Uber » Hasta que nos volvamos a encontrar

NOTAS DE LA AUTORA: Este Uber es de clasificación Alt, por lo cual es recomendable para un público adulto. Los personajes son de mi creación, por lo que cualquier similitud con personas vivas o muertas es entera casualidad. He tomado prestado nombres de ciudades y sitios reales, únicamente para dar mayor veracidad a mi historia. Gracias a mi talentosa hija "Warrior D" por su hermoso montaje. Y por supuesto gracias a Ellen por su paciencia y valioso asesoramiento en la edición de éste relato.

NOTA DE LA REVISORA: He tratado de mantener las expresiones características del país de la autora como era su deseo, sólo he realizado algún cambio para que sea entendible a ambos lados del océano. Las expresiones menos comunes las explico en notas a pie de página, y las palabras que conserva en inglés las traduzco también al pie.

Revisado por Ellen Roc.

Listos los disclaimers, ahora va la historia:

Por MET

CAPÍTULO I

—Joe, te he dicho mil veces… no, un millón de veces, que no me incluyas en ningún tipo de actividad social de la empresa, para eso están mis tíos, o el Departamento de Eventos, a ellos les encantan esas cosas —protestó airadamente la morena.

—Síp, pero hay un pequeño detalle… fue precisamente tu tío el que te puso en este asunto, yo no tuve nada que ver. Es más, hasta le mencioné que no estarías de acuerdo, pero…

—No entiendo, si él sabe que a mí no me gusta participar en nada de esto, ¿por qué lo hizo?

En ese momento Samuel entraba al despacho y alcanzó a escuchar lo que de seguro era una rabieta de su adorada sobrina, que a decir verdad, era como su hija, claro que la niña tenía un carácter… Definitivamente la nena cada día se parece más a mi hermano, pensó el hombre.

—¡Hey! ¿qué pasa aquí con ustedes? Val, deja en paz al hombre, por favor, no lo atormentes más, y Joe, ve a buscar algo que hacer.

Este último salió refunfuñando pero a la vez agradecido porque su patrón lo salvó de lo que se convertiría en instantes en uno de los famosos ataques de ira de la jefecita.

—Explícame tío… ¿por qué diablos tengo yo que ir a San Francisco a esas conferencias o lo que sean?, ¿por qué me haces esto? Si tú sabes que yo prefiero quedarme aquí con mi trabajo, que ya es mucho, a perder tiempo en boberías, ¿por qué no vas tú o la tía Vivi?

—Amor, cálmate… esta vez de verdad no puedo ir yo porque tengo que ser modelador en Chicago, tenemos una ponencia de la sociedad ornitológica, debo estar ahí, pero tu tía sí te acompañará a San Francisco, las necesito a las dos ahí… es importante para Vidissa, ella se encargará de la parte social de El Rancho que es su especialidad y tú de la vinícola, eres la única persona que sabe de este negocio tanto como yo. Ahora… ¿está claro esto?

—No, no está claro, pero ni modo… voy a respirar aire puro, luego volveremos a hablar del asunto. —Val se alejó realmente molesta por esta decisión de Sam, pero sabía que no le quedaba más que cumplir con las 'órdenes'.

Era casi hora de cenar pero el apetito se le había ido a los suelos, tomó su jeep y prefirió dar un paseo por el Rancho, que como de costumbre estaba lleno de movimiento a esta hora, los empleados de los diferentes turnos iban o regresaban de sus puestos de trabajo y toda la zona lucía como un verdadero pueblito de Toscana, que comenzaba a recibir a los turistas que habían decidido permanecer para la cena o incluso hospedarse ahí. Saludó a algunos de ellos y prefiriendo alejarse un poco de la confusión, tomó el camino hacia los viñedos.

Éste era realmente su mundo, los campos inmensos y silenciosos pero a la vez llenos de vida y que dentro de poco se convertirían por el milagro de la naturaleza y de su mano, en la más deliciosa de las bebidas, el vino.

Todo el resto del complejo, los restaurantes, los albergues, las visitas guiadas, no eran más que un fastidio para ella, ¿cuánto daría por poder aislarse y vivir sólo con lo que tenía enfrente ahora? ¡Sería fabuloso!, pensó la hermosa y alta morena Valentina Di Stefano.

***

Chantal tenía poco tiempo para completar su solicitud y enviarla, la verdad, aún estaba esperando a que sus dos amigas lo hicieran y eso la estaba desesperando, detestaba depender de otros para ejecutar sus planes.

