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Uber » Complice nocturna » 01
Renuncias: ¿Qué podría decirles en esta parte?… Mmm… digamos que no renuncio a nada, otra vez… es ¡Mía! ¡Mía!… Je, je… creo que exagero un poquito, ¿no creen? Aunque si no me creen pueden pasar por derechos de autor… Eyy… que yo la escribí y todo. Ahhh… pero sino les gusta entonces no crean lo anterior… ¡Yo no la escribí!… Ja, ja, ja… Nahh… hay que aceptar que algunos no nacen para escritores, y yo no soy la excepción. En fin, ya me dirán ustedes.
Advertencia:
Nada para exaltarse, porque el amor sigue presente. Sin embargo, diría que depende de nosotros mismos el aceptar las formas en la que se presenta el amor sincero.
Agradecimiento: Como siempre, a mi loca inspiración; a la porqueriza que tengo como computadora, aunque me tenía en rabietas cuando se le ocurría apagarse sola… ¬¬. A esta página por dejar que publique las locuras que escribo ¡Muchas, muchas gracias!… Y por supuesto a ustedes por leerla.
Dedicatoria 1: A ti, que aunque ya no estás, no dejare de decirte: Lo siento.
Dedicatoria 2:
A aquellas personas que aunque ya no están no dejaran de formar parte muy importante en nuestra vida. Y a ti por permitirme serlo de la tuya.
Algún comentario, ya sabéis donde encontrarme: anhankt@yahoo.es
Sin más… Espero les guste. Disfruten de la lectura.
:: COMPLICE NOCTURNA
::
Por
Alphard
Las manecillas de mi reloj marcaban las diez. Me di cuenta de que ya había pasado casi media hora desde la llamada, y seguía sin entender lo inesperada y desesperada de la reunión. Sólo me había llamado y dicho que quería verme y que necesitaba que la acompañará a algún lugar. En realidad no tenía muchas ganas de salir, pero su insistencia me hizo desistir de la mía, así que decidí acompañarla. Apenas le di el sí, sólo me dijo que me diera prisa y que me esperaba en su apartamento, después de eso colgó impidiéndome comenzar con el interrogatorio.
Al llegar a su apartamento, iba a pasarle la voz por el intercomunicador, pero apenas pulse el botón me dijo que ya bajaba. Concluí que ya sabía de mi llegada. Así que espere a que bajara; mientras lo hacía decidí darle una pequeña mirada a mi atuendo en los cristales de la puerta del edificio, y sin querer mis ojos se posaron en el colgante que prendía de mi collar, era una especie de reliquia propia que me había empeñado en conseguir cuando tenía apenas trece años; la primera vez que lo vi fue como si me llamara, estaba tan sola que me invadió una especie de nostalgia sin explicación alguna, así que lo compré. El dueño me dijo que era una joya única la que me llevaba y que tenía mucha suerte, desde ese momento siempre la llevaba conmigo. Tenía una forma muy especial y su color era de un verde cristalino, y que no decir de su nombre que tan solo recordarlo volteé y alcé mi vista al cielo nocturno, y me di cuenta de lo hermosa que estaba. No sé por qué di un pequeño suspiro al ver al satélite natural de la tierra que se disputaba el resplandor con los faroles de las calles. Me encontré tan hipnotizada por su hermoso color que en ese instante le noté unos rasgos verdes trasparentes muy interesantes. Pero mi ofuscación fue disipada por el repentino golpe de las puertas a mi espalda, abriéndose.
—Hasta que llegaste. Vamos que se nos hace tarde.
—¿Me estás regañando por llegar tarde?, te recuerdo que hace tan solo media hora me acababas de invitar.
—Lo siento, es que quiero llegar a tiempo, ¿dónde está el taxi?
—No lo sé. Si has pedido alguno aún no ha llegado.
—El tuyo.
—¿El mío?, lo despache. Pensé que iríamos en tu auto.
—No. No enciende, se le antojo fallar justo cuando más lo necesito.
—Si lo hubiera sabido le hubiera dicho que esperará.
—Ni modo, tendremos que ir a conseguir uno.
—Sería mejor si llamamos al servicio.
—Tardaremos más si lo esperamos; además mi celular se quedó sin batería y no tengo ánimos de volver al apartamento.
—Entonces tendremos que ir por uno.
—¿Tu celular se quedó en tu apartamento, verdad?
—Sí, con el apuro se me quedo en casa. ¿Cómo lo sabes?
—Porque te estuve llamando y no contestabas. Maldición todo esta saliendo mal, y pensé que la semana ya lo había sido.
—¿Por qué dices eso?
