me alegra separarme de él
aunque sea por unos días, tendré
que analizar bien este asunto del noviazgo
cuando regrese, porque las cosas se están
escapando de mi control,» pensó
la gringa
Ya en su moderno y
lujoso penthouse,
Kim se liberó de sus "deberes"
de novia y se concentró en su equipaje.
«Veamos,
necesito ropa muy ligera, el clima sí
que me va a matar esta vez, del hielo directo
al fuego, bueno son unos pocos días…»
—Carmen, por
favor, ¿vienes a mi dormitorio y
me ayudas a preparar el equipaje? —llamó
la mujer a su nana por el intercomunicador.
—Mi niña,
¿vas a viajar?, no me lo habías
dicho. ¿Pa' donde vas esta vez, pa'
Europa? —entró la mujer preguntando.
—Nop… Necesito
sólo cosas muy cómodas para
el calor de TU tierra. No me mires así,
ya se que sólo de pensarlo te emocionas,
no te preocupes, ¡te traeré
tus encarguitos!
—Y le llevas
un par de cositas a mi nieta Charito, unas
cartas a mis hijos y…
—Sorry
honey, pero salgo muy temprano por la mañana,
no creo que tengas tiempo para ir de compras,
y yo no tendré tanto espacio en mis
maletas.
—¿Que
no tendré tiempo? ¿Bromeas?,
apenas acabemos aquí pido al chófer
que me lleve de tiendas y…
—Oh
my God!!!, nana please…!
«Espero que
Raf no se haya enojado por haberlo despachado
así de rápido, él de
seguro quería "su despedida".
¡Mierda!, eso sí que pesa a
veces. Y no es que sea malo, quizás
es el mejor amante que he tenido en mucho
tiempo, pero… sigue siendo sólo
eso, sexo. Tal vez cuando nos casemos las
cosas cambien. Sí chica, sigue repitiéndotelo
para que te lo creas. Bueno es temprano,
trabajaré un par de horas más.
Veamos…»
Abrió nuevamente
a su eterna compañera, su única
amiga, la lap-top.
CAPÍTULO
II
—¿Nenita?,
ya es hora de levantarse, tienes que salir,
¿te acuerdas? El desayuno está
listo.
—¡Ay! Abue,
un ratito más por fa.
«¿¿¿Que
tengo que hacer hoy???, ná, creo
que voy a dormir un poquito más…»
Mientras sus neuronas
comenzaban a despertar y también
su estómago, se dio cuenta de que
no solo tenía algo que hacer, si
no que era algo total y absolutamente importante
en su vida. De un salto estaba al pie de
la cama, y con la cabeza dándole
vueltas del movimiento.
«Mi abuela
está loca, cómo se le ocurre
despertarme tan tarde, a este paso y con
mi matraca no llegaré a tiempo a
la planta de Deltex… ¡¡¡Dios,
ayúdame!!!»
—Vieja, sólo
dame un café, es tardísimo,
pero… ¡¡¡mmm!!!,
qué bien huelen esas arepitas…
¡¡¡diablos, que tentación!!!,
está bien, sólo una mientras
me alisto.
—Niña,
que te vas a atragantar.
—Viejita, dame
tu bendición, a ver si ésta
sí resulta.
Aún con el cabello
mojado y con los zapatos sobre su falda,
Jessy tomó rumbo hacia la carretera.
Rogando que su viejo Jeep no le diera problemas
esta vez.
Al llegar, le esperaba
su amiga Bachi en la guardianía.
«Como que
no es muy buena señal que la gorda
este ahí, ojalá no sea para
decirme que no hay tal cita, y que me vaya
por donde vine, no creo que aguante una
más.»
—Jessy, apúrate
que el jefe está saliendo pa'l aeropuerto.
Viene el mandamás a resolver algo
desde los Estados, ¿te imaginas?
Tiene que ser algo serio, esta vez sí
debe haber metido la pata el infeliz.
—Hola amor, ¿tú
crees que a pesar de eso sí querrá
hablar conmigo?, estoy tan nerviosa que
espero YO no meter las patas…
—Fresca no más,
lo único que tienes que hacer es
enseñarle tus hermosas piernas…
perdón, digo tu fabuloso currículum,
¡y ya está! Yo ya le hablé
de ti, y dijo que si llegabas en los siguientes
10 minutos, no había problema…
¡¡¡Muévete!!!
