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desenmascarados » 02
:: CORAZONES DESENMASCARADOS::
(UNMASKED HEARTS)
Aunque, no eran sólo
sus responsabilidades de trabajo. Quedar bien
con esta nueva y gran compañía había
sido más estresante de lo que había
previsto. Su muy visible posición la puso
en el centro de atención más a menudo
de lo que le gustaba, y ella misma sabía
que estaba bajo curioso escrutinio, incluso dentro
de su propio departamento.
Aún. Abrió su
cajón y tomó su último dulce
de mantequilla de maní, que se había
salvado en la mañana. Lo abrió y
mordió con gusto, masticándolo con
satisfacción mientras la luz empezaba a
difuminarse afuera de su ventana.
Después de terminar,
se levantó y fue a su armario, lo abrió
y deslizó el cierre de la bolsa para prendas
de vestir en la que había escondido su
traje. Algunos minutos después, había
cambiado su traje de oficina y medias, por terciopelo
y seda, las suaves telas se sentían estupendamente
contra su piel.
—Mm —exhaló
en satisfacción—. Mucho mejor que
un traje de gato.
Abrochó el delgado
cinturón de cuero y recogió la caja
de joyas viejas que había tomado de su
maletero. Llevándolo al pequeño
apoyo bajo un espejo igualmente pequeño,
lo puso encima y lo abrió. Dentro, descansando
sobre un pedazo de antigua tela había un
broche familiar, que se puso, y un viejo reloj
de bolsillo.
Primero, abrochó la
cadena del reloj en su cinturón, y entonces
con cuidado lo llevó al bolsillo de su
chaqueta. La brillante cadena resplandeció
contra la tela azul, y sonrío, sólo
un poco mientras sujetaba los enlaces de metal.
Una de las pocas cosas que
tenía que en verdad, honestamente la unía
a su familia. El reloj había sido pasado
por generaciones de padre a hijo primogénito,
hasta que su padre había decidido, sin
importar la razón, que él iba a
dárselo al primer hijo que tuviera.
Así que cuando había
cumplido dieciocho, la había llevado a
su despacho, y dado un discurso sobre las costumbres,
y le pasó este trozo de historia que había
sido transmitido por al menos cuatro guerras e
incontables manos. Abrió la tapa y miró
fijamente el grabado. Era sencillo, sólo
el apellido de la familia, y la fecha en que el
reloj había sido creado.
Tradición.
Kerry suspiró, y cerró la tapa,
poniendo el reloj en su bolsillo. Sus padres le
habían llamado la noche pasada, y luego
había hablado con Angie y Mike. Aunque
adoraba su vida aquí, tuvo que admitir
que extrañaba a su familia, extrañaba
la cercanía y la intimidad de sus hermanos
y la confianza de casa. Tenía amigos aquí,
pero no era lo mismo. No la conocían, y
ella no los conocía a ellos, no realmente.
Una suave llamada la sacó
de sus pensamientos.
—¿Sí?
—su puerta interior se abrió, y la
cabeza de Dar apareció, los sorprendentes
ojos azules cruzaron la oficina hasta que descansaron
sobre ella—. Oh, hola.
—Hola —Dar entró
y cerró la puerta detrás de ella,
una sonrisa cruzó su rostro a medida que
examinaba el traje de Kerry.
—¿Qué
te parece? —Kerry se sentía más
relajada siempre que ella y Dar estaba a solas.
Tal vez sus experiencias juntas durante las reuniones
en la Consolidación la hicieron sentir
así, pero cuando sólo eran ellas
solas, fuera del alcance de ojos atentos, se sentía
más a gusto con su a menudo intimidante
nueva jefa.
—¿Qué
me parece? —Dar caminó y cruzó
los brazos sobre su pecho, su camisa de seda negra
con las mangas enrolladas reflejaba la luz. Examinó
la esbelta figura antes que a su vestimenta revolucionaria,
y sonrió ampliamente—. Bonito conjunto.
Kerry sintió una mezcla
de confusión y placer.
—Gracias —palpó
el broche—. ¿Puedo pedirte un favor?
Ojos azules valoraron cautelosamente.
—Seguro.
—¿Podrías
colocarme este prendedor? —indicó
su pañuelo, y el broche—. Nunca consigo
centrarlo.
Dar tomó el broche
de su mano y se acercó, entrando en el
espacio personal de Kerry. Cuidadosamente laboró
para sujetar la joya, y la puso en su lugar, mientras
Kerry permanecía de pie inmóvil.
Tan cerca, que Kerry podía
oler la débil esencia del especiado perfume
que Dar usaba, y ver el golpeteo de su corazón
latiendo en su garganta.
—Ya está —Dar
terminó y caminó hacia atrás,
mirando su obra—. ¿Te parece bien?
Kerry bajó la mirada.
—Genial —sonrió
generosamente—. Gracias —luego miró
hacia atrás—. ¿Necesitas algo?
Supongo que probablemente no estás aquí
para ayudar a vestirme.
Dar titubeó, y luego
volvió a cruzarse de brazos.
—Yo… um…
—se detuvo, inusitadamente—. En realidad,
sólo vine para decirte buenas noches —se
encogió de hombros—. Pásala
bien en la fiesta.
—Deberías ir
—Kerry se vio a sí misma diciendo.
—¿A casa? —una
ceja de Dar se levantó.
—A la fiesta.
