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:: EL CORAZÓN DE CRISTAL::

PARTE SEXTA

Crystal sonrió frente al estacionamiento del edificio. Una mirada rápida a su reloj de pulsera le indicó que tenía menos de cinco minutos para estacionarse y llegar hasta el consultorio de Jenny para su sesión. Después de aparcar el coche, cruzó a través de la puerta giratoria del edificio.

—Buenos días, Señorita Sheridan— Catherine dijo, mirando en la libreta de citas de Crystal—La Señorita Foster la atenderá en un momento—

Ella asintió y dio un leve gruñido de aceptación antes de tomar asiento en una de las sillas cercanas a la pared. Necesito más café, pensó para sus adentros, deseando haber dormido otros veinte minutos esta mañana. Por supuesto que tenía que aceptar una cita temprano debido a la regla de Jenny de no beber o fumar marihuana antes de la sesión. Supongo que no puedo quejarme. Ante el sonido de una puerta abriéndose, levantó la mirada y vio a Jenny.

—Buenos días, Crystal. ¿Comenzamos?—

—Siéntate donde quieras— dijo Jenny mientras cerraba la puerta detrás de ellas. Las elecciones de Crystal eran las mismas de la cita anterior, el sofá, la silla o las bolsas acojinadas. Sin pensarlo, escogió la silla, recogiendo sus piernas debajo de ella en el cojín grueso de piel—¿Y cómo estás esta mañana?— La terapeuta preguntó mientras tomaba asiento en el sofá, con un portapapeles en su regazo.

—Bien—, Crystal limpió sus manos sudorosas sobre sus piernas, sorprendida por el aumento de temperatura de su cuerpo. Era un sentimiento que ella no había experimentado desde que una vez fue llevada a la oficina del director en la escuela secundaria—Sólo necesito un poco de café, supongo—

—Adelante, toma el que quieras. Hay una cafetera sobre la mesa justo en aquella esquina— Dijo Jenny—Si lo prefieres, puedes traer una taza grande sólo para tu uso—

—Naw, gracias de cualquier manera, Doc— Se puso de pie y camino hasta la máquina de café tomando un vaso blanco de unicel—No estoy acostumbrada a usar mucho las tazas. Además, la mayor parte de las que tenía, se quemaron en el incendio—

—No tiene nada de malo tener una taza favorita para el café, Crystal. Algo especial para ti. ¿Tuviste alguna cosa especial cuando eras niña?—

Crystal dejó de echar crema a su café y miro abajo viendo como se mezclaba el café de moca con la crema—No tuve nada especial cuando era niña, Doc. Solo tuve a Paty— Lanzando el agitador plástico a la basura, volvió a su silla y miró a su amiga/terapeuta—¿Es por eso que estoy tan jodidamente mal? ¿Porque jamás tuve una taza especial para mí?—

—Preferiría que no pensaras en ti misma como si fueras un objeto dañado, Crystal— Jenny amonesto amablemente—Hablando de daño. Hablemos sobre esa horrible herida en tu cara—

—Te dije el Sábado en el juego que no fue nada—

—Y creo que te dije lo que pensaba de esa respuesta. No evites las responsabilidades, Crystal, ¿recuerdas? Así que dime quién te golpeó y por qué—

—Fue un estúpido universitario que alardeaba con sus amigos. Él quiso algo más que sólo mirar y cuando intenté escaparme él me golpeó—

—¿Cómo te hizo sentir eso?—

Oh genial. Aquí vamos con las preguntas escabrosas—¿Cómo piensas que me hizo sentir?— Contestó ella, cruzando sus brazos sobre el pecho y clavando los ojos en los diplomas de la pared. Estaban demasiado alejados como para poder leerlos pero era mejor que estar mirando a Jenny a los ojos.

—Preferiría que me lo dijeras en lugar de intentar adivinar— Jenny argumentó—Hagamos la pregunta aun más fácil. Olvídate de ese incidente. ¿Cómo te hace sentir el desnudarte en general?—

Ella se encogió de hombros—Es un trabajo—

—Así como lo es ser terapeuta—

Crystal captó un movimiento por el rabillo de su ojo y giró su cabeza para ver a la mujer castaña escribir algo—¿Qué?—

—¿Hmm?—

—¿Qué estas escribiendo?

—Sólo escribo una nota, Crystal. Hay muchas cosas que se hablan a veces y hago notas para recordar algún tema en particular—

—¿Y qué es lo que escribes?— Ella se sorprendió cuando la terapeuta le entregó el portapapeles.

—Mira por ti misma. No hay nada allí que sea un secreto para ti, — dijo Jenny—Todo lo escrito allí es solo para ayudarte, y no para lastimarte—

Crystal tomó el portapapeles y miró el papel sobresaliente. Una línea mostraba la fecha de hoy y varias palabras escritas con letra no muy claras por la escritura a mano de Jenny. Ella se encogió de miedo por una palabra rodeada con tinta azul. El cuaderno de apuntes—Um, yo uh…olvidé lo del cuaderno de apuntes. No voy mucho a la tienda—

—Esto no va a funcionar— dijo Jenny mientras se levantaba del sofá y se dirigía a su escritorio—No puedo trabajar así. Tienes que querer cambiar lo suficiente como para hacer las cosas que necesitas hacer— Ella abrió una gaveta y sacó un cuaderno de apuntes—Toma. Tráelo cada vez que vengas. No tienes que mostrarme lo que escribes si no quieres pero espero que escribas diario en él—

Tomando el cuaderno de apuntes, Crystal lo abrió y pasó algunas páginas. No había nada escrito solo eran hojas blancas con delgadas líneas azules—Yo…no soy buena escribiendo— Cerró el cuaderno y lo colocó al lado del café.

