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Esta historia ha sido traducida por Mendhi, miembro de Xenafanfics. Cuenta con el permiso de la autora para su traducción y publicación en Internet.

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Las palabras o expresiones escritas entre asteriscos (*) vienen en castellano en el texto original.

:: CELEBRACIÓN EN AÑO NUEVO ::
(RINGING IN THE NEW YEAR)

Por Melissa Good

La oficina estaba muy silenciosa, mientras el último sol de la tarde se filtraba adentro, pintando la alfombra marrón con tenues y doradas manchas. Estaba vacía, como esperando que algo sucediese, la PC sobre la mesa mostraba lentamente panteras, y una pequeña pecera sobre la superficie de madera contenía dos peces siameses de pelea rodeándose uno al otro.

La puerta se abrió de repente, rompiendo el silencio, y una alta y morena mujer entró a grandes pasos, llevando un montón de copias impresas que tiró sobre la mesa, rodeándola y reclamando la silla con un aire de impaciente disgusto.

—Estúpidos pedazos de burro inútil…

Había sido un día duro. Dos reuniones, y la última había sido especialmente para gritar, en una mesa llena de desanimados jefes de departamento que llevaban semanas cerrando sus presupuestos.

—¿Disculpa, Dar? —una cortés voz hispana, interrumpió sus sombríos murmullos.

Dar Roberts levantó sus claros ojos azules hacia la puerta y se acomodó en su silla.

—Lo siento… ¿qué es eso? —apoyó la cabeza en un puño y señaló. Era tarde y estaba cansada, y de acuerdo, irritable.

María le dio una sonrisa de entendimiento.

—Kerrisita te dejó un mensaje… dijo que se marchaba, que se iba a como tú dices… A Bayside… y de compras.

Rayos. Dar se restregó los ojos y asintió.

—Sí… Se suponía que yo tenía que… ah, quiero decir me quedé atascada en esa reunión más de lo que creí —miró fijamente al montón de informes—. Escucha… ¿Por qué no te vas de aquí? —era el día antes de vísperas de Año Nuevo… nada se iba a hacer de todas formas, razonó.

—Tú también, vete a casa, Dar —María la reprendió—. Es tarde… así que mucha gente se ha marchado.

Dar asintió, y se reclinó hacia atrás en su silla. Tenía un montón de cosas sin hacer en su bandeja de entrada, y una media docena de asuntos todavía en el aire. Pero María tenía razón… dejar las cosas hechas cuando el resto del mundo está de vacaciones fastidia.

—Sí… Yo… —una presión alrededor de su muñeca la hizo mirar hacia abajo—. Oh… eso es lo que se supone que tenía que hacer… maldición… Tengo que arreglar esto —se levantó—. De acuerdo… Eso es… Me voy de aquí. Este material puede esperar hasta el año que viene —apagó su PC y se levantó, recogiendo las llaves de su coche y golpeando el montón de informes dentro de su bandeja de entrada.

Salieron caminando juntas, y Dar entró en su coche con una extraña sensación de libertad. Una tarde libre era un raro acontecimiento para ella, y se estiró mientras se acomodaba en el asiento de piel, ajustando el espejo retrovisor antes de arrancar el Lexus, y salir del estacionamiento. Bien, consideró, mientras iba a la rampa de entrada hacia la interestatal.

—Al menos no hay que ir de compras de Navidad —encendió el reproductor de CD, y dejó que los tranquilos acordes de un disco de Enya la calmaran mientras navegaba el tráfico.

***

—Dios… ¿has visto esa rebaja? —Colleen tiró hacia ella de la manga a Kerry, mientras deambulaban por Bayside—. ¿Qué haría yo con Speedos de hombre?

Kerry sonrió abiertamente, estirando sus brazos hacia el sol y exhalando.

—Qué semana más extraña… Me alegro de que tengamos ahora un fin de semana largo.

—Hmm… —Colleen estudió a su amiga—. ¿Vas a pasar el fin de semana en la isla? ¿cómo si tuviera que preguntarlo?

Kerry miró al suelo, entonces visiblemente inhaló.

—Sí… Yo… —se giró y miró a Colleen—. Esperaba que me ayudaras a trasladar algunas de mis cosas.

La pelirroja la miró fijamente.

—Oh… Vaya —ojeando alrededor, dirigió a Kerry a una mesa de un pequeño café por el que pasaban en ese momento—. Aquí… siéntate… —se miraron la una a la otra—. Entonces… Lo estás haciendo —Colleen murmuró—. Creía que ibas a ver cómo resultaba.

La mujer rubia jugueteó con el mantel de la mesa.

—Lo he hecho… Quiero decir… —miró hacia arriba a la alegre camarera que se acercó—. Limonada, por favor.

—Lo mismo —añadió Colleen, ausentemente, viendo alejarse a la mujer—. Kerry…

—Lo sé… Lo… sé —Kerry apoyó los brazos en la mesa, y giró la cabeza, mirando fijamente sobre la Bahía de Biscayne—. He dicho que quería tiempo… He dicho que no quería precipitarme en nada…

—¿Y? ¿Entonces qué es esto? —su amiga preguntó.

Kerry apoyó su barbilla sobre los puños y mostró una sonrisa irónica.

