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el agua y el aceite » 02
:: COMO EL AGUA
Y EL ACEITE ::
—Corriendo… es
un eufemismo, ¿verdad? Déjalo ahí,
ya lo revisaré. ¡Hey!, pero…
¿por qué crees que puede interesarme?
En ese momento Bachi se quedó
completamente helada, la jefa le había
hecho una pregunta con ese acento tan bonito,
pero… no sabía que contestar, su
coraje se acabó en el instante en que vio
esos tremendos ojos azules posarse en los suyos
de una manera tan fría, no podía
decirle que eran los datos de su pana
del alma, y en realidad no sabía porque
había mencionado la palabra "interese",
claro que sabía con toda certeza que Jessy
era la chica más capaz de toda la zona,
pero…
—¿Entonces…?
—Kim le volvió a preguntar con una
ceja perfectamente arqueada.
—Mmm, bueno, yo sólo
pensaba que… tal vez… al-leer-va-a-ver-que-es-alguien-muy-preparado
—lo dijo todo de golpe y sin siquiera respirar,
antes de perder otra vez el valor.
—¡Ajá!,
alguien conocido, ¿verdad?, ¿familiar,
amigo…? ¿De qué departamento
eres tú?
Bachi ya se quería
morir, nunca se imaginó que iba a mantener
un diálogo tan largo con la famosa jefa,
sólo lo hacía por Jessy, y de seguro
ésta tendría que luego pagárselo
(je,je… el pensamiento era halagador incluso
en estos momentos de angustia…). Antes de
desmayarse tenía que contestar, no sabía
por qué esta mujer con sólo una
mirada podía despertarle tanto… ¿temor?
—Errr… no, no
es familia, sí una buena amiga, pero…
ella se lo dio personalmente al Dr. Vargas, yo
no tengo ná que ver. De verdad, se le olvidó
a él… y no era justo que se perdiera,
yo trabajo en despacho, ya me voy, se me hace
tarde… gracias… con permiso…
¿puedo retirarme?
—Esta bien, ve…
¡hey!, ¿cuál es tu nombre?
—Me llamo Beatriz Rivas,
para servirle. —Y con esto salió
disparada.
«Que muchachita,
por un rato me divertí al verla casi desmayarse
del susto… ¿soy así de mala
gente? Yea, you
bad girl!»
Siguió concentrada
en lo que estaba haciendo, hasta que recibió
la llamada de la planta avisándole que
sus coterráneos habían llegado.
Guardó los papeles que estaba revisando
y metió en su maletín la carpeta
que Beatriz le había entregado, para comprobarla
más tarde.
Las horas se pasaron volando,
y el asunto de las máquinas era complicado,
pero ya estaban en buenas manos. Estaba agotada
de lidiar con problemas, pero sobre todo lidiar
con el calor, era algo que podía tranquilamente
matarla en pocos días, si sus enemigos
se enterasen de este método tan rápido
para exterminarla…
Decidió salir a cenar
fuera, frente al mar, para refrescarse un poco,
además al almuerzo no había querido
comer nada por lo que a esta hora ya tenía
hambre. Pasó por su departamento para ponerse
cómoda, y optó por algo sencillo
ya que estaría sola. Se puso un bikini
negro, por si quería entrar luego al mar
y aprovechar los últimos minutos de sol,
y sobre éste unos shorts muy cortos de
jean con una blusa blanca transparente amarrada
a la cintura, sus infaltables gafas y un gorra
por la que pasó su cola-de-caballo. Claro,
todo esto acompañado de su maletín…
Se acomodó en una
zona de la playa junto a unas palmeras, el salonero
inmediatamente se acercó para tomar su
orden. Al poco rato le trajo su pedido y ella
comenzó a saborearlo, mientras abría
su laptop. ¡Tenía tantos mensajes
de su oficina!, era imposible salir de la ciudad.
Con una sonrisa se dijo que era imposible también
estar en la ciudad, siempre tenía igual
cantidad de trabajo.
Mientras avanzaba la tarde,
varios jóvenes se iban agrupando en la
playa, unos se acercaban hasta el restaurante,
otros sencillamente disfrutaban del paisaje. Ella
pasaba desapercibida, por su vestuario y porque
no quitaba la mirada de su máquina.
A lo lejos escuchó
una risas, definitivamente esos chicos se estaban
divirtiendo, con un poco de envidia Kim pensó
en el tiempo que hacía que ella misma no
salía con amigos sólo a divertirse,
no lo pudo recordar… volvió la mirada
a ver a los pasantes, y entre el grupo reconoció
una figura que se le hacía familiar. Una
rubia pequeña, de cabello corto y de rasgos
muy hermosos iba abrazada a un joven alto y bien
formado, pero un poco joven para ella, y aún
más atrás, en brazos de un muchachito
apenas salido de la escuela, estaba… «Charito,
¡esto no puede ser! pero si es sólo
una niña, ¡maldita sea!, ¿cómo
le permiten sus padres salir así?»
Después de unos instantes de rabia, se
dio cuenta de que era ella la que estaba fuera
de lugar… era sólo un grupo de jóvenes
divirtiéndose y no había nada de
malo en eso, ¿verdad?
«No sé si
dejarme ver, tal vez sólo voy a molestar
o a incomodar a Charito… quizás voy
a incomodarme yo. Mejor me quedo en lo mío»
Pero de vez en cuando alzaba a ver al grupo, en
especial a cierta rubiecita, que le llamaba tanto
la atención. Mientras ella estaba en sus
propias elucubraciones, no se había percatado
de que Charito se le estaba acercando… casi
dio un salto al oír su nombre.
—¡Hey! Kim, ¿eres
tú?
—¡Ah!, hola,
sí, soy yo, ¿qué tal, cómo
estás?
—Super… ven a
que conozcas a mis amigos, ¿quieres?
—Mmm… no te preocupes,
estoy trabajando un poco y… —Eran
unos niños, no quería lucir como
la mamá de todos.
—¡No!, ven conmigo,
es un minuto, ayer ya conociste a Jessy, te van
a caer bien.
Ya que la niña insistía,
no le quedó más remedio a Kim que
levantarse y acercarse al grupo. En realidad quería
hacerlo, pero no iba de acuerdo a su posición.
—Miren chicos, ésta
es Kim, la jefa de mi abue en New York.
Todos saludaron muy cortés
y tímidamente, impresionados por el porte
de la gringa, pero sólo Jessy se aventuró
a tenderle la mano con una sonrisita encantadora.