—Piensa que es como un diario—

—Los diarios son estúpidos. ¿Por qué escribir todos tus secretos justo para que alguien pueda descubrirlos?—

—¿Es a lo que le temes? Jenny regresó a su posición casual en el sofá—¿Que alguien pueda usar tus palabras contra ti?—

—Ni siquiera sabría sobre que escribir—

—Escribe acerca de cualquier cosa que te venga a la mente de la manera que quieras. Puede ser poesía, prosa, una carta para un viejo amigo, cualquier cosa—

—Yeah, bien— dijo ella, resignada garabateando algo en el cuaderno. Sintiendo una pausa en la conversación, levantó la taza de café y bebió un sorbo.

—¿Estás cómoda?—, preguntó Jenny. Crystal colocó sobre el suelo la taza y cruzó sus brazos antes de asentir con la cabeza—Bien— la terapeuta continuó—¿Has estado leyendo tus meditaciones matutinas?— Otra inclinación de cabeza—El tema de hoy es acerca de saber de donde viene la culpa—

Uh oh. Crystal se tensó, cruzando sus piernas al estilo indio. El sentimiento de estar en la oficina del director regreso con fuerza renovada—Sé de donde viene la culpa— dijo ella suavemente, fijando de nuevo su mirada a los diplomas de la pared.

—¿De dónde?—

—De él—

—Dime su nombre—

—Él. El inútil marido de mi madre—

—Tu padre—

Crystal gruñó y tomó una aspiración profunda.

—¿Cómo lo llamabas?

—¿Te refieres aparte de llamarlo hijo de puta?— Ella cambió de posición otra vez, deseando tener permiso de fumar en la oficina de la terapeuta.

—Aparte de eso— Jenny dijo con una sonrisa ya conocida.

—Le llamábamos...— Le tomó algo de esfuerzo decir las palabras—...Papi— Crystal no hizo el menor esfuerzo para ocultar el veneno en su voz—Él no merecía que lo llamáramos así. Odio al bastardo—

—¿Por qué?—

—Tú sabes por qué. Te dije que nos lastimó a Paty y a mí —

—Hay muchas formas de lastimar a alguien, Crystal. ¿Qué hizo él?—

Su pie se contrajo nerviosamente—No lo sé, de todo, creo—

—Tú lo sabes bien. No acepto un no lo sé—

Crystal se giró y miró a la terapeuta—Él nos pegaba— dijo coléricamente—Él pensaba que por ser nuestro padre le daba el maldito derecho de pegarnos cada vez que se le antojaba. ¿Eso es suficiente?— Ella regresó la mirada hacia los diplomas, esperando la reacción por su despliegue emocional.

—Tú dímelo— Jenny dijo serenamente—¿Tus pesadillas son sobre tu padre golpeándote a ti y a Paty?—

—Son sobre un montón de cosas— ella se encogió de hombros, su cólera disminuyó algo por el tono suave de la terapeuta—Algunas veces—

—¿Sobre qué son tus pesadillas la mayoría de las veces?—

Comenzó a mover el pie nerviosamente—Diferentes cosas— Sólo dilo, una pequeña voz gritaba en su cabeza. Vamos. Dile como el solía meterse dentro de tu cama por las noches. Cuéntale la pequeña sucia niña que eras. La respiración del Crystal aumentó, las grandes paredes de la oficina parecían cerrarse hacia ella—Y-yo tengo que irme— dijo repentinamente, levantándose de su silla.

—Crystal, espera— Jenny se levantoó igualmente, el portapapeles cayó al suelo desde el sofá.

—No, me tengo que ir—

—Puedes terminar una sesión en el momento que tú quieras pero no quiero que salgas huyendo sólo por que tienes miedo de afrontar los sentimientos que surgen de pronto— Ella alcanzó a Crystal y recogió el cuaderno de apuntes—Recuerda que cualquier cosa que digas en esta habitación, cualquier cosa que escribas en este cuaderno, se queda aquí. Nadie va a usarlo en tu contra o juzgarte por eso— Dando el cuaderno de apuntes a Crystal, ella agregó —además, tengo el presentimiento de que tú ya te juzgas lo suficiente por eso—

Mientras las paredes parecían dejar de acercarse, la joven aun se encontró incapaz de mirar de frente a Jenny, escogiendo en lugar de eso mirar la cobertura blanca y negra del cuaderno de apuntes—¿eso crees, huh Doc?——

—Yeah, eso creo— Jenny dijo suavemente. Crystal intentó no sobresaltarse cuando sintió la suave presión de la mano de la terapeuta presionando su hombro—Vamos a trabajar en eso— Soltando el agarre, Jenny dio un paso hacia atrás—Muy bien, puedo ver al conejo atrapado mirar a través de tus ojos. Lee tus meditaciones, escribe en tu cuaderno de apuntes, y lo más importante de todo, haz algo agradable por ti misma cada día—

Crystal comenzó a rodar sus ojos. Oh si, hacer algo agradable por mi cada día. Sigue viviendo en las nubes, Doc. Para Jenny ella dijo —Yeah, Ok Doc. Te veré la semana próxima—

***

¡Screeeech! Crystal presionó ambos pies en el pedal del freno para evitar golpear por detrás al camión delante de ella. Un segundo más tarde se dio cuenta de la razón por la que paró en seco, había un enorme congestionamiento—Oh, odio conducir en el centro— dijo en voz alta. Al Omni no le funcionaba el aire acondicionado, algo muy necesario para el caluroso mes de Julio, obligándola a dejar las ventanillas abajo con la esperanza de alguna brisa pasajera. Rodeada por varios grandes edificios, esa esperanza rápidamente se desvaneció.

A medida que avanzaba a la siguiente cuadra vio un espacio libre para estacionarse, el primero en diez minutos. Crystal tomó un paño para secarse el sudor de la cara—Ah demonios— Rodeado por hierba pulcramente cortada estaba una bomba para incendios, revelando el por que ese espacio estaba desocupado. Decidiendo correr el riesgo, aceleró con fuerza el coche y se estacionó en el espacio. Estirándose en el asiento, subió las ventanillas dejando un espacio pequeño abierto, esperando que fuera suficiente para prevenir que el interior del coche se convirtiera en un sauna.