—Karen, por favor, decídete si vas o no al congreso de la IBA (International Bar Association - Asociación Internacional de Estudios Legales), sabes que se deben enviar los datos esta tarde como fecha tope… y también lo de las visitas turísticas para después de la convención… —le insistía a su amiga con voz más que cansada, a través de la línea telefónica.

—¡Oye chiquita! ¿Por qué tanto apuro? Déjame revisar unos datos de un juicio y enseguida estoy contigo, ¿ok?, tengo al jefe respirándome al cuello por este asunto y en verdad quiero deshacerme de él, me entiendes ¿no?, te llamo luego ¿sí?

—Mmh, está bien… hablamos. —Cerró la llamada y pensó que era mejor ir directamente a la oficina de su amiga dentro de un rato para volver a recordárselo, y de paso ver también a Joan.

Creo que me estoy poniendo neurótica… pero ese par me vuelven loca, ¿por qué siempre tienen que esperar al último instante para hacer todo? ¡No lo entiendo!, pensó la joven abogada.

La hora del almuerzo llegó y ninguna de las tres había podido salir de sus respectivas oficinas, era fin de mes y sus fechas para cerrar archivos las estaban presionando. Aún así se comunicaron y se pusieron de acuerdo en ir por un breve almuerzo a la cafetería del mismo edificio.

—¡Hola chicas…! —saludó Joan a sus amigas—. ¿Saben?, el imbécil de Peter, el nuevo asociado, me está matando, cree que soy su esclava y me ha puesto con papeles hasta el techo, piensa que soy una simple secretaria o menos aún, sin ánimo de ofender a nadie, claro —lo dijo mirando a su alrededor para ver si nadie más la había escuchado, mientras se retiraba un mechón de sus rizos rojizos que le cubrían los ojos, y se acomodaba junto a Chantal.

—Paciencia churona, todas estamos igual o peor, sino es un bobo con trabajo extra, es un bobo con sus ataques de 'Don Juan', como en mi caso. El 'irresistible' Mark tiene la impresión que yo me derrito por él y no pierde oportunidad de mandarme sus sonrisitas libidinosas, y hasta se le ha ocurrido ponerme en sus mensajes de e-mail unos corazoncitos flotantes, ¡puaj! ¡qué asco! —comentó Karen haciendo un gesto de disgusto.

—Ja, por lo visto ustedes están mal, yo no tengo ningún jefe nerviosito ni tampoco un admirador acosándome, pero ahora que lo pienso… mmm… no sé si alegrarme o preocuparme —las chicas rieron y se concentraron en sus respectivas comidas.

—Oigan, tenemos solamente un par de horas más para poder mandar las benditas inscripciones, ¡ahora sí tienen que decidirse!, pero si ustedes no quieren ir, igual díganmelo para yo sí poder hacerlo… —les informó Chantal con tono decidido.

—¿¡Cuál es el apuro!? Definitivamente, ¿estás menopáusica o simplemente estás en ese período del mes…? —insinuó Karen, mientras daba un mordisco a su emparedado.

—Si crees que a los 26 puedo estar menopáusica, veo que no pusiste mucha atención a tus clases de biología, ¿eh? El asunto es que quiero ir a esa conferencia, es bueno para mi Hoja de Vida y suena divertido, no sé por qué pero este año estoy verdaderamente interesada, aparte de que es la primera vez que puedo participar como abogada de una firma importante, y no como lo había hecho antes, de asistente de algún leguleyo… mmm… y también está el otro rollo, el programa post-convención, la visita a los viñedos en Napa que estoy segura me van a encantar. Se acuerdan de donde viene mi familia, ¿no?, y que mis abuelos también se dedican al negocio de los vinos y bla-bla… —dijo la jovencita, cuyos hermosos ojos verdes brillaban llenos de expectativa.

—Ok, ok, hecho, yo estoy dentro, ¿tú qué dices Joani? —inquirió Karen con aire resignado.

—Bueno, si ustedes dos van… ¿yo qué voy a hacer más de una semana SOLA? Está bien, también estoy dentro, tengo que hablar con el baboso de mi jefe y listo… ¡San Francisco ahí vamos!

—Hey, y de paso podemos conocer ciertos bares 'interesantes' en la ciudad del arcoiris, ¿no? —preguntó Karen con una sonrisita picarona que las chicas ya sabían que significaba problemas, todas rieron nuevamente.

