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Uber » El corazón de cristal » 02
:: EL CORAZÓN DE CRISTAL::
—No te preocupes por eso — Crystal agitó su mano despectivamente. La lata fue a sus labios otra vez para varios tragos más. —No me gustan las comidas familiares de cualquier manera. Me haré la desaparecida.— Se volteó de nuevo y abrió el refrigerador, tomando las otras tres latas de cerveza. —Mierda — maldijo suavemente, recordando que tenía pensado de camino a casa parar en algún súper para comprar mas cerveza. Recordó el poco dinero que traía en el bolsillo y se resignó a tomarse solo las tres cervezas esta noche. Pasó rozando a Laura y con rapidez subió las escaleras, encerrándose en su cuarto sin decir otra palabra a la escritora.
Laura revisó los cerrojos antes de apagar las luces de abajo y regresar a su cuarto. Molesta por la forma en que Crystal la ignoró, se encontró demasiado inspirada como para irse a dormir. Sentándose delante del ordenador otra vez, Laura cerró el programa del correo electrónico y abrió su procesador de palabras. Algunos segundos más tarde su historia más nueva apareció en la pantalla. Presionando su dedo en el botón bajar página, observó sus palabras pasar intermitentemente hasta que llegó al final. Entrelazando sus dedos, tronó sus nudillos y alcanzó el teclado. Volvió a leer las últimas frases para familiarizarse con lo que estaba ocurriendo dentro de la historia y comenzó a escribir de nuevo.
Diez minutos más tarde Laura estaba levantando su cabello fuera de la parte trasera de su cuello y gimiendo. —Deseo una brisa agradable esta noche.— Después de asegurarse que no hubiera periódicos que podrían salir volando. Se dirigió hacia la puerta corrediza de cristal y la abrió. Tenía una malla de tamaño normal para no dejar entrar a los insectos pero si dejaba entrar una brisa asombrosamente suave adentro. El perfume de un arbusto de lilas llegó a su nariz junto con algo más.
Laura dio un paso más hacia la puerta e inhaló otra vez. Oh genial, una drogadicta. Dirigiéndose hacia la puerta interna del dormitorio, la abrió y cruzó llegando a la puerta de Crystal y comenzó a tocar.
—¿Qué?— Sonó una voz molesta.
—Necesitamos hablar — la escritora contestó. Escuchó los sonidos de cajones abriéndose y cerrándose antes de que Crystal llegara a la puerta. Se abrió para revelar a la artista de striptease vestida con unos pants y una sudadera descolorida de algodón. El olor de marihuana estaba por todo el dormitorio de la joven y la nariz de Laura se arrugó con repugnancia. Los ojos de Crystal eran dos pequeñas rayas, luciendo extremadamente cansados de no ser por la sonrisa tonta en su cara. —No puedes estar haciendo esto aquí — dijo Laura firmemente.
—Lo que haga en mi cuarto es solo de mi maldita incumbencia. No soy una adicta a la droga y tampoco soy una distribuidora.—
—Aun así es ilegal — señaló Laura. —La policía... —
—La policía no se preocupará por la poca cantidad que tengo.— Crystal interrumpió a la mujer mayor. —Cálmate Laura, estas tan tensa que tal vez deberías fumar un poco. ¿Sabes?, te ayuda a calmarte un poco. Te hace menos pesada la vida.—
—No, gracias. No creo en la idea de contaminar mi cerebro con drogas ilegales.—
—Naa, ¿pero está bien joderlo con alcohol, verdad?— La artista de striptease negó con la cabeza. —Maldita hipócrita — respondió entre dientes mientras cerraba la puerta.
Laura se quedó en estado de choque, no creyendo lo que había oído. ¿Estoy tensa? ¿Solamente porque no quiero tomar drogas? —El alcohol es diferente, Crystal — gritó lo suficientemente fuerte para que se escuchara a través de la puerta cerrada.
—Como sea — vino la respuesta. —Si el olor te molesta, encenderé incienso ¿ok?—
—¿Por qué piensas que disfrazando el olor ya todo estará bien?— Laura preguntó.
—¿Qué te hace pensar que me importa lo que pienses?— Crystal respondió. —Ya te dije... prenderé un maldito incienso si te molesta el olor. Así que, confórmate con eso.— Laura escuchó el sonido de un cajón abriéndose y enseguida el de un encendedor prendiendo. Gruñendo por la frustración, la escritora regresó a su cuarto, cerrando la puerta con un fuerte golpe.
Laura cerró el ordenador, decidiendo que estaba demasiado exasperada para intentar escribir algo serio y no sintiendo deseos de dedicarse a su correo electrónico. Una vez que el ordenador fue cerrado, cruzó al otro lado hacia la puerta corrediza de cristal, disponiéndose a cerrarla por el resto de la noche. Percibió un aroma fuerte de incienso y frunció el ceño. Peter, voy a matarte juró silenciosamente mientras cerraba la puerta con un fuerte golpe.
Pasando el pasillo, Crystal estaba sentada sobre su cama, sus ojos clavados mirando una fotografía vieja en su mano. Mostraba a dos pequeñas posando delante de una casa rodante vieja. ¿Dónde estas, Paty? Preguntó silenciosamente, su dedo acariciando la foto familiar. Realmente me haces mucha falta ahora. Vació otra cerveza y tomó su pequeño porro. Dejando descansar la foto sobre su regazo, Crystal sujetó el porro en una mano y su encendedor en la otra. Inhaló profundamente, aspirando tanto humo como pudiera entrar en sus pulmones. Dejando salir posteriormente lentamente poco a poco el humo, su cabeza ya sintiendo los efectos del fuerte golpe. Poniendo el encendedor y el porro en la mesita de noche, Crystal colocó su cabeza de regreso en las almohadas y se quedó mirando fijamente el techo. Imágenes de su infancia pasaban en su mente... Dos hermanas, con el cabello mas rubio que el sol, paseando en bicicleta a través de las casas rodantes, riéndose y gozando de un día cálido de verano. Como siempre lo hacían, un recuerdo más oscuro vino a su mente. Crystal coléricamente se sentó de nuevo y alcanzó de nuevo su porro. De ninguna maldita manera voy a soportar otra vez eso esta noche, juró, prendió la marihuana e inhalo tan fuerte como podía. Reconoció el sentimiento que esos oscuros recuerdos le provocaban y desesperadamente evitaba no tener esas pesadillas por las noches. La droga hacia posible eso, llevándola a un lugar donde la cólera de su padre y su violencia no la podían alcanzar, donde nada tenía importancia excepto la paz temporal que le ofrecía la hierba mala. Pero algunas noches los recuerdos parecían rehusar a desaparecer ni ayudada por la droga y esta noche parecía ser una de ellas.