Entró en la oficina
del Dr. Vargas, y lo primero que le llamó
la atención fue la cantidad de sudor
que tenía el pobre hombre sobre su
frente, en verdad era un día super
caluroso, ella misma tenía su blusa
pegada al cuerpo, cosa que le ponía
un poco nerviosa por las insistentes miradas
del bendito doctor sobre sus pechos.
«Paciencia,
tengo que aguantar un ratito a ver por lo
menos que pasa. ¡Ay! Si hubiera aire
acondicionado aquí, ¡pero qué
raro que en tremenda empresa sólo
tengan para un pobre ventilador!»
—Bienvenida Srta.
Ramírez, soy el Dr. Vargas y estaba
justo esperándola. Me hubiera gustado
tener todo el tiempo del mundo para usted,
pero un compromiso urgente me impide hacerlo.
—«Madre mía, qué
pedazo de mujer, y yo aquí con apuro
de salir porque al maldito jefe se le ocurre
venir.»
—No se preocupe
Dr. Vargas, sólo espero no causarle
ningún retraso. Aquí tiene
mi hoja de vida, si quiere echarla un vistazo…
La tomó sin
mucho interés y la comenzó
a revisar.
—Bueno mi'jita,
sabes… no tengo en realidad mucho
tiempo para ponerme a leer nada, lo que
sí te ofrezco es revisarla tranquilamente
luego y en un par de días volver
a conversar contigo, ¿está
bien?, sólo con verte me doy cuenta
de que eres una persona muy… mm…
capaz, y nosotros estamos necesitando justo
eso… creo, o mejor dicho estoy seguro
de que pronto estarás trabajando
aquí. La plaza que está disponible
es de mi asistente, aquí mismo en
el Departamento de Personal. Linda, será
un gusto inmenso tenerte a mi cargo…
por ahora debo dejarte, tú sabes…
las obligaciones… —se disculpó
Vargas mientras se ponía de pie y
tomaba la mano de Jessy entre las suyas.
Jessy inmediatamente
sintió un nudo en el estómago
y se dio cuenta del jueguito del tipo, lastimosamente
no podía hacer nada más que
sonreír como una rubita boba, claro
que ¡sólo por ahora!
«Viejo rabo
verde, ¡vas a ver de lo que soy capaz!»,
pensó la joven.
—Bueno Dr., mil
gracias por su tiempo y espero tener sus…
noticias pronto.
—Adiós
preciosa, más bien dicho… nos
estamos viendo…
«Estoy salada,
ahora para conseguir un maldito empleo tengo
que dejarme desvestir con la mirada de un
viejo asqueroso… ¡mierda, re
mierda, re-contra mierda! Pero bueno, tienes
una esperanza, ¿verdad Jessy?, puedes
conseguir ese trabajo, otra vez sólo
debes tener… ¡paciencia! Necesito
una pequeña oportunidad, ¡ojalá
Deltex me la dé!»
***
«Espero que
el vuelo de conexión a la costa sea
mejor que este internacional, ¡maldita
sea!, que no se puede ni confiar en un buen
servicio a bordo, con lo de los famosos
terroristas, estos vuelos son un asco…
y supuestamente esto es primera clase.»
—Hey, señorita,
¿qué pasó con el jugo
que pedí hace media hora? O debo
morir de deshidratación para que
usted me preste atención? ¡Ah!,
y trate también de averiguar qué
está sucediendo con las líneas
para internet, no puedo trabajar así…
—se quejaba Kim, perdiendo casi por
completo ya su escasa paciencia.
Por fin llegaron a
su destino, con un gran respiro de alivio
por parte de la tripulación que la
atendía.
Como era de imaginarse,
en el terminal la estaban esperando, recogieron
su equipaje e inmediatamente la condujeron
a la salida nacional, donde según
lo previsto una avioneta particular la llevaría
a la costa. El Gerente Regional viajaría
también con ella, que a pesar de
sentirse como un perro apaleado por la mismísima
Vicepresidenta de la Multinacional dueña
de la pequeña Deltex, tenía
ánimos para tratar de entablar conversación,
cosa que por supuesto le resultaba francamente
difícil.