Un gran letrero situado junto con una larga cadena rodeando el edificio anunciaba que era otro proyecto de construcción de M. Swenson. Ahora el problema será encontrar a Michael, ella pensó abriendo el portón y entrando al área de la construcción. Los montones de escombros estaban en todos lados, pulcramente organizados según el tipo de material. Observó a los trabajadores moviéndose de un lado a otro, acarreando pedazos de madera quemada y retorcidos metales. Él debe estar dentro en alguna parte—Disculpe señorita, esta es un área peligrosa. No puede andar caminando de un lado para otro sin un casco—

Ella giro y vio a un hombre alto llevando puesto un casco amarillo de protección que caminaba hacia ella—Señorita, estamos tirando cosas por las ventanas y desde el techo. Usted no debería estar aquí—

—Ando buscando a Michael Swenson—

—Él está dentro pero usted no puede entrar sin un casco de protección— Él señaló una bóveda dentro del edificio—Espere allí. Para que no corra el riesgo de que algo pueda caer sobre usted. En un momento regreso— Él salió corriendo del edificio, regresando momentos más tarde con un casco protector en su mano—Tenga. La oficina de Michael está en la parte de atrás. Vaya hacia abajo y doble a la derecha. No está difícil de llegar—

—Gracias—

Michael estaba hablando por teléfono cuando ella entró—Espera un minuto, Peter, ¿Ok?— Él colocó el teléfono en su pecho—Hey, Hola Señorita Sheridan. Estaré en un momento con usted— Regreso el teléfono a su oreja—¿Peter? Te llamo luego. Alguien acaba de llegar. Ok, bien. Bye— Colocando el teléfono en su lugar, el enorme hombre rubio sonrió y rodeó el escritorio—¿Cómo estás?—

—Muy bien gracias y por favor llámame Crystal—

—Bien, y dime ¿qué te trae por aquí?—

—Mencionaste la semana pasada en la cena que estabas buscando ayuda—

—Sí pero sólo en trabajo de demolición. Tú sabes, trabajo duro— Él la miró escéptico—No creo que sea un trabajo adecuado para ti—

Crystal se quitó el casco protector, confiada en que nada le caería sobre la cabeza mientras estuviera en la oficina—Es sólo sacar cosas afuera, ¿correcto? ¿Muebles viejos y cosas? Laura dijo que ya la habías contratado antes—

—Bueno, sí la he contratado pero, de hecho, este es un trabajo muy duro y de gran esfuerzo, Crystal. No estoy seguro si te conviene este tipo de trabajo— Él se apoyó contra su escritorio—Por favor, toma asiento. ¿Por qué querrías hacer algo como esto? Y lo más importante, ¿Qué le pasó a tu cara?—

—Fue un borracho en el club— ella dijo, contestando la última pregunta primero—Y necesito el dinero. No puedo trabajar en el club así como estoy—

Michael caminó hacia el archivo y recogió uno de los portapapeles que estaban encima —supongo que es justo darte una oportunidad— dijo él. Llena esto y necesito una copia de tu tarjeta de seguro social y licencia— Él le dio el portapapeles, que contenía varias formas para empleo—Contrato por día, pago por semana. El día de paga es el lunes después de una semana trabajada. Diez dólares por hora, el almuerzo es de media hora y diez minutos de descanso cada hora. Te proporcionaré un par de guantes y un casco pero tendrás que conseguir tus botas. Me temo que esos zapatos de piel no funcionan aquí—

—Está bien. Puedo conseguirme las botas hoy— Ella rellenó las diversas líneas de información requerida mientras hablaban—¿A qué hora?—

—Abro el portón a las siete y lo cierro a las seis— Él señaló el reloj que estaba en la pared—Los últimos seis dígitos de tu número de seguro social serán tu código—

—Um....— Crystal hizo una pausa en la pregunta siete de la forma—¿Qué pasa si no tengo la respuesta para cada pregunta?—

—Entonces deja ese espacio vacío. Son las preguntas resaltadas las que si son requeridas— dijo él, tomando la cafetera—¿Gustas algo de café?—

—Por favor… y no tengo respuesta para una pregunta requerida—

—¿Crema y azúcar? ¿Cuál pregunta?—

—Ambos por favor y es la pregunta acerca de a quién contactar en caso de emergencia. ¿No puedo dejar ese espacio vacío?—

—¿No tienes familia por aquí?—

—No—

Michael se encogió de hombros—No lo sé. Yo suelo poner a Peter. ¿Por qué no pones a Laura?— Él abrió una pequeña alacena y sacó el café y la crema—Quiero decir, yo sé que ustedes no son amantes o algo así pero son amigas, ¿correcto? Estoy seguro que si algo te ocurriera a ella le gustaría saberlo— Él le dio la taza de café—Espero que no haya quedado muy dulce—

Crystal tomó un sorbo y negó con la cabeza—No, está bien. ¿Y cuándo puedo empezar?—

—Tan pronto como consigas tus botas de trabajo. Mi seguro no te deja trabajar sin ellas— Él miró su reloj de pulsera—Es casi mediodía. Debes trabajar un mínimo de cuatro horas diarias así que si puedes regresar a las 2pm, puedes comenzar hoy. De otra manera será hasta mañana— Él tomó una tarjeta de presentación—Toma— dijo él, escribió algo en la parte trasera de la tarjeta—Si tomas la avenida cincuenta y seis hacia el aeropuerto, hay una tienda que ofrece precios bajos cerca de la vieja fabrica de Miller’s— Le entregó la tarjeta—Este chico te dará un trato realmente bueno, sólo muéstrale la tarjeta—

—¿Es amigo tuyo?—

—Un ex-amante de hecho pero le hace descuentos a las personas que yo le mando— Él observo el portapapeles—¿Ya tenemos todo?—

—Sí, ya casi— Ella sacó su cartera fuera de su bolsillo—Aquí esta mi licencia… y aquí está la tarjeta del seguro social—

—Bien— Michael llevó las tarjetas a la máquina fotofotocopiadora de la esquina—Espero que al menos me dures unos días antes de que renuncies—

—Oh, seguro. No me iría así nada más, — ella aseguró.

