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Uber » Hasta
que nos volvamos a encontrar » 02
:: HASTA QUE NOS
VOLVAMOS A ENCONTRAR ::
—Tenemos organizado un tour a Napa a visitar
los viñedos, el tuyo y el de Coppola, para
el fin de semana… mmm… por lo que
no te vas a poder librar de mí todavía.
—¿Librarme?, será magnífico
tenerte, tenerlas por allá… ¿vienes
tú y…? —Val no quería
ser indiscreta.
—Mis amigas que ya conociste, también
son colegas en la misma firma. Tomamos esta semana
más como unas vacaciones, en realidad no
habíamos salido desde hace mucho tiempo
a ninguna parte, necesitábamos un descanso
—respondió Chantal.
Llegaron al bar y entregaron el auto, era un
sitio hermoso y al parecer muy exclusivo, con
música suave en vivo y un ambiente muy
acogedor, las dirigieron a su mesa la cual tenía
una vista fabulosa de la Bahía. Pidieron
sus bebidas y se dispusieron a escuchar a los
músicos.
A los pocos minutos tenían sus pedidos,
y comenzaron a conversar de todo y nada por algún
tiempo, las dos se sentían ya más
relajadas y con ganas de pasarlo bien, reían
y disfrutaban de la compañía.
—Chantal, discúlpame si soy indiscreta,
pero tu apellido me resulta conocido…
—No se cuán conocido sea en general,
pero quizás has escuchado del Champagne
'Chateau De Lancel', es de la familia, allá
en Francia… —lo dijo con una sonrisita.
—¡Sabía que tú eras
una conocedora, pero no me imaginé tanto!
Vi como saboreabas el vino que mandé para
tú mesa, era especial… para ti.
—Gracias, y sí, definitivamente
lo aprecié, claro que no sabía que
te habías tomado la molestia de escogerlo
para mí, pero aún así lo
disfruté mucho. —Chantal estaba encantada
de la deferencia que había tenido Val con
ella, aún sin conocerla.
—Y… ¿qué hace una De
Lancel por aquí? —preguntó
la morena.
—Parte de mi familia es americana, incluso
mi bisabuela Eve vivió aquí mucho
tiempo, pero luego por cosas de su esposo que
era diplomático, tuvieron que regresar
a París y voilá, allá se
quedaron hasta que después de la guerra
se hicieron cargo de Valmont, ella se convirtió
en una experta y era conocida como la 'Dama de
Champagne' según tengo entendido, luego
su hija Delphine siguió sus pasos y ahí
está todavía. Por otro lado su hermana
Freddy, mí abuela, se dedicaba a la aviación…
¡imagínate en esa época una
mujer aviadora!, siempre hemos sido muy lanzadas
las De Lancel, se casó con un americano
y se instalaron definitivamente en California.
Yo estudié en Harvard y al graduarme tuve
oportunidad de conseguir trabajo en Boston, en
la firma en que aún estoy… y ahora
heme aquí, conversando con la heredera
del emporio que produce uno de los mejores vinos
de California.
—Bueno, tanto como heredera, no sé…
mis tíos tiene dos hijos, pero a mi definitivamente
me apasiona la vinicultura, y por ahora soy yo
quien ayuda a manejar ViDissa, y por supuesto
tengo mis propios negocios, después no
sé que pasará y realmente no me
interesa, pero mientras, lo disfruto.
Sí nena, se ve a simple vista cuanto
lo disfrutas… quizás seas igual de
apasionada para todo — pensó
Chantal.
—¡Hey!… Eve, luego tu abuela,
tu madre ¿y por qué el apellido
te llegó a ti? —preguntó la
morena.
—En mi familia, por tradición y
por común acuerdo con sus respectivos esposos,
y en vista de que no habría ningún
heredero directo del apellido, todos usamos oficialmente
el nombre De Lancel, sin importar si eres hombre
o mujer o de qué lado vienes, mi segundo
apellido es el de mi padre, Hughes… si ya
sé… de aquellos Hughes, ¡diablos!
—dijo la joven sonriendo al ver la mirada
impresionada de Val, y luego las dos volvieron
a reír.