—Creí que todo iba mejorando cuando aceptaste acompañarme, ya que no sé por qué todas estaban repentinamente ocupadas; en si, lo único que faltaba era llegar a la fiesta y listo.
—¿De que hablas? ¿Me pareció o entre tus palabras escuche, reserva?
—¿Reserva?
—Lo que me faltaba. Será mejor que comiences con las explicaciones.
—¿Qué explicaciones?
—Creo que puedo olvidar lo de reserva, pero no descartar la explicación sobre el apuro de llegar a esa fiesta, así que comienza.
—Ehmmm… necesitas diversión y yo también. Ha sido muy ajetreada esta semana como para desaprovechar la oportunidad que tenía de ir, y pues decidí invitarte porque eres mi mejor amiga. Además, hace tiempo que no nos hemos visto… ¿Qué?… ¿Por qué me miras así?, ¿Ahora resulta que no puedo invitar a mi mejor amiga a una fiesta sin que la mejor razón sea, diversión?
—¿Bromeas, verdad?, porque déjame decirte que eres muy mala para eso.
—Hey espera un momento, Di… Diana, por favor…
—¿Por qué?
—Por qué… ¿Qué?
—¿Por qué insistes tanto en ir a esa fiesta?
—Pues… por que quiero ir.
—Entonces ve y diviértete, que yo tengo cosas que hacer, además que yo sepa nunca te ha importado ir a una fiesta sola.
—Ah vamos, no seas así. Necesito que vengas conmigo.
—¿Por qué la insistencia?
—Ay pero que preguntona… simplemente por que… es bueno que salgas, pasas todo el tiempo encerrada en esa oficina… ¿Qué?, ¿acaso no me crees?… solo quiero que te diviertas, aparte, quieres divertirte ¿sí o no?
Aquí pasaba algo muy extraño; lo bueno es que conocía a Kelly tan bien como para estar segura de eso, porque ella no sabía mentir y creo que necesitaba que se lo hicieran recordar.
—Vaya, ahora la que se quiere divertir soy yo. Kelly … eres muy mala para mentir.
—Ya, ya está bien… Carrie va ha estar ahí… y…
—Quieres darle celos ¿verdad?
Lo sabía, lo único que la llevaría a hacer tales cosas con desesperación era Carrie.
—Sí, la extraño mucho. He pensado en que si le causo celos yendo contigo eso quiere decir que aún me quiere y tal vez pueda convencerla de que regrese.
Y yo que creía que ya se habían reconciliado. Mmm… eso no era bueno. Kelly estaba más que enamorada de Carrie; la amaba de una manera que ni siquiera la misma Kelly entendería. Incluso había logrado percibir que Carrie sentía de la misma manera, pero se llegaban a perder en sus recelos que se olvidaban del perdón que resguardaba su amor para así evitar dañarse.
—Kelly, ustedes si que hacen una tormenta en un vaso de agua. ¿No crees que sea en vano que le intentes sacar celos?, por que ya lo es bastante contigo.
—No empieces. Me piensas ayudar ¿sí o no?
—No creo que vaya a creer que estás saliendo conmigo.
—¿Porqué no?, ella siempre ha tenido celos de ti.
—Sí, pero creí que ya había logrado aminorar sus celos. Por lo demás, yo creo que sería mucho peor si apareces así nada más con alguien, y más si es conmigo.
—No lo creo, ¿me ayudaras?
—¿En serio crees que la convencerás de regresar, dándole celos?
—Sé que suena ilógico, pero la conozco muy bien. Es un poco territorialista y eso me ayudará mucho.
—Mmm… Está bien, pero si resulta no se te ocurra dejarme sola ahí, sabes que no conozco a nadie, o por lo menos me avisas para no estar esperándote.
—Si, está bien, ahora vamos que ya es tarde.
Salimos de las inmediaciones del apartamento y llegamos a la autopista que bajaba a la avenida principal, con la esperanza de hallar algún vehículo que nos llevara. Para desgracia no era fácil conseguir un taxi a esas horas en esta parte de la ciudad. Sin embargo Kelly estaba decidida a encontrar uno a como diera lugar. Y si tendríamos que llegar a la susodicha fiesta a pie, no dudo que lo haríamos en caso de que no halláramos alguno por ningún lado.
Mientras caminábamos, pendientes en todo momento del transito ausente, percibí a Kelly sumida en sus pensamientos. Y sin llegar a pecar de petulante diría que estaba segura de que tipo de pensamientos cruzaban por la cabeza de mi querida acompañante de acera. Sabía que la ausencia de un vehículo en este momento no solo pasaba a ser uno de los problemas a los que tenía que enfrentarse, lo peor de todo sería el saber si llegaríamos o no a tiempo, y eso la estaba acabando por dentro, de eso no había duda.
