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Esta historia ha sido traducida por Mendhi, miembro de Xenafanfics. Cuenta con el permiso de la autora para su traducción y publicación en Internet.

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Las palabras o expresiones escritas entre asteriscos (*) vienen en castellano en el texto original.

:: UN AÑO NUEVO EN MIAMI ::
(A NEW YEAR IN MIAMI)

Por Melissa Good

Kerry puso el freno de mano en su vehículo todo-terreno y se recostó, dejando las manos reposar sobre el volante mientras miraba su destino a través del parabrisas.

El Hotel Biltmore se erguía frente a ella, su exterior de piedra estaba encendido por focos que rodeaban el viejo edificio, prestándole gracia y grandiosidad bajo el cielo oscuro. Una larga línea de automóviles esperaba la atención del servicio de estacionamiento, y Kerry calculó que podría tardar aproximadamente diez minutos para poder pasar.

—Bonito lugar —comentó, girando su cabeza para dirigirse a su compañera.

—Es una pila de roca que cuesta un millón de dólares al mes para su mantenimiento —Dar respondió, sus brazos plegados sobre su pecho y los ojos cerrados—. Pero sí, es bonito —abrió un ojo azul pálido y atisbó a Kerry—. ¿Te he dicho qué bien se ve ese vestido en ti? —tiró de su barbilla hacia el ligero conjunto azul y plata de mediana longitud, que se ceñía a las hermosas curvas de Kerry.

—Mmhm —Kerry sonrió abiertamente—. Pero puedes seguir diciéndomelo. No me molesta —echó un vistazo a lo largo del cuerpo de su pareja, quien estaba cubierta de seda color ciruela—. Dios, te amo con eso —cloqueó su lengua varias veces.

—Uh huh —Dar le dio un ligero codazo—. Muévete, antes de que alguien detrás de nosotras quiera conducir pasando por encima de esta cosa.

Kerry soltó el freno y dejó que el Lexus avanzara.

—¿Crees que necesitemos llevar puestas nuestras chaquetas para entrar?

—Nuse —Dar se movió y presionó el control de ventana con la punta del dedo. Fue recompensada con una infusión repentina de ruido y una explosión del aire exterior de 38 grados—. Eso sería un sí —cerró la ventana apresuradamente, luego dirigió manualmente uno de los ductos de aire que proveían calor en dirección a ella.

—Sureña —Kerry la molestó.

—Ah ah… veo esa piel de gallina —Dar la golpeó en el brazo—. No me des ese sermón de lo resistentes que son los norteños, Kerrison. Tu gente busca calentarse.

—Uh huh —Kerry boqueó hacia ella—. Deja de hablar, Dixiecup.

Dar le enseñó la lengua.

—No me tientes —rió Kerry, mientras avanzaba otro par de pies de distancia—. Chico, qué diferencia con el año pasado, ¿huh?

—Mmm —Dar reasumió su relajada pose, jugueteando sus pulgares mientras observaba los automóviles moverse frente a ellas—. Oh sí. Incluso nos mostramos en el mismo automóvil esta vez —extendió la mano hacia el asiento trasero y tomó dos sencillas chaquetas de cuero, poniendo la de Kerry sobre la barrera entre los asientos, mientras se arropaba con la suya—. Maldición, esto se siente bien.

Kerry condujo hábilmente hasta la estación del servicio, dando una agradable sonrisa al joven que les se acercó cuando puso el automóvil en el estacionamiento. Recogió su abrigo, dando un apretón a la mano de Dar al encaminarse.

—Vamos a la fiesta.

Salieron, y Kerry se encogió dentro de su abrigo, jalando el cierre y atando el cinturón antes de caminar hacia atrás del automóvil y dejar al servicio encargarse de éste. A pesar de sus presumidas palabras, el aire frío la hizo estremecerse y no hacía falta molestarse en preguntar si Dar oía a sus dientes castañear.

Inclinó hacia atrás su cabeza, viendo a las estrellas brillar resueltamente cuando era tan raro que lo hicieran en Miami y exhaló una gran bocanada de aliento hacia la noche. Acababan justamente de regresar de sus semanas de vacaciones, y el contraste entre el tibio Caribe y este sorprendente clima frío había sido significante.

Kerry esperó que ninguna de las dos fuera a coger un resfriado.

