Uber » Como el agua y el aceite » 02

:: COMO EL AGUA Y EL ACEITE ::

—Corriendo… es un eufemismo, ¿verdad? Déjalo ahí, ya lo revisaré. ¡Hey!, pero… ¿por qué crees que puede interesarme?

En ese momento Bachi se quedó completamente helada, la jefa le había hecho una pregunta con ese acento tan bonito, pero… no sabía que contestar, su coraje se acabó en el instante en que vio esos tremendos ojos azules posarse en los suyos de una manera tan fría, no podía decirle que eran los datos de su pana del alma, y en realidad no sabía porque había mencionado la palabra "interese", claro que sabía con toda certeza que Jessy era la chica más capaz de toda la zona, pero…

—¿Entonces…? —Kim le volvió a preguntar con una ceja perfectamente arqueada.

—Mmm, bueno, yo sólo pensaba que… tal vez… al-leer-va-a-ver-que-es-alguien-muy-preparado —lo dijo todo de golpe y sin siquiera respirar, antes de perder otra vez el valor.

—¡Ajá!, alguien conocido, ¿verdad?, ¿familiar, amigo…? ¿De qué departamento eres tú?

Bachi ya se quería morir, nunca se imaginó que iba a mantener un diálogo tan largo con la famosa jefa, sólo lo hacía por Jessy, y de seguro ésta tendría que luego pagárselo (je,je… el pensamiento era halagador incluso en estos momentos de angustia…). Antes de desmayarse tenía que contestar, no sabía por qué esta mujer con sólo una mirada podía despertarle tanto… ¿temor?

—Errr… no, no es familia, sí una buena amiga, pero… ella se lo dio personalmente al Dr. Vargas, yo no tengo ná que ver. De verdad, se le olvidó a él… y no era justo que se perdiera, yo trabajo en despacho, ya me voy, se me hace tarde… gracias… con permiso… ¿puedo retirarme?

—Esta bien, ve… ¡hey!, ¿cuál es tu nombre?

—Me llamo Beatriz Rivas, para servirle. —Y con esto salió disparada.

«Que muchachita, por un rato me divertí al verla casi desmayarse del susto… ¿soy así de mala gente? Yea, you bad girl!»

Siguió concentrada en lo que estaba haciendo, hasta que recibió la llamada de la planta avisándole que sus coterráneos habían llegado. Guardó los papeles que estaba revisando y metió en su maletín la carpeta que Beatriz le había entregado, para comprobarla más tarde.

Las horas se pasaron volando, y el asunto de las máquinas era complicado, pero ya estaban en buenas manos. Estaba agotada de lidiar con problemas, pero sobre todo lidiar con el calor, era algo que podía tranquilamente matarla en pocos días, si sus enemigos se enterasen de este método tan rápido para exterminarla…

Decidió salir a cenar fuera, frente al mar, para refrescarse un poco, además al almuerzo no había querido comer nada por lo que a esta hora ya tenía hambre. Pasó por su departamento para ponerse cómoda, y optó por algo sencillo ya que estaría sola. Se puso un bikini negro, por si quería entrar luego al mar y aprovechar los últimos minutos de sol, y sobre éste unos shorts muy cortos de jean con una blusa blanca transparente amarrada a la cintura, sus infaltables gafas y un gorra por la que pasó su cola-de-caballo. Claro, todo esto acompañado de su maletín…

Se acomodó en una zona de la playa junto a unas palmeras, el salonero inmediatamente se acercó para tomar su orden. Al poco rato le trajo su pedido y ella comenzó a saborearlo, mientras abría su laptop. ¡Tenía tantos mensajes de su oficina!, era imposible salir de la ciudad. Con una sonrisa se dijo que era imposible también estar en la ciudad, siempre tenía igual cantidad de trabajo.

Mientras avanzaba la tarde, varios jóvenes se iban agrupando en la playa, unos se acercaban hasta el restaurante, otros sencillamente disfrutaban del paisaje. Ella pasaba desapercibida, por su vestuario y porque no quitaba la mirada de su máquina.

A lo lejos escuchó una risas, definitivamente esos chicos se estaban divirtiendo, con un poco de envidia Kim pensó en el tiempo que hacía que ella misma no salía con amigos sólo a divertirse, no lo pudo recordar… volvió la mirada a ver a los pasantes, y entre el grupo reconoció una figura que se le hacía familiar. Una rubia pequeña, de cabello corto y de rasgos muy hermosos iba abrazada a un joven alto y bien formado, pero un poco joven para ella, y aún más atrás, en brazos de un muchachito apenas salido de la escuela, estaba… «Charito, ¡esto no puede ser! pero si es sólo una niña, ¡maldita sea!, ¿cómo le permiten sus padres salir así?» Después de unos instantes de rabia, se dio cuenta de que era ella la que estaba fuera de lugar… era sólo un grupo de jóvenes divirtiéndose y no había nada de malo en eso, ¿verdad?

«No sé si dejarme ver, tal vez sólo voy a molestar o a incomodar a Charito… quizás voy a incomodarme yo. Mejor me quedo en lo mío» Pero de vez en cuando alzaba a ver al grupo, en especial a cierta rubiecita, que le llamaba tanto la atención. Mientras ella estaba en sus propias elucubraciones, no se había percatado de que Charito se le estaba acercando… casi dio un salto al oír su nombre.

—¡Hey! Kim, ¿eres tú?

—¡Ah!, hola, sí, soy yo, ¿qué tal, cómo estás?

—Super… ven a que conozcas a mis amigos, ¿quieres?

—Mmm… no te preocupes, estoy trabajando un poco y… —Eran unos niños, no quería lucir como la mamá de todos.

—¡No!, ven conmigo, es un minuto, ayer ya conociste a Jessy, te van a caer bien.

Ya que la niña insistía, no le quedó más remedio a Kim que levantarse y acercarse al grupo. En realidad quería hacerlo, pero no iba de acuerdo a su posición.

—Miren chicos, ésta es Kim, la jefa de mi abue en New York.

Todos saludaron muy cortés y tímidamente, impresionados por el porte de la gringa, pero sólo Jessy se aventuró a tenderle la mano con una sonrisita encantadora.