Recostada en la cama, una Crystal con tan solo 14 años de edad escuchaba los sollozos ahogados a través de la pared que separaba su cuarto del de su hermana mayor. Crystal lloraba por el desamparo que sentía, por la impotencia de no poder ayudar a Paty. Había intentado dos veces proteger a su hermana de su padre y en ambas ocasiones se había ganado una paliza tan severa que no le permitió asistir a la escuela durante días enteros. La última vez había sido apenas en menos de una semana y su ojo todavía lucía un enorme hematoma causado por su puño. Los gritos de Paty se hacían mas frecuentes, mezclados con los gruñidos carnales de su padre. Crystal enterró su cabeza en la almohada y lloró aun más fuerte, compartiendo el dolor que su hermana estaba sufriendo y temiendo que esta noche podría ser en la que su padre decidiera parar en su propia puerta.
Minutos más tarde escuchó un sonido ya conocido de su padre caminando a través del pasillo. Repentinamente los pasos se detuvieron fuera de su puerta. El corazón del Crystal comenzó a latir rápidamente por varios segundos, pero los pasos se siguieron de largo, deteniéndose en la puerta del dormitorio de su padre cerrando la puerta. El cuarto de baño separaba su cuarto del de sus padres, lo que hacía que el poder espiar a escondidas fuera imposible. Sin embargo, también facilitaba que las dos hermanas tuvieran sus conversaciones en privado.
Una vez que se aseguró que su padre no saldría de su cuarto, Crystal salió a hurtadillas de la cama y lentamente abrió su puerta. Miró con cuidado a través del pasillo hacia la puerta de su padre y entró sigilosamente en el cuarto de su hermana.
Paty yacía sobre su cama, estaba enrollada como una bolita sollozando impotentemente. Crystal trepó en la cama y abrazó a su hermana mayor. —De-de-deberías regresar a tu cama antes de que él te encuentre aquí—, Paty le advirtió.
—No, él no regresará — dijo, sujetando a su hermana más fuerte. —Necesitamos escaparnos.— Era una discusión que ellas tenían por lo menos una vez a la semana desde hacia pocos meses. —Por favor Paty, no podemos seguir viviendo así. Podemos irnos... a la ciudad o a algún otro lado.—
—No podemos, eres demasiado joven — Paty contestó. —La policía nos encontraría y estaríamos en peores problemas aunque si nos quedásemos aquí.—
—Pero él sigue lastimándote — la joven adolescente imploró. —Y ella no lo detendrá. Sé que ella escucha pero nunca hace nada.—
—¿Qué puede hacer ella, Crystal? Él solamente le pegaría otra vez y sería peor.—
Las hermanas se sentaron juntas en la cama por varios minutos antes de que Cristal hablara de nuevo.
—¿Cuántos años tenias cuándo él... ?— Dejó la pregunta sin terminar, no queriendo realmente poner un nombre a ese acto tan horrible. Paty vaciló por un momento antes de contestar.
—Quince.—
—¿Cuánto tiempo crees que él esperará para que venga después a por mí?— Crystal preguntó con voz tímida. —No puedo pasar por eso, Paty, yo simplemente no puedo.— Sorbió por su nariz y se secó las lágrimas. —Por favor.—
Hubo un silencio en el cuarto durante varios minutos antes de que la hermana mayor hablase. —Ve a tu cuarto y vacía tu mochila de la escuela. Mete ropa abrigada y ropa interior. Ponte tus zapatos de lona y un suéter grueso.— Paty se quedó parada un momento y después rápidamente abrió los cajones de su tocador. Escondiendo en la mochila un par de calcetines negros. Los desdobló para revelar un fajo pequeño de billetes en efectivo. —Espero poder terminar la escuela secundaria y conseguir un lugar para las dos después de que me gradué — susurró. —Iremos hacia el norte, a Berlín. Es una universidad en el pueblo. Podemos conseguir allí un lugar pequeño para escondernos hasta que decidamos qué hacer.—
A pesar de sus miedos y de que él se despertara de pronto descubriéndolas, las hermanas fueron capaces de escapar de la casa rodante sin ser atrapadas. Suponiendo que usar sus bicicletas sería demasiado obvio, se fueron a pie, pegadas por la orilla de la carretera entre las sombras hasta que llegaron al área del centro de la ciudad. Ambas chicas estaban cansadas pero ese sentimiento desaparecía solo por el miedo. Caminaron kilómetro tras kilómetro, hablando acerca de lo maravillosa que sería la vida una vez que lograran escapar.
La estación de autobuses estaba a una distancia de varios kilómetros y ya era cerca de la medianoche cuando por fin llegaron al lugar totalmente alumbrado. Paty hizo que Crystal se escondiera en un lugar oculto mientras ella entraba a comprar los boletos. Cuando vieron al autobús entrando para estacionarse, la chica de 14 años estaba segura en que ambas lo lograrían, conseguirían la libertad finalmente. Sintiéndose con confianza Crystal cruzó el estacionamiento iluminado en busca de su hermana. Encontró a Paty aproximándose orgullosamente mientras le mostraba los dos boletos para el viaje.
—Los conseguiste — dijo excitadamente. —¿Qué autobús es el nuestro?—
—Cálmate hermanita — Paty contestó. —Nuestro autobús no sale hasta la siete de la mañana. Estos autobuses ya están llenos para esta noche.—
—Pero... — El pensamiento de quedarse en la ciudad por otras siete horas cuando sabía que su padre las descubriría al no encontrarlas dentro de 5 horas no la hacia sentir nada bien. —¿Qué pasara con papá?—
—Con algo de suerte al bastardo le da un ataque al corazón mientras duerme — la Sheridan mayor contestó, sabiendo que su hermana compartía sus sentimientos. —Él no se enterará al menos hasta las cinco o cinco treinta si tenemos suerte. No hay remedio, se imaginará donde estamos antes de que nuestro autobús salga a las siete.—
Confiando en las palabras de su hermana mayor, Crystal se relajó y se dejó conducir hacia las sombras donde las chicas descansaron sobre la hierba fresca cerca de una barandilla. La joven adolescente se alegró de haber hecho caso a Paty cuando le dijo que llevara puesto un suéter pues la noche se estaba tornando un poco fría. La caminata había sido mas que suficiente como para agotar a los dos adolescentes que se quedaron dormidas en pocos minutos.
Crystal se despertó cuando sintió la luz del sol de la mañana y escuchó el sonido de la voz de su hermana. —¿Qué hora es?— Gruñó mientras se frotaba los ojos para despejar el sueño.
—Las seis. El autobús estará aquí dentro de una hora. No tengo mucho dinero pero pensé que podríamos comprar algo barato en ese restaurante para comer.—
Crystal estuvo de acuerdo, deseando más un baño que la comida. Por primera vez en años la chica estaba feliz, segura de que en una hora ellas dejarían la ciudad y junto con eso, el horror que les provocaba su padre.