—Kelly, ¿cómo sabes que va ha ir a esa fiesta?
En realidad no dudaba de las habilidades de mi amiga de conseguir cualquier información cuando la requería. Aun así, necesitaba sacarla un poco de tantos pensamientos.
—Jannise me dijo que iba a llevarla, para que se distrajera un rato.
—Ah.
Jannise era una de las tantas amigas de Carrie. No tengo mucho conocimiento de ella. En realidad lo único que sabía, por medio de la propia Kelly, era que tanto Jannise como Carrie habían tenido una pequeña historia, pero que por los casi obsesivos celos de ésta última habían terminado y quedado sólo como amigas. Y que eso de la amistad quedó más definido, cuando Carrie y Kelly se conocieron.
—¿Cuál es la dirección exacta de la fiesta?
—Es en la Av. Arlington.
—Está a casi una hora de aquí.
—Lo sé. Es por eso que preferí que vinieras directa a mi apartamento porque desde el tuyo tardaríamos mucho más.
—Siento lo del taxi.
—No te preocupes, no tienes la culpa.
—¿Por qué no me lo dijiste cuando me llamaste?, así hubiera mantenido al taxi aparcado.
—Porque no me había percatado de que el mío no encendía, hasta que bajé al estacionamiento para revisar el nivel de gasolina. Y además ¿a dónde te iba a avisar si tu celular estaba en no sé que parte de tu apartamento?
Detuve mi caminar ante tal interrogante. Y reclamé lo que era obvio. En tanto ella detuvo igualmente el suyo para mirarme.
—Oye casi me pones un cronometro para controlar mi llegada, estaba contra el tiempo. Es indudable que con el apuro se me haya olvidado.
—Mmm… Creo que mejor lo dejamos así, no hacemos nada discutiendo por asuntos que ya pasaron. Lo más importante ahora es conseguir algún vehículo a como de lugar.
Sus palabras amainaron mi molestia. Yo tampoco tenía ánimos para discutir.
—Si, tampoco quiero discutir por un taxi y mucho menos por un celular.
—Ja, eso si que sería estúpido. Discutir por tonterías como ésas.
Ella me sonrió y extendió su brazo para cerrar la discusión. Yo prosigo con las mismas acciones y el simple apretón se vuelve un abrazo muy fuerte. Cuando nos separamos, Kelly con un movimiento de su cabeza unida a sus palabras decidió seguir avanzando.
—Vamos que ya es muy tarde.
—Es mejor.
Cuando iniciamos nuevamente la marcha. Trato de buscar un auto detrás de nosotras y disimulo un poco para percatarme de la hora en mi reloj, al hacerlo pude confirmar que apenas eran las diez y veinte de la noche, y faltaba mucho para llegar a pesar del paso un poco acelerado que teníamos. Miré a la luna nuevamente y sin pensarlo le rogué que por favor nos ayudara esta noche. No pude evitar reírme — interiormente — de lo absurdo que era el pedir ayuda a la masa de tierra que domina los cielos nocturnos, como si fuera a ayudarnos a conseguir un simple taxi para movilizarnos y llegar a tiempo a la reconquista de un amor.
Bajé el mirar a mi colgante, lo tomé entre mi mano, y sin pensar se cruzo en mis ideas el “¿por qué no?” Las personas que estaban tan empapadas de los misterios mágicos de la luna, aseguraban su poder. No obstante su forma en luna llena la envolvía en un alo de misterio que hacía imposible no crear ni dejar de creer en su posible consocio con la magia que lo envolvía al amor. Así que le pedí a la luna en silencio, sin dejar de tomar el colgante y con la mirada perdida en el resplandor lunar, que con su resplandor iluminara e hiciera eterno al verdadero amor en los corazones de los que habían tenido la dicha de concebirlo dentro de sus propias almas, y que vivieran siempre juntos llenos de una eterna felicidad. Y que en el caso de Kelly y Carrie que se amaban profundamente y se pertenecían en alma y cuerpo, que su propio amor las llevé a perdonarse y evitar romper aquel lazo invisible que las unía en un verdadero amor, que tenía la facultad de traspasar vidas y eternidades.
En el mismo instante en que terminé de formular mi petición. Escucho la voz de Kelly gritar por un taxi. La veo casi colocarse en medio de la pista con los brazos extendidos sobre su cabeza, moviéndolos de un lado a otro para lograr detener al automóvil azul con el singular logo, que bajaba la autopista despreocupado hacia ella. Actúe rápidamente, empezando a correr y gritar su nombre.