—Y… Kim,
¿cómo está tu padre?,
espero que hay superado sus problemas de
úlcera, mmm, se que el clima por
allá esta bien feo, ¿verdad?,
lo vi en la tele, y decían que se
han batido récords en cuanto a nieve
y frío… ¿no?
—¿Sabes
José?, creo que no es el mejor momento
para que preguntes por la úlcera
de papá, con este asuntito de la
planta bajo TU supervisión, estoy
segura de que él necesitará
más de una visita al médico…
—le cortó fríamente.
Luego de esa pequeña
aclaración, no hubo ningún
otro intento de diálogo y también
este vuelo llegó a su fin.
«Ya me había
olvidado el horno que es este sitio…
¡me estoy asando!»
Con un impecable terno
de lino en color hueso y unas sandalias
de tacones altos, que la hacían verse
infinitamente alta, con su cabello recogido
con un aire de descuido y sus gafas oscuras,
daba la impresión de ser una modelo
en espera de ser descubierta por cualquier
famoso director de Hollywood, pero la delataba
su inseparable maletín y ese aire
de autosuficiencia innegable en cualquier
dueño del mundo. Junto a ella, casi
desapareciendo a su sombra, estaba el pobre
José Hernández, un gentil
cincuentón que era el total y absoluto
dueño de… nada. Jefe sí,
de todo esto, pero que al paso de los años
había seguido delegando lo que más
podía a cambio de no estropear su
terno ni su cómoda vida en la capital.
Ahora vendrían los problemas y toda
esa comodidad tan "duramente"
lograda, corría peligro de desplomarse
en cualquier momento.
Al contrario que en
la capital, aquí nadie los esperaba.
El calor de la tarde se estaba poniendo
insoportable y para completar el cuadro
no tenían transporte.
—Comenzamos bien,
¿no José? —preguntó
sarcásticamente Kim.
—No se qué
pudo haber pasado, yo avisé de que
veníamos, la hora y todo, de seguro
habrá una buena explicación
para este inconveniente.
Sin decir una palabra
más y viendo la expresión
de disgusto de Kim, decidió alejarse
un poco físicamente —por si
acaso— y buscar un taxi.
Antes de llegar a la
planta, Kim ya había realizado varias
llamadas, y por su tono de voz, José
logró comprender que todas ellas
eran como dardos lanzados en su dirección.
Por supuesto no entendía ni jota
de inglés, ya que para eso estaba
su hijo en la oficina, pero igual las chispas
invadían la cabina del auto…
y él sólo lograba tragar saliva
con dificultad. Kim se quitó sus
gafas para clavar aún más
la mirada en el pobre hombre.
«Dios mío…
haz que hayan tenido un terremoto o un incendio
en la planta, cualquier cosa para justificar
esta barbarie, y el que sea culpable es
mejor que esté ya enterrado bajo
los escombros, porque de lo contrario será
mi cuello el que va a desaparecer»,
pensó él.
Pero para su desgracia,
nada tan tremendo había pasado, y
nadie los había ido a recoger según
el guardia. Mientras él hombre habría
las compuertas para que el taxi entrara,
por la puerta lateral salía una jovencita
con cierto aire de enfado.
«¡Uau!,
qué niña tan bonita! ¡Hey!,
qué estas pensando Kim, ¿¿¿estás
loca??? Creo que el calor está cocinando
tu cerebro… mmm… pero parece
estar furiosa… ¿dónde
he visto esos ojos?», se preguntaba
la morena.
Y frente a ella, unos
intensos ojos verdes se clavaron en los
suyos.
La joven rubia se quedó
paralizada por unos instantes. «¡Qué
ojos, Dios!… pero… ¿por
qué me mira de arriba pa'bajo? Deben
de ser las iras que tengo que me hacen ver
cosas raras… ¡Qué mirada!
Me recuerda a alguien…»
En seguida el auto
pasó y a lo lejos ya se veía
la figura de un gordinflón sudoroso
que trataba de bajar los escalones lo más
rápido posible.
