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desenmascarados
Esta historia ha sido
traducida por Mendhi,
miembro de Xenafanfics. Cuenta
con el permiso de la autora para su traducción
y publicación en Internet.
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Las palabras o expresiones
escritas entre asteriscos (*) vienen en castellano
en el texto original.
La siguiente historia
breve de Dar y Kerry ocurre algún tiempo
antes del beso en la playa. En algún
momento incluso antes de la Tormenta Tropical,
o Disney, pero después de su primera
cena en el pequeño restaurante tailandés.
:: CORAZONES
DESENMASCARADOS ::
(UNMASKED HEARTS)
Por Melissa
Good
Estaba a punto de oscurecer,
notó Kerry, mientras conducía
a casa. Aunque el invierno tenía muy
poco significado en Miami, los días
eran cortos, y ahora, casi noviembre, cuando
estaría tiritando de frío en
su casa de Michigan, la única señal
visible de la estación era que se estaba
oscureciendo más temprano.
Entró a un sitio
en el lote afuera de su edificio de departamentos,
y se quedó sentada allí por
un momento, sólo relajándose.
Había sido un duro y largo día
en su nuevo trabajo, y todavía estaba
tratando de absorber los suficientes conocimientos
para hacer las cosas mientras pensaba cómo
repartir todas sus nuevas responsabilidades.
A veces…
Kerry suspiró para sí misma.
Me pregunto si hice lo correcto.
Abrió la puerta de su Mustang y salió,
jaló su computadora portátil
con ella y se la puso al hombro antes de encaminarse
para entrar.
—¡Hey, Ker!
—la voz de Colleen vino desde la puerta
de su propio departamento.
—Hey —Kerry
ondeó una mano—. ¿Qué
pasa?
La pelirroja trotó
hasta encontrarla.
—¿Qué
pasa contigo? ¿Ya tan noche?
Kerry se encogió
de hombros.
—No realmente….
Sólo tuve una reunión, y luego
estuve trabajando un poco con algo de e-mail
—echó un vistazo alrededor—.
Supongo que perdí la noción
del tiempo —¿lo había
hecho, realmente? Se preguntó brevemente.
Sí, había tenido una reunión,
pero pudo haber partido después de
eso ¿cierto? ¿Por qué
estar sin hacer nada?—. A decir verdad,
Dar me mandó a casa. Volvió
de tener una sesión informativa con
un cliente y me encontró con la cabeza
en mi teclado —Kerry estudió
sus llaves pensativamente, recordando el pequeño
cosquilleo de placer que había sentido
sobre el oído por la voz de su jefa.
Bien, quería que
su nueva jefa supiera que se estaba esforzando
mucho.
—Hm —Colleen
hizo una cara—. Hey, ¿quieres
ir a cenar? Esta noche es dos por uno en el
restaurante Cubano.
Kerry consideró
la pregunta.
—Seguro —estuvo
de acuerdo—. ¿Pero te digo qué;
podemos ir al centro comercial?
Colleen ajustó
sus teñidos anteojos para leer y le
miró.
—¿El centro
comercial? ¿Acabo de escuchar que quieres
que vayamos al CENTRO COMERCIAL?
Kerry abrió la
puerta y caminó dentro.
—Sí —esperó
a que Colleen la siguiera, y luego cerró
la puerta detrás de ellas—. No
es lo que piensas.
—Buen, espero que
no —la pelirroja sonrió abiertamente,
se sentó sobre el sofá y cruzó
sus tobillos—. La última vez
que me pediste que fuera de compras contigo
terminamos con esos feos floreros para los
que ahora tengo que encontrar flores esponjadas.
Kerry dejó la
bolsa de su computadora portátil, y
se despojó de su chaqueta mientras
iba hacia su dormitorio.
—Tendremos una
fiesta de Halloween en el trabajo —explicó—.
Se supone que todos deben ir vestidos.
—¿Vestidos?
—preguntó Colleen, señalando
con el dedo el traje de oficina de Kerry—.
Whoa… ¿Entonces debes conseguir
un vestido de fiesta para esa cosa?
Kerry bajó el
cierre de su falda y se deslizó afuera
de ella, entonces se apoyó en el marco
de la puerta con sólo su blusa de seda.
—Vestidos con un
disfraz —le dirigió una mirada
irónica a su amiga—. Ya sabes,
¿como un oso panda o algo?
Colleen la estudió.
—¿Sabes
cuántas almohadas necesitarías
para llenar un traje de oso panda, macho?
La mujer rodó
los ojos, y se hizo hacia entrando a su dormitorio.
—No tantas como
solía usar —señaló—.
Aumenté tres libras desde que empecé
a trabajar en ese lugar —se deslizó
en un par de vaqueros gastados y los abrochó.
Un bufido.
—¿Dónde?
¿En tus lóbulos?
Kerry apareció,
tirando de una brillante blusa azul.
—Ya está
—caminó y se sentó sobre
el sofá con sus zapatillas deportivas
en las manos—. De todos modos, tengo
que encontrar algo para llevar a la cosa esa.
Si me ayudas, prepararé la cena. ¿Cómo
está éste?
Colleen se rió
entre dientes con regocijo.
—Estás bien
—se levantó—. Iré
a ponerme mis botas, y estaremos en camino
—anduvo afuera, dejando que Kerry atara
sus cordones en paz.