Completado el trámite, por fin Chantal pudo respirar tranquila y ya sólo restaba esperar a que llegara septiembre.

***

En el lobby del San Francisco Marrito, las chicas se aprestaban a registrarse para sus habitaciones y también para la convención, tenían varias horas libres ya que la Ceremonia de Inauguración era hasta las 7:00, y luego vendría la Fiesta de Bienvenida.

Después de refrescarse y tomar un pequeño descanso, decidieron salir hacia el centro de la ciudad en busca de aventuras.

Las tres compartían una buena amistad desde sus años de universidad, habían sido compañeras de estudios y de dormitorio gran parte de su época estudiantil, y lo que era aún mejor, habían conseguido trabajo en el mismo estudio de abogados, primero como practicantes y, al paso del tiempo, habían logrado una posición sólida en la firma.

Karen era la mayor por tres años, también había sido siempre la más dejada y traviesa, sus estudios durante una temporada se vieron relegados a un segundo plano, por lo que se graduó junto a las otras dos. Compartía su departamento con ellas hasta que tuvo una relación amorosa que aparentemente era bastante seria, las otras chicas prefirieron buscar otro alojamiento, para dar privacidad a su amiga. Las cosas lastimosamente no salieron muy bien con la pareja de la morena, por lo que al cabo de unos meses se encontró sola y con una abultada renta que cubrir, las amigas ya no podían ayudarla pues ya habían adquirido un compromiso a largo plazo para su nuevo hogar. Ahora ella tenía anuncios para compartir el piso, en todas las carteleras de la ciudad. Por suerte, su carácter despreocupado la ayudaba a salir de todos los rollos en los que se metía ella o metía a su grupo.

Joan no tenía problemas con nadie, excepto en estos días con su nuevo jefe, pero como era ya de suponer, poco a poco a éste también lo conquistaría con su eficiencia y dulzura, todo saldría bien. Siempre se había dejado llevar por sus amigas en un sinnúmero de travesuras que disfrutaba inmensamente. Por ahora su vida amorosa se limitaba a un par de citas casuales, sin que ninguna de ellas representara nada, tenía la filosofía de no complicarse la vida por nada ni por nadie, le iba bien así.

Chantal, por su parte, era la más 'tranquila y madura' de las tres, ella se lo tomaba todo, todo, en serio, era tremendamente organizada, hasta el punto de exasperar en más de una ocasión a Joan, cosa muy difícil de conseguir. Tenía una rutina diaria de ejercicios a una hora precisa, luego su desayuno, baño, preparación para el trabajo… con horarios inflexibles, y por la noche después de la cena, quizás una película hasta retirarse a su habitación para leer o preparar cualquier asunto 'pendiente' para el siguiente día. Las salidas con las chicas tenían que estar anunciadas con la debida anticipación y sólo así se unía al grupo. Lo pasaba muy bien con sus amigas, realmente eran divertidas y ella hacía lo posible por acoplarse a la manera de ver la vida de ellas, las quería muchísimo y eran parte importante de su vida desde hace años. En lo referente a su vida privada-sentimental, las cosas no iban muy bien, talvez un par de salidas en la universidad, otro par en la temporada actual, pero no lograba adaptarse a esa idea de 'pasarla-bien-sin-ningún-tipo-de-ataduras', que era lo que todo el mundo buscaba últimamente. Por lo que prefería mantenerse al margen de cualquier problema, ya que sabía en el fondo de su mente calculadora que si 'bajaba la guardia', era una seria candidata a la decepción amorosa y claro, al sufrimiento, ya le había pasado una vez en la universidad, cuando creyó poder confiar en alguien y éste alguien sólo la utilizó, desde ese momento se prometió a sí misma… de ahora en adelante te vas a dedicar a tus estudios, luego con suerte vendrá el trabajo y al diablo con el corazón… eso es para los débiles…

Todas estas elucubraciones no les impedían a ninguna de las tres pasarlo bien y disfrutar su juventud.

Y en eso estaban, ya que San Francisco representaba muchas novedades y curiosidades que satisfacer. Las tres sabían desde hacía tiempo cuáles eran sus respectivas inquietudes y orientaciones sexuales. Una de ellas era heterosexual, pero de mente 'muy' abierta y las otras dos… definitivamente homosexuales, lo cual no significaba que eran pareja entre si, sólo que compartían los mismos gustos hacia miembros del mismo sexo, esto las ayudaba a comparar 'notas'.

