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:: CORAZONES DESENMASCARADOS::
(UNMASKED HEARTS)

Aunque, no eran sólo sus responsabilidades de trabajo. Quedar bien con esta nueva y gran compañía había sido más estresante de lo que había previsto. Su muy visible posición la puso en el centro de atención más a menudo de lo que le gustaba, y ella misma sabía que estaba bajo curioso escrutinio, incluso dentro de su propio departamento.

Aún. Abrió su cajón y tomó su último dulce de mantequilla de maní, que se había salvado en la mañana. Lo abrió y mordió con gusto, masticándolo con satisfacción mientras la luz empezaba a difuminarse afuera de su ventana.

Después de terminar, se levantó y fue a su armario, lo abrió y deslizó el cierre de la bolsa para prendas de vestir en la que había escondido su traje. Algunos minutos después, había cambiado su traje de oficina y medias, por terciopelo y seda, las suaves telas se sentían estupendamente contra su piel.

—Mm —exhaló en satisfacción—. Mucho mejor que un traje de gato.

Abrochó el delgado cinturón de cuero y recogió la caja de joyas viejas que había tomado de su maletero. Llevándolo al pequeño apoyo bajo un espejo igualmente pequeño, lo puso encima y lo abrió. Dentro, descansando sobre un pedazo de antigua tela había un broche familiar, que se puso, y un viejo reloj de bolsillo.

Primero, abrochó la cadena del reloj en su cinturón, y entonces con cuidado lo llevó al bolsillo de su chaqueta. La brillante cadena resplandeció contra la tela azul, y sonrío, sólo un poco mientras sujetaba los enlaces de metal.

Una de las pocas cosas que tenía que en verdad, honestamente la unía a su familia. El reloj había sido pasado por generaciones de padre a hijo primogénito, hasta que su padre había decidido, sin importar la razón, que él iba a dárselo al primer hijo que tuviera.

Así que cuando había cumplido dieciocho, la había llevado a su despacho, y dado un discurso sobre las costumbres, y le pasó este trozo de historia que había sido transmitido por al menos cuatro guerras e incontables manos. Abrió la tapa y miró fijamente el grabado. Era sencillo, sólo el apellido de la familia, y la fecha en que el reloj había sido creado.

Tradición. Kerry suspiró, y cerró la tapa, poniendo el reloj en su bolsillo. Sus padres le habían llamado la noche pasada, y luego había hablado con Angie y Mike. Aunque adoraba su vida aquí, tuvo que admitir que extrañaba a su familia, extrañaba la cercanía y la intimidad de sus hermanos y la confianza de casa. Tenía amigos aquí, pero no era lo mismo. No la conocían, y ella no los conocía a ellos, no realmente.

Una suave llamada la sacó de sus pensamientos.

—¿Sí? —su puerta interior se abrió, y la cabeza de Dar apareció, los sorprendentes ojos azules cruzaron la oficina hasta que descansaron sobre ella—. Oh, hola.

—Hola —Dar entró y cerró la puerta detrás de ella, una sonrisa cruzó su rostro a medida que examinaba el traje de Kerry.

—¿Qué te parece? —Kerry se sentía más relajada siempre que ella y Dar estaba a solas. Tal vez sus experiencias juntas durante las reuniones en la Consolidación la hicieron sentir así, pero cuando sólo eran ellas solas, fuera del alcance de ojos atentos, se sentía más a gusto con su a menudo intimidante nueva jefa.

—¿Qué me parece? —Dar caminó y cruzó los brazos sobre su pecho, su camisa de seda negra con las mangas enrolladas reflejaba la luz. Examinó la esbelta figura antes que a su vestimenta revolucionaria, y sonrió ampliamente—. Bonito conjunto.

Kerry sintió una mezcla de confusión y placer.

—Gracias —palpó el broche—. ¿Puedo pedirte un favor?

Ojos azules valoraron cautelosamente.

—Seguro.

—¿Podrías colocarme este prendedor? —indicó su pañuelo, y el broche—. Nunca consigo centrarlo.

Dar tomó el broche de su mano y se acercó, entrando en el espacio personal de Kerry. Cuidadosamente laboró para sujetar la joya, y la puso en su lugar, mientras Kerry permanecía de pie inmóvil.

Tan cerca, que Kerry podía oler la débil esencia del especiado perfume que Dar usaba, y ver el golpeteo de su corazón latiendo en su garganta.

—Ya está —Dar terminó y caminó hacia atrás, mirando su obra—. ¿Te parece bien?

Kerry bajó la mirada.

—Genial —sonrió generosamente—. Gracias —luego miró hacia atrás—. ¿Necesitas algo? Supongo que probablemente no estás aquí para ayudar a vestirme.

Dar titubeó, y luego volvió a cruzarse de brazos.

—Yo… um… —se detuvo, inusitadamente—. En realidad, sólo vine para decirte buenas noches —se encogió de hombros—. Pásala bien en la fiesta.

—Deberías ir —Kerry se vio a sí misma diciendo.

—¿A casa? —una ceja de Dar se levantó.

—A la fiesta.