—Colleen… Realmente me gusta estar con ella… alrededor de ella… soy miserable en los días que no estamos juntas —aceptó el vaso de la camarera e introdujo la pajilla dentro, sorbiendo ruidosamente un poco antes de que se alejara—. Hablamos el otro día… y me dio mi calcomanía de residente… me dijo que también me echaba de menos, en esos días.

Colleen asintió.

—Ker… Estoy contenta por eso, honestamente lo estoy.

Se hizo un pequeño silencio.

—Pero crees que estoy cometiendo un error —la mujer rubia expuso suavemente—. ¿Verdad?

Su amiga sorbió de su bebida por un momento.

—¿Realmente estás apegada a ella, verdad?

Kerry absorbió en una inspiración el fresco, salado aire.

—Sí… seguro que lo estoy —admitió—. Me siento realmente confortable alrededor de ella, también… la otra noche solamente nos sentamos fuera en el porche, con nuestros brazos alrededor de la otra, e hicimos figuras con las estrellas —se detuvo pensativamente—. Es como si la conociera de toda mi vida.

Colleen asintió.

—Bien, te voy a echar de menos —le brindó a Kerry una sonrisa irónica—. Y para que lo sepas, no… no creo que estés cometiendo un error… sólo me preocupo por ti aislándote allí afuera.

Kerry consideró eso, reconociendo que sería fácil que ocurriera.

—Tienes razón… necesito asegurarme de salir de allí… y hacer cosas con otra gente… esos lugares tienden a succionarte —sonrió a Colleen—. Hey… tal vez pueda cambiar a Dar de ser una reclusa, a un animal de fiesta… ¿Tú qué piensas?

La pelirroja hizo rodar sus ojos, después se rió entre dientes.

—Bueno esa fiesta de Navidad fue muy divertida… tal vez puedas —terminó su limonada y señaló—. Vamos… quiero alguna de esas velas.

***

El estacionamiento por suerte estaba sorprendentemente vacío, meditó Dar, mientras se estacionaba cerca de la entrada de Penney's, y caminaba hacia la entrada trasera, yendo directo al departamento de reparación de relojes. Se quedó en pie calladamente y esperó hasta que el empleado del mostrador quedó libre, entonces avanzó y desabrochó el reloj de su muñeca.

—Necesito ver si alguien puede hacer algo con esto.

El hombre lo aceptó, después de brindarle una sonrisa amigable, y mirarlo con ojos entrecerrados.

—Oh… ¿lo mojaste, huh?

—Mm —Dar confirmó, habiéndolo rescatado del fondo del cuenco del agua de Chino—. Se suponía que era resistente al agua, pero estuvo allí dentro un rato —sin mencionar, que el cachorro estuvo excavando furiosamente detrás de él, enviando regueros de líquido por toda la cocina.

—Muy bien… puedo dárselo al técnico y que limpie el mecanismo… mirar si se necesita reemplazar algo —cuidadosamente agregó una etiqueta al reloj, entonces echó una ojeada detrás suyo—. No estamos atareados… se lo daré hoy mismo.

Urk.

—¿Cuánto tardará? —Dar indagó.

—Una hora, tal vez… ¿Está bien? —echó un vistazo detrás de ella—. Puede finalizar sus compras, y estará hecho, si quiere.

Mis compras están finalizadas. Dar suspiró para sí. Oh bueno, al menos era un interesante… ooh. Tenían un Ben y Jerry.

—Claro… suena bien —le proporcionó al hombre una encantadora sonrisa—. Volveré en una hora —se encaminó hacia la salida del almacén y obtuvo su resguardo, dándose cuenta de que su meta estaba en el lado opuesto del lugar—. Supongo —Dar suspiró, entonces reflexionó que al menos estaban bajo el código de vestir casualmente por la semana de vacaciones, y no estaba llevando un traje de lana.

Empezó por el piso superior, lanzando curiosas miradas casuales a las tiendas por las que iba pasando.

***

—¿Qué opinas de estas? —Kerry indagó pasando una mano sobre la suave, sedosa pieza de tela.

Colleen miró con ojos entrecerrados sobre su hombro.

—Creo que es una cometa, chiquilla… ¿dónde vas a hacerla volar?

—Oh… No lo sé… —Kerry agarró el precioso armazón, un reluciente arco iris que revoloteó en la brisa que venía del agua—. Tenemos ese campo de golf en el centro de la isla… Creo que podría hacerla volar allí —sonrió abiertamente de modo peligroso, y dobló el artículo, entregándoselo al dueño del puesto junto con su tarjeta de crédito—. ¿Vas a ir a casa de tu madre por Año Nuevo?

—Ehhh… No lo sé… Aún lo estoy decidiendo —Colleen suspiró—. Están haciendo una fiesta en el complejo… pero Ramón está jactándose de que él va a hacer las bebidas, y tú sabes lo que pasó la última vez que lo hizo… ¿qué hay sobre ti? No he oído tus planes.

—Ah… bueno, la compañía va a tener una reunión en Sonesta Beach, en Key… es algo así como un baile formal —Kerry explicó—. Ninguno de nosotros quiere realmente ir, pero Dar dice que si no se deja ver por al menos un rato, encontraría toda clase de dolores.