—¡KELLY!
El chirrido que hizo el automóvil al detenerse, se expandió por toda la vacía avenida. Logré saltar sobre Kelly y llevarla conmigo lejos del peligro. El taxi freno justo en el mismo sitio donde Kelly había estado colocada.
—¿Estás bien?
—¿Se encuentran bien señoritas?
Las preguntas resonaron a unísono, haciendo que atienda al que formuló la segunda interrogante. Cuando lo hice, pude ver al taxista parado frente a nosotras, con el rostro pávido por la locura que había cometido la mujer que había salido de la nada y se había puesto en mitad de la autopista.
—Sí, gracias por detenerse.
—Sí gracias. Por favor, ¿puede llevarnos a la quinta en la Av. Arlington?
Las repentinas palabras de Kelly al levantarse de mi lado al igual que me ayudaba a ponerme en pie, fueron como un aviso de que mi petición había sido escuchada. Con el incidente de hacía minutos, se me había olvidado por completo el asunto de Carrie.
El conductor, con un poco más de color en su rostro, simplemente afirmó con un ligero movimiento de su cabeza y se dirigió al volante. Ambas hicimos lo mismo colocándonos en los asientos traseros. Y el auto empezó la marcha a la dichosa fiesta.
En tanto nos movilizábamos. Mi mirar se perdió en la luna que parecía ir junto a nosotras, como si fuera para culminar con su trabajo. Los nuevos reflejos verduscos que la envolvieron nuevamente en mi mirar me desconcentro tanto, que casi evitó que mis oídos captaran por completo el agradecimiento que ofrecía Kelly.
—¿Diana, me escuchas?… ¿Di?
—¿Qué?… ah, lo siento… ¿me decías?
—Quería agradecerte por haberme salvado, no sé qué me pasó, solo quería un taxi ya… y al verlo bajar la avenida solo cruzó por mi cabeza el detenerlo como sea.
—No te preocupes, para eso están las amigas. Solo no lo vuelvas a hacer ¿de acuerdo?
—De acuerdo. Gracias por acompañarme y ayudarme con todo esto.
—Olvídalo.
Ambas nos unimos en un fuerte abrazo. Después de unos minutos nos separamos y en nuestras miradas se posaron nuestras sonrisas. Su mano dio ligeros golpes en mi rodilla izquierda antes de alojarla en su muslo derecho y dirigir su mirar a la ventanilla.
Yo preferí mirar su perfil ausente en razonamientos. Cuando mi mirada se posó en sus manos pude observar que los dedos de la izquierda subían y bajaban uno tras otro, es así que percibí que Kelly estaba muy nerviosa a pesar de que su duro perfil acrecentaba la seguridad que poseía de sí misma. Sus manos la delataban y la locura que había cometido de querer detener un auto con su propio cuerpo revelaban su propia desesperación. Carrie la embobaba completamente, tanto así que su porte de mujer segura se hacía pedazos. Sin embargo, no se percibía a simple vista, salvo que la conocieran como yo la conozco. Pero a pesar de todo estaba segura de que ella sabría afrontar lo que estuviera por venir, su amor era su fuerza y yo iba a ser su apoyo en caso de que me necesitara. Y se lo hice saber colocando mi mano sobre la suya, deteniendo así el sube y baja que le producía su nerviosismo. Al hacerlo me miró rápidamente y al ver la sonrisa esbozada en mis labios no pudo evitar mostrar su agradecimiento con la propia. Nuestras manos dispusieron unirse en una sola hasta llegar a la fiesta. Así nuestros pensamientos nos perdieron en un devenir de inquietudes y recuerdos.
Y así fue. Su mirar volvió distante a la postura que había adquirido antes de recalcarle mi incondicional apoyo; regresando así a su faena de inquietudes propias de una novia desesperada por reconquistar al gran amor de su vida. Por otro lado, mi mirar dejo el perfil de mi amiga y se fijo, igualmente, ausente en los edificios andando rápidamente. Y sin poder evitarlo mis cavilaciones, si bien distintas a las de mi acompañante, me llevaron a recordar la primera vez que Kelly me habló de Carrie. Fue como si hubiera apreciado al mismo cielo en ella, no paraba de decirme lo hermosa que era, lo suave y brillante de su rubio cabello, entre otras tantas maravillas. En ese momento me di cuenta de que mi querida amiga estaba completamente enamorada, y lo asombroso era que se había enamorado tan solo en el momento en que sus ojos la percibieron. Podría asegurar que fue amor a primera vista, y eso que yo no creía en esto hasta que fui casi testigo prioritario de la magia del amor en mi querida amiga. Para mí eso del amor era simple propaganda barata inventada por la gente de marketing cinéfilo para poder vender las películas románticas. Por esa razón es que no me gustan ese tipo de películas.