Luego de algunos tragos más y con una
conversación muy amena, salieron a caminar
un poco por la costa. La noche se estaba poniendo
fría por lo que regresaron al hotel, y
ya en el lobby, Chantal no podía ocultar
su cansancio, después de todo la noche
anterior casi no había dormido y a pesar
de estar encantada con la compañía
sabía que no podía aguantar mucho
más.
—Bueno Val, ha sido una noche maravillosa
pero… auu… creo que Morfeo me llama
a gritos —se cubrió la boca para
disimular un gran bostezo.
—Si, así veo, jaja, yo también
estoy algo cansada, será mejor que vayamos
a dormir… ¿quizás mañana
podamos repetir la velada? —había
mucha expectativa en su voz.
—Será un placer… ¿a
qué piso vas? —preguntó la
rubia al tomar el ascensor.
—Al ático, ¿y tú…?
—Yo al 15º, ¡vaya, el ático!…
¿qué tal las alturas?
—Es una suite hermosa, pero me daría
lo mismo estar en el 15º, o en el 30º, me basta
una buena cama.
Al llegar a su piso, Chantal puso la mano para
detener la puerta del ascensor y tener unos instantes
más para despedirse. Sin pensar siquiera
en lo que hacia y sin perder de vista esos intensos
ojos azules, se acercó apenas a la morena
y rozó con sus labios los de Val, enseguida
se viró y soltó la puerta. La morena
se encontró una vez más paralizada,
las puertas se cerraron inmediatamente, ella estaba
ahí con su imagen reflejada en ellas y
mirando en el vacío hasta que una pequeña
sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro.
¡Síííí!…
eso es nena.
***
Val tenía todo el día por delante
y eso la estaba volviendo loca, ya no tenía
más que hacer en la convención,
su tía quería ir de compras —cosa
que ella detestaba— y la idea de tener a
Chantal tan cerca y no poder hablar con ella,
era algo con lo que no podía lidiar, no
estaba acostumbrada a este tipo de sensaciones,
no las comprendía y no sabía qué
hacer con ellas.
A lo mejor si bajo tan sólo un momentito
al área de conferencias, y si sólo
quizás doy una mirada al salón…
¿para comprobar que todo vaya bien? Acéptalo
Val, necesitas verla… y ojalá esto
no resulte tan evidente…
En la conferencia el expositor daba a conocer
las normas jurídicas para Asia en casos
específicos de tráfico de estupefacientes
en los que estuvieran involucrados ciudadanos
extranjeros, el tema en sí era muy interesante,
pero la mente de Chantal estaba tan lejos como
Asia en ese momento. Joan tomaba ciertos apuntes
en su palm
y hacía algún comentario con su
compañero de banca, Karen escuchaba la
charla con un oído y con el otro se percataba
de los suspiros de su amiga, cosa que le provocaba
una sonrisa de vez en cuando.
Chantal ya les había hablado —con
gran detalle— sobre su salida con la morena,
era obvio que había gran atracción
entre las mujeres, y ella estaba contenta por
su amiga, pero… conociendo a Chantal y sabiendo
lo predispuesta que estaba a las complicaciones
sentimentales, no podía dejar de preocuparse
un poco, si hubiera estado en el mismo caso Joanni
o ella misma, de seguro no habría ningún
problema, gozarían el momento y punto,
pero Chantal no era de ese tipo. Bueno, confiemos
que la mujer espectacular no le arruine la vida
a mi amiga, pensó Karen.
Con el filo del ojo alcanzó a ver una
figura que se les acercaba, era la susodicha Val,
y por supuesto hermosa como siempre. ¡Diablos!
¡qué suerte la de la enana!
—¡Hey, chiquita, mira quién
viene por ahí! —le susurró
Karen a su amiga.
—¡Madre mía…! —es
lo único que pudo articular Chantal antes
de perder el habla al sentir a Val acercársele
y disimuladamente sentarse detrás de ella.
Chantal se volvió a verla y como saludo
recibió un guiño de la morena. Ahora
sólo tenía que concentrarse en respirar
con la mayor normalidad posible y esperar a que
el receso llegara pronto.
Al cabo de unos treinta minutos, anunciaron el
ansiado descanso, todos salieron inmediatamente,
excepto las dos mujeres. Con un buen codazo de
parte de la rubia, Karen, que no se había
movido, entendió que ella también
tenía que irse.