—Hola, nosotras ya nos conocemos, ¿verdad? ¿Cómo estás… Kim? —Nuevamente esa corriente pasó entre ellas, para dejarlas sin palabra… «Qué hermosa es y mira esas piernas… es verdad que parece una modelo»—. ¿Quieres venir con nosotros?, vamos a pasear un rato y luego iremos hasta el bar de mi amorcito —ofreció dándole unas palmaditas a Matteo, que aún la tenía de la cintura—, él tiene que comenzar a trabajar como en una hora, ¿qué te parece?

—Muchas gracias, pero no puedo, tengo que terminar un montón de cosas… —señaló hacia su computadora, aunque la verdad es que hubiera preferido mil veces ir con ellos a quedarse sola en su apartamento, pero no podía poner en peligro su "imagen" de mujer de negocios y tampoco le gustaba la idea de soportar a los tortolitos por mucho tiempo, aunque no entendía por qué.

—Bueno, chica —zanjó Charito— nos vemos entonces, ve por la casa en una de estas, ¿okay?

—¡Ok!, y gracias de todas formas… ¡bye! —Regresó a su asiento, mientras miraba como el grupo se iba alejando.

—¡Adiós! —repitieron los chicos, aunque Jessy trató de ocultar la desilusión en su voz, «¿por qué diablos quiero que Kim nos acompañe…?»

Luego de haber caminado unos cuantos metros, Jessy no pudo contenerse y regresó a ver sobre su hombro hacia donde había quedado Kim, sus miradas nuevamente se cruzaron y al sentirse descubierta sólo pudo fingir mucho interés en las huellas que iban dejando en la arena, enseguida Matteo la atrajo más hacia él, y le contó algo al oído que la hizo reír.

A lo lejos Kim la vio y por unos brevísimos instantes se dibujó en esos hermosos labios una sonrisa, pero luego, viendo la íntima camaradería de la pareja, prefirió mirar para otro lado… «dammed boy!!!»

Matteo, que se había dado cuenta de la interacción de las dos, se acercó más a Jessy y le dijo al oído, con mucha picardía:

—Amorcito, ponte las pilas porque ésta es otra que se te quiere lanzar encima.

Por supuesto que tras este comentario, recibió su porción de cosquillas que terminaron en una carrera dentro del mar tratando de escapar el uno del otro. Kim escuchó las risas a lo lejos, pero no quiso mirar más.

Al comenzar a oscurecer, Kim decidió que era hora de regresar a casa, tampoco se sentía tan segura caminando sola en la playa. El horizonte ya se pintaba de una hermosa gama de colores naranja y rosados, una vez más ansió no estar tan sola aquí, quizás hasta extrañó un poquito a Rafael, era el primer momento desde hacía dos días que pensaba en él, raro…

Después de un baño refrescante, era hora de comenzar nuevamente a trabajar, con unos sencillos pantalones cortos de pijama y una camiseta sin mangas, se ubicó en su cama con una buena cantidad de papeles que necesitaban su atención. Revisó, hizo cálculos, corrigió errores, despacho e-mails y cuando estaba a punto de dar su día por terminado, ya cerca de medianoche, descubrió la carpeta que le había entregado la chica de distribución, la nerviosita, sonrió al recordarla mientras abría la primera página.

Su sorpresa fue… eso justamente, ¡una gran sorpresa!

«What the hell?!, ¿qué es… esto? Mejor dicho… ¿quién es ésta?» Comenzó a leer mientras sostenía en su mano la foto de la rubia que la había perturbado por buena parte de su estadía aquí.

  • Nombre: Jessica Ramírez Vanderbilt
  • Edad: 24 años
  • Residencia: Los Alamos #2815
  • Padre: Juan Francisco Ramírez, muerto.
  • Madre: Jess Vanderbilt
  • Estudios: Licenciatura en Ciencias Sociales, Universidad Estatal
      1. Licenciatura en Lenguas, especialización Inglés y Francés
      2. Maestría en Relaciones Públicas, NYU (Estados Unidos)

Y así seguía con muchas más referencias personales, de estudios, laborales y todas sus certificaciones, Kim realmente estaba impresionada con todos estos datos. Le resultaba extraño que una muchachita tan joven hubiera estudiado tanto. «Bueno yo también lo hice… ¿no?» En especial bajo las circunstancias en las que la había visto, siempre jugando y haciendo relajo… no parecía el tipo de estudiosa o trabajadora. Pero otro detalle que le llamaba poderosamente la atención era el nombre de la madre, su familia tenía amistad con los Vanderbilt, que eran una familia norteamericana de mucha tradición, con gran poder social y económico. Conocía también a Jess, una mujer de mediana edad, quizás muy joven para ser madre de Jessy, de hecho no sabía que estuviera siquiera casada, lo que sí sabía de ella es que se dedicaba mucho a la vida social, llena de compromisos y un poquillo la oveja negra de la familia, era pintora y escultora, según recordaba…

«Es demasiada coincidencia, pero el nombre y definitivamente los rasgos de Jessy no son muy comunes en la gente de aquí,… es más, casi luce como extranjera entre los suyos. Me parece que tendré que pedir a Richard que investigue algunos detallitos de Jess ¿Hey?… Pero, ¿a mi qué me puede interesar ese asunto? Kim, querida, estás perdiendo tu objetividad, eso está mal… muy mal. Mañana con la cabeza fría… —ja, ja, aquí nada es frío—, veré qué hago, tengo que lograr organizar lo del trabajo, y Jessy, francamente, parece la más capacitada»

Decidió ir a dormir, o por lo menos tratar de hacerlo…

En su casa, al otro lado de la ciudad, Jessy no lograba conciliar el sueño… había pasado una linda tarde con sus amigos, había ayudado un rato a Matteo en el bar y luego junto con Charito, regresaron a sus respectivas casas. En el camino la niña, como era de esperar, comenzó con la preguntadera.

—Oiga mi'jita, ya me parece hora para que me comience a contar que hay.

—¿Que hay de qué…? —preguntó, sabiendo de que se trataba el rollo.