—No soy un animal de fiestas —la mujer de cabello oscuro encogió los hombros—. Además, mucha de esa gente odia mis agallas. No quiero agriar su ponche.

—Mmph —Kerry frunció las cejas.

—¿Tienes un sombrero que vaya con eso? —Dar cambió el tema—. ¿Para hacer que te veas apropiadamente como Yanqui? —dejó aparecer un poco de su natural acento sureño.

Kerry sospechó que ella estaba empezando a molestarse así que sonrió amigablemente, pero recuperó su sombrero tricornio y lo acomodó sobre su cabeza.

—Estoy lista —puso una mano sobre la manija, apuntando su mirada fijamente en Dar—. ¿No vendrás aunque sea por algunos minutos? Es sólo una fiesta.

Los ojos de Dar cayeron, y se repusieron otra vez.

—Realmente no es mi estilo. Diviértete, ¿está bien? —levantó una mano en despedida, y se retiró por la puerta trasera hacia el pasillo.

—Está bien —Kerry suspiró, inquietamente conciente de lo vacía que parecía la habitación sin su fascinante y desconcertante jefa en ella. Pero se deshizo de su decepción y verificó su imagen una vez más en el espejo, enderezando su sombrero antes de dejar su oficina y fue hacia la habitación de presentación.

***

Dar se desplomó en su silla, sus ojos estudiaban la pantalla en frente de ella aparentemente. Sin tener idea de lo qué había en ésta, pero sospechaba que no era agradable así que cuando una llamada vino de su puerta, abandonó lo que sea que era gustosamente.

—Pase.

La puerta se abrió, y María clavó su cabeza dentro. La vista de su asistente administrativa logró una sonrisa en Dar, por ninguna otra razón más que la de tener una brillante bola roja sobre su nariz.

—María… ¿eres tú detrás de todo eso?

—*Si* —María entró, y se cercó al escritorio. Iba vestida como un payaso, de cabello rizado y rojo brillante, una polca haciendo el conjunto, y zapatos demasiado grandes—. Soy como el "eso", ¿*no*?

Dar tuvo que reírse.

—María, tú tienes más agallas que yo, tengo que admitirlo —aceptó—. Yo nunca podría ponerme eso.

María sonrío.

—Es sólo por una noche, y mis *familias* no celebran el Halloween, así que me divierto —enlazó sus manos frente de ella—. ¿No te pararás por allí para ver otras cosas graciosas? Oí que el Sr. Draefus viene como oso.

¿Qué tienen todos hoy?

—Sabes que no soy de fiestas, María —le dijo Dar—. Además, contigo y Kerry, nuestra oficina está perfectamente bien representada este año.

—Ah —María asintió—. *Si*, ¿entonces Kerry irá también?

Dar confirmó.

—Síp, se ha vestido como George Washington o algo así —dijo a su administradora—. Realmente linda.

María estudió su rostro atentamente.

—Sabe, *Jefa*, me preocupo por ella en este lugar. Pienso que no lo está encontrando tan fácil entrar en el modo en cómo somos nosotros.

—¿Qué quieres decir? —las cejas de Dar se contrajeron—. Pensaba que lo estaba haciendo bien. Hace un buen trabajo.

—Oh, no, *si*, quiero decir, ¡por supuesto lo hace! —María se corrigió—. Pero pienso que no encuentra amigos aquí tan rápido. Es debido a lo que está haciendo, creo. Las personas no saben cómo ser con ella.

—Sí —Dar exhaló—. Está en un mal sitio —admitió—. Todos en nuestro grupo tienen que reportarse con ella, y no se sienten seguros de acercarse a ella porque están temerosos de mí.

María reprimió una sonrisa.

—*Si* —asintió tristemente—. Es una lástima, es tan linda.

—Sí —eso preocupó a Dar, porque le gustaba la niña, y quería que fuera feliz en el sistema de ILS, ¿no? Kerry era una gran ayudante, una gran empleada, tenía gran potencial…

—Es una lástima que no tendrá un amigo con quien divertirse en la fiesta esta noche, *Jefe* —María presentó educadamente, el más gentil ataque cubano que Dar hubiera sentido—. Pienso que tú eres la más cercana a ella, aquí.

Dar la miró.

—Creo que estoy siendo emboscada.

—No sé cómo entender, eso que dices, de estar siendo emboscada, *Jefe*, pero tengo razón, ¿sí?

El significado de las palabras casi le cuesta a Dar su serenidad. Fregó su cara con una mano, y tomó una honda respiración, luego se relajó en el respaldo de su silla, rindiéndose con la cercana lucha ante la que siembre había pensado que podría.

—Muy bien —dejó sus manos caer en los brazos de la silla, y dio una sonrisa irónica a su administradora—. Además, tengo esta maldita cosa de ropa que compré, dentro del endemoniado guardarropa. Mejor que la use.

María sonrío ampliamente.

—¡*Jefe*! ¡No hiciste eso!

—Sí, lo hice —admitió Dar—. Así que, vamos. Con un poco de suerte, la habitación entera se desmayará cuando aparezca y será una fiesta breve.