***
Estaba muy silencioso
en la oficina. El aire acondicionado se prendió
automáticamente, abanicaba una sola
pieza de papel aislada en la bandeja de entrada
del escritorio. El protector de pantalla del
monitor mostraba animales de selva yendo de
un lado a otro de la oscura superficie, ignorados
por la figura sentada en la suave silla de
cuero.
Ha pasado mucho tiempo.
Dar meditó, mientras miraba fijamente
afuera de las ventanas cuyo tamaño
iba desde el piso hasta el techo. Mucho tiempo
desde que sólo se sentaba y observaba
la puesta del sol. Dejó a sus ojos
seguir la trayectoria de un pequeño
velero cortando las olas, luego levantó
la taza que sujetaba en ambas manos y tomó
un sorbo.
Su intercomunicador zumbó.
Dar se giró a medias y lo miró
enfadada, entonces golpeó el botón
con disgusto.
—¿Sí?
—Soy yo, jefa
—la voz de Mark emergió—.
Tengo algunos nabos pidiéndome
que los deje guardar porquería en nuestro
armario de cableado en el catorce. ¿Está
bien?
—No —Dar
frunció el ceño—. ¿Qué
es?
—Sólo
un poco de cosas para fiesta —el
director de MIS explicó—. Sombreros
negros, y telarañas y porquería.
—Oh —Dar
rodó los ojos—. Eso —manifestó
un agraviado suspiro—. La última
vez que los dejamos guardar algo ahí
destruyeron la mitad de los salones de conferencia
del piso, con las malditas perchas de cable
golpeadas en los sesenta y seis bloques.
—Sí.
Les dije que si ponen un pie en la pared trasera,
tú los aplastarías como a un
bicho.
Dar resopló suavemente
con irónica diversión.
—¿Se hicieron
pipi en la alfombra?
—¡Como
cachorros recién nacidos!
Otro suspiro.
—Muy bien —Dar
se ablandó—. Iré a verlos.
Estaba a punto de irme de todos modos —se
azuzó a sí misma fuera de la
suave comodidad de su silla y quedó
de pie, estirando su cuerpo y haciendo una
mueca cuando un conocido dolor se hizo en
su espalda—. ¿Esos servidores
ya están de nuevo en línea?
—Aún
no —dijo Mark—. Estoy
trabajando en eso.
—Sigue trabajando
—Dar cortó la comunicación
y rodeó su escritorio, recogiendo sus
llaves cuando fue hacia la puerta. La mayor
parte del piso estaba silencioso, sus ocupantes
se habían ido a casa para ese momento,
y Dar lo encontró agradablemente tranquilo
mientras caminaba silenciosamente sin zapatos
sobre la alfombra. El armario hacia el que
estaba yendo estaba junto a una de las largas
habitaciones de presentación, donde
tendrían su fiesta anual de Halloween
el día siguiente.
Bah. Dar no
estaba encariñada con las fiestas,
especialmente una que involucraba a sus compañeros
de trabajo ponerse sombreros raros y maquillaje.
Con un suspiro, abrió la puerta de
la habitación de presentación
y anduvo con paso majestuoso hacia dentro,
encontrando al equipo de configuración
amontonado en una esquina cerca del armario
en cuestión.
Eran todos muy jóvenes.
Dar los miró con enfado sólo
por diversión, y observó cómo
se alejaban de la puerta, mirándola
nerviosamente cuando se acercó. Algo
por poco la golpea en la cabeza y apenas se
alcanzó a agachar, se detuvo parar
y examinar a la grande y peluda araña
colgando del techo. Luego se giró en
círculo y examinó la habitación,
agitando su cabeza ante los chillones adornos.
Pasó su tarjeta
en el lector junto de la puerta y la abrió,
caminó hacia atrás y gesticuló
ante los trabajadores.
—Entren.
Se deslizaron tímidamente
pasando junto a ella dentro de la larga habitación,
todos ellos sintiéndose a salvo al
final.
Dar levantó una
mano.
—Whoa —su
nariz vibró ligeramente—. ¿Qué
hay ahí? —señaló
la bolsa que la mujer estaba llevando.
—Dulces —la
mujer respondió, abriendo el saco apresuradamente
y exhibiéndolo.
Dar inspeccionó
dentro con curiosidad y luego metió
una mano tomando un puñado, dando a
la mujer una gran sonrisa perversa.
—Mis honorarios
—arrastró las palabras, antes
de que se retirara, dejando a los trabajadores
ojeando afuera de la puerta y observarla irse.
Mm. Dar miró su
botín con interés. Caramelos
de mantequilla de maní. Desenvolvió
uno con su otra mano y rápidamente
lo echó en su boca, mascándolo
mientras se dirigía hacia atrás
a su oficina. Cuando pasó la entrada,
sin embargo, se detuvo.
Una vez, había
sido una habitación vacía en
la que nunca habría mirado dos veces
al pasar. Ahora, detrás de la lisa
puerta de roble había algo nuevo y
diferente. Dar miró con atención
a su puñado de golosinas, luego cambió
de dirección y pasó su tarjeta
de acceso junto a la puerta, escuchando un
ligero clic cuando el cerrojo abrió.
Empujó el picaporte abierto y entró,
dejándolo cerrarse detrás de
ella cuando caminó dentro de la oficina
de Kerry.
Todavía estaba
casi vacía. Reconoció Dar, cuando
dejó pasar sus ojos al interior. Pero
Kerry le había estado añadiendo
pequeños detalles de su personalidad.