—No te hagas la loca, sabes que estoy hablando de las miraditas entre tú y Kim, lo colorada que te pones cada vez que la ves, y cómo las dos se quedan mudas cuando se dan sólo la mano. Yo la conozco a ella, y jamás la había visto tan nerviosa como cuando esta frente a ti… y por supuesto te conozco más a ti, y esos colorcitos… pa'ná, dígame panita, ¿qué esta pasando?

—¡Qué imaginación que tienes, pelada!, en todo lado ves algo raro, no pasa ná, creo que estabas tan acaramelada con el Carlitos, que se te recalentó el cerebro… y hablando de recalentada, tengo que llevar mañana mismo mi Jeep donde don Fermín a ver si me lo arregla.

—Hey, hey, no me cambie de tema usted, yo soy joven pero no boba, y tengo estos lindos ojitos para ver…

—¡Mucha telenovela, negrita…!" —dijo Jessy con una sonrisa, tratando de no dar importancia a los comentarios de su amiga, pero dentro de si tenía ya clavada la espinita desde hace rato…

Estaba ahí, mirando el techo de su cuarto y pensando en que no le quedaba más que ponerse a contar ovejitas. «¡Mierda! ¿y ahora qué?… Mi vida es una porquería, estoy sola, bien cuerneada por Julián, sin trabajo, sin un perro medio para los gastos de los próximos meses… y hasta la enana de junto me acusa de que me gustan las mujeres… incluso el bestia de Matteo también me dijo algo parecido, sólo eso me faltaba, ¡diablos! Mmm… pero… sin necesidad de que eso sea verdad… ¡qué buena que está la gringa! Madre mía, ¿en qué estoy pensando?, Jessy, te ordeno que te duermas y ¡ahorita mismo!»

***

Al llegar Kim a su oficina, la secretaria le estaba esperando con todos sus reportes, parecía que era una mujer bastante eficiente y se encontraba a gusto con su trabajo, el resto del personal todavía no llegaba y eso le molestó un poco, tendría que aclarar las cosas nuevamente con ellos.

—Susana, por favor, póngase en contacto con esta persona —le solicitó entregándole un papel con unos datos—, necesito entrevistarla de ser posible en el transcurso de la mañana… y pida al Dr. Hernández que venga a mi oficina enseguida.

—Señorita, el Dr. todavía no ha llegado, pero apenas lo haga le aviso, ¿está bien?

—Pero… —«Se supone que él ya debería estar con el equipo a cargo de la maquinaria, supervisándolos… shit! another one…»—. Ok, Susana, no se preocupe, me avisa cualquier cosa de la entrevista… voy a estar en la planta —prefirió salir ella misma a comprobar cómo iba el trabajo.

Apenas eran las 8:00 y ya se sentía que éste iba a ser otro día igual de caluroso, su vestido de algodón de un celeste clarísimo ya comenzaba a estorbarle, parecía que la única forma de estar fresca era en la ducha.

En la casa de la familia Ramírez, todo era ya movimiento, doña Pancha estaba comenzando con sus labores de limpieza y a pesar que a Jessy le gustaba dormir mucho, su abuela, con tanto ruido, no se lo permitía.

—Pero abue, si no tengo que ir a trabajar, ¿por qué me despiertas tan temprano?, no necesitas limpiar mi dormitorio, lo hago yo luego… —refunfuñaba desde debajo de su almohada.

—No mi niñita, porque "al que madruga…"

—… Dios lo ayuda" —terminó Jessy y pensó, «¿ayuda?, no la veo por ninguna parte…»—. Vieja, por fa'… —volvió a suplicar.

En ese momento el teléfono sonó y Jessy tuvo que levantarse a contestarlo, sabía que a su abuela no le gustaba dejar su trabajo por nada. «¿Quién diablos es a la madrugada?»

—Sí, buenos días, ¿con quién desea hablar? —preguntó con voz ronca por el sueño.

—Hola, buenos días, le estoy hablando de la Empresa Deltex, y deseo hablar con la Srta Jessica Ramírez, por favor. —En el momento que escuchó el nombre de la Empresa, Jessy despertó por completo, pero con la emoción, prácticamente ya no escuchó nada más… —. Perdón, ¿es la casa de la Srta. Ramírez? ¿Puedo hablar con ella? —Susana, al no recibir ninguna respuesta pensó que se había equivocado de número.

—Sí… sí es aquí, soy yo, yo soy Jessy, digo Jessica Ramírez —espetó atropelladamente.

—Bien… —Susana se dio cuenta de la grata reacción que tenía su llamada y sonrió, por un segundo recordó cuando fue también su turno de recibirla… —, Srta., le llamo para preguntarle si es posible que usted venga a nuestras oficinas para mantener una entrevista con la Srta.… —Jessy le interrumpió.

—Claro, claro que sí, ¿a qué hora?, puedo ir ahora mismo, bueno dentro de unos minutos… ¿qué le parece?

—Perfecto, entonces… la esperamos, ¡hasta pronto!

Mientras Jessy llamaba a gritos a su abuela, comenzó a sacar ropa de su closet para buscar que ponerse. Luego entró a ducharse e inmediatamente salió con sus bendiciones, hacia su cita de trabajo.

Al llegar eran casi las 9:00 y ya en el portón de la empresa, se dio cuenta de que no sabía con quién debía entrevistarse, tampoco sabía cómo se llamaba la secretaria que la llamó, con el apuro y la conmoción ni siquiera preguntó nada, bueno, tendría que buscar a Bachi, para que ésta le sirviera de guía…

Luego de dejar su identificación al guardia, pasó y fue hasta las oficinas de despacho, allí ubicó a su amiga, que estaba toda enterrada en papeles y le explicó lo que le había pasado. Bachi, totalmente emocionada, decidió pedir unos minutos de permiso para llevarle personalmente hacia donde con seguridad estaba la persona con la que tenía que hablar.

—Chica, sabes que te habrán llamado de parte de la gran jefa, es a ella a quien le entregué tu hoja. Es una mujer… ¡uau!, cosa seria, pero es como un témpano de hielo, ya la vas a conocer.

