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en Año Nuevo
Esta historia ha sido
traducida por Mendhi,
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con el permiso de la autora para su traducción
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en el texto original.
:: CELEBRACIÓN
EN AÑO NUEVO ::
(RINGING IN THE NEW YEAR)
Por Melissa
Good
La oficina estaba muy
silenciosa, mientras el último sol
de la tarde se filtraba adentro, pintando
la alfombra marrón con tenues y doradas
manchas. Estaba vacía, como esperando
que algo sucediese, la PC sobre la mesa mostraba
lentamente panteras, y una pequeña
pecera sobre la superficie de madera contenía
dos peces siameses de pelea rodeándose
uno al otro.
La puerta se abrió
de repente, rompiendo el silencio, y una alta
y morena mujer entró a grandes pasos,
llevando un montón de copias impresas
que tiró sobre la mesa, rodeándola
y reclamando la silla con un aire de impaciente
disgusto.
—Estúpidos
pedazos de burro inútil…
Había sido un
día duro. Dos reuniones, y la última
había sido especialmente para gritar,
en una mesa llena de desanimados jefes de
departamento que llevaban semanas cerrando
sus presupuestos.
—¿Disculpa,
Dar? —una cortés voz hispana,
interrumpió sus sombríos murmullos.
Dar Roberts levantó
sus claros ojos azules hacia la puerta y se
acomodó en su silla.
—Lo siento…
¿qué es eso? —apoyó
la cabeza en un puño y señaló.
Era tarde y estaba cansada, y de acuerdo,
irritable.
María le dio una
sonrisa de entendimiento.
—Kerrisita te dejó
un mensaje… dijo que se marchaba, que
se iba a como tú dices… A Bayside…
y de compras.
Rayos. Dar se
restregó los ojos y asintió.
—Sí…
Se suponía que yo tenía que…
ah, quiero decir me quedé atascada
en esa reunión más de lo que
creí —miró fijamente al
montón de informes—. Escucha…
¿Por qué no te vas de aquí?
—era el día antes de vísperas
de Año Nuevo… nada se iba a hacer
de todas formas, razonó.
—Tú también,
vete a casa, Dar —María la reprendió—.
Es tarde… así que mucha gente
se ha marchado.
Dar asintió, y
se reclinó hacia atrás en su
silla. Tenía un montón de cosas
sin hacer en su bandeja de entrada, y una
media docena de asuntos todavía en
el aire. Pero María tenía razón…
dejar las cosas hechas cuando el resto del
mundo está de vacaciones fastidia.
—Sí…
Yo… —una presión alrededor
de su muñeca la hizo mirar hacia abajo—.
Oh… eso es lo que se supone que tenía
que hacer… maldición… Tengo
que arreglar esto —se levantó—.
De acuerdo… Eso es… Me voy de
aquí. Este material puede esperar hasta
el año que viene —apagó
su PC y se levantó, recogiendo las
llaves de su coche y golpeando el montón
de informes dentro de su bandeja de entrada.
Salieron caminando juntas,
y Dar entró en su coche con una extraña
sensación de libertad. Una tarde libre
era un raro acontecimiento para ella, y se
estiró mientras se acomodaba en el
asiento de piel, ajustando el espejo retrovisor
antes de arrancar el Lexus, y salir del estacionamiento.
Bien, consideró, mientras
iba a la rampa de entrada hacia la interestatal.
—Al menos no hay
que ir de compras de Navidad —encendió
el reproductor de CD, y dejó que los
tranquilos acordes de un disco de Enya la
calmaran mientras navegaba el tráfico.
***
—Dios… ¿has
visto esa rebaja? —Colleen tiró
hacia ella de la manga a Kerry, mientras deambulaban
por Bayside—. ¿Qué haría
yo con Speedos de hombre?
Kerry sonrió abiertamente,
estirando sus brazos hacia el sol y exhalando.
—Qué semana
más extraña… Me alegro
de que tengamos ahora un fin de semana largo.
—Hmm… —Colleen
estudió a su amiga—. ¿Vas
a pasar el fin de semana en la isla? ¿cómo
si tuviera que preguntarlo?
Kerry miró al
suelo, entonces visiblemente inhaló.
—Sí…
Yo… —se giró y miró
a Colleen—. Esperaba que me ayudaras
a trasladar algunas de mis cosas.
La pelirroja la miró
fijamente.
—Oh… Vaya
—ojeando alrededor, dirigió a
Kerry a una mesa de un pequeño café
por el que pasaban en ese momento—.
Aquí… siéntate…
—se miraron la una a la otra—.
Entonces… Lo estás haciendo —Colleen
murmuró—. Creía que ibas
a ver cómo resultaba.
La mujer rubia jugueteó
con el mantel de la mesa.
—Lo he hecho…
Quiero decir… —miró hacia
arriba a la alegre camarera que se acercó—.
Limonada, por favor.
—Lo mismo —añadió
Colleen, ausentemente, viendo alejarse a la
mujer—. Kerry…
—Lo sé…
Lo… sé —Kerry apoyó
los brazos en la mesa, y giró la cabeza,
mirando fijamente sobre la Bahía de
Biscayne—. He dicho que quería
tiempo… He dicho que no quería
precipitarme en nada…
—¿Y? ¿Entonces
qué es esto? —su amiga preguntó.
Kerry apoyó su
barbilla sobre los puños y mostró
una sonrisa irónica.
