|
Uber » Índice de fics de Melissa Good » Un
año nuevo en Miami
Esta historia ha sido
traducida por Mendhi,
miembro de Xenafanfics. Cuenta
con el permiso de la autora para su traducción
y publicación en Internet.
Si quieres dar tu opinión
sobre la misma, hacer algún comentario
o recibir información acerca de las
actividades de nuestro grupo de traducción
de fan fictions de «Xena, Warrior
Princess » , escribe un e-mail
a: xenafanfics@hotmail.com
O visita nuestra web
informativa en: http://personales.ya.com/bibliotecaxff
Las palabras o expresiones
escritas entre asteriscos (*) vienen en castellano
en el texto original.
:: UN AÑO
NUEVO EN MIAMI ::
(A NEW YEAR IN MIAMI)
Por Melissa
Good
Kerry puso el freno de
mano en su vehículo todo-terreno y
se recostó, dejando las manos reposar
sobre el volante mientras miraba su destino
a través del parabrisas.
El Hotel Biltmore se erguía
frente a ella, su exterior de piedra estaba
encendido por focos que rodeaban el viejo
edificio, prestándole gracia y grandiosidad
bajo el cielo oscuro. Una larga línea
de automóviles esperaba la atención
del servicio de estacionamiento, y Kerry calculó
que podría tardar aproximadamente diez
minutos para poder pasar.
—Bonito lugar —comentó,
girando su cabeza para dirigirse a su compañera.
—Es una pila de
roca que cuesta un millón de dólares
al mes para su mantenimiento —Dar respondió,
sus brazos plegados sobre su pecho y los ojos
cerrados—. Pero sí, es bonito
—abrió un ojo azul pálido
y atisbó a Kerry—. ¿Te
he dicho qué bien se ve ese vestido
en ti? —tiró de su barbilla hacia
el ligero conjunto azul y plata de mediana
longitud, que se ceñía a las
hermosas curvas de Kerry.
—Mmhm —Kerry
sonrió abiertamente—. Pero puedes
seguir diciéndomelo. No me molesta
—echó un vistazo a lo largo del
cuerpo de su pareja, quien estaba cubierta
de seda color ciruela—. Dios, te amo
con eso —cloqueó su lengua varias
veces.
—Uh huh —Dar
le dio un ligero codazo—. Muévete,
antes de que alguien detrás de nosotras
quiera conducir pasando por encima de esta
cosa.
Kerry soltó el
freno y dejó que el Lexus avanzara.
—¿Crees
que necesitemos llevar puestas nuestras chaquetas
para entrar?
—Nuse —Dar
se movió y presionó el control
de ventana con la punta del dedo. Fue recompensada
con una infusión repentina de ruido
y una explosión del aire exterior de
38 grados—. Eso sería un sí
—cerró la ventana apresuradamente,
luego dirigió manualmente uno de los
ductos de aire que proveían calor en
dirección a ella.
—Sureña
—Kerry la molestó.
—Ah ah… veo
esa piel de gallina —Dar la golpeó
en el brazo—. No me des ese sermón
de lo resistentes que son los norteños,
Kerrison. Tu gente busca calentarse.
—Uh huh —Kerry
boqueó hacia ella—. Deja de hablar,
Dixiecup.
Dar le enseñó
la lengua.
—No me tientes
—rió Kerry, mientras avanzaba
otro par de pies de distancia—. Chico,
qué diferencia con el año pasado,
¿huh?
—Mmm —Dar
reasumió su relajada pose, jugueteando
sus pulgares mientras observaba los automóviles
moverse frente a ellas—. Oh sí.
Incluso nos mostramos en el mismo automóvil
esta vez —extendió la mano hacia
el asiento trasero y tomó dos sencillas
chaquetas de cuero, poniendo la de Kerry sobre
la barrera entre los asientos, mientras se
arropaba con la suya—. Maldición,
esto se siente bien.