—Hola, nosotras ya
nos conocemos, ¿verdad? ¿Cómo
estás… Kim? —Nuevamente esa
corriente pasó entre ellas, para dejarlas
sin palabra… «Qué hermosa
es y mira esas piernas… es verdad que parece
una modelo»—. ¿Quieres
venir con nosotros?, vamos a pasear un rato y
luego iremos hasta el bar de mi amorcito —ofreció
dándole unas palmaditas a Matteo, que aún
la tenía de la cintura—, él
tiene que comenzar a trabajar como en una hora,
¿qué te parece?
—Muchas gracias, pero
no puedo, tengo que terminar un montón
de cosas… —señaló hacia
su computadora, aunque la verdad es que hubiera
preferido mil veces ir con ellos a quedarse sola
en su apartamento, pero no podía poner
en peligro su "imagen" de mujer de negocios
y tampoco le gustaba la idea de soportar a los
tortolitos por mucho tiempo, aunque no entendía
por qué.
—Bueno, chica —zanjó
Charito— nos vemos entonces, ve por la casa
en una de estas, ¿okay?
—¡Ok!, y gracias
de todas formas… ¡bye! —Regresó
a su asiento, mientras miraba como el grupo se
iba alejando.
—¡Adiós!
—repitieron los chicos, aunque Jessy trató
de ocultar la desilusión en su voz, «¿por
qué diablos quiero que Kim nos acompañe…?»
Luego de haber caminado unos
cuantos metros, Jessy no pudo contenerse y regresó
a ver sobre su hombro hacia donde había
quedado Kim, sus miradas nuevamente se cruzaron
y al sentirse descubierta sólo pudo fingir
mucho interés en las huellas que iban dejando
en la arena, enseguida Matteo la atrajo más
hacia él, y le contó algo al oído
que la hizo reír.
A lo lejos Kim la vio y por
unos brevísimos instantes se dibujó
en esos hermosos labios una sonrisa, pero luego,
viendo la íntima camaradería de
la pareja, prefirió mirar para otro lado…
«dammed boy!!!»
Matteo, que se había
dado cuenta de la interacción de las dos,
se acercó más a Jessy y le dijo
al oído, con mucha picardía:
—Amorcito, ponte las
pilas porque ésta es otra que se te quiere
lanzar encima.
Por supuesto que tras este
comentario, recibió su porción de
cosquillas que terminaron en una carrera dentro
del mar tratando de escapar el uno del otro. Kim
escuchó las risas a lo lejos, pero no quiso
mirar más.
Al comenzar a oscurecer,
Kim decidió que era hora de regresar a
casa, tampoco se sentía tan segura caminando
sola en la playa. El horizonte ya se pintaba de
una hermosa gama de colores naranja y rosados,
una vez más ansió no estar tan sola
aquí, quizás hasta extrañó
un poquito a Rafael, era el primer momento desde
hacía dos días que pensaba en él,
raro…
Después de un baño
refrescante, era hora de comenzar nuevamente a
trabajar, con unos sencillos pantalones cortos
de pijama y una camiseta sin mangas, se ubicó
en su cama con una buena cantidad de papeles que
necesitaban su atención. Revisó,
hizo cálculos, corrigió errores,
despacho e-mails y cuando estaba a punto de dar
su día por terminado, ya cerca de medianoche,
descubrió la carpeta que le había
entregado la chica de distribución, la
nerviosita, sonrió al recordarla mientras
abría la primera página.
Su sorpresa fue… eso
justamente, ¡una gran sorpresa!
«What
the hell?!, ¿qué es… esto?
Mejor dicho… ¿quién es ésta?»
Comenzó a leer mientras sostenía
en su mano la foto de la rubia que la había
perturbado por buena parte de su estadía
aquí.
- Nombre: Jessica Ramírez
Vanderbilt
- Edad: 24 años
- Residencia: Los Alamos #2815
- Padre: Juan Francisco Ramírez,
muerto.
- Madre: Jess Vanderbilt
- Estudios: Licenciatura en
Ciencias Sociales, Universidad Estatal
- Licenciatura en Lenguas, especialización
Inglés y Francés
- Maestría en Relaciones Públicas,
NYU (Estados Unidos)
Y así seguía
con muchas más referencias personales,
de estudios, laborales y todas sus certificaciones,
Kim realmente estaba impresionada con todos estos
datos. Le resultaba extraño que una muchachita
tan joven hubiera estudiado tanto. «Bueno
yo también lo hice… ¿no?»
En especial bajo las circunstancias en las que
la había visto, siempre jugando y haciendo
relajo… no parecía el tipo de estudiosa
o trabajadora. Pero otro detalle que le llamaba
poderosamente la atención era el nombre
de la madre, su familia tenía amistad con
los Vanderbilt, que eran una familia norteamericana
de mucha tradición, con gran poder social
y económico. Conocía también
a Jess, una mujer de mediana edad, quizás
muy joven para ser madre de Jessy, de hecho no
sabía que estuviera siquiera casada, lo
que sí sabía de ella es que se dedicaba
mucho a la vida social, llena de compromisos y
un poquillo la oveja negra de la familia, era
pintora y escultora, según recordaba…
«Es demasiada coincidencia,
pero el nombre y definitivamente los rasgos de
Jessy no son muy comunes en la gente de aquí,…
es más, casi luce como extranjera entre
los suyos. Me parece que tendré que pedir
a Richard que investigue algunos detallitos de
Jess ¿Hey?… Pero, ¿a mi qué
me puede interesar ese asunto? Kim, querida, estás
perdiendo tu objetividad, eso está mal…
muy mal. Mañana con la cabeza fría…
—ja, ja, aquí nada es frío—,
veré qué hago, tengo que lograr
organizar lo del trabajo, y Jessy, francamente,
parece la más capacitada»
Decidió ir a dormir,
o por lo menos tratar de hacerlo…
En su casa, al otro lado
de la ciudad, Jessy no lograba conciliar el sueño…
había pasado una linda tarde con sus amigos,
había ayudado un rato a Matteo en el bar
y luego junto con Charito, regresaron a sus respectivas
casas. En el camino la niña, como era de
esperar, comenzó con la preguntadera.
—Oiga mi'jita, ya me
parece hora para que me comience a contar que
hay.
—¿Que hay de
qué…? —preguntó, sabiendo
de que se trataba el rollo.