—Colleen…
Realmente me gusta estar con ella… alrededor
de ella… soy miserable en los días
que no estamos juntas —aceptó
el vaso de la camarera e introdujo la pajilla
dentro, sorbiendo ruidosamente un poco antes
de que se alejara—. Hablamos el otro
día… y me dio mi calcomanía
de residente… me dijo que también
me echaba de menos, en esos días.
Colleen asintió.
—Ker… Estoy
contenta por eso, honestamente lo estoy.
Se hizo un pequeño
silencio.
—Pero crees que
estoy cometiendo un error —la mujer
rubia expuso suavemente—. ¿Verdad?
Su amiga sorbió
de su bebida por un momento.
—¿Realmente
estás apegada a ella, verdad?
Kerry absorbió
en una inspiración el fresco, salado
aire.
—Sí…
seguro que lo estoy —admitió—.
Me siento realmente confortable alrededor
de ella, también… la otra noche
solamente nos sentamos fuera en el porche,
con nuestros brazos alrededor de la otra,
e hicimos figuras con las estrellas —se
detuvo pensativamente—. Es como si la
conociera de toda mi vida.
Colleen asintió.
—Bien, te voy a
echar de menos —le brindó a Kerry
una sonrisa irónica—. Y para
que lo sepas, no… no creo que estés
cometiendo un error… sólo me
preocupo por ti aislándote allí
afuera.
Kerry consideró
eso, reconociendo que sería fácil
que ocurriera.
—Tienes razón…
necesito asegurarme de salir de allí…
y hacer cosas con otra gente… esos lugares
tienden a succionarte —sonrió
a Colleen—. Hey… tal vez pueda
cambiar a Dar de ser una reclusa, a un animal
de fiesta… ¿Tú qué
piensas?
La pelirroja hizo rodar
sus ojos, después se rió entre
dientes.
—Bueno esa fiesta
de Navidad fue muy divertida… tal vez
puedas —terminó su limonada y
señaló—. Vamos…
quiero alguna de esas velas.
***
El estacionamiento por
suerte estaba sorprendentemente vacío,
meditó Dar, mientras se estacionaba
cerca de la entrada de Penney's, y caminaba
hacia la entrada trasera, yendo directo al
departamento de reparación de relojes.
Se quedó en pie calladamente y esperó
hasta que el empleado del mostrador quedó
libre, entonces avanzó y desabrochó
el reloj de su muñeca.
—Necesito ver si
alguien puede hacer algo con esto.
El hombre lo aceptó,
después de brindarle una sonrisa amigable,
y mirarlo con ojos entrecerrados.
—Oh… ¿lo
mojaste, huh?
—Mm —Dar
confirmó, habiéndolo rescatado
del fondo del cuenco del agua de Chino—.
Se suponía que era resistente al agua,
pero estuvo allí dentro un rato —sin
mencionar, que el cachorro estuvo excavando
furiosamente detrás de él, enviando
regueros de líquido por toda la cocina.
—Muy bien…
puedo dárselo al técnico y que
limpie el mecanismo… mirar si se necesita
reemplazar algo —cuidadosamente agregó
una etiqueta al reloj, entonces echó
una ojeada detrás suyo—. No estamos
atareados… se lo daré hoy mismo.
Urk.
—¿Cuánto
tardará? —Dar indagó.
—Una hora, tal
vez… ¿Está bien? —echó
un vistazo detrás de ella—. Puede
finalizar sus compras, y estará hecho,
si quiere.
Mis compras están
finalizadas. Dar suspiró para
sí. Oh bueno, al menos era un interesante…
ooh. Tenían un Ben y Jerry.
—Claro… suena
bien —le proporcionó al hombre
una encantadora sonrisa—. Volveré
en una hora —se encaminó hacia
la salida del almacén y obtuvo su resguardo,
dándose cuenta de que su meta estaba
en el lado opuesto del lugar—. Supongo
—Dar suspiró, entonces reflexionó
que al menos estaban bajo el código
de vestir casualmente por la semana de vacaciones,
y no estaba llevando un traje de lana.
Empezó por el
piso superior, lanzando curiosas miradas casuales
a las tiendas por las que iba pasando.
***
—¿Qué
opinas de estas? —Kerry indagó
pasando una mano sobre la suave, sedosa pieza
de tela.
Colleen miró con
ojos entrecerrados sobre su hombro.
—Creo que es una
cometa, chiquilla… ¿dónde
vas a hacerla volar?
—Oh… No lo
sé… —Kerry agarró
el precioso armazón, un reluciente
arco iris que revoloteó en la brisa
que venía del agua—. Tenemos
ese campo de golf en el centro de la isla…
Creo que podría hacerla volar allí
—sonrió abiertamente de modo
peligroso, y dobló el artículo,
entregándoselo al dueño del
puesto junto con su tarjeta de crédito—.
¿Vas a ir a casa de tu madre por Año
Nuevo?
—Ehhh… No
lo sé… Aún lo estoy decidiendo
—Colleen suspiró—. Están
haciendo una fiesta en el complejo…
pero Ramón está jactándose
de que él va a hacer las bebidas, y
tú sabes lo que pasó la última
vez que lo hizo… ¿qué
hay sobre ti? No he oído tus planes.
—Ah… bueno,
la compañía va a tener una reunión
en Sonesta Beach, en Key… es algo así
como un baile formal —Kerry explicó—.
Ninguno de nosotros quiere realmente ir, pero
Dar dice que si no se deja ver por al menos
un rato, encontraría toda clase de
dolores.
—Ooooh… ¿Una
formal? ¿Encontraste un vestido? —preguntó
Colleen, entonces sujetó la fresca,
planchada camiseta de algodón de Kerry—.