—¡Okay!

Con esta pequeña 'aclaración', Jessy se puso más nerviosa todavía.

—Vente niña, aquí está Susana. ¡Hola Susi!, ¿tú llamaste a Jessy para la entrevista?

—Sí, fui yo. Enseguida voy a llamar a mi jefa, siéntate Jessy y tú, mi gordita querida, ve a seguir…

—Sí, ya sé, trabajando. Chaito amor, llámame luego, ¿okay? Nos vemos en el comedor, Susi.

Algunos minutos pasaron y Jessy sentía que se estaba desliendo, hacia tanto calor… pero más que nada eran los tremendos nervios, rogaba a todos los Santos para que esta vez las cosas funcionaran.

Susana hizo una llamada y le indicó a la joven que la siguiera dentro de la oficina principal, allí debía esperar. Al rato escuchó unas pisadas fuertes a lo largo del corredor, luego un breve diálogo y enseguida la puerta que se abría, tragó fuerte y se concentró en reflejar una actitud totalmente profesional.

Kim que había recibido la llamada mientras discutía diversas situaciones, con total y absoluto control, ahora se encontraba ante la jovencita que le había quitado el sueño, hecha un mar de nervios y sin saber realmente el por qué… La vio, era de verdad hermosa, con una sencillez y una dulzura que la dejaban sin palabra.

Jessy llevaba puesto un terno en color melón, de falda no muy corta y chaqueta, que lucía perfecto en sus bien delineadas formas, sandalias de tacón alto, con las que adquiría un aire de ejecutiva difícil de empatar con la de la niñita traviesa de los otros días.

—Buenos días y gracias por venir con tan poco tiempo de aviso —Kim sentía que su voz no era todo lo fría que solía usar en estos casos.

Jessy se puso de pie y comenzaba a girar sobre sus tacones para saludarla, cuando al escuchar esa voz un escalofrío recorrió su espalda, ya sabía quien era… estaba cara a cara con su "mejor" pesadilla…

—Ho… hola, buenos días… mm… ¡qué sorpresa! —«¡Qué comentario más inteligente!», pensó irónicamente, mientras extendía su mano preparada ésta vez para la descarga eléctrica.

—¿Cómo está, Srta. Ramírez? Espero no haberle causado ningún problema al pedirle venir tan rápido. Tome asiento, por favor. —«What the hell are you doing? ¿Por qué te comportas como una bruja?, ¿estás loca…? Sí, no cabe duda…»

Jessy se quedó paralizada al ver y sentir la actitud de Kim, pero tenía que reaccionar rápido y no dejarse llevar por sus sentimientos… —«¿sentimientos? ¿qué sentimientos?, apenas la viste dos veces ¡boba! y ni es tú amiga»—, seguramente eso era de lo que hablaban cuando se referían a la JEFA.

—Gracias… su llamada no me causó ningún inconveniente… —ella también adoptó una pose totalmente impersonal y esperaba con ello estar a la altura de las circunstancias.

—Tengo su hoja de vida y me parece interesante, pero… ¿podría usted explicarme por qué abandonó su último empleo… en el Hotel del Mar? ¿… y hace cuánto fue eso?

—Tuve que dejar el empleo por reducción de personal, la compañía propietaria tenía una situación económica delicada. Una zona del complejo fue mal construida y está a punto de ser derrocada, por lo que los ingresos de la última temporada y una serie de mal negociados seguros serán destinados a la reconstrucción. Tuve que reestructurar todo el Departamento de Personal y me pareció lo más lógico presentar mi disponibilidad, en vista de ser la persona de más alto rango y por ende de más alto rubro, por ahora las cosas están a cargo de mi asistente… ex asistente, siendo eso mucho más conveniente para la empresa. Esto sucedió hace menos de un mes… Usted puede confirmar todo lo que he puesto, directamente con mis ex empleadores. Son sólo dos, en la primera empresa estuve por casi tres años, inclusive todavía no había terminado mis estudios cuando comencé a trabajar ahí, y la otra es el Hotel, donde estuve por dos… Bueno, antes de éstas ya había trabajado en varios sitios, como ayudante en el bar de mi amigo Matteo —«a él, ya lo conoces», pensó Jessy— en la pizzería como salonera y luego como cajera, y otras cosas, sólo que fueron trabajos de medio tiempo mientras estaba en el colegio —decidió que ya debía callarse y darle chance a Kim de hablar.

—Mmm, ya veo, hasta ahora una corta pero muy productiva vida profesional. —«Sí que es impresionante la muchachita, es una hermosa cajita de sorpresas… ¡y cómo habla!, todos aquí hablan tanto y tan rápido.»

La entrevista se desarrolló normalmente, la una preguntaba y la otra contestaba, pero cada una de ellas sentía que algo no andaba bien, había una tensión en el ambiente que por lo menos a Jessy no la dejaba respirar, no mencionaron para nada el hecho de que ya se conocían, ni sus mutuos amigos, los Gómez, ni nada que las hiciera salirse del plano profesional. Hablaron de las aspiraciones económicas de Jessy y quedaron de acuerdo en que Kim le comunicaría su decisión lo antes posible.

—Bueno… creo que eso es todo, ¿verdad? Cia… perdón… adiós y gracias por su tiempo.

—Adiós… —«Oh, eres el cerdo más grande que hay en este mundo, Kim.»

La rubia se alejó lo más rápido posible de las oficinas y mientras caminaba, sentía que sus ojos se iban llenando de lágrimas, no sabía si era de ira o de desilusión o de qué diablos, y el no entender sus emociones la ponía todavía peor, en su apuro casi golpea a su amiga Bachi que la esperaba a la salida, quien, llena de expectativa y alegría, le preguntó:

—¿Qué tal, amorcito, cómo te fue, qué tal la bruja, te dio el empleo? ¡Hey! ¿Qué pasa? Por lo menos mírame, ¿estuvo tan mal, te dijo algo malo…? No se lo voy a permitir. ¿Qué pasó demonios?

Jessy no confiaba en su voz para hablar, solo trató de zafarse del agarre de Bachi y esquivarla, no quería que la viera así, casi llorando, y lo peor de todo, sin motivo alguno.