Kerry condujo hábilmente
hasta la estación del servicio, dando
una agradable sonrisa al joven que les se
acercó cuando puso el automóvil
en el estacionamiento. Recogió su abrigo,
dando un apretón a la mano de Dar al
encaminarse.
—Vamos a la fiesta.
Salieron, y Kerry se
encogió dentro de su abrigo, jalando
el cierre y atando el cinturón antes
de caminar hacia atrás del automóvil
y dejar al servicio encargarse de éste.
A pesar de sus presumidas palabras, el aire
frío la hizo estremecerse y no hacía
falta molestarse en preguntar si Dar oía
a sus dientes castañear.
Inclinó hacia
atrás su cabeza, viendo a las estrellas
brillar resueltamente cuando era tan raro
que lo hicieran en Miami y exhaló una
gran bocanada de aliento hacia la noche. Acababan
justamente de regresar de sus semanas de vacaciones,
y el contraste entre el tibio Caribe y este
sorprendente clima frío había
sido significante.
Kerry esperó que
ninguna de las dos fuera a coger un resfriado.
Dar puso una mano en
su espalda y pasaron por en frente del automóvil,
dirigiéndose hacia las anchas escaleras
frontales del viejo edificio clásico.
Empezó a silbar con baja respiración
mientras se acercaban a la entrada, ya llena
de personas.
El patio exterior estaba
siendo usado para servir bebidas y entremeses
a pesar del clima, y la visión de la
mayoría de sus empleados con igual
indumentarias, haciendo frente al frío
en delgados vestidos y smoking, cosquilleó
el sentido del humor de Dar.
—¿Cuánto
tiempo calculas antes de que empiecen a congelarse
en su lugar?
Kerry amortiguó
una risa mientras subían por los últimos
peldaños del patio, y pasaban de la
respectiva oscuridad de las sombras hacia
los torrentes de tibia luz dorada.
Fueron reconocidas inmediatamente.
—¡Hey! —Mark
Polenti fue hacia ellas, al mismo tiempo que
Mari y Duks, y algunos otros—. ¿Cuándo
regresaron chicas?
—Ayer —Kerry
le dio un abrazo—. No queríamos
perdernos la fiesta.
Dar dio vuelta a sus
ojos.
—Sí queríamos
—discrepó—. Cambiaría
este puesto de paletas heladas por una noche
de zambullida en el sur, en un latido.
—Oí que
ustedes dos tuvieron toda una aventura —dijo
Mari.
Mark se enganchó
alrededor de ellas.
—¿Quieren
darme sus abrigos? —preguntó
cortésmente.
—De ninguna manera
—Kerry agarró su cinturón
y tiró de él más fuerte—.
¿Estás loco?
—Ahem —Dar
dejó caer su brazo sobre los hombros
de Kerry—. Perdona al oso polar, aquí.
Dejó su abrigo de piel en Michigan.
Kerry golpeó su
pareja con la cadera, y le enseñó
su lengua.
Un camarero llegó
con una bandeja llena de champagne, seguido
por otro con surtidos aperitivos. Kerry tomó
una flauta rellena y le pasó una a
Dar, luego echó un ojo a la bandeja
de comida y decidió esperar por el
segundo asalto.
—No, gracias. Tuve
suficiente paté de hígado de
pollo para el resto de mi vida.
—Ew —Dar
examinó sus opciones, luego ahuyentó
al camarero—. Es una cosa horrible hacer
Mousse a uno inocente salmón.
—Así que,
aparte de eso, ¿cómo estuvieron
las vacaciones Sra. Lincoln? —Mari preguntó
a Kerry—. ¿Pudiste tomar el sol
al menos?
Kerry sorbió su
champagne, devolviendo un saludo informal
de Eleanor.
—Sí, el
viaje de regreso fue tranquilo —dijo—.
Hicimos un poco de buceo, pero principalmente
sólo holgazaneábamos sobre cubierta
y nos relajamos.
—Suena como el
paraíso —la VP de Personal suspiró—.