¿Una de estas te sienta bien ahora?
Kerry pestañeó,
luego mordió su labio.
—Dios Bendito…
Bueno, sí, tengo dos o tres con las
que podría ir… —casi se
abofetea a sí misma—. No puedo
creer que no haya pensado en eso, creo…
wow… bueno, pensaré en algo esta
noche, supongo.
—No… Uh…
Vamos… Castellano está justo
allí, cariño… vamos a
encontrarte un vestido cubano para llevar
a tu baile… ¿vas a bailar con
Dar? —la pelirroja bromeó.
—Uh —Kerry
se sonrojó—. No… yo…
eso sería demasiado, creo —dio
a su amiga una irónica mirada.
—Pero sabes, un
vestido nuevo no es una mala idea… puede
ser que tengan algo más moderno que
lo que llevé a Viscaya el año
pasado —Colleen hizo un gesto con la
cara—. Kerry, haces que cualquier zurcido
te quede bien, chica, pero eso… eso
es algo en lo que tienes que trabajar realmente,
¿sabes? —puso la mano en la espalda
de Kerry y la dirigió hacia la tienda,
un majestuoso lugar el cual desprendía
el olor a seda, y almidón, y a dinero
en cuanto abrieron la puerta y entraron.
***
Dar dio una vuelta alrededor
del interior de Sharper Image, observando
con interés la miríada de artículos
que contenía el almacén.
—Cortavellos nasal
eléctrico —lo levantó
y miró, luego lo dejó en su
lugar—. Espero no necesitar uno de estos
en un tiempo cercano —suavemente rió
entre dientes, y rodeó los sillones
de masaje de todos los tamaños, mirándolos
fijamente—. Nope… encontré
algo mejor que eso —dijo acerca del
detalle alegremente, encontrando una ligera
y mareante sonrisa cruzando su rostro, al
recordar el amoroso masaje que recibió
la noche pasada de parte de Kerry, después
de que volvieran del gimnasio de la isla.
Mientras discutían
la mudanza definitiva de Kerry.
Dar suspiró, después
agitó la cabeza silenciosamente, y
avanzó a la siguiente fila de aparatos,
luego con renuencia avanzó, decidiendo
que Kerry probablemente no necesitaría
un reloj eléctrico personal que se
proyectase en el techo.
Afuera en la galería,
se detuvo y tomó algunas nueces asadas
con canela, y las mordisqueó mientras
caminaba, mirando las últimas modas
con ojos desilusionados.
—Pantalones de
campana… nunca me gustaron desde la
primera vez que los vi —murmuró
desaprobadoramente, notando que los adolescentes
que pasaban a su lado iban vestidos con ellos,
junto con elevadas zapatillas de deporte y
pequeños tops en color pastel—.
Yech —Dar prefería sus polos
navales, metidos en pantalones planchados—.
Mi padre me habría atado antes de que
pudiera dejar la casa vestida de esa manera
—reflexionó sobre lo que había
dicho, entonces pesarosamente se rió
entre dientes—. Dar, te estás
haciendo vieja —sus ojos se fijaron
en la derecha, entonces disminuyó la
velocidad de sus pasos para mirar los artículos
del escaparate de la joyería Mayor—.
Mm… bonito.
Una voz sonó detrás
suyo.
—¡Ah…
Srta. Roberts! Hacía mucho tiempo que
no la veíamos.
Dar paró y se
giró.
—Hola, Richard…
sí así es —saludó
cortésmente al vendedor—. ¿Cómo
has estado?
—Bien, bien gracias…
la veo muy bien —el hombre alto, inmaculadamente
vestido, le sonrió—. Tengo algunos
pendientes bonitos… ¿Puedo mostrárselos?
Dar suspiró, se
imaginó que tenía bastante tiempo,
y de todas maneras acababa de perder una pieza
de su par de pendientes favoritos…
—Claro —consintió,
siguiéndolo hacia el umbral alineado
de mármol y entrando en la joyería.
***
—Veamos —Colleen
sostuvo un vestido largo con volantes de encaje
que giraban cerca de la línea del cuello,
y lo movió—. ¿Qué
opinas?
Kerry se echó
a reír.
—Parecería
Carmen Miranda, es lo que opino… fuera
de aquí, Col —sacudió
la cabeza, y ojeó la selección,
dirigiéndose hacia algo más
minimizado, trajes sedosamente oscuros con
cuellos más conservadores—. Este
se pasa del límite de la empresa, creo.
—Oh Dios —Colleen
hizo rodar sus ojos—. ¿Qué
se va a poner Dar?
—Um… —las
cejas de Kerry se fruncieron—. Algo
sin tirantes negro… muy simple…
muy escotado… me hace babear…
¿Por qué?
Colleen se rió
tontamente.
—Oh —dirigió
una mirada a su amiga—. Ciertamente
está desatándote de varias maneras.
—¿Huh? —Kerry
la miró con ojos entrecerrados, luego
se sonrojó gravemente—. Oh…
um… eyah… creo que lo está
haciendo —se distrajo introduciéndose
profundamente en los estantes de los vestidos,
entonces se detuvo, cuando sus manos tocaron
uno de suave, sedoso, profundo tono verde—.
Ooooh.
Colleen estuvo inmediatamente
allí, mirando sobre su hombro.
—Mmm… —levantó
el traje y lo examinó. Tenía
un sólo hombro, dejando el otro desnudo
y la mayor parte de la espalda, y un lado
estaba recortado, con un suave fruncido en
la cadera, después una recta caída
hasta un desigual e inquieto dobladillo—.