—No te hagas la loca,
sabes que estoy hablando de las miraditas entre
tú y Kim, lo colorada que te pones cada
vez que la ves, y cómo las dos se quedan
mudas cuando se dan sólo la mano. Yo la
conozco a ella, y jamás la había
visto tan nerviosa como cuando esta frente a ti…
y por supuesto te conozco más a ti, y esos
colorcitos… pa'ná, dígame
panita, ¿qué esta pasando?
—¡Qué
imaginación que tienes, pelada!,
en todo lado ves algo raro, no pasa ná,
creo que estabas tan acaramelada con el Carlitos,
que se te recalentó el cerebro… y
hablando de recalentada, tengo que llevar mañana
mismo mi Jeep donde don Fermín a ver si
me lo arregla.
—Hey, hey, no me cambie
de tema usted, yo soy joven pero no boba, y tengo
estos lindos ojitos para ver…
—¡Mucha telenovela,
negrita…!"
—dijo Jessy con una sonrisa, tratando de
no dar importancia a los comentarios de su amiga,
pero dentro de si tenía ya clavada la espinita
desde hace rato…
Estaba ahí, mirando
el techo de su cuarto y pensando en que no le
quedaba más que ponerse a contar ovejitas.
«¡Mierda! ¿y ahora qué?…
Mi vida es una porquería, estoy sola, bien
cuerneada por Julián, sin trabajo, sin
un perro medio
para los gastos de los próximos meses…
y hasta la enana de
junto me acusa de que me gustan las mujeres…
incluso el bestia de Matteo también me
dijo algo parecido, sólo eso me faltaba,
¡diablos! Mmm… pero… sin necesidad
de que eso sea verdad… ¡qué
buena que está la gringa! Madre mía,
¿en qué estoy pensando?, Jessy,
te ordeno que te duermas y ¡ahorita mismo!»
***
Al llegar Kim a su oficina,
la secretaria le estaba esperando con todos sus
reportes, parecía que era una mujer bastante
eficiente y se encontraba a gusto con su trabajo,
el resto del personal todavía no llegaba
y eso le molestó un poco, tendría
que aclarar las cosas nuevamente con ellos.
—Susana, por favor,
póngase en contacto con esta persona —le
solicitó entregándole un papel con
unos datos—, necesito entrevistarla de ser
posible en el transcurso de la mañana…
y pida al Dr. Hernández que venga a mi
oficina enseguida.
—Señorita, el
Dr. todavía no ha llegado, pero apenas
lo haga le aviso, ¿está bien?
—Pero… —«Se
supone que él ya debería estar con
el equipo a cargo de la maquinaria, supervisándolos…
shit! another
one…»—. Ok, Susana,
no se preocupe, me avisa cualquier cosa de la
entrevista… voy a estar en la planta —prefirió
salir ella misma a comprobar cómo iba el
trabajo.
Apenas eran las 8:00 y ya
se sentía que éste iba a ser otro
día igual de caluroso, su vestido de algodón
de un celeste clarísimo ya comenzaba a
estorbarle, parecía que la única
forma de estar fresca era en la ducha.
En la casa de la familia
Ramírez, todo era ya movimiento, doña
Pancha estaba comenzando con sus labores de limpieza
y a pesar que a Jessy le gustaba dormir mucho,
su abuela, con tanto ruido, no se lo permitía.
—Pero abue, si no tengo
que ir a trabajar, ¿por qué me despiertas
tan temprano?, no necesitas limpiar mi dormitorio,
lo hago yo luego… —refunfuñaba
desde debajo de su almohada.
—No mi niñita,
porque "al que madruga…"
—… Dios lo ayuda"
—terminó Jessy y pensó, «¿ayuda?,
no la veo por ninguna parte…»—.
Vieja, por fa'… —volvió a suplicar.
En ese momento el teléfono
sonó y Jessy tuvo que levantarse a contestarlo,
sabía que a su abuela no le gustaba dejar
su trabajo por nada. «¿Quién
diablos es a la madrugada?»
—Sí, buenos
días, ¿con quién desea hablar?
—preguntó con voz ronca por el sueño.
—Hola, buenos días,
le estoy hablando de la Empresa Deltex, y deseo
hablar con la Srta Jessica Ramírez, por
favor. —En el momento que escuchó
el nombre de la Empresa, Jessy despertó
por completo, pero con la emoción, prácticamente
ya no escuchó nada más… —.
Perdón, ¿es la casa de la Srta.
Ramírez? ¿Puedo hablar con ella?
—Susana, al no recibir ninguna respuesta
pensó que se había equivocado de
número.
—Sí… sí
es aquí, soy yo, yo soy Jessy, digo Jessica
Ramírez —espetó atropelladamente.
—Bien… —Susana
se dio cuenta de la grata reacción que
tenía su llamada y sonrió, por un
segundo recordó cuando fue también
su turno de recibirla… —, Srta., le
llamo para preguntarle si es posible que usted
venga a nuestras oficinas para mantener una entrevista
con la Srta.… —Jessy le interrumpió.
—Claro, claro que sí,
¿a qué hora?, puedo ir ahora mismo,
bueno dentro de unos minutos… ¿qué
le parece?
—Perfecto, entonces…
la esperamos, ¡hasta pronto!
Mientras Jessy llamaba a
gritos a su abuela, comenzó a sacar ropa
de su closet
para buscar que ponerse. Luego entró a
ducharse e inmediatamente salió con sus
bendiciones, hacia su cita de trabajo.
Al llegar eran casi las 9:00
y ya en el portón de la empresa, se dio
cuenta de que no sabía con quién
debía entrevistarse, tampoco sabía
cómo se llamaba la secretaria que la llamó,
con el apuro y la conmoción ni siquiera
preguntó nada, bueno, tendría que
buscar a Bachi, para que ésta le sirviera
de guía…
Luego de dejar su identificación
al guardia, pasó y fue hasta las oficinas
de despacho, allí ubicó a su amiga,
que estaba toda enterrada en papeles y le explicó
lo que le había pasado. Bachi, totalmente
emocionada, decidió pedir unos minutos
de permiso para llevarle personalmente hacia donde
con seguridad estaba la persona con la que tenía
que hablar.
—Chica, sabes que te
habrán llamado de parte de la gran jefa,
es a ella a quien le entregué tu hoja.
Es una mujer… ¡uau!, cosa seria, pero
es como un témpano de hielo, ya la vas
a conocer.