Aunque encuentro difícil de imaginar
a Dar relajándose.
Kerry se permitió
recordar por un momento algunas largas tardes
que pasaron dormitando bajo el sol.
—Oh, ya sabes,
cuando pone su mente en ello, Dar puede hacer
casi todo, incluso eso —respondió—.
¿Oí que todo estuvo tranquilo
en el trabajo?
—Es verdad —Duks
convino seriamente—. Y ahora todos pueden
dejar de contener la respiración desde
que ustedes dos han regresado y no ha ocurrido
ningún desastre.
El pequeño círculo
de personas alrededor de ellas se río
levemente. Dar levantó su copa y reconoció
el irónico cumplido, entonces señaló
hacia las puertas abiertas del imponente salón
de baile del hotel.
—Voto por que entremos
antes de que esto se haga escarcha blanca
de uva.
Cruzaron el patio de
piedra juntos, filtrándose a través
de grupos de empleados iguales y recogiendo
a más seguidores mientras iban hacia
el tibio lugar. Kerry sintió la mano
de Dar volver a descansar en su espalda de
nuevo cuando se acercaron a la puerta, y cuando
miró alrededor, la cosa más
bonita que podía imaginar ocurrió.
Nadie se daba cuenta.
O si lo hacían, no importaba.
Qué diferencia.
Kerry sonrió abiertamente, desajustando
el cinturón de su chaqueta mientras
cruzaban el umbral, y una ráfaga de
aire tibio la azotó. Se desamarró
y bajó el cierre delantero, luego quedó
sorprendida cuando el peso fue levantado de
sus hombros y retirado. Se giró para
ver a Dar colocando el abrigo sobre su brazo,
junto al de ella. Su alta pareja le hizo un
guiño, entonces señaló
con el dedo en dirección a la barra
mientras se volvía para encontrar un
lugar donde guardar sus abrigos.
—¡Gracias!
—Kerry la llamó desde atrás,
sacudió su vestido hasta quedar un
poco más recto y se movió fuera
de la entrada para que los demás pudieran
entrar.
—Dudé de
la caballerosidad de nuestra amiga por mucho
tiempo —comentó Duks irónicamente,
y se giró cuando Eleanor y José
llegaron.
—Oh sí,
Dar… El verdadero príncipe azul
en su brillante armadura —Eleanor interrumpió—.
Kerry, ése es un vestido asesino. ¿Dónde
compras?
—En Wal-mart —Kerry
respondió fácilmente—.
¿Y tú?
Todos se rieron. Eleanor
giró sus ojos.
—Jesus, has estado
pasando demasiado tiempo cerca de Dar. Estás
desarrollando su enfermizo sentido del humor.
Cruzaron por el salón
de baile, pasando las mesas redondas puestas
con adornos de color oro y plata que contornaban
una pista de baile hecha de duela. En uno
de los lados estaba la indispensable banda,
que parecían tener los suficientes
instrumentos en bastantes variedades posiblemente
para satisfacer todos los rangos de edades
que pudiera presentar la fiesta.
—¿Qué
son los asientos este año, Mari? —Dar
los sujetó—. Adornos bonitos.
¿Podemos pagar eso ahora?
El Vicepresidente de
HP se río entre dientes.
—Los de Ventas
lo pagaron —dijo—. Tú hiciste
sus vidas maravillosas este año, y
esto es lo que conseguimos por eso.
—Ah —Dar
se detuvo frente a una mesa y levantó
un adorno de recuerdo. Era una rana de oro,
cuya lengua se extendía cuando se le
presionaba. Dar lo apretó experimentalmente.
No sólo extendió un apéndice
rojo brillante, también croó—.
Para morirse —la CIO lo aprobó—.
Me gusta.
—Lo harías
—Eleanor cubrió sus ojos—.
El tipo a quien tuvimos que ordenarlos no
hablaba español. Son en realidad los
sobrantes de una convención de Budweiser.