—No pasa nada, gorda. Sólo estoy… preocupada, la tipa estuvo… bien, quedó en avisarme… cualquier cosa… —al sentir que su voz se quebraba, prefirió callarse. «Mierda, no puede afectarme tanto el simple hecho de que no me haya sonreído o no le haya interesado conversar conmigo o lo que sea…» Siguió caminando y llegaron a la guardianía. Bachi le había pasado el brazo por los hombros, entendió que era mejor no preguntar ahora, respetar la explicación de Jessy, aunque no se la creía para nada.

—Bueno, ya conversaremos cuando tú quieras hacerlo, recuerda que te quiero y me preocupa lo tuyo, ¿okay?, chaito. —Le dio un beso en la mejilla y se alejó.

Jessy se subió a su jeep, tratando de no pensar en nada tomó camino hacia lo de Matteo, tenía que llorar en brazos de su pana. Parqueó y con los ojos nublados por las lágrimas, comenzó a subir hasta el departamento de su amigo, de seguro él estaría todavía durmiendo.

Ella tenía las llaves de la puerta, por lo que ni siquiera se preocupó en llamar, fue directo al dormitorio y se lanzó en la cama, junto al bulto del muchacho que dio tremendo salto del susto.

—¡¡¡HEY!!! ¿Qué pasa? Jessy, amor, ¿eres tú? —«Bueno, ¿quien más entra así en mi cuarto?», pensó en un instante. Sí, definitivamente era Jessy y estaba llorando, «¿y ahora qué pasó?» La abrazó tiernamente y dejó que se desahogara, antes de preguntarle nada.

Luego de algunos minutos ella lo miró y sólo pudo darle las gracias, casi como un murmullo. Sabía que tenía que dar alguna explicación, pero no sabía siquiera por donde empezar. Todo era realmente confuso, lo primero, por qué ella se sintió tan abatida cuando Kim no le hizo caso como amiga o conocida siquiera, y en cambio la trató como si nunca antes la hubiera visto. Ni una sonrisa… esa sonrisa que la llenaba de sensaciones extrañas desde hace unos días.

—Bueno… creo que ahora sí estoy totalmente loca.

—¡Qué dices amor, loca no!, vamos, no sólo ahora si no siempre, ja, ja —dijo pensando en animarla un poco, pero al ver que no conseguía ni una pequeña sonrisa se calló.

—Matteo, tú que pensarías de mí si te dijera que estoy perdidamente enamorada…

—No, por favor, otra vez no, ¡el salvaje de Julián!

—No, déjame terminar… si te dijera que… estooo, que me gusta tremendamente una… mujer —sintió que sus mejillas se ponían de todos los colores, pero ya lo había soltado, en realidad era la primera vez que ella misma lo escuchaba de sus propios labios, pero dentro de sí, sabía que esa era la razón de todo su desconcierto, Kim le gustaba como nunca antes nadie lo había hecho. «Diablos, ¿por qué tienen que pasarme estas cosas a mí?», pensó Jessy.

—Mmm, bueno, mi amorcito, veamos, primero creemos estar enamorados de Pepito, luego de… Roberto, después… por años del baboso de Julián… y ahora para completar el panorama… de la gringa, ¿verdad? Yo creo que las cosas aquí se están saliendo un poco de perspectiva… o sea… ¿somos heterosexuales o no? Y segundo, ¿esa gringa te ha hecho algo? ¡Porque si es así la mato! —afirmó con un tono de voz que dejaba completamente de lado toda broma.

Jessy se levantó de la cama y comenzó a pasear nerviosamente por la habitación.

—¡No! Por supuesto que no me ha hecho nada, ni siquiera se ha dado cuenta de que existo, bueno sí, para hablar de cosas de trabajo, ¡pero ná más!

—Ajá, y eso es justo lo que nos tiene así, ¿verdad? Hey y ¿qué trabajo? ¿de qué trabajo me hablas?

—Hey. ¿Y tú cómo sabes que estoy hablando de la gringa? —se puso aún más colorada.

—Ay, nena… yo te conozco más que a mí mismo, y ya desde hace tiempo me di cuenta de que te pasaba algo raro cada vez que veías o hablabas de la bendita gringa, pero dime una cosita, ¿de cuándo acá a ti te gustan las nenas?, no es que tenga nada en contra de eso o de ellas… todo lo contrario… je, pero me extraña, nos conocemos de toda la vida y tú nunca antes me habías mencionada ná de ná. Es algo que descubriste ahorita mismo ¿o qué?, porque si no yo estoy loco de atar.

—No es que lo haya descubierto, no se QUÉ me pasa, eso es todo el rollo, ¡bobo!

—Gracias por el cumplido… mmm… vente pa'cá —la volvió a abrazar dándose cuenta de que estaba otra vez a punto de llorar—. Suquita, déjame digerir un momentito la información, ¿okay? Tú estás confundida —«¡y yo más!», pensó Matteo— lo importante es que te tranquilices, ¿qué tal si comemos mientras?, en vista de que me despertaste a la madrugada… ¡ahora te toca a ti prepararme algo!

***

Eran casi las cuatro de la tarde y Kim no tenía la más mínima intención de salir a comer, estaba concentrada doblemente, su trabajo usual de New York y ahora el encarguito de su padre aquí, y más aún no tenía ganas de dejar de trabajar para ponerse a pensar en nada ni en NADIE. Se había portado como toda una bruja por la mañana, pero no sabía por qué se sentía culpable, era su forma natural de tratar asuntos de negocios, sólo eso, asuntos profesionales que requerían su total neutralidad y cabeza fría, «helada», y sin embargo…

Había algo que no dejaba de preocuparla, y era esa mirada triste de Jessy al despedirse. ¿Pero por qué le afecto a la jovencita su frialdad? Hablaron sobre todo lo concerniente a su posible futuro en Deltex, era lo planeado, pero… ¿por qué esa reacción? ¿Y por qué ella no fue capaz de entablar aunque sea una pequeña conversación? Ya la conocía, lo lógico hubiera sido saludarla más cordialmente, como ayer cuando la vio en la playa, hasta sonreír de vez en cuando hubiera sido más que correcto y esperado, ¿por qué siempre se negaba hasta el más mínimo de los placeres?

