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Uber » Hasta
que nos volvamos a encontrar
NOTAS DE LA AUTORA: Este
Uber es de clasificación Alt, por lo
cual es recomendable para un público
adulto. Los personajes son de mi creación,
por lo que cualquier similitud con personas
vivas o muertas es entera casualidad. He tomado
prestado nombres de ciudades y sitios reales,
únicamente para dar mayor veracidad
a mi historia. Gracias a mi talentosa hija
"Warrior D" por
su hermoso montaje. Y por supuesto gracias
a Ellen por su paciencia y valioso asesoramiento
en la edición de éste relato.
NOTA DE LA REVISORA: He
tratado de mantener las expresiones características
del país de la autora como era su deseo,
sólo he realizado algún cambio
para que sea entendible a ambos lados del
océano. Las expresiones menos comunes
las explico en notas a pie de página,
y las palabras que conserva en inglés
las traduzco también al pie.
Revisado por Ellen Roc.
Listos los disclaimers, ahora va la historia:
Por
MET
CAPÍTULO I
—Joe, te he dicho mil veces…
no, un millón de veces, que no me incluyas
en ningún tipo de actividad social
de la empresa, para eso están mis tíos,
o el Departamento de Eventos, a ellos les
encantan esas cosas —protestó
airadamente la morena.
—Síp, pero hay un pequeño
detalle… fue precisamente tu tío
el que te puso en este asunto, yo no tuve
nada que ver. Es más, hasta le mencioné
que no estarías de acuerdo, pero…
—No entiendo, si él sabe que
a mí no me gusta participar en nada
de esto, ¿por qué lo hizo?
En ese momento Samuel entraba al despacho
y alcanzó a escuchar lo que de seguro
era una rabieta de su adorada sobrina, que
a decir verdad, era como su hija, claro que
la niña tenía un carácter…
Definitivamente la nena cada día
se parece más a mi hermano, pensó
el hombre.
—¡Hey! ¿qué pasa
aquí con ustedes? Val, deja en paz
al hombre, por favor, no lo atormentes más,
y Joe, ve a buscar algo que hacer.
Este último salió refunfuñando
pero a la vez agradecido porque su patrón
lo salvó de lo que se convertiría
en instantes en uno de los famosos ataques
de ira de la jefecita.
—Explícame tío…
¿por qué diablos tengo yo que
ir a San Francisco a esas conferencias o lo
que sean?, ¿por qué me haces
esto? Si tú sabes que yo prefiero quedarme
aquí con mi trabajo, que ya es mucho,
a perder tiempo en boberías, ¿por
qué no vas tú o la tía
Vivi?
—Amor, cálmate… esta vez
de verdad no puedo ir yo porque tengo que
ser modelador en Chicago, tenemos una ponencia
de la sociedad ornitológica, debo estar
ahí, pero tu tía sí te
acompañará a San Francisco,
las necesito a las dos ahí… es
importante para Vidissa, ella se encargará
de la parte social de El Rancho que es su
especialidad y tú de la vinícola,
eres la única persona que sabe de este
negocio tanto como yo. Ahora… ¿está
claro esto?
—No, no está claro, pero ni
modo… voy a respirar aire puro, luego
volveremos a hablar del asunto. —Val
se alejó realmente molesta por esta
decisión de Sam, pero sabía
que no le quedaba más que cumplir con
las 'órdenes'.
Era casi hora de cenar pero el apetito se
le había ido a los suelos, tomó
su jeep y prefirió dar un paseo por
el Rancho, que como de costumbre estaba lleno
de movimiento a esta hora, los empleados de
los diferentes turnos iban o regresaban de
sus puestos de trabajo y toda la zona lucía
como un verdadero pueblito de Toscana, que
comenzaba a recibir a los turistas que habían
decidido permanecer para la cena o incluso
hospedarse ahí. Saludó a algunos
de ellos y prefiriendo alejarse un poco de
la confusión, tomó el camino
hacia los viñedos.
Éste era realmente su mundo, los campos
inmensos y silenciosos pero a la vez llenos
de vida y que dentro de poco se convertirían
por el milagro de la naturaleza y de su mano,
en la más deliciosa de las bebidas,
el vino.
Todo el resto del complejo, los restaurantes,
los albergues, las visitas guiadas, no eran
más que un fastidio para ella, ¿cuánto
daría por poder aislarse y vivir sólo
con lo que tenía enfrente ahora? ¡Sería
fabuloso!, pensó la hermosa y
alta morena Valentina Di Stefano.
***
Chantal tenía poco tiempo para completar
su solicitud y enviarla, la verdad, aún
estaba esperando a que sus dos amigas lo hicieran
y eso la estaba desesperando, detestaba depender
de otros para ejecutar sus planes.