—¡Okay!
Con esta pequeña 'aclaración',
Jessy se puso más nerviosa todavía.
—Vente niña,
aquí está Susana. ¡Hola Susi!,
¿tú llamaste a Jessy para la entrevista?
—Sí, fui yo.
Enseguida voy a llamar a mi jefa, siéntate
Jessy y tú, mi gordita querida, ve a seguir…
—Sí, ya sé,
trabajando. Chaito amor, llámame luego,
¿okay? Nos vemos en el comedor, Susi.
Algunos minutos pasaron y
Jessy sentía que se estaba desliendo, hacia
tanto calor… pero más que nada eran
los tremendos nervios, rogaba a todos los Santos
para que esta vez las cosas funcionaran.
Susana hizo una llamada y
le indicó a la joven que la siguiera dentro
de la oficina principal, allí debía
esperar. Al rato escuchó unas pisadas fuertes
a lo largo del corredor, luego un breve diálogo
y enseguida la puerta que se abría, tragó
fuerte y se concentró en reflejar una actitud
totalmente profesional.
Kim que había recibido
la llamada mientras discutía diversas situaciones,
con total y absoluto control, ahora se encontraba
ante la jovencita que le había quitado
el sueño, hecha un mar de nervios y sin
saber realmente el por qué… La vio,
era de verdad hermosa, con una sencillez y una
dulzura que la dejaban sin palabra.
Jessy llevaba puesto un terno
en color melón, de falda no muy corta y
chaqueta, que lucía perfecto en sus bien
delineadas formas, sandalias de tacón alto,
con las que adquiría un aire de ejecutiva
difícil de empatar con la de la niñita
traviesa de los otros días.
—Buenos días
y gracias por venir con tan poco tiempo de aviso
—Kim sentía que su voz no era todo
lo fría que solía usar en estos
casos.
Jessy se puso de pie y comenzaba
a girar sobre sus tacones para saludarla, cuando
al escuchar esa voz un escalofrío recorrió
su espalda, ya sabía quien era… estaba
cara a cara con su "mejor" pesadilla…
—Ho… hola, buenos
días… mm… ¡qué
sorpresa! —«¡Qué
comentario más inteligente!»,
pensó irónicamente, mientras extendía
su mano preparada ésta vez para la descarga
eléctrica.
—¿Cómo
está, Srta. Ramírez? Espero no haberle
causado ningún problema al pedirle venir
tan rápido. Tome asiento, por favor. —«What
the hell are you doing? ¿Por qué
te comportas como una bruja?, ¿estás
loca…? Sí, no cabe duda…»
Jessy se quedó paralizada
al ver y sentir la actitud de Kim, pero tenía
que reaccionar rápido y no dejarse llevar
por sus sentimientos… —«¿sentimientos?
¿qué sentimientos?, apenas la viste
dos veces ¡boba! y ni es tú amiga»—,
seguramente eso era de lo que hablaban cuando
se referían a la JEFA.
—Gracias… su
llamada no me causó ningún inconveniente…
—ella también adoptó una pose
totalmente impersonal y esperaba con ello estar
a la altura de las circunstancias.
—Tengo su hoja de vida
y me parece interesante, pero… ¿podría
usted explicarme por qué abandonó
su último empleo… en el Hotel del
Mar? ¿… y hace cuánto fue
eso?
—Tuve que dejar el
empleo por reducción de personal, la compañía
propietaria tenía una situación
económica delicada. Una zona del complejo
fue mal construida y está a punto de ser
derrocada, por lo que los ingresos de la última
temporada y una serie de mal negociados seguros
serán destinados a la reconstrucción.
Tuve que reestructurar todo el Departamento de
Personal y me pareció lo más lógico
presentar mi disponibilidad, en vista de ser la
persona de más alto rango y por ende de
más alto
rubro, por ahora las cosas están a
cargo de mi asistente… ex asistente, siendo
eso mucho más conveniente para la empresa.
Esto sucedió hace menos de un mes…
Usted puede confirmar todo lo que he puesto, directamente
con mis ex empleadores. Son sólo dos, en
la primera empresa estuve por casi tres años,
inclusive todavía no había terminado
mis estudios cuando comencé a trabajar
ahí, y la otra es el Hotel, donde estuve
por dos… Bueno, antes de éstas ya
había trabajado en varios sitios, como
ayudante en el bar de mi amigo Matteo —«a
él, ya lo conoces», pensó
Jessy— en la pizzería como salonera
y luego como cajera, y otras cosas, sólo
que fueron trabajos de medio tiempo mientras estaba
en el colegio —decidió que ya debía
callarse y darle chance a Kim de hablar.
—Mmm, ya veo, hasta
ahora una corta pero muy productiva vida profesional.
—«Sí que es impresionante
la muchachita, es una hermosa cajita de sorpresas…
¡y cómo habla!, todos aquí
hablan tanto y tan rápido.»
La entrevista se desarrolló
normalmente, la una preguntaba y la otra contestaba,
pero cada una de ellas sentía que algo
no andaba bien, había una tensión
en el ambiente que por lo menos a Jessy no la
dejaba respirar, no mencionaron para nada el hecho
de que ya se conocían, ni sus mutuos amigos,
los Gómez, ni nada que las hiciera salirse
del plano profesional. Hablaron de las aspiraciones
económicas de Jessy y quedaron de acuerdo
en que Kim le comunicaría su decisión
lo antes posible.
—Bueno… creo
que eso es todo, ¿verdad? Cia… perdón…
adiós y gracias por su tiempo.
—Adiós…
—«Oh, eres el cerdo más
grande que hay en este mundo, Kim.»
La rubia se alejó
lo más rápido posible de las oficinas
y mientras caminaba, sentía que sus ojos
se iban llenando de lágrimas, no sabía
si era de ira o de desilusión o de qué
diablos, y el no entender sus emociones la ponía
todavía peor, en su apuro casi golpea a
su amiga Bachi que la esperaba a la salida, quien,
llena de expectativa y alegría, le preguntó:
—¿Qué
tal, amorcito, cómo te fue, qué
tal la bruja, te dio el empleo? ¡Hey! ¿Qué
pasa? Por lo menos mírame, ¿estuvo
tan mal, te dijo algo malo…? No se lo voy
a permitir. ¿Qué pasó demonios?
Jessy no confiaba en su voz
para hablar, solo trató de zafarse del
agarre de Bachi y esquivarla, no quería
que la viera así, casi llorando, y lo peor
de todo, sin motivo alguno.