Recorrieron unos cuantos sitios turísticos muy hermosos y luego optaron por comer algo en un famoso bar en la zona de Castro.

A la hora prevista, estaban listas para ser recogidas por el transporte oficial del hotel para ir al sitio de la convención junto con todo el grupo de asistentes. Encontraron a muchos colegas de la misma firma y de varias más de su ciudad, pero también había una gran variedad de participantes de otras partes del mundo, por lo que la velada se presentaba de lo más interesante.

Como era de imaginar, en esta primera noche lo social era lo primordial, tras las debidas introducciones y presentaciones, ellas estaban listas para pasar unas cuantas horas de diversión.

El lunes y el martes fueron días llenos de actividades, después de las diferentes citas y reuniones de trabajo, con sus almuerzos y cenas respectivas, Karen estaba ansiosa de salir a la ciudad. Se informó con todo detalle de los sitios más recomendados y organizó lo que sería una jornada de 'profunda inmersión' en el mundo gay, sabía que sus amigas la matarían si se enteraban de esto, por lo que creyó oportuno guardarlo como una sorpresa.

***

En uno de los salones del Hotel…

—Hola Vivi, qué gusto verte por aquí, no esperaba encontrarme contigo hasta mañana, ¿dónde está Sam?

—¿Qué tal, Richard?, Sam no vino esta vez, tiene una serie de conferencias en Chicago, ya sabes… ¡por sus pájaros!, pero yo estoy aquí con mi sobrina, conoces a Val, ¿verdad? Ven nena, ¿recuerdas a Richard MacPherson?

—Sí claro, hola ¿cómo estás? —saludó la morena sin mostrar mucha emoción.

—Definitivamente no tan bien como tú, linda… hace mucho que no te veía y ahora me pregunto, ¿cómo pude dejar pasar tanto tiempo sin hacerlo? —respondió el hombre, tomando la mano de Val y rozando suavemente sus labios en ella.

—Sí es mucho tiempo, recuerdo que fuiste con tu esposa al Rancho, creo que a celebrar un aniversario o algo así —Val contestó con un aire irónico, ante los coqueteos de Richard.

—¡Qué buena memoria tienes, preciosa!, pero ¿sabes?… ahora estoy solo, ¿talvez ustedes tengan un tiempito libre para pasar con este triste caballero?

—Claro que sí amigo, pero por ahora tenemos que seguir con nuestro trabajo, mañana será un gran día para ViDissa y tenemos mucho que hacer, si nos disculpas… —dijo Vivi extendiendo la mano al hombre.

—Las veo entonces, yo también tengo mucho que hacer, sabes como es mi jefecito y sus temas, adiós hermosas damas.

Cuando el tipo ya se había alejado lo suficiente…

—Espero no volver a verlo en un lapso de otros 5 años como mínimo —comentó Val a su tía.

—No seas exagerada nena, es un gran tipo y muy guapo.

No pierdes las esperanzas de encontrarme pareja, pensó Val.

La presentación para la próxima noche debía ser perfecta, tanto para El Rancho como para Vinícola ViDissa, especialmente para esta última, que en realidad era el fuerte de la familia. Val se encargaría de ello, como de costumbre, y toda su atención se focalizaba en el asunto, ya que lo social no le llamaba la atención en lo más mínimo. Había que discutir miles de cosas con los encargados del salón, el equipo de sonido, los técnicos de sistema que iban a pasar los videos informativos y tantas cosas más. Val se aseguraría de atraer la atención del mayor número de personas posibles para su negocio. Naturalmente contaban con un buen asesoramiento de todo un equipo publicitario, pero la responsabilidad recaía sobre sus hombros, ella lo quería así, no confiaba mucho en los demás y le gustaba supervisar todo personalmente.

Durante una de las conferencias de la tarde, tuvo que entrar al salón principal para comprobar el sonido. Estaba lleno de un grupo muy diverso de mujeres, todas abogadas y con una actitud de 'ejecutivas duras' que le provocó una sonrisa. En uno de los costados, relativamente cerca de donde ella se encontraba, había una mesa con unas ocho o diez mujeres bastante jóvenes y mucho más animadas que el resto de la concurrencia del salón, le llamó la atención porque en ese momento al parecer alguna de ellas hizo un comentario sobre el expositor, por las miradas dirigidas a él, y todas rieron animadamente.