El Dr. Hernández
se bajó y quiso extender la mano
para ayudar a Kim, que por supuesto no se
la aceptó. Caminaron unos pocos metros
juntos, ella totalmente erguida, elegante
y casi felina, él por su parte encorvado
y preocupado como nunca antes lo había
estado. Siempre había tratado de
resolver sus "pequeños"
rollos él sólo, o encargar
a alguien para que se los resolviera, sin
nunca antes haber tenido que recurrir a
los grandes jefes. Sin embargo, esta vez,
sin saber cómo pasó, la noticia
de la maquinaria dañada no pudo detenerse…
y obviamente llegó hasta donde no
debía.
—Mi estimado
Dr. Hernández, estaba en este preciso
momento saliendo para el aeropuerto, se
adelantó su vuelo, ¿verdad?
—El infeliz no supo que más
decir ante la cruda realidad, esto se veía
venir peor de lo que esperaba… «y
todo por culpa de la rubiecita que me entretuvo.»
«Cerdo desgraciado
me las vas a pagar», pensó
Hernández. —No, definitivamente
no se adelantó el vuelo, USTED se
retrasó… mmm… le presento
a la Srta. Kim McRyan, hija del DUEÑO
de la empresa y Vicepresidenta de la misma.
El Dr. Vargas, sudoroso
como estaba, sólo atinó a
limpiarse la mano en su camisa y extendérsela
a la belleza que Dios le había mandado
como jefa, sin darse cuenta de que éste
no era el momento para desplegar su sonrisita
libidinosa.
Kim devolvió
el gesto, pero sus ojos parecían
dos dagas que estaban a punto de clavarse
en algún objetivo, y todo daba a
entender que él era ese centro…
—Señores,
¿podemos comenzar a trabajar? —comentó
Kim sin más preámbulo.
—Enseguida reuniré
a los jefes de planta, mientras, por favor
pasen al salón de juntas, y yo voy
por unos refresquitos, ¿no? —desde
la puerta dio un grito a la secretaria—:
¡Susanita, tráiganos unas colitas
y que pongan unos ventiladores aquí
en el salón, que está que
quema! —pedía esto mientras
trataba de abrir las ventanas, para refrescar
el ambiente.
—Perdón,
pero ¿NO tenemos aire acondicionado
en las oficinas? —inquirió
Kim, tratando de respirar en ese horno,
con una voz que sonaba más a gruñido.
—Sí, sí,
claro que tenemos —respondió
Vargas—, sólo que hace un par
de días se descompuso el sistema
y parece que los técnicos no dan
pie con bola, mmm… es cuestión
de un poquito de paciencia.
—¡¡¡Para
mañana esto TIENE que estar arreglado!!!
—ordenó Kim, no dando lugar
a ninguna otra opción.
Al rato comenzaron
a llegar una serie de personas, cada una
más sorprendida por la presencia
de la mujer, su belleza y su innegable autoridad
los dejaba impresionados. Unos pocos la
conocían ya que habían estado
desde la construcción de la planta,
otros habían oído hablar de
ella o simplemente la habían visto
de lejos en sus viajes relámpagos,
pero en verdad ninguno había estado
en una reunión con ella, nunca se
imaginaron que la gran jefa les iba a 'jalar
las orejas' personalmente.
La reunión fue
muy accidentada, entre acusaciones de los
unos y excusas de los otros, prácticamente
no se lograba nada en concreto. Kim, fastidiada
de tanta mediocridad, puso en claro el porqué
ella era la jefa, mandó a callar
a todo el mundo, repartió órdenes
precisas y a pesar de no ser su campo el
técnico, todos quedaron convencidos
de cuál era su tarea para solucionar
la crisis inmediata.
Mandó retirarse
a los trabajadores y pidió quedarse
con Hernández, Vargas y el asistente
de Administración. Era obvio el hueco
que existía en la fábrica,
no había una cabeza que los dirigiera,
nadie se preocupaba del departamento técnico,
si era necesario despedir o contratar nuevo
personal, las quejas eran muchas y nadie
las solucionaba. Había que tomar
una decisión… Dando la espalda
a todos, y con la mirada perdida en ese
mar tan azul como sus propios ojos, comenzó
con una voz helada que casi hacia innecesario
ya el aire acondicionado.
—Caballeros…
el trabajo que ustedes deben realizar en
esta planta es vital para todo el esquema
de producción que tenemos a nivel
mundial, o sea, si algo falla aquí,
la exportación de materia prima se
detiene, y con ello se retrasa también
la confección, y por ende la salida
del producto final. ¿Con qué
DIABLOS creen que puedo trabajar en el mercado
mundial, si el primer eslabón se
ha roto?