—Ooooh… ¿Una formal? ¿Encontraste un vestido? —preguntó Colleen, entonces sujetó la fresca, planchada camiseta de algodón de Kerry—. ¿Una de estas te sienta bien ahora?

Kerry pestañeó, luego mordió su labio.

—Dios Bendito… Bueno, sí, tengo dos o tres con las que podría ir… —casi se abofetea a sí misma—. No puedo creer que no haya pensado en eso, creo… wow… bueno, pensaré en algo esta noche, supongo.

—No… Uh… Vamos… Castellano está justo allí, cariño… vamos a encontrarte un vestido cubano para llevar a tu baile… ¿vas a bailar con Dar? —la pelirroja bromeó.

—Uh —Kerry se sonrojó—. No… yo… eso sería demasiado, creo —dio a su amiga una irónica mirada.

—Pero sabes, un vestido nuevo no es una mala idea… puede ser que tengan algo más moderno que lo que llevé a Viscaya el año pasado —Colleen hizo un gesto con la cara—. Kerry, haces que cualquier zurcido te quede bien, chica, pero eso… eso es algo en lo que tienes que trabajar realmente, ¿sabes? —puso la mano en la espalda de Kerry y la dirigió hacia la tienda, un majestuoso lugar el cual desprendía el olor a seda, y almidón, y a dinero en cuanto abrieron la puerta y entraron.

***

Dar dio una vuelta alrededor del interior de Sharper Image, observando con interés la miríada de artículos que contenía el almacén.

—Cortavellos nasal eléctrico —lo levantó y miró, luego lo dejó en su lugar—. Espero no necesitar uno de estos en un tiempo cercano —suavemente rió entre dientes, y rodeó los sillones de masaje de todos los tamaños, mirándolos fijamente—. Nope… encontré algo mejor que eso —dijo acerca del detalle alegremente, encontrando una ligera y mareante sonrisa cruzando su rostro, al recordar el amoroso masaje que recibió la noche pasada de parte de Kerry, después de que volvieran del gimnasio de la isla.

Mientras discutían la mudanza definitiva de Kerry.

Dar suspiró, después agitó la cabeza silenciosamente, y avanzó a la siguiente fila de aparatos, luego con renuencia avanzó, decidiendo que Kerry probablemente no necesitaría un reloj eléctrico personal que se proyectase en el techo.

Afuera en la galería, se detuvo y tomó algunas nueces asadas con canela, y las mordisqueó mientras caminaba, mirando las últimas modas con ojos desilusionados.

—Pantalones de campana… nunca me gustaron desde la primera vez que los vi —murmuró desaprobadoramente, notando que los adolescentes que pasaban a su lado iban vestidos con ellos, junto con elevadas zapatillas de deporte y pequeños tops en color pastel—. Yech —Dar prefería sus polos navales, metidos en pantalones planchados—. Mi padre me habría atado antes de que pudiera dejar la casa vestida de esa manera —reflexionó sobre lo que había dicho, entonces pesarosamente se rió entre dientes—. Dar, te estás haciendo vieja —sus ojos se fijaron en la derecha, entonces disminuyó la velocidad de sus pasos para mirar los artículos del escaparate de la joyería Mayor—. Mm… bonito.

Una voz sonó detrás suyo.

—¡Ah… Srta. Roberts! Hacía mucho tiempo que no la veíamos.

Dar paró y se giró.

—Hola, Richard… sí así es —saludó cortésmente al vendedor—. ¿Cómo has estado?

—Bien, bien gracias… la veo muy bien —el hombre alto, inmaculadamente vestido, le sonrió—. Tengo algunos pendientes bonitos… ¿Puedo mostrárselos?

Dar suspiró, se imaginó que tenía bastante tiempo, y de todas maneras acababa de perder una pieza de su par de pendientes favoritos…

—Claro —consintió, siguiéndolo hacia el umbral alineado de mármol y entrando en la joyería.

***

—Veamos —Colleen sostuvo un vestido largo con volantes de encaje que giraban cerca de la línea del cuello, y lo movió—. ¿Qué opinas?

Kerry se echó a reír.

—Parecería Carmen Miranda, es lo que opino… fuera de aquí, Col —sacudió la cabeza, y ojeó la selección, dirigiéndose hacia algo más minimizado, trajes sedosamente oscuros con cuellos más conservadores—. Este se pasa del límite de la empresa, creo.

—Oh Dios —Colleen hizo rodar sus ojos—. ¿Qué se va a poner Dar?

—Um… —las cejas de Kerry se fruncieron—. Algo sin tirantes negro… muy simple… muy escotado… me hace babear… ¿Por qué?

Colleen se rió tontamente.

—Oh —dirigió una mirada a su amiga—. Ciertamente está desatándote de varias maneras.

—¿Huh? —Kerry la miró con ojos entrecerrados, luego se sonrojó gravemente—. Oh… um… eyah… creo que lo está haciendo —se distrajo introduciéndose profundamente en los estantes de los vestidos, entonces se detuvo, cuando sus manos tocaron uno de suave, sedoso, profundo tono verde—. Ooooh.

Colleen estuvo inmediatamente allí, mirando sobre su hombro.