—No sabía que te interesaban las
leyes… —dijo la rubia en un tono juguetón
poniéndose de pie.
—Bueno… mmm… las leyes no tanto,
pero sí una legista… —Val,
sonriendo, utilizó el mismo tono para contestarle.
Para ese momento las dos se encontraban de pie
y Val se había apoyado ligeramente con
sus dos manos al espaldar de la silla que las
separaba, lo que las ponía casi al mismo
nivel. Chantal sentía que su corazón
estaba a punto de estallar y sus ojos estaban
clavados en los de la morena.
—Mmm… no quería interrumpirte
en tu conferencia, pero tenía ganas de
verte.
—Yo… yo también quería
verte, esperar a la noche era… mucho —al
decir esto, cubrió con sus manos las de
Val y puso su rodilla en la silla, quedando aún
más cerca la una de la otra.
Val movió apenas su cara hasta encontrar
frente a sí los más hermosos labios
que había visto jamás, los rozó
suavemente. El encanto se rompió al sentir
que alguien se acercaba, no era el momento ni
el mejor lugar para explorar sus emociones. Se
incorporaron y comenzaron a caminar hacia la salida.
Las dos se pusieron a conversar y sin imaginárselo
siquiera ya las horas habían pasado. Almorzaron
juntas y Chantal no volvió a la conferencia
en la tarde, pasearon por la Bahía y aprovecharon
el buen clima y los últimos minutos de
sol antes de volver al hotel. Quedaron en encontrarse
en una hora para salir a cenar.
En la suite Val se encontró con una tía
nada alegre.
—Nena, ¿dónde te metiste
todo el día?, estuve como loca buscándote
para ir de compras, como habíamos quedado…
—Bueno, la verdad es que tú quedaste
en ir de compras, ya sabes cómo lo detesto
yo, pero si me hubieses necesitado, bastaba con
timbrarme a mi celular, tía…
—Si, tienes razón, pero de todas
formas me hubiera gustado saber dónde estabas,
o ¿tenías algún compromiso…?
—lo dijo en tono esperanzador y mostrándole
una sonrisa.
—Ja, eres incorregible, enseguida se te
pintan corazoncitos en los ojos, quieres deshacerte
de mi, ¿verdad? Pues fíjate que
sí, tuve un compromiso inesperado, pero
encantador —lo pronunció con un aire
misterioso, mientras iba hacia su dormitorio.
—Hey, espera… ¿eso es todo?,
¿me vas a dejar aquí parada sin
ningún detalle?, me quieres matar de un
infarto, sabes que soy vieja y mi corazón
no resiste ese tipo de emociones. Nena, ven acá…
¡diablos! — no importa, luego
se lo saco, ahora tengo que ir al salón
y ver qué de nuevo ofrece la competencia…
—. Val, nos vemos abajo, ¿vienes
a la conferencia? —interrogó desde
la puerta.
—Nop… tengo otros planes, ya tú
me contarás como estuvo la exposición,
¿ok?
—Definitivamente me quieres matar de la
curiosidad. Bueno, ¿nos vemos luego?
—Nop… no me esperes despierta.
Chantal por su parte, había entrado en
su dormitorio para encontrarlo vacío. Las
chicas por lo visto ya bajaron al salón.
Por suerte, ¡así me evito la
preguntadera!
La rubia tomó una ducha y comenzó
a prepararse para la noche, cosa que era complicada,
pensaba en lo que debía usar, quizás
algo no muy serio, más bien deportivo…
pero no tanto, no muy caliente, pero tampoco que
luego le diera frío… atractivo pero
no exagerado. ¡Qué lío!,
pensó.
Optó por unos jeans blancos muy pegaditos
a sus hermosas curvas, una blusa verde de seda,
con un par de botones abiertos y sus mangas ligeramente
alzadas y para más tarde una chaquetita
de lana en un tono más claro que su blusa,
colocada sobre sus hombros por ahora.
Val se había decidido por unos jeans negros,
un top de color blanco muy ceñido a su
cuerpo y llevaba consigo una chaqueta negra de
cuero, como adorno un pendiente de turquesas que
resaltaba el color de sus ojos.
Se encontraron en la recepción y luego
de recobrar mutuamente la compostura, por fin
salieron al auto.