—Pero Kim, querida,
no te pongas nerviosa, esto se soluciona
en dos patadas y ya está —advirtió
Hernández a media voz.
—No me hables
de solucionar las cosas en dos patadas,
si hubiera alguien capaz, ya lo habría
hecho, pero aquí sólo tengo
una maraña de ineptos —hablaba
tratando de controlar su ira y haciendo
énfasis en cada una de sus palabras.
—Por fav…
—Con una sola mirada a la gringa,
éste no pudo terminar la frase. Era
mejor callarse y rogar que el asunto no
pasara a mayores.
—José,
arregla el traslado inmediato de Vargas
a las oficinas de la capital. También
liquida al Jefe de Mantenimiento y sus asistentes,
contrata mañana mismo a los mejores
mecánicos de este pueblucho, yo ya
me comuniqué con los constructores
de la maquinaria y están en camino
sus técnicos, ustedes de Administración,
revisen si tenemos todos los seguros en
regla… ¡ah!, y busca a alguien
que entienda algo de Personal —lo
dijo mirando directamente a Vargas, que
por supuesto estaba pálido y desencajado.
—Sí, Kim,
¿pero no crees que estás siendo
es un poco drástica? —comentó
Hernández.
—¿Drástica?
—comenzó en casi un murmullo,
para luego ir alzando la voz paulatinamente—,
¿millones de dólares en pérdidas
por cada día de retraso, no-te-parece-suficiente-motivo
para ser… DRÁSTICA? —acabó
casi gritando.
Vargas trataba de decir
algo, pero no se le ocurría nada
coherente, sabía que no había
controlado en años a su personal,
que no le dedicaba tiempo a su trabajo y
lo peor es que ni se había dado cuenta
de todos estos detalles hasta este momento.
Lo único decente que podía
hacer, era salir disimuladamente del salón
y rogar al cielo para que no lo despidieran…
todavía.
***
El día terminó
como era de imaginarse, entre visitas a
la planta, reuniones con más personal
y ese calor tan intenso… Kim sólo
deseaba llegar a su apartamento. Deltex
mantenía una hermosa suite en uno
de los mejores sectores de la ciudad, para
su padre o ella cuando necesitasen venir.
Por suerte ésta sí estaba
lista para recibir a su huésped.
«Darme un
baño será lo único
bueno de este día… mmm…
tal vez esta noche pueda entregar los "miles"
de encargos para los hijos de Carmen, ¡qué
mujer más loca!, casi mete toda New
York en mi maleta… me parece que es
la única persona en este mundo que
hace conmigo lo que le da la gana…
¿será porque sabe que la adoro?»,
pensó con una tierna sonrisa en sus
labios, «pero mejor los llamo
antes de pasar por su casa.»
Después de tomar
un merecido baño, y prepararse un
pequeño snack
, decidió hacer sus llamadas.
—Hola, soy Kim
McRyan, por favor, ¿está Joselo?
—¿Kim?,
¡oh Kim!, soy Charito, ¿cómo
estás?, mi pá salió
al bar, pero regresa enseguida, ¿dónde
estás?, ¿cuándo llegaste?,
¿vas a venir a cenar? ¿aviso
a má?
—Calma niña,
eres igual que tu abuela, la misma velocidad
para hablar, ¡casi no te puedo entender…!
—¡Hey!,
como mi abue nadie, pero en verdad, ¿vienes?
—Bueno, pero
no a cenar, ya comí algo.
—¡¡¡Estás
loca!!!, mis viejos te van a matar si no
vienes a comer con nosotros.
—Te esperamos,
¿ok? Ciao.
—Ciao —«eso
fue… ¡loco!, como todo aquí.»
Del otro lado de la
línea, la jovencita comenzó
a dar gritos a su madre toda emocionada.
—Má, ni
sabes con quien acabo de hablar, ¡era
Kim! Está aquí y viene a cenar
con nosotros… mm… hice bien
en invitarla, ¿verdad?