Pero la libertad no llegó para Crystal. Faltaban diez minutos para las siete cuando decidieron dirigirse a la estación de autobuses. Recién habían salido del restaurante e iban cruzando la calle cuando Paty escuchó el sonido de frenos chirriando. Volteó para ver a su padre girando con fuerza las ruedas para después dirigirse en su dirección. —¡Es él!— gritó. Corriendo directamente hacia la estación de autobuses, pero vino a su mente lo que seguramente pasaría. Él fácilmente las alcanzaría y las sacaría del autobús. Así que solo tenían una oportunidad. Paty buscó en su bolsillo y sacó los dos boletos de autobús. —Toma.— Lo depositó en la mano de Crystal. —Tenemos que separarnos y al mismo tiempo lograr alcanzar el autobús. Él no puede perseguirnos a las dos al mismo tiempo y probablemente me seguirá a mi primero.— Comenzaron a correr lejos de la estación. A su padre se le estaba dificultando seguirlas debido al tráfico matutino. —Ve hasta la calle Central y ahí tomas el atajo para que puedas regresar a la calle Hudson. Saldrás justo enfrente de la estación yo tomaré este camino.—
Crystal asintió con la cabeza comprendiendo y de nuevo escucharon las llantas chillando agudamente y vieron a su padre dirigiéndose hacia ellas. Las hermanas se separaron, Paty corría a través de la calle repleta yendo hacia el norte mientras que Crystal dobló la esquina y fue rumbo al sur tal como su hermana le había dicho. Un terror absoluto llenó el corazón de la joven adolescente cuando vio que el coche cambiaba de dirección y la seguía a ella.
La joven adolescente no era muy hábil como para ganarle a un carro a toda velocidad. Sin embargo logró ganar algo de tiempo cuando corrió en dirección opuesta a como venía, obligándolo a detener el carro a la orilla y dar la vuelta, pero no fue suficiente. Sabía que nunca lograría llegar a la estación a tiempo. Pensó que su padre no tardaría en atraparla y entonces pensó en el boleto de autobús que traía en su bolsillo. Delataría el lugar hacia donde Paty iría. Cuando pasó corriendo junto a un bote de basura, Crystal tomó la decisión y arrojó dentro el boleto. En menos de una cuadra mas adelante la persecución se acabó. Su padre paró el coche encima de la acera, bloqueándole completamente el camino. Estaba sobre ella en segundos. Crystal gritó cuando la tomó por el cabello y la sacudió con fuerza hacia él.
—¿Dónde está?— Gritó.
—Y-yo no lo sé.—
—Estás mintiendo.— Fue castigada con una cachetada fuerte en la cara. —¿Dónde carajo se fue?—
Sabía que no había nada que pudiera hacer para evitar el castigo. Todo lo que podía hacer era lo único que nunca había podido hacer antes... proteger a su hermana mayor. —No lo sé — repitió.
—¡Estas mintiendo perra!— La abofeteó varias veces antes de hacerla entrar en el coche y cerrar de golpe la puerta y meterse detrás del volante. Al tiempo que se dirigían a casa, pasaron un autobús azul y gris rumbo a las afueras de la ciudad. Crystal miró por la ventanilla y vio una figura que la observaba. Las ventanas oscuras hacían difícil verla claramente, pero no había duda que la mano que estaba sobre el cristal era de Paty. Aprovechando una nueva oportunidad, Crystal imitó el gesto. El autobús cambió de dirección hacia la carretera, separando para siempre a las dos hermanas.
El padre de Crystal permaneció callado durante el camino a casa pero sus ojos oscurecidos miraban constantemente por el espejo retrovisor para dirigirle miradas mortíferas a su hija menor. La chica de 14 años intentó desesperadamente no llorar delante del hombre quien veía a las lágrimas como una debilidad, pero estaba totalmente aterrorizada por lo que él le haría una vez que estuvieran en la casa.
Crystal se revolcaba, murmurando incoherencias entre el sueño y la confusa realidad. —No... no papito, por favor para. Seré buena... — Las palabras dieron paso a los quejidos como si volviese a vivir la pesadilla de esa mañana once años atrás. —¡No papito, por favor... No!— Con un grito final, se asustó a sí misma despertando. Pasaron varios segundos antes de que se diese cuenta dónde estaba. —Carajo.— Buscó a tientas en la oscuridad la lámpara, luego buscó sus cigarrillos. Aun no encendía uno cuando escuchó un suave golpe en su puerta.
—¿Estás bien?—
—Si, estoy bien Laura. Fue solamente una pesadilla.—
—¿Estás segura?—
—Dije que estoy bien — Crystal contestó malhumoradamente. Miró el reloj y suspiró. Era muy tarde como para ir a un bar y las tiendas no tenían permitido vender cerveza después de la medianoche. —Perdón por despertarte.— Alcanzó su incienso y puso una vara nueva sobre al recipiente.
—Um... ¿Crystal?—
—¿Qué?—
—Si necesitas hablar... —
—No, gracias ya esta todo bien. Buenas noches. Ahora vete y déjame en paz.—
Laura vaciló por un momento antes de contestar. —Buenas noches entonces.— Regresó a su cuarto, su mente volvía a recordar lo que había escuchado. Abrió la puerta corrediza de cristal y en segundos entró el olor de incienso flotando a través del aire. Teniendo la intención de cerrar la puerta, la escritora trató de alcanzar la agarradera pero hizo una pausa y retiró su mano. No huele tan mal, pensó mientras volvía a inhalar el aire de nuevo. Huele a cerezas. Sabía que el incienso era para tapar el olor de la marihuana pero decidió dejarlo pasar por esta noche. Escuchó el terror en los gritos de Crystal y no tenía ninguna duda de que la joven mujer estaba muy afectada a pesar de decir lo contrario.
Laura no se sorprendió de no encontrar señales de vida de Crystal a la mañana siguiente. Dos veces durante la noche se había despertado por el sonido del inodoro, la última vez había sido cerca del amanecer.
—Creo que pasaré más tarde la aspiradora—, pensó mientras se dirigía a la cocina a preparar café.
Mientras esperaba a que el café estuviera listo, Laura fue arriba y quito las sabanas de su cama, recogiendo también la ropa sucia al mismo tiempo. Puso una carga en la lavadora en lo que el café estaba listo y bebió su primera taza entre los viajes por todo el apartamento vaciando papeleras y revisando que áreas necesitaban una buena limpieza.
Crystal bajo las escaleras dos horas más tarde, luciendo muy cansada. Oscuras ojeras rodeaban sus ojos y algunos cabellos rubios caían por su cara.
—El café huele bien— dijo ella.
—Buenos días. ¿Cómo amaneciste? — Laura le preguntó mientras tomaba su taza de café.
Crystal caminó hacia la alacena y sacó la primera taza grande que encontró. Aceptando la jarra de café que le ofrecía su compañera, esperó hasta que la taza estuviese llena antes de hablar. —Siento mucho lo de anoche—.