Kerry puso su mano sobre
su boca y casi se convulsionó de risa,
al mismo tiempo que todos los demás.
Incluso Dar se turbó, guardó
su rana en el cinturón de cuero alrededor
de su cintura y dio un codazo a Eleanor.
—¿Se los
ordenan todos los años? Seguro los
escupieron a todos el ultimo año hasta
dejarlos resplandecientes de saliva.
—Hey, ¡mi
primo hizo ésos! —José
objetó.
—Imagínate
—Dar giró los ojos—. Estoy
sorprendida de que *arroz con pollo* no viniera
escupiendo.
Consiguieron bebidas
en la barra, luego pasearon alrededor para
encontrar sus mesas. Dar localizó la
suya sin dificultad, y se sentó en
su lugar, observando el lugar marcado para
Kerry justo a su lado.
—¿Ningún
buffet este año?
—¡No! —José
les había seguido, sentándose
en la mesa justo al lado de la suya—.
Así hacemos las cosas en Ventas. Nos
sentamos, y dejamos que vengan a nosotros.
Dar giró la cabeza
y le dio una mirada.
—Tú pagas,
Sr. Pastalito.
—Dame otro año
como este otra vez, y los tendré llevando
todo a tu hacienda con guantes blancos —le
dijo José—. Tengo tantas ventas
llegando hasta por el tubo de escape del Mercedes
como para tener una nueva orden de contratos
para repartir.
Dar aceptó el
cumplido con una abierta sonrisa. Extendió
la palma de su mano hacia arriba, y después
de una breve pausa, José chocó
la suya con ella.
—*Gracias, señor*.
José asintió
con la cabeza.
—Peleamos como
animales, pero al final, es bueno.
—Hey —Kerry
captó la atención de Dar—.
Encontré algo que te gusta.
Tenía algo que
parecía ser una golosina en una manta.
Kerry se lo ofreció, y Dar lo tomó
de sus dedos prolijamente, mascándolo
con manifestado deleite.
—Lagranmadre de
todos los entremeses —la mujer de cabello
oscuro lamió sus labios—. Mm.
¿Hay más de donde vino eso?
Kerry acercó un
plato pequeño, y lo puso sobre la mesa
al mismo tiempo que dos jarros helados de
cerveza. Se sentó junto a Dar y colocó
sus tacones bajo ella, mirando cómo
la habitación empezaba a llenarse con
personas.
—Esto es bonito.
—Delicioso —Dar
estuvo de acuerdo, llevando rápidamente
otro bocado a su boca.
La banda empezó
a tocar. Kerry escuchó la música
por un momento, dejando los recuerdos del
año anterior reinar en su mente. Entonces
sonrió abiertamente.
—¿Hey Dar?
Dar se apoyó sobre
el brazo de su silla y dio una mirada totalmente
inapropiada a Kerry.
—¿Siiii?
—ronroneó—. ¿Qué
puedo hacer por ti, Kerrison?
Kerry sujetó su
mano.
—¿Bailas
conmigo?
Los ojos de Dar brillaron.
—Pensé que
te había dicho que soy muy mala para
bailar.
—Mientes —Kerry
movió sus dedos—. Vamos.
En un simple y grácil
movimiento, Dar se puso de pie y tomó
la mano de su pareja, caminando prolijamente
alrededor de la silla cuando Kerry se reunió
con ella.
—Esto va a ser
la portada del periódico de la empresa,
lo sabes —remarcó la mujer de
cabello oscuro, mientras caminaban juntas
hacia la pista de baile.
—Espero que tomen
una buena fotografía —respondió
Kerry.
Ya había algunas
parejas sobre la pista, pero tenían
suficiente espacio cuando se reunieron con
ellas. Dar puso sus brazos alrededor de Kerry
con la lenta música, y se acoplaron
al ritmo juntas.
—Ha sido un año
asombroso.
—Dicen que el primer
año es el más duro —Kerry
respondió, con una gran sonrisa—.