—Pero, qué
dices niña, claro que tenías
que pedirle que viniera. A pesar de ser
gringa y la jefa de todos aquí, es
muy buena gente, ya sabes que la queremos
mucho… tengo que preparar algo rápido
y rico. Tráeme de la refri los camarones…
también tienes que arreglar la mesa…
Llama a Pepito para que vaya a avisar a
tu viejo y llama a tu tía Sofi para
que también venga. Dale niña,
no te quedes ahí parada, ¡¡¡muévete!!!
—encargó Rosario a su hija.
Luego de revisar sus
provisiones, Charito recibió la orden
de su madre de ir por extras a casa de la
vecina, de seguro la buena de doña
Pancha le prestaría lo que les hacía
falta. La chica salió enseguida a
cumplir con su encargo y de paso conversar
un ratito con Jessy, que era algo que le
encantaba, total, apenas eran las 7:00.
—Hola, ¿se
puede? ¿Jessy? ¿Doña
Panchita?
—Pasa niña,
estoy en la cocina, ¿cómo
estás mi'jita? Mira, Jessy está
duchándose, enseguida sale.
—Yo estoy bien,
y vengo a pedirle un par de favorcitos de
parte de mi má. Hoy viene a cenar
con nosotros Kim, ¿se acuerda de
ella?, es la gringa grandota jefa de mi
abue en los Estados, bueno, lo cierto es
que no tenemos suficiente coco y sus vasos
son más lindos que los nuestros.
¿Me los puede prestar?, le prometo
que se los cuido y no le dejo al pilche
de mi hermano ni tocarlos.
—Pero claro niña,
toma lo que quieras, no hay problema, y
sí, me acuerdo de haberla visto un
par de veces por ahí, cuando Jessy
estaba estudiando fuera, ¿verdad?
¡Era esa gringa bella!
—Mmm, sí
es ella —Se viró para ver a
Jessy salir del baño—. Hola
chica, por fin bañándote,
ya era hora… —Lo que le valió
un toallazo en la cabeza.
—¿Qué
haces por aquí, enana? ¿Se
te perdió algo? Vente pa' mi cuarto,
así conversamos.
—Sólo
un ratito, porque estoy de carrera.
—¿Carrera
por qué o de qué? —preguntaba
mientras comenzaba a cambiarse con un par
de pantalones cortos y un top, con Charito
tenía mucha confianza y a pesar de
que era todavía bien jovencita, se
habían hecho muy buenas amigas. La
muchachita quería ser como Jessy
cuando "grande" y hasta pensaba
estudiar lo mismo que ella el próximo
año, al finalizar el colegio.
—Le contaba a
tu abue, que la jefa de la mía está
aquí de visita y claro, mi má
le va a preparar sus famosos camarones encocados,
pero ¡oh sorpresa!, no teníamos
coco, y entonces me vine pa'cá.
—Claro, yo soy
la despensa de todo el barrio, con razón
no nos alcanza nunca ná…
—Está
bien, no te quejes, te sobraré un
poquito en pago, ¡hey! ¡nooooo!
Ésta vez no me alcanzas.
Salieron las dos corriendo
de la habitación y casi atropellan
a doña Pancha en su juego, pero la
viejecita ya estaba acostumbrada a las travesuras
de su nieta y a pesar de que ya había
cumplido los 24, seguía siendo tan
niña como antes. Y lo mejor de todo
es que ella disfrutaba mucho de estas locuras
de su nieta y sus amigos. Prefería
mil veces verla así que toda preocupada
por sus problemas.
—En serio enana,
¿quién dices que va a tu casa?
—hablaba mientras comenzaba a saborear
la comida que su abuela le había
colocado en la mesa.
—Ya te dije,
es Kim, la jefa de mi abuelita que vive
en New York, viene de vez en cuando a chequear
sus negocios, y claro está, nos trae
noticias de mi abue y también lindas
cositas que nos manda la vieja, ¿chévere
no? —ella también comenzó
a meter mano en el plato de Jessy y a disfrutar
de esos manjares—. Es buena gente
a pesar de que no habla mucho, creo que
es tímida, aunque hay algunos que
dicen que es una diabla, ¡a mi no
me parece! Mmm… y además es
guapísima, debería ser modelo
o artista o algo, se parece a ésas
que vemos en la tele o en las revistas.
Bueno mi'jita, creo que debo partir, mmm…
ya con mi barriguita llena… ¡je,
je! ¿Me quieres dar una mano a llevar
las cosas, suca?