Dio un paseo alrededor del escritorio, aprobando
su ordenada superficie, y se apoyó
en la parte de atrás de la silla por
un breve momento.
Sus poros nasales vibraron
otra vez, detectando los leves rastros del
perfume de Kerry sobre la superficie de cuero.
Era un olor fresco y ligeramente floral que
descubrió que le gustaba.
Impulsivamente, tomó
tres de sus golosinas, dejándolos en
el centro del escritorio antes de virarse
e ir hacia la puerta trasera que daba a su
propia oficina.
Se detuvo, con la mano
sobre el cerrojo y se giró, se apoyó
sobre la puerta y miró atrás
para ver la superficie del escritorio con
su pequeño ofrecimiento.
—¿Por qué
demonios hiciste eso? —se preguntó
en voz alta—. No sabes ni siquiera si
le gustan.
Los dulces de mantequilla
de maní acomodados en pequeño
montón no le proveyeron ninguna respuesta.
—Bueno, puede arrojarlos
lejos —Dar agitó su cabeza y
pasó por la entrada, haciendo su camino
de regreso a su oficina y cerrando su puerta
interior cuando entró en ella. Sintiéndose
curiosamente intranquila, decidió dejar
todo por el día y largarse.
Al final, abrochó
el pestillo de su computadora portátil
y pasó la correa sobre su hombro, mirando
sus zapatos de tacón bajo el escritorio
con una mirada perversa.
—¿Escándalo
o no?
Dar extendió la
mano abajo y cogió los zapatos, luego
los metió en el saquillo exterior de
su bolsa.
—Escándalo.
Con una satisfecha inclinación
de cabeza, fue hacia la puerta.
***
—¿Qué
tal un gato? —Colleen investigó
un poco de maquillaje chillón mientras
buscaban entre Burdines—. Te verías
linda como un gato, Ker.
—¿Un gato?
—Kerry se apoyó sobre el mostrador.
—Sí, dibujas
bigotes en tu cara… —Colleen tomó
un lápiz morado y hizo la mímica
del movimiento—. Te pones una pequeña
cola… ¿consigues un leotardo?
Podrías llevar eso.
Kerry arrancó
el lápiz de sus dedos y lo dejó.
—Nada de gatos
—dijo—. Ni gatos, ni murciélagos,
ni ratas, ningún mamífero peludo
de cualquier tipo, gracias. No quiero parecer
un peluche —empujó la caja de
vidrio y paseó, buscando algún
tipo de inspiración.
—¿Y un estilo
escocés? —sugirió Colleen,
tocando una falda de tartán.
Kerry lo estudió
cautelosamente.
—¿Quieres
decir, como una falda escocesa?
—Sí. Camisa
blanca, falda de tartán, zapatos de
charol… Ya sabes.
La mujer rubia suspiró.
—Pienso que parecería
una fugitiva de una escuela secundaria privada
—siguió adelante hasta llegar
a una sección de ondeantes y fruncidas
blusas. Kerry se detuvo y tocó una—.
Ahora, ¿qué es a lo que me recuerdan…?
—¿Pastel
de limón?
Kerry se río entre
dientes, tocando el ligero zurcido en los
bordes de los volantes.
—Al quinto grado,
en realidad —recordó—.
Interpretamos la firma de la Declaración
de Independencia en la escuela. Conseguí
ser Thomas Jefferson.
—Hm —su amiga
lo consideró—. Conoces las nuevas
chaquetas que los tipos están usando
para las celebraciones de promoción
este año… Podrías ir con
eso, esto, y un par de pantaloncillos cortos
e ir como un revolucionario.
Revolucionario. Una de
las cejas rubias de Kerry se levantó.
Se imaginó en el conjunto que Colleen
estaba describiendo, y decidió que
tenía posibilidades. No demasiado estrafalario,
definitivamente digno. Por alguna razón,
eso era importante para ella desde que toda
la compañía iba a estar ahí.
Halloween o no Halloween, quería verlo…
Por ninguna razón
particular, una idea de Dar destelló
en su mente.
Cierto. No quería
avergonzar a Dar por escogerla como su nueva
ayudante así que quería verse
bien.
—Está bien
—Kerry decidió—. Puede
funcionar —ordenó a través
de las fruncidas blusas y seleccionó
una de su tamaño—. Puedes encontrar
algunos Capris que se vean como de terciopelo?
Colleen se río
con disimulo.
—Cariño,
esto es Miami. Puedo encontrar Capris que
"sean" de terciopelo, en seis colores,
con lentejuelas —palmeó a Kerry
sobre el hombro—. Regresaré.
—¡Nada de
lentejuelas! —Kerry le gritó
a su espalda. El lino habría sido más
adecuado, pero en la mente de Kerry, si tuviera
que llevar pantalones cortos, por lo menos
quería llevar un par en que se sintiera
bien. Colgó la camisa sobre su brazo,
y se dirigió hacia la área característica
donde se hallaban las chaquetas de hombres.
Después de un
momento de analizar los tamaños, sin
embargo, se rió a sí misma irónicamente
y fue hacia la sección de niños.
Tenían cosas de mejor apariencia de
todos modos.