—Um … si necesitas hablar—
—No hay nada que hablar— la artista de striptease se encogió de hombros. Recogió el periódico y se dirigió rumbo a la terraza.—¿Ya lo has desocupado?—
—Tómalo—. Laura observó como su periódico sin leer fue rápidamente abierto y doblado de modo de que Crystal lo pudiera tomar con una mano mientras sorbía su café. Un cigarrillo fue pronto encendido, el viento sopló el humo dentro de la cocina. La escritora frunció el ceño y fue directo a cerrar la puerta de cristal corrediza.
—No te molestes, me moveré hacia allá— dijo Crystal mientras hacia su desorden a un lado a la orilla de la mesa. El cambio de posición hizo que el humo circulara hacia el lado del edificio en lugar de entrar a la cocina. Laura observó como una sonrisa salía de los labios de la stripper antes de ocultarla con la taza de café.
—Soy culpable de los cargos— Laura admitió, sentándose en la silla que recién había desocupado la otra mujer. Tomó un sorbo de su café antes de continuar—Es que simplemente no puedo soportar el humo en mi casa. A Bobby le a dado por fumar también pero a él tampoco lo dejo hacerlo dentro—.
—¿quién es Bobby, tu novio?—
Laura colocó la taza de café en la mesa y sonrió.— Um … no. Él es mi hermano menor. No tengo novio. ¿Y tú?— Laura no esperaba que le respondiera pero la sorprendió cuando Crystal negó con la cabeza.
—Nada de novios. Los hombres son unos cerdos—.
—Pues, no todos los hombres, Crystal. Peter y Michael son unos caballeros—.
—Peter y Michael son gay. No cuentan—.
—No sé por que les es tan difícil subir el asiento del inodoro. Una vez los chicos estuvieron por aquí y olvide revisar el asiento y al sentarme estaba todo húmedo—. Laura rió de su historia, esperando obtener una sonrisa de la joven mujer. En lugar de eso Crystal continúo mirando perdidamente su café, con su mirada totalmente lejana. La escritora sintió su estómago gruñir y recordó que aun no había comido—Creo que preparare unos huevos y pan tostado para el desayuno. ¿Te gustaría algo de desayunar?—.
—Naa—. Crystal se levantó abruptamente. —estoy a punto de salir de cualquier manera—.
—¿Vas a estar fuera todo el día?— Laura en secreto esperaba que ese fuera el caso. No quería tener a la maquina de humo, bebedora de cerveza stripper por aquí cuando su madre apareciera.
— Sip, no me gustan los convivios familiares. Diviértete—.
Laura acababa de acomodar su periódico y estaba a punto de comenzar a leer cuando escuchó el portazo de la puerta principal y palabras anti sonantes saliendo de la boca de su compañera de apartamento—¡ no puedo creer que el maldito coche no encienda otra vez joder!— Crystal lanzo coléricamente las llaves a través de la habitación.—No me importa lo que diga Rick, ese mecánico amigo suyo no sabe nada de coches—. Ella presionó sus manos contra la pared que separaba a la cocina de la sala de estar y finalmente miró a Laura.—supongo que no voy a ir a ninguna parte después de todo— ella suspiró.
—Michael es mecánico. Tal vez él le pueda echar un vistazo a tu coche—.
—Que suerte me cargo hoy verdad— la artista de striptease se quejó. Ella había esperado comprar algunas cervezas y reabastecer su suministro de marihuana.—Tratare de no molestar en tu reunión—.
—La TV de tu dormitorio tiene sistema de cable para que no te aburras— dijo Laura. Contenta de que Crystal no le pidiera prestado su Jeep.—¿Te puedo pedir un favor?— La artista de striptease la miró cuidadosamente.—¿Te importaría no fumar marihuana mientras mi hermano y mi madre están aquí?— Laura levantó sus manos para evitar la protesta que vio formarse en los labios de la rubia.—sé que lo que haces en tu cuarto es solo de tu incumbencia pero aun con el incienso, mi hermano de dieciocho años de edad sabrá lo que estás haciendo así tengas la puerta cerrada—.
Las palabras golpearon algo sin querer en la mente de Crystal que la transporto a un momento en donde su hermana gritaba a través de la pared que separaba sus dormitorios—¿Cuanto tiempo falta para que lleguen?—
—En cuatro horas—.
—Suficiente tiempo como para conseguir provisiones. Bien, ¿Dónde queda la licorería más cercana? —
— Martin's está sobre la cuarta avenida, como a kilometro y medio—. Se dio cuenta de las intenciones de Crystal y rogaba en silencio que la tienda le pareciera muy lejos. Aun no le agradaba la idea de que su familia pudiera conocer a la stripper pero sabia que sería incluso peor si el alcohol fuera añadido a la combinación.
Crystal golpeó sus nudillos en la parte superior—Debí suponerlo. ¿Cuál es la temperatura allí fuera ahora? ¿Treinta, treinta y cinco grados? — Laura estaba segura que estaba como en 28 grados pero no vio el caso de mencionarlo.—estaré en mi cuarto—. La stripper fue arriba, sacando los cigarrillos de su bolsillo durante el proceso.
—Bien. Quédate allí—, Laura pensó para sus adentros mientras observaba a la mujer temperamental subir las escaleras. Miró el reloj y gimió.—Es tiempo de ponerse en movimiento.—
Lo primero fue quitar todo el polvo de los muebles, después paso la aspiradora. Lo siguiente fue lavar y pulir las ventanas, Laura estaba enjuagando el trapeador en agua cuando el timbre de la puerta sonó. Abrió y encontró a Jenny parada allí, su cara escondida por la brillante caja envuelta en sus brazos. —Las otras partes están en el coche, — lanzó un resoplido agradeciendo que le echara una mano con su carga.
—¿Recuerdas que él conduce un coche compacto y no una mini furgoneta?—.
—Éstos son los que el hombre en la tienda dijo que eran aptos para el coche de Bobby— Jenny protestaba mientras sacaba el resto de las partes del sistema de audio de su coche.
—¿Le pediste al vendedor que te dijera cuáles comprar?— Laura preguntó incrédulamente.—Jen, tu debiste decidir que comprar.
—No empieces— la mujer de cabello castaño advirtió amablemente.—No todo lo que compro tiene que ser aprobado por la Revista del Consumidor*—.
—Pero... Ups—, Laura dejo de hablar cuando vio la mirada de desaprobación de Jenny.—¿lo estoy haciendo de nuevo, verdad?—
—Sip— la terapeuta afirmo.
— es bueno tenerte por aquí para que me señales todas mis pequeñas neurosis, — le dijo, aprovechando que la calle estaba vacía se inclino y dio un rápido beso a Jenny.—Y a propósito, Crystal está aquí—.
—¿Le advertiste sobre tu madre?—
Laura metió la mano en el coche y saco la última caja, golpeando la puerta con su cadera para cerrarla.— No. Se suponía que estaría fuera todo el día pero su coche se averió—.
—Debiste advertirle antes de que el General Patton* llegara— Jenny dijo mientras llegaban a la puerta.
—Mi madre no es tan mala—.