—Mmm… —levantó el traje y lo examinó. Tenía un sólo hombro, dejando el otro desnudo y la mayor parte de la espalda, y un lado estaba recortado, con un suave fruncido en la cadera, después una recta caída hasta un desigual e inquieto dobladillo—. Es bonito, Ker —le dio un codazo a su amiga—. Pruébatelo.

Kerry vaciló, después sonrió abiertamente.

—Está bien —sonrió al atento dependiente, y le siguió obedientemente dentro de un probador, cerrando la puerta y colgando el vestido mientras se quitaba los pantalones y la camisa—. Bien —se revisó en el espejo durante un momento, luego descolgó el vestido de la percha y se lo puso, permitiendo que los pliegues sedosos se calentaran contra su piel mientras se ajustaba el tejido—. Hmm —parpadeó, se giró un poco y miró a los huecos llamativos del traje revelar su cuerpo tonificado—. Ooh… nada mal, Stuart… nada mal del todo —sonrió abiertamente durante un momento, con una sonrisa falsa hacia sí misma, luego exhaló y abrió la puerta, asumiendo una expresión más seria—. ¿Qué opinas, Col?

Colleen levantó la mirada desde donde estaba ojeando un catálogo, y miró fijamente, dejando escapar un silbido bajo.

—Santa María, Madre de Dios, Kerry —rió entre dientes—. Parece fantástico… deberías llevar el cabello recogido también.

Servicialmente, Kerry levantó sus mechones pálidos, y los levantó hacia atrás, exponiendo la línea del cuello.

—¿Tú crees? —miró de lado, y captó su reflejo en el espejo, sorprendiéndose por su sofisticación—. Mm… Creo que tienes razón.

La pelirroja se acercó, y ajustó un poco el hombro.

—Definitivamente una buena elección… puedes llevar ese viejo collar de plata que tienes… ¿ese con la esmeralda?

Kerry asintió.

—Sí… ese iría perfecto… Muy bien —dio un asentimiento al vendedor—. Me lo quedo… gracias —regresó al probador y se quitó cuidadosamente el vestido, volviéndose a poner su camisa y pantalón—. ¿Crees que te gustará, Dar? —murmuró a su reflejo, cuyos ojos centellearon maliciosamente de vuelta a ella.

***

—Aquí… son diamantes azules.

Dar sujetó la plataforma de exposición negra, y los examinó.

—Huh… nunca antes había visto unos como esos —estudió los pendientes, encaje de platino rodeando un diamante de quilate, en una visible tonalidad azul—. Bonito.

—Mm… Pensé en usted cuando los vi… hacen juego con sus ojos —sonrió el vendedor—. Iba a llamarla… pero hemos estado bastante atareados.

Dar asintió, discutiendo consigo misma. Eran caros, pero… ¿Cuán a menudo se compraba para sí misma material como este? Se imaginó la reacción de Kerry hacia ellos, y eso puso una sonrisa abierta en su rostro.

—Me los llevo —devolvió la plataforma al encantado vendedor, entonces dejó que sus ojos vagaran alrededor del estuche de exposición—. Empaquételos… de hecho, tengo una reunión de la empresa a la que asistir mañana por la noche… esos servirán.

Se levantó y vagó alrededor mientras le envolvía la compra, y se encontró mirando a un bien arreglado expositor de anillos.

Anillos. No era muy dada a los anillos, realmente… había intentado llevar uno o dos en alguna ocasión, pero con el movimiento de mecanografiar todo el tiempo, tendía a irritarla, haciendo que se los quitara, y perdiéndolos prontamente.

—¿Querría ver alguno, señora? —preguntó atentamente la chica que estaba detrás del mostrador—. Tenemos dentro algunos nuevos… acabamos de recibirlos —antes de que Dar pudiera contestar, desapareció, y regresó con una caja forrada de terciopelo, la cual abrió encima del mostrador y giró, para encarar a Dar—. Aún no hemos tenido realmente tiempo para catalogar estos, pero…

Dar encontró sus ojos atraídos al centro de la caja, donde una piedra brillante estaba parpadeando, se ladeó, y pestañeó, luego recogió suavemente el pequeño apoyo sobre el que estaba el anillo, y lo levantó.

Recogió dentro la luz y centelleó hacia ella, un diamante cortado brillantemente de al menos dos quilates que tenía una clara definición de rosa en él. El engaste era apropiado, un trazo exquisito de rico oro dando forma a un nido de pétalos de rosas que acunaba la piedra, y dos piedras más pequeñas en cada lado.

—Es precioso, ¿verdad? —preguntó la mujer vacilantemente.

—Sí, lo es —murmuró Dar, lo asió repentinamente con un impulso loco—. Me lo llevo —silencio mortal. Dar levantó la mirada, para ver la mandíbula de la empleada colgando abierta—. Está a la venta. ¿Cierto?

—Uh… sí… um… um… —miró hacia su jefe, quien estaba ocupado en la registradora—. ¿Richard? ¿Sr. Ellis?

—Sólo un momento, Judy —murmuró el gerente, sosteniendo un dedo en alto.

La chica se lamió los labios.

—Podemos… um… creo que el joyero está ahora aquí, podemos ajustarlo a la medida, ¿es para usted, señora?

Dar sacudió la cabeza distraídamente, todavía mirando fijamente hacia el anillo.