—Y… ¿a dónde iremos
esta noche? —preguntó la rubia.
—No sé… mmm… creo que
podemos optar por algo un poco más informal
hoy, si estás de acuerdo.
—La otra noche con mis amigas, conocí
un sitio bastante interesante… mmm, pero
no sé si sea tu tipo. Por lo menos la comida
estuvo excelente, y hay una pista de baile en
la que puedes quemar todas las calorías
que consumiste antes… ¿te gustaría
probar?
—Me encantaría… y por curiosidad,
¿de qué 'tipo' crees que soy yo?
—dijo la morena.
—Sólo era una forma de hablar, pero
talvez me refería al hecho de que me parece
que tus preferidos son los sitios serios, elegantes
o algo así.
—Me gusta de todo un poco, depende de la
ocasión realmente, cuando quiero estar
tranquila y conversar, 'esos' son mis preferidos,
pero cuando quiero otra cosa, puedo ser bastante
flexible —hizo un guiño.
—Mmm… ¡perfecto!
Y hacia allá fueron. Era aquel bar en
la zona gay, muy reconocido por su magnífica
comida y también por su entretenido ambiente.
Pudieron probar una deliciosa variedad de platos
y también aprovechar para degustar unas
copas de buen vino. Al terminar pasaron al piso
inferior, que era un bar con una congestionada
pista de baile, todo muy bien decorado.
Ellas escogieron un sitio un poco apartado del
centro, para poder conversar y a la vez mirar
el baile.
Diablos… no he bailado en años…
de seguro esta nena quiere hacerlo y yo voy a
quedar como un pez fuera del agua… ojalá
Chantal se conforme con conversar… y quizás
algo más, murmuró para si misma
y sonrió.
—Hey, ¿qué te causa gracia,
de qué te ríes?
—Nada en particular… mmm… sólo
miraba…
—¿Quieres bailar? —preguntó
Chantal, con los ojos llenos de emoción.
¿Cómo puedo decir que no a
esos ojos, pero dónde quedó mi orgullo?,
¡diablos, estoy perdida!
—Ok… pero te advierto que no sé
hacerlo muy bien que digamos…
—No importa… yo te guío.
La canción era muy conocida y Chantal
comenzó a tararearla mientras bailaba…
Val casi no podía moverse, no por su ineptitud
para el baile, sino más bien por lo hipnotizada
que estaba con los movimientos de la rubia. Su
cuerpo se balanceaba perfectamente al compás
de la música y Val no podía y no
quería quitar sus ojos de la joven. Al
rato ésta le tomó de las manos para
acercarla un poco y al cabo de un par de canciones,
las dos se movían al unísono. Sus
cuerpos habían encontrado la armonía
ideal y únicamente sentían su respiración
agitada y el latir de sus corazones.
La sensación de sentir a Val en sus brazos
era tan intensa que Chantal sabía que esto
iba a complicarle toda la vida, detestaba comprobar
que su cuerpo respondía de una manera tan
primitiva e irracional al roce de la otra mujer,
ella creyó durante muchos años que
había logrado racionalizar esa porción
de su ser, estaba convencida de que ya nunca más
tendría ese tipo de problemas, sabía
que con su mente calculadora estaba a salvo…
¡pero al parecer no esta vez!
La música seguía y las manos de
Val no podían detenerse en su ansia de
explorar el cuerpo que tenía junto a si,
necesitaba sentir más de la mujer que le
quitaba la respiración. Su boca también
había encontrado el punto perfecto, y casi
sin proponérselo estaba apoyando sus labios
en el delicioso cuello de Chantal. Al escuchar
un leve gemido de la joven, supo que las dos estaban
en iguales condiciones y eso la alentó
a seguir.
Sus labios se unieron por primera vez en un beso
real, al comienzo con suavidad y luego con gran
pasión. Val saboreaba esos labios como
una de sus mejores y más preciadas cosechas.
El baile había quedado de lado y a pesar
de aún seguir los movimientos de la música,
sabían que sus cuerpos deseaban más.
—Linda… ¿qué tal si
vamos por nuestras cosas y… regresamos al
hotel? —se acercó más aún
a su oído para que ésta la pudiera
escuchar.