«Eres como una tortuga, que prefiere estar encerrada en su caparazón para vivir… y ¿qué me pasa con esta niña, por qué no dejo de pensar en ella?, shit!» Se levantó inmediatamente y se dirigió a la planta, trataría de ocupar su mente en algo diferente, aunque fuera por unas horas.

La temperatura milagrosamente era más suave, Kim tenía que ir a descansar, pero pensó en comer algo primero. Quizás el sitio en el que estuvo ayer… no, no era muy buena idea, podría encontrarse con sus "amigos", mejor ir en dirección opuesta.

Se dirigió hacia el otro lado de la playa y con los tacones en la mano se puso a caminar, pensando en que de seguro encontraría algún pequeño restaurante donde comer. Su vestido ya le molestaba, tenía que ducharse pronto… De pronto su celular sonó y al ver su identificador de llamadas, dio un suspiro.

—Hi, Raf, ¿cómo estas? —contestó con una pequeña sonrisa.

—Hola preciosa, ¿cómo me le va?, ¿qué tal que no he escuchado de ti en tres días? Sólo se por tú padre que estas muy ocupada.

—Sí, estoy muy ocupada, no tienes idea de la cantidad de problemas que tenemos aquí, pero creo que ya se irán solucionando. Tú qué tal, ¿cómo estas?

—Pues imagínate, extrañándote y deseando poder abrazarte pronto. ¿Cuándo crees que regresarás, amor?

—Well honey, hasta ahora no tengo ni idea de cuanto más me tomará este asunto, pero… yo también te extraño.

—Bueno amor, si es así… espero que no sea tanto. Ya me despido, cuídate y piensa en mí de vez en cuando, ¿okay? Te llamo en un par de días, ¿está bien?

—Sí claro, hablamos… bye!

No era exactamente lo que necesitaba, pero bueno… por lo menos escuchó una voz amiga… «¿Y si le pido que venga?, de seguro él lo haría enseguida, pero… ¿quiero lidiar con Raf ahora? ¡Nah! creo que mejor me quedo sola.»

Jessy había pasado la mayor parte del día con Matteo, sin hacer nada, sólo esperando a que las horas siguieran su curso, y también sus confusiones. El joven no lograba todavía que ella entendiera y aceptara que en realidad no había nada de malo en sus dudas y que tampoco había nada reprochable en la actitud de la gringa, quizás Kim era así siempre, de hecho… es lo que todo el mundo había oído de ella. ¿Entonces por qué preocuparse más de la cuenta?

Jessy hizo una llamada a su abuela para avisarle donde estaba y advertirle de que se quedaría con su amigo hasta la noche. Quería pasear junto al mar y respirar esa tranquilidad, tal vez eso lograría calmarla y aclarar sus pensamientos.

Eran un poco pasadas las seis, y Jessy se había puesto unos shorts y una camiseta de Matteo, ya que su traje de la mañana era muy incómodo y ya no servía para nada a estas alturas del día. Salió del pequeño departamento, que estaba situado sobre el bar que el chico administraba y bajó hasta donde estaba su amigo. Él comenzaba a realizar sus actividades diarias y a recibir el dinero que se había hecho en la tarde; Manolo, que era el otro empleado, acababa su turno y se despedía.

—¡Hey Jessy!, ¿de dónde sales? Mmm, por la ropa veo que estuviste muy ocupada allá arriba, ¿eh?, suertudo el flaco, ¿no?

—Ná que ver infeliz, ¡y no molestes! —le corrigió Matteo desde dentro del local, imaginándose que Jessy no estaba para bromas.

Y de hecho, la joven ni siguiera se volvió a verlos, siendo esto algo totalmente extraño en ella, que siempre estaba lista para una broma o para dar una hermosa sonrisa a sus amigos. El jovencito se quedó mirándola y estaba a punto de hacer otro comentario, cuando Matteo se acercó y dándole un golpe nada gentil en la espalda, lo mandó retirarse.

—Hola amor, ¿descansaste un poco?, ven a que comas algo, ¿okay? —le invitó, notando que ella seguía esquivándole la mirada.

—Hmmm, gracias flaco, creo que voy a dar un paseo por ahí, luego como y, por supuesto, te ayudo un rato, ¿sí?

Y sin decir nada más, salió del local, ahora necesitaba estar sola, pero no quería ser ingrata con su pana del alma, tenía que superar estos primeros momentos de confusión y luego volvería a él, a su vida de siempre, ¡tenía que conseguirlo!

Mientras mojaba sus pies descalzos con las cálidas olas, sentía que no debía tomar las cosas tan dramáticamente. «Total, no ha pasado ná chica, ¡no seas boba! Ella es una millonaria que tiene que hacer su trabajo de la forma más eficiente posible, ¿verdad?, no se puede dedicar a estar de ji-ji y ja-ja con nadie, seguramente con un montón de rollos en la cabeza y sin tiempo para una posible empleaducha que se deslíe sólo con verla, bueno este detalle ella no lo sabe…» Seguía caminando alejándose más y concentrada en sus pensamientos mientras miraba sus pies, cuando sintió unas manos que le sostenían por los hombros para evitar chocar…

—¡Huy!, perdón, ¡casi lo atropello! —alzó su mirada y se encontró sin más palabras que decir, se estaba volviendo repetitivo, ella otra vez muda frente a la hermosa gringa de sus tormentos.«¡Diablos!, de seguro nadie diría que tienes un máster en comunicaciones, ¿eh?»

—No te preocupes, no pasó nada —Kim, que estaba también distraída, no esperaba ver tan pronto a la pequeñita, no quería hacerlo hasta saber exactamente qué le estaba pasando o por lo menos en qué iba a parar su entrevista laboral de esta mañana, todavía no había estudiado a fondo su solicitud, pero a la vez tenía ganas de mirarla, de tocarla.