—Deja ahí
algunos vasos, termino de comer y yo te
los llevo, me conviene eso más que
me los rompas, ¡enana!
—Ciao doña
Panchita, mañana le devuelvo los
vasos y gracias del coco, nos vemos peleona,
a ver si luego me cuentas cómo te
fue hoy.
Luego de mucho correteo,
todo quedó listo para cuando Kim
llegara. Sofi, la otra hija de Carmen, también
trajo sus especialidades para compartir
con la invitada especial, pero sobre todo
trajo a sus hijos que se ocupaban desde
ya en desordenar y armar tremendo alboroto,
muy típico de estas zonas.
Al rato llegó
Jessy con su encargo y con cuidado les ayudó
a preparar la mesa, ella no tenía
ninguna intención de quedarse al
festejo, pero ante tanta insistencia de
todos los presentes, decidió estar
un rato más, por supuesto para juguetear
con los pequeñitos y contarles alguna
historia de esa manera tan especial que
sólo ella podía lograr. También
a pasar el rato con Charito y molestar un
poco a Pepe, su hermano menor, que siendo
ya un adolescente había descubierto
recientemente su amor total y absoluto por
Jessy.
Cuando todos los muchachos
estaban en plena guerra de cosquillas tirados
en el patio, unos sobre los otros, llegó
Kim en un auto de la empresa. Se acercó
y sin atinar qué hacer ante tanta
confusión, solo se quedó mirándolos
y esperando a que alguien la descubriera…
Desde dentro de la casa se escuchó
un grito de bienvenida, era Joselo que la
había visto por la ventana, todos
los mayores salieron enseguida a saludarla
con besos y abrazos. Kim, siendo tremendamente
reservada, se sentía un tanto incómoda
a pesar de que ya los conocía a todos,
sabía como eran ellos y sus costumbres,
pero no dejaba de extrañarse de su
efusividad… Ante tal conmoción
también el grupo de chiquillos se
dispersó, quedando al centro sólo
Jessy, que con todo su cabello alborotado,
y la ropa bastante estropeada, logró
ponerse de pie… Joselo inmediatamente
comenzó a dar manotazos a los pequeños
para que se comportaran educadamente frente
a Kim, e hizo las debidas presentaciones
ante la única extraña a la
familia.
—Kim, ésta
es nuestra querida vecina Jessica Ramírez.
Jessy, ésta es la Srta. Kim McRyan,
mi madre trabaja para ella —lo dijo
con una gran sonrisa llena de cariño.
Ninguna de las dos
se movió ni dijo una palabra por
algunos segundos, nada más se quedaron
mirando fijamente, como si una corriente
de electricidad las atravesara, eran esos
ojos azules que se fundían en aquellos
verdes infinitos…
Como sacudida de repente,
Kim reaccionó y extendió su
mano a Jessy, sólo pudo decir un
tímido:
—Hola.
—Hmmm, hola mucho
gusto —replicó Jessy ordenando
a su cerebro volver a funcionar.
En ese momento, Rosario
tomó del brazo a Kim y la encaminó
dentro de la casa junto con todos los demás.
Kim miró sobre su espalda y descubrió
que aún Jessy la seguía mirando.
Entre todo el alboroto de la llegada, nadie
se percató de lo sonrojada que estaba
Jessy, nadie excepto Charito.
«Uau,¿qué
fue eso?, Dios mío… esa sensación
de que la conozco y esos benditos ojos…»
pensó Jessy. «Bueno, en
realidad ya la vi en la puerta de Deltex,…
pero esa sensación no es de ahí,
y ¿qué negocios serán
los que tiene? Mmm… ya me enteraré.»
Pepe salió corriendo
hacia el auto de Kim, enviándole
un beso volado a Jessy, iba a sacar un montón
de paquetes que de seguro eran los regalitos
de Carmen a su familia. La chica pensó
que era el momento de retirarse y discretamente
se acercó a Charito a darle un beso
de despedida, pero ésta al oído
le dijo:
—Ni creas que
te librarás de explicarme lo que
pasó allá afuera.
—¿Qué?
—Mañana
hablamos.
«Definitivamente,
esa niña es demasiado avispada».