—¿No es tan mala? ¿Laura, recuerdas el Día de Acción de Gracias cuatro años atrás? ¿La única y última vez que me llevaste a la casa de tu madre?— Ella mantuvo la puerta abierta mientras entraba Laura.
—honestamente no pensé que ella estaba espiándonos—. Laura se sobresaltó ante el recuerdo de cuando su madre entró a la cocina y las encontró dándose un beso apasionado.
—Bien sabes que me culpó por corromperte.—
—Por supuesto que lo hiciste— Laura dijo con una sonrisa juguetona.—Después de todo, yo era una joven inocente antes de conocerte.—
—De cualquier forma no es realmente la mujer tranquila que recuerdo, Amor—. Jenny caminó hacia la alacena y tomo dos vasos—¿cuánto tiempo tenemos antes de que ella llegue?—
—Aproximadamente dos horas—. Dos horas para tener este lugar limpio y listo para la inspección, pensó Laura para sí misma mientras abría el refrigerador y sacaba la jarra de agua helada. Como hacia cada vez que su madre venia de visita, los nervios de Laura estaban al borde. Su padre y ambos abuelos habían sido de las Fuerzas Armadas y a su madre le toco ser la esposa de un oficial muy estricto. Había algo en su mente, un sentimiento que le hacia pensar que algo se le estaba escapando.... algo que su madre tal vez podría notar—¿se ve todo correctamente?—
—Laura… todo esta perfecto. Los cuadros están derechos, los platos ya están bien colocados, el mantel está bien puesto y planchado. Deja de preocuparte—.
—No lo puedo remediar— ella contestó, apoyándose contra el toque suave de Jenny en sus hombros.—Solo quiero que todo salga perfecto. Jen, prométeme que no empezaras con tus regaños. —
Las manos de Jenny masajeaban amablemente sus hombros.—Tu madre necesita vivir ya en los años noventa—.
Laura se volteo y deslizó sus brazos alrededor de los hombros de la mujer más baja.— Jen, no entiendes. El abuelito Matthews fue un Republicano inquebrantable y mi papá fue tan conservador como él. La idea de ver a su única hija en la cama con otra mujer no fue exactamente una píldora fácil de tragar—. Le dio una pequeña sonrisa. Los padres de Jenny eran las personas más liberales que jamás en su vida haya conocido y fue difícil para su ex-amante aceptar la intolerancia—¿por favor?—
—El cambio es bueno para el alma, y lo sabes— Jenny intento por ultima vez. Laura sabia que ella había ganado y besó a la mujer más pequeña en la frente.
—Has hablado como una verdadera terapeuta. Haré mi mayor esfuerzo para mantenerla alejada de ti—. Un pensamiento se le vino a la mente—Hablando de terapia— Camino hacia la puerta de cristal corrediza y la cerro.—quiero hablar contigo acerca de algo que ocurrió anoche—.
—¿Estas bien?— La preocupación de su ex-amante era evidente y Laura sonrió.
—Estoy bien, cariño. Crystal tuvo una pesadilla anoche—.
¿Hablaste con ella de eso?—
—lo intenté pero ella no quiso hablar—.
—Si ella no quiere hablar de eso, no puedes presionarla para que lo haga, Laura—.
—No la presione, pero tal vez tu puedas.... — Laura no termino de decir la frase pero Jenny no tuvo problema en comprenderla.
—¿Quieres que hable con ella? Lau, ella ni siquiera me conoce —.
—¿pero eso es lo que tú haces, o no?—
—Lo hago por separado y en grupo dando consejos a supervivientes de abuso sexual. No interpreto sueños—.
—Por lo que escuche, me dio la impresión de que eso le paso—. Ella fue bajando su voz, como si se tratase de un tema tabú—Ella gritaba a su padre para que parara y cosas así, en verdad creo que algo así le paso—.
—Oh—. Ahora Jenny entendía por que Laura había tocado el tema—¿Cómo se escuchaba ella cuándo hablo contigo después? ¿Estaba asustada, enojada, adormecida? —
—Ella no dijo mucho, simplemente que estaba bien—. Laura hizo una pausa, tratando de recordar más detalles. —Se escuchaba disgustada pero creo que realmente estaba molesta—.
—Podrían ser montones de cosas— dijo Jenny.—Intenta hablar con ella otra vez—. Miró alrededor de la habitación, viendo todo perfectamente organizado como siempre.—veo que no ha estado por aquí abajo tu compañera de apartamento del infierno—.
—Ella permanecerá en su dormitorio la mayor parte del tiempo—. Miró su reloj de pulsera y sus ojos se ampliaron.—Se está haciendo tarde. Necesito que busques algo que hacer mientras termino de limpiar el piso—. Laura esperaba la discusión usual de que el piso ya estaba lo suficientemente limpio pero Jenny simplemente cogió su vaso y se dirigió a la sala de estar.—y no olvides usar un posavasos para poner tu vaso— Laura le advirtió antes de volver a llenar el cubo de agua con jabón.
Los pulmones de Crystal inhalaron profundamente antes de colocar los restos del cigarro en el cenicero. Hacia un día bello y abrió la puerta de cristal para dejar que la brisa caliente se filtrarse a través de la habitación. Encima de su tocador, el incienso soltó el perfume de lavanda a todo lo largo del cuarto. No encontrando razón alguna de conocer a la familia de su compañera de apartamento, ella había decidido permanecer en su cuarto y quedar aislada todo el día. Escuchó el sonido apenas perceptible del timbre de la puerta seguido por sonidos de personas intercambiando bienvenidas y entablando conversación. —Oh dios, John Boy y el resto de los Waltons* han llegado—. Tenía pensado dejar de fumar antes de que la familia de Laura llegara, pero con cada fumada, su determinación se desvaneció. Removió una hoja del paquete del periódico y alcanzo el bolso del emparedado y su cada vez menor suministro de marihuana.
—No puedo creer que todo esto sea para mí.— Bobby dijo mientras miraba la mesa llena de regalos. Dio un paso delante de su hermana para recibir un enorme abrazo de Jenny.—¿cómo esta mi cuñada favorita?—
—Ex-cuñada— ella le recordó—No puedo creer qué alto te has puesto. Recuerdo cuándo solo me llegabas hasta aquí—. Jenny señalo con su mano al ras de su hombro para mostrarle.
—Crecí muchísimo en un año— él contestó. Mirando hacia arriba a la cara del muchacho, Jenny tuvo que admitir que era verdad. No solo en altura, Bobby había crecido también en musculatura, sus músculos se le marcaban debajo de la camisa blanca. Su cabello rubio corto hacía contraste con sus cejas cafés, haciéndole parecerse mucho a Robert Redford pero cuando era joven. Su cara tenia sólo un poco de acné. Ya no era el chico cubierto de granos de 14 años de edad que se interesaba más por el Nintendo que por las chicas.