Colleen la alcanzó
allí, sujetando dos pares de pantalones
suaves, llenos de color. Uno en carmesí
y otro en un opulento azul rey. Kerry los
tomó, y dos chaquetas, y su camisa,
y trotó hacia el probador, los encargados
que le dieron un repertorio de raros artículos
le dedicaron una mirada a sabiendas sarcástica.
Dentro de la habitación,
se quitó sus vaqueros y top y revisó
sus elecciones.
—El azul, creo
—tuvo que admitir, entrando en los Capris
de terciopelo. Los pantalones pequeños
llegaban hasta sus rodillas, y le ajustaban
ligeramente, pero no demasiado. Kerry indagó
los resultados críticamente, se puso
la camisa y la abotonó. Lo sobrante
quedó dentro de los pantalones, y luego
se puso la rica chaqueta de marina de seda
sobre todo eso. La chaqueta era suave, pero
los pesados pliegues de ésta prolijamente
delinearon su cuerpo, y dio a su reflejo una
leve inclinación de cabeza antes de
que abriera la puerta—. ¿Hey,
Col?
Colleen asomó
su cabeza por la esquina, y luego caminó
dentro del vestíbulo para examinar
a su amiga.
—¿Sabes,
Kerry? —habló seriamente—.
Eso se ve muy bien en ti —caminó
más al frente y esponjó los
pliegues de la camisa de Kerry, arreglando
el ondeante pañuelo—. Necesitas
conseguir un prendedor, un cinturón,
y uno de esos sombreros de tres lados, y estarás
lista.
Kerry puso sus manos
sobre las caderas y sonrió abiertamente,
muy contenta consigo misma.
—Pienso que sé
de un lugar donde conseguir un sombrero —dijo—.
Y está justo al lado de ese lugar italiano.
—¡Dispara
y anota! —Colleen rió entre dientes,
levantando sus pulgares—. ¡Allá
vamos, Tommy!
***
Dar no estaba segura
por qué había terminado bajando
a South Beach. Pudo haber dejado el trabajo,
y dirigirse a su hogar pero encontró
la idea de sólo ir a su vacío
departamento poco atractiva por alguna razón.
Así que se había desviado, y
condujo sobre la elevada calzada en lugar
de entrar en la unidad terminal del trasbordador.
Había aparcado en uno de los lotes
públicos y sólo empezó
a caminar.
Halloween estaba definitivamente
en el aire. Sintió una abierta sonrisa
tirar de sus labios cuando pasó los
cafés al aire libre, adornados con
molestos esqueletos y murciélagos ligeramente
cómicos, con la rara y genuina calabaza
parpadeándole perversamente en la mesa.
—¡Hey, bonita
dama!
Tomó un minuto
antes de que Dar se diera cuenta de que estuvo
andando sin dirección. Había
cambiado su ropa de la empresa por un par
de vaqueros y una camiseta que había
tenido en su bolsa siempre empacada, y no
tenía pensado precisamente clavarse
en la multitud, pero… Sus ojos se encontraron
con los del vendedor ambulante, y sus cejas
se levantaron en pregunta.
—¿Qué
lleva allí?
—Ponche de Ghool
—el hombre sonrió abiertamente,
y sujetó un jarro de pl*stico lleno
de… Algo… que estaba emitiendo
humo y niebla que volteó en el borde
de la taza y la mitad oscureció su
mano—. Justo lo adecuado para pasar
el rato en una noche así.
Dar estudió la
invención.
—¿Quién
paga la factura de emergencia si se tragan
un trozo de hielo seco? —preguntó
con curiosidad.
—Por la pajilla
—el hombre desenvolvió rápidamente
una, eludiendo la pregunta—. Es seguro,
sinceramente.
Ah bien, sólo
se vive una vez, ¿no?
—Seguro —Dar
aceptó el jarro, que tenía la
forma como de la cabeza de un esqueleto y
pagó al vendedor—. ¿Qué
hay adentro aparte de lo obvio?
—Ron, licor de
plátano, *coco libre*, un poco de vodka,
y limonada.
Dar tomó un sorbo
con mucha, mucha cautela, y luego se relajó
con la mezcla de desagradables ingredientes
probándolo sorprendente al gusto.
—No está
mal —dio una gran sonrisa al hombre,
y luego siguió adelante, buscando más
problemas en los que meterse.
No caminó mucho.
Vio interrumpido su camino entre grupos de
sonrientes patinadores, ociosa miró
un poco de las tiendas de última moda
y las boutiques plagadas entre los cafés.
Una captó su atención, y paseó
cerca para mirar dentro, la diminuta tienda
estaba llena con ropa Nativa Americana y artefactos.
Dar siempre había
tenido sentimientos ambivalentes acerca de
los habitantes originales del estado en el
que ahora vivía. Había gastado
mucho tiempo en la escuela secundaria estudiando
las tribus locales actuales, los Seminolas
y Miccosoukee, y los algunos previos, los
Tequesta eran todo lo que había, en
su opinión personal, fueron ultrajados
por los colonizadores blancos que se apoderaron
de la zona.
Tener a las tribus ahora
recuperando mucho de sus ganancias con circulantes
establecimientos de juego siempre le había
parecido un poco de justicia divina. Creciendo
militarmente, sin embargo, encontró
su punto de vista como algo de la minoría,
aunque siempre había existido un trasfondo
de respeto, y la intriga que giraba en torno
a la nativa cultura guerrera.
Exactamente como había
estado fascinada con eso cuando era más
joven.