—Hola… buenas tardes Srta. McRyan —dijo Jessy haciendo énfasis en lo de Srta, quería ser irónica… pero sus ojos la traicionaban, éstos de seguro estaban iluminados, ya que ella por dentro se sentía así. Regresó a ver su hombro y vio que de una de las manos de Kim colgaban sus sandalias, se dio cuenta de que ella seguramente acababa de salir del trabajo. Se volvió a ver la cara y sólo se le ocurrió decir—: mmm… ¡bonitas!

Al escuchar esto, Kim retiró sus manos de Jessy como si su piel quemara… —Perdón… —ahora sí que estaba en una situación incómoda, podría quizás reparar su frialdad de la mañana, o seguiría igual. «Kim, por favor, reacciona, ¡respira y piensa!»—. ¿Cómo has estado?… ¿Estás paseando? —Duhh!!!, «¡qué perspicaz!.»

—¡Parece que así es! —asintió Jessy sonriendo al notar el color que subía a las mejillas de la gringa. —«Por lo visto ella está tan nerviosa como yo… ¡ja!.» Lastimosamente no podía ver la expresión de aquellos maravillosos ojos, por las infaltables gafas de Kim.

—Mmm… ¿ya cenaste? Podríamos ir a comer algo por aquí cerca… —se le salió de la boca antes de que ella pudiera siquiera pensarlo dos veces. «Oh shit! Ahora sí que la hice… ,» pensó Kim.

Jessy se quedó sin saber que contestar… «Esta mujer esta definitivamente más loca que yo, primero me ignora hasta el punto de hacerme sentir como un gusano y ahora me está invitando a cenar…»

—¿Qué? ¿Que quieres ir a cenar conmigo?

—Bueno, si no puedes o no quieres… ¡no hay problema! Creo que es mejor que me vaya… adiós —dijo Kim toda cortada por la reacción de Jessy.

—¡Hey!, no, espera… sí… digo… bueno vamos a cenar por aquí cerca, qué tal al bar de mi amigo, si quieres algo sencillo, o…

—Está bien… algo sencillo es perfecto.

—Jessy comenzó a caminar y Kim la siguió, la rubia no sabía que más decir, sentía su cara toda colorada y las piernas no querían obedecerle… —«Tal vez esto no es muy buena idea, yo debería alejarme de ella y sólo esperar la llamada de la empresa, eso si es que me llaman. Ahora que lo pienso… debe de ser ese el motivo de su actitud, no quiere sentirse presionada para tomar una decisión en lo del trabajo, por eso tiene que mantenerse distante… ¿pero por qué tan distante?»

Kim estaba tan callada que Jessy pensó por un momento que estaba sola… pero en realidad la gringa no podía dejar se preguntarse el por qué se le ocurrió invitarla a comer… «estás desquiciada, en la oficina ni siquiera la regresaste a ver una vez, y ahora se te ocurre invitarla, ¿qué será lo próximo que hagas?, cuéntamelo Kim, porque yo ya no entiendo nada…», se preguntaba a sí misma.

Al llegar hasta lo de Matteo, Jessy se adelantó un poco para saludar al chico y tratar de 'hacerle ojos' para que no metiera la pata.

—Hola muchachón, ya estoy de regreso y vengo 'acompañada', por favor, ¿nos ofreces algo de beber? —«¡Por Dios, que no diga nada…!»

—¿Con quién andas?, pensé que estabas toda trist… —se quedó con la media palabra en la boca, al ver detrás de su amiga a la famosa mujer de la que pasaron hablando toda la mañana. Lo primero que se le cruzó por su mente fue dar un puñetazo a esa hermosa cara, pero al ver los ojos suplicantes de Jessy, no pudo hacer nada más que mostrar una de sus sonrisitas bobonas—. Ehm… claro, yo… voy por… algo, tomen asiento, ¿sí?

—Gracias amor… —dijo Jessy con un gran suspiro de alivio.

Las dos se ubicaron en una mesita en la playa, una frente a la otra y en vista de que las palabras escaseaban entre ellas, prefirieron mirar el paisaje y tratar de respirar con la mayor normalidad posible.

Al rato llegó Matteo a limpiar la mesa, y a preguntarles qué deseaban tomar, las dos pidieron una cerveza, sintiendo sus gargantas totalmente secas.

—Flaco, te acuerdas de… Kim. Kim, éste es mi amigo Matteo, lo conociste en la playa.

—Hola, sí claro, ¿cómo estás? —saludó estrechándole la mano.

Kim se preguntaba que había entre este chico y Jessy, los había visto ayer muy juntitos, pero luego parecía que… no, que había algo diferente, «ojalá sea así, hey… ¿y ojalá por qué?.»

Luego Jessy, ya sabiendo las especialidades del pequeño bar, le ofreció a Kim escoger para ella lo mejor.

Matteo, desde la barra del bar, veía con tremenda preocupación la escena que se desenvolvía frente a su local, casi no podía ni atender a sus otros clientes que iban llegando conforme avanzaba la tarde. Tenía unas inmensas ganas de ir y sentarse junto a su amiga y participar de la conversación, o mejor dicho, de la falta de ella, pero a la vez sabía que no podía hacerlo, esta gringa le intimidaba hasta los huesos… y por otro lado la rubia lo hubiera medio matado si se atrevía a interrumpir… ¡el silencio!

Lo que sí estaba claro era que entre las dos cruzaba algo realmente fuerte. La mirada triste de Jessy había desaparecido por completo, y ahora tenía una hermosa sonrisa dibujada en sus labios, lo poco que decían al parecer era suficiente, porque a las dos se las veía muy contentas, de rato en rato Matteo descubría también una pequeña sonrisa del lado de la alta morena.

Sin poder aguantarse más, se acercó con el pretexto de ver si necesitaban alguna otra cosa:

—Suquita, ¿todo bien? ¿Quieren algo más? —lo preguntó dándole un pequeño empujón a la silla de su amiga.

—No, todo está perfecto, gracias… ¿Tú quieres algo más… Kim? —lo dijo con un poco de preocupación por tomarse tantas atribuciones.

—No, en realidad para mí también todo está perfecto —contestó Kim tranquilizándola y ofreciéndole a la vez una de sus miradas para derretirla.