—No, es para alguien que es tan diferente de mí como se puede ser y todavía seguir siendo humano —como si alguna vez pudiera, si alguna vez tuviera el valor de dárselo, claro. Dar exhaló calladamente. Realmente no importaba… sólo conseguir esto, sabía en su propio corazón lo que significaba, incluso si nunca encontraba el coraje para admitirlo ante Kerry. Pero espera—. Um… talla… —Dar mordió su labio, entonces extrajo su teléfono celular y marcó. Sonó tres veces, luego fue contestado—. Hey.

Oh. ¡Hey! —la voz de Kerry sonó sorprendida—. ¿Dónde estas? Acabo de intentar llamar a la oficina, pero contestó el correo de voz.

—Salí temprano… tenía que llevar mi reloj a arreglar —le dijo Dar—. Y me encontré… ah… me encontré con ese tipo que está haciendo los nuevos inventarios manuales de conteo para los almacenes… ¿recuerdas que te lo dije?

Hubo una pausa.

Oh… Oh, claro… sí, lo recuerdo… lo llevan en sus manos y sólo pulsan… sí —respondió Kerry—. ¿Y qué?

—Oh, bien, sólo estamos especulando aquí, y necesita dar a los ingenieros un tipo de talla común… y… ah… bueno, mis manos no son un buen ejemplo de mujer… ¿Qué talla de anillo tienes tú?

Silencio mortal.

Uh… oh… sí… es verdad… sí… um… la mía es una siete… un poco más pequeña que la tuya,¿huh? —dijo Kerry.

—Aproximadamente tres tallas —Dar reconoció irónicamente—. Estupendo… gracias, Ker… de todas formas, ¿dónde estás?

Bayside… yo… Col y yo estamos ojeando libros… compré una cometa, y algo para llevar mañana por la noche.

—Oh ¿Sí? No puedo esperar a verlo —la ejecutiva replicó alegremente—. Gracias, Kerry… te llamo más tarde —desconectó y miró a la vendedora—. Dígale una talla siete.

El gerente se acercó, y entrecerrando los ojos miró sobre el hombro de la vendedora.

—¿Qué tenemos aquí?

—Está… um… compró este —dijo la vendedora con un chillido.

Richard cogió el anillo y lo acunó en una mano.

—Um… Dar… Yo um… bueno, es espectacular… Estoy encantado, pero um… esta es una piedra con un corte único, y yo…

—Shhh —Dar levantó una mano—. No me diga cuánto es. No me importa —entregó una tarjeta diferente—. Esta lo cubrirá, ¿verdad?

El gerente tomó la American Express Platino y la miró.

—Bueno, alguien puso el otro día un Jaguar en una de estas, así que supongo que lo hará —se aclaró la garganta—. Déjeme hacer salir a Michael y que lo ajuste para usted… yo…

—Lo quiere en una siete —facilitó rápidamente la vendedora.

—¿Puedo hacerle grabar algo, mientras lo ajusta? —preguntó Dar, repentinamente—. ¿Llevará mucho tiempo? —sacó un pedazo de papel y escribió deprisa en él, luego se lo entregó.

Miró fijamente las palabras, después a ella.

—No… no… unos minutos, por supuesto… Dar, ¿puedo traerle una taza de café o alguna otra cosa, mientras espera? —preguntó Richard, ansiosamente.

—No… no a menos que la cafetería tenga un trozo de helado doble de chocolate… ahí es donde me dirigía.

El gerente dio una mirada significativa a la dependienta, después la incitó a ir hacia la puerta con un gesto casi frenético.

—Bien, déjeme entregárselo a Michael enseguida para que se haga cargo de esto para usted —desapareció, junto con la vendedora, dejando a Dar completamente sola en la tienda.

Apoyó la barbilla en su puño, y miró su reflejo en el espejo pequeño apoyado sobre el mostrador, viendo los minúsculos tirones de emoción en las esquinas de sus labios.

***

—Eso fue raro —Kerry se inclinó hacia atrás en su asiento, y miró a Colleen probarse zapatos.

—¿Qué cosa? —preguntó la pelirroja, levantando la vista desde sus zapatillas de deporte rosas y verdes—. ¿Dar llamándote? Lo hace todo el tiempo, Kerry… Creo que tiene tu número pegado en el interior de esos párpados suyos.

Kerry rió entre dientes, luego miró detrás suyo.

—Ooh… Ahora vuelvo, Col…

—Oh no… otra joyería no… —suspiró Colleen, haciendo girar los ojos—. Te piensas que estás comprando joyas para la corona de Inglaterra, Kerry —suspiró—. No encontraste nada que te gustara en las seis primeras en las que estuvimos, ¿qué te hace pensar que esta es la buena?

—Tch… nunca lo sabré si no lo intento —Kerry la regañó—. ¿Es tan malo que quiera encontrarle a Dar un regalo bonito? Tiene que ser sólo lo apropiado para ella —se levantó y trotó hacia afuera, dirigiéndose por el aireado pasillo hacia una tienda pequeña, de apariencia rústica que estaba justo enfrente.

La puerta tintineó suavemente mientras entraba, y un hombre pequeño, canoso situado detrás de un mostrador de madera, alzó la mirada.