—No pasa nada, gorda.
Sólo estoy… preocupada, la tipa estuvo…
bien, quedó en avisarme… cualquier
cosa… —al sentir que su voz se quebraba,
prefirió callarse. «Mierda, no
puede afectarme tanto el simple hecho de que no
me haya sonreído o no le haya interesado
conversar conmigo o lo que sea…»
Siguió caminando y llegaron a la guardianía.
Bachi le había pasado el brazo por los
hombros, entendió que era mejor no preguntar
ahora, respetar la explicación de Jessy,
aunque no se la creía para nada.
—Bueno, ya conversaremos
cuando tú quieras hacerlo, recuerda que
te quiero y me preocupa lo tuyo, ¿okay?,
chaito. —Le dio un beso en la mejilla y
se alejó.
Jessy se subió a su
jeep, tratando de no pensar en nada tomó
camino hacia lo de Matteo, tenía que llorar
en brazos de su pana. Parqueó y con los
ojos nublados por las lágrimas, comenzó
a subir hasta el departamento de su amigo, de
seguro él estaría todavía
durmiendo.
Ella tenía las llaves
de la puerta, por lo que ni siquiera se preocupó
en llamar, fue directo al dormitorio y se lanzó
en la cama, junto al bulto del muchacho que dio
tremendo salto del susto.
—¡¡¡HEY!!!
¿Qué pasa? Jessy, amor, ¿eres
tú? —«Bueno, ¿quien
más entra así en mi cuarto?»,
pensó en un instante. Sí, definitivamente
era Jessy y estaba llorando, «¿y
ahora qué pasó?» La abrazó
tiernamente y dejó que se desahogara, antes
de preguntarle nada.
Luego de algunos minutos
ella lo miró y sólo pudo darle las
gracias, casi como un murmullo. Sabía que
tenía que dar alguna explicación,
pero no sabía siquiera por donde empezar.
Todo era realmente confuso, lo primero, por qué
ella se sintió tan abatida cuando Kim no
le hizo caso como amiga o conocida siquiera, y
en cambio la trató como si nunca antes
la hubiera visto. Ni una sonrisa… esa sonrisa
que la llenaba de sensaciones extrañas
desde hace unos días.
—Bueno… creo
que ahora sí estoy totalmente loca.
—¡Qué
dices amor, loca no!, vamos, no sólo ahora
si no siempre, ja, ja —dijo pensando en
animarla un poco, pero al ver que no conseguía
ni una pequeña sonrisa se calló.
—Matteo, tú
que pensarías de mí si te dijera
que estoy perdidamente enamorada…
—No, por favor, otra
vez no, ¡el salvaje de Julián!
—No, déjame
terminar… si te dijera que… estooo,
que me gusta tremendamente una… mujer —sintió
que sus mejillas se ponían de todos los
colores, pero ya lo había soltado, en realidad
era la primera vez que ella misma lo escuchaba
de sus propios labios, pero dentro de sí,
sabía que esa era la razón de todo
su desconcierto, Kim le gustaba como nunca antes
nadie lo había hecho. «Diablos,
¿por qué tienen que pasarme estas
cosas a mí?», pensó Jessy.
—Mmm, bueno, mi amorcito,
veamos, primero creemos estar enamorados de Pepito,
luego de… Roberto, después…
por años del baboso de Julián…
y ahora para completar el panorama… de la
gringa, ¿verdad? Yo creo que las cosas
aquí se están saliendo un poco de
perspectiva… o sea… ¿somos
heterosexuales o no? Y segundo, ¿esa gringa
te ha hecho algo? ¡Porque si es así
la mato! —afirmó con un tono de voz
que dejaba completamente de lado toda broma.
Jessy se levantó de
la cama y comenzó a pasear nerviosamente
por la habitación.
—¡No! Por supuesto
que no me ha hecho nada, ni siquiera se ha dado
cuenta de que existo, bueno sí, para hablar
de cosas de trabajo, ¡pero ná más!
—Ajá, y eso
es justo lo que nos tiene así, ¿verdad?
Hey y ¿qué trabajo? ¿de qué
trabajo me hablas?
—Hey. ¿Y tú
cómo sabes que estoy hablando de la gringa?
—se puso aún más colorada.
—Ay, nena… yo
te conozco más que a mí mismo, y
ya desde hace tiempo me di cuenta de que te pasaba
algo raro cada vez que veías o hablabas
de la bendita gringa, pero dime una cosita, ¿de
cuándo acá a ti te gustan las nenas?,
no es que tenga nada en contra de eso o de ellas…
todo lo contrario… je, pero me extraña,
nos conocemos de toda la vida y tú nunca
antes me habías mencionada ná de
ná. Es algo que descubriste ahorita mismo
¿o qué?, porque si no yo estoy loco
de atar.
—No es que lo haya
descubierto, no se QUÉ me pasa, eso es
todo el rollo, ¡bobo!
—Gracias por el cumplido…
mmm… vente pa'cá —la volvió
a abrazar dándose cuenta de que estaba
otra vez a punto de llorar—. Suquita, déjame
digerir un momentito la información, ¿okay?
Tú estás confundida —«¡y
yo más!», pensó Matteo—
lo importante es que te tranquilices, ¿qué
tal si comemos mientras?, en vista de que me despertaste
a la madrugada… ¡ahora te toca a ti
prepararme algo!
***
Eran casi las cuatro de la
tarde y Kim no tenía la más mínima
intención de salir a comer, estaba concentrada
doblemente, su trabajo usual de New York y ahora
el encarguito de su padre aquí, y más
aún no tenía ganas de dejar de trabajar
para ponerse a pensar en nada ni en NADIE. Se
había portado como toda una bruja por la
mañana, pero no sabía por qué
se sentía culpable, era su forma natural
de tratar asuntos de negocios, sólo eso,
asuntos profesionales que requerían su
total neutralidad y cabeza fría, «helada»,
y sin embargo…
Había algo que no
dejaba de preocuparla, y era esa mirada triste
de Jessy al despedirse. ¿Pero por qué
le afecto a la jovencita su frialdad? Hablaron
sobre todo lo concerniente a su posible futuro
en Deltex, era lo planeado, pero… ¿por
qué esa reacción? ¿Y por
qué ella no fue capaz de entablar aunque
sea una pequeña conversación? Ya
la conocía, lo lógico hubiera sido
saludarla más cordialmente, como ayer cuando
la vio en la playa, hasta sonreír de vez
en cuando hubiera sido más que correcto
y esperado, ¿por qué siempre se
negaba hasta el más mínimo de los
placeres?