Dentro del grupo había una joven muy hermosa, de cabello corto y rubio, que sonreía a sus compañeras, al alzar su copa de vino para beber, se detuvo un instante y cruzó su mirada con Val, con un gesto de su mano apenas perceptible hizo un brindis a la morena, enseguida bajó la cabeza y puso atención a la joven que, sentada junto a ella, le decía algo. Val se quedó paralizada, la rubia se había dado cuenta de que la estaba mirando.

En ese mismo momento, un asistente llamó la atención de Val, y le salvó de lo que de seguro era uno de los momentos más incómodos de la morena. Aprovechó y salió inmediatamente del salón, tenía la respiración agitada y sentía que su cara todavía la cubría el rubor.

¿Qué diablos fue eso? ¿Por qué reaccionaste así? Casi como una adolescente pescada 'in fraganti', pensó Val, pero sin darse mucho tiempo para contestarse, siguió revisando sus papeles.

Dentro del salón, Chantal también se quedó con una sensación extraña, había visto a la alta morena desde que ésta entró, y cuando tuvo oportunidad, hizo contacto con esos hermosos ojos azules, puede que fuera osado por su parte brindar con su copa, pero no pudo evitarlo, y le pareció realmente divertido ver la reacción de la mujer, casi tropieza con el joven junto a ella, y por poco sale corriendo, no podía ser más evidente el nerviosismo de la mujer.

¡Interesante, muy interesante!, se dijo para sí la rubia. Ojalá la vuelva a ver allá afuera, aunque no creo que sea de este grupo, me la hubiera encontrado antes, ya que ella sobresale, vaya si lo hace… ¡uf, qué pinta!

La noche transcurrió como Karen había planeado, y cuando se acercaba la madrugada, las tres estaban de lo más entretenidas con unas cuantas copas demás y en medio de una total algarabía en la pista de baile llena de sexys y sudorosas mujeres, que al más mínimo descuido, aprovechaban para rozar sus cuerpos con las tres bellas amigas.

En un lugar apartado del bar y casi en la penumbra, con una copa en la mano y una mirada llena de curiosidad, se encontraba la morena alta que no perdía de vista a cierta joven rubia.

***

A la mañana siguiente, con un gran dolor de cabeza y sin saber bien como acabaron las cosas, las chicas bajaron a lo que sería su tercer día de conferencias. Esta vez ninguna de ellas tenía mucho ánimo para nada, incluso Chantal sentía que le daba vueltas todo, por lo que hubiera preferido quedarse en la cama, rompiendo con su esquema de trabajo.

Luego de una serie de ponencias sobre Legislación Europea, todos salieron a un receso en el lobby del salón donde tomaron unos pequeños bocadillos y agua, mucha agua para tratar de calmar la sed.

—Creo que se nos pasó la mano, chicas… —dijo Karen apenas entre dientes.

—Te lo dije, yo a medianoche ya no sabía ni mi nombre, imagínate el de lo que estaba bebiendo y con quién… ¡Hey Joanni, despierta!, ya vamos a entrar otra vez y quizás adentro podamos dormir un poquito… —suspiró Chantal.

—Lo que si me acuerdo es de esa muchachita tan hermosa que estaba colgada de mi cuello y no me quería dejar ni un momento, claro que cuando quiso pasar a mayores, tuve que colgarme yo al cuello de Karen para disimular y poder escaparme… —comentó Joan con los ojos aún cerrados.

Todas rieron por un rato y junto con los demás participantes, entraron nuevamente.

Val a lo lejos había visto salir al grupo y buscó al rostro familiar que no la dejó en paz toda la noche.

Es absurdo, pero no puedo evitarlo… tengo que verla, esos ojos se están convirtiendo en mi tormento, y ese cuerpo… tengo la imagen clavada en mi memoria de sus movimientos sensuales mientras bailaba… su sonrisa… sus labios al hablar al oído a su pareja en la pista, ¡mierda, esto es demasiado!

—Vivi, voy un momento a mi habitación —anunció Val apresuradamente.

—¿Qué pasa nena, te sientes mal? —definitivamente era una mala señal que Val le llamara sólo por su nombre

—No… no es nada, solamente un poco de dolor de cabeza, además tengo que hacer un par de llamadas. Es mejor que ya me cambie para la noche, regreso en un rato, ¿ok?

—Sí claro… yo subo después a prepararme también.