Es bonito, Ker —le dio un codazo a su
amiga—. Pruébatelo.
Kerry vaciló,
después sonrió abiertamente.
—Está bien
—sonrió al atento dependiente,
y le siguió obedientemente dentro de
un probador, cerrando la puerta y colgando
el vestido mientras se quitaba los pantalones
y la camisa—. Bien —se revisó
en el espejo durante un momento, luego descolgó
el vestido de la percha y se lo puso, permitiendo
que los pliegues sedosos se calentaran contra
su piel mientras se ajustaba el tejido—.
Hmm —parpadeó, se giró
un poco y miró a los huecos llamativos
del traje revelar su cuerpo tonificado—.
Ooh… nada mal, Stuart… nada mal
del todo —sonrió abiertamente
durante un momento, con una sonrisa falsa
hacia sí misma, luego exhaló
y abrió la puerta, asumiendo una expresión
más seria—. ¿Qué
opinas, Col?
Colleen levantó
la mirada desde donde estaba ojeando un catálogo,
y miró fijamente, dejando escapar un
silbido bajo.
—Santa María,
Madre de Dios, Kerry —rió entre
dientes—. Parece fantástico…
deberías llevar el cabello recogido
también.
Servicialmente, Kerry
levantó sus mechones pálidos,
y los levantó hacia atrás, exponiendo
la línea del cuello.
—¿Tú
crees? —miró de lado, y captó
su reflejo en el espejo, sorprendiéndose
por su sofisticación—. Mm…
Creo que tienes razón.
La pelirroja se acercó,
y ajustó un poco el hombro.
—Definitivamente
una buena elección… puedes llevar
ese viejo collar de plata que tienes…
¿ese con la esmeralda?
Kerry asintió.
—Sí…
ese iría perfecto… Muy bien —dio
un asentimiento al vendedor—. Me lo
quedo… gracias —regresó
al probador y se quitó cuidadosamente
el vestido, volviéndose a poner su
camisa y pantalón—. ¿Crees
que te gustará, Dar? —murmuró
a su reflejo, cuyos ojos centellearon maliciosamente
de vuelta a ella.
***
—Aquí…
son diamantes azules.
Dar sujetó la
plataforma de exposición negra, y los
examinó.
—Huh… nunca
antes había visto unos como esos —estudió
los pendientes, encaje de platino rodeando
un diamante de quilate, en una visible tonalidad
azul—. Bonito.
—Mm… Pensé
en usted cuando los vi… hacen juego
con sus ojos —sonrió el vendedor—.
Iba a llamarla… pero hemos estado bastante
atareados.
Dar asintió, discutiendo
consigo misma. Eran caros, pero… ¿Cuán
a menudo se compraba para sí misma
material como este? Se imaginó la reacción
de Kerry hacia ellos, y eso puso una sonrisa
abierta en su rostro.
—Me los llevo —devolvió
la plataforma al encantado vendedor, entonces
dejó que sus ojos vagaran alrededor
del estuche de exposición—. Empaquételos…
de hecho, tengo una reunión de la empresa
a la que asistir mañana por la noche…
esos servirán.
Se levantó y vagó
alrededor mientras le envolvía la compra,
y se encontró mirando a un bien arreglado
expositor de anillos.
Anillos. No era muy dada
a los anillos, realmente… había
intentado llevar uno o dos en alguna ocasión,
pero con el movimiento de mecanografiar todo
el tiempo, tendía a irritarla, haciendo
que se los quitara, y perdiéndolos
prontamente.
—¿Querría
ver alguno, señora? —preguntó
atentamente la chica que estaba detrás
del mostrador—. Tenemos dentro algunos
nuevos… acabamos de recibirlos —antes
de que Dar pudiera contestar, desapareció,
y regresó con una caja forrada de terciopelo,
la cual abrió encima del mostrador
y giró, para encarar a Dar—.
Aún no hemos tenido realmente tiempo
para catalogar estos, pero…
Dar encontró sus
ojos atraídos al centro de la caja,
donde una piedra brillante estaba parpadeando,
se ladeó, y pestañeó,
luego recogió suavemente el pequeño
apoyo sobre el que estaba el anillo, y lo
levantó.
Recogió dentro
la luz y centelleó hacia ella, un diamante
cortado brillantemente de al menos dos quilates
que tenía una clara definición
de rosa en él. El engaste era apropiado,
un trazo exquisito de rico oro dando forma
a un nido de pétalos de rosas que acunaba
la piedra, y dos piedras más pequeñas
en cada lado.
—Es precioso, ¿verdad?
—preguntó la mujer vacilantemente.
—Sí, lo
es —murmuró Dar, lo asió
repentinamente con un impulso loco—.
Me lo llevo —silencio mortal. Dar levantó
la mirada, para ver la mandíbula de
la empleada colgando abierta—. Está
a la venta. ¿Cierto?
—Uh… sí…
um… um… —miró hacia
su jefe, quien estaba ocupado en la registradora—.
¿Richard? ¿Sr. Ellis?
—Sólo un
momento, Judy —murmuró el gerente,
sosteniendo un dedo en alto.
La chica se lamió
los labios.
—Podemos…
um… creo que el joyero está ahora
aquí, podemos ajustarlo a la medida,
¿es para usted, señora?
Dar sacudió la
cabeza distraídamente, todavía
mirando fijamente hacia el anillo.