—Karen, por favor, decídete
si vas o no al congreso de la IBA (International
Bar Association - Asociación Internacional
de Estudios Legales), sabes que se deben enviar
los datos esta tarde como fecha tope…
y también lo de las visitas turísticas
para después de la convención…
—le insistía a su amiga con voz
más que cansada, a través de
la línea telefónica.
—¡Oye chiquita! ¿Por qué
tanto apuro? Déjame revisar unos datos
de un juicio y enseguida estoy contigo, ¿ok?,
tengo al jefe respirándome al cuello
por este asunto y en verdad quiero deshacerme
de él, me entiendes ¿no?, te
llamo luego ¿sí?
—Mmh, está bien… hablamos.
—Cerró la llamada y pensó
que era mejor ir directamente a la oficina
de su amiga dentro de un rato para volver
a recordárselo, y de paso ver también
a Joan.
Creo que me estoy poniendo neurótica…
pero ese par me vuelven loca, ¿por
qué siempre tienen que esperar al último
instante para hacer todo? ¡No lo entiendo!,
pensó la joven abogada.
La hora del almuerzo llegó y ninguna
de las tres había podido salir de sus
respectivas oficinas, era fin de mes y sus
fechas para cerrar archivos las estaban presionando.
Aún así se comunicaron y se
pusieron de acuerdo en ir por un breve almuerzo
a la cafetería del mismo edificio.
—¡Hola chicas…! —saludó
Joan a sus amigas—. ¿Saben?,
el imbécil de Peter, el nuevo asociado,
me está matando, cree que soy su esclava
y me ha puesto con papeles hasta el techo,
piensa que soy una simple secretaria o menos
aún, sin ánimo de ofender a
nadie, claro —lo dijo mirando a su alrededor
para ver si nadie más la había
escuchado, mientras se retiraba un mechón
de sus rizos rojizos que le cubrían
los ojos, y se acomodaba junto a Chantal.
—Paciencia churona,
todas estamos igual o peor, sino es un bobo
con trabajo extra, es un bobo con sus ataques
de 'Don Juan', como en mi caso. El 'irresistible'
Mark tiene la impresión que yo me derrito
por él y no pierde oportunidad de mandarme
sus sonrisitas libidinosas, y hasta se le
ha ocurrido ponerme en sus mensajes de e-mail
unos corazoncitos flotantes, ¡puaj!
¡qué asco! —comentó
Karen haciendo un gesto de disgusto.
—Ja, por lo visto ustedes están
mal, yo no tengo ningún jefe nerviosito
ni tampoco un admirador acosándome,
pero ahora que lo pienso… mmm…
no sé si alegrarme o preocuparme —las
chicas rieron y se concentraron en sus respectivas
comidas.
—Oigan, tenemos solamente un par de
horas más para poder mandar las benditas
inscripciones, ¡ahora sí tienen
que decidirse!, pero si ustedes no quieren
ir, igual díganmelo para yo sí
poder hacerlo… —les informó
Chantal con tono decidido.
—¿¡Cuál es el apuro!?
Definitivamente, ¿estás menopáusica
o simplemente estás en ese período
del mes…? —insinuó Karen,
mientras daba un mordisco a su emparedado.
—Si crees que a los 26 puedo estar
menopáusica, veo que no pusiste mucha
atención a tus clases de biología,
¿eh? El asunto es que quiero ir a esa
conferencia, es bueno para mi Hoja de Vida
y suena divertido, no sé por qué
pero este año estoy verdaderamente
interesada, aparte de que es la primera vez
que puedo participar como abogada de una firma
importante, y no como lo había hecho
antes, de asistente de algún leguleyo…
mmm… y también está el
otro rollo, el programa post-convención,
la visita a los viñedos en Napa que
estoy segura me van a encantar. Se acuerdan
de donde viene mi familia, ¿no?, y
que mis abuelos también se dedican
al negocio de los vinos y bla-bla… —dijo
la jovencita, cuyos hermosos ojos verdes brillaban
llenos de expectativa.
—Ok, ok, hecho, yo estoy dentro, ¿tú
qué dices Joani? —inquirió
Karen con aire resignado.
—Bueno, si ustedes dos van… ¿yo
qué voy a hacer más de una semana
SOLA? Está bien, también
estoy dentro, tengo que hablar con el baboso
de mi jefe y listo… ¡San Francisco
ahí vamos!
—Hey, y de paso podemos conocer ciertos
bares 'interesantes' en la ciudad del arcoiris,
¿no? —preguntó Karen con
una sonrisita picarona que las chicas ya sabían
que significaba problemas, todas rieron nuevamente.