Ya en su habitación, y sin poder evitar que su mente volviera a la rubia, tomó una larga y relajante ducha. Se dejó llevar por sus fantasías, con la esperanza de que sus frustraciones desaparecieran por lo menos unas horas.

Para las 5:30 de la tarde todo estaba listo, ViDissa y sus expositoras habían bajado y se disponían a entrar al salón, era una de las auspiciantes, junto con otra vinícola famosa, del evento de la IBA. La primera parte sería básicamente la presentación de El Rancho, el complejo turístico de la Familia Di Stefano. Una gran empresa que comprendía varios restaurantes y hostales en una hermosa villa al estilo italiano para ofrecer lo mejor al visitante en su recorrido por el valle de Sonoma. Para esta velada Viviana Di Stefano se había esmerado, preparando una gran variedad de sus especialidades gastronómicas y todo su encanto mediterráneo estaba a disposición de los concurrentes, muchos de los cuales habían ya hecho sus reservas para una visita a la zona en fin de semana.

Durante la exposición de su tía y luego de los diferentes brindis, Val se mantuvo alejada, controlando que todo estuviera en orden y que el nombre de la familia quedara por todo lo alto.

La siguiente hora sería suya y esto no le emocionaba en lo más mínimo.

Aún estando detrás de la expositora, Val era fácilmente identificable y Chantal no perdió oportunidad de admirarla en todo su esplendor, la rubia estaba fascinada con esos ojos y el porte real de la morena. En la semioscuridad de la sala y mientras pasaban un video de la propiedad y sus maravillas, Chantal podía fijar su vista en ella sin temor a ser descubierta y así seguía muy cuidadosamente cada paso de la morena, se veía que era alguien importante ya que con sólo pequeños gestos ponía en movimiento a todo el mundo.

Tras la charla, se sirvieron deliciosos entremeses y por supuesto su famoso vino, siendo la morena en persona quien se encargó del descorche de la primera botella, como dicta la tradición de las mejores casas vinícolas, tomándose unos instantes para oler y apreciar el bouquet de su vino antes de pasarlo al salonero para que lo sirviera.

Al llegar la bebida a la mesa de Chantal, ésta supo sin lugar a dudas que era una de las mejores cosechas que había tenido oportunidad de probar, era deliciosa, y como buena conocedora del tema, también se tomó su tiempo para degustarlo. Sin imaginarse que en ese instante ella también estaba siendo objeto de un cuidadoso estudio y que Val, con gran satisfacción, había notado la manera en que la rubia saboreaba su bebida. Estaba claro que la pequeña también sabía del tema.

En un impulso inusual para Val, se permitió tomar una copa y alzarla para brindar con la joven rubia, aunque fuera en la distancia. Este gesto tomó por sorpresa a Chantal y no pudo ocultar su rubor, esta vez fue ella la descubierta. El pequeño intercambio no pasó desapercibido para Karen, que enseguida miró hacia el objeto en cuestión y sólo se limito a dar una sonrisa cómplice a su amiga, más tarde podría sacar provecho de la gama de colores de su rostro.

Terminada la degustación, subió Val al estrado a presentar a su empresa, y haciendo referencia a lo que acababan de probar comenzó su exposición. La gente estaba maravillada con la presencia de la mujer, su voz de tono armonioso y fuerte mantenía la atención de todos, se pasaron videos de la vinícola y ella explicaba cada uno de los pasos que se veían en las imágenes. Era una charla perfecta y clara, de manera que todos pudieran entender y conocer el proceso con todo detalle. Las luces se volvieron a prender, y las dos mujeres se encontraron mirándose una a la otra por breves instantes, luego Val miró a su tía, quien con un gesto de satisfacción se puso de pie y comenzó a aplaudir, seguida por todos los presentes.

Val bajó del estrado y se mezcló con varias personalidades que la estaban esperando para felicitarla, siguieron por varios minutos conversando en un grupo grande, junto a su tía. Ésta le tenía pasado un brazo por la cintura en señal de afecto y orgullo, mientras la seguía presentando a los más famosos abogados de la nación. Hombres y mujeres estaban fascinados con la morena y no lo ocultaban.

Después de algún tiempo de estar en el 'mostrador', Val se disculpó y dijo que se iba a refrescar un poco. Se dirigió al vestíbulo y pidió una copa de vino blanco, se sacó su chaqueta, quedándose únicamente con un hermoso chaleco de seda negro de un profundo escote, el cual estaba adornado con una cadena en oro cuyo dije era un diamante que hacía juego con sus aretes. Esta prenda y sus pantalones resaltaban su estilizado y hermoso cuerpo, Armani era su diseñador favorito.