—Bien, no hagas promesas hasta que hayas probado el trabajo— Él le devolvió las tarjetas—He perdido la cuenta de todos los hombres que han tomado este trabajo y lo abandonan en un día— Él negó con la cabeza—Supongo que a algunas personas les da miedo el trabajo duro. Bueno, tengo que arreglar algunas cosas— Él se colocó su casco protector y tomó un aparato transmisor-receptor del cargador—Disfruta tu café y quizá te vea esta tarde—

***

Como Michael había prometido, el dueño de la tienda le hizo descuento a Crystal en sus botas para el trabajo. Saliendo de la tienda después de hacer su compra, se sorprendió cuando alguien la llamaba por su nombre—Crystal, ¿Eres tú?—

—Hey Steph, ¿Cómo te ha ido?—

—Oh lo usual. Tom sigue siendo un imbécil y los niños son unos pequeños monstruos, nada nuevo— La pelirroja señaló el bulto que se marcaba en la blusa de Crystal—¿Tienes un cigarrillo extra?—

—Seguro. Y dime ¿qué andas haciendo por aquí?— Ella preguntó mientras le entregaba un cigarrillo y su encendedor—Creí que ustedes vivían en un trailer park en Ohio—

—Si vivimos allí, pero Tom tuvo un problema con el idiota propietario del trailer park y tuvimos que mudarnos. Ahora estamos en Essex—

—Qué mal—

—Sí bueno, este dueño es un imbécil también pero al menos pudimos mudarnos sin referencias— la pelirroja dijo, dando un largo golpe al cigarrillo—Tom me mandó a comprar algo de cerveza. ¿Quieres acompañarnos?— Ella se acercó un poco—Acabamos de comprar un kilo de la cosa más maravillosa— Ella colocó la punta de sus dedos sobre sus labios—Deliciosa y es algo fuera de este mundo. En verdad te digo, Crys, esa bolsa es realmente suprema. Con un solo porro estarás elevada por horas—

—Oh, me encantaría pero tengo que ir a trabajar. ¿Tienes teléfono todavía?—

—No, maldita compañía de teléfono. Tengo que pagar un gran adeudo que tengo y aparte pagar la renta nueva para que me den uno nuevo. ¿Oye tú nos podrías prestar tu nombre para…?—

—No, también tengo una vieja deuda con la compañía— Crystal mintió.

—Demonios, es una lástima. Ya hemos utilizado los nombres de Ricky y de Marci. Oh bueno. ¿Oye, por qué no vienes cuando hayas terminando tu trabajo? Es el remolque blanco con adornos amarillos a poco metros entrando al trailer park—

—Bien. Creo que terminaré alrededor de la seis más o menos. Te veré después—

—Genial. Oye, si puedes eres libre de traerte unos dos packs de cervezas. Nosotros tenemos hierba mala de sobra—

—Trato— Crystal sacó las llaves de su bolsillo—Tengo que irme ya. Te veré más tarde. Y fue un gusto verte, Steph—

—Igualmente, Crys. Nos vemos mas tarde—

Crystal caminó hacia su coche, asombrada por el encuentro casual. Ella no había visto a Stephanie por casi un año. Le daba flojera el ir y que tal vez no los encontrara o quizá Tom no estuviera de buen humor. Pero si estuviesen en casa, estaba segura de que obtendría buena marihuana. Así no tendré que usar la mía esta noche, Crystal pensó quitando los seguros al Omni.

Regresando al centro, se alegró de encontrar un lugar para estacionarse no muy lejos del edificio. Empujando su asiento hacia atrás, Crystal se quitó sus zapatos de lona para ponerse las botas beiges de trabajo. ¿Acaso estoy loca? No soy una mujer hecha para trabajos de construcción, soy una artista de striptease. Aunque el trabajo parece fácil y la paga será buena como para ignorarlo. Bueno, como dijo él antes, si no me gusta, sólo habré hecho el gasto de las botas. Y me serán útiles en el invierno de cualquier manera.

Ella encontró a Michael en la oficina. El gran hombre sonrió cuando la vio—Estoy muy contento de que hayas vuelto. Ya metí tus datos en el ordenador por si acaso— Él miró los pies de Crystal—Veo que encontraste un buen par a tu medida. Perfecto. Pasemos tu tarjeta dentro del reloj y entonces te diré donde estarás trabajando— Él caminó hacia un gabinete cerca de la fotocopiadora y lo abrió, sacó un casco completamente nuevo y unos guantes de cuero—Son tallas para hombres, así que creo que los de talla pequeña se ajustarán más a ti—

Después de mostrarle cómo usar el reloj registrador, Michael condujo a Crystal al tercer piso—El servicio de elevador funciona pero no lo uses a menos que tengas una gran carga para bajar. No es la gran cosa y no queremos usarlo mas de lo necesario— Entraron por un portal abierto hacia un vestíbulo que estaba arruinado por el incendio. —Comenzarás aquí fuera— Michael le dijo gritando debido al gran ruido que había en el lugar—El supervisor viste un casco rojo así que será fácil de reconocer— Crystal asintió entendiendo—Los chicos derriban y acarrean todo el escombro hacia el vestíbulo. ¿Ves esa ventana abierta allá abajo? Hay un tobogán que llega hasta un contenedor. Tu trabajo será tomar todos esos montones de escombros que los chicos traen y tirarlos a través del tobogán, ¿Entendiste?—

—Sí, entendí— ella contestó.