Completado el trámite, por fin Chantal
pudo respirar tranquila y ya sólo restaba
esperar a que llegara septiembre.
***
En el lobby
del San Francisco Marrito, las chicas se aprestaban
a registrarse para sus habitaciones y también
para la convención, tenían varias
horas libres ya que la Ceremonia de Inauguración
era hasta las 7:00, y luego vendría
la Fiesta de Bienvenida.
Después de refrescarse y tomar un
pequeño descanso, decidieron salir
hacia el centro de la ciudad en busca de aventuras.
Las tres compartían una buena amistad
desde sus años de universidad, habían
sido compañeras de estudios y de dormitorio
gran parte de su época estudiantil,
y lo que era aún mejor, habían
conseguido trabajo en el mismo estudio de
abogados, primero como practicantes y, al
paso del tiempo, habían logrado una
posición sólida en la firma.
Karen era la mayor por tres años,
también había sido siempre la
más dejada y traviesa, sus estudios
durante una temporada se vieron relegados
a un segundo plano, por lo que se graduó
junto a las otras dos. Compartía su
departamento con ellas hasta que tuvo una
relación amorosa que aparentemente
era bastante seria, las otras chicas prefirieron
buscar otro alojamiento, para dar privacidad
a su amiga. Las cosas lastimosamente no salieron
muy bien con la pareja de la morena, por lo
que al cabo de unos meses se encontró
sola y con una abultada renta que cubrir,
las amigas ya no podían ayudarla pues
ya habían adquirido un compromiso a
largo plazo para su nuevo hogar. Ahora ella
tenía anuncios para compartir el piso,
en todas las carteleras de la ciudad. Por
suerte, su carácter despreocupado la
ayudaba a salir de todos los rollos en los
que se metía ella o metía a
su grupo.
Joan no tenía problemas con nadie,
excepto en estos días con su nuevo
jefe, pero como era ya de suponer, poco a
poco a éste también lo conquistaría
con su eficiencia y dulzura, todo saldría
bien. Siempre se había dejado llevar
por sus amigas en un sinnúmero de travesuras
que disfrutaba inmensamente. Por ahora su
vida amorosa se limitaba a un par de citas
casuales, sin que ninguna de ellas representara
nada, tenía la filosofía de
no complicarse la vida por nada ni por nadie,
le iba bien así.
Chantal, por su parte, era la más
'tranquila y madura' de las tres, ella se
lo tomaba todo, todo, en
serio, era tremendamente organizada, hasta
el punto de exasperar en más de una
ocasión a Joan, cosa muy difícil
de conseguir. Tenía una rutina diaria
de ejercicios a una hora precisa, luego su
desayuno, baño, preparación
para el trabajo… con horarios inflexibles,
y por la noche después de la cena,
quizás una película hasta retirarse
a su habitación para leer o preparar
cualquier asunto 'pendiente' para el siguiente
día. Las salidas con las chicas tenían
que estar anunciadas con la debida anticipación
y sólo así se unía al
grupo. Lo pasaba muy bien con sus amigas,
realmente eran divertidas y ella hacía
lo posible por acoplarse a la manera de ver
la vida de ellas, las quería muchísimo
y eran parte importante de su vida desde hace
años. En lo referente a su vida privada-sentimental,
las cosas no iban muy bien, talvez un par
de salidas en la universidad, otro par en
la temporada actual, pero no lograba adaptarse
a esa idea de 'pasarla-bien-sin-ningún-tipo-de-ataduras',
que era lo que todo el mundo buscaba últimamente.
Por lo que prefería mantenerse al margen
de cualquier problema, ya que sabía
en el fondo de su mente calculadora que si
'bajaba la guardia', era una seria candidata
a la decepción amorosa y claro, al
sufrimiento, ya le había pasado una
vez en la universidad, cuando creyó
poder confiar en alguien y éste alguien
sólo la utilizó, desde ese momento
se prometió a sí misma…
de ahora en adelante te vas a dedicar
a tus estudios, luego con suerte vendrá
el trabajo y al diablo con el corazón…
eso es para los débiles…
Todas estas elucubraciones no les impedían
a ninguna de las tres pasarlo bien y disfrutar
su juventud.
Y en eso estaban, ya que San Francisco representaba
muchas novedades y curiosidades que satisfacer.
Las tres sabían desde hacía
tiempo cuáles eran sus respectivas
inquietudes y orientaciones sexuales. Una
de ellas era heterosexual, pero de mente 'muy'
abierta y las otras dos… definitivamente
homosexuales, lo cual no significaba que eran
pareja entre si, sólo que compartían
los mismos gustos hacia miembros del mismo
sexo, esto las ayudaba a comparar 'notas'.