—Hace calor ahí adentro, ¿verdad? —observó una voz suave a lo lejos. Val, sin regresar a mirar aún, ya sabía de quién se trataba. Su corazón comenzó a golpear con fuerza en su pecho, trató de tomar aire para calmar el martilleo, pero sus pulmones también se resistían a trabajar normalmente, hasta que encontró su voz y se giró con una sonrisa tratando de sonar lo más natural posible

—Sí… ¿te puedo ofrecer algo fresco? —señaló a la mesa de vinos—, quizá una champaña bien helada… —casi había recobrado el control—. Así podremos realmente brindar.

—Mmh, sí, por fin lo podremos hacer. —Chantal sonrió mientras tomaba su flauta y golpeaba suavemente con la copa de Val—. Felicitaciones por tu exposición, fue muy interesante… mmm… hola, soy Chantal De Lancel —extendió su mano a la morena.

—Hola, yo soy Valentina Di Stefano, mucho gusto —mantuvieron sus manos unidas por un instante más largo del necesario.

—Lo sé, escuché cuando te presentaron, ¿eres la hija de la dueña de ViDissa? —sonrió.

—No, soy su sobrina, y estoy segura de que no le agradaría nada saber que alguien la cree tan vieja para tener una hija de mi edad, ¡ni se lo menciones!

—¡Ok!, pero no es que ella luzca mayor, es el apellido y… francamente, no parece tu hermana, aunque es muy hermosa también… — ¡oh, oh, eso no lo debía decir!, ¡mierda, yo y mi bocota!

—Mmm… gracias, por mi tía, ¡claro! —Una vez más sintió que su cara se ruborizaba, tenía que cambiar de tema inmediatamente—. ¿Tú eres abogada? — ¡qué pregunta boba!

—Ajá, estoy aquí con los de IBA… —obviamente, nena.

—Bien… mmm… ¿entramos?, tengo que seguir con… las formalidades —siguieron caminando hacia la puerta pero antes de entrar, Val encontró fuerzas para preguntar—: Acaso podamos conversar tras de la cena, ¿qué te parece?, por supuesto si no tienes otro compromiso.

—Perfecto, ¿es una cita entonces? —lo dijo sonriendo mientras entraba al salón, evitando con esto que Val pudiera darle una respuesta.

Al volver a su asiento Chantal sentía que sus rodillas eran de gelatina, nunca se había comportado tan descaradamente, estaba admirada de todo lo que había dicho, en especial de su actitud. Bueno, al diablo, vamos a ver a donde para todo esto… ¡lo único que sé es que la tipa me encanta! —murmuraba para sí misma mientras el salonero comenzaba a servir la cena, y Karen, junto a ella, no dejaba de mirarla.

—¿Qué? —dijo Chantal fingiendo molestia.

—¿Qué?… tú debes decirme, ¿qué pasa? —sonrió a su amiga—. No le has quitado la vista a la hermosa morena durante toda la noche, pero lo mejor es… ¡que ella tampoco ha dejado de mirarte! ¡Rápido, necesito detalles, querida!

La conversación llamó la atención a Joan, que estaba del otro lado de Chantal, y disimuladamente se les acercó para poder escuchar mejor.

—Yo también quiero saber del asunto, ¿qué morena… qué miradas? ¡Hey Karen!, ¿qué pasa?

—¡Despistada!, deja que la señorita aquí presente y toda 'roja', nos explique a qué se deben las 'calenturas'.

—Ustedes dos son… son… ¡incorregibles! No pasa nada, sólo un par de miradas, un brindis, una cita para después de la cena… —antes de que pudiera terminar la frase Karen la interrumpió.

—¿Qué?… ¡¿cita?!… ¡uau!, si que te mueves rápido enana, y yo que la quería conquistar para mí. Pero en serio, ¿qué pasó?

—Luego se lo cuento todo, dejen que yo misma lo digiera, ¿ok?

Las amigas se mantuvieron en silencio y disfrutando de una exquisita comida, de rato en rato Chantal participaba de algún comentario hecho en la mesa, pero no podía dejar de pensar en las posibilidades que le depararía la noche y, francamente, su apetito había desaparecido.