Recuerdo el primer día que conocí a Carrie, fue por pura casualidad, podría decirse que hubiera sido un completo desastre si no fuera por la facultad que posee Kelly de controlar los arrebatos de celos y marcados territoriales que le dan a su novia. En sí, ese mismo día acordamos vernos en el restaurante al que siempre acostumbramos ir, para cenar y charlar un poco, ya que ambas logramos darnos un tiempo entre el trabajo y “supuestamente” Carrie. Para desgracia de Kelly yo llegué y la bese como siempre lo hacia, ya que era como una especie de saludo que teníamos; ambas no nos habíamos dado cuenta de su presencia hasta que por instinto detuve un tremendo golpe que venía directo a mi rostro. Se formó una gran pelea, fue muy difícil para Kelly el tratar de explicarle que éramos sólo amigas, así que optamos por dejar de saludarnos de esa forma, para evitar problemas. Incluso en ese mismo instante me di cuenta del nacimiento de unos celos muy bien marcados hacia mi persona por parte de Carrie, al parecer no creía ni por milésimas que entre ambas solo había una profunda amistad; no le cabía en la cabeza la idea de que nunca se había suscitado entre ambas una atracción que sobrepasará la amistad, y en realidad nunca la hubo, no negaré que Kelly es capaz de quitarle las proposiciones de celibato a un sacerdote con tan solo su azul mirar acompañada de una sencilla sonrisa, no, eso si no lo pondré en cuestión. Pero si soy capaz de decir que nuestra unión de amistad sobrepasa hasta la sanguínea, nuestra amistad venía de nuestra alma, así de pura, rebelde y fuerte era, que no cometía el pecado, en caso sea el de una simple atracción.
Fue este recuerdo el que me hizo dar cuenta del por qué de las repentinas ocupaciones de todas las chicas a las que había intentado convencer Kelly para que la acompañen; era muy obvió, cualquiera se hubiera negado si conocía a Carrie tan solo el primer día, y más si le salían con insinuaciones para con su “propiedad” que en este caso era Kelly. Eso siempre me molesto de Carrie, simplemente por ser su novia no quería decir que Kelly era de su propiedad. Pero igual, tenía conocimiento del profundo y verdadero amor que había entre ambas, y eso hacia que dejara pasar mi molestia en ese aspecto. Al parecer después de tantos rechazos a Kelly no le quedo de otra que buscar mi ayuda, aunque yo diría que corría mucho riesgo conmigo. Aun así no iba a dejar de ayudar a mi amiga.
Los razonamientos llegaron a su interrupción cuando la voz del taxista nos anunciaba la llegada y reclamaba su paga. Kelly soltó mi mano para poder buscar lo propio para el conductor, en tanto yo abría la portezuela para salir del taxi y dirigirme a la acera para unirme a Kelly que había salido igualmente del interior después de pagar.
Ambas nos quedamos mirando en silencio la puerta que se hallaba libre de vida móvil. Además, la ausencia de los sonidos característicos, que hicieran hincapié de que tras esa puerta se realizaba alguna fiesta. Eran desconcertantes. Tanto así que me puse a pensar si realmente la tal Jannise le había dicho la verdad sobre la supuesta fiesta, o acaso le estaba jugando una mala broma a mi querida amiga, porque se dio cuenta que aún seguía enamorada de Carrie. Claro que todo esto no tenía ningún sentido… ¿Qué ganaba Jannise dándole una información falsa?… Mmm… En realidad creo que mi preocupación por que todo funcionase me tenía imaginando estupideces. Era obvió que los sonidos y el gentío estuvieran ausentes, más si se trataba de una zona residencial. Los que acostumbraban a hacer algún tipo de festejo que llevaba a sobrepasar el volumen de entonaciones acústicas, recibían una repentina visita de uniformados, y no precisamente para formar parte de la bullida reunión sino para detener la molesta perturbación que causaban a los vecinos. Y si había alguna fiesta tras esa pulcra puerta, era signo de que las paredes de toda la casa estaban muy bien equipadas para evitar que algún sonido molesto, para los vecinos, saliera.
Mi fijación pasó a Kelly, que estaba inmóvil sin quitar la vista de la puerta. Suspiro ligeramente y la saco de su fijeza.
—Bien, ya estamos aquí.
—Sí.
—¿Estás lista?
—Sí.
—Vale, si eso es lo único que emiten tus cuerdas vocales, creo que es mejor que te enseñé más palabras porque con los monosílabos no vas a llegar a nada en una conversación con Carrie.