Recorrieron unos cuantos sitios turísticos
muy hermosos y luego optaron por comer algo
en un famoso bar en la zona de Castro.
A la hora prevista, estaban listas para ser
recogidas por el transporte oficial del hotel
para ir al sitio de la convención junto
con todo el grupo de asistentes. Encontraron
a muchos colegas de la misma firma y de varias
más de su ciudad, pero también
había una gran variedad de participantes
de otras partes del mundo, por lo que la velada
se presentaba de lo más interesante.
Como era de imaginar, en esta primera noche
lo social era lo primordial, tras las debidas
introducciones y presentaciones, ellas estaban
listas para pasar unas cuantas horas de diversión.
El lunes y el martes fueron días llenos
de actividades, después de las diferentes
citas y reuniones de trabajo, con sus almuerzos
y cenas respectivas, Karen estaba ansiosa
de salir a la ciudad. Se informó con
todo detalle de los sitios más recomendados
y organizó lo que sería una
jornada de 'profunda inmersión' en
el mundo gay, sabía que sus amigas
la matarían si se enteraban de esto,
por lo que creyó oportuno guardarlo
como una sorpresa.
***
En uno de los salones del Hotel…
—Hola Vivi, qué gusto verte
por aquí, no esperaba encontrarme contigo
hasta mañana, ¿dónde
está Sam?
—¿Qué tal, Richard?,
Sam no vino esta vez, tiene una serie de conferencias
en Chicago, ya sabes… ¡por sus
pájaros!, pero yo estoy aquí
con mi sobrina, conoces a Val, ¿verdad?
Ven nena, ¿recuerdas a Richard MacPherson?
—Sí claro, hola ¿cómo
estás? —saludó la morena
sin mostrar mucha emoción.
—Definitivamente no tan bien como tú,
linda… hace mucho que no te veía
y ahora me pregunto, ¿cómo pude
dejar pasar tanto tiempo sin hacerlo? —respondió
el hombre, tomando la mano de Val y rozando
suavemente sus labios en ella.
—Sí es mucho tiempo, recuerdo
que fuiste con tu esposa al Rancho, creo que
a celebrar un aniversario o algo así
—Val contestó con un aire irónico,
ante los coqueteos de Richard.
—¡Qué buena memoria tienes,
preciosa!, pero ¿sabes?… ahora
estoy solo, ¿talvez ustedes tengan
un tiempito libre para pasar con este triste
caballero?
—Claro que sí amigo, pero por
ahora tenemos que seguir con nuestro trabajo,
mañana será un gran día
para ViDissa y tenemos mucho que hacer, si
nos disculpas… —dijo Vivi extendiendo
la mano al hombre.
—Las veo entonces, yo también
tengo mucho que hacer, sabes como es mi jefecito
y sus temas, adiós hermosas damas.
Cuando el tipo ya se había alejado
lo suficiente…
—Espero no volver a verlo en un lapso
de otros 5 años como mínimo
—comentó Val a su tía.
—No seas exagerada nena, es un gran
tipo y muy guapo.
No pierdes las esperanzas de encontrarme
pareja, pensó Val.
La presentación para la próxima
noche debía ser perfecta, tanto para
El Rancho como para Vinícola ViDissa,
especialmente para esta última, que
en realidad era el fuerte de la familia. Val
se encargaría de ello, como de costumbre,
y toda su atención se focalizaba en
el asunto, ya que lo social no le llamaba
la atención en lo más mínimo.
Había que discutir miles de cosas con
los encargados del salón, el equipo
de sonido, los técnicos de sistema
que iban a pasar los videos informativos y
tantas cosas más. Val se aseguraría
de atraer la atención del mayor número
de personas posibles para su negocio. Naturalmente
contaban con un buen asesoramiento de todo
un equipo publicitario, pero la responsabilidad
recaía sobre sus hombros, ella lo quería
así, no confiaba mucho en los demás
y le gustaba supervisar todo personalmente.
Durante una de las conferencias de la tarde,
tuvo que entrar al salón principal
para comprobar el sonido. Estaba lleno de
un grupo muy diverso de mujeres, todas abogadas
y con una actitud de 'ejecutivas duras' que
le provocó una sonrisa. En uno de los
costados, relativamente cerca de donde ella
se encontraba, había una mesa con unas
ocho o diez mujeres bastante jóvenes
y mucho más animadas que el resto de
la concurrencia del salón, le llamó
la atención porque en ese momento al
parecer alguna de ellas hizo un comentario
sobre el expositor, por las miradas dirigidas
a él, y todas rieron animadamente.