Dar puso una mano en su espalda y pasaron por en frente del automóvil, dirigiéndose hacia las anchas escaleras frontales del viejo edificio clásico. Empezó a silbar con baja respiración mientras se acercaban a la entrada, ya llena de personas.

El patio exterior estaba siendo usado para servir bebidas y entremeses a pesar del clima, y la visión de la mayoría de sus empleados con igual indumentarias, haciendo frente al frío en delgados vestidos y smoking, cosquilleó el sentido del humor de Dar.

—¿Cuánto tiempo calculas antes de que empiecen a congelarse en su lugar?

Kerry amortiguó una risa mientras subían por los últimos peldaños del patio, y pasaban de la respectiva oscuridad de las sombras hacia los torrentes de tibia luz dorada.

Fueron reconocidas inmediatamente.

—¡Hey! —Mark Polenti fue hacia ellas, al mismo tiempo que Mari y Duks, y algunos otros—. ¿Cuándo regresaron chicas?

—Ayer —Kerry le dio un abrazo—. No queríamos perdernos la fiesta.

Dar dio vuelta a sus ojos.

—Sí queríamos —discrepó—. Cambiaría este puesto de paletas heladas por una noche de zambullida en el sur, en un latido.

—Oí que ustedes dos tuvieron toda una aventura —dijo Mari.

Mark se enganchó alrededor de ellas.

—¿Quieren darme sus abrigos? —preguntó cortésmente.

—De ninguna manera —Kerry agarró su cinturón y tiró de él más fuerte—. ¿Estás loco?

—Ahem —Dar dejó caer su brazo sobre los hombros de Kerry—. Perdona al oso polar, aquí. Dejó su abrigo de piel en Michigan.

Kerry golpeó su pareja con la cadera, y le enseñó su lengua.

Un camarero llegó con una bandeja llena de champagne, seguido por otro con surtidos aperitivos. Kerry tomó una flauta rellena y le pasó una a Dar, luego echó un ojo a la bandeja de comida y decidió esperar por el segundo asalto.

—No, gracias. Tuve suficiente paté de hígado de pollo para el resto de mi vida.

—Ew —Dar examinó sus opciones, luego ahuyentó al camarero—. Es una cosa horrible hacer Mousse a uno inocente salmón.

—Así que, aparte de eso, ¿cómo estuvieron las vacaciones Sra. Lincoln? —Mari preguntó a Kerry—. ¿Pudiste tomar el sol al menos?

Kerry sorbió su champagne, devolviendo un saludo informal de Eleanor.

—Sí, el viaje de regreso fue tranquilo —dijo—. Hicimos un poco de buceo, pero principalmente sólo holgazaneábamos sobre cubierta y nos relajamos.

—Suena como el paraíso —la VP de Personal suspiró—. Aunque encuentro difícil de imaginar a Dar relajándose.

Kerry se permitió recordar por un momento algunas largas tardes que pasaron dormitando bajo el sol.

—Oh, ya sabes, cuando pone su mente en ello, Dar puede hacer casi todo, incluso eso —respondió—. ¿Oí que todo estuvo tranquilo en el trabajo?

—Es verdad —Duks convino seriamente—. Y ahora todos pueden dejar de contener la respiración desde que ustedes dos han regresado y no ha ocurrido ningún desastre.

El pequeño círculo de personas alrededor de ellas se río levemente. Dar levantó su copa y reconoció el irónico cumplido, entonces señaló hacia las puertas abiertas del imponente salón de baile del hotel.

—Voto por que entremos antes de que esto se haga escarcha blanca de uva.

Cruzaron el patio de piedra juntos, filtrándose a través de grupos de empleados iguales y recogiendo a más seguidores mientras iban hacia el tibio lugar. Kerry sintió la mano de Dar volver a descansar en su espalda de nuevo cuando se acercaron a la puerta, y cuando miró alrededor, la cosa más bonita que podía imaginar ocurrió.

Nadie se daba cuenta. O si lo hacían, no importaba.