Ahora, estaba tocando
una hermosa camisa de guerra tribal cerca
de la parte frontal de la tienda, se inclinó
para confirmar la sustancia que lo constituía
era, como sospechó, de espinas de erizo
de mar. Meticulosamente limpiado, con aburrida
paciencia, hicieron clic entre ellos con un
sonido musical que reconoció como semejante
a uno que ella había escuchado muchas
veces debajo del agua.
—Bonito, ¿huh?
Dar miró hacia
arriba, para encontrarse con un sencillo vendedor
apoyado sobre el mostrador mirándola.
Era alto, aproximadamente de su estatura,
y estaban constituidos con similar longitud,
largos miembros y cabello oscuro. Imaginó
que era por lo menos en parte nativo de ese
lugar, sin embargo, no de nacimiento o por
elección.
—Nunca había
visto que las espinas de erizo de usaran de
este modo.
El hombre sonrió
abiertamente y caminó. Estaba usando
unos raídos vaqueros y botas igualmente
gastadas, con una hebilla de cinturón
impecablemente tallada centrada en el medio
de éste.
—Sí, pensé
que era una buena manera de mezclar la tradición
con los recursos locales, ¿entiende?
—¿Usted
hizo esto? —Dar preguntó.
Asintió.
—Todos dan algo
de ese tipo cosas para la tienda. El tipo
que es dueño del edificio nos la ofreció
sin tener que pagar alquiler, la razón
es que hace dinero por el café de al
lado. Así que todo es ganancia prácticamente.
—Lindo —Dar
miró el artículo detalladamente
trabajado, y el par de pantalones de cuero
bien curtidos que fueron puestos sobre el
maniquí.
—Generalmente sugiero
a las chicas visitar la pequeña área
de ropa, pero tendría que convencerse
—comentó el vendedor.
Gracioso. Dar
acaba de pensar la misma cosa, rápidamente
le siguió un sopapo mental a la parte
posterior de su cabeza como castigo por incluso
tenerlo en cuenta.
—¿Qué
diablos haría con algo así?
El hombre se encogió
de hombros, y se reclinó, cruzando
sus brazos sobre el pecho y mirándola
con ojos oscuros como el chocolate.
—Podría
usarlo en algunos de los clubes de aquí…
mejor si luce así.
Dar resopló.
—Creo que sólo
quiere hacer una venta —pero echó
un vistazo al precio de todos modos.
—Es cierto —sonrió
ampliamente—. Pero usted quiere comprarlo,
yo sólo estoy haciendo mi trabajo,
¿cierto?
Una idea revoloteó
dentro de la mente de Dar, mientras saboreaba
la tenue pista de mantequilla de maní
en la parte de atrás su lengua. Despacio,
una peligrosa sonrisa apareció.
—Muy bien —dirigió
sus ojos a los suyos—. Me quedo con
el traje entero.
—Genial —no
sofocó una triunfante sonrisa, el vendedor
cuidadosamente desasió la prenda sin
mangas y sin tela en la parte de la espalda
cuidadosamente de su puesto y lo colocó
sobre su brazo—. Este es entallado,
así que puede llevarlo… —la
miró por el rabillo del ojo—.
Sin nada debajo, si usted quiere.
—Lo sé —Dar
lo siguió al registro, mirando rápidamente
y seleccionando un par de mocasines blandos
también.
Dobló los artículos
prolijamente en algunos cuadrados de papel
de seda.
—Sabe, tenemos
un sistema crédito, si está
interesada —sus manos se detuvieron
cuando la tarjeta de platino de Dar cayó
sobre el papel—. Bueno, quién
necesita pagar intereses, ¿correcto?
—respetuosamente, levantó la
tarjeta y le echó un vistazo antes
de sustraerla y la devolvió—.
Nombre interesante.
—No fue de mi elección
—Dar la guardó. Tomó un
sorbo de su macabro jarro mientras esperaba
que el recibo se imprimiera, tratando de no
pensar qué ridículo fue que
considerara no solamente ir a la fiesta de
Halloween de la compañía, en
primer lugar, pero vestirse para eso…—.
Gracias —firmó el boleto cuando
se lo presentó, y recogió sus
bolsas—. Buena suerte con este lugar.
—No hay problema
—el hombre le sonrío—.
Sabe, usted podría casi pasar como
una nativa, excepto por esos ojos claros —extendió
una mano—. Un placer hablar con usted,
Paladar.
Dar tomó su mano
y le devolvió el saludo, encontrando
una mano fuerte y callosa agarrada a la suya.
—Igualmente —respondió
brevemente, antes de darse la vuelta y avanzar
fuera de la pequeña tienda, paseó
por el malecón y se sentó en
él para mirar la bolsa en sus manos.
¿Fiesta de
Halloween, Dar? ¿Qué diablos
te está pasando? ¿No fuiste
tú quien le dijo a Kerry, justo hoy,
que no ibas a las fiestas de la compañía?
—Kerry, por supuesto, esa era la causa
por la que ésta sería su primera
vez, y la niña aún estaba tratando
de quedar bien ante todos. Dar ajustó
su cordón del zapato, tirando de él
con dedos flojos—. ¿Me pregunto
qué llevará ella?
***
Kerry tomó una
honda respiración de fresco aire matutino
mientras cruzaba el aparcamiento de ILS. Era
temprano, a penas pasaba del amanecer, y era
una de pocas trabajadoras que ahora entraban
en el gran edificio.