—Hola —su voz tenía acento, pero ninguno que reconociera fácilmente.

—Hola —Kerry se retiró el cabello de la frente mientras avanzaba, mirando alrededor. Había árboles de madera que serpenteaban sinuosamente alrededor, cubiertos con joyas de oro y plata, y sonrió, gustándole el lugar por su aire informal—. Estoy buscando algo… um… para un regalo… yo…

—Ah —el hombre se levantó y extendió sus brazos—. Aquí dentro lo abarcamos todo, querida… haga su elección. ¿Algo en particular? ¿Es un hombre o una mujer?

—Una mujer —respondió Kerry, tajantemente—. Sólo que no estoy segura… no lleva muchas joyas, así que no se realmente lo que le gusta.

—Mm —apagados ojos grises parpadearon un poco—. Los que no llevan muchas, son generalmente los más exigentes… Tengo aquí algunos collares realmente bonitos… —atrajo su atención hacia un olmo enorme, forrado en un paño suave, azul marino, con bonitas cadenas de oro reclinadas sobre él—. Esa la hay de nácar pulido o de perla como un engaste… ve…

Kerry se apoyó en el mostrador, mirando fijamente a la pieza. Era un armazón formado a partir de la superficie del olmo, con una perla doble colocada en el interior, una negra, y una blanca.

—Wow… Eso es poco común —todo el objeto estaba engarzado sobre una delgada copa de oro, los cuales se fruncían sobre los bordes trazados del olmo.

¿Le gustaría a Dar? Kerry inclinó la cabeza hacia un lado, y miró el collar. Sí… creo que le gustaría.

—Muy bien… me lo llevo —sonrió abiertamente al hombre—. Era fácil, ¿huh?

Se rió entre dientes, y suavemente retiró el collar, volviendo detrás del mostrador y preparándolo para ella.

—Buena elección… es de un artista local… todo este material lo es. Lo vendo a comisión para ellos, hacen una única y exclusiva pieza, no como los que nos podemos encontrar en los grandes almacenes.

—Mm —Kerry estaba dando un vistazo al resto de la joyería, admirando los diseños únicos—. Sí… son diferentes —tocó un conjunto de pendientes hechos por minúsculas, estrellas de mar secas—. De todas formas, no estoy segura de querer llevar uno de esos.

—Apestan, lo hacen… si fueran más grandes —comentó el hombre—. Pero a los tontos les gustan… también tengo relojes de arena miniatura.

La mujer rubia se movió hacia adelante, apoyándose en el mostrador para mirar fijamente a través del cristal. Bajo ella había anillos, en todas las formas y tamaños, y un fantástico armazón de ostra cubierto en seda que contenía…

Kerry parpadeó.

—Cielos… ese es un anillo precioso —respiró, empezó cuando el dependiente apareció al lado del codo. Era un delicado anillo de oro pálido, con entrelazamientos que formaban un intrincado nudo Celta. Arrimado en el centro estaba un diamante cortado en forma de cuadrado que parecía reunir la luz de los alrededores y enterrarla profundamente en el centro de la piedra, produciendo un brillo visible.

—Gracias —respondió el hombre tranquilamente—. Es uno de mis trabajos.

Levantó la mirada hacia él.

—Es precioso —y antes de que se pudiera detener—. Me gustaría comprarlo.

Pareció profundamente sorprendido.

—Bueno… de acuerdo, entonces chica… es un poco caro así que… Podría querer…

—Nooo —Kerry tomó la decisión antes de que pudiera parar y pensar en ello. Sacó una tarjeta y se la entregó—. Envuélvalo.

Una risa entre dientes encantada.

—Lo haré… espere un momento, y le tomaré la medida para él.

—¿Qué talla tiene ahora? —preguntó Kerry.

—Es una diez… es un poco grande, pero quería conservar la mejor perspectiva y yo…

—Es perfecto —la mujer rubia le aseguró—. Absolutamente perfecto… gracias.

***

—Aquí está, madame… todo preparado —el dependiente de la relojería le devolvió a Dar su reloj—. Nos llevó bastante tiempo… ¿qué había en el agua?

—Saliva de cachorro —respondió Dar, el rostro franco, mientras tomaba el paquete—. Gracias —salió del almacén, y se dirigió al coche, sintiendo el pavimento bajo sus pies extrañamente lejano.

Las puertas se desbloquearon con un toque sobre el control remoto, y se deslizó sobre el asiento de piel, poniendo los paquetes en el otro asiento y encendió el coche. Entonces se quedó allí sentada durante un largo rato, dejando que el aire acondicionado golpeara contra su rostro, y considerando lo que había hecho.

Caramba, era sólo un anillo, sólo una pieza de metal y piedra, con un par de palabras grabadas en él. Y a pesar de todo, de alguna manera, encontró que, para ella, era mucho más profundo. Era, incluso sólo para su propia mente, cruzar la línea hacia un compromiso que una vez se había prometido no volver a cruzar. Sacó el anillo y abrió la caja, mirando fijamente la piedra brillante que parpadeaba hacia ella.

Entonces lo sacó y estudió las palabras, sintiendo un inesperado escozor de lágrimas mientras consideraba su significado, comprendiendo su veracidad, independientemente de si Kerry sentía por ella lo mismo o no.