Qué diferencia. Kerry sonrió abiertamente, desajustando el cinturón de su chaqueta mientras cruzaban el umbral, y una ráfaga de aire tibio la azotó. Se desamarró y bajó el cierre delantero, luego quedó sorprendida cuando el peso fue levantado de sus hombros y retirado. Se giró para ver a Dar colocando el abrigo sobre su brazo, junto al de ella. Su alta pareja le hizo un guiño, entonces señaló con el dedo en dirección a la barra mientras se volvía para encontrar un lugar donde guardar sus abrigos.

—¡Gracias! —Kerry la llamó desde atrás, sacudió su vestido hasta quedar un poco más recto y se movió fuera de la entrada para que los demás pudieran entrar.

—Dudé de la caballerosidad de nuestra amiga por mucho tiempo —comentó Duks irónicamente, y se giró cuando Eleanor y José llegaron.

—Oh sí, Dar… El verdadero príncipe azul en su brillante armadura —Eleanor interrumpió—. Kerry, ése es un vestido asesino. ¿Dónde compras?

—En Wal-mart —Kerry respondió fácilmente—. ¿Y tú?

Todos se rieron. Eleanor giró sus ojos.

—Jesus, has estado pasando demasiado tiempo cerca de Dar. Estás desarrollando su enfermizo sentido del humor.

Cruzaron por el salón de baile, pasando las mesas redondas puestas con adornos de color oro y plata que contornaban una pista de baile hecha de duela. En uno de los lados estaba la indispensable banda, que parecían tener los suficientes instrumentos en bastantes variedades posiblemente para satisfacer todos los rangos de edades que pudiera presentar la fiesta.

—¿Qué son los asientos este año, Mari? —Dar los sujetó—. Adornos bonitos. ¿Podemos pagar eso ahora?

El Vicepresidente de HP se río entre dientes.

—Los de Ventas lo pagaron —dijo—. Tú hiciste sus vidas maravillosas este año, y esto es lo que conseguimos por eso.

—Ah —Dar se detuvo frente a una mesa y levantó un adorno de recuerdo. Era una rana de oro, cuya lengua se extendía cuando se le presionaba. Dar lo apretó experimentalmente. No sólo extendió un apéndice rojo brillante, también croó—. Para morirse —la CIO lo aprobó—. Me gusta.

—Lo harías —Eleanor cubrió sus ojos—. El tipo a quien tuvimos que ordenarlos no hablaba español. Son en realidad los sobrantes de una convención de Budweiser.

Kerry puso su mano sobre su boca y casi se convulsionó de risa, al mismo tiempo que todos los demás. Incluso Dar se turbó, guardó su rana en el cinturón de cuero alrededor de su cintura y dio un codazo a Eleanor.

—¿Se los ordenan todos los años? Seguro los escupieron a todos el ultimo año hasta dejarlos resplandecientes de saliva.

—Hey, ¡mi primo hizo ésos! —José objetó.

—Imagínate —Dar giró los ojos—. Estoy sorprendida de que *arroz con pollo* no viniera escupiendo.

Consiguieron bebidas en la barra, luego pasearon alrededor para encontrar sus mesas. Dar localizó la suya sin dificultad, y se sentó en su lugar, observando el lugar marcado para Kerry justo a su lado.

—¿Ningún buffet este año?

—¡No! —José les había seguido, sentándose en la mesa justo al lado de la suya—. Así hacemos las cosas en Ventas. Nos sentamos, y dejamos que vengan a nosotros.

Dar giró la cabeza y le dio una mirada.

—Tú pagas, Sr. Pastalito.

—Dame otro año como este otra vez, y los tendré llevando todo a tu hacienda con guantes blancos —le dijo José—. Tengo tantas ventas llegando hasta por el tubo de escape del Mercedes como para tener una nueva orden de contratos para repartir.

Dar aceptó el cumplido con una abierta sonrisa. Extendió la palma de su mano hacia arriba, y después de una breve pausa, José chocó la suya con ella.

—*Gracias, señor*.

José asintió con la cabeza.

—Peleamos como animales, pero al final, es bueno.

—Hey —Kerry captó la atención de Dar—. Encontré algo que te gusta.

Tenía algo que parecía ser una golosina en una manta. Kerry se lo ofreció, y Dar lo tomó de sus dedos prolijamente, mascándolo con manifestado deleite.

—Lagranmadre de todos los entremeses —la mujer de cabello oscuro lamió sus labios—. Mm. ¿Hay más de donde vino eso?