«Eres como una
tortuga, que prefiere estar encerrada en su caparazón
para vivir… y ¿qué me pasa
con esta niña, por qué no dejo de
pensar en ella?, shit!» Se levantó
inmediatamente y se dirigió a la planta,
trataría de ocupar su mente en algo diferente,
aunque fuera por unas horas.
La temperatura milagrosamente
era más suave, Kim tenía que ir
a descansar, pero pensó en comer algo primero.
Quizás el sitio en el que estuvo ayer…
no, no era muy buena idea, podría encontrarse
con sus "amigos", mejor ir en dirección
opuesta.
Se dirigió hacia el
otro lado de la playa y con los tacones en la
mano se puso a caminar, pensando en que de seguro
encontraría algún pequeño
restaurante donde comer. Su vestido ya le molestaba,
tenía que ducharse pronto… De pronto
su celular sonó y al ver su identificador
de llamadas, dio un suspiro.
—Hi, Raf, ¿cómo
estas? —contestó con una pequeña
sonrisa.
—Hola preciosa, ¿cómo
me le va?, ¿qué tal que no he escuchado
de ti en tres días? Sólo se por
tú padre que estas muy ocupada.
—Sí, estoy muy
ocupada, no tienes idea de la cantidad de problemas
que tenemos aquí, pero creo que ya se irán
solucionando. Tú qué tal, ¿cómo
estas?
—Pues imagínate,
extrañándote y deseando poder abrazarte
pronto. ¿Cuándo crees que regresarás,
amor?
—Well honey, hasta
ahora no tengo ni idea de cuanto más me
tomará este asunto, pero… yo también
te extraño.
—Bueno amor, si es
así… espero que no sea tanto. Ya
me despido, cuídate y piensa en mí
de vez en cuando, ¿okay? Te llamo en un
par de días, ¿está bien?
—Sí claro, hablamos…
bye!
No era exactamente lo que
necesitaba, pero bueno… por lo menos escuchó
una voz amiga… «¿Y si le
pido que venga?, de seguro él lo haría
enseguida, pero… ¿quiero lidiar con
Raf ahora? ¡Nah! creo que mejor me quedo
sola.»
Jessy había pasado
la mayor parte del día con Matteo, sin
hacer nada, sólo esperando a que las horas
siguieran su curso, y también sus confusiones.
El joven no lograba todavía que ella entendiera
y aceptara que en realidad no había nada
de malo en sus dudas y que tampoco había
nada reprochable en la actitud de la gringa, quizás
Kim era así siempre, de hecho… es
lo que todo el mundo había oído
de ella. ¿Entonces por qué preocuparse
más de la cuenta?
Jessy hizo una llamada a
su abuela para avisarle donde estaba y advertirle
de que se quedaría con su amigo hasta la
noche. Quería pasear junto al mar y respirar
esa tranquilidad, tal vez eso lograría
calmarla y aclarar sus pensamientos.
Eran un poco pasadas las
seis, y Jessy se había puesto unos shorts
y una camiseta de Matteo, ya que su traje de la
mañana era muy incómodo y ya no
servía para nada a estas alturas del día.
Salió del pequeño departamento,
que estaba situado sobre el bar que el chico administraba
y bajó hasta donde estaba su amigo. Él
comenzaba a realizar sus actividades diarias y
a recibir el dinero que se había hecho
en la tarde; Manolo, que era el otro empleado,
acababa su turno y se despedía.
—¡Hey Jessy!,
¿de dónde sales? Mmm, por la ropa
veo que estuviste muy ocupada allá arriba,
¿eh?, suertudo el flaco, ¿no?
—Ná que ver
infeliz, ¡y no molestes! —le corrigió
Matteo desde dentro del local, imaginándose
que Jessy no estaba para bromas.
Y de hecho, la joven ni siguiera
se volvió a verlos, siendo esto algo totalmente
extraño en ella, que siempre estaba lista
para una broma o para dar una hermosa sonrisa
a sus amigos. El jovencito se quedó mirándola
y estaba a punto de hacer otro comentario, cuando
Matteo se acercó y dándole un golpe
nada gentil en la espalda, lo mandó retirarse.
—Hola amor, ¿descansaste
un poco?, ven a que comas algo, ¿okay?
—le invitó, notando que ella seguía
esquivándole la mirada.
—Hmmm, gracias flaco,
creo que voy a dar un paseo por ahí, luego
como y, por supuesto, te ayudo un rato, ¿sí?
Y sin decir nada más,
salió del local, ahora necesitaba estar
sola, pero no quería ser ingrata con su
pana del alma, tenía que superar estos
primeros momentos de confusión y luego
volvería a él, a su vida de siempre,
¡tenía que conseguirlo!
Mientras mojaba sus pies
descalzos con las cálidas olas, sentía
que no debía tomar las cosas tan dramáticamente.
«Total, no ha pasado ná chica,
¡no seas boba! Ella es una millonaria que
tiene que hacer su trabajo de la forma más
eficiente posible, ¿verdad?, no se puede
dedicar a estar de ji-ji y ja-ja con nadie, seguramente
con un montón de rollos en la cabeza y
sin tiempo para una posible empleaducha que se
deslíe sólo con verla, bueno este
detalle ella no lo sabe…» Seguía
caminando alejándose más y concentrada
en sus pensamientos mientras miraba sus pies,
cuando sintió unas manos que le sostenían
por los hombros para evitar chocar…
—¡Huy!, perdón,
¡casi lo atropello! —alzó su
mirada y se encontró sin más palabras
que decir, se estaba volviendo repetitivo, ella
otra vez muda frente a la hermosa gringa de sus
tormentos.«¡Diablos!, de seguro
nadie diría que tienes un máster
en comunicaciones, ¿eh?»
—No te preocupes, no
pasó nada —Kim, que estaba también
distraída, no esperaba ver tan pronto a
la pequeñita, no quería hacerlo
hasta saber exactamente qué le estaba pasando
o por lo menos en qué iba a parar su entrevista
laboral de esta mañana, todavía
no había estudiado a fondo su solicitud,
pero a la vez tenía ganas de mirarla, de
tocarla.