—No comiences.
—Vale, ya sabes otra, pero no creo que deberías decirle eso.
—Será mejor que entremos de una buena vez, porque si me quedo aquí más tiempo creo que cometería una locura.
—Vaya, pensé que ya las habías cometido.
—No. Eso es poco en comparación de lo que estoy dispuesta a hacer ahora.
—Ey… si crees que te tengo miedo estás muy equivocada… Ja… Ok mejor entramos. El águila real puede que emprenda vuelo.
—Que graciosa.
La ironía de sus palabras la pase por alto, porque en realidad me divertía sacándola de sus casillas. Me acerco más a la puerta para darle los perceptibles golpes. Solo espero que con la bulla camuflada tengan igualmente la suficiente inteligencia para colocar a alguien tras la entrada, porque sino no tengo ni idea de cómo vamos a entrar.
Tras los golpes a la madera, es abierta instantáneamente y bajo el dintel aparece un hombre fornido vestido totalmente de negro y con la mirada algo perdida, parecía incongruentemente narcotizado. Al verlo así mi mirar cambia a Kelly, quien miraba con la misma inseguridad al hombre. Estaba segura que en nuestra mente se formulaba la misma interrogante “¿estamos en el sitio correcto?”. Ante la incertidumbre decido tratar de disiparla, pero a mis oídos llegó la voz de Kelly.
—Buenas noches, por favor me podría decir si estamos en ¿la quinta de la Av. Arlington?
—Sí, todo esto es la quinta de Arlington.
—Ah, gracias… ehmmm… y me podría decir si sabe ¿cuál es el número de la familia Montana?
—Sí, esta es la casa de la familia. ¿Qué desea?
—Ah, que bien. Verá, me dieron estos y que al venir aquí los mostrará.
Kelly extrae del bolsillo de su pantalón dos pequeños billetes y se los extiende. Él los observa y nos mira; y nos indica con un movimiento de su cabeza que pasemos.
Al hacerlo pudimos ver la amplia estancia ausente de muchedumbre, al parecer el único que se hallaba era el impávido que nos abrió, que apenas dentro nos instruyó en la ubicación de la reunión.
—A la izquierda de frente por el pasillo, la última puerta de su derecha. La cierran después de entrar.
—Gracias.
Agradecimos a unísono e hicimos tal cual nos indicó. Cuando ya nos hallábamos frente a la nueva puerta, nuestras miradas se juntaron y confirmaron en ellos su firmeza. Tomo el pomo, lo giro y abro lentamente. Fue entonces cuando el bullicio palpó nuestros oídos con sutileza, hasta que ya con la puerta totalmente abierta, el resonante sonido inundando la sala inferior subía y retoca sin suavidad por toda la escalera hasta nuestros oídos. Entramos rápidamente y descendimos por las escaleras tras cerrar la puerta.
La pista de baile, las mesas y el bar se encontraban atestados de gente, tanto que si no fuera por el aire acondicionado todo sería un completo infierno. Intentamos buscar entre todo el gentío a Carrie, pero no la hallábamos por ningún lado; ya me estaba preocupando y que no decir de Kelly que en su rostro a pesar de la serenidad que trataba de mostrar, se reflejaban atisbos de desesperación. Temí que hubiéramos llegado tarde, y no la culparía si había decidido marcharse, cualquiera lo haría con tanto tumulto. Opté por tratar de calmar a Kelly; sin embargo yo misma, a parte de mi propia preocupación, tenía una sensación muy extraña que se había acrecentado al cruzar la puerta principal, pero igual tuve que acallarlas y concentrarme en ayudar a mi amiga.
—¿Estás segura que va ha venir?
—Sí. Jannise me dijo que la iba a traer, maldición seguramente ya se fueron.
—No creo, estás segura que esta es la dirección, quizás…
—Sí, esta es la dirección.
—No te preocupes, estoy segura que anda por allí. Aquí hay demasiada gente y está un poco oscuro como para poder encontrarla con facilidad.
—Arghh… Es imposible encontrarla con tanta gente.
—Bueno, yo ya regreso.
—¿Adónde vas?
—Al servicio de damas, ojalá lo halle ¿crees que haya uno por aquí?… ¿qué, no puedo ir?
—No sé, y claro que no, y ¿si Carrie viene mientras estás en el baño?
—Vamos Kelly no exageres, te juro que no tardo. Creo que sería bueno que nos dividiéramos, yo la busco por ese lado, ojalá encuentre el servicio por ahí. Y tú ve por el otro. Quién sabe si de repente la encuentro allí… después nos volvemos a reunir en el bar… ¿qué te parece?