Dentro del grupo había una joven muy
hermosa, de cabello corto y rubio, que sonreía
a sus compañeras, al alzar su copa
de vino para beber, se detuvo un instante
y cruzó su mirada con Val, con un gesto
de su mano apenas perceptible hizo un brindis
a la morena, enseguida bajó la cabeza
y puso atención a la joven que, sentada
junto a ella, le decía algo. Val se
quedó paralizada, la rubia se había
dado cuenta de que la estaba mirando.
En ese mismo momento, un asistente llamó
la atención de Val, y le salvó
de lo que de seguro era uno de los momentos
más incómodos de la morena.
Aprovechó y salió inmediatamente
del salón, tenía la respiración
agitada y sentía que su cara todavía
la cubría el rubor.
¿Qué diablos fue eso? ¿Por
qué reaccionaste así? Casi como
una adolescente pescada 'in fraganti',
pensó Val, pero sin darse mucho tiempo
para contestarse, siguió revisando
sus papeles.
Dentro del salón, Chantal también
se quedó con una sensación extraña,
había visto a la alta morena desde
que ésta entró, y cuando tuvo
oportunidad, hizo contacto con esos hermosos
ojos azules, puede que fuera osado por su
parte brindar con su copa, pero no pudo evitarlo,
y le pareció realmente divertido ver
la reacción de la mujer, casi tropieza
con el joven junto a ella, y por poco sale
corriendo, no podía ser más
evidente el nerviosismo de la mujer.
¡Interesante, muy interesante!,
se dijo para sí la rubia. Ojalá
la vuelva a ver allá afuera, aunque
no creo que sea de este grupo, me la hubiera
encontrado antes, ya que ella sobresale, vaya
si lo hace… ¡uf, qué pinta!
La noche transcurrió como Karen había
planeado, y cuando se acercaba la madrugada,
las tres estaban de lo más entretenidas
con unas cuantas copas demás y en medio
de una total algarabía en la pista
de baile llena de sexys y sudorosas mujeres,
que al más mínimo descuido,
aprovechaban para rozar sus cuerpos con las
tres bellas amigas.
En un lugar apartado del bar y casi en la
penumbra, con una copa en la mano y una mirada
llena de curiosidad, se encontraba la morena
alta que no perdía de vista a cierta
joven rubia.
***
A la mañana siguiente, con un gran
dolor de cabeza y sin saber bien como acabaron
las cosas, las chicas bajaron a lo que sería
su tercer día de conferencias. Esta
vez ninguna de ellas tenía mucho ánimo
para nada, incluso Chantal sentía que
le daba vueltas todo, por lo que hubiera preferido
quedarse en la cama, rompiendo con su esquema
de trabajo.
Luego de una serie de ponencias sobre Legislación
Europea, todos salieron a un receso en el
lobby del salón donde tomaron unos
pequeños bocadillos y agua, mucha agua
para tratar de calmar la sed.
—Creo que se nos pasó la mano,
chicas… —dijo Karen apenas entre
dientes.
—Te lo dije, yo a medianoche ya no
sabía ni mi nombre, imagínate
el de lo que estaba bebiendo y con quién…
¡Hey Joanni, despierta!, ya vamos a
entrar otra vez y quizás adentro podamos
dormir un poquito… —suspiró
Chantal.
—Lo que si me acuerdo es de esa muchachita
tan hermosa que estaba colgada de mi cuello
y no me quería dejar ni un momento,
claro que cuando quiso pasar a mayores, tuve
que colgarme yo al cuello
de Karen para disimular y poder escaparme…
—comentó Joan con los ojos aún
cerrados.
Todas rieron por un rato y junto con los
demás participantes, entraron nuevamente.
Val a lo lejos había visto salir al
grupo y buscó al rostro familiar que
no la dejó en paz toda la noche.
Es absurdo, pero no puedo evitarlo…
tengo que verla, esos ojos se están
convirtiendo en mi tormento, y ese cuerpo…
tengo la imagen clavada en mi memoria de sus
movimientos sensuales mientras bailaba…
su sonrisa… sus labios al hablar al
oído a su pareja en la pista, ¡mierda,
esto es demasiado!
—Vivi, voy un momento a mi habitación
—anunció Val apresuradamente.
—¿Qué pasa nena, te sientes
mal? —definitivamente era una mala señal
que Val le llamara sólo por su nombre
—No… no es nada, solamente un
poco de dolor de cabeza, además tengo
que hacer un par de llamadas. Es mejor que
ya me cambie para la noche, regreso en un
rato, ¿ok?
—Sí claro… yo subo después
a prepararme también.