—No soy un animal de
fiestas —la mujer de cabello oscuro encogió
los hombros—. Además, mucha de esa
gente odia mis agallas. No quiero agriar su ponche.
—Mmph —Kerry
frunció las cejas.
—¿Tienes un
sombrero que vaya con eso? —Dar cambió
el tema—. ¿Para hacer que te veas
apropiadamente como Yanqui? —dejó
aparecer un poco de su natural acento sureño.
Kerry sospechó que
ella estaba empezando a molestarse así
que sonrió amigablemente, pero recuperó
su sombrero tricornio y lo acomodó sobre
su cabeza.
—Estoy lista —puso
una mano sobre la manija, apuntando su mirada
fijamente en Dar—. ¿No vendrás
aunque sea por algunos minutos? Es sólo
una fiesta.
Los ojos de Dar cayeron,
y se repusieron otra vez.
—Realmente no es mi
estilo. Diviértete, ¿está
bien? —levantó una mano en despedida,
y se retiró por la puerta trasera hacia
el pasillo.
—Está bien —Kerry
suspiró, inquietamente conciente de lo
vacía que parecía la habitación
sin su fascinante y desconcertante jefa en ella.
Pero se deshizo de su decepción y verificó
su imagen una vez más en el espejo, enderezando
su sombrero antes de dejar su oficina y fue hacia
la habitación de presentación.
***
Dar se desplomó en
su silla, sus ojos estudiaban la pantalla en frente
de ella aparentemente. Sin tener idea de lo qué
había en ésta, pero sospechaba que
no era agradable así que cuando una llamada
vino de su puerta, abandonó lo que sea
que era gustosamente.
—Pase.
La puerta se abrió,
y María clavó su cabeza dentro.
La vista de su asistente administrativa logró
una sonrisa en Dar, por ninguna otra razón
más que la de tener una brillante bola
roja sobre su nariz.
—María…
¿eres tú detrás de todo eso?
—*Si* —María
entró, y se cercó al escritorio.
Iba vestida como un payaso, de cabello rizado
y rojo brillante, una polca haciendo el conjunto,
y zapatos demasiado grandes—. Soy como el
"eso", ¿*no*?
Dar tuvo que reírse.
—María, tú
tienes más agallas que yo, tengo que admitirlo
—aceptó—. Yo nunca podría
ponerme eso.
María sonrío.
—Es sólo por
una noche, y mis *familias* no celebran el Halloween,
así que me divierto —enlazó
sus manos frente de ella—. ¿No te
pararás por allí para ver otras
cosas graciosas? Oí que el Sr. Draefus
viene como oso.
¿Qué tienen
todos hoy?
—Sabes que no soy de
fiestas, María —le dijo Dar—.
Además, contigo y Kerry, nuestra oficina
está perfectamente bien representada este
año.
—Ah —María
asintió—. *Si*, ¿entonces
Kerry irá también?
Dar confirmó.
—Síp, se ha
vestido como George Washington o algo así
—dijo a su administradora—. Realmente
linda.
María estudió
su rostro atentamente.
—Sabe, *Jefa*, me preocupo
por ella en este lugar. Pienso que no lo está
encontrando tan fácil entrar en el modo
en cómo somos nosotros.
—¿Qué
quieres decir? —las cejas de Dar se contrajeron—.
Pensaba que lo estaba haciendo bien. Hace un buen
trabajo.
—Oh, no, *si*, quiero
decir, ¡por supuesto lo hace! —María
se corrigió—. Pero pienso que no
encuentra amigos aquí tan rápido.
Es debido a lo que está haciendo, creo.
Las personas no saben cómo ser con ella.
—Sí —Dar
exhaló—. Está en un mal sitio
—admitió—. Todos en nuestro
grupo tienen que reportarse con ella, y no se
sienten seguros de acercarse a ella porque están
temerosos de mí.
María reprimió
una sonrisa.
—*Si* —asintió
tristemente—. Es una lástima, es
tan linda.
—Sí —eso
preocupó a Dar, porque le gustaba la niña,
y quería que fuera feliz en el sistema
de ILS, ¿no? Kerry era una gran ayudante,
una gran empleada, tenía gran potencial…
—Es una lástima
que no tendrá un amigo con quien divertirse
en la fiesta esta noche, *Jefe* —María
presentó educadamente, el más gentil
ataque cubano que Dar hubiera sentido—.
Pienso que tú eres la más cercana
a ella, aquí.
Dar la miró.
—Creo que estoy siendo
emboscada.
—No sé cómo
entender, eso que dices, de estar siendo emboscada,
*Jefe*, pero tengo razón, ¿sí?
El significado de las palabras
casi le cuesta a Dar su serenidad. Fregó
su cara con una mano, y tomó una honda
respiración, luego se relajó en
el respaldo de su silla, rindiéndose con
la cercana lucha ante la que siembre había
pensado que podría.
—Muy bien —dejó
sus manos caer en los brazos de la silla, y dio
una sonrisa irónica a su administradora—.
Además, tengo esta maldita cosa de ropa
que compré, dentro del endemoniado guardarropa.
Mejor que la use.
María sonrío
ampliamente.
—¡*Jefe*! ¡No
hiciste eso!
—Sí, lo hice
—admitió Dar—. Así que,
vamos. Con un poco de suerte, la habitación
entera se desmayará cuando aparezca y será
una fiesta breve.