—Hola… buenas
tardes Srta. McRyan —dijo Jessy haciendo
énfasis en lo de Srta, quería ser
irónica… pero sus ojos la traicionaban,
éstos de seguro estaban iluminados, ya
que ella por dentro se sentía así.
Regresó a ver su hombro y vio que de una
de las manos de Kim colgaban sus sandalias, se
dio cuenta de que ella seguramente acababa de
salir del trabajo. Se volvió a ver la cara
y sólo se le ocurrió decir—:
mmm… ¡bonitas!
Al escuchar esto, Kim retiró
sus manos de Jessy como si su piel quemara…
—Perdón… —ahora sí
que estaba en una situación incómoda,
podría quizás reparar su frialdad
de la mañana, o seguiría igual.
«Kim, por favor, reacciona, ¡respira
y piensa!»—. ¿Cómo
has estado?… ¿Estás paseando?
—Duhh!!!, «¡qué perspicaz!.»
—¡Parece que
así es! —asintió Jessy sonriendo
al notar el color que subía a las mejillas
de la gringa. —«Por lo visto ella
está tan nerviosa como yo… ¡ja!.»
Lastimosamente no podía ver la expresión
de aquellos maravillosos ojos, por las infaltables
gafas de Kim.
—Mmm… ¿ya
cenaste? Podríamos ir a comer algo por
aquí cerca… —se le salió
de la boca antes de que ella pudiera siquiera
pensarlo dos veces. «Oh shit! Ahora
sí que la hice… ,» pensó
Kim.
Jessy se quedó sin
saber que contestar… «Esta mujer
esta definitivamente más loca que yo, primero
me ignora hasta el punto de hacerme sentir como
un gusano y ahora me está invitando a cenar…»
—¿Qué?
¿Que quieres ir a cenar conmigo?
—Bueno, si no puedes
o no quieres… ¡no hay problema! Creo
que es mejor que me vaya… adiós —dijo
Kim toda cortada por la reacción de Jessy.
—¡Hey!, no, espera…
sí… digo… bueno vamos a cenar
por aquí cerca, qué tal al bar de
mi amigo, si quieres algo sencillo, o…
—Está bien…
algo sencillo es perfecto.
—Jessy comenzó
a caminar y Kim la siguió, la rubia no
sabía que más decir, sentía
su cara toda colorada y las piernas no querían
obedecerle… —«Tal vez esto
no es muy buena idea, yo debería alejarme
de ella y sólo esperar la llamada de la
empresa, eso si es que me llaman. Ahora que lo
pienso… debe de ser ese el motivo de su
actitud, no quiere sentirse presionada para tomar
una decisión en lo del trabajo, por eso
tiene que mantenerse distante… ¿pero
por qué tan distante?»
Kim estaba tan callada que
Jessy pensó por un momento que estaba sola…
pero en realidad la gringa no podía dejar
se preguntarse el por qué se le ocurrió
invitarla a comer… «estás
desquiciada, en la oficina ni siquiera la regresaste
a ver una vez, y ahora se te ocurre invitarla,
¿qué será lo próximo
que hagas?, cuéntamelo Kim, porque yo ya
no entiendo nada…», se preguntaba
a sí misma.
Al llegar hasta lo de Matteo,
Jessy se adelantó un poco para saludar
al chico y tratar de 'hacerle
ojos' para que no metiera la pata.
—Hola muchachón,
ya estoy de regreso y vengo 'acompañada',
por favor, ¿nos ofreces algo de beber?
—«¡Por Dios, que no diga
nada…!»
—¿Con quién
andas?, pensé que estabas toda trist…
—se quedó con la media palabra en
la boca, al ver detrás de su amiga a la
famosa mujer de la que pasaron hablando toda la
mañana. Lo primero que se le cruzó
por su mente fue dar un puñetazo a esa
hermosa cara, pero al ver los ojos suplicantes
de Jessy, no pudo hacer nada más que mostrar
una de sus sonrisitas bobonas—. Ehm…
claro, yo… voy por… algo, tomen asiento,
¿sí?
—Gracias amor…
—dijo Jessy con un gran suspiro de alivio.
Las dos se ubicaron en una
mesita en la playa, una frente a la otra y en
vista de que las palabras escaseaban entre ellas,
prefirieron mirar el paisaje y tratar de respirar
con la mayor normalidad posible.
Al rato llegó Matteo
a limpiar la mesa, y a preguntarles qué
deseaban tomar, las dos pidieron una cerveza,
sintiendo sus gargantas totalmente secas.
—Flaco, te acuerdas
de… Kim. Kim, éste es mi amigo Matteo,
lo conociste en la playa.
—Hola, sí claro,
¿cómo estás? —saludó
estrechándole la mano.
Kim se preguntaba que había
entre este chico y Jessy, los había visto
ayer muy juntitos, pero luego parecía que…
no, que había algo diferente, «ojalá
sea así, hey… ¿y ojalá
por qué?.»
Luego Jessy, ya sabiendo
las especialidades del pequeño bar, le
ofreció a Kim escoger para ella lo mejor.
Matteo, desde la barra del
bar, veía con tremenda preocupación
la escena que se desenvolvía frente a su
local, casi no podía ni atender a sus otros
clientes que iban llegando conforme avanzaba la
tarde. Tenía unas inmensas ganas de ir
y sentarse junto a su amiga y participar de la
conversación, o mejor dicho, de la falta
de ella, pero a la vez sabía que no podía
hacerlo, esta gringa le intimidaba hasta los huesos…
y por otro lado la rubia lo hubiera medio matado
si se atrevía a interrumpir… ¡el
silencio!
Lo que sí estaba claro
era que entre las dos cruzaba algo realmente fuerte.
La mirada triste de Jessy había desaparecido
por completo, y ahora tenía una hermosa
sonrisa dibujada en sus labios, lo poco que decían
al parecer era suficiente, porque a las dos se
las veía muy contentas, de rato en rato
Matteo descubría también una pequeña
sonrisa del lado de la alta morena.
Sin poder aguantarse más,
se acercó con el pretexto de ver si necesitaban
alguna otra cosa:
—Suquita, ¿todo
bien? ¿Quieren algo más? —lo
preguntó dándole un pequeño
empujón a la silla de su amiga.
—No, todo está
perfecto, gracias… ¿Tú quieres
algo más… Kim? —lo dijo con
un poco de preocupación por tomarse tantas
atribuciones.
—No, en realidad para
mí también todo está perfecto
—contestó Kim tranquilizándola
y ofreciéndole a la vez una de sus miradas
para derretirla.