Siempre Tuya

Eso esperaba, esperaba tener el valor, algún día, para dárselo a Kerry y averiguarlo. Pero por ahora, simplemente volvió a meterlo dentro de la caja y lo puso a un lado, tomando una respiración profunda y poniéndose las gafas de sol, mientras ponía el coche en marcha, y franqueaba todo el estacionamiento.

Alcanzó el trasbordador a tiempo, se relajó, y comenzó a esperar la tarde con ilusión. Kerry había prometido una nueva receta que iba a intentar por primera vez y después habían decidido ir a una actuación teatral. Las agravaciones del día se desvanecieron completamente y se estiró mientras la rampa de la isla descendía, encontrando una sonrisa en su rostro mientras dirigía el coche hacia el apartamento.

Una sonrisa que creció ampliamente cuando observó el Mustang verde arrimado en la zona siguiente a la suya, y casi comenzó a silbar al salir y subió las escaleras de dos en dos, tecleando el código en la puerta y deslizándose hacia el vestíbulo con una sensación de anticipación.

—Woo woo… —Chino se abrió paso hacia ella, a través del mármol encerado, con las orejas suaves flotando cómicamente—. Hey chica… —rió Dar, y se arrodilló, recogiendo a la cachorro y abrazándola amorosamente contra el pecho mientras se levantaba.

—Argrrrr —Chino mascó su barbilla felizmente y Dar trataba de evitar ser comida, levantó la mirada y notó a Kerry apoyada en el umbral de la cocina, observándola.

—Hey —saludó a la mujer rubia, que estaba vestida con un bañador y delantal, y sosteniendo una cuchara de mezclar—. ¿Cómo te fue con las compras?

—Estupendamente —le dijo Kerry—. ¿Te arreglaron el reloj?

—Sí, claro que lo hicieron —Dar bajó el cachorro, y cepilló los pelos minúsculos y suaves de su camisa—. Me voy a cambiar —se detuvo y miró a su amante—. Sabes… es realmente un lindo traje el que tienes puesto ahí.

Los ojos verdes se enternecieron, y chispearon, mientras Kerry alzaba el dobladillo del delantal.

—Gracias… imaginé en quitarme esto y podríamos ir a nadar… ¿qué te parece?

—Mm —Dar deambuló hasta allí, rozándose con ella y mirando dentro de esos ojos maravillosos—. Tengo una idea mejor… ¿qué tan portátil es?

Parpadeando, pestañas pálidas aletearon.

—Porta… ¿qué? —preguntó, intrigada.

Dar capturó la cuchara que sostenía y lamió el extremo, luego lo liberó.

—¿Cesta de picnic, barco, océano, tú, yo?

—Ooh —Kerry sonrió ampliamente—. Por eso, lo haría portátil incluso si fueran crepes a la suzette —se inclinó hacia delante y besó a Dar, después la empujó con la cadera—. Ve a cambiarte.

***

Las estrellas se extendían a lo ancho sobre sus cabezas, en un cielo nocturno tan claro que incluso el reflejo parecía tenue. Los sonidos de la ciudad estaban lejos detrás suyo, y sólo los sonidos suaves de los aparejos del bote, y los chapoteos suaves del agua sobre el casco lo rompían.

Dar apoyó un pie descalzo contra la pata del asiento, y se reclinó, contenta de los cojines suaves bajo ella sobre la cubierta del barco. Inclinó la cabeza hacia atrás y miró fijamente a las estrellas, después bajó la mirada al regresar Kerry, y arrimarse contra ella, envolviendo un brazo alrededor de su estómago y dejando escapar un profundo y satisfecho suspiro.

—Fue estupendo —dijo Dar—. Me gustó eso… el pescado relleno dentro de esas bolsas… fue una gran idea —meneó los dedos de los pies y medio cerró los ojos en satisfacción.

—Mm… gracias —replicó Kerry felizmente—. Lo iba a poner sobre pasta, pero pensé que esto saldría mejor —miró fijamente a las estrellas—. Están muy bonitas esta noche.

Dar apoyó la cabeza contra la de su amante.

—Sí —recordó la caja pequeña escondida en el cajón de la cómoda y mordisqueó el interior del labio. Parecía un buen momento para tal vez, suavemente, ver si Kerry estaba totalmente receptiva hacia la idea.

Se quedaron sentadas en silencio durante un rato, después Kerry se movió.

—No puedo creer que sea casi Año Nuevo —murmuró suavemente—. Es seguro que no parece la última semana del año aquí afuera.

Dar miró fijamente hacia el mar eterno.

—No… aunque si fuera verano, el aire no estaría tan limpio… y la brisa sería un poco más cálida —exhaló—. Pero supongo que para ti es un poco extraño… no muy tradicional —preguntó, cautelosamente.

Kerry consideró la afirmación.

—No… no lo es… solía en la semana entre Navidad y Año Nuevo ir a una gran ronda de celebraciones… fiestas… hacía frío, generalmente nevando… teníamos yemas y jamones asados enormes, y cantidades de champagne.

—Hm —Dar dejó escapar un sonido entre dientes—. Eso no suena muy tradicional —vaciló, después enredó sus dedos con los de la mujer rubia—. ¿Tú…? quiero decir, ¿eres realmente de ese tipo de personas tradicionales, Ker?