Kerry acercó un plato pequeño, y lo puso sobre la mesa al mismo tiempo que dos jarros helados de cerveza. Se sentó junto a Dar y colocó sus tacones bajo ella, mirando cómo la habitación empezaba a llenarse con personas.

—Esto es bonito.

—Delicioso —Dar estuvo de acuerdo, llevando rápidamente otro bocado a su boca.

La banda empezó a tocar. Kerry escuchó la música por un momento, dejando los recuerdos del año anterior reinar en su mente. Entonces sonrió abiertamente.

—¿Hey Dar?

Dar se apoyó sobre el brazo de su silla y dio una mirada totalmente inapropiada a Kerry.

—¿Siiii? —ronroneó—. ¿Qué puedo hacer por ti, Kerrison?

Kerry sujetó su mano.

—¿Bailas conmigo?

Los ojos de Dar brillaron.

—Pensé que te había dicho que soy muy mala para bailar.

—Mientes —Kerry movió sus dedos—. Vamos.

En un simple y grácil movimiento, Dar se puso de pie y tomó la mano de su pareja, caminando prolijamente alrededor de la silla cuando Kerry se reunió con ella.

—Esto va a ser la portada del periódico de la empresa, lo sabes —remarcó la mujer de cabello oscuro, mientras caminaban juntas hacia la pista de baile.

—Espero que tomen una buena fotografía —respondió Kerry.

Ya había algunas parejas sobre la pista, pero tenían suficiente espacio cuando se reunieron con ellas. Dar puso sus brazos alrededor de Kerry con la lenta música, y se acoplaron al ritmo juntas.

—Ha sido un año asombroso.

—Dicen que el primer año es el más duro —Kerry respondió, con una gran sonrisa—. Cielos, ahora lo hemos logrado.

Dar descansó su frente contra la de Kerry y miró dentro de sus ojos.

—¿Sabes una cosa?

Kerry miró alrededor, aceptando el hormiguear de la emoción cuando se dio cuenta de que a pesar de la amigable atmósfera, serían el centro de atención.

—¿Qué?

—La vida da muchas vueltas —Dar la besó.

Ahí mismo, en la pista de baile, en frente de cada persona de la compañía que quisiera mirar, Kerry estaba segura de estar rodando ahora sobre la alfombra y probablemente a medio camino de salida por la puerta. Besó a Dar de regreso.

—También te amo —cuchicheó—. Feliz año nuevo.

***

—¿Cielo? —Kerry miró el ocioso perfil de Dar mientras se giraba para encontrarse cara a cara con ella. La cena había terminado, y mucho bailar y beber se había consumado—. Creo que es mejor que conduzcas a casa.

La cara de Dar se frunció en una sonrisa.

—¿Demasiado champagne? —adivinó, mirando los ojos de Kerry entrecerrados.

—Demasiada cerveza —Kerry agitó su cabeza, pero le sonrió en reciprocidad—. Estoy borracha.

—No puedes estarlo —objetó su pareja—. No te has colgado de los candelabros cantando Dixie.

No, probablemente no estaba borracha realmente, porque sus pensamientos estaban tan lucidos como siempre. Kerry sólo decidió quedarse donde estaba, su silla colocada cerca de la de Dar y sus dolientes pies estaban cubiertos por sus zapatos y guardados debajo de ellos.

La carne asada había sido excelente, había disfrutado la papa horneada, y ella y Dar habían cambiado cucharadas de mousse de chocolate. Esta había sido una de las pocas veces en que habían tenido una cena de "Convención" y disfrutado de ella totalmente. Habían bailado juntas varias veces, y considerándolo todo, lo habían pasado muy bien hasta ahora.

En una fiesta de la compañía. ¿Quién tendría que guiar?

Dar estaba hablando con Duks sobre algunos de los proyectos para el próximo año, pero Kerry se descubrió estudiando algo en el curtido y musculoso hombro de su pareja que tenía cerca. Dar poseía una suave y bonita piel, tersa, con sólo algunas dispersas pecas distribuidas sobre ella.

Encantador.

Todavía estaban en su periodo de vacaciones, decidió. Aunque les había pasado mucho en una semana, no le había parecido suficientemente largo ahora que estaba terminado. El último día a bordo del bote se había encontrado deseando que fuera solamente el primer día afuera, sin importar cuántos problemas habían tenido en él.