—No, es para alguien
que es tan diferente de mí como se
puede ser y todavía seguir siendo humano
—como si alguna vez pudiera, si alguna
vez tuviera el valor de dárselo, claro.
Dar exhaló calladamente. Realmente
no importaba… sólo conseguir
esto, sabía en su propio corazón
lo que significaba, incluso si nunca encontraba
el coraje para admitirlo ante Kerry. Pero
espera—. Um… talla… —Dar
mordió su labio, entonces extrajo su
teléfono celular y marcó. Sonó
tres veces, luego fue contestado—. Hey.
—Oh. ¡Hey!
—la voz de Kerry sonó sorprendida—.
¿Dónde estas? Acabo de intentar
llamar a la oficina, pero contestó
el correo de voz.
—Salí temprano…
tenía que llevar mi reloj a arreglar
—le dijo Dar—. Y me encontré…
ah… me encontré con ese tipo
que está haciendo los nuevos inventarios
manuales de conteo para los almacenes…
¿recuerdas que te lo dije?
Hubo una pausa.
—Oh…
Oh, claro… sí, lo recuerdo…
lo llevan en sus manos y sólo pulsan…
sí —respondió Kerry—.
¿Y qué?
—Oh, bien, sólo
estamos especulando aquí, y necesita
dar a los ingenieros un tipo de talla común…
y… ah… bueno, mis manos no son
un buen ejemplo de mujer… ¿Qué
talla de anillo tienes tú?
Silencio mortal.
—Uh…
oh… sí… es verdad…
sí… um… la mía es
una siete… un poco más pequeña
que la tuya,¿huh? —dijo
Kerry.
—Aproximadamente
tres tallas —Dar reconoció irónicamente—.
Estupendo… gracias, Ker… de todas
formas, ¿dónde estás?
—Bayside…
yo… Col y yo estamos ojeando libros…
compré una cometa, y algo para llevar
mañana por la noche.
—Oh ¿Sí?
No puedo esperar a verlo —la ejecutiva
replicó alegremente—. Gracias,
Kerry… te llamo más tarde —desconectó
y miró a la vendedora—. Dígale
una talla siete.
El gerente se acercó,
y entrecerrando los ojos miró sobre
el hombro de la vendedora.
—¿Qué
tenemos aquí?
—Está…
um… compró este —dijo la
vendedora con un chillido.
Richard cogió
el anillo y lo acunó en una mano.
—Um… Dar…
Yo um… bueno, es espectacular…
Estoy encantado, pero um… esta es una
piedra con un corte único, y yo…
—Shhh —Dar
levantó una mano—. No me diga
cuánto es. No me importa —entregó
una tarjeta diferente—. Esta lo cubrirá,
¿verdad?
El gerente tomó
la American Express Platino y la miró.
—Bueno, alguien
puso el otro día un Jaguar en una de
estas, así que supongo que lo hará
—se aclaró la garganta—.
Déjeme hacer salir a Michael y que
lo ajuste para usted… yo…
—Lo quiere en una
siete —facilitó rápidamente
la vendedora.
—¿Puedo
hacerle grabar algo, mientras lo ajusta? —preguntó
Dar, repentinamente—. ¿Llevará
mucho tiempo? —sacó un pedazo
de papel y escribió deprisa en él,
luego se lo entregó.
Miró fijamente
las palabras, después a ella.
—No… no…
unos minutos, por supuesto… Dar, ¿puedo
traerle una taza de café o alguna otra
cosa, mientras espera? —preguntó
Richard, ansiosamente.
—No… no a
menos que la cafetería tenga un trozo
de helado doble de chocolate… ahí
es donde me dirigía.
El gerente dio una mirada
significativa a la dependienta, después
la incitó a ir hacia la puerta con
un gesto casi frenético.
—Bien, déjeme
entregárselo a Michael enseguida para
que se haga cargo de esto para usted —desapareció,
junto con la vendedora, dejando a Dar completamente
sola en la tienda.
Apoyó la barbilla
en su puño, y miró su reflejo
en el espejo pequeño apoyado sobre
el mostrador, viendo los minúsculos
tirones de emoción en las esquinas
de sus labios.
***
—Eso fue raro —Kerry
se inclinó hacia atrás en su
asiento, y miró a Colleen probarse
zapatos.
—¿Qué
cosa? —preguntó la pelirroja,
levantando la vista desde sus zapatillas de
deporte rosas y verdes—. ¿Dar
llamándote? Lo hace todo el tiempo,
Kerry… Creo que tiene tu número
pegado en el interior de esos párpados
suyos.
Kerry rió entre
dientes, luego miró detrás suyo.
—Ooh… Ahora
vuelvo, Col…
—Oh no… otra
joyería no… —suspiró
Colleen, haciendo girar los ojos—. Te
piensas que estás comprando joyas para
la corona de Inglaterra, Kerry —suspiró—.
No encontraste nada que te gustara en las
seis primeras en las que estuvimos, ¿qué
te hace pensar que esta es la buena?
—Tch… nunca
lo sabré si no lo intento —Kerry
la regañó—. ¿Es
tan malo que quiera encontrarle a Dar un regalo
bonito? Tiene que ser sólo lo apropiado
para ella —se levantó y trotó
hacia afuera, dirigiéndose por el aireado
pasillo hacia una tienda pequeña, de
apariencia rústica que estaba justo
enfrente.
La puerta tintineó
suavemente mientras entraba, y un hombre pequeño,
canoso situado detrás de un mostrador
de madera, alzó la mirada.
—Hola —su
voz tenía acento, pero ninguno que
reconociera fácilmente.