Chantal se alejó un poco de la morena
para mirarla directamente, estaba en serios problemas,
pero sabía también que no los quería
evitar.
—Mmm… vamos.
El trayecto de regreso lo hicieron en silencio,
ninguna de las dos quería decir nada que
rompiera el hechizo en el que se encontraban,
Chantal tenía su mano apoyada en la pierna
de Val y ocasionalmente movía su pulgar
en pequeños movimientos circulares, los
cuales mandaban descargas eléctricas por
todo el cuerpo de la morena.
Val pensaba que no quería apresurar los
acontecimientos entre ellas, pero tampoco quería
'retrasarlos', estaba en la disyuntiva y tenía
que escoger en ese instante, la invitaría
a su suite o la acompañaría hasta
dejarla en la puerta de su habitación.
Su cuerpo pedía lo primero, pero no se
podía arriesgar a incomodar a la joven.
Ok, espero unos minutos a ver lo que ella
quiere hacer, y si no da ninguna señal,
entonces actúo, pero ¿cómo?
A pesar de su gran experiencia en el arte de la
conquista, no entendía el porqué
se sentía totalmente nerviosa, ¡quizás
esta vez era diferente a todas las otras!
Al llegar al ascensor, alguien tenía que
tomar la iniciativa… Chantal sentía
que su cabeza daba vueltas y no era exactamente
por el vino, era la tensión de no saber
si seguir adelante con su actitud de mujer 'fatal'
o volver a su caparazón, dejarse llevar
por sus instintos o poner a funcionar sus neuronas.
Val puso su mano en los controles del ascensor
y regresó a ver a Chantal, ésta,
con una sonrisa, apoyó su mano sobre la
de la morena, presionando juntas el botón
que las llevaría al penthouse,
habían tomado su decisión.
***
Karen y Joan estaban un tanto preocupadas por
su amiga, pero no podían intervenir y optaron
por seguir con el programa.
Las exposiciones de la otra vinícola y
la cena ofrecida por estos anfitriones, estuvo
también magnífica, la disfrutaron
y luego de los consabidos brindis se retiraron
a ver en que podían entretenerse por unas
horas más. En la habitación había
indicios de que Chantal había pasado por
ahí y por supuesto era obvio que había
vuelto a salir, ellas también lo harían
y quizás lograrían 'atrapar' un
par de afortunados o afortunadas según
el caso, para disfrutar la noche.
Vivi en cambio se había reunido con un
grupo de amigos y pasaría a la casa de
uno de ellos a seguir con la fiesta, estaba muy
satisfecha del papel que hizo ViDissa la noche
anterior y quería festejar. Sabía
que su sobrina no regresaría pronto y le
dejó un mensaje por si preguntaba por ella.
En un extremo del vestíbulo del penthouse,
había una mesita con una lámpara
prendida, lo que permitía apreciar lo grande
y hermoso que era, decorado en estilo clásico
y lleno de flores que le daban un aire fresco
a la sala. En sus costados se veían un
par de puertas que de seguro llevaban a las habitaciones.
Val encendió las luces centrales e hizo
un gesto para que Chantal entrase, la rubia no
podía evitar admirar el sitio, era bellísimo.
Pero a la vez no podía tampoco dejar de
sentir el corazón que estaba a punto de
escapársele por la boca sólo con
la idea de que la morena estaba detrás
de ella…
—¡Vaya… es lindo! —no
pudo decir nada más.
—Sí… mm… ¿te
puedo ofrecer algo? —le dijo indicándole
el bar.
—Creo que no, gracias… ya bebí
suficiente por esta noche… —Chantal
estaba muy nerviosa y no quería complicarse
más con exceso de alcohol en su sangre,
nunca se había permitido estar en una situación
así, no estaba a favor del sexo casual
y sin embargo eso era exactamente lo que le estaba
a punto de suceder. A pesar de conocer a Val apenas
dos días le parecía conocerla de
siempre, se sentía no sólo atraída
físicamente hacia ella, sino que era algo
mucho más profundo, que sin lugar a dudas
le atemorizaba de muerte.
Val tomó de la mano a Chantal y sintió
que ésta temblaba levemente, la llevó
hacia una de las puertas y, antes de entrar, la
miró por unos instantes, con la mano libre
acarició su mejilla suavemente, la rubia
cerró los ojos ante el contacto.