Al otro lado del salón, Val estaba pasando por las mismas incertidumbres, casi-casi se había arrepentido de haber sido tan lanzada con la jovencita, pero por otro lado estaba maravillada por las nuevas sensaciones que ésta había despertado. ¡Sí, ésta será una noche especial!

La cena pasó lentamente y Val sentía que su calor aumentaba a cada minuto, casi no pudo probar bocado y a cada pregunta de su tía, solo podía contestar con si o no, cosa que estaba poniendo nerviosa a Vivi.

Antes de terminar la reunión, Val se puso de pie y al oído le dijo a su tía que iba a salir a dar un paseo, que no la esperase para subir a sus habitaciones. Tomó su chaqueta y sonrió a los miembros de la mesa, se despidió y se retiró.

En el lado opuesto del salón Chantal se disponía a hacer lo mismo sólo que Karen y Joan se morían de la curiosidad y decidieron, a pesar de las protestas de la rubia, acompañarla hasta el lobby.

—Diablos, me siento como una quinceañera con sus chaperonas, déjenme ir sola, ¡por favor!

—No preciosa, esto es demasiado 'bueno' para no ser testigos directos, sabes que es la primera vez que vas a salir con alguien desde hace… ¡siglos!, además no te vamos a abochornar, estaremos calladitas, ¿verdad Joanni? Sólo permítenos verla de cerca y seguiremos haciéndonos las locas hacia los baños, ¡te lo prometemos! —hizo un gesto sobre su pecho de promesa solemne.

—Bueno pero 'haciéndoos' no, ustedes sí están 'locas', y pobre de la que diga una sola palabra, ¡la mato! Vamos, ¡mierda!

Las tres tomaron sus cosas y se despidieron, Chantal no sabía si dar un golpe a sus 'amigas' o agradecerles por la compañía, estaba realmente nerviosa. Para decir la verdad, no tenía mucha experiencia en estas cosas, y hasta ahora no comprendía cómo había llegado a meterse en este lío.

Al salir, Chantal vio la silueta de Val junto a los ventanales e hizo un gesto a sus amigas para que se fueran, éstas no le hicieron caso, todo lo contrario, comenzaron a hablar entre ellas fuertemente como para llamar la atención.

—Las voy a matar… —dijo entre dientes y aclaró su garganta para que Val la regresase a ver.

—Hola… ¿estás lista? —inquirió la rubia en una voz muy suave.

—Sí, claro… —se giró Val y se sorprendió al ver a Chantal junto a las dos chicas.

—Ellas son mis 'amigas', Karen y Joan… pero ya se van, ¿verdad niñas? —les lanzó una mirada fulminante.

—Mmm… síp, ya nos vamos, y hola, mucho gusto —Karen extendió su mano dando mientras un pequeño codazo a Joan, que se había quedado con la boca abierta, ésta reaccionó y también saludó.

—Hola, mucho gusto también, yo soy Valentina… —dijo con una pequeña sonrisa al ver la cara de la pelirroja—. Mm… ¿nos vamos Chantal? —preguntó tímidamente.

—Sí, vamos, nos vemos luego chicas, pórtense bien ¿ok? —comentó la rubia dirigiéndose a sus amigas.

Las dos salieron del lobby y se dirigieron a los ascensores, ahí la tensión era evidente, ninguna sabía que decir, hasta que por fin llegó el ascensor y ellas entraron. Ambas comenzaron a hablar al mismo tiempo y rieron por la coincidencia.

—Tú primero… —invitó Val.

—Ok… bueno, iba a preguntar ¿a dónde vamos?

—A donde tú quieras, pero talvez puedo sugerir un sitio en particular… a cenar ya no te puedo invitar, por lo que quizás podamos ir a un bar a escuchar algo de música y conversar, mmm… ¿te parece bien?

—Perfecto.

Val pidió al valet que le trajese su auto y salieron. En el trayecto no hablaron mucho, las dos se sentían un tanto extrañas.

—Mmm… ¿hasta cuando te quedarás aquí en San Francisco? —preguntó Chantal.

—Bueno, teóricamente ya podría regresar a casa mañana, pero conociendo a mi tía sé que ella querrá quedarse hasta ver la exposición de la 'competencia', mañana por la noche, y luego el viernes sí salir… mmm… y tú, ¿qué piensas hacer después de la convención?

N.R. Persona de cabello rizado.
N.R. Vestíbulo.
N.R. Persona que acompaña a una pareja o a una joven como carabina. En el área del Caribe, Chile y Honduras.
N.R. Mozo, aparcacoches.

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