—Buenas, Kerry
—Duks Draefus apareció repentinamente
junto a ella, su gran figura surgiendo inesperadamente
de la nada y casi asustándola—.
¿Qué es lo que tienes allí?
Duks era, sabía,
relativamente un buen tipo. Era un colega
cercano de su jefa, y Kerry también
sabía que Dar lo consideraba un amigo.
Aunque, ella todavía no lo conocía
bien, y él era, después de todo,
del mismo rango que Dar.
—Oh, sólo
mis fiascos de Halloween, Sr. Draefus —le
dijo—. ¿Usted irá a la
fiesta?
—Ah —Duks
sujetó la puerta cortésmente
para ella, y la siguió adentro del
edificio. Ambos mostraron sus insignias al
guardia, y los dejó pasar, uniéndose
a un pequeño conjunto de otros que
iban hacia los ascensores—. Me da miedo,
he sido forzado a participar en esta rara
celebración de antiguos rituales paganos.
Kerry no estaba segura
de cómo responder a eso. Prudentemente
sólo sonrió, y se reunió
con él en el ascensor, esperando que
las puertas se cerraran detrás de ellos.
En el último momento, una mano se extendió
y abrió los deslizantes paneles. Un
segundo después, la propietaria de
la mano se asomó por la esquina y entró
al cubo del elevador, escogiendo un sitio
en la pared cerca de Kerry contra la que se
reclinó.
—Buenas —Kerry
dio la bienvenida a su jefa, añadiendo
una sonrisa que le fue devuelta cuando los
ojos de Dar encontraron los suyos.
—Ah, y buen día
también, Dar —Duks se meció
arriba y abajo sobre los talones mientras
el ascensor se movía despacio—.
Llegas temprano hoy.
Dar vestía un
traje gris metálico, con una camisa
negra de seda debajo.
—Reunión
a las ocho —respondió sucintamente—.
¿Qué es eso? —indicó
la bolsa de ropa de Kerry.
—Mi traje —dijo
Kerry—. Para la fiesta de esta noche.
Las cejas de Dar trepidaron.
—Me imaginé
eso. ¿Qué tipo de traje?
Duks se mantuvo silencioso,
sus ojos yendo de una a otra con interés.
—Creo que podemos
guardarlo como un secreto —murmuró
Kerry, cuando el ascensor alcanzó el
decimocuarto piso—. ¿Podemos?
Hasta la fiesta, quiero decir.
Dar sujetó la
puerta mientras todos salían. Duks
agitó la mano y tomó otro camino
hacia su propia oficina, mientras que Dar
y Kerry siguieron adelante hacia las suyas.
—Ah, pero no iré
a la fiesta —Dar recordó a su
ayudante—. Además, puedo mantener
un secreto.
Kerry se rindió
graciosamente, disminuyendo la velocidad mientras
se aproximaban a la puerta de la oficina.
—No es… para
tanto en verdad. Sólo salí y
conseguí algo… Um….
Dar se recargó
contra la pared, con los brazos cruzados,
una ceja se levantó hasta la línea
del cabello.
—¿Qué
tan malo puede ser? —preguntó
peculiarmente.
¿Por qué
demonios estaba con la lengua trabada de repente?
Kerry frunció el ceño interiormente,
y se dio a sí misma una pequeña
sacudida. Era sólo Dar, después
de todo.
—No es malo; es
un poco divertido, realmente. Es una especie
de conjunto de la era revolucionaria, más
bien.
Dar inclinó su
cabeza a un lado, se intrigó.
—¿Revolucionaria?
¿Como George Washington y todo eso?
Kerry asintió.
—Correcto.
—¿Dónde
encontraste la cofia y el mandil?
—Bo… —Kerry
se sintió ruborizar inesperadamente—.
Oh, no… Um… No es el… es
el abrigo, y la camisa con volantes, y…
—Oooh. El atuendo
de un hombre —dijo Dar—. Cierto,
lo capto —le sonrió abiertamente
a Kerry y le dio una palmadita sobre el hombro—.
Buena elección —entonces viró
y fue hacia su propia oficina, dejando a Kerrison
Stuart muy desconcertada detrás de
ella.
—¿Qué
diablos quiso decir con eso? —Kerry
se preguntó en voz alta.
—¿*Pardonamente*,
Kerry? —María apareció
por una esquina—. ¿Me preguntaste
algo?
—Uh… no —Kerry
aclaró su garganta—. No, sólo
estaba diciendo que iba a conseguir un poco
de café, eso es todo —le sonrío
a María—. ¡Buenas!
—*Buenos Días*,
Kerry —María le sonrío
de vuelta, y siguió su camino.
Agitando la cabeza, Kerry
entró en su oficina, deteniendo frente
a su pequeño armario para esconder
su traje camino a su escritorio. El sol estaba
entrando a raudales por la ventana, y pasó
un momento disfrutando la vista antes de jalar
su silla y sentarse. Solamente entonces notó
tres papeles plateados envolviendo unos bultos.
Curiosa, recogió uno.
—¿Dulce
de mantequilla de maní? ¿Cómo
llegó aquí? —alguien,
por supuesto, debió haberlos dejado,
pero…—. ¿Cómo podía
alguien saber que adoro estas cosas? —no
estaban ahí cuando partió la
noche anterior, y ella había sido la
última persona en el ala que pudo dejarlos,
excepto…
Dar.