Val susurró al oído de la joven:
—No tengas miedo nena, sólo llegaremos
hasta donde tú quieras, sin ninguna presión,
¿ok?
Chantal abrió los ojos y descubrió
frente a sí una mirada llena de ternura
y emoción en la que podía confiar.
Sonrió.
Entraron en la habitación y con la espalda
apoyada en la puerta, Val atrajo a la rubia y
comenzó a demostrarle con sus labios todo
lo que la deseaba, Chantal respondía con
igual entusiasmo a cada una de las caricias y
besos. Sus manos buscaban contacto con la piel
de la morena… y ella estaba ahí para
satisfacer hasta el más mínimo de
sus deseos.
La blusa de Chantal cayó lentamente al
piso, y junto a ella se fueron depositando cada
una de la prendas de las mujeres, la rubia se
estremeció al contemplar por primera vez
el magnífico cuerpo desnudo de Val, fuerte
y terso a la vez, invitándola a tocarlo,
como así hizo.
Chantal descubrió que Val era una amante
deliciosamente experimentada, sus manos recorrían
su cuerpo y sabían exactamente como llevarla
hasta el borde de la pasión una y otra
vez, hasta dejarla totalmente satisfecha. Ella
por su parte, dejando sus miedos de lado y siguiendo
con sus labios y manos los caminos ofrecidos por
la morena, disfrutó del éxtasis
inigualable de dar y recibir placer.
Cuando las dos habían agotado toda su
energía, se abrazaron, dejando que sus
cuerpos se recobraran. Dulcemente Val acariciaba
la pierna de Chantal que estaba sobre las suyas
y ésta con su cabeza apoyada en el hombro
de la morena, disfrutaba de la suavidad de su
piel también acariciando el bien formado
abdomen de Val.
—Hey nena… ¿estás bien?
—preguntó Val dándole un beso
en la frente.
—Nunca estuve mejor… ¿y tú?
Sin necesidad de palabras se lo demostró
en un apasionado beso.
—¿No es obvio… mmm? —le
dijo al recuperar el aliento.
***
A la mañana siguiente las cosas se presentaban
un poquito más complicadas de lo pensado,
Chantal tenía que regresar a su habitación
para lo cual debía cruzar un amplio ático
sin saber con quién se cruzaría
en el camino… luego afrontar el millón
de preguntas que de seguro sus amigas tendrían
ya listas para ella… volver a la convención,
pero lo peor de todo… despedirse de Val
que en una horas tenía que regresar al
Valle. Claro que no sería muy malo, ya
que al día siguiente se volverían
a ver. De todas formas ninguna de las opciones
inmediatas le resultaban muy halagadoras. Pero
lo que comenzaba a preocuparle realmente era su
debilidad ante la morena, no pudo resistirse la
noche anterior, no podría siquiera tratar
de hacerlo, ella que siempre había puesto
su cabeza antes de nada, y ¿ahora…?
—Hola preciosa… —saludó
Val al sentir que la rubia se movía junto
a ella.
—Buenos días… mm… se
supone que debo levantarme… mmm… pero
se está tan bien junto a ti.
—Me alegra que pienses eso… así
no te aburriré muy pronto ¿hmmm?
—Aburrirme… ¡creo que nunca!
—Sabes, yo también debo levantarme…
tengo que prepararme para viajar… mmm…
las obligaciones…
—Síp… ¡las obligaciones!
—se acercó un poco más al
rostro de Val y le dio un beso mientras con su
dedo delineaba las curvas de su pecho, provocando
que el cuerpo de la morena despertara inmediatamente
y su mente dejara de lado por completo sus 'obligaciones'.
Luego de una larga y amorosa sesión de
exploración mutua y comprobando que en
realidad ya era hora de prepararse, Chantal se
vistió y con toda la valentía de
que era capaz, se alistó a salir…
—Nena, ¿estás segura de que
no quieres desayunar antes de bajar? Vamos, tomemos
algo y luego te vas, ¿sí?
—Mmm… con esa sonrisita quién
puede negarse… pero algo ligero, tengo todavía
que ir a ducharme y se está haciendo tarde.