Cielos, ahora lo hemos logrado.
Dar descansó su
frente contra la de Kerry y miró dentro
de sus ojos.
—¿Sabes
una cosa?
Kerry miró alrededor,
aceptando el hormiguear de la emoción
cuando se dio cuenta de que a pesar de la
amigable atmósfera, serían el
centro de atención.
—¿Qué?
—La vida da muchas
vueltas —Dar la besó.
Ahí mismo, en
la pista de baile, en frente de cada persona
de la compañía que quisiera
mirar, Kerry estaba segura de estar rodando
ahora sobre la alfombra y probablemente a
medio camino de salida por la puerta. Besó
a Dar de regreso.
—También
te amo —cuchicheó—. Feliz
año nuevo.
***
—¿Cielo?
—Kerry miró el ocioso perfil
de Dar mientras se giraba para encontrarse
cara a cara con ella. La cena había
terminado, y mucho bailar y beber se había
consumado—. Creo que es mejor que conduzcas
a casa.
La cara de Dar se frunció
en una sonrisa.
—¿Demasiado
champagne? —adivinó, mirando
los ojos de Kerry entrecerrados.
—Demasiada cerveza
—Kerry agitó su cabeza, pero
le sonrió en reciprocidad—. Estoy
borracha.
—No puedes estarlo
—objetó su pareja—. No
te has colgado de los candelabros cantando
Dixie.
No, probablemente no
estaba borracha realmente, porque sus pensamientos
estaban tan lucidos como siempre. Kerry sólo
decidió quedarse donde estaba, su silla
colocada cerca de la de Dar y sus dolientes
pies estaban cubiertos por sus zapatos y guardados
debajo de ellos.
La carne asada había
sido excelente, había disfrutado la
papa horneada, y ella y Dar habían
cambiado cucharadas de mousse de chocolate.
Esta había sido una de las pocas veces
en que habían tenido una cena de "Convención"
y disfrutado de ella totalmente. Habían
bailado juntas varias veces, y considerándolo
todo, lo habían pasado muy bien hasta
ahora.
En una fiesta de la compañía.
¿Quién tendría que guiar?
Dar estaba hablando con
Duks sobre algunos de los proyectos para el
próximo año, pero Kerry se descubrió
estudiando algo en el curtido y musculoso
hombro de su pareja que tenía cerca.
Dar poseía una suave y bonita piel,
tersa, con sólo algunas dispersas pecas
distribuidas sobre ella.
Encantador.
Todavía estaban
en su periodo de vacaciones, decidió.
Aunque les había pasado mucho en una
semana, no le había parecido suficientemente
largo ahora que estaba terminado. El último
día a bordo del bote se había
encontrado deseando que fuera solamente el
primer día afuera, sin importar cuántos
problemas habían tenido en él.
Tal vez fue la cena a
la luz de las velas a la que Dar la había
invitado, ahí sobre cubierta, con una
langosta recién atrapada y una botella
de vino, sólo ellas y las estrellas
y la música del mar.
—¿Ker?
Kerry apoyó su
puño contra el brazo de la silla y
apoyó su barbilla en éste.
—¿Hm?
—¿Tienes
ganas de ir a casa? —Dar preguntó,
con una voz baja—. Ya he socializado
lo suficiente.
—¿Estás
leyendo mi mente otra vez?
Dar se río entre
dientes.
—Vamos. Digamos
nuestros adioses —se apoyó en
la mesa y se enderezó—. Bien,
damas y caballeros, ha sido divertido.
—Sí, lo
ha sido —Mari estuvo de acuerdo, con
una sonrisa—. Es tiempo para mí
de irme también. Empiezo temprano mañana.
Un quejido pasó
alrededor del grupo.
—Eso es verdad
—dijo Duks—. Mañana empezamos
la tortura de clasificación.