—Bien. Te dejo para que comiences—

No había puertas en ninguna de las oficinas, dando facilidad para que los chicos tiraran toda la basura y pedazos de pared de los cuartos. Genial con la suerte que tengo terminare siendo arrojada como basura y escombro también. Recogiendo la pala se apoyo contra la pared, Crystal la deslizó bajo varios pedazos de escombro e intentó levantarlo.

—Jamás lograras levantar nada si lo haces de ese modo— dijo una voz de hombre. Crystal se giro para ver a un hombre bajito que vestía un casco de protección rojo parado junto a ella—Soy Josh Thompson. Michael acaba de decirme que estarías aquí—

—Y dígame si no se usa la pala, ¿cómo lo hacen para tirar todas esas cosas allá abajo?— Ella preguntó. Josh sonrió y levantó varios pedazos de escombro con sus brazos.

—Utilice un poco de energía y músculos, señorita— dijo él, dándole el montón a ella—Para eso son los guantes. De otra manera sus manos se ampollarían todas— Él miró su reloj de pulsera—Está bien, será mejor que ya comience. Le haré saber cuándo sea hora del descanso— Él se giró y entró en uno de los cuartos.

Utilice un poco de energía y un poco de músculo, ella se quejó. Le mostraré lo que es usar energía y músculo, hijo de puta. ¿Por qué no se ponen ustedes fuertes chicos grandes a hacer esto? Tomó varios pedazos de escombro cuanto pudo con sus brazos, Crystal pasó por encima de varia pilas de escombro para tirarlas por el tobogán. La enorme ventana no tenía vidrio, se había quebrado durante el incendio y se dejó el espacio para colocar el tobogán. Crystal deslizó la primera tanda, apoyándose para observar como se deslizaba a través del robusto tubo. No estuvo mal. Puedo hacer esto. Sonriendo, la rubia regresó por otro montón.

Ya para las 4 en punto, el optimismo que tenía había desaparecido a las 2pm, remplazado por un gran dolor en sus brazos. Descubrió que la pala era sólo para recoger los diminutos pedazos después de que los más grandes fueran removidos. Los hombres la ignoraron la mayor parte del tiempo, concentrándose en su trabajo y corriendo escaleras abajo en el momento que el descanso fue anunciado. Crystal pasó su descanso sola, apoyada contra el marco de la ventana mirando hacia abajo de la calle. Llevo veinte dólares ya, ella mentalmente calculó. Dos horas más y habré recuperado lo que gasté en las botas. Ella dio un último golpe al cigarrillo y lo tiró por la ventana. Se giro y miró los montones de escombro mostrándose amenazadoramente ante ella. Pues bien… no se van a mover por sí solos.

Cinco minutos antes de las 6pm, Crystal ya había encontrado una manera más fácil de mover el escombro, usando la pala para empujar los pedazos hacia el vestíbulo, luego fue tarea fácil recoger con la pala los pedazos y arrojarlos por la ventana. Hizo avanzar su trabajo más deprisa a pesar de que su espalda gritaba por el cansancio—Señorita Sheridan— Crystal giro para ver a Josh y Michael parados allí—Usted ya cumplió con su parte hoy— dijo el supervisor. Michael asintió con la cabeza en acuerdo.

—Por supuesto que cumplió. No puedo contar el numero de hombres que abandonaron el trabajo llevando apenas una hora—

—Eso es porque nadie tiene ética de trabajo en estos días— Josh agregó. Él miró a Crystal—Para ser honesto, señorita, no pensé que usted duraría toda la tarde—

Pues jódete, lo hice hoy. Y lo haré mañana también—¿A qué hora empezamos mañana?—

—Recuerdo que te dije que abrimos el portón desde las 7am y cerramos a las 6pm. Puedes cambiar tu horario las veces que quieras. Sólo sé responsable. Nada me irrita más que alguien que no venga a trabajar—

—Estaré aquí— Crystal le aseguró.

—Tu preséntate a trabajar a la hora que quieras y te compraré tu primera taza de café— Michael ofreció—Ahora ve y marca tu hora de salida y que pases buena noche. Salúdame a Laura—

***

El Omni se dirigió por la calle Essex, Crystal instintivamente miró a su alrededor y cerró todas las puertas de su coche. Una calle sin salida conducía a uno de los más viejos trailer park del condado, Essex era un refugio para personas que operaban fuera de la ley. Era común ver los esqueletos de autos hurtados tirados en los lotes vacíos y a los niños jugando sin zapatos en la calle. Crystal evitó el contacto visual con las personas que estaban sentadas en sus porches o apoyados contra los autos mientras ella manejaba el coche por el trailer park. Divisó el remolque blanco y amarillo de inmediato y se estacionó delante de él, el camino de acceso estaba siendo obstruido por una vieja camioneta roja. La música de Heavy metal sonaba con gran estruendo detrás de las ventanas cerradas. Veo que sigues siendo el mismo imbécil de siempre, ¿eh Tom?

—Hey Crystal, me alegro que hayas podido venir— Stephanie dijo mientras abría la puerta—Oh perfecto, recordaste comprar algo de cerveza. Entra, Tom acaba de preparar uno—

—Genial, me vendría muy bien después del día que tuve— Entrando, el olor a cigarrillo y el humo de la marihuana asaltaron sus sentidos. Demonios Steph, abre aunque sea una maldita ventana, o al menos enciende el abanico. Tom estaba sentado en un sillón reclinable, el mueble de la televisión estaba cubierto por periódicos y latas vacías de cerveza. El brazo del sillón sujetaba el cenicero desbordado de cenizas.

—Hola Crystal, ¿cómo diablos te encuentras?— Él preguntó—Estoy a punto de encender uno. Toma asiento—

—Hola Tom—

—Meteré esto en el refrigerador— Stephanie dijo, tomando los dos packs de cerveza de Crystal.

—Antes de que te las lleves déjame una de esas a mí— su marido exigió.