—¿Por qué no nos duchamos
juntas…? Yo te ayudo con tu espalda y tú
con la mía…
—Creo que no adelantaríamos mucho
si lo hacemos… juntas.
Val se puso una bata de seda y salieron al recibidor…
aparentemente las dos estaban aún solas,
ordenaron al restaurante y mientras esperaban,
Chantal abrazó fuertemente a la morena,
se quedaron por algunos minutos sin decirse nada…
admirando la hermosa vista de la ciudad a través
de un amplio ventanal.
—Mmm… Val, no quiero parecerte una
boba sentimental, pero… igual te lo tengo
que decir… puede que esto te haga huir,
pero tranquila que no necesariamente tiene que
significar lo mismo para ti. Bueno, el asunto
es que para mi lo de anoche fue… realmente
especial… completamente diferente a lo que
antes había vivido, y quisiera… si
es que tú también así lo
quieres… compartir algún tiempo contigo
para ver si esto nos lleva a algún lado…
Sabía que estaba hablando atropelladamente
pero estaba también siendo totalmente sincera,
como siempre. Esto podía provocar que la
morena se alejara, ya le pasó una vez,
la gente se asusta cuando cree que tú quieres
ponerle cadenas y peor aún si apenas tienen
una relación de un par de días…
—No creo que seas una boba sentimental…
tranquila nena, disfrutemos de estos hermosos
momentos, y démonos tiempo, ¿ok?
—se lo dijo tomándole de la cara
y acariciándosela.
Al estar abrazada esos minutos, Chantal supo
por la respuesta de la morena que sí la
había asustado… pero no pudo evitarlo,
ella quiso ser sincera, además ya estaba
hecho y ya no podía retirar sus palabras…
Luego de desayunar se despidieron cariñosamente,
cada una tenía que iniciar su día.
Al entrar Chantal a su habitación recibió
un almohadazo en la cabeza, seguido de una morena
cuyos ojos intentaban atravesarle…
—¿Te das cuenta de lo preocupadas
que nos tenías?… podía haberte
pasado algo… ¡malo! O de hecho, ¿te
pasó algo?… ¿dónde
diablos te metiste?, ¿por qué no
se te ocurrió dar una llamada o dejar por
lo menos un mensaje?, mierda… ¡no
eres una niña!
Chantal se dio cuenta de que en verdad se había
portado irresponsablemente, claro que Karen no
tenía necesidad de exagerar, después
de todo no era su mamá.
—¡Hey, tranquila!, discúlpenme,
se me pasó por alto lo del mensaje, pero
no me pasó nada MALO…
todo lo contrario…
—Bueno, ¡sinvergYenza!… ahora
que ya me desahogué comienza a contarnos
todo, y me refiero a ¡TODO!
—Déjale que por lo menos comience
a prepararse, porque se nos va a hacer tarde…
y yo 'tengo' que estar abajo en 30 minutos —dijo
Joan.
—¿Qué pasó contigo?
¿Por qué ' tienes'
que estar abajo? —inquirió Chantal.
—No preguntes enana, evítame el
mal rato —Karen respondió.
—Estás loca… ¿por qué
mal rato?… yo la pasé muy bien. Fuiste
tú la que se quedó plantada. El
asunto, mi estimada chiquita, es que mientras
tú… pasabas revista a las amígdalas,
y quién sabe qué más, de
una alta y despampanante morena, nosotras salíamos
de parranda. Yo con un hermoso y gentil caballero
italiano y la aquí presente y despechada
Karen, con una arrebatadora inglesa, pero ¡oh!,
pequeño detalle, luego de unas copas la
rubiecita optó por abrirse y coquetear
con cuanta chica se le cruzaba por el camino y
no pararle más 'bola'
a nuestra amiguita, ¿te imaginas? —explicó
Joan.
—No fue así, ella sí me paraba
bola, pero quería que lo 'hiciéramos'
en grupo, según ella es más ¡divertido!,
y como ustedes saben, yo soy tímida…
Lo único que recibió como respuesta,
fueron dos sonoras carcajadas de sus amigas, Karen
podía ser de todo menos tímida.
—Bueno, chiquitas, me voy a duchar y luego
seguimos conversando… —trató
de escaparse Chantal.
—¡Hey, hey no tan rápido!