Ya en su habitación, y sin poder evitar
que su mente volviera a la rubia, tomó
una larga y relajante ducha. Se dejó
llevar por sus fantasías, con la esperanza
de que sus frustraciones desaparecieran por
lo menos unas horas.
Para las 5:30 de la tarde todo estaba listo,
ViDissa y sus expositoras habían bajado
y se disponían a entrar al salón,
era una de las auspiciantes, junto con otra
vinícola famosa, del evento de la IBA.
La primera parte sería básicamente
la presentación de El Rancho, el complejo
turístico de la Familia Di Stefano.
Una gran empresa que comprendía varios
restaurantes y hostales en una hermosa villa
al estilo italiano para ofrecer lo mejor al
visitante en su recorrido por el valle de
Sonoma. Para esta velada Viviana Di Stefano
se había esmerado, preparando una gran
variedad de sus especialidades gastronómicas
y todo su encanto mediterráneo estaba
a disposición de los concurrentes,
muchos de los cuales habían ya hecho
sus reservas para una visita a la zona en
fin de semana.
Durante la exposición de su tía
y luego de los diferentes brindis, Val se
mantuvo alejada, controlando que todo estuviera
en orden y que el nombre de la familia quedara
por todo lo alto.
La siguiente hora sería suya y esto
no le emocionaba en lo más mínimo.
Aún estando detrás de la expositora,
Val era fácilmente identificable y
Chantal no perdió oportunidad de admirarla
en todo su esplendor, la rubia estaba fascinada
con esos ojos y el porte real de la morena.
En la semioscuridad de la sala y mientras
pasaban un video de la propiedad y sus maravillas,
Chantal podía fijar su vista en ella
sin temor a ser descubierta y así seguía
muy cuidadosamente cada paso de la morena,
se veía que era alguien importante
ya que con sólo pequeños gestos
ponía en movimiento a todo el mundo.
Tras la charla, se sirvieron deliciosos entremeses
y por supuesto su famoso vino, siendo la morena
en persona quien se encargó del descorche
de la primera botella, como dicta la tradición
de las mejores casas vinícolas, tomándose
unos instantes para oler y apreciar el bouquet
de su vino antes de pasarlo al salonero para
que lo sirviera.
Al llegar la bebida a la mesa de Chantal,
ésta supo sin lugar a dudas que era
una de las mejores cosechas que había
tenido oportunidad de probar, era deliciosa,
y como buena conocedora del tema, también
se tomó su tiempo para degustarlo.
Sin imaginarse que en ese instante ella también
estaba siendo objeto de un cuidadoso estudio
y que Val, con gran satisfacción, había
notado la manera en que la rubia saboreaba
su bebida. Estaba claro que la pequeña
también sabía del tema.
En un impulso inusual para Val, se permitió
tomar una copa y alzarla para brindar con
la joven rubia, aunque fuera en la distancia.
Este gesto tomó por sorpresa a Chantal
y no pudo ocultar su rubor, esta vez fue ella
la descubierta. El pequeño intercambio
no pasó desapercibido para Karen, que
enseguida miró hacia el objeto en cuestión
y sólo se limito a dar una sonrisa
cómplice a su amiga, más tarde
podría sacar provecho de la gama de
colores de su rostro.
Terminada la degustación, subió
Val al estrado a presentar a su empresa, y
haciendo referencia a lo que acababan de probar
comenzó su exposición. La gente
estaba maravillada con la presencia de la
mujer, su voz de tono armonioso y fuerte mantenía
la atención de todos, se pasaron videos
de la vinícola y ella explicaba cada
uno de los pasos que se veían en las
imágenes. Era una charla perfecta y
clara, de manera que todos pudieran entender
y conocer el proceso con todo detalle. Las
luces se volvieron a prender, y las dos mujeres
se encontraron mirándose una a la otra
por breves instantes, luego Val miró
a su tía, quien con un gesto de satisfacción
se puso de pie y comenzó a aplaudir,
seguida por todos los presentes.
Val bajó del estrado y se mezcló
con varias personalidades que la estaban esperando
para felicitarla, siguieron por varios minutos
conversando en un grupo grande, junto a su
tía. Ésta le tenía pasado
un brazo por la cintura en señal de
afecto y orgullo, mientras la seguía
presentando a los más famosos abogados
de la nación. Hombres y mujeres estaban
fascinados con la morena y no lo ocultaban.
Después de algún tiempo de
estar en el 'mostrador', Val se disculpó
y dijo que se iba a refrescar un poco. Se
dirigió al vestíbulo y pidió
una copa de vino blanco, se sacó su
chaqueta, quedándose únicamente
con un hermoso chaleco de seda negro de un
profundo escote, el cual estaba adornado con
una cadena en oro cuyo dije era un diamante
que hacía juego con sus aretes. Esta
prenda y sus pantalones resaltaban su estilizado
y hermoso cuerpo, Armani era su diseñador
favorito.