Crystal se sentó en el sofá y sacó sus cigarrillos de su bolsillo—Tomaré una también—

—¿Entonces para que me molesto en meterlas al refrigerador?— La pelirroja dijo, dejándose caer en el sofá a un lado de ella y abriendo el pack de cervezas—Tom, ya déjate de pendejadas y prende esa cosa—

—Lo estoy prendiendo, lo estoy prendiendo. Joder, no te comportes como una perra sólo por que tu amiga está aquí. Realmente te va a gustar esta mierda, Crystal. Un solo golpe es maravilloso. Me fumé uno yo solo esta mañana y me golpeó el trasero por horas—

—Por eso es que tuve que ir por la cerveza temprano. Él se despertó antes que yo y no me permitió fumar ninguno hasta que le consiguiera la cerveza—

—Esa es la única forma en que la puedo obligar a hacer cualquier cosa— Tom dijo.

Oh coño, ya comenzaron, Crystal gimió interiormente. Eso es, dale un golpe y deja de ser un imbécil. Ella tomó el porro ansiosa de las manos de Tom y lo llevó a sus labios. Oh yeah, esto sí que sabe bien—Demonios, ¿dónde consiguen esta buena mierda?—

—Mi primo tiene una granja aproximadamente a tres horas al norte de aquí. Él la cultiva en su granero— Tom dijo con orgullo—Hombre, él siempre tiene las mejores jodidas cosas que van saliendo— Él levanto firmemente un bolso para emparedados que estaba lleno hasta la mitad de hierba mala—Las malditas mejores cosas. No como esa mierda que venden en la calle—

Crystal dio otro golpe antes de pasar el porro a Stephanie—Oh yeah, esto es muy agradable—

—¿Y por qué traes esas pateadoras de mierda?— La pelirroja preguntó, señalando las botas de Crystal.

—Oh, conseguí un trabajo limpiando desechos de un edificio viejo de la unión de crédito que esta sobre la Avenida Exchange—

—¿Te refieres a ese lugar que se incendio?—

—Deja de hablar y dale ya el maldito golpe— Tom expreso con un gruñido, inclinándose hacia adelante para alcanzar el porro.

—Yeah— Crystal contestó la pregunta de Stephanie, . Deja ya de ser un idiota, Tom—La paga es muy buena. Diez por hora y el horario es flexible—

—¿Escuchaste eso?— La pelirroja le dijo a su marido—Diez dólares por hora. ¿Aún están contratando?—

—Creo que sí. Acabo de ser contratada hoy— Crystal levantó su mano para tomar el porro de Tom, quién le dio al menos tres golpes antes de pasarlo.

—No trabajo por menos de doce— dijo él, tratando de alcanzar su cerveza—¿Y cómo es que ya no trabajas en el Tom Cat?—

—Esto es sólo temporal mientras mi labio se cura. Me lastimé en una pelea en el bar la semana pasada—

—Oh— Dió varios tragos de la lata—Como siempre he dicho, con un trasero como el tuyo es mejor que trabajes en algo que te haga ganar dinero de verdad y no haciendo el trabajo de perras gordas que solo ellas pueden hacer— Él extendió la mano para tomar el porro de la mano de Stephanie—No como esta vaca por la que nadie pagaría por quitarse la ropa—

—Vete al diablo— la pelirroja le contestó. Sigue jodiendo y entonces dormirás en la maldita casa de tu madre esta noche—

—Al menos su casa no es una maldita porqueriza como este lugar— dijo él, pasándole el porro a Crystal—Ella no trabaja en todo el día. ¿Puedes creer que no es capaz de pasar la jodida escoba aunque sea una vez, de vez en cuando?—

Oh diablos, por favor no peleen esta noche, Crystal imploró silenciosamente. Tan sólo quiero una buena elevada y marcharme.

—Así como tú te levantas para ir a trabajar cada mañana, ¿Verdad?—

—Oh jódete, Steph— Él tomo la bolsa con marihuana y sus cigarrillos y se puso de pie—No tengo por que quedarme sentado aquí y escuchar toda esa mierda—

—Muy bien, vete con Mark o con quien te de la gana. Me importa un carajo lo que hagas—

—Bien—

—Sólo déjame algo de hierba, ¿ok?—

—Vete al infierno. Consíguete la tuya— Él salió por la puerta, no molestándose en cerrarla.

—¿A dónde va?— Crystal preguntó, tomando ventaja del pleito para dar otro par de golpes de marihuana.

—Que se joda. Sabia que no me dejaría nada— Ella entró en el cuarto de baño y regresó con una lata de rociador para el pelo.

—Aquí tienes. Ya no queda mucha—

—No te preocupes por eso, Crys— Stephanie tomó el asiento desocupado de Tom y tomó el porro que quedaba—Gracias— Ella inhaló profundamente. Devolviéndolo, ella exhaló lentamente para evitar ahogarse—Oh esto esta bueno. Toma— La pelirroja sujetó la lata del rociador para el pelo en ambas manos y giro la tapa. En el fondo del tubo había un pequeño tubo de metal—Tom no sabe de esto. Cada vez que él consigue una buena cantidad de hierba buena, después de que se queda dormido voy afuera y tomo algunas porciones para mí. Él cree que me castiga no dándome hierba, es un baboso estúpido— Ella abrió el tubo metálico y vació el bulto de marihuana que estaba escondido dentro—¿Te sientes bastante consciente cómo para preparar un buen porro? Odio hacerlo con el maldito periódico—

—Claro, no hay problema— Crystal contestó—Así es que tú y Tom están obviamente juntos de nuevo. ¿Ya no estás trabajando?—

—No, maldita sea. Tenía un empleo entregando pizzas pero el camión se averió y no pude darme el lujo de repararlo. El idiota de mi jefe no me dejaba usar el coche de la compañía porque tuve un pequeño incidente con el vehículo el invierno pasado—

—Eso apesta— No te prestaría mi coche tampoco. Sé cómo conduces. Crystal tomó el porro y trató de alcanzar su encendedor—¿Dónde están los niños?—