Mi querida Joani tiene una cita, pero sólo
para ir a la conferencia abajo, por lo que perfectamente
tenemos tiempo para seguir con nuestra charla,
¿en dónde íbamos? ¡Ah
sí!, ¿qué hiciste desde ayer
como a las 11:00 de la mañana hasta ahora
que son las 9:00? O sea, prácticamente
tenemos 22 horas ¿de…?
—¡De maratón!, ¡uau!,
seguro que es MUY buena la morena,
y vaya, ¡QUÉ ¡AGUANTE!,
comentó riendo la pelirroja.
—Joannnnn… —Chantal tenía
su cara de todas las tonalidades de rojo posibles.
—Si no fuera verdad… no habría
necesidad de tantas evasivas ¿hmmm? —acotó
Karen.
—Bueno… es verdad, pero no fue sólo
sexo, sino todo lo demás, creo que me estoy
enamorando, amigas.
—Oh, oh, eso es malo… cuando la nena
comienza con esas cosas… ¿por qué
tan rápido?, ya te he dicho que tienes
que aprender a pasarla bien sin meter los sentimientos
de por medio… ¿cuándo vas
a aprender? ¡Qué ganas de complicarte
la vida! —dijo Karen molesta.
—Ya déjala en paz Karen, puede ser
que esta vez resulte, además si no prueba,
¿cómo quieres que encuentre a 'su-media-naranja'?
Bueno, muévanse por fa'…
Sin decir nada más, Chantal entró
al baño, su cabeza estaba a mil por hora,
sabía que Karen tenía razón
pero ella no podía evitar involucrarse
con Val, era algo más fuerte que su buen
sentido y creía que esta vez podía
resultar. ¡No son sólo ganas
de complicarme la vida!, pensó mientras
sentía las lágrimas que comenzaban
a mojar sus mejillas.
El día transcurrió sin novedades,
excepto para Karen, que a pesar de su mala experiencia
de la noche anterior recibió la visita
durante el almuerzo de una cierta rubia despampanante
y verdaderamente nada tímida, en su mesa.
Las dos salieron al lobby después de la
comida y por lo visto a hacer planes para la cena
y Fiesta de Clausura que iba a realizarse a bordo
de un crucero, recorriendo las zonas de la Bahía
y Alcatraz.
Mientras Joan y Chantal conversaban animadamente,
el celular de la rubia sonó, comprobó
el identificador, pero no reconoció el
número, contestó.
—Hola…
—¡Hola linda!, soy Val, ¿cómo
estás amor? — ¿Amor? ¡oh,
oh, eso es grave!
—Hey, ahora estoy bien, ¿qué
tal tú? ¿Cómo estuvo el viaje?
— Eso de 'amor' me gusta.
—Mmm… acabamos de llegar, tuvimos
que hacer un par de paradas por las típicas
cosas de mi tía, pero ya estoy en casita
nuevamente y… desde ya esperándote.
—Me muero de ganas de estar ahí,
pero ni modo, recién salimos como a las
9:00 de la mañana, y tengo entendido que
el tour recorrerá cada uno de los sitios
turísticos de la zona, por lo que llegaremos
allá a la tarde, creo…
—Síp… eso es lo que normalmente
pasa, siempre a los turistas los esperamos para
la cena, luego se les hace un tour nocturno por
el Rancho y se deja lo más importante para
el siguiente día, claro que las dos podemos
comenzar con lo 'importante' muuuucho más
temprano… ¿qué te parece…
mmm?
—Querida… no puedo esperar a que
llegue el día de mañana.
—Mmm… yo tampoco. Nena me tengo que
despedir, voy a ver que diabluras han hecho en
mi ausencia, nos vemos mañana ¿ok?,
cuídate y… pórtate bien, ¿sí?
—Siempre, nos vemos, ciao. —Cortó
la comunicación y Joan pudo ver los ojos
de Chantal llenos de un brillo especial, por primera
vez en su vida estaba viendo a su amiga tan emocionada.
—Chiquita… sí que te está
pegando duro… —comentó la pelirroja.
—Síp… pero es hermoso, ¿vamos
a la última conferencia? ¡Quiero
que esto se acabe pronto! —la rubia le tomó
de la mano a su amiga para apurarla