—Hace calor ahí adentro, ¿verdad?
—observó una voz suave a lo lejos.
Val, sin regresar a mirar aún, ya sabía
de quién se trataba. Su corazón
comenzó a golpear con fuerza en su
pecho, trató de tomar aire para calmar
el martilleo, pero sus pulmones también
se resistían a trabajar normalmente,
hasta que encontró su voz y se giró
con una sonrisa tratando de sonar lo más
natural posible
—Sí… ¿te puedo
ofrecer algo fresco? —señaló
a la mesa de vinos—, quizá una
champaña bien helada… —casi
había recobrado el control—.
Así podremos realmente brindar.
—Mmh, sí, por fin lo podremos
hacer. —Chantal sonrió mientras
tomaba su flauta y golpeaba suavemente con
la copa de Val—. Felicitaciones por
tu exposición, fue muy interesante…
mmm… hola, soy Chantal De Lancel —extendió
su mano a la morena.
—Hola, yo soy Valentina Di Stefano,
mucho gusto —mantuvieron sus manos unidas
por un instante más largo del necesario.
—Lo sé, escuché cuando
te presentaron, ¿eres la hija de la
dueña de ViDissa? —sonrió.
—No, soy su sobrina, y estoy segura
de que no le agradaría nada saber que
alguien la cree tan vieja para tener una hija
de mi edad, ¡ni se lo menciones!
—¡Ok!, pero no es que ella luzca
mayor, es el apellido y… francamente,
no parece tu hermana, aunque es muy hermosa
también… — ¡oh,
oh, eso no lo debía decir!, ¡mierda,
yo y mi bocota!
—Mmm… gracias, por mi tía,
¡claro! —Una vez más sintió
que su cara se ruborizaba, tenía que
cambiar de tema inmediatamente—. ¿Tú
eres abogada? — ¡qué
pregunta boba!
—Ajá, estoy aquí con
los de IBA… —obviamente, nena.
—Bien… mmm… ¿entramos?,
tengo que seguir con… las formalidades
—siguieron caminando hacia la puerta
pero antes de entrar, Val encontró
fuerzas para preguntar—: Acaso podamos
conversar tras de la cena, ¿qué
te parece?, por supuesto si no tienes otro
compromiso.
—Perfecto, ¿es una cita entonces?
—lo dijo sonriendo mientras entraba
al salón, evitando con esto que Val
pudiera darle una respuesta.
Al volver a su asiento Chantal sentía
que sus rodillas eran de gelatina, nunca se
había comportado tan descaradamente,
estaba admirada de todo lo que había
dicho, en especial de su actitud. Bueno,
al diablo, vamos a ver a donde para todo esto…
¡lo único que sé es que
la tipa me encanta! —murmuraba
para sí misma mientras el salonero
comenzaba a servir la cena, y Karen, junto
a ella, no dejaba de mirarla.
—¿Qué? —dijo Chantal
fingiendo molestia.
—¿Qué?… tú
debes decirme, ¿qué pasa? —sonrió
a su amiga—. No le has quitado la vista
a la hermosa morena durante toda la noche,
pero lo mejor es… ¡que ella tampoco
ha dejado de mirarte! ¡Rápido,
necesito detalles, querida!
La conversación llamó la atención
a Joan, que estaba del otro lado de Chantal,
y disimuladamente se les acercó para
poder escuchar mejor.
—Yo también quiero saber del
asunto, ¿qué morena… qué
miradas? ¡Hey Karen!, ¿qué
pasa?
—¡Despistada!, deja que la señorita
aquí presente y toda 'roja', nos explique
a qué se deben las 'calenturas'.
—Ustedes dos son… son…
¡incorregibles! No pasa nada, sólo
un par de miradas, un brindis, una cita para
después de la cena… —antes
de que pudiera terminar la frase Karen la
interrumpió.
—¿Qué?… ¡¿cita?!…
¡uau!, si que te mueves rápido
enana, y yo que la quería conquistar
para mí. Pero en serio, ¿qué
pasó?
—Luego se lo cuento todo, dejen que
yo misma lo digiera, ¿ok?
Las amigas se mantuvieron en silencio y disfrutando
de una exquisita comida, de rato en rato Chantal
participaba de algún comentario hecho
en la mesa, pero no podía dejar de
pensar en las posibilidades que le depararía
la noche y, francamente, su apetito había
desaparecido.