Dar se puso de pie, y
el resto de la mesa lo hizo también,
empujando sus sillas hacia atrás y
diciendo despedidas conforme bordeaban a través
de la multitud que todavía se divertía
e iba hacia la puerta. Cuando ella cruzó
la habitación, sus ojos capturaron
la mirada de las personas que pasaban, reconociendo
por una de las primeras veces, desde que había
empezado a trabajar en la compañía,
que había más expresiones amigables
en comparación con las que no lo eran.
Sintió a Kerry
estrechar su mano y sujetarla firmemente,
un vistazo mostró que la mujer rubia
lo había hecho inconscientemente. Dar
dobló sus dedos alrededor de los de
su pareja, frotando su pulgar contra los nudillos
de Kerry. Estaba consciente de qué
precioso era, aquí era la notoria bruja
de hielo paseando por el salón de baile
tomándose de las manos después
de todo, pero no le había importando
lo que otras personas pensaran de ella y Kerry.
De lo que se preocupaba
era sobre lo que Kerry y ella pensaran una
de la otra. Dio a Kerry un apretón
de mano, y la sintió acercarse más
y devolver el gesto al juntar hombro con hombro.
Se detuvieron en el guardarropa y presionaron
con urgencia al servicio de los abrigos, reclamando
su cuero, después caminaron hacia afuera
cruzando el ahora patio vacío.
—Brr —Kerry
exhaló, mirando la niebla de su aliento—.
Necesito más anticongelante, supongo.
Dar abrió y cerró
sus ojos ante el aire seco, frunciendo el
ceño un poco al levantar el cuello
de su chaqueta.
—Sí. Esto
es ridículo —observó a
Kerry echar nubes más pequeñas
mientras esperaban su turno en el puesto del
servicio de estacionamiento—. Quieres
que nos detengamos por un… um…
Ojos verdes le echaron
una ojeada desde debajo de unas largas y rubias
pestañas.
—Calma Dixiecup,
la última cosa que necesito es más
alcohol.
—Taza del café
—Dar se corrigió, con una sonrisa—.
Esas cosas que tenían ahí no
eran dignas de beber.
Kerry lo consideró.
—Sí —decidió—.
Escoge algún sitio bonito.
—¿Tienes
tu boleto?
La mujer rubia ofreció
su bolsillo a Dar, sofocando un gemido cuando
la mujer más alta deslizó una
mano dentro y capturó el talón
de estacionamiento. Entonces se apoyó
contra la conveniente calidez de Dar, de forma
afectuosa y tenaz mientras esperaban por el
automóvil.
Su teléfono celular
sonó en cuanto entraron en él.
Esperó a que el hombre del servicio
cerrara su puerta antes de responder, echando
un vistazo al identificador y abrió
el flip.
—Hey, Angie.
—Feliz año
nuevo, hermanita —Ángela
respondió, con una risa ahogada—.
¿Dónde estás?
—En el automóvil
—Kerry se reclinó mientras Dar
ajustaba el asiento del conductor a su anterior
posición antes de que pusiera el vehículo
en camino—. Sólo estamos dejando
nuestra fiesta de la compañía.
¿Qué hay de ti?
—Toda la familia
está aquí en casa —dijo
Angie—. Lo usual, ya sabes.
—Mmhm. ¿Cómo
está mamá?
—Mejor
—su hermana respondió—.
Va a tomar el asiento de papá.
Las cejas de Kerry se
alzaron.
—¿De verdad?
—Sí,
en serio. Se ha puesto un poco difícil
por aquí. Pero pienso que estará
bien —dijo Angie—. Espera.
—Mi madre tomó
el asiento de papá en el senado —Kerry
informó a Dar, mientras escuchaba sonidos
amortiguados por el teléfono.
—Hm —Dar
salió de la zona de estacionamiento
del hotel y se dirigió al este.
—¡Hey,
hermanita! —una voz diferente vino
de la línea.
—Hey, Mike —Kerry
sonrió en reflejo—. ¿Cómo
estás?
—¡Tengo
una novia!
—¿Una más?