—Hola —Kerry
se retiró el cabello de la frente mientras
avanzaba, mirando alrededor. Había
árboles de madera que serpenteaban
sinuosamente alrededor, cubiertos con joyas
de oro y plata, y sonrió, gustándole
el lugar por su aire informal—. Estoy
buscando algo… um… para un regalo…
yo…
—Ah —el hombre
se levantó y extendió sus brazos—.
Aquí dentro lo abarcamos todo, querida…
haga su elección. ¿Algo en particular?
¿Es un hombre o una mujer?
—Una mujer —respondió
Kerry, tajantemente—. Sólo que
no estoy segura… no lleva muchas joyas,
así que no se realmente lo que le gusta.
—Mm —apagados
ojos grises parpadearon un poco—. Los
que no llevan muchas, son generalmente los
más exigentes… Tengo aquí
algunos collares realmente bonitos…
—atrajo su atención hacia un
olmo enorme, forrado en un paño suave,
azul marino, con bonitas cadenas de oro reclinadas
sobre él—. Esa la hay de nácar
pulido o de perla como un engaste… ve…
Kerry se apoyó
en el mostrador, mirando fijamente a la pieza.
Era un armazón formado a partir de
la superficie del olmo, con una perla doble
colocada en el interior, una negra, y una
blanca.
—Wow… Eso
es poco común —todo el objeto
estaba engarzado sobre una delgada copa de
oro, los cuales se fruncían sobre los
bordes trazados del olmo.
¿Le gustaría
a Dar? Kerry inclinó la cabeza
hacia un lado, y miró el collar. Sí…
creo que le gustaría.
—Muy bien…
me lo llevo —sonrió abiertamente
al hombre—. Era fácil, ¿huh?
Se rió entre dientes,
y suavemente retiró el collar, volviendo
detrás del mostrador y preparándolo
para ella.
—Buena elección…
es de un artista local… todo este material
lo es. Lo vendo a comisión para ellos,
hacen una única y exclusiva pieza,
no como los que nos podemos encontrar en los
grandes almacenes.
—Mm —Kerry
estaba dando un vistazo al resto de la joyería,
admirando los diseños únicos—.
Sí… son diferentes —tocó
un conjunto de pendientes hechos por minúsculas,
estrellas de mar secas—. De todas formas,
no estoy segura de querer llevar uno de esos.
—Apestan, lo hacen…
si fueran más grandes —comentó
el hombre—. Pero a los tontos les gustan…
también tengo relojes de arena miniatura.
La mujer rubia se movió
hacia adelante, apoyándose en el mostrador
para mirar fijamente a través del cristal.
Bajo ella había anillos, en todas las
formas y tamaños, y un fantástico
armazón de ostra cubierto en seda que
contenía…
Kerry parpadeó.
—Cielos…
ese es un anillo precioso —respiró,
empezó cuando el dependiente apareció
al lado del codo. Era un delicado anillo de
oro pálido, con entrelazamientos que
formaban un intrincado nudo Celta. Arrimado
en el centro estaba un diamante cortado en
forma de cuadrado que parecía reunir
la luz de los alrededores y enterrarla profundamente
en el centro de la piedra, produciendo un
brillo visible.
—Gracias —respondió
el hombre tranquilamente—. Es uno de
mis trabajos.
Levantó la mirada
hacia él.
—Es precioso —y
antes de que se pudiera detener—. Me
gustaría comprarlo.
Pareció profundamente
sorprendido.
—Bueno… de
acuerdo, entonces chica… es un poco
caro así que… Podría querer…
—Nooo —Kerry
tomó la decisión antes de que
pudiera parar y pensar en ello. Sacó
una tarjeta y se la entregó—.
Envuélvalo.
Una risa entre dientes
encantada.
—Lo haré…
espere un momento, y le tomaré la medida
para él.
—¿Qué
talla tiene ahora? —preguntó
Kerry.
—Es una diez…
es un poco grande, pero quería conservar
la mejor perspectiva y yo…
—Es perfecto —la
mujer rubia le aseguró—. Absolutamente
perfecto… gracias.
***
—Aquí está,
madame… todo preparado —el dependiente
de la relojería le devolvió
a Dar su reloj—. Nos llevó bastante
tiempo… ¿qué había
en el agua?
—Saliva de cachorro
—respondió Dar, el rostro franco,
mientras tomaba el paquete—. Gracias
—salió del almacén, y
se dirigió al coche, sintiendo el pavimento
bajo sus pies extrañamente lejano.
Las puertas se desbloquearon
con un toque sobre el control remoto, y se
deslizó sobre el asiento de piel, poniendo
los paquetes en el otro asiento y encendió
el coche. Entonces se quedó allí
sentada durante un largo rato, dejando que
el aire acondicionado golpeara contra su rostro,
y considerando lo que había hecho.
Caramba, era sólo
un anillo, sólo una pieza de metal
y piedra, con un par de palabras grabadas
en él. Y a pesar de todo, de alguna
manera, encontró que, para ella, era
mucho más profundo. Era, incluso sólo
para su propia mente, cruzar la línea
hacia un compromiso que una vez se había
prometido no volver a cruzar. Sacó
el anillo y abrió la caja, mirando
fijamente la piedra brillante que parpadeaba
hacia ella.
Entonces lo sacó
y estudió las palabras, sintiendo un
inesperado escozor de lágrimas mientras
consideraba su significado, comprendiendo
su veracidad, independientemente de si Kerry
sentía por ella lo mismo o no.