Kerry estudió
el caramelo seriamente. Entonces lo abrió,
olfateó con delicadeza el chocolate
cremoso, y lo puso rápidamente en su
boca.
—Mm.
Dulce de mantequilla
de maní para desayunar, Kerry. ¿Qué
tan completa, totalmente aterrador es eso?
Terrible. Alegremente, lamió sus
dedos, luego se levantó y recuperó
su taza, saliendo para conseguir un poco de
café para acompañar los bocadillos.
***
Dar entró en su
oficina, mirando furiosa la luz del sol de
la tarde antes de que tirara de su silla y
la reclamara, abrió el cajón
de su escritorio y sacó un frasco de
aspirinas.
—Estúpidos
hijo de puta —maldijo, agitando algunas
pastillas y dejó el frasco en el cajón—.
No tienen ni el cerebro que Dios le diera
a un saltamontes, lo juro.
Su intercomunicador zumbó
suavemente.
—¿Dar?
—Sí —murmuró
Dar—. ¿Qué es, María?
—apoyó los codos sobre el escritorio
y frotó sus sienes, tratando de aliviar
el latido del constante dolor.
—Tengo dos
mensajes aquí para ti, del Sr. Roesenthal.
—Tengo un teléfono
celular, y sabe cómo usarlo —Dar
gruñó—. ¿Algo más?
—*Si*. Tu almuerzo
todavía está aquí, sobre
mi escritorio. ¿Quieres que te lo lleve?
Dar hizo una mueca de
dolor.
—No —comió
bilis con la idea del pan de carne frío—.
Pasaré —echó un vistazo
a su reloj—. Tengo la reunión
con Ops en cinco minutos de todos modos —con
un suspiro, se puso de pie y caminó
con dificultad hasta el pequeño refrigerador
ejecutivo bajo el mostrador en su oficina,
abriendo la puerta y retirando una pequeña
botella de plástico marrón.
La tomó, y a su carpeta de proyecto,
y fue hacia la puerta.
El resto de su equipo
de operaciones ya estaba ahí cuando
llegó a la sala de conferencias. Eso
no era sorprendente, en términos generales
nadie llegaba tarde a una de sus reuniones
de departamento porque ésa era una
de las manías de Dar y todos lo sabían.
Así que, no estaba
sorprendida de ver la mesa llena cuando abrió
la puerta y se hizo de su asiento, la silla
al final cerca de la ventana. Se alegró
de que ésta era la última reunión
del día, y ya había botado su
naciente idea de asistir a la fiesta de Halloween,
decidiendo sólo irse a casa y tal vez
gastar un poco de tiempo en el gimnasio en
vez de eso.
Cuando se sentó,
echó un vistazo por la mesa y encontró
su mirada capturada a mitad de su recorrido
por un par de tibios ojos verdes, preocupados.
Kerry se sentaba en medio del grupo generalmente,
y ahora estaba apoyada sobre sus codos, mirando
la cara de Dar y esperando lo que sea que
tuviera que decir.
Dar se relajó
un poco, y tomó un sorbo de su leche
de chocolate.
—Aparte del hecho
de que voy a tener que agarrarme a golpes
con Eleanor por nuestra rebanada del presupuesto,
no tengo nada que valga la pena decirles.
Todos estuvieron callados,
digiriendo eso.
—¿Puedo
vender boletos? —Mark Polenti habló
más fuerte, indecisamente—. Pienso
que podría conseguir al menos diez
dólares y una gaseosa, aunque fuera
sólo durante cinco segundos.
Eso consiguió
una risa ahogada de todos, incluso una sonrisa
de Dar.
—Ni siquiera —Cherylee
Simons le agitó un dedo—. Estaría
gritando ¡*No más*! Y corriendo
afuera del edificio antes de que empezara
siquiera.
—¿No tratarías
de arrancarle la oreja con los dientes, o
sí, jefa?
Dar reconoció
la broma ondeando una mano.
—Bueno, bueno.
Es suficiente —posó la barbilla
en su puño—. Su turno.
Uno por uno diligentemente
informaron sobre los pocos, y algunos otros
grandes, éxitos y fracasos. Dar se
encontró escuchándolos con mediana
atención, sin embargo, sus pensamientos
parecían andar en otro lugar. Tomó
algunas notas en su agenda de bolsillo, sólo
para tener a todos bajo control, y deseó
que el día terminara.
Entonces sus ojos fueron
capturados por un destellante indicador en
su dispositivo de mano, y le echó un
vistazo, perpleja, antes de tomarlo y darle
un golpecito al cuadro con su bolígrafo.
Una diminuta calabaza
apareció.
Dar alzó la mirada
y revisó alrededor de la mesa. Varios
de su personal llevaban dispositivos de mano,
pero solamente una tenía al suyo a
la vista y abierto.
Kerry cruzó sus
manos en frente de su aparato y aclaró
su garganta un poco.
—No tengo mucho
que informar por mi parte —dijo suavemente—.
Las tres nuevas cuentas que contratamos sólo
deben estar listas para la integración
de la próxima semana, y tenemos todos
sus sitios de inspección listos para
Mark —sus ojos se levantaron y encontraron
a Dar—. No tenemos los problemas que
tuvimos en el asunto de Canadá. Pienso
que la gran orden que necesitabas se está
redirigiendo por Newfoundland, y debe llegar
a Londres mañana por la noche.