Tal vez fue la cena a la luz de las velas a la que Dar la había invitado, ahí sobre cubierta, con una langosta recién atrapada y una botella de vino, sólo ellas y las estrellas y la música del mar.

—¿Ker?

Kerry apoyó su puño contra el brazo de la silla y apoyó su barbilla en éste.

—¿Hm?

—¿Tienes ganas de ir a casa? —Dar preguntó, con una voz baja—. Ya he socializado lo suficiente.

—¿Estás leyendo mi mente otra vez?

Dar se río entre dientes.

—Vamos. Digamos nuestros adioses —se apoyó en la mesa y se enderezó—. Bien, damas y caballeros, ha sido divertido.

—Sí, lo ha sido —Mari estuvo de acuerdo, con una sonrisa—. Es tiempo para mí de irme también. Empiezo temprano mañana.

Un quejido pasó alrededor del grupo.

—Eso es verdad —dijo Duks—. Mañana empezamos la tortura de clasificación.

Dar se puso de pie, y el resto de la mesa lo hizo también, empujando sus sillas hacia atrás y diciendo despedidas conforme bordeaban a través de la multitud que todavía se divertía e iba hacia la puerta. Cuando ella cruzó la habitación, sus ojos capturaron la mirada de las personas que pasaban, reconociendo por una de las primeras veces, desde que había empezado a trabajar en la compañía, que había más expresiones amigables en comparación con las que no lo eran.

Sintió a Kerry estrechar su mano y sujetarla firmemente, un vistazo mostró que la mujer rubia lo había hecho inconscientemente. Dar dobló sus dedos alrededor de los de su pareja, frotando su pulgar contra los nudillos de Kerry. Estaba consciente de qué precioso era, aquí era la notoria bruja de hielo paseando por el salón de baile tomándose de las manos después de todo, pero no le había importando lo que otras personas pensaran de ella y Kerry.

De lo que se preocupaba era sobre lo que Kerry y ella pensaran una de la otra. Dio a Kerry un apretón de mano, y la sintió acercarse más y devolver el gesto al juntar hombro con hombro. Se detuvieron en el guardarropa y presionaron con urgencia al servicio de los abrigos, reclamando su cuero, después caminaron hacia afuera cruzando el ahora patio vacío.

—Brr —Kerry exhaló, mirando la niebla de su aliento—. Necesito más anticongelante, supongo.

Dar abrió y cerró sus ojos ante el aire seco, frunciendo el ceño un poco al levantar el cuello de su chaqueta.

—Sí. Esto es ridículo —observó a Kerry echar nubes más pequeñas mientras esperaban su turno en el puesto del servicio de estacionamiento—. Quieres que nos detengamos por un… um…

Ojos verdes le echaron una ojeada desde debajo de unas largas y rubias pestañas.

—Calma Dixiecup, la última cosa que necesito es más alcohol.

—Taza del café —Dar se corrigió, con una sonrisa—. Esas cosas que tenían ahí no eran dignas de beber.

Kerry lo consideró.

—Sí —decidió—. Escoge algún sitio bonito.

—¿Tienes tu boleto?

La mujer rubia ofreció su bolsillo a Dar, sofocando un gemido cuando la mujer más alta deslizó una mano dentro y capturó el talón de estacionamiento. Entonces se apoyó contra la conveniente calidez de Dar, de forma afectuosa y tenaz mientras esperaban por el automóvil.

Su teléfono celular sonó en cuanto entraron en él. Esperó a que el hombre del servicio cerrara su puerta antes de responder, echando un vistazo al identificador y abrió el flip.

—Hey, Angie.

Feliz año nuevo, hermanita —Ángela respondió, con una risa ahogada—. ¿Dónde estás?

—En el automóvil —Kerry se reclinó mientras Dar ajustaba el asiento del conductor a su anterior posición antes de que pusiera el vehículo en camino—. Sólo estamos dejando nuestra fiesta de la compañía. ¿Qué hay de ti?

Toda la familia está aquí en casa —dijo Angie—. Lo usual, ya sabes.

—Mmhm. ¿Cómo está mamá?

Mejor —su hermana respondió—. Va a tomar el asiento de papá.