—Voy —María
parecía sumamente satisfecha, por lo menos
tanto como podría verse alguien con círculos
de lápiz labial rosa brillante sobre sus
mejillas—. Te veré allí, Dar.
Es bueno —se giró y marchó,
o algo, hacía afuera, cerrando la puerta
detrás de ella.
Dar se sentó por un
momento, absorbiendo las implicaciones de lo que
estaba haciendo. Entonces sonrió abiertamente,
y lanzó la precaución por la ventana
cuando se levantó de un salto y fue hacia
donde había escondido su traje.
***
Kerry avanzó dentro
hasta un lugar cerca de la pared, dejando a sus
ojos acostumbrarse a la tenue y extraña
iluminación, mientras miraba alrededor
de la habitación. Los decoradores habían
hecho un gran trabajo… había globos
con cabezas de brujas, fantasmas, duendes traviesos
y otras cosas… que colgaban del techo, al
mismo tiempo que murciélagos y arañas.
Alguien tenía una máquina de hielo
seco guardada en algún lugar porque una
baja capa de niebla oscureció el piso.
Dos barras grandes en lados
opuestos de la habitación estaban distribuyendo
sodas, cerveza y vino, y había dos mesas
muy largas recargadas en las paredes del contorno
que tenían varias golosinas en ellas. En
el centro de la habitación, un área
grande había sido limpiada, y alrededor
de ella había mesas pequeñas donde
las personas estaban sentadas y hablaban. Dos
de las mesas habían sido usadas como sitios
de adivinos, e hicieron un pequeño negocio
alrededor de ellos.
Se oía música
atemorizante, y las luces estaban bajas, cubiertas
por plásticos de colores que pintaban todo
en bizarros matices.
Kerry decidió que
lo prefería así en lugar de la apariencia
normal de la habitación. Miró alrededor,
y vio algunos ojos alejarse de ella, lo que repentinamente
la hizo sentir muy cohibida.
—Hey, Kerry —Mark
apareció junto a ella, se había
vestido como un vampiro—. ¿Quieres
una "mordida" para comer? —mostró
su extraordinario brillo en unos oscuros colmillos.
—Yikes —Kerry
ahogó una risa; se alegró de que
pudiera hablar con alguien por lo menos—.
Este lugar es salvaje.
—Síp —Mark
se quitó los colmillos, y pasó la
lengua alrededor de sus dientes—. Odio el
sabor del plástico —comentó,
guardando el artículo para después—.
No es tan malo. Me gusta sólo pasar el
rato mirando qué tan estúpidos parecen
todos.
Bien. Kerry observó
a una analista de mercadotecnia cruzando el despejado
espacio del centro dirigiéndose hacia la
barra.
—¿Qué
se supone que es eso? —preguntó.
Mark miró, luego inclinó
su cabeza y observó otra vez.
—Creo que cree que
es Carmen Miranda —dijo—. Eso, o está
representando a la industria de la salchicha.
—Wow —Kerry murmuró—.
Es diferente.
—Pero hey, adoro tu
traje —Mark continuó—. Capa
legítima —admiró la chaqueta
de seda—. Sabía que no harías
nada… ahm…
—Estúpido —agregó
Kerry, con una sonrisa irónica—.
No, no pensé que mi primer fiesta de la
compañía sería el momento
o lugar para eso —dijo—. De todos
modos, iré a por una taza de algo frío
o algo.
—Está bien,
te veo al rato —Mark blandió su capa
alrededor de él y salió con paso
airado, empeñado en asustar a cuanta víctima
desprevenida podía.
Con un suspiro, Kerry pasó
a través de la multitud que iba en aumento
hacia la barra, devolviendo sus más cordiales
sonrisas mientras se aproximaba a ella.
—Hola —saludó
al barman, sufriendo bajo un juego completo de
maquillaje azul y cadenas—. ¿Qué
tipo de cerveza tienes?
El hombre sujetó dos
botellas calladamente. Kerry señaló
con el dedo una, y fue recompensada con una taza
de plástico llena hasta el borde de la
bebida de su elección. Lo sujetó
y regresó, preguntándose a dónde
ir después.
—Ah, Kerry. Justamente
estábamos hablando de ti —Eleanor
apareció por uno de sus codos, se había
vestido como Cruella DeVille, completando con
una capa de piel sintética con lunares—.
¿Por qué no vienes y te reúnes
con nosotros? —tomó el brazo de Kerry
y la llevó a una de las pequeñas
mesas, donde José y un número de
otros de sus amigotes estaban reunidos.
Yippee, mis personas
favoritas. Kerry suspiró interiormente.
Pero al fin de cuentas eran alguien con quien
hablar, al menos. Ella misma permitió ser
introducida en el grupo, devolvió varios
de los murmullos y sonrió en saludo.
—Hey, ése es
un conjunto bonito —comentó José—.
Mozart, ¿cierto?
—José, eres
tan inculto —Eleanor rodó sus ojos—.
Es obviamente del período revolucionario,
¿o no, Kerry?
—Es correcto —Kerry
asintió con la cabeza—. Ésa
es una capa encantadora, Eleanor.
La Vicepresidenta de mercadotecnia
le sonrío radiantemente.
—¡Gracias! ¿Ya
ves, José? ¿Alguna vez imaginaste
oír eso de la boca de alguien en esa oficina?
José giró sus
ojos.
—No espero ni mierda
de esa oficina. Sin ofender, ¿cierto? —echó
un vistazo a Kerry—. Eres una linda niña,
pero no creo que dures mucho tiempo allí.