—Pues aquí tienes, Grandullón— Jenny dijo cariñosamente.—Ve a ver el pastel que tu hermana compró para ti—. Agarrándolo de su brazo, lo empujó a la cocina, dejando solas a Laura y su madre.
—No me dijiste que ella estaría aquí— La Señora Taylor la reprendió.
—Jenny y yo aun somos amigas, Mamá— Laura dijo.—Solo que ya no somos amantes—
—Pues bien— su madre interrumpió, obviamente queriendo cambiar el tema.—Vas a tener que venir a casa para que ayudes a tu hermano a acomodar la computadora—.
—Lo haré, Mamá. ¿Tiene en su cuarto un enchufe para la línea telefónica para se pueda conectar a Internet? —
—¿Conectar?— La Señora Taylor frunció el ceño.—Pues tu sabes que yo no se nada sobre computadoras. Y si, él tiene teléfono en su cuarto. Con el número de chicas que le llaman a diario, me es imposible usarlo a mí de cualquier forma—.
—Hey Mamá, ven a ver mi pastel— Bobby la llamo emocionado. Laura y su madre entraron en la cocina.
—Eso luce bien— dijo la Señora Taylor.—¿Lo compraste en la Pastelería de Henderson? Marge Carmichael compró un pastel allí para la llegada de su hija Katherine. Era hermoso. Por supuesto eso fue poco antes de que Katherine se escapara con Billy McCormick —.
Laura no se molestó en contestar la pregunta de su madre, sabiendo que el lugar en donde compro el pastel había sido en otro lado. Aun así asintió con la cabeza en afirmación.—Uh huh—.
—La vi hace dos semanas en la reunión de VFW* y ella estaba muy callada en lo referente a su hija. Si me preguntas, pienso que ella está embarazada—. La Señora Taylor recorrió con la mirada a Jenny.—Pero eso es lo que ocurre cuando familias tienen baja moral, supongo—.
—O tal vez están huyendo de sus madres arrogantes— Jenny masculló muy bajo para que solo Bobby pudiera oír. El adolescente resoplo, haciendo una mueca graciosa a Jenny y una mueca curiosa a su madre.
—¿Estáis bien?—
—Solo me atragante un poco, Mamá— él contestó, intentando con dificultad para no reírse.
—Te he dicho que comas despacio. Ya hemos hablado de eso, —ella amonestó, sus dedos pasando distraídamente ligeramente un mueble en busca de polvo. Notando que no había, recompensó a su hija con un asentimiento de cabeza de manera aprobatoria.—¿Ves como tu hermana mantiene su casa limpia? No sé por qué tu no puedes mantener tu cuarto un poco decente—.
—Tengo demasiadas cosas en mi cuarto— él explicó.
—Tu padre nunca habría permitido tal desorden— su madre continuó— A él le gustaba usar un equipaje ligero, guardaba solo lo importante. Nunca sabíamos cuándo sería enviado para otra base y nosotros teníamos que mudarnos rápidamente—.
—Mamá, no nos hemos mudado desde que tenia tres años— dijo Bobby.—Aun tienes tapizado mi closet con tapiz de vaqueros—.
—Ese no es el punto, Bobby. Simplemente no existe ninguna razón para dejar que se haga desorden—.
Laura decidió que era hora de cambiar de tema.—¿mamá, has visto a la Señora Reynolds últimamente?—
—La vi justo la semana pasada en la Comisaria. Su hijo fue arrestado el año pasado por robar una casa, como sabrás—. Laura abrió su boca para hablar pero su madre no se detenía lo suficiente como para interrumpirla.—Intenté pasar desapercibida de ella pero tiene ojos de águila, tus sabes. Se la paso sonriendo mientras me contaba sobre su hija, Marcia. Ella se casó con un corredor de bolsa y tiene dos hijas ya—.
—Me alegro por ella—.
—La hija de Janice Crenshaw tuvo un niñito apenas la semana pasada—.
—No sabia que Susan se había casado— dijo Laura.
—No se casó. Ella estaba por irse con el hijo del Capitán Henry pero cuando el se entero que ella estaba embarazada, embarco a su hijo y lo mando a una sesión de entrenamiento en Arabia Saudita—.
—¿Por qué hizo eso? Siempre creí que Susan era una chica decente—.
—Si fuera una chica decente, ella no estaría embarazada— La Señora Taylor puntualizo.
—¿y por supuesto el muchacho no tuvo nada de culpa verdad?— Jenny preguntó en un tono mordaz. Laura le dio una mirada de advertencia pero era ya muy tarde. La Señora Taylor aprovechó la ocasión para dar su sermón.
—Hubo un tiempo cuando la mujer conservaba orgullosa su virginidad hasta el matrimonio—.
—Mamá— Laura trató pero su madre se rehusó a ser callada.
—No Laura. Es hora que alguien salga en defensa de la decencia—. dijo ella.—¿Estas jovencitas de ahora no les importa andar brincando de cama en cama y si se quedan embarazadas, que más da? Tu y tus amigas feministas habéis puesto clínicas de aborto en cada esquina—.
—¿Serían las mismas amigas feministas que hicieron posible que las mujeres pudieran tener propiedades y pudieran votar?— Jenny ignoró el rostro de advertencia que le daba Laura.
Laura rodeó con el brazo a Bobby y le dio un tirón.—Vamos, hermano. Vayamos a ver qué tan generosa fui con tu tarjeta de graduación—.
—Ah, el dinero. El regalo que siempre es bienvenido, — él dijo con una sonrisa.
—Espera un minuto— dijo su madre.—Tienes que abrir mi regalo primero o los regalos de tu hermana no tendrán ningún sentido—. La Señora Taylor ignoró el comentario de Jenny y se dirigió hacia su hijo para que abriese sus regalos.—Y Laura, espero que no lo mimes tanto dándole demasiado dinero—.
Las risas y voces llegaban hasta arriba, demasiado para molestia de Crystal. Ella se había dado por vencida con la televisión y las estaciones de radio fueron también una decepción. La poca cerveza la había hecho sentir cansada pero no quiso pasar todo el santo día durmiendo. —No, es mejor sentarme aquí encerrada en mi cuarto aislándome de todo eso—, ella pensó mientras alcanzaba su pequeño tubo y su encendedor. El sonido de alguien subiendo las escaleras la hicieron cambiar de opinión. La puerta del cuarto de Laura se abrió y se cerro, escuchando algunos segundos más tarde el sonido de la puerta corrediza abriéndose. Una mujer de cabellos castaño salió al balcón y apoyó sus brazos contra el riel. Era un día bello y brillante, Crystal había dejado sus cortinas abiertas, permitiéndole tener una vista del exterior. Por supuesto eso también significaba que cualquiera podía asomarse y poder verla.—Demonios, —¿por qué no había pensado en eso?— la stripper maldijo mentalmente. Era demasiado tarde para hacer cualquier cosa y para su mala suerte la mujer se dio vuelta y la miro.
—Hola—. Saludo Jenny.
—Hola— contestó Crystal.