Siempre Tuya
Eso esperaba, esperaba
tener el valor, algún día, para
dárselo a Kerry y averiguarlo. Pero
por ahora, simplemente volvió a meterlo
dentro de la caja y lo puso a un lado, tomando
una respiración profunda y poniéndose
las gafas de sol, mientras ponía el
coche en marcha, y franqueaba todo el estacionamiento.
Alcanzó el trasbordador
a tiempo, se relajó, y comenzó
a esperar la tarde con ilusión. Kerry
había prometido una nueva receta que
iba a intentar por primera vez y después
habían decidido ir a una actuación
teatral. Las agravaciones del día se
desvanecieron completamente y se estiró
mientras la rampa de la isla descendía,
encontrando una sonrisa en su rostro mientras
dirigía el coche hacia el apartamento.
Una sonrisa que creció
ampliamente cuando observó el Mustang
verde arrimado en la zona siguiente a la suya,
y casi comenzó a silbar al salir y
subió las escaleras de dos en dos,
tecleando el código en la puerta y
deslizándose hacia el vestíbulo
con una sensación de anticipación.
—Woo woo…
—Chino se abrió paso hacia ella,
a través del mármol encerado,
con las orejas suaves flotando cómicamente—.
Hey chica… —rió Dar, y
se arrodilló, recogiendo a la cachorro
y abrazándola amorosamente contra el
pecho mientras se levantaba.
—Argrrrr —Chino
mascó su barbilla felizmente y Dar
trataba de evitar ser comida, levantó
la mirada y notó a Kerry apoyada en
el umbral de la cocina, observándola.
—Hey —saludó
a la mujer rubia, que estaba vestida con un
bañador y delantal, y sosteniendo una
cuchara de mezclar—. ¿Cómo
te fue con las compras?
—Estupendamente
—le dijo Kerry—. ¿Te arreglaron
el reloj?
—Sí, claro
que lo hicieron —Dar bajó el
cachorro, y cepilló los pelos minúsculos
y suaves de su camisa—. Me voy a cambiar
—se detuvo y miró a su amante—.
Sabes… es realmente un lindo traje el
que tienes puesto ahí.
Los ojos verdes se enternecieron,
y chispearon, mientras Kerry alzaba el dobladillo
del delantal.
—Gracias…
imaginé en quitarme esto y podríamos
ir a nadar… ¿qué te parece?
—Mm —Dar
deambuló hasta allí, rozándose
con ella y mirando dentro de esos ojos maravillosos—.
Tengo una idea mejor… ¿qué
tan portátil es?
Parpadeando, pestañas
pálidas aletearon.
—Porta… ¿qué?
—preguntó, intrigada.
Dar capturó la
cuchara que sostenía y lamió
el extremo, luego lo liberó.
—¿Cesta
de picnic, barco, océano, tú,
yo?
—Ooh —Kerry
sonrió ampliamente—. Por eso,
lo haría portátil incluso si
fueran crepes a la suzette —se inclinó
hacia delante y besó a Dar, después
la empujó con la cadera—. Ve
a cambiarte.
***
Las estrellas se extendían
a lo ancho sobre sus cabezas, en un cielo
nocturno tan claro que incluso el reflejo
parecía tenue. Los sonidos de la ciudad
estaban lejos detrás suyo, y sólo
los sonidos suaves de los aparejos del bote,
y los chapoteos suaves del agua sobre el casco
lo rompían.
Dar apoyó un pie
descalzo contra la pata del asiento, y se
reclinó, contenta de los cojines suaves
bajo ella sobre la cubierta del barco. Inclinó
la cabeza hacia atrás y miró
fijamente a las estrellas, después
bajó la mirada al regresar Kerry, y
arrimarse contra ella, envolviendo un brazo
alrededor de su estómago y dejando
escapar un profundo y satisfecho suspiro.
—Fue estupendo
—dijo Dar—. Me gustó eso…
el pescado relleno dentro de esas bolsas…
fue una gran idea —meneó los
dedos de los pies y medio cerró los
ojos en satisfacción.
—Mm… gracias
—replicó Kerry felizmente—.
Lo iba a poner sobre pasta, pero pensé
que esto saldría mejor —miró
fijamente a las estrellas—. Están
muy bonitas esta noche.
Dar apoyó la cabeza
contra la de su amante.
—Sí —recordó
la caja pequeña escondida en el cajón
de la cómoda y mordisqueó el
interior del labio. Parecía un buen
momento para tal vez, suavemente, ver si Kerry
estaba totalmente receptiva hacia la idea.
Se quedaron sentadas
en silencio durante un rato, después
Kerry se movió.
—No puedo creer
que sea casi Año Nuevo —murmuró
suavemente—. Es seguro que no parece
la última semana del año aquí
afuera.
Dar miró fijamente
hacia el mar eterno.
—No… aunque
si fuera verano, el aire no estaría
tan limpio… y la brisa sería
un poco más cálida —exhaló—.
Pero supongo que para ti es un poco extraño…
no muy tradicional —preguntó,
cautelosamente.
Kerry consideró
la afirmación.
—No… no lo
es… solía en la semana entre
Navidad y Año Nuevo ir a una gran ronda
de celebraciones… fiestas… hacía
frío, generalmente nevando… teníamos
yemas y jamones asados enormes, y cantidades
de champagne.
—Hm —Dar
dejó escapar un sonido entre dientes—.
Eso no suena muy tradicional —vaciló,
después enredó sus dedos con
los de la mujer rubia—. ¿Tú…?
quiero decir, ¿eres realmente de ese
tipo de personas tradicionales, Ker?