—Marci se esta quedando con mi madre hasta la audiencia de la semana próxima. No me dirán donde esta Ricky— Stephanie tomó el porro—Tom y yo estábamos peleando y los malditos vecinos llamaron a la policía. Pues, ya sabes como son esas cosas. Entraron y vieron la droga nos agarraron y se llevaron a los niños—

—Oh no. ¿Y ahora que pasará?—

Stephanie se encogió de hombros y prendió el porro—No lo sé—

—Y bueno, ¿Ya pediste ayuda legal?—

—¿Para qué molestarme? Me devolverán a los niños de todas maneras. Tom acordó entrar en un grupo de ayuda por treinta días y obtendremos beneficios mientras él este allí. Eso ya ha ocurrido antes. Toma—

Crystal tomó el porro e inhaló duro. ¿Cómo puedes sentarte allí y qué no te importe donde están tus hijos y qué estén haciendo? ¿Qué estás haciendo viviendo con ese imbécil? Finalmente la molestia dentro de ella fue demasiado—Steph, ¿Por qué sigues con él?—

—Oh, tú sabes cómo es esto, Crys. Él dice que no lo hará nuevamente y yo le creo. La misma mierda de siempre—

—Pero tú sigues volviendo con él. ¿Por qué? Por lo menos yo fui lo suficientemente inteligente para apartarme de esa mierda—

—Lo sé, lo sé— La pelirroja dijo—Él es un perdedor y siempre lo será pero, ¿qué puedo hacer? Él es su padre—

—¿Y qué? Él no es un buen padre de todos modos pues no es capaz de traer dinero a casa. Steph, tú mereces algo mejor que él. Los niños también— ¡Dios mío! ella gritó por dentro. Ella está actuando justo como mi madre—¿Piensas que a Marci le gusta despertarse asustada por culpa de sus arrebatos?—

—Aun así él es su padre— Ella se encogió de hombros—No creo que le moleste a ella demasiado— Ella le tendió el porro—Toma, dale otro golpe—

Tienes que estar bromeando. En su mente Crystal vio a su madre sentada sobre un sofá similar, bebiendo hasta la inconsciencia e ignorando al animal que aterrorizaba a sus niñas. Crystal dejó el encendedor sobre el tazón y presionó el porro contra sus labios. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué estoy sentada con la reencarnación de mi madre? Exhalando, otro pensamiento llegó a ella. ¿Cómo carajos voy a irme a casa? —Steph, quédate con las cervezas pero ya debo irme—

—¿Estás segura? Vamos, siéntate y toma otra cerveza. Puedes tomarte otra, ¿oh no?—

—Por supuesto que puedo pero realmente debo irme ya. Olvidé que prometí a mi compañera de apartamento que la ayudaría con algo esta noche— Crystal tomó sus cigarrillos y su encendedor, guardándolos en su bolsillo.

—¿Tienes una compañera de apartamento? ¿Desde cuándo?—

—Mi apartamento se incendio hace unas semanas. Escucha, en verdad debo irme— Crystal se puso de pie sólo para volver a sentarse de nuevo—Whoa— La marihuana me pegó fuerte, hizo un esfuerzo para mantener sus ojos abiertos.

—Oye, recuéstate y relájate— Stephanie le ofreció el porro—Venga, uno más no te hará daño. Nunca tengo compañía—

De ninguna manera, ¿quién querría acompañarte? —No, realmente debo llegar a casa. Ok Crystal, tú puedes hacer esto, ella se dijo a sí misma. Simplemente ponte de pie. Otra vez se levantó pero esta vez logró quedarse en posición vertical—¿Sabes mi número del bíper verdad? Llámame cuando tengas teléfono—

—Bueno, ahora sabes donde vivo. No eres una desconocida. Tal vez aprovechando que los niños no están aquí Tom y yo hagamos una fiesta el fin de semana o algo por el estilo. Estas invitada—

—Yeah, tal vez venga— Crystal trató de alcanzar la manija de la puerta, apoyando su peso contra ella—Gracias por la hierba—

—Cuando quieras, Crys. Visítanos pronto—

Girando la manija, sin caer Crystal intento seguir sus propias instrucciones pero dar los pasos resultó todo un reto. Tropezó accidentalmente, terminando sentada sobre la tierra. Carajo. Miró para ver si Stephanie se había dado cuenta pero el porche estaba vacío. Te importó una mierda esperar lo suficiente para asegurarte de que llegara bien al coche ¿verdad?. Colocándose sobre sus rodillas, Crystal se obligó a enfocar y ponerse de pie. Oh mierda creo que fumé demasiado. Apoyando su mano contra el lado del remolque, ella se abrió paso adelante. Tom no estaba bromeando cuando dijo que esto te golpea de maravilla. Mierda, apenas puedo ponerme de pie. Ella caminó tropezando con sus pies desde la casa de Stephanie hasta el Omni.

Ábrete. Carajo, primero debes quitar los seguros, pendeja. Requirió de tres intentos para lograr abrir la puerta, luego fue otro reto meter la llave en el encendido. Oh mierda, ¿cómo se supone que conduciré? No voy a poder ver la maldita carretera. Crystal se apoyó contra el cabecero. Vamos, Crys, tienes que salir de aquí. Apuntando ciegamente hacia el encendido finalmente logró meter la llave. Oh cielos, no debería estar haciendo esto. Agarrando volante, se colocó en posición vertical y echó a andar el motor.

Bajó el vidrio de la ventanilla pero no fue de gran ayuda. El Omni viró de un lado a otro en su lento andar sobre la calle Essex. Un gran pitido la sacó de su trance en el momento que evitó golpear un vehículo que venía. Mierda, no puedo hacer esto. Girando el volante, Crystal se estacionó en una esquina junto a un parque. En la esquina había una cabina telefónica azul y blanca. Yeah, es lo que necesito. Llamaré a alguien para que venga por mí. Luego surgió otro problema cuando miró sus bolsillos, sólo traía un penique. Apuesto que dejé caer un cuarto en alguna parte de aquí. Por supuesto no tendría ni la más mínima oportunidad de ponerme a buscar. Probablemente me desmayaría.