—Soy Jenny, una de las amigas de Laura.—
— Crystal. Soy su compañera de apartamento—.
—Sí, ella te mencionó — El rostro de la terapeuta era cálido y amigable y la stripper se encontró dejando la comodidad de su cama y salió un momento hacia el balcón.
—Parece que todo mundo esta pasando un rato agradable— dijo Crystal mientras apoyaba su cadera contra el riel.
—Necesitaba descansar de su madre— dijo Jenny. —Así que, Laura me contó que eras una….. bailarina, ¿estoy en lo correcto?—
—Um … sí—. Metió la mano en el bolsillo de su blusa y saco sus cigarrillos y su encendedor. —¿eres escritora como ella?—
Jenny se rió entre dientes.—Temo que ese tipo de creatividad está más allá de mí. Laura es la de la imaginación. Yo soy terapeuta—.
—¿Una psiquiatra?—
—Bueno, no completamente—. Jen pensó acerca de lo que Laura le había contado sobre la pesadilla de Crystal—trabajo con personas que han sufrido violación y abuso sexual—
Crystal se volteó, mirando la cordillera de árboles que separaban el complejo del lago. —¿quieres decir que los haces hablar acerca de lo que les paso?—
—No los hago hablar sobre lo que les paso. Los dejo hablar de lo que ellos necesiten hablar— Con la cabeza de Crystal inclinada, el pelo rubio impidió a Jenny ver su cara.—Algunas veces las personas solo necesitan un lugar donde puedan ir y sentirse seguros de decir toda la verdad sobre lo que les paso.—
—¿Sí? ¿Y en que les ayuda eso a ellos? Eso no hace que lo que paso desaparezca—.
—No, no hace que desaparezca— dijo Jenny uniformemente. —Pero en muchos casos hablar acerca de lo que les paso y aprender a manejar las emociones que los afectan hace la diferencia entre vivir y solo existir—.
Crystal tiró su cigarrillo sobre el riel y agarro el tirador de la puerta.—Algunas veces es mejor solo existir, Doc— dijo antes de atravesar el umbral hacia su cuarto. Estaba cerrando la puerta pero quedo a medio camino obstruida por la mano de Jenny.
—Existir es la salida más fácil— dijo la terapeuta. —Se requiere coraje para superar lo que sucedió y recuperar el control—.
—No todo el mundo necesita de una terapia para lograr superarlo— Crystal gruño.
—Puede que no, pero ayuda—. Jenny soltó el agarre de la puesta y dio un paso atrás.—Eres bienvenida a bajar y unirte a nosotros—.
—No me gustan las cosas familiares. Gusto en conocerte—. Crystal cerró la puerta y tomo el cordón para cerrar las cortinas. Segundos más tarde escuchó a Jenny atravesar el cuarto de Laura y bajar las escaleras. —¿Para que carajos sirve una terapia? No va a cambiar lo que paso—. Se dejo caer en su cama y abrió el cajón de su mesa de noche. Recordó la petición de Laura de que no fumara marihuana mientras las personas estuvieran allí. Suspirando, cerró el cajón y le dio puñetazos a su almohada. Qué desperdicio de una buena tarde de sábado. Encerrada en mi propia habitación. Los recuerdos de los sábados en su infancia llegaron a su mente. Cerrando los ojos, Crystal recordó la época cuando ella y Paty pasaban las horas juntas, jugando o solamente charlando acerca de nada como todas las hermanas lo hacen. Inevitablemente, sin embargo, las escenas felices siempre se veían empañadas gracias a las borracheras de su padre.
—Doscientos dólares, todos los consulados son míos— Paty dijo, extendiendo su mano.
—¿Te puedo pagar hasta que pase por la embajada? De otra manera tengo que hipotecar Marruecos—.
—Te voy a decir una cosa. Te dejare pasar sin que me pagues, pero cuando yo caiga en uno de tus países tampoco te pagare —
—Trato— Crystal feliz, estuvo de acuerdo. —¿Tal vez podemos jugar alguna otra cosa después?—
—No creo que tengamos más tiempo. Él estará en casa pronto—.
¿Podemos ir a pasear en bicicleta?— La hermana menor preguntó esperanzadamente. Su cuerpo aun tenía magulladuras de la reciente paliza que le había dado su padre en la última borrachera. Era demasiado tarde, ambas se dieron cuenta cuándo escucharon el sonido de su coche estacionándose en el camino de acceso.
—Ya fue suficiente juego por hoy— Paty dijo mientras metía la caja de juegos debajo de la cama. Los juegos no se ganaban ni se perdían, era una regla que tenían. Cuando un juego era interrumpido por causa de él, era declarado un empate, no importa quien hubiera ganado.
—¿Cuándo fue la ultima vez que una de nosotras ganara un juego?— Crystal pregunto.
—No estoy segura pero sé que yo soy la que siempre gano— Paty sonrió abiertamente mientras salía del cuarto de Crystal y se metía en el de ella. Segundos mas tarde su padre entro en la casa, su fuerte voz llego hasta ellas.
— ¡Pero que leches os pasa!— rugió él. Crystal brinco debido al sonido de una silla lanzada a través de la cocina.—¿cuántas veces tengo que ordenarles que mantengan sus malditas bicicletas fuera del camino de acceso?— Haciéndose bolita, Crystal se lleno de terror en el momento en que lo escuchó subir las escaleras, sus pesados pasos se iban acercando cada vez más.
Crystal se levanto de pronto, buscando frenéticamente alrededor al violento hombre que se acercaba para golpearla. —Malditos sueños—. Ella encendió un cigarrillo y se apoyo contra el cabecero. —¿Puedes hacer que desaparezcan las pesadillas, Doc?—
* * *
Laura permaneció en el portal mientras veía las luces del coche de su hermano encenderse y salía de su estacionamiento—todo salió bien— dijo mientras cerraba la puerta.
—Ahora recuerdo por qué prefería quedarme a estudiar todas esas noches cuando tu querías ir a visitar a tu madre, — Jenny dijo mientras recogía una taza vacía y la llevaba a la cocina.—Es definitivamente una ventaja el tenerla viviendo a dos pueblos de distancia—
—Te juro que si hubiera escuchado por más tiempo como el Capitán hizo esto y lo otro y que tuvo sus amoríos cuando tenia 20 años o como a la Señora Goldstein le gusta el té de zarzamora con brandy, consideraría realmente la idea de cometer matricidio.—.
Jenny se rió y abrió el lavaplatos.—Bien, veamos si podemos lograr una salida más conveniente para que no cometas un delito capital. Pásame los platos, por favor—.
—Seguro. Oh, aquí hay una taza y una cuchara—. Laura entregó los platos, luego se apoyó contra el mueble mostrador.
—¿Y como va ese libro?— Jenny programo el tiempo del lavaplatos y siguió a su ex-amante a la sala de estar.