Kerry le echó
una ojeada curiosamente.
—Bueno… realmente
nunca he pensado sobre ello… en realidad
todo esto nunca ha significado nada para mí,
así que… no lo sé…
puede que no —miró hacia adelante
al oscuro horizonte—. Realmente nunca
lo pensé… que sólo porque
alguien haga algo, esté bien hecho.
—Oh —Dar
se mordió el labio—. Bueno, algunas
tradiciones son buenas… quiero decir,
eso creo, de todas maneras.
—¿En serio?
—Kerry parpadeó hacia ella—.
¿Cómo qué?
Dar pensó furiosamente,
tratando de salir con algo inocuo.
—Uh… Acción
de Gracias —murmuró finalmente—.
Es una buena tradición ¿no?
Pavo y relleno, ¿y todo eso?
—Bien… sí,
supongo —admitió Kerry—.
Excepto aquí, tendemos a tener cerdo
asado y yuca, pero sí —paró—.
Creo, que los nuestros generalmente eran usados
como una excusa para criticar todo.
Dar giró los ojos,
sintiendo el aliento suave sobre el pecho.
—Bueno… um…
bien, realmente los nuestros tampoco eran
exitosos… Generalmente papá estaba
de servicio en algún lugar… mamá
nunca entendió la manera de cocinar
un pavo. Generalmente terminaba con Froot
Loops y un montón de puré de
patatas.
—Augh… Dar
—Kerry se estremeció.
—Sí, bueno
—le restó importancia la mujer
mayor—. De acuerdo… de acuerdo…
qué hay sobre… uh… bueno,
hey… todas esas cosas sobre la universidad…
ya sabes, anuarios, y borlas… y um…
bueno, ¿qué hay sobre anillos
de graduación?
Kerry estuvo callada
por un momento.
—Nunca tuve uno
de esos —se encogió de hombros—.
Realmente nunca significó nada para
mí.
—OH —murmuró
Dar—. Lo siento.
—Realmente el instituto
no fue una gran experiencia para mí
—dijo reservadamente, Kerry continuó—.
Seguían teniendo esa pequeña
competición… todo lo que importaba
era cuánto dinero tenían tus
padres y qué marca de zapatillas de
deporte comprabas… apenas compré
nada… especialmente esos anillos. Era
todo "el mío es mejor que el tuyo,
una piedra mayor, un corte mejor"…
así que no quise uno de ellos después
de todo, y decidí que si alguna vez
tenía un anillo… sería
solamente porque me gustara, no porque "significara"
algo.
—Mm.
—Y entonces, por
supuesto mis padres… quiero decir, todo
lo que oía por parte de mi madre era
sobre quién era con el que iba a salir…
sólo sobre "¿qué
clase de anillo crees que te puede proporcionar?"
—la mujer rubia se encogió de
hombros—. Tengo un problema con eso
—alzó la mirada hacia el perfil
de Dar—. No necesito un pedazo de metal
para probarme nada.
—Oh —exhaló
Dar—. Bueno… seguro… yo…
tuve un anillo de graduación, pero
lo perdí.
—Mm… ¿se
te cayó? —preguntó Kerry.
—No… lo perdí
jugando al poker —relató Dar,
con un sonrojo apenas visible—. Sólo
le dije a todo el mundo que lo perdí
buceando.
—Ah —Kerry
le dio una mirada tolerante—. Podías
haber conseguido otro.
—Habría
podido, sí —admitió Dar—.
Pero pasó eso… me parecía
estúpido llevarlo mientras estaba en
el colegio… y nadie allí llevaba
ninguno como ese, así que… —suspiró—.
Supongo que no soy muy tradicional después
de todo.
—Supongo que yo
tampoco lo soy —confesó Kerry—.
Realmente nunca creí en símbolos.
—Oh —Dar
exhaló suavemente, mientras estudiaba
una estrella particularmente brillante cerca
del horizonte. Arañando esa idea—.
Supongo que yo también creo en ese
tipo de idea.
—¿Lo haces?
—Bueno, seguro…
yo… —Dar se aclaró la garganta—.
Crecí militarmente… todo lo que
solía oír era tradición,
tradición, tradición…
vaya dolor, había una forma tradicional
para ir a las letrinas, si te lo puedes creer
—se encogió de hombros—.
Así que yo siendo… bueno, quién
soy… solamente acabé por desechar
todo eso. No creía en ello.
—Oh —Kerry
parecía pensativa—. Bueno, sabes,
Dar… podemos hacer nuestras propias
tradiciones.
A su alrededor se ajustaron
confortablemente los brazos largos.
—¿Cómo
qué?
—Bueno, como pasar
la noche antes de víspera de Año
Nuevo afuera en el agua —sonrió
la mujer rubia—. O saludar al Día
de Navidad viendo amanecer en la playa —miró
hacia arriba—. De hecho, tú sabes,
pienso que me gustaría crear nuevas
tradiciones contigo.
Dar sonrió de
vuelta.
—¿Te gustaría?
Kerry asintió.
—Y quién
sabe… y puede ser que desarrollemos
el gusto por algunas antiguas.
Una mueca invisible dividió
la débil luz.
—Oh ¿sí?
—Sí.
Lejos en la distancia
sonó una bocina y la línea del
horizonte fue rota por un crucero, que iluminó
la superficie que oscilaba por las olas, y
dispersaba una sucesión débil
de ruidos amortiguados a través del
agua.
FIN
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