Dar le sonrió
con gusto.
—Buen trabajo.
Kerry sonrío de
vuelta, visiblemente contenta por el elogio.
—Eso es todo con
lo que termino —dijo—. Estamos
haciendo el servidor de emigración
para la próxima semana para Australia.
Pienso que estamos listos —sus ojos
pasaron a Mark—. Estamos listos, ¿cierto?
—Puedes apostar
—Mark estuvo de acuerdo—. Trescientos
servidores, dos tubos grandes, seis administradores,
no pueden esperar. Sólo necesitamos
un nombre para el proyecto.
—¿Qué
les parece Calabaza? —Dar habló
arrastrando las palabras, manteniendo la mirada
sobre el rostro de Kerry. La mujer rubia resplandeció
en una gran sonrisa ligeramente avergonzada,
mientras sus dedos hacían girar su
lapicero un poco nerviosa—. Me gusta
ese.
Mark se encogió
de hombros.
—Seguro. Adecuado
para la ocasión —garabateó
algo sobre su tablero—. Entonces es
Calabaza, jefa —revolvió unos
papeles—. Por mi parte, estamos principalmente
bien, excepto que todas las cajas fueron al
departamento de ventas.
—¿Qué?
—ladró Dar—. Sólo
consiguieron un ciento. ¿Qué
diablos están haciendo con ellas, usándolas
como macetas?
—Nuse.
—INVESTÍGALO
—Dar gruñó—. Ese
tonto de José probablemente está
permitiéndole a sus favoritos que se
las lleven a su casa. Tendré sus *cojones*
sobre una bandeja si lo permite.
—Veré qué
es lo que puedo averiguar —Kerry agregó
suavemente—. Tendré una reunión
con ellos mañana por la mañana
—aclaró de nuevo su garganta—.
Pero haré, um… que deje sus c…
*cojones* donde están, a menos que
tú realmente, realmente los quieras.
Hubo un momento de honesta
sorpresa en el grupo. Kerry había estado
con ellos muy poco tiempo, no se había
aventurado dentro del familiar lenguaje con
ninguno del equipo, además de Dar.
La observaron con curiosidad, y luego todos
miraron a Dar esperando su reacción.
Dar exhaló, frunciendo
sus labios mientras pensaba seriamente considerando
la pregunta. Luego se encogió de hombros.
—Demonios. Incluso
si los petrificara, solamente serían
del tamaño de canicas. ¿Por
qué preocuparse? —sus ojos azules
destellaron gentilmente hacia Kerry—.
Ve si puedes conseguir que alguien además
de él te diga la verdad. Sé
que le da incentivos a su mejor gente…
Y no me importa, pero los reemplazos tienen
que venir de su presupuesto.
—Muy bien —asintió
Kerry.
—Eso es —Dar
se empujó hacia atrás desde
la mesa—. Los veré mañana
—se levantó y se dirigió
a la puerta, sin mirar atrás.
La atmósfera en
la habitación se relajó palpablemente
tan pronto como Dar se fue. Todos se reclinaron
y estiraron, algunos tomaron notas y acomodaron
cosas dentro de sus maletines.
—Diantres, la gran
D estaba gruñona hoy —suspiró
Cherylee.
—Como que hay algo
diferente —remarcó uno de los
asistentes, irónicamente—. Nunca
la había visto de buen humor. ¿Cómo
puedes decirlo?
Cherylee hizo sonar la
lengua y rodó los ojos.
—Cierto…
cierto… —dio una mirada a Kerry—.
Eres afortunada, creo. Le gustas.
—Oh. Síp.
—Hey, sólo
hago lo que debo hacer —Kerry sacudió
una mano en negación—. No tiene
nada que ver con la suerte o con que le guste.
—Tiene razón
—Intercedió Mark suavemente—.
Ella sabe de esa mierda, y la gran D lo sabe
también. Eso es todo lo que ocurre,
ustedes lo saben.
—Debes saberlo
—le dijo Cherylee—. Tú
eres su chico favorito.
—Conozco mi propia
mierda —extendió las manos, irradiando
confianza—. Y nunca trato de ganármela.
Ahí es donde tú eres un asno
derribado, Chery —dijo—. Ella
sabe cada vez que tratas de poner un poco
de azúcar sobre algo.
—Sí, sí
—la mujer se levantó—.
Bueno, voy a conseguir mi sombrero para la
fiesta —echó un vistazo a Kerry—.
¿Vas?
Kerry asintió,
mientras guardaba sus notas.
—Sí, no
me lo perdería.
—Ooh… Primera
vez en cinco años que tendremos alguien
de Ops Exec ahí —Cherylee se
río—. ¿Alguien trae una
cámara?
***
Kerry decidió
relajarse con una taza de té antes
de vestirse con su traje para la fiesta. Golpeó
debajo de su escritorio con los zapatos y
se reclinó, acunando la taza entre
sus manos y bebiendo a sorbos de él.
Había sido un muy
buen día. Había conseguido hacer
la mayor parte de su lista de tareas antes
de comer, y se dio cuenta de que se estaba
acostumbrando al ritmo de trabajo mucho más
rápido de ILS. Se adaptaba bien, a
decir verdad. Kerry se percató de estar
disfrutando el desafío la mayor parte
del tiempo, aunque había veces cuando
se sentía un poco abrumada.
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