—Está bien, ve. Creo que intentaré comunicarme con Jannise, va a ser más rápido.
—De todos modos nos encontramos en el bar.
—Sí, anda.
Mientras me dirigía al servicio me tropiezo con alguien, pero no le doy importancia. Tenía que concentrarme en buscar a la mujer de mi amiga y por desgracia no la hallé por mi lado. Por suerte lo que si hallé fue el servicio de señoras. Ya de regreso observo a Kelly hablando con alguien que al perecer es Carrie, dudo en acercarme pero al no observar ningún problema elijo esperar a una distancia prudente. De pronto la extraña sensación regresa a mí, tanto que invade todo mi cuerpo, es como si me estuvieran mirando muy detalladamente. Busco en todas direcciones al causante de tan inquietante sensación; el cual al parecer se percató, porque la sensación fue eliminada momentos después. Así que me concentro en mi amiga. En eso estaba cuando se me acerca un muchacho que por su aspecto desgreñado y con unos ojos negros inyectados de sangre, totalmente desorbitados, dictaba a todas luces que estaba drogado a más no poder.
—Hola preciosa… ¿bailas?
Cuando acercó su rostro a mi oído, su voz chillona y su aliento a alcohol ahondo mis fosas nasales y perturbo por completo mis sentidos, haciendo que casi perdiera el sentido. Cerré los ojos fuertemente y me concentré en salir de aquí lo más rápido posible. Me juré que si salía viva iba a matar a Kelly con mis propias manos por traerme.
—No, gracias.
—Vamos amorcito yo sé que quieres bailar.
Él me toma el brazo intentando forzarme, acercándome más a su horrible cara y repugnante aliento.
—¡Suéltame estúpido!
—Te ha dicho que la sueltes.
Una voz apenas audible por la bulla, llega a nuestros oídos. Veo como el hombre es arrancado de mi lado por quien había decidido ser mi salvador de entre tanta gente. Sin detenerme a agradecerle busco en el bar a la pareja, pero al no hallarla supuse que se habían marchado. Giro para ver a mi acosador y salvador, pero el primero me daba la espalada impidiéndome ver al segundo. Sin esperar ni un minuto más subí atropelladamente los escalones dejando atrás a todo cual existía en esa fiesta. En el pasillo me dieron ganas de expulsar lo poco que había consumido antes de venir para acá. Afortunadamente encontré una puerta que al parecer era un baño. Ya cuando el sonido del agua correr por el retrete desaparece, mis ojos se reflejan en el espejo y su verde da a notar su cansancio.
—Un momento… por los cielos creo que me estoy volviendo loca –. Cierro los ojos y agito mi cabeza antes de volver el mirar al espejo – Vaya… verdes, creo que debo salir de aquí.
Ya más aliviada emprendí mi marcha total. Me pareció mentira cuando por fin estaba fuera. Sin embargo tenía una ligera sensación de vacío, como si algo o a alguien hubiera dejado detrás. Estaba segura de que Kelly había abandonado la turbulenta estancia, era algo más, algo que omitía a mi amiga y que abandonaba ahí. Por otro lado, y aunque quisiera, ya no podía retroceder los pasos.
Alcé mi cabeza, cerré los ojos, inhalé y exhalé hondamente el aire limpio de la noche, dejando por momentos que éste vague por todo mi circuito motor; llegando a sentirme libre en tan excitante navegación. Al abrir los ojos, la luna me miraba majestuosa; le sonreí a mi cómplice amiga, y al hacerlo, nuevamente e inexplicablemente le noté al maravilloso satélite unas vislumbraciones verdosas. Sin saber ¿por qué? Sentí que esta noche iba a ser muy especial. Tomé entre mis manos el colgante y fue cuando la bendita y extraña sensación me vuelve a sorprender. A excepción de que esta vez, escucho una voz a mi espalda que más dictaba un arrullo.
—¿Quieres que te lleve?
Al darme la vuelta me doy con la sorpresa de que no había nadie a mi alrededor o eso creía yo, por que de la nada vuelvo a escuchar la extrañamente familiar voz.
—Eres muy linda, y una chica tan bella como tú no debería estar sola en un sitio como éste.
—¿Quién es?
—No tengas miedo, no pretendo hacerte daño. Sólo quiero ayudarte.
—No la necesito, gracias.
—¿En serio?
—Sí.
—Pues déjame decirte que no encontraras un taxi hasta las siete de la mañana, así que o entras a la fiesta o dejas que te lleve.