Al otro lado del salón, Val estaba
pasando por las mismas incertidumbres, casi-casi
se había arrepentido de haber sido
tan lanzada con la jovencita, pero por otro
lado estaba maravillada por las nuevas sensaciones
que ésta había despertado. ¡Sí,
ésta será una noche especial!
La cena pasó lentamente y Val sentía
que su calor aumentaba a cada minuto, casi
no pudo probar bocado y a cada pregunta de
su tía, solo podía contestar
con si o no, cosa que estaba poniendo nerviosa
a Vivi.
Antes de terminar la reunión, Val
se puso de pie y al oído le dijo a
su tía que iba a salir a dar un paseo,
que no la esperase para subir a sus habitaciones.
Tomó su chaqueta y sonrió a
los miembros de la mesa, se despidió
y se retiró.
En el lado opuesto del salón Chantal
se disponía a hacer lo mismo sólo
que Karen y Joan se morían de la curiosidad
y decidieron, a pesar de las protestas de
la rubia, acompañarla hasta el lobby.
—Diablos, me siento como una quinceañera
con sus chaperonas,
déjenme ir sola, ¡por favor!
—No preciosa, esto es demasiado 'bueno'
para no ser testigos directos, sabes que es
la primera vez que vas a salir con alguien
desde hace… ¡siglos!, además
no te vamos a abochornar, estaremos calladitas,
¿verdad Joanni? Sólo permítenos
verla de cerca y seguiremos haciéndonos
las locas hacia los baños, ¡te
lo prometemos! —hizo un gesto sobre
su pecho de promesa solemne.
—Bueno pero 'haciéndoos' no,
ustedes sí están 'locas', y
pobre de la que diga una sola palabra, ¡la
mato! Vamos, ¡mierda!
Las tres tomaron sus cosas y se despidieron,
Chantal no sabía si dar un golpe a
sus 'amigas' o agradecerles por la compañía,
estaba realmente nerviosa. Para decir la verdad,
no tenía mucha experiencia en estas
cosas, y hasta ahora no comprendía
cómo había llegado a meterse
en este lío.
Al salir, Chantal vio la silueta de Val junto
a los ventanales e hizo un gesto a sus amigas
para que se fueran, éstas no le hicieron
caso, todo lo contrario, comenzaron a hablar
entre ellas fuertemente como para llamar la
atención.
—Las voy a matar… —dijo
entre dientes y aclaró su garganta
para que Val la regresase a ver.
—Hola… ¿estás lista?
—inquirió la rubia en una voz
muy suave.
—Sí, claro… —se
giró Val y se sorprendió al
ver a Chantal junto a las dos chicas.
—Ellas son mis 'amigas', Karen y Joan…
pero ya se van, ¿verdad niñas?
—les lanzó una mirada fulminante.
—Mmm… síp, ya nos vamos,
y hola, mucho gusto —Karen extendió
su mano dando mientras un pequeño codazo
a Joan, que se había quedado con la
boca abierta, ésta reaccionó
y también saludó.
—Hola, mucho gusto también,
yo soy Valentina… —dijo con una
pequeña sonrisa al ver la cara de la
pelirroja—. Mm… ¿nos vamos
Chantal? —preguntó tímidamente.
—Sí, vamos, nos vemos luego
chicas, pórtense bien ¿ok? —comentó
la rubia dirigiéndose a sus amigas.
Las dos salieron del lobby y se dirigieron
a los ascensores, ahí la tensión
era evidente, ninguna sabía que decir,
hasta que por fin llegó el ascensor
y ellas entraron. Ambas comenzaron a hablar
al mismo tiempo y rieron por la coincidencia.
—Tú primero… —invitó
Val.
—Ok… bueno, iba a preguntar ¿a
dónde vamos?
—A donde tú quieras, pero talvez
puedo sugerir un sitio en particular…
a cenar ya no te puedo invitar, por lo que
quizás podamos ir a un bar a escuchar
algo de música y conversar, mmm…
¿te parece bien?
—Perfecto.
Val pidió al valet
que le trajese su auto y salieron. En el trayecto
no hablaron mucho, las dos se sentían
un tanto extrañas.
—Mmm… ¿hasta cuando te
quedarás aquí en San Francisco?
—preguntó Chantal.
—Bueno, teóricamente ya podría
regresar a casa mañana, pero conociendo
a mi tía sé que ella querrá
quedarse hasta ver la exposición de
la 'competencia', mañana por la noche,
y luego el viernes sí salir…
mmm… y tú, ¿qué
piensas hacer después de la convención?
    
N.R. Persona
de cabello rizado.
N.R. Vestíbulo.
N.R.
Persona que acompaña a una pareja o
a una joven como carabina. En el área
del Caribe, Chile y Honduras.
N.R. Mozo,
aparcacoches.
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