—Creo que he escrito cerca de 4 oraciones desde la última vez que me preguntaste— Laura suspiró mientras se sentaba sobre el sofá.—No sé que me pasa. Nunca había tenido un bloqueo así antes—.
Jenny puso su mano sobre el muslo de Laura.—Tal vez te estas presionando mucho. Tomate un descanso, date algunos días, luego regresa e inténtalo—.
—Ya probé eso, Jen. No trabaje en él—. Pasó sus dedos por su cabello oscuro. —Algunas veces pienso que no me queda una sola onza de energía creativa en mí—.
—¿Quieres que le eche un vistazo?—
—No— Laura contestó. —Te lo agradezco. Pero ya se me ocurrirá algo para resolverlo —. Laura escuchó un sonido y empezó a ver a Crystal bajando las escaleras. —Hola—. Un codazo sutil hizo que Jenny quitara su mano.
—Hola—. La rubia miró a Laura y luego a Jenny. —Pensé que todo el mundo se había ido ya. No me percaté que todavía tenias compañía—. Se volvió hacia las escaleras.
—El general Patton y Bobby se fueron hace unos minutos— dijo Jenny, poniéndose de pie yendo hacia donde Crystal estaba parada.—Solamente charlamos. ¿Por qué no te unes a nosotras?—
—Bueno, Yo...—
Laura gesticuló hacia la silla vacía.—Toma asiento. Debes de estar cansada de estar encerrada en ese cuarto todo el día—.
Crystal dudo, luego asintió la cabeza y se dirigió al asiento indicado.—¿Qué tan malo puede ser? Puedo ser sociable por algunos minutos—. pensó Crystal.
—¿Disfrutó tu hermano la fiesta?—
—Sí, mucho—.
—¿Tienes hermanos o hermanas, Crystal?— Jenny preguntó sentándose en el sofá.
—Tengo una hermana mayor—.
—Yo soy hija única— la mujer de cabello castaño contestó.—siempre pensé que tener una hermana hubiera sido genial—.
—Yo también— Laura estuvo de acuerdo.—Amo a Bobby muchísimo pero cuándo tenia dieciséis, tenia que cargar con mi hermano de seis años conmigo por la calle y era un verdadero obstáculo—.
—¿Cuánto os lleváis de edad tu hermana y tú?—
—Tres años y medio—.
—Oh, eso es genial— dijo Jenny.—Entonces vosotras dos os criasteis juntas.—
—Si— Crystal dijo quedamente, pensando en su querida hermana.
—¿Y tú eres la mayor o ella?—
—Paty es la mayor—.
Jenny notó la expresión triste en la cara de la rubia.—¿vive ella cerca de aquí?—
Crystal negó con la cabeza.—No. Ella se fue hace mucho tiempo. Perdimos contacto—. Metió la mano en su bolsillo de la blusa para sacar sus cigarrillos, luego recordó la regla de Laura y se conformo tomando una zanahoria de la bandeja.
—No puedo imaginar perder el contacto con Bobby— dijo Laura.—¿tuvisteis una pelea o algo?—
—Ella se escapó cuando yo tenia catorce años de edad. No la he visto y tampoco he sabido nada de ella desde entonces—. Las emociones se estaban formando dentro de Crystal y sintió que se le formaba un nudo en la garganta.—¿por dónde dijiste que estaba la licorera?— Ella le preguntó a Laura.
—Ve a la avenida principal y dobla a la derecha.—
—De hecho— dijo Jenny mientras se ponía de pie —tengo que irme ya y justo voy en esa dirección. ¿Quieres que te lleve?—
—Pensé que te quedarías esta noche— Laura dijo con una pregunta en su voz.
—Lo siento, cariño. Tengo que encontrarme con una cliente a primera hora por la mañana. Su violador fue liberado bajo libertad condicional y ella necesita apoyo moral antes de hablar ante el comité examinador—.Se puso de pie y tomo su bolso. Laura se levantó también.
—Bien. Te llamare la próxima semana—.
—Ok—.
* * *
Una vez fuera, Crystal encendió un cigarrillo, el humo gris formó una nube cerca de su cara.
—Eso es malo para tu salud, ¿sabias?—.
—Ya lo he escuchado antes— contestó, dando otra inhalación.—¿supongo que tu tampoco permites fumar en tu coche?—
—De hecho es un coche prestado mientras el mío está en la agencia pero yo siempre he encontrado que el cenicero hace una gran función para tirar toda esa ceniza—.
—Seguramente— Crystal susurro, aspirando tanto humo como podía para después lanzar el humo fuera.—¿Tú no eres una fanática de la salud como Laura?—
Jenny se rió y quito los seguros de las puertas del coche—No estoy tan obsesionada como ella. Yo disfruto de una buena hamburguesa y patatas—. Entraron al coche y con una vuelta de la llave el motor encendió. Hecho en reversa el coche y lo saco del estacionamiento, se dirigió calle abajo para tomar la curva hacia la avenida principal.—¿Y eres de por aquí?—
—Milton— Crystal contestó.—Esta a una hora por la carretera de peaje—.
—Sé dónde está. Es un pueblo industrial grande—.
—De grande no tiene nada, mejor dicho— la rubia dijo fieramente.—Milton es un pueblo insignificante lleno de personas insignificantes también—.
—¿Tu familia aun vive ahí?—
—No sabría decirlo, no he hablado con ellos desde que me mudé.—
Jenny asintió con la cabeza, nunca quitando la vista del camino.—¿cuántos años tenias cuando escapaste?—
El corazón de Crystal dio un brinco.—¿eres psíquica o algo por el estilo, Doc?—
—Te dije que soy terapeuta—. Bajó la velocidad del coche mientras se acercaban a un semáforo. —Soy perceptiva. Es una habilidad necesaria cuando tratas con personas que no son siempre abiertas con sus sentimientos—.
—¿Sí? ¿Y que más te dice tu percepción de mí?— Crystal se cruzó de brazos defensivamente.
Jenny la miró, y comenzó a avanzar de nuevo cuando el tráfico comenzó a moverse.—tu respuesta me dice que estoy en lo correcto acerca de que escapaste de tu casa—.
—Lo hice tan pronto como pude— dijo Crystal.—Un poco más de un año después que Paty—.
—¿De la casa que escapo tu hermana cuando tú tenias 14 años, escapaste tu después cuando tenias 15 años?—
—Ahí esta la percepción de nuevo— se asomo por la ventana, débilmente notando el anuncio de la licorería que comenzaba a verse a lo lejos.—Intente escapar con ella pero me atraparon. Lo intente tres veces mas antes de que tuviese éxito.—
—Debió haber sido muy difícil para ti tratar de escapar tantas veces—
—¿Aquí es donde me dices que todos mis problemas son debido a mi jodida y amargada infancia?—
Ella señaló la licorería.—No necesito terapia para saber eso— Crystal abrió la puerta antes de que el coche se hubiera parado por completo. —Gracias por el paseo, Doc—. Salió y cerró la puerta, sin darle oportunidad a Jenny de responder.
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