En ese momento quería matar con más ahínco a Kelly. Por otro lado. La fascinante voz no me causaba mucho miedo, más bien completo con dulzura el vacío repentino dentro de mí. Lo peor era que ni siquiera daba con la imagen de dicha voz ni mucho menos veía el coche en el cual pretendía llevarme. Aún así, tampoco tenía ganas de regresar a esa fiesta así que en vez de estar hablando con las sombras decido caminar. Era lo único que me quedaba.
—Prefiero caminar, gracias.
Cuando emprendí el viaje trato de no mirar hacia atrás, al llegar a una esquina decido cruzar no sin antes mirar a ambos lados de la pista, para poder cruzar; me sentía algo estúpida por que en realidad la maldita calle estaba más vacía. En eso estaba cuando escucho una sofocada risa, la que me hace voltear rápidamente para darme con la sorpresa de que ella se encontraba detrás de mí. Me asusto un poco el verla, ya que su caminar fue tan imperceptible que no la había oído.
—¿Puedes dejar de reírte?
—Perdona, pero no crees qué está de más que mires, porque las calles están vacías.
Eso me molesto un poco, aunque ella tenía razón. Al poder verla de cerca, me di cuenta de lo hermosa que era; el sonido de su risa fue tan contagiante que no tarde en imitarla. Tan simples pero bellas características seguían añadiéndose tan familiarmente a mí, sin saber ¿cómo? o ¿qué? era lo que estaban completando.
—Discúlpame pero no pude evitarlo.
—Descuida.
Sus ojos fijos en los míos se desvían a mi cuello. Y lo que seguidamente dijo me desconcertó un poco.
—Actias luna.
—¿Qué?
—Comúnmente conocida como Mariposa luna. Nunca había visto un modelo tan exacto, y mucho menos en una joya.
—Ahhh… Si, supuestamente es una joya única.
Sus manos, sin saber cómo, tomaron el colgante. El delicado roce hizo que mi piel se erizara por completo. Y mi pulso decidiera aumentar el galope, que tan sólo al ver las esmeraldas de sus ojos, había emprendido sin orden alguna la marcha.
—Vaya, por ambos lados completa la misma forma… Es hermoso como el azul y amarillo de sus anillos se conecta perfectamente con el claro verde de sus alas. Es como si tuvieras a la misma mariposa posada en tu cuello.
Después de admirar lo que colgaba de mi cuello. Posa sus ojos en los míos. Intento por todos los medios de evitar que se dé cuenta de lo agitada de mi respiración, y mucho menos del audible retumbar de mi corazón; que ya con esa marcha tan acelerada temía por un infarto.
—Discrepa con tus ojos. La luz lunar les da un brillo especial.
—Ehmmm… Gracias… supongo.
—Ja, ja, ja… disculpa mi atrevimiento. Hana Trelles, bióloga.
Sus palabras y la extendida de su brazo en saludo me confunden, evidenciados en la escasez de acciones y el aturdimiento de mi rostro.
—¿Eh?…
Ella sin dejar su acción aclara mi confusión.
—Hana, es mi nombre, y lo de bióloga lo dije por lo de la mariposa.
—Ahhh… Si, lo supuse, creo… ahmmm… mucho gusto. Diana Silveira.
Mi estupidez hizo que me dé golpes por dentro. El rostro de idiota que puse ante el desconcierto que me hizo su carrera después de su nombre, le dibujo la sonrisa más tierna que había visto en mi vida. Me encantó tanto que no pude evitar quedar más aferrada a ella. Cuando cerramos nuestro saludo con un apretón de manos, éstas no pretendían soltarse por nada del mundo, quedándonos mirando envueltas en un silencio total. En el momento en que vi mi reflejo en tan sublimes espejos, la claridad de las sensaciones llovieron como fugaces estrellas. Los latidos de su corazón eran tan palpables y audibles, tan similares al mío, que mi propio corazón une su galopar en uno solo. Una sensación de calor recorre todo mi cuerpo, pero lo especial era que no sofocaba sino más bien excitaba. Mi cabeza sin sentido comenzó a rememorar una distinta serie de nombres pero con uno en singular; escenarios irreconocibles y reconocibles a la vez; sentimientos encontrados de ira y dolor, pero colmados de una paz y amor al reflejarme e inundarme en el dulce verde de sus ojos. Todo me dio vueltas, como si con tan solo su mirada me embriagará y me llevará a un viaje del que no pretendía ni podía escapar. Y del cual nunca escape.
Hace un año ya desde aquel día. La eterna cómplice siempre que salé a gobernar sus terrenos nos envuelve con su magia, y nos recuerda a cada instante en el reflejo de dos miradas el eterno amor regalado en una primera mirada. Una clase de Amor que conocí en su mirada. Un amor a primera vista.
FIN
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