Al terminar la cena, Kim
pagó la cuenta y se despidieron del joven,
que por supuesto estaba cada vez más preocupado
por la rubiecita.
Como ya había anochecido,
la brisa del mar comenzaba a ser fría,
Jessy sólo tenía la camiseta destartalada
de Matteo y estaba descalza. Siguieron caminando
por la playa, y sin saber hacia dónde se
dirigían, y ya que alguien tenía
que hablar… en el mismo momento las dos
decidieron hacerlo… lo que ayudó
a que la tensión desapareciera definitivamente.
Luego de reír por un buen rato…
—Creo que es mejor
que vayamos hacia el norte, allá está
mi auto —sugirió Kim— y así
te puedo acercar hasta tu casa —se había
dado cuenta que la jovencita estaba con frío
y no tenía nada con que cubrirla…
«quizás mis brazos servirían
para darle algo de calor… dammit!!!»
—Mmm… no te preocupes,
yo tengo mi jeep del otro lado del bar. Voy caminando
hasta allá, incluso podría caminar
hasta mi casa, sólo queda a unas pocas
calles de aquí, ¿recuerdas que vivo
junto a Charito? —«Aunque quisiera
vivir lejísimos y que pudieras acompañarme…»
—Sí, es verdad…
no me había dado cuenta de que estábamos
en esa zona… bueno, creo que es hora de…
despedirnos, ¿verdad?
—Claro, ya es tarde
y… tú tienes que trabajar desde muy
temprano, yo en cambio… puedo… ¡descansar!
—Mañana…
humm… voy a estudiar tus papeles, hoy no
tuve tiempo de hacerlo, creo que dentro de un
par de días podrás tener alguna
respuesta, ¿ok?
—No, no te preocupes…
no lo decía por eso… únicamente
lo comentaba… por favor, no creas que quiero…
presionarte. —Tenía los ojos muy
abiertos, asustada por lo que había dicho,
podía haberlo arruinado todo.
—Sé que no es
así, yo también sólo lo comentaba
—sonrió.
En ese momento Kim tomó
la mano de Jessy para despedirse, pero no quería
soltarla, todo lo contrario, tomó también
la otra y con un suave movimiento la atrajo hacia
ella, se acercó a su mejilla y le dio un
beso casi imperceptible, se separó e inmediatamente
dio la vuelta y se fue, sin decir ni una sola
palabra.
Luego de una eternidad, Jessy
reaccionó, y ya cuando la figura de Kim
se perdía en la oscuridad, ella dijo sólo
un "ciao"…
CAPÍTULO IV
Habían pasado ya más
de 24 horas desde aquella despedida, tras la cual
Jessy regresó al bar, y sin decir nada
a su amigo, comenzó a limpiar la barra
y a poner las copas en sus respectivos sitios,
Matteo la veía de reojo desde la caja y
tenía ganas de reír al ver que ella
estaba "tan" concentrada… era
obvio que no quería hablar del asunto,
pero tarde o temprano lo haría.
Luego recogió sus
cosas del departamento y se despidió del
chico con un fuertísimo abrazo que casi
lo deja sin aire… y un sentido "gracias".
Por la mañana, estuvo
ayudando a su abuela con las tareas de la casa,
pero estaba extrañamente callada, y ésta
no era una de sus cualidades. Algo tramaba o algo
le preocupaba.
—Mi'jita… cuéntame,
¿cómo te fue ayer?, hasta ahora
no me has dicho ná, ¿qué
tal resultó la entrevista?, ¿te
pasa algo mi nenita?
—No, que va abue, sólo
estoy pensando… Todo ayer fue bien, la persona
con la que hablé me dijo que ya me llamarían,
tenemos que esperar. ¿Quieres que corte
también estos tomates? —trató
de cambiar de tema, pero…
—Jessica, deja a un
lado los tomates, mira que te conozco desde que
tenías…
—… pañales
—le interrumpió Jessy.
—Sí, los tenías,
y yo los lavaba. Y ahora sé que algo te
está molestando o preocupando, dime qué
es, mi niña, yo soy vieja, pero de vez
en cuando sí puedo darte algún consejo.
La jovencita se acercó
a su abuela, le dio un tierno beso y trató
de convencerla de que no le pasaba nada en especial,
y que debía ser por la espera de alguna
noticia que se sentía así.
Y aquí estaba, en
la terraza de su casa y una vez más esperando
que el aire le refresque la mente. La cena de
la noche anterior había sido… inesperada
por decir lo menos, Jessy no tenía ni la
más pálida idea de lo que había
motivado a la gringa a invitarla, y lo que es
peor, lo que le había motivado a ella a
aceptarla…
«Siempre pensé
que yo era una persona segura de mí misma,
un poco alborotada, pero con las ideas bien claras,
siempre he sabido qué es lo que quiero
en la vida y cómo conseguirlo, ahora siento
como que estoy en el aire. Ya no veo tan claro
mi futuro, ya no veo a Julián junto a mí,
mi trabajo en el Hotel… en el que yo creía
iba a llegar a ser la Gerente se esfumó,
y ahora tengo las manos vacías. Lo que
resulta más preocupante es que estos cambios
radicales en mis planes inmediatos parece que
están trayendo también otro tipo
de cambios en mi vida… nunca me hubiera
imaginado tener ninguna sorpresa a estas alturas
de la vida en mis preferencias sexuales. Creía
estar bien con lo que era, lo que tenía…
hasta se puede decir que lo disfrutaba, la pasaba
bien con Julián… y también
con los otros —ja, ja— mmm…
pero desde que me crucé con Kim…
ya no sé nada. ¡Uau!, Kim, ¡qué
mujer!».
Kim por su parte, lo había
pasado hundida en papeleos y tuercas en la planta,
pensando lo menos posible en las consecuencias
que podían tener sus acciones si se dejaba
llevar por sus instintos y no ponía en
funcionamiento su mente calculadora.
A la tarde, cuando regresó
a su oficina, comenzó a revisar la carpeta
de Jessy una vez más, una aspirante muy
prometedora, una hoja de vida impecable para tan
corta edad, y según las referencias, todas
ya confirmadas por su secretaria, una persona
muy confiable y absolutamente capaz. Sólo
restaba tomar la decisión justa para la
empresa, para la joven y para ella, aunque sabía
que dentro de poco dejaría este país,
estaría siempre atada a esa decisión.
    
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