***

Laura miraba incrédula la pantalla. ¿Tres meses? La respuesta del publicista había sido rápida. Al perder su fecha tope, la fecha de impresión para el libro fue puesta para dentro de tres meses, colocándolo más adelante de las ferias de otoño y arruinando cualquier posibilidad de adquirir buenas ventas de esos días festivos. El cambio de fecha implicaba muchas cosas pero lo más importante era el efecto que tendría en sus ingresos. Sus obras previas le proveían lo suficiente para pagar las cuentas mensuales pero la renta y los gastos diarios eran cosa aparte. El teléfono timbró pero ella no hizo el esfuerzo por descolgarlo. Probablemente es otro vendedor al teléfono. Suspirando, cerró el correo electrónico y cargó su navegador de Internet. El teléfono continúo sonando hasta que la máquina contestadora respondió. ¿Lo ves? Ningún mensaje. Sabía que no era importante. Segundos más tarde el teléfono sonó de nuevo. Decidiendo que tal vez no sería un vendedor, caminó hacia la mesita de noche y descolgó el teléfono—¿Hola?—

—Habla la operadora. ¿Acepta usted una llamada a cobro revertido de Crystal Sheridan?—

—Sí—

—Gracias. Adelante— Hubo un chasquido audible seguido por una suave estática.

—¿Crystal?—

—¿Laura, eres tú?—

—Sí, soy yo. Habla más fuerte , Crystal. Apenas te puedo escuchar—

—¿Me puedes escuchar ahora?—

—Sí—

—¿Estás ocupada?—

—¿Crystal, te pasa algo?

—Bueno.... ¿puedes venir por mi y llevarme a casa?—

—Traerte a casa… sí, por supuesto que puedo. ¿Se descompuso de nuevo tu coche?—

—No. Es sólo que no puedo conducir— El sonido de un camión que pasaba distorsiono las últimas palabras.

—¿Qué? ¿Por qué no puedes conducir? ¿Sufriste algún accidente?— Mientras hablaba, Laura tomo sus zapatos y comenzó a ponérselos—¿Dónde estas?—

—Estoy sobre la calle Essex cerca del aeropuerto—

—¿Tu coche esta en condiciones de manejarse?—

—Sí pero creo que no puedo conducirlo, Laura— Una risa nerviosa se escuchó a través de la mala conexión—¿Puedes venir a recogerme?—

—Sí Crystal, iré a recogerte. Dime de nuevo donde estas ¿Pasando el aeropuerto?—

—En la cabina telefónica de la esquina—

—Bien. Escúchame. Regresa a tu coche y cierra todas las puertas. Estaré allí tan rápido como pueda—

—¿Laura?—

—¿Qué?—

—¿Vas a venir a recogerme? ¿De verdad?— Laura escuchó un golpe seco seguido por un grito agudo de Crystal—Ay. Me golpeé la cabeza contra el teléfono—

Ella está realmente borracha. La calle Essex no es una buena zona de la ciudad por muchas razones—¿Crystal? ¿Crystal sigues allí?—

—Yeah, estoy aquí—

—¿Me escuchaste? Quiero que vayas al coche y me esperes allí y cierra todas las puestas con seguro hasta que yo llegue, ¿Ok?—

—Ok, ¿Laura?—

—¿Qué?—

—Realmente no puedo conducir—

Oh genial, ahora esta divagando—No, no puedes, Crystal. Entra al coche y quédate allí—

—¿Estás enojada conmigo?—

—No. Me alegro de que me hayas llamado en lugar de intentar manejar hasta la casa en ese estado. ¿Has estado bebiendo?—

—Sólo me tomé una cerveza—

—Así que estas drogada, ¿correcto?—

—Oh yeah. Bastante drogada— Crystal río nerviosamente—Aterrada, de hecho—

—Uh huh. Quédate allí. Estoy en camino—

—¿Laura?—

—¿Qué?— La escritora trató de mantener su irritación creciente fuera del tono de su voz.

—¿Estás segura de que no estás enojada conmigo?—

Laura suspiró—No, no estoy enojada contigo—

—Ok. No quiero que estés enojada conmigo—

—No estoy enojada contigo. Ahora cuelga el teléfono para que ya pueda ir por ti—

—¿Estás segura?—

—Sí, estoy segura—

—Bueno, porque no quiero que estés enojada conmigo—

—¡Crystal! ¡Por ultima vez, no estoy enojada contigo así que cuelga el teléfono!— Laura presionó el botón de colgar. Está drogada. Está drogada fuera de sí en medio de la nada. Presionando el botón, escuchó el tono de marcar y presionó unos ya conocidos dígitos.

—¿Hola?—

—¿Jen? Es Laura. ¿Me puede acompañar a recoger a Crystal y su coche? Te explico en el camino—

Para cuando Laura estacionó el Jeep, Jenny había sido informada de lo que había pasado. Como esperaba el Omni gris estaba parado cerca de la caseta telefónica—Allí está— Laura estacionó su vehículo—¿Vas a manejar su carro o el mío de regreso?—

—Conduciré el de ella— Jenny dijo. Veamos con quien prefiere irse ella—

Caminaron hacia el coche de Crystal y se pararon junto a la puerta del conductor. Laura extendió la mano y golpeó ligeramente la ventanilla—¿Crystal? Crystal, despierta. Ya estamos aquí—

—¿Hmm?—

—Despierta. Soy Laura. Jenny está conmigo. Hemos venido para llevarte a casa— Trató de abrir la puerta—¿Crystal? Oye— Golpeó el vidrio con sus nudillos—Quítale el seguro a la puerta.

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