—Voy —María parecía sumamente satisfecha, por lo menos tanto como podría verse alguien con círculos de lápiz labial rosa brillante sobre sus mejillas—. Te veré allí, Dar. Es bueno —se giró y marchó, o algo, hacía afuera, cerrando la puerta detrás de ella.

Dar se sentó por un momento, absorbiendo las implicaciones de lo que estaba haciendo. Entonces sonrió abiertamente, y lanzó la precaución por la ventana cuando se levantó de un salto y fue hacia donde había escondido su traje.

***

Kerry avanzó dentro hasta un lugar cerca de la pared, dejando a sus ojos acostumbrarse a la tenue y extraña iluminación, mientras miraba alrededor de la habitación. Los decoradores habían hecho un gran trabajo… había globos con cabezas de brujas, fantasmas, duendes traviesos y otras cosas… que colgaban del techo, al mismo tiempo que murciélagos y arañas. Alguien tenía una máquina de hielo seco guardada en algún lugar porque una baja capa de niebla oscureció el piso.

Dos barras grandes en lados opuestos de la habitación estaban distribuyendo sodas, cerveza y vino, y había dos mesas muy largas recargadas en las paredes del contorno que tenían varias golosinas en ellas. En el centro de la habitación, un área grande había sido limpiada, y alrededor de ella había mesas pequeñas donde las personas estaban sentadas y hablaban. Dos de las mesas habían sido usadas como sitios de adivinos, e hicieron un pequeño negocio alrededor de ellos.

Se oía música atemorizante, y las luces estaban bajas, cubiertas por plásticos de colores que pintaban todo en bizarros matices.

Kerry decidió que lo prefería así en lugar de la apariencia normal de la habitación. Miró alrededor, y vio algunos ojos alejarse de ella, lo que repentinamente la hizo sentir muy cohibida.

—Hey, Kerry —Mark apareció junto a ella, se había vestido como un vampiro—. ¿Quieres una "mordida" para comer? —mostró su extraordinario brillo en unos oscuros colmillos.

—Yikes —Kerry ahogó una risa; se alegró de que pudiera hablar con alguien por lo menos—. Este lugar es salvaje.

—Síp —Mark se quitó los colmillos, y pasó la lengua alrededor de sus dientes—. Odio el sabor del plástico —comentó, guardando el artículo para después—. No es tan malo. Me gusta sólo pasar el rato mirando qué tan estúpidos parecen todos.

Bien. Kerry observó a una analista de mercadotecnia cruzando el despejado espacio del centro dirigiéndose hacia la barra.

—¿Qué se supone que es eso? —preguntó.

Mark miró, luego inclinó su cabeza y observó otra vez.

—Creo que cree que es Carmen Miranda —dijo—. Eso, o está representando a la industria de la salchicha.

—Wow —Kerry murmuró—. Es diferente.

—Pero hey, adoro tu traje —Mark continuó—. Capa legítima —admiró la chaqueta de seda—. Sabía que no harías nada… ahm…

—Estúpido —agregó Kerry, con una sonrisa irónica—. No, no pensé que mi primer fiesta de la compañía sería el momento o lugar para eso —dijo—. De todos modos, iré a por una taza de algo frío o algo.

—Está bien, te veo al rato —Mark blandió su capa alrededor de él y salió con paso airado, empeñado en asustar a cuanta víctima desprevenida podía.

Con un suspiro, Kerry pasó a través de la multitud que iba en aumento hacia la barra, devolviendo sus más cordiales sonrisas mientras se aproximaba a ella.

—Hola —saludó al barman, sufriendo bajo un juego completo de maquillaje azul y cadenas—. ¿Qué tipo de cerveza tienes?

El hombre sujetó dos botellas calladamente. Kerry señaló con el dedo una, y fue recompensada con una taza de plástico llena hasta el borde de la bebida de su elección. Lo sujetó y regresó, preguntándose a dónde ir después.

—Ah, Kerry. Justamente estábamos hablando de ti —Eleanor apareció por uno de sus codos, se había vestido como Cruella DeVille, completando con una capa de piel sintética con lunares—. ¿Por qué no vienes y te reúnes con nosotros? —tomó el brazo de Kerry y la llevó a una de las pequeñas mesas, donde José y un número de otros de sus amigotes estaban reunidos.

Yippee, mis personas favoritas. Kerry suspiró interiormente. Pero al fin de cuentas eran alguien con quien hablar, al menos. Ella misma permitió ser introducida en el grupo, devolvió varios de los murmullos y sonrió en saludo.

—Hey, ése es un conjunto bonito —comentó José—. Mozart, ¿cierto?

—José, eres tan inculto —Eleanor rodó sus ojos—. Es obviamente del período revolucionario, ¿o no, Kerry?

—Es correcto —Kerry asintió con la cabeza—. Ésa es una capa encantadora, Eleanor.

La Vicepresidenta de mercadotecnia le sonrío radiantemente.

—¡Gracias! ¿Ya ves, José? ¿Alguna vez imaginaste oír eso de la boca de alguien en esa oficina?

José giró sus ojos.

—No espero ni mierda de esa oficina. Sin ofender, ¿cierto? —echó un vistazo a Kerry—. Eres una linda niña, pero no creo que dures mucho tiempo allí. Nadie lo hace.

—¡José! —Eleanor le frunció el ceño—. ¡Por favor! No la asustes. Es la única voz civilizada que hemos obtenido de esa letrina.

Kerry no esperaba la fría cólera que sintió repentinamente. Sospechaba que se veía en su rostro, sin embargo, porque las dos mujeres más cercanas a ella retrocedieron un paso, y José tenía el talante de parecer incómodo.

—Discúlpenme —se las arregló para hablar en un tono suave y civilizado—. Ocurre que tengo mucho respeto y admiración por la persona para quien trabajo, y preferiría no ser parte de esta conversación.

—Ya, estoy segura de que José no quiso decirlo de esa manera… —Eleanor empezó, pero se vio hablándole a la espalda de la chaqueta de seda de Kerry cuando ella simplemente se dio vuelta y se alejó caminando, moviéndose a través de la multitud con una gracia inconsciente—. Hijo de puta.

José lanzó un gruñido.

—Pensé que se lo había imaginado ya.

Eleanor suspiró disgustada.

—Es inteligente. No comprendo por qué todavía no lo consigue.

Kerry bloqueó las palabras mientras se dirigía a otro lado de la habitación. Estaba sorprendida por lo mucho que se había estremecido interiormente de ira debido a los insultos proferidos hacia Dar, y decidió mandarlo al infierno. Terminaría su cerveza y sólo se largaría. Debía haber algo en la televisión que preferiría ver que permanecer por aquí.

—*Hola*, Kerry.

Kerry disminuyó la velocidad, entonces se detuvo cuando encontró a María de pie en un círculo de algunos de sus amigos.

—Hola, María. Ése es un lindo atuendo —murmuró.

—*Muchas gracias*, y tú, también, te ves muy bien —María devolvió el cumplido—. Eso se ve tan bonito en ti.

Síp.

—Gracias —Kerry respondió quedamente, mientras echaba un vistazo alrededor de ellos—. Es sólo algo que… —sus palabras se arrastraron cuando sus ojos dieron con una alta figura que acababa de entrar en la habitación.

Oh cielos. Kerry estaba sorprendentemente consciente de una verdad que vino a golpearla en la ingle, tan fuerte, que sus rodillas temblaron.

—Ah, bueno —María miraba sin notar el repentinamente pasmado enmudecimiento de la mujer junto a ella—. Me alegro mucho de que *el Jefe* decidiera venir, después de todo —comentó plácidamente—. Ése es un traje muy interesante, ¿no, Kerry?

Interesante. Kerry parpadeó. Su jefa estaba vistiendo un par de pantalones de cuero flexible, decorado con piedras y conchas, y un top con la espalda descubierta que cubría sólo el frente de ella y un poco más. Sus hombros y brazos estaban desnudos excepto por las finas cintas de cuentas alrededor de sus bíceps, y su cabello tenía una pluma larga y colorida introducida en él.

Caminó con gracia felina apropiada a la vestimenta india, y su acostumbrada actitud de intensidad casi salvaje era perfectamente conveniente para el conjunto.

—Uh. Síp —Kerry se las arregló para decir las palabras—. Muy interesante —finalmente recobró su serenidad, y lamió sus labios—. No pensé que ella fuera… ella dijo que no le gustaba las fiestas.

—Siempre hay una primera vez —comentó María—. Dar nunca es predecible —miró a Kerry con brillo centelleando en sus ojos—. Debes decirle qué bonito es su traje. Tal vez haga otra fiesta de nuevo.

—Debo —Kerry hizo rodar las palabras en su boca—. Sí, tienes razón, María. Debo —tomó el control de sí y se dirigió hacia su jefa resueltamente. De repente, la fiesta estaba definitivamente mejorando.

***

Dar se detuvo antes de abrir la puerta del cuarto de presentación; cambiando su postura y echando un vistazo abajo para asegurarse de que las espinas de erizo estuvieran donde se suponía debían estar. El aire acondicionado rozó contra sus desnudos omóplatos, y repentinamente estuvo conciente de la cantidad de piel que estaba mostrando.

¿Fue esto una buena idea? Echó un vistazo a uno de los reflejantes paneles a su lado de la puerta y revisó la estrafalaria figura que miraba atrás de ella. Tal vez no. Frunció el ceño a su reflexión, y estaba a punto de dar media vuelta y irse a su oficina cuando las puertas dobles se abrieron y Duks apareció en su traje de oso.

Era difícil decir cuál de los dos estaba más sorprendido.

—No puedo creer lo que veo —farfulló Duks—. ¿Dar?

Oh bien. Dar exhaló, viendo los ojos que repentinamente miraron hacia ella desde el interior de la habitación. Supongo que debo entrar.

—Síp —tiró de la peluda vestimenta de Duks—. ¿Qué diablos es esto?

—Era algo como eso, o un traje de vaquero —Mariana apareció, sus ojos captando la alta forma de Dar—. Hm… Ustedes dos podrían haber venido como pareja si hubiera traído eso. Por los cielos, Dar… Ése es un traje original.

Dar se encogió de hombros.

—Déjame entrar ahí, dejar a todos sin sentido, tomar una bebida, e irme de aquí —caminó más allá de ellos—. Si no salen corriendo y gritando por la puerta —se reforzó a sí misma con una honda respiración, entró en la habitación de presentación, apelando a su actitud tanto como podía para cubrir la vergüenza.

Se detuvo justo al pasar por la puerta para orientarse, y dejó a sus ojos ajustarse a la oscuridad. Eso no paró que todos los más cercanos la miraran fijamente, naturalmente, y cuando se movió hacia la barra más cercana escuchó los susurros resultantes detrás de ella.

—Oh, eso es apropiado. ¿Dónde está el hacha de guerra?

—Salvaje… Sí, eso es adecuado.

—No puedo creer que se mostrara. ¿Alguien murió?

Resueltamente, Dar siguió su camino, con cada paso lamentaba más y más su decisión de venir. Casi había llegado a la barra cuando fue interceptada por una persona elegantemente vestida, baja y rubia viniendo en la otra dirección. Cautelosamente, de detuvo, esperando la reacción de Kerry, su expresión era difícil de percibir en la débil luz.

—Hey —la voz de Kerry era cálida—. Pensé que no vendrías.

Dar se encogió de hombros.

—No hay ningún otro lugar a donde llevar esto —respondió escuetamente.

—Qué mal —dijo su ayudante—. Es precioso. Te ves genial en él.

Hm. El ego de Dar pinchó sus orejas cautelosamente. ¿Esa era admiración genuina o sólo los usuales y amables buenos modales de Kerry? Decidió ser directa.

—No estás diciendo eso sólo porque soy tu jefa, ¿o sí?

Los ojos de Kerry se alzaron y encontraron los suyos, y Dar sabía la respuesta antes de que la mujer rubia dijera una palabra.

—No —dijo Kerry, con una cálida sonrisa—. Lo dije porque es verdad. De algún modo, realmente te queda bien.

Bien, entonces. Dar se sintió un poco mejor por dejarse ver. Dio la vuelta y se dirigió al barman.

—¿Qué es lo que tienes? —examinó las ofertas—. Dame un vino frío.

Kerry levantó su copa casi llena.

—¿Puedo tomar un frío de ésos? He estado cargando esto durante un rato.

Tomaron sus bebidas y se trasladaron a un lado de la barra, a un sitio más silencioso cerca de la pared. Kerry se reclinó y sorbió su cerveza, mirando a la multitud irónicamente.

—¿Dar?

—¿Hm?

—Todos nos están mirando.

—Umhm —Dar estuvo de acuerdo—. Están esperando que actuemos las Guerras Indias de la frontera. Creo que se supone que te golpee en la cabeza, y te saque cargando sobre mi hombro.

Kerry casi escupió su cerveza a un pie de distancia frente de ella. Cubrió su boca y se las arregló para tragar, luego despejó su rostro.

—Oh, Dios. Eso haría la compañía del periódico.

Dar se río ligeramente.

—Síp —sorbió su vino frío, esperando que la multitud encontrara algo más interesante que mirar—. ¿Estoy interrumpiendo tu diversión?

Kerry se quedó en silencio por un momento, determinando cómo responder.

—No —decidió ser honesta—. Estaba a punto de irme. En realidad no me siento muy cómoda aquí aún —dijo—. Las personas todavía me miran del mismo modo que a una cruza entre una simplona y una demente.

Dar se sintió vagamente como un caballero sin brillo en armadura de cuero.

—Eso está bien —dijo a su ayudante irónicamente—. A mí me miran como a una cruza entre Satanás y un cobrador de impuestos —una sonrisa intentó cruzar su rostro y desapareció—. ¿Quieres que pasemos el rato juntas? Por lo menos podemos hablar de los mismos temas y entendernos.

Kerry aceptó el cumplido con una amplia sonrisa.

—Sí, me gustaría, gracias —indicó las largas mesas—. ¿Quieres ver lo que han puesto ahí?

—Ve primero, Kemosabe —replicó Dar, con una sonrisa satisfecha.

***

Encontraron una mesa pequeña junto a la parte posterior de la habitación, después de que recogieron unos platos del buffet y se sentaron.

—¿Esta es la comida tradicional de Halloween aquí en Miami? —preguntó Kerry, mirando su plato de exquisiteces del sur de Cuba y el Caribe con expresión irónica.

Dar se río suavemente.

—Tratan de poner un poco de eso a todo.

—Ya veo —Kerry inspeccionó la superficie de su plato—. ¿Qué es eso? —señaló curiosamente con su tenedor.

—Hush puppy —Dar respondió.

—Pensé que ésos eran zapatos.

—Lo son —Dar rompió a su "puppy" por la mitad y puso parte sobre el plato de Kerry—. Los muelen y los fríen muy bien cuando son demasiado viejos como para usarlos —mordió de su mitad y masticó, mirando los ojos ensanchados de su ayudante inocentemente—. Sabes lo que dicen en el sur… Bátelo suficientemente bien, fríelo y cualquier maldita cosa será un delicioso y fino platillo.

Kerry bajó su tenedor, y se sujetó ambas manos, mientras miraba a Dar con toda seriedad.

—Me estás tomando el pelo, ¿no? —señaló con el dedo—. Esos no son realmente zapatos molidos, ¿cierto?

Dar mantuvo su cara seria por un momento más, entonces lo dejó y se río entre dientes.

—Sí, sólo es harina freída de maíz. Relájate.

—Ah —Kerry investigó el artículo, cortando un pedacito de eso con su tenedor y poniéndolo dentro de su boca. Lo masticó y tragó pensativamente—. Está muy bueno, en realidad —admitió—. ¿Alguien te ha dicho alguna vez que tienes un retorcido sentido del humor?

—Shh —Dar hizo la acción de mirar alrededor—. Si la noticia se sabe de que lo tengo, voy a tener que matar a alguien para refutarlo —dijo, mirando la cara de Kerry con toda tranquilidad. Los ojos de la mujer rubia brillaron divertidos, y una media sonrisa tiró de sus labios. Dar la devolvió, disfrutando del tiempo con su interesante e inteligente nueva subordinada.

Le gustaba Kerry, había decidido. Tanto como empleada, y como persona. La mujer rubia era no sólo buena en lo que hacía, era sagaz del modo en que pocas personas que Dar conocía lo eran. Aunque parecía cordial, y algo inocente, había una muy aguda, hábil y brillante mente detrás de esos suaves ojos verdes, y era lo suficientemente flexible para absorber las excéntricas rabietas de Dar y encontrar el lado positivo.

—Y —Kerry terminó su pechuga de pollo—. ¿Realmente eres del sur, o ese acento era sólo una imitación?

Dar jugó con sus frijoles y arroz brevemente, considerando cómo responder.

—Es real —respondió—. Crecí al sur de aquí, pero he estado por los alrededores mucho más que eso, así que la mayor parte de él se ha desvanecido.

—Ah, ya veo.

—Lo uso a veces cuando quiero que José se orine —ofreció Dar.

—A él en verdad no le gustas —Kerry dijo, dando una mirada arrepentida a Dar—. ¿O sí?

Dar agitó su cabeza.

—A la mayoría de las personas no.

Eso era, Kerry supo, la verdad. Tuvo solamente que mirarlos y ver las fijas miradas disimuladas para saber eso. Su hábil sentido le dijo que su vida daría grandes saltos más fácilmente si se divirtiera con la mayoría, e ir con el grupo de Eleanor y José, distanciándose de Dar tan lejos como fuera capaz.

Bien. Desecha eso.

—A mí sí —dijo Kerry alegremente—. ¿Eso me hace uno de los pocos y orgullosos?

Dar levantó la mirada con sorpresa y sus ojos se encontraron. Tomó una respiración para responder, pero las sombras que las cubrieron les forzaron a reconocer a dos visitas inoportunas.

—¿Sí? —una fría sombra cayó sobre el rostro de Dar cuando Eleanor y José se sentaron a la mesa.

—Por qué, Dar, querida. Sólo vinimos para ver si eras realmente tú —Eleanor le sonrío—. Nunca te había visto en una fiesta.

—Soy yo —respondió Dar—. ¿Otra cosa que quieras saber?

—¿Qué rayos es esa clase traje? ¿Piensas que eres Peter Pan o algo?

—¿Peter Pan? —Kerry murmuró quedamente para sí misma, sus cejas se contrajeron en perplejidad.

—Es… encantador… Dar, realmente —Eleanor le dio una mirada condescendiente.

—Viniendo de una mofeta y un mono, eso es muy gracioso —Dar respondió—. ¿Por qué no van ustedes dos a compartir pulgas por una esquina? Me están picando.

Kerry apresuradamente cubrió la amplia sonrisa de su cara cuando Eleanor la miró, buscando a una víctima más fácil.

—Y, Kerry. Dime. ¿Sobre qué están charlando aquí tú y el eslabón perdido?

—Multi-administradores integrados a mesas de direccionamiento —Kerry respondió—. Y la implementación de las nuevas especificaciones de IEEE… ¿Te interesa?

Eleanor se levantó.

—Sabes, querida, creo que estaba equivocada. Pienso que estás exactamente donde debes estar en esta compañía —jaló la manga peluda de José—. Vamos, José. Veo algunos vasos de vino con nuestros nombres en ellos.

Un fuerte chirrido paró la mayor parte de la conversación, y luego Mariana consiguió el control de su micrófono y agitó la mano.

—Está bien, gente. Bienvenidos a la fiesta.

Todos aclamaron y aplaudieron.

—Me alegro mucho de que pudieran reunirse con nosotros —dijo Mariana, señalando un punto con la mirada en dirección a Dar y sonrió abiertamente—. Pienso que esta podría ser la primera vez en que tenemos a nuestro contingente ejecutivo entero aquí, y es grandioso ver eso.

Dar rodó los ojos.

—Ahora —Mariana sujetó un fajo de papeles—. He conseguido algunos incentivos muy interesantes que fueron donados de nuestros varios clientes. Como todos ustedes saben, no puedo sólo darlos, porque si lo hago, entonces todos ustedes tendrían que pagar impuestos por ellos.

Un cordial gemir apareció.

—Así que, como de costumbre, ahora tengo que hacer estúpidos juegos de fiesta por si es que uno de ustedes puede "ganar" estos encantadores artículos —Mariana concluyó—. He decidido crear dos categorías. Una, daremos dos de estos artículos a los mejores trajes, elegidos por nuestro panel de distinguidos jueces —señaló a su derecha, donde las dos adivinas estaban sentadas ahora. Las mujeres saludaron con felicidad—. Y dos, tendremos un concurso para ver qué equipo de dos personas puede mantener una pelota de volleyball en el aire por más tiempo.

Dar resopló suavemente.

—Bueno, es justo —concluyó, posando su barbilla en su puño—. Las personas que se esforzaron en sus trajes no pueden jugar bien la pelota de volleyball realmente, y las personas que son capaces de jugar bien el volleyball probablemente no hicieron mucho por su traje.

—Es muy sagaz —Kerry estuvo de acuerdo—. ¿Qué son los premios?

—No tengo idea —Dar respondió—. Generalmente cruceros de un día, cosas como esas.

—Hm —Kerry miró cuando dos de los ayudantes de Mariana sacaron cuatro pelotas de volleyball—. Nunca he estado en un crucero —se giró hacia Dar—. Quieres hacer el intento del volleyball conmigo? —se quitó su chaqueta, y la enganchó sobre su silla.

Dar quedo seriamente sorprendida.

Kerry se ruborizó ligeramente.

—Lo siento, puedo preguntarle a otra persona. Tú probablemente preferirías comer clavos antes de pararte allí. Tal vez Mark lo hará —empezó a levantarse, y luego se detuvo cuando Dar puso una mano—. Está bien.

—No, no está bien —discrepó Dar—. Si realmente quieres ganarlo. Mark tiene la coordinación ojo-mano de un pelícano —no se paró a pensar—. Seguro, lo haré. Vamos.

Y, en realidad, Dar tuvo que reconocer, que la mirada del rostro de Mariana cuando tomó una de las pelotas hizo que todo valiera la pena.

***

Kerry se acopló al ritmo de Dar rápidamente, después de solamente algunas suertes de ida y vuelta de la pelota. Ligeramente golpeaba la superficie con las puntas de los dedos con una segura destreza erudita debida a muchas horas de practicar el juego. Le había gustado el volleyball, en realidad, aunque había estado en una seria desventaja de estatura contra sus mucho más altos compañeros de equipo y oponentes.

Dar no parecía estar tan familiarizada con el deporte, pero Kerry descubrió que la destreza atlética natural de su jefa se adaptó a eso rápidamente. El alcance de Dar era sorprendente, y podía devolver la pelota a Kerry incluso con uno de sus brazos reposando a un lado, comprobando la fuerza de sus hombros.

Al principio fue difícil, porque sabía cuántos ojos estaban sobre ella. Sospechaba que Dar también, pero se concentraron, y después de algunos minutos empezó la diversión. Escuchaba a Mark ulular detrás de ellas, y vio la breve sonrisa de Dar en reconocimiento.

Entonces esos ojos azules se dirigieron a ella, y Kerry casi fallaba el golpe. Se recuperó y envió la pelota hacia Dar, quien la bateó perezosamente de regreso a ella.

Oyó un chillido junto a ella, y vio una pelota botar en la multitud por la esquina de un ojo. Dos de los concursantes se retiraron, riendo con arrepentimiento. Eso despejó un poco de espacio, y Kerry lo fue abarcando, manteniendo su atención sobre el cuerpo de Dar, moviéndose bajo su ligera ropa. Podía ver los músculos moverse justo debajo de la piel de Dar, y su largo torso parecía tener un gran poder elástico adentro.

Kerry vio la pelota yendo a ella de regreso y cambió de lugar un poco, colocándose debajo de ella y regresándola rápidamente con las puntas de sus dedos. Fue empujada entonces por el hombre junto a ella, quien farfulló una disculpa antes de tratar desesperadamente de devolver una pelota muy mal lanzada de su pareja.

—Hey —la voz de Dar llamó su atención bruscamente, justo a tiempo para golpear la pelota que se dirigía a su cara. Frunció el ceño para sí misma y redirigió su atención, restableciendo el ritmo que habían fijado.

Dar mandó la pelota otra vez, y fue por ella, y luego sintió a su adversario chocar violentamente contra ella otra vez, sacándola de balance. Logró tocar la pelota con una mano, pero ésta voló en un arco desatinado, forzando a Dar a saltar tras ella. Su adversario tropezó y casi la hizo caer, pero se las arregló para saltar por encima de sus piernas, guardando precariamente su posición mientras enfocaba sus ojos en la dirección de Dar.

Su jefa había seguido sus mociones precisamente, dando con una mano a la pelota justo antes de que golpeara el suelo para dar a Kerry el mayor tiempo posible para que pudiera ponerse nuevamente de pie. Cuando levantó sus manos, Dar envió la pelota, junto con una sonrisa libertina y un guiño.

La multitud aplaudió inesperadamente.

¡Sí! Kerry trató de contener su impulso competitivo, pero se sintió dar lo mejor de ella cuando se dio cuenta de que solamente habían quedado dos equipos. El premio era irrelevante, sabía. Ganar era lo que quería, ganar, y el hecho de fueran ella y Dar las que lo hicieran.

De pronto, eso era lo que más importaba.

Dar sólo tenía una enorme sonrisa pirata en su rostro ahora, mientras tiraban la pelota de un lado a otro con confianza. Kerry sabía que sonreía también, y cuando el otro equipo se tambaleó, y su pelota salió rodando, envió un ultimo voleo hacia Dar, cuando Mariana silbó en su micrófono.

Dar cogió la pelota y la sujeto en la palma, entonces se acercó a Kerry y se encontró impulsivamente estrechando sus cinco.

Sus ojos se encontraron.

—Vaya equipo —anunció Mariana, y rió en el micrófono.

Y por espacio de algunos latidos de corazón, esas palabras parecieron hacer eco alrededor de ellas mientras relajaban sus hombros con golpecitos mutuamente, Dar extendió una mano para calmar el exceso de emoción de Kerry.

Mariana les dio la pila de papeles, todavía riendo.

—No puedo creerlo —se dirigió a Dar—. ¿Qué diablos te picó esta noche?

Dar trató de no encogerse por eso.

—Después de todo el tiempo que he estado aquí, más valía hacer algo bueno —tomó una respiración, y se condujo a Kerry que aún sonreía abiertamente—. No sé tú pero…

—Definitivamente necesito una trago —Kerry estuvo de acuerdo—. Y un poco de aire —se abanicó, la cerrada habitación ya se había viciado.

Y así, algunos minutos después se encontraron afuera en el balcón del decimocuarto piso, con copas en la mano, y el mar que se extendía hasta el horizonte frente a ellas.

Kerry se apoyó contra la barandilla y secó su frente, agradecida de la fresca brisa rozando su espalada.

—Wow.

—Puedes decir eso otra vez —respondió Dar, con una risa sofocada—. Vamos tener que escuchar acerca de esto durante la próxima década fiscal.

—¿Eso es algo malo? —Kerry tomó una largo sorbo de su cerveza fresca, sus ojos mirando el perfil de Dar.

Dar se recargó sobre la barandilla, mirando hacia el mar por un minuto.

—¿Para mí? No —respondió al final—. Para ti podría serlo.

Kerry inclinó su cabeza en pregunta.

—¿Cómo?

—Si quisieras ir a lugares dentro de la compañía, es mejor para ti si te mantienes lejos de mí todo lo que puedas —Dar habló muy suavemente, y muy uniformemente. Quedó sorprendida cuando Kerry se río y se giró para encontrarse cara a cara con ella—. Es en serio.

—Lo sé —Kerry dejó a su risa disminuir—. Pero… el único lugar en el que quiero estar aquí es este lugar en donde ya estoy —dijo a su jefa—. Así que realmente no me importa qué piensen todos ellos de mí por eso —ahora era su turno de estar seria—. Dar, podría ser inapropiado de mi parte decirte esto, pero… eres brillante. Quiero aprender de ti, aprender de la mejor, y el resto de esas sandeces políticas no significan nada para mí. Conozco sobre eso más que nadie aquí de todos modos —echó un vistazo al interior de las puertas abiertas hacia la habitación de presentación, y agitó su cabeza ligeramente—. Aficionados.

Dar la miró atentamente por un momento muy largo, y luego sus labios fueron dibujando una sonrisa diminuta.

—¿Sabes algo? —dijo—. Algún día tú y yo vamos a sentarnos y sumar quién de nosotras aprendió más de quién —con eso, levantó su copa y la extendió, y miró cuando Kerry tocó el borde con la suya.

Terminaron sus bebidas en tranquilo silencio, sólo disfrutando del aire nocturno, y la luna llena que iluminaba el océano con un sendero plateado brillante. Entonces Kerry se giró a medias y vio hacia la ruidosa fiesta, mirando cuando Eleanor desfiló ante los jueces en su traje.

—Creo que he tenido suficiente por una noche, pero con tres cervezas dentro de mí, es mejor que me enfríe en alguna esquina antes de pensar en conducir a casa.

Dar parpadeó en dirección a las puertas pensativamente.

—Hay una pequeña cafetería doblando la esquina. ¿Quieres tomar una taza en lugar de esperar ahí?

Allí había, Kerry estaba bien conciente, máquinas de café en dos variedades en cada piso del edificio de oficinas de ILS. Eran incluso gratis. Era asombroso qué feliz era la idea de pagar por una taza de las que hablaba.

—Suena a un buen plan —elogió a su jefa—. No creo que conozcas un salida alternativa de aquí, ¿o sí?

—Seguro —Dar respondió, señalando hacia el otro lado del balcón—. Sígueme.

—A donde sea —Kerry obedeció fácilmente, y desaparecieron en la oscuridad. Había comenzado su noche sola en algo en lo que apenas se había dado cuenta de que estaba perdida, y terminándola al encontrarse más de lo que alguna vez había esperado.

Solamente el tiempo revelaría a dónde eso la llevaría.

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