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día V
Esta historia ha sido
traducida por Mendhi,
miembro de Xenafanfics. Cuenta
con el permiso de la autora para su traducción
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Las palabras o expresiones
escritas entre asteriscos (*) vienen en castellano
en el texto original.
Escrito en Rotorua, Nueva
Zelanda, Febrero 15, 2003
:: EL DÍA
V::
(V-DAY)
Por Melissa
Good
—Y, ¿qué
están haciendo chicas?
Kerry miró por
encima de su computadora, deteniéndose
a la mitad de dar un clic y parpadeó
varias veces.
—¿Qué
estamos haciendo sobre qué? —preguntó,
haciendo un pequeño gesto fruncido.
Mark miró rápidamente
por toda la oficina, luego regresó
su atención a ella, un diminuto arrebato
de vergüenza tiñó su rostro.
—Tú sabes…
como, para la gran V.
—¿La gran
V? —Kerry se reclinó y cruzó
sus brazos—. Mark, ¿de qué
diablos estás hablando? —preguntó—.
¿Qué es una gran V?
—Uh —El director
de MIS empezó a caminar hacia atrás
para salir de la habitación—.
No es nada. Sólo me estaba preguntando.
Uh. Me voy. Mi localizador está sonando
—se escapó de la oficina de Kerry,
y cerró la puerta, dejando a su jefa
desconcertada mirando fijamente el espacio
ahora vacío.
Luego de un momento,
Kerry se río quedamente y regresó
a su mecanografía. Después de
un rato, su teléfono sonó. Inclinó
un codo sobre su escritorio y respondió.
—¿Sí?
—¡Hey
Ker!
—Hey, Col —respondió
amablemente—. ¿Qué pasa?
—Eso es lo
que yo me estoy preguntando… ¿Qué
harán tú y la sombría
y peligrosa mujer esta noche?
—Trabajar —respondió
Kerry—. Ir a casa. ¿Por qué?
Hubo una larga, larga
pausa.
—¿En
el Día de San Valentín?
—No celebramos
el Día de San Valentín, Col
—respondió Kerry.
—¿De
verdad?
—De verdad.
Colleen se aclaró
la garganta.
—Oh. Bueno.
Está bien. Sólo me estaba preguntando.
Hey, tal vez podamos cenar esta semana…
¿Después?
Kerry sonrío al
teléfono.
—Seguro. Llámame
—respondió—. ¿Tú
harás algo esta noche?
—Nah. ¿Yo?
No soy yo la que ha perdido la cabeza por
unos tacones, cariño —dijo
Colleen—. Renté una película
y tengo un cubo de palomitas de maíz
esperándome —continuó—.
Bien, te hablaré después.
—Adiós —Kerry
meneó sus dedos en el teléfono,
entonces lo colgó.
***
—¿*Jefe*?
—María de detuvo, a la mitad
de estar tomando dictado—. ¿Le
has enviado flores a Kerrisita?
Dar hizo garabatos sobre
una hoja de papel con su cruel pluma púrpura.
—No le gustan las
flores —respondió distraídamente—.
¿Por qué se las enviaría?
¿La oficina tiene mal olor o algo?
—No, *Jefe*…
Pero este es un día especial, ¿o
no?
Dar levantó la
mirada.
—¿Lo es?
—pareció notar por primera vez
el pequeño ramillete prendido en el
hombro de su secretaria—. Oh, ¿te
refieres al Día de San Valentín?
—*Sí* —María
asintió.
—No celebramos
el Día de San Valentín —Dar
regresó a sus garabatos—. Dile
a José que estoy regresándole
su presupuesto entero, así que es mejor
que planee lo más pronto cómo
corregirlo —añadió—.
No aprobaré ningún nuevo gasto
en su departamento hasta que justifique por
qué sus pedicuritas necesitan nuevas
computadoras portátiles —empujó
el papel sobre el que había estado
escribiendo al otro lado de la mesa, hacia
María—. ¿Siguiente?
María tomó
el papel y lo añadió a su pila.
—Eso haré,
*jefe*, pero creo que el Sr. José ya
se ha ido.
—¿Qué?
—Dar frunció el ceño.
—*Sí* —María
organizó delicadamente sus papeles—.
Iba a llevar a su *señora* a cenar
esta noche.
Dar giró los ojos.
—Genial —se
reclinó en su asiento—. Haz que
lo llamen por el megáfono.
—¿Jefe?
—Convoca por su
trasero —Dar respondió, sin arrepentimiento—.
Esto es una estupidez. Ese presupuesto debía
habérselo dado a Alastair hace dos
semanas.
—*Jefe* —María
la miró conmovedoramente—. Es
muy tarde.
—Me importa un
carajo —Dar regresó el disparo—.
No es mi culpa que él lo haya arruinado.
María suspiró.
Dar la miró molesta por un momento,
luego se reclinó.
—Ah. Probablemente
no responderá a la maldita cosa de
todos modos. Ponlo sobre su escritorio con
una gran etiqueta roja pegada y dile que si
no está listo de regreso para mí
mañana, a la hora el almuerzo, se quedará
en ceros.
—*Sí*, Dar.
Eso haré —María le sonrío—.
¿No es tiempo para que tú también
te vayas?
—No —dijo
Dar enfadada—. Pero tú puedes
hacerlo si quieres —se ablandó—.
Tengo cosas que hacer antes de irme.
María recogió
sus cosas silenciosamente y se quedó
de pie.