Al terminar la cena, Kim pagó la cuenta y se despidieron del joven, que por supuesto estaba cada vez más preocupado por la rubiecita.

Como ya había anochecido, la brisa del mar comenzaba a ser fría, Jessy sólo tenía la camiseta destartalada de Matteo y estaba descalza. Siguieron caminando por la playa, y sin saber hacia dónde se dirigían, y ya que alguien tenía que hablar… en el mismo momento las dos decidieron hacerlo… lo que ayudó a que la tensión desapareciera definitivamente. Luego de reír por un buen rato…

—Creo que es mejor que vayamos hacia el norte, allá está mi auto —sugirió Kim— y así te puedo acercar hasta tu casa —se había dado cuenta que la jovencita estaba con frío y no tenía nada con que cubrirla… «quizás mis brazos servirían para darle algo de calor… dammit!!!»

—Mmm… no te preocupes, yo tengo mi jeep del otro lado del bar. Voy caminando hasta allá, incluso podría caminar hasta mi casa, sólo queda a unas pocas calles de aquí, ¿recuerdas que vivo junto a Charito? —«Aunque quisiera vivir lejísimos y que pudieras acompañarme…»

—Sí, es verdad… no me había dado cuenta de que estábamos en esa zona… bueno, creo que es hora de… despedirnos, ¿verdad?

—Claro, ya es tarde y… tú tienes que trabajar desde muy temprano, yo en cambio… puedo… ¡descansar!

—Mañana… humm… voy a estudiar tus papeles, hoy no tuve tiempo de hacerlo, creo que dentro de un par de días podrás tener alguna respuesta, ¿ok?

—No, no te preocupes… no lo decía por eso… únicamente lo comentaba… por favor, no creas que quiero… presionarte. —Tenía los ojos muy abiertos, asustada por lo que había dicho, podía haberlo arruinado todo.

—Sé que no es así, yo también sólo lo comentaba —sonrió.

En ese momento Kim tomó la mano de Jessy para despedirse, pero no quería soltarla, todo lo contrario, tomó también la otra y con un suave movimiento la atrajo hacia ella, se acercó a su mejilla y le dio un beso casi imperceptible, se separó e inmediatamente dio la vuelta y se fue, sin decir ni una sola palabra.

Luego de una eternidad, Jessy reaccionó, y ya cuando la figura de Kim se perdía en la oscuridad, ella dijo sólo un "ciao"…

CAPÍTULO IV

Habían pasado ya más de 24 horas desde aquella despedida, tras la cual Jessy regresó al bar, y sin decir nada a su amigo, comenzó a limpiar la barra y a poner las copas en sus respectivos sitios, Matteo la veía de reojo desde la caja y tenía ganas de reír al ver que ella estaba "tan" concentrada… era obvio que no quería hablar del asunto, pero tarde o temprano lo haría.

Luego recogió sus cosas del departamento y se despidió del chico con un fuertísimo abrazo que casi lo deja sin aire… y un sentido "gracias".

Por la mañana, estuvo ayudando a su abuela con las tareas de la casa, pero estaba extrañamente callada, y ésta no era una de sus cualidades. Algo tramaba o algo le preocupaba.

—Mi'jita… cuéntame, ¿cómo te fue ayer?, hasta ahora no me has dicho ná, ¿qué tal resultó la entrevista?, ¿te pasa algo mi nenita?

—No, que va abue, sólo estoy pensando… Todo ayer fue bien, la persona con la que hablé me dijo que ya me llamarían, tenemos que esperar. ¿Quieres que corte también estos tomates? —trató de cambiar de tema, pero…

—Jessica, deja a un lado los tomates, mira que te conozco desde que tenías…

—… pañales —le interrumpió Jessy.

—Sí, los tenías, y yo los lavaba. Y ahora sé que algo te está molestando o preocupando, dime qué es, mi niña, yo soy vieja, pero de vez en cuando sí puedo darte algún consejo.

La jovencita se acercó a su abuela, le dio un tierno beso y trató de convencerla de que no le pasaba nada en especial, y que debía ser por la espera de alguna noticia que se sentía así.

Y aquí estaba, en la terraza de su casa y una vez más esperando que el aire le refresque la mente. La cena de la noche anterior había sido… inesperada por decir lo menos, Jessy no tenía ni la más pálida idea de lo que había motivado a la gringa a invitarla, y lo que es peor, lo que le había motivado a ella a aceptarla…

«Siempre pensé que yo era una persona segura de mí misma, un poco alborotada, pero con las ideas bien claras, siempre he sabido qué es lo que quiero en la vida y cómo conseguirlo, ahora siento como que estoy en el aire. Ya no veo tan claro mi futuro, ya no veo a Julián junto a mí, mi trabajo en el Hotel… en el que yo creía iba a llegar a ser la Gerente se esfumó, y ahora tengo las manos vacías. Lo que resulta más preocupante es que estos cambios radicales en mis planes inmediatos parece que están trayendo también otro tipo de cambios en mi vida… nunca me hubiera imaginado tener ninguna sorpresa a estas alturas de la vida en mis preferencias sexuales. Creía estar bien con lo que era, lo que tenía… hasta se puede decir que lo disfrutaba, la pasaba bien con Julián… y también con los otros —ja, ja— mmm… pero desde que me crucé con Kim… ya no sé nada. ¡Uau!, Kim, ¡qué mujer!».

Kim por su parte, lo había pasado hundida en papeleos y tuercas en la planta, pensando lo menos posible en las consecuencias que podían tener sus acciones si se dejaba llevar por sus instintos y no ponía en funcionamiento su mente calculadora.

A la tarde, cuando regresó a su oficina, comenzó a revisar la carpeta de Jessy una vez más, una aspirante muy prometedora, una hoja de vida impecable para tan corta edad, y según las referencias, todas ya confirmadas por su secretaria, una persona muy confiable y absolutamente capaz. Sólo restaba tomar la decisión justa para la empresa, para la joven y para ella, aunque sabía que dentro de poco dejaría este país, estaría siempre atada a esa decisión.

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