Jessy volvió a su casa y por largo
rato, sólo pudo pensar en esa mirada.
Ya en su apartamento,
Kim tenía el mismo problema de concentración.
Pasó un buen rato en compañía
de los Gómez, era una linda familia,
muy bulliciosos para su gusto, pero buena
gente. Luego trató de trabajar un
poco, pues en realidad era temprano todavía
para ella, pero no consiguió hacerlo…
su cabeza daba demasiadas vueltas alrededor
de esos ojos verdes, ese cabello todo revuelto
y ese… cuerpo.
«Creo que
después de todo sí estoy cansada,
ya estoy pensando boberías…
lo mejor será que me de otro baño…
¡puff! Hace tanto calor… luego
podré concentrarme mejor, debo escribir
a mi padre y explicarle por lo menos algo
de las barbaridades que están pasando
aquí… sí… trabajar,
¡eso es!»
CAPÍTULO
III
El comienzo del día
de seguro no traería nada nuevo ni
nada bueno, Kim sabía que tendría
que estar en este sitio mucho más
tiempo del previsto. Hoy llegarían
los técnicos especializados en la
maquinaria, con lo que por lo menos el asunto
más delicado estaba cubierto. Luego
venía la cuestión del personal
reubicado o despedido, ella solía
hacer este tipo de cambios sin pestañear
siquiera, pero aquí no contaba con
opciones y eso le molestaba un poco, ya
que debía confiar en el buen juicio
de Hernández, y eso francamente al
momento, no era garantía de nada
bueno. Por eso decidió personalmente
dar una mirada al asunto… lo primero
era ubicar a alguien aunque fuera temporalmente
en el departamento de Personal, así
se solucionaría el problema del papeleo
y de una primera selección.
Se comunicó
con sus oficinas en New York, y luego de
ponerse al tanto de lo que pasaba por allá,
enviar indicaciones y órdenes vía
e-mail, decidió salir para la planta.
En el camino también habló
con Hernández indicándole
que no la molestaran hasta que hubieran
llegado los técnicos, ya que iba
a estar ocupada en otro asunto.
Se dirigió a
sus oficinas y notó con satisfacción
que el aire acondicionado había sido
arreglado. «Siquiera eso sí
lo hicieron», se dijo a sí
misma.
Llamó a la secretaria
del departamento de Administración
y le dijo que durante estos días
ella debería estar a su disposición,
le pidió que buscara en la maraña
de oficina de Vargas todo lo relacionado
con el personal administrativo además
de cualquier carpeta que estuviera por ser
estudiada. «Tendré que
buscar primero entre la gente que ya está
aquí y luego si no encuentro nada,
veremos de fuera…». Luego
de un par de horas de infructuosa búsqueda,
comenzó a hojear unas carpetas de
posibles aspirantes.
«Nada interesante,
es más, nada de nada. Estos chicos
más vale que comiencen a pensar seriamente
en volver al colegio. Por acá…
sólo secretarias, ayudantes de segunda,
tal vez éste un poco mejor, y entre
estas carpetas… mmm… veamos…
¡mierda!… debe de haber alguien
a quien pueda encargar, aunque sea por unos
días, la oficina. No quiero traer
a Pablo desde la capital, quiero evitar
más reubicaciones; prefiero a alguien
de la zona, que conozca su medio y sepa
desenvolverse solo.»
En la puerta abierta
estaba una chica pequeñita y gordita,
que tímidamente quería hacerse
notar, golpeó suavemente y carraspeó.
—Mmm… perdón
señorita, ¿puedo pasar?
—Pedí
que nadie me molestara —advirtió
Kim sin siquiera alzar la vista—,
¿qué quieres?
—Perdón,
sólo quería entregarle esto,
tal vez le interese, perdón, ¿puedo
o regreso más tarde?
Mirándola de
reojo por primera vez, Kim le hizo un gesto
con la mano para que entrara.
—Pasa…
¿qué es?
—Es un currículum
que se le olvidó al Dr. Vargas archivar,
lo dejó en mi escritorio al salir
corriendo hacia el aeropuerto ayer…
—estiró su brazo para tratar
de depositar la carpeta sobre el escritorio
de Kim.
    
:: ANTERIOR :: :: ARRIBA :: :: SIGUIENTE ::
|