Kerry le echó una ojeada curiosamente.

—Bueno… realmente nunca he pensado sobre ello… en realidad todo esto nunca ha significado nada para mí, así que… no lo sé… puede que no —miró hacia adelante al oscuro horizonte—. Realmente nunca lo pensé… que sólo porque alguien haga algo, esté bien hecho.

—Oh —Dar se mordió el labio—. Bueno, algunas tradiciones son buenas… quiero decir, eso creo, de todas maneras.

—¿En serio? —Kerry parpadeó hacia ella—. ¿Cómo qué?

Dar pensó furiosamente, tratando de salir con algo inocuo.

—Uh… Acción de Gracias —murmuró finalmente—. Es una buena tradición ¿no? Pavo y relleno, ¿y todo eso?

—Bien… sí, supongo —admitió Kerry—. Excepto aquí, tendemos a tener cerdo asado y yuca, pero sí —paró—. Creo, que los nuestros generalmente eran usados como una excusa para criticar todo.

Dar giró los ojos, sintiendo el aliento suave sobre el pecho.

—Bueno… um… bien, realmente los nuestros tampoco eran exitosos… Generalmente papá estaba de servicio en algún lugar… mamá nunca entendió la manera de cocinar un pavo. Generalmente terminaba con Froot Loops y un montón de puré de patatas.

—Augh… Dar —Kerry se estremeció.

—Sí, bueno —le restó importancia la mujer mayor—. De acuerdo… de acuerdo… qué hay sobre… uh… bueno, hey… todas esas cosas sobre la universidad… ya sabes, anuarios, y borlas… y um… bueno, ¿qué hay sobre anillos de graduación?

Kerry estuvo callada por un momento.

—Nunca tuve uno de esos —se encogió de hombros—. Realmente nunca significó nada para mí.

—OH —murmuró Dar—. Lo siento.

—Realmente el instituto no fue una gran experiencia para mí —dijo reservadamente, Kerry continuó—. Seguían teniendo esa pequeña competición… todo lo que importaba era cuánto dinero tenían tus padres y qué marca de zapatillas de deporte comprabas… apenas compré nada… especialmente esos anillos. Era todo "el mío es mejor que el tuyo, una piedra mayor, un corte mejor"… así que no quise uno de ellos después de todo, y decidí que si alguna vez tenía un anillo… sería solamente porque me gustara, no porque "significara" algo.

—Mm.

—Y entonces, por supuesto mis padres… quiero decir, todo lo que oía por parte de mi madre era sobre quién era con el que iba a salir… sólo sobre "¿qué clase de anillo crees que te puede proporcionar?" —la mujer rubia se encogió de hombros—. Tengo un problema con eso —alzó la mirada hacia el perfil de Dar—. No necesito un pedazo de metal para probarme nada.

—Oh —exhaló Dar—. Bueno… seguro… yo… tuve un anillo de graduación, pero lo perdí.

—Mm… ¿se te cayó? —preguntó Kerry.

—No… lo perdí jugando al poker —relató Dar, con un sonrojo apenas visible—. Sólo le dije a todo el mundo que lo perdí buceando.

—Ah —Kerry le dio una mirada tolerante—. Podías haber conseguido otro.

—Habría podido, sí —admitió Dar—. Pero pasó eso… me parecía estúpido llevarlo mientras estaba en el colegio… y nadie allí llevaba ninguno como ese, así que… —suspiró—. Supongo que no soy muy tradicional después de todo.

—Supongo que yo tampoco lo soy —confesó Kerry—. Realmente nunca creí en símbolos.

—Oh —Dar exhaló suavemente, mientras estudiaba una estrella particularmente brillante cerca del horizonte. Arañando esa idea—. Supongo que yo también creo en ese tipo de idea.

—¿Lo haces?

—Bueno, seguro… yo… —Dar se aclaró la garganta—. Crecí militarmente… todo lo que solía oír era tradición, tradición, tradición… vaya dolor, había una forma tradicional para ir a las letrinas, si te lo puedes creer —se encogió de hombros—. Así que yo siendo… bueno, quién soy… solamente acabé por desechar todo eso. No creía en ello.

—Oh —Kerry parecía pensativa—. Bueno, sabes, Dar… podemos hacer nuestras propias tradiciones.

A su alrededor se ajustaron confortablemente los brazos largos.

—¿Cómo qué?

—Bueno, como pasar la noche antes de víspera de Año Nuevo afuera en el agua —sonrió la mujer rubia—. O saludar al Día de Navidad viendo amanecer en la playa —miró hacia arriba—. De hecho, tú sabes, pienso que me gustaría crear nuevas tradiciones contigo.

Dar sonrió de vuelta.

—¿Te gustaría?

Kerry asintió.

—Y quién sabe… y puede ser que desarrollemos el gusto por algunas antiguas.

Una mueca invisible dividió la débil luz.

—Oh ¿sí?

—Sí.

Lejos en la distancia sonó una bocina y la línea del horizonte fue rota por un crucero, que iluminó la superficie que oscilaba por las olas, y dispersaba una sucesión débil de ruidos amortiguados a través del agua.

FIN

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