Las cejas de Kerry se alzaron.

—¿De verdad?

Sí, en serio. Se ha puesto un poco difícil por aquí. Pero pienso que estará bien —dijo Angie—. Espera.

—Mi madre tomó el asiento de papá en el senado —Kerry informó a Dar, mientras escuchaba sonidos amortiguados por el teléfono.

—Hm —Dar salió de la zona de estacionamiento del hotel y se dirigió al este.

¡Hey, hermanita! —una voz diferente vino de la línea.

—Hey, Mike —Kerry sonrió en reflejo—. ¿Cómo estás?

¡Tengo una novia!

—¿Una más? —su hermana rió—. Eso fue rápido —aventó sus zapatos otra vez, y movió los dedos de sus pies, agradecida del calor dentro del Lexus—. Espero que esta última dure más que el resto de ellas.

Bueno, no soy monogámico como tú —admitió su hermano—. Pero veremos. Como sea, feliz año nuevo hermanita. ¡Diviértete!

—Gracias, tú también. Dile a todos que les mando un saludo —respondió Kerry.

Lo haré. ¡Adiós!

Kerry plegó el teléfono y lo guardó.

—Eso es tan raro —dijo, después de un momento de silencio.

—¿Lo de tu madre?

—Sí.

Ambas quedaron en silencio por un breve momento, mientras Dar navegaba por las calles atascadas de tráfico. Entonces, cuando estaban a punto de dirigirse hacia Biscayne Boulevard, Kerry apuntó a su pareja repentinamente.

—Sabes, Dar, ahora que yo…

—Tal vez, sólo debamos… —Dar habló al mismo tiempo.

Se miraron una a otra.

—El sofá, pijamas, chocolate caliente, nosotras —Kerry sugirió brevemente.

—Viendo caer la bola en la pantalla grande —Dar concluyó—. Sí —giró hábilmente el automóvil en una gran U, y fue hacia la calzada—. Mucho mejor plan.

Kerry movió los dedos de sus pies otra vez con satisfacción.

***

Media hora después estaban desvestidas y yacían juntas sobre el sofá, acurrucadas en una confortable frazada cubriendo sus cuerpos.

—Jesús —Kerry examinó su manga—. No he usado esto desde que estaba en la universidad, allá en casa.

—Te ves adorable en ellos —le aseguró Dar—. ¿O no es así, Chino?

La Labrador levantó su cabeza y paró las orejas.

—Growf.

—¿Ves? —Dar rió sutilmente.

—Parezco una Dorky de preparatoria en ellos —corrigió la mujer rubia—. Mira… Incluso son de tartán.

—Mejor eso que un duende demasiado grande —Dar dobló el dobladillo de su Navideña camisa de dormir de franela verde—. Pudo haber incluido un sombrero de borla.

Kerry puso su cabeza sobre el brazo forrado del sofá, relajándose en su cómoda superficie cuando Dar la envolvió con un brazo alrededor de su cintura y la jaló más cerca. El Times Square se mostraba esplendorosamente repleto de gente frenética, y la idea más importante en la mente de Kerry era de completo alivio porque no estaba ahí.

—¿Alguna vez hiciste eso? —preguntó Dar, pasando ociosamente sus dedos a través del cabello de Kerry.

—¿Estar en el Times Square? —Kerry preguntó—. Sí —miró la pantalla—. El año antes de ir a la universidad. Toda la familia estaba en Nueva York para alguna cosa política o algo así. Evadí una reunión y fui ahí.

—¿Y?

Kerry estuvo en silencio por un momento.

—Y era increíble cuán sola podías sentirte entre una multitud como esa —colocó su mano sobre el muslo de Dar—. Me quedo con esta vista en todo momento.

Dar la besó en la curva de su cuello, luego repitió el acto sobre sus labios cuando Kerry giró su cabeza.

—¿Y qué hay acerca de esta vista?

Kerry miró fijamente dentro de esos ojos azules.

—Al diablo con la Gran Manzana —dio la espalda a la televisión y se permitió gozar de una festividad mucho más de su agrado.

La bola cayó, los fuegos artificiales explotaron, y Dick Clark aclamó, todo en vano, perdiendo importancia ante una celebración tan antigua como el tiempo mismo.

—¡Feliz año nuevo, a todos!

FIN

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