—Lo haré.
Mi Tomás también está
haciendo planes para que salgamos —miró
fijamente a Dar—. ¿Tú
y Kerrisita se irán pronto?
Dar se encogió
de hombros.
—Depende de cuándo
terminemos.
María suspiró
otra vez.
—Que tengas buena
noche, *jefe* —se giró y dejó
su oficina. Dar observó la puerta cerrada,
entonces recogió su lápiz y
lo golpeó contra su escritorio. Tres
golpecitos, luego lo dejó caer en el
escritorio otra vez y se puso de pie, retiró
su chaqueta del respaldo de su silla y se
la deslizó sobre los hombros. Con un
tirón, apretó la lisa tela y
la abotonó, entonces echó un
vistazo a su reflejo en su monitor, acomodando
su cabello con un pase de sus dedos a través
de él.
Luego recogió
su computadora portátil y la colgó
sobre su hombro. Esperó a que la puerta
exterior de la oficina se cerrara, entonces
caminó hacia la interior y pasó
por ella.
***
Kerry suavemente sopló
el fósforo que estaba sujetando, entonces
retrocedió para revisar los resultados.
La vela que había encendido ondeó
suavemente con la brisa, y capturó
la cálida y dulce esencia de ésta
mientras rozaba sobre ella.
El sonido del agua cerca
entraba en una insensata forma, y levantó
la mirada justo para ver a la luna salir detrás
de las nubes y pintar un recto sendero de
plata hasta su umbral.
Puso una mano sobre el
balcón y aspiró la perfección
de la noche, dándose vuelta cuando
un innombrable conocimiento le incitó
para encontrar a Dar ocupando la entrada,
la luz del apartamento delineaba su alta forma
mientras se apoyaba contra la viga con los
brazos cruzados y total tranquilidad.
Kerry soltó una
mano, y miró cuando Dar se separó
de la puerta y cruzó hasta el balcón,
tomando su mano y besándola con gracia
natural. Sus dedos entonces se entrelazaron
y Kerry la jaló más cerca, cambiando
un beso en la mano por un beso en los labios,
que duró hasta que la luna pasó
detrás de las nubes y arrojó
sombras de nuevo sobre ellas.
—Hola —Dar
frotó su nariz con ella juguetonamente—.
El asesino del Día de San Valentín
está en casa.
Kerry se río entre
dientes.
—Eres un ogro,
tú —regañó—.
Sólo por eso, tienes que aguantar que
te de esto.
Dar bajó la mirada,
para encontrar los dedos de Kerry ágilmente
prendiendo algo en su solapa. Agachó
la cabeza para una mejor vista y aspiró
en asombro ante la joya en forma de pez que
le devolvía un guiño.
—Wow.
—Lo mandé
a hacer para ti —Kerry reconoció,
con una pacifica sonrisa—. Es lo más
cercano a uno real que pude conseguir.
—Mmhm —Dar
sacó su otra mano del bolsillo y puso
una pequeña caja sobre el pasamanos.
Con su dedo índice, la empujó
hacia Kerry—. Para ti.
Kerry recogió
la caja y tocó su aterciopelada extensión
con un dedo antes de abrirla. La luz de vela
se reflejó en una superficie brillante
y moteada, y se inclinó más
cerca de la mesa para conseguir una mejor
perspectiva—. Ooh… Dar, es, ¡tan
hermoso!
—Mm —Dar
inclinó su barbilla sobre el hombro
de Kerry y le dio un vistazo al objeto—.
No tengo el hábito de darte cosas feas
para que uses alrededor del cuello, Ker. Es
sólo una manía mía.
Era una pieza de jade,
esculpido en un intrincado y enroscado diseño.
Kerry lo levantó de la caja y lo sujetó
ante la luz, admirándolo.
—¿Puedes
ponérmelo?
Dar abrió el broche
del collar servicialmente y lo deslizó
alrededor del cuello de Kerry, abrochando
la cadena en la parte posterior. Rodeó
a su pareja y estudió el resultado,
entonces sonrío.
—Lindo.
—Mucho —los
ojos de Kerry brillaron hacia ella. Tomó
las manos de Dar y se le acercó, mientras
Dar agachaba la cabeza y se besaban otra vez.
—Amo este pez —Dar
cuchicheó—. No puedo esperar
para usarlo.
Ahogó una suave
risa.
—¿Y dejar
a todos con la mirada en blanco cuando te
pregunten si es un regalo de Día de
San Valentín?
—Heh.
—Yo, también
—Kerry bajó la vista a su pieza
de jade, ése remolino de formas que
le recordó sólo un poco a sus
propios ojos—. Lo adoro —lo estudió
atentamente, entonces miró hacia arriba
a los ojos de Dar—. Representa algo,
¿no?
Dar asintió con
la cabeza.
—Eternidad —sonrió
ante el visible deleite de Kerry—. Feliz
Aniversario.
La gentil risa de Kerry
fue respondida por los ecos del mar, un murmullo
de las edades que se desvaneció dentro
del renovado sendero plateado de la luna.
Tomó las copas que ya estaban llenas
de vino y le dio a Dar la suya, chocando los
bordes con un leve tintineo.
—Y he aquí
justo lo que me gusta mil veces más.
Sus brazos se entrelazaron,
y bebieron de la copa de la otra, celebrando
la unión de sus dos almas, mientras
el mar que nunca cambiaba las miraba plácidamente
con una suave risa.
FIN
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