—su hermana rió—. Eso fue
rápido —aventó sus zapatos
otra vez, y movió los dedos de sus
pies, agradecida del calor dentro del Lexus—.
Espero que esta última dure más
que el resto de ellas.
—Bueno, no
soy monogámico como tú
—admitió su hermano—. Pero
veremos. Como sea, feliz año nuevo
hermanita. ¡Diviértete!
—Gracias, tú
también. Dile a todos que les mando
un saludo —respondió Kerry.
—Lo haré.
¡Adiós!
Kerry plegó el
teléfono y lo guardó.
—Eso es tan raro
—dijo, después de un momento
de silencio.
—¿Lo de
tu madre?
—Sí.
Ambas quedaron en silencio
por un breve momento, mientras Dar navegaba
por las calles atascadas de tráfico.
Entonces, cuando estaban a punto de dirigirse
hacia Biscayne Boulevard, Kerry apuntó
a su pareja repentinamente.
—Sabes, Dar, ahora
que yo…
—Tal vez, sólo
debamos… —Dar habló al
mismo tiempo.
Se miraron una a otra.
—El sofá,
pijamas, chocolate caliente, nosotras —Kerry
sugirió brevemente.
—Viendo caer la
bola en la pantalla grande —Dar concluyó—.
Sí —giró hábilmente
el automóvil en una gran U, y fue hacia
la calzada—. Mucho mejor plan.
Kerry movió los
dedos de sus pies otra vez con satisfacción.
***
Media hora después
estaban desvestidas y yacían juntas
sobre el sofá, acurrucadas en una confortable
frazada cubriendo sus cuerpos.
—Jesús —Kerry
examinó su manga—. No he usado
esto desde que estaba en la universidad, allá
en casa.
—Te ves adorable
en ellos —le aseguró Dar—.
¿O no es así, Chino?
La Labrador levantó
su cabeza y paró las orejas.
—Growf.
—¿Ves? —Dar
rió sutilmente.
—Parezco una Dorky
de preparatoria en ellos —corrigió
la mujer rubia—. Mira… Incluso
son de tartán.
—Mejor eso que
un duende demasiado grande —Dar dobló
el dobladillo de su Navideña camisa
de dormir de franela verde—. Pudo haber
incluido un sombrero de borla.
Kerry puso su cabeza
sobre el brazo forrado del sofá, relajándose
en su cómoda superficie cuando Dar
la envolvió con un brazo alrededor
de su cintura y la jaló más
cerca. El Times Square se mostraba esplendorosamente
repleto de gente frenética, y la idea
más importante en la mente de Kerry
era de completo alivio porque no estaba ahí.
—¿Alguna
vez hiciste eso? —preguntó Dar,
pasando ociosamente sus dedos a través
del cabello de Kerry.
—¿Estar
en el Times Square? —Kerry preguntó—.
Sí —miró la pantalla—.
El año antes de ir a la universidad.
Toda la familia estaba en Nueva York para
alguna cosa política o algo así.
Evadí una reunión y fui ahí.
—¿Y?
Kerry estuvo en silencio
por un momento.
—Y era increíble
cuán sola podías sentirte entre
una multitud como esa —colocó
su mano sobre el muslo de Dar—. Me quedo
con esta vista en todo momento.
Dar la besó en
la curva de su cuello, luego repitió
el acto sobre sus labios cuando Kerry giró
su cabeza.
—¿Y qué
hay acerca de esta vista?
Kerry miró fijamente
dentro de esos ojos azules.
—Al diablo con
la Gran Manzana —dio la espalda a la
televisión y se permitió gozar
de una festividad mucho más de su agrado.
La bola cayó,
los fuegos artificiales explotaron, y Dick
Clark aclamó, todo en vano, perdiendo
importancia ante una celebración tan
antigua como el tiempo mismo.
—¡Feliz año
nuevo, a todos!
FIN
:: ANTERIOR ::
:: ARRIBA :: ::
SIGUIENTE ::
|