Nadie lo hace.
—¡José!
—Eleanor le frunció el ceño—.
¡Por favor! No la asustes. Es la única
voz civilizada que hemos obtenido de esa letrina.
Kerry no esperaba la fría
cólera que sintió repentinamente.
Sospechaba que se veía en su rostro, sin
embargo, porque las dos mujeres más cercanas
a ella retrocedieron un paso, y José tenía
el talante de parecer incómodo.
—Discúlpenme
—se las arregló para hablar en un
tono suave y civilizado—. Ocurre que tengo
mucho respeto y admiración por la persona
para quien trabajo, y preferiría no ser
parte de esta conversación.
—Ya, estoy segura de
que José no quiso decirlo de esa manera…
—Eleanor empezó, pero se vio hablándole
a la espalda de la chaqueta de seda de Kerry cuando
ella simplemente se dio vuelta y se alejó
caminando, moviéndose a través de
la multitud con una gracia inconsciente—.
Hijo de puta.
José lanzó
un gruñido.
—Pensé que se
lo había imaginado ya.
Eleanor suspiró disgustada.
—Es inteligente. No
comprendo por qué todavía no lo
consigue.
Kerry bloqueó las
palabras mientras se dirigía a otro lado
de la habitación. Estaba sorprendida por
lo mucho que se había estremecido interiormente
de ira debido a los insultos proferidos hacia
Dar, y decidió mandarlo al infierno. Terminaría
su cerveza y sólo se largaría. Debía
haber algo en la televisión que preferiría
ver que permanecer por aquí.
—*Hola*, Kerry.
Kerry disminuyó la
velocidad, entonces se detuvo cuando encontró
a María de pie en un círculo de
algunos de sus amigos.
—Hola, María.
Ése es un lindo atuendo —murmuró.
—*Muchas gracias*,
y tú, también, te ves muy bien —María
devolvió el cumplido—. Eso se ve
tan bonito en ti.
Síp.
—Gracias —Kerry
respondió quedamente, mientras echaba un
vistazo alrededor de ellos—. Es sólo
algo que… —sus palabras se arrastraron
cuando sus ojos dieron con una alta figura que
acababa de entrar en la habitación.
Oh cielos. Kerry
estaba sorprendentemente consciente de una verdad
que vino a golpearla en la ingle, tan fuerte,
que sus rodillas temblaron.
—Ah, bueno —María
miraba sin notar el repentinamente pasmado enmudecimiento
de la mujer junto a ella—. Me alegro mucho
de que *el Jefe* decidiera venir, después
de todo —comentó plácidamente—.
Ése es un traje muy interesante, ¿no,
Kerry?
Interesante. Kerry
parpadeó. Su jefa estaba vistiendo un par
de pantalones de cuero flexible, decorado con
piedras y conchas, y un top con la espalda descubierta
que cubría sólo el frente de ella
y un poco más. Sus hombros y brazos estaban
desnudos excepto por las finas cintas de cuentas
alrededor de sus bíceps, y su cabello tenía
una pluma larga y colorida introducida en él.
Caminó con gracia
felina apropiada a la vestimenta india, y su acostumbrada
actitud de intensidad casi salvaje era perfectamente
conveniente para el conjunto.
—Uh. Síp —Kerry
se las arregló para decir las palabras—.
Muy interesante —finalmente recobró
su serenidad, y lamió sus labios—.
No pensé que ella fuera… ella dijo
que no le gustaba las fiestas.
—Siempre hay una primera
vez —comentó María—.
Dar nunca es predecible —miró a Kerry
con brillo centelleando en sus ojos—. Debes
decirle qué bonito es su traje. Tal vez
haga otra fiesta de nuevo.
—Debo —Kerry
hizo rodar las palabras en su boca—. Sí,
tienes razón, María. Debo —tomó
el control de sí y se dirigió hacia
su jefa resueltamente. De repente, la fiesta estaba
definitivamente mejorando.
***
Dar se detuvo antes de abrir
la puerta del cuarto de presentación; cambiando
su postura y echando un vistazo abajo para asegurarse
de que las espinas de erizo estuvieran donde se
suponía debían estar. El aire acondicionado
rozó contra sus desnudos omóplatos,
y repentinamente estuvo conciente de la cantidad
de piel que estaba mostrando.
¿Fue esto una
buena idea? Echó un vistazo a uno
de los reflejantes paneles a su lado de la puerta
y revisó la estrafalaria figura que miraba
atrás de ella. Tal vez no. Frunció
el ceño a su reflexión, y estaba
a punto de dar media vuelta y irse a su oficina
cuando las puertas dobles se abrieron y Duks apareció
en su traje de oso.
Era difícil decir
cuál de los dos estaba más sorprendido.
—No puedo creer lo
que veo —farfulló Duks—. ¿Dar?
Oh bien. Dar exhaló,
viendo los ojos que repentinamente miraron hacia
ella desde el interior de la habitación.
Supongo que debo entrar.
—Síp —tiró
de la peluda vestimenta de Duks—. ¿Qué
diablos es esto?
—Era algo como eso,
o un traje de vaquero —Mariana apareció,
sus ojos captando la alta forma de Dar—.
Hm… Ustedes dos podrían haber venido
como pareja si hubiera traído eso. Por
los cielos, Dar… Ése es un traje
original.
Dar se encogió de
hombros.
—Déjame entrar
ahí, dejar a todos sin sentido, tomar una
bebida, e irme de aquí —caminó
más allá de ellos—. Si no
salen corriendo y gritando por la puerta —se
reforzó a sí misma con una honda
respiración, entró en la habitación
de presentación, apelando a su actitud
tanto como podía para cubrir la vergüenza.
Se detuvo justo al pasar
por la puerta para orientarse, y dejó a
sus ojos ajustarse a la oscuridad. Eso no paró
que todos los más cercanos la miraran fijamente,
naturalmente, y cuando se movió hacia la
barra más cercana escuchó los susurros
resultantes detrás de ella.
—Oh, eso es apropiado.
¿Dónde está el hacha de guerra?
—Salvaje… Sí,
eso es adecuado.
—No puedo creer que
se mostrara. ¿Alguien murió?
Resueltamente, Dar siguió
su camino, con cada paso lamentaba más
y más su decisión de venir. Casi
había llegado a la barra cuando fue interceptada
por una persona elegantemente vestida, baja y
rubia viniendo en la otra dirección. Cautelosamente,
de detuvo, esperando la reacción de Kerry,
su expresión era difícil de percibir
en la débil luz.
—Hey —la voz
de Kerry era cálida—. Pensé
que no vendrías.
Dar se encogió de
hombros.
—No hay ningún
otro lugar a donde llevar esto —respondió
escuetamente.
—Qué mal —dijo
su ayudante—. Es precioso. Te ves genial
en él.
Hm. El ego de Dar
pinchó sus orejas cautelosamente. ¿Esa
era admiración genuina o sólo los
usuales y amables buenos modales de Kerry? Decidió
ser directa.
—No estás diciendo
eso sólo porque soy tu jefa, ¿o
sí?
Los ojos de Kerry se alzaron
y encontraron los suyos, y Dar sabía la
respuesta antes de que la mujer rubia dijera una
palabra.
—No —dijo Kerry,
con una cálida sonrisa—. Lo dije
porque es verdad. De algún modo, realmente
te queda bien.
Bien, entonces. Dar se sintió
un poco mejor por dejarse ver. Dio la vuelta y
se dirigió al barman.
—¿Qué
es lo que tienes? —examinó las ofertas—.
Dame un vino frío.
Kerry levantó su copa
casi llena.
—¿Puedo tomar
un frío de ésos? He estado cargando
esto durante un rato.
Tomaron sus bebidas y se
trasladaron a un lado de la barra, a un sitio
más silencioso cerca de la pared. Kerry
se reclinó y sorbió su cerveza,
mirando a la multitud irónicamente.
—¿Dar?
—¿Hm?
—Todos nos están
mirando.
—Umhm —Dar estuvo
de acuerdo—. Están esperando que
actuemos las Guerras Indias de la frontera. Creo
que se supone que te golpee en la cabeza, y te
saque cargando sobre mi hombro.
Kerry casi escupió
su cerveza a un pie de distancia frente de ella.
Cubrió su boca y se las arregló
para tragar, luego despejó su rostro.
—Oh, Dios. Eso haría
la compañía del periódico.
Dar se río ligeramente.
—Síp —sorbió
su vino frío, esperando que la multitud
encontrara algo más interesante que mirar—.
¿Estoy interrumpiendo tu diversión?
Kerry se quedó en
silencio por un momento, determinando cómo
responder.
—No —decidió
ser honesta—. Estaba a punto de irme. En
realidad no me siento muy cómoda aquí
aún —dijo—. Las personas todavía
me miran del mismo modo que a una cruza entre
una simplona y una demente.
Dar se sintió vagamente
como un caballero sin brillo en armadura de cuero.
—Eso está bien
—dijo a su ayudante irónicamente—.
A mí me miran como a una cruza entre Satanás
y un cobrador de impuestos —una sonrisa
intentó cruzar su rostro y desapareció—.
¿Quieres que pasemos el rato juntas? Por
lo menos podemos hablar de los mismos temas y
entendernos.
Kerry aceptó el cumplido
con una amplia sonrisa.
—Sí, me gustaría,
gracias —indicó las largas mesas—.
¿Quieres ver lo que han puesto ahí?
—Ve primero, Kemosabe
—replicó Dar, con una sonrisa satisfecha.
***
Encontraron una mesa pequeña
junto a la parte posterior de la habitación,
después de que recogieron unos platos del
buffet y se sentaron.
—¿Esta es la
comida tradicional de Halloween aquí en
Miami? —preguntó Kerry, mirando su
plato de exquisiteces del sur de Cuba y el Caribe
con expresión irónica.
Dar se río suavemente.
—Tratan de poner un
poco de eso a todo.
—Ya veo —Kerry
inspeccionó la superficie de su plato—.
¿Qué es eso? —señaló
curiosamente con su tenedor.
—Hush puppy —Dar
respondió.
—Pensé que ésos
eran zapatos.
—Lo son —Dar
rompió a su "puppy" por la mitad
y puso parte sobre el plato de Kerry—. Los
muelen y los fríen muy bien cuando son
demasiado viejos como para usarlos —mordió
de su mitad y masticó, mirando los ojos
ensanchados de su ayudante inocentemente—.
Sabes lo que dicen en el sur… Bátelo
suficientemente bien, fríelo y cualquier
maldita cosa será un delicioso y fino platillo.
Kerry bajó su tenedor,
y se sujetó ambas manos, mientras miraba
a Dar con toda seriedad.
—Me estás tomando
el pelo, ¿no? —señaló
con el dedo—. Esos no son realmente zapatos
molidos, ¿cierto?
Dar mantuvo su cara seria
por un momento más, entonces lo dejó
y se río entre dientes.
—Sí, sólo
es harina freída de maíz. Relájate.
—Ah —Kerry investigó
el artículo, cortando un pedacito de eso
con su tenedor y poniéndolo dentro de su
boca. Lo masticó y tragó pensativamente—.
Está muy bueno, en realidad —admitió—.
¿Alguien te ha dicho alguna vez que tienes
un retorcido sentido del humor?
—Shh —Dar hizo
la acción de mirar alrededor—. Si
la noticia se sabe de que lo tengo, voy a tener
que matar a alguien para refutarlo —dijo,
mirando la cara de Kerry con toda tranquilidad.
Los ojos de la mujer rubia brillaron divertidos,
y una media sonrisa tiró de sus labios.
Dar la devolvió, disfrutando del tiempo
con su interesante e inteligente nueva subordinada.
Le gustaba Kerry, había
decidido. Tanto como empleada, y como persona.
La mujer rubia era no sólo buena en lo
que hacía, era sagaz del modo en que pocas
personas que Dar conocía lo eran. Aunque
parecía cordial, y algo inocente, había
una muy aguda, hábil y brillante mente
detrás de esos suaves ojos verdes, y era
lo suficientemente flexible para absorber las
excéntricas rabietas de Dar y encontrar
el lado positivo.
—Y —Kerry terminó
su pechuga de pollo—. ¿Realmente
eres del sur, o ese acento era sólo una
imitación?
Dar jugó con sus frijoles
y arroz brevemente, considerando cómo responder.
—Es real —respondió—.
Crecí al sur de aquí, pero he estado
por los alrededores mucho más que eso,
así que la mayor parte de él se
ha desvanecido.
—Ah, ya veo.
—Lo uso a veces cuando
quiero que José se orine —ofreció
Dar.
—A él en verdad
no le gustas —Kerry dijo, dando una mirada
arrepentida a Dar—. ¿O sí?
Dar agitó su cabeza.
—A la mayoría
de las personas no.
Eso era, Kerry supo, la verdad.
Tuvo solamente que mirarlos y ver las fijas miradas
disimuladas para saber eso. Su hábil sentido
le dijo que su vida daría grandes saltos
más fácilmente si se divirtiera
con la mayoría, e ir con el grupo de Eleanor
y José, distanciándose de Dar tan
lejos como fuera capaz.
Bien. Desecha eso.
—A mí sí
—dijo Kerry alegremente—. ¿Eso
me hace uno de los pocos y orgullosos?
Dar levantó la mirada
con sorpresa y sus ojos se encontraron. Tomó
una respiración para responder, pero las
sombras que las cubrieron les forzaron a reconocer
a dos visitas inoportunas.
—¿Sí?
—una fría sombra cayó sobre
el rostro de Dar cuando Eleanor y José
se sentaron a la mesa.
—Por qué, Dar,
querida. Sólo vinimos para ver si eras
realmente tú —Eleanor le sonrío—.
Nunca te había visto en una fiesta.
—Soy yo —respondió
Dar—. ¿Otra cosa que quieras saber?
—¿Qué
rayos es esa clase traje? ¿Piensas que
eres Peter Pan o algo?
—¿Peter Pan?
—Kerry murmuró quedamente para sí
misma, sus cejas se contrajeron en perplejidad.
—Es… encantador…
Dar, realmente —Eleanor le dio una mirada
condescendiente.
—Viniendo de una mofeta
y un mono, eso es muy gracioso —Dar respondió—.
¿Por qué no van ustedes dos a compartir
pulgas por una esquina? Me están picando.
Kerry apresuradamente cubrió
la amplia sonrisa de su cara cuando Eleanor la
miró, buscando a una víctima más
fácil.
—Y, Kerry. Dime. ¿Sobre
qué están charlando aquí
tú y el eslabón perdido?
—Multi-administradores
integrados a mesas de direccionamiento —Kerry
respondió—. Y la implementación
de las nuevas especificaciones de IEEE…
¿Te interesa?
Eleanor se levantó.
—Sabes, querida, creo
que estaba equivocada. Pienso que estás
exactamente donde debes estar en esta compañía
—jaló la manga peluda de José—.
Vamos, José. Veo algunos vasos de vino
con nuestros nombres en ellos.
Un fuerte chirrido paró
la mayor parte de la conversación, y luego
Mariana consiguió el control de su micrófono
y agitó la mano.
—Está bien,
gente. Bienvenidos a la fiesta.
Todos aclamaron y aplaudieron.
—Me alegro mucho de
que pudieran reunirse con nosotros —dijo
Mariana, señalando un punto con la mirada
en dirección a Dar y sonrió abiertamente—.
Pienso que esta podría ser la primera vez
en que tenemos a nuestro contingente ejecutivo
entero aquí, y es grandioso ver eso.
Dar rodó los ojos.
—Ahora —Mariana
sujetó un fajo de papeles—. He conseguido
algunos incentivos muy interesantes que fueron
donados de nuestros varios clientes. Como todos
ustedes saben, no puedo sólo darlos, porque
si lo hago, entonces todos ustedes tendrían
que pagar impuestos por ellos.
Un cordial gemir apareció.
—Así que, como
de costumbre, ahora tengo que hacer estúpidos
juegos de fiesta por si es que uno de ustedes
puede "ganar" estos encantadores artículos
—Mariana concluyó—. He decidido
crear dos categorías. Una, daremos dos
de estos artículos a los mejores trajes,
elegidos por nuestro panel de distinguidos jueces
—señaló a su derecha, donde
las dos adivinas estaban sentadas ahora. Las mujeres
saludaron con felicidad—. Y dos, tendremos
un concurso para ver qué equipo de dos
personas puede mantener una pelota de volleyball
en el aire por más tiempo.
Dar resopló suavemente.
—Bueno, es justo —concluyó,
posando su barbilla en su puño—.
Las personas que se esforzaron en sus trajes no
pueden jugar bien la pelota de volleyball realmente,
y las personas que son capaces de jugar bien el
volleyball probablemente no hicieron mucho por
su traje.
—Es muy sagaz —Kerry
estuvo de acuerdo—. ¿Qué son
los premios?
—No tengo idea —Dar
respondió—. Generalmente cruceros
de un día, cosas como esas.
—Hm —Kerry miró
cuando dos de los ayudantes de Mariana sacaron
cuatro pelotas de volleyball—. Nunca he
estado en un crucero —se giró hacia
Dar—. Quieres hacer el intento del volleyball
conmigo? —se quitó su chaqueta, y
la enganchó sobre su silla.
Dar quedo seriamente sorprendida.
Kerry se ruborizó
ligeramente.
—Lo siento, puedo preguntarle
a otra persona. Tú probablemente preferirías
comer clavos antes de pararte allí. Tal
vez Mark lo hará —empezó a
levantarse, y luego se detuvo cuando Dar puso
una mano—. Está bien.
—No, no está
bien —discrepó Dar—. Si realmente
quieres ganarlo. Mark tiene la coordinación
ojo-mano de un pelícano —no se paró
a pensar—. Seguro, lo haré. Vamos.
Y, en realidad, Dar tuvo
que reconocer, que la mirada del rostro de Mariana
cuando tomó una de las pelotas hizo que
todo valiera la pena.
***
Kerry se acopló al
ritmo de Dar rápidamente, después
de solamente algunas suertes de ida y vuelta de
la pelota. Ligeramente golpeaba la superficie
con las puntas de los dedos con una segura destreza
erudita debida a muchas horas de practicar el
juego. Le había gustado el volleyball,
en realidad, aunque había estado en una
seria desventaja de estatura contra sus mucho
más altos compañeros de equipo y
oponentes.
Dar no parecía estar
tan familiarizada con el deporte, pero Kerry descubrió
que la destreza atlética natural de su
jefa se adaptó a eso rápidamente.
El alcance de Dar era sorprendente, y podía
devolver la pelota a Kerry incluso con uno de
sus brazos reposando a un lado, comprobando la
fuerza de sus hombros.
Al principio fue difícil,
porque sabía cuántos ojos estaban
sobre ella. Sospechaba que Dar también,
pero se concentraron, y después de algunos
minutos empezó la diversión. Escuchaba
a Mark ulular detrás de ellas, y vio la
breve sonrisa de Dar en reconocimiento.
Entonces esos ojos azules
se dirigieron a ella, y Kerry casi fallaba el
golpe. Se recuperó y envió la pelota
hacia Dar, quien la bateó perezosamente
de regreso a ella.
Oyó un chillido junto
a ella, y vio una pelota botar en la multitud
por la esquina de un ojo. Dos de los concursantes
se retiraron, riendo con arrepentimiento. Eso
despejó un poco de espacio, y Kerry lo
fue abarcando, manteniendo su atención
sobre el cuerpo de Dar, moviéndose bajo
su ligera ropa. Podía ver los músculos
moverse justo debajo de la piel de Dar, y su largo
torso parecía tener un gran poder elástico
adentro.
Kerry vio la pelota yendo
a ella de regreso y cambió de lugar un
poco, colocándose debajo de ella y regresándola
rápidamente con las puntas de sus dedos.
Fue empujada entonces por el hombre junto a ella,
quien farfulló una disculpa antes de tratar
desesperadamente de devolver una pelota muy mal
lanzada de su pareja.
—Hey —la voz
de Dar llamó su atención bruscamente,
justo a tiempo para golpear la pelota que se dirigía
a su cara. Frunció el ceño para
sí misma y redirigió su atención,
restableciendo el ritmo que habían fijado.
Dar mandó la pelota
otra vez, y fue por ella, y luego sintió
a su adversario chocar violentamente contra ella
otra vez, sacándola de balance. Logró
tocar la pelota con una mano, pero ésta
voló en un arco desatinado, forzando a
Dar a saltar tras ella. Su adversario tropezó
y casi la hizo caer, pero se las arregló
para saltar por encima de sus piernas, guardando
precariamente su posición mientras enfocaba
sus ojos en la dirección de Dar.
Su jefa había seguido
sus mociones precisamente, dando con una mano
a la pelota justo antes de que golpeara el suelo
para dar a Kerry el mayor tiempo posible para
que pudiera ponerse nuevamente de pie. Cuando
levantó sus manos, Dar envió la
pelota, junto con una sonrisa libertina y un guiño.
La multitud aplaudió
inesperadamente.
¡Sí!
Kerry trató de contener su impulso competitivo,
pero se sintió dar lo mejor de ella cuando
se dio cuenta de que solamente habían quedado
dos equipos. El premio era irrelevante, sabía.
Ganar era lo que quería, ganar, y el hecho
de fueran ella y Dar las que lo hicieran.
De pronto, eso era lo que
más importaba.
Dar sólo tenía
una enorme sonrisa pirata en su rostro ahora,
mientras tiraban la pelota de un lado a otro con
confianza. Kerry sabía que sonreía
también, y cuando el otro equipo se tambaleó,
y su pelota salió rodando, envió
un ultimo voleo hacia Dar, cuando Mariana silbó
en su micrófono.
Dar cogió la pelota
y la sujeto en la palma, entonces se acercó
a Kerry y se encontró impulsivamente estrechando
sus cinco.
Sus ojos se encontraron.
—Vaya equipo —anunció
Mariana, y rió en el micrófono.
Y por espacio de algunos
latidos de corazón, esas palabras parecieron
hacer eco alrededor de ellas mientras relajaban
sus hombros con golpecitos mutuamente, Dar extendió
una mano para calmar el exceso de emoción
de Kerry.
Mariana les dio la pila de
papeles, todavía riendo.
—No puedo creerlo —se
dirigió a Dar—. ¿Qué
diablos te picó esta noche?
Dar trató de no encogerse
por eso.
—Después de
todo el tiempo que he estado aquí, más
valía hacer algo bueno —tomó
una respiración, y se condujo a Kerry que
aún sonreía abiertamente—.
No sé tú pero…
—Definitivamente necesito
una trago —Kerry estuvo de acuerdo—.
Y un poco de aire —se abanicó, la
cerrada habitación ya se había viciado.
Y así, algunos minutos
después se encontraron afuera en el balcón
del decimocuarto piso, con copas en la mano, y
el mar que se extendía hasta el horizonte
frente a ellas.
Kerry se apoyó contra
la barandilla y secó su frente, agradecida
de la fresca brisa rozando su espalada.
—Wow.
—Puedes decir eso otra
vez —respondió Dar, con una risa
sofocada—. Vamos tener que escuchar acerca
de esto durante la próxima década
fiscal.
—¿Eso es algo
malo? —Kerry tomó una largo sorbo
de su cerveza fresca, sus ojos mirando el perfil
de Dar.
Dar se recargó sobre
la barandilla, mirando hacia el mar por un minuto.
—¿Para mí?
No —respondió al final—. Para
ti podría serlo.
Kerry inclinó su cabeza
en pregunta.
—¿Cómo?
—Si quisieras ir a
lugares dentro de la compañía, es
mejor para ti si te mantienes lejos de mí
todo lo que puedas —Dar habló muy
suavemente, y muy uniformemente. Quedó
sorprendida cuando Kerry se río y se giró
para encontrarse cara a cara con ella—.
Es en serio.
—Lo sé —Kerry
dejó a su risa disminuir—. Pero…
el único lugar en el que quiero estar aquí
es este lugar en donde ya estoy —dijo a
su jefa—. Así que realmente no me
importa qué piensen todos ellos de mí
por eso —ahora era su turno de estar seria—.
Dar, podría ser inapropiado de mi parte
decirte esto, pero… eres brillante. Quiero
aprender de ti, aprender de la mejor, y el resto
de esas sandeces políticas no significan
nada para mí. Conozco sobre eso más
que nadie aquí de todos modos —echó
un vistazo al interior de las puertas abiertas
hacia la habitación de presentación,
y agitó su cabeza ligeramente—. Aficionados.
Dar la miró atentamente
por un momento muy largo, y luego sus labios fueron
dibujando una sonrisa diminuta.
—¿Sabes algo?
—dijo—. Algún día tú
y yo vamos a sentarnos y sumar quién de
nosotras aprendió más de quién
—con eso, levantó su copa y la extendió,
y miró cuando Kerry tocó el borde
con la suya.
Terminaron sus bebidas en
tranquilo silencio, sólo disfrutando del
aire nocturno, y la luna llena que iluminaba el
océano con un sendero plateado brillante.
Entonces Kerry se giró a medias y vio hacia
la ruidosa fiesta, mirando cuando Eleanor desfiló
ante los jueces en su traje.
—Creo que he tenido
suficiente por una noche, pero con tres cervezas
dentro de mí, es mejor que me enfríe
en alguna esquina antes de pensar en conducir
a casa.
Dar parpadeó en dirección
a las puertas pensativamente.
—Hay una pequeña
cafetería doblando la esquina. ¿Quieres
tomar una taza en lugar de esperar ahí?
Allí había,
Kerry estaba bien conciente, máquinas de
café en dos variedades en cada piso del
edificio de oficinas de ILS. Eran incluso gratis.
Era asombroso qué feliz era la idea de
pagar por una taza de las que hablaba.
—Suena a un buen plan
—elogió a su jefa—. No creo
que conozcas un salida alternativa de aquí,
¿o sí?
—Seguro —Dar
respondió, señalando hacia el otro
lado del balcón—. Sígueme.
—A donde sea —Kerry
obedeció fácilmente, y desaparecieron
en la oscuridad. Había comenzado su noche
sola en algo en lo que apenas se había
dado cuenta de que estaba perdida, y terminándola
al encontrarse más de lo que alguna vez
había esperado.
Solamente el tiempo revelaría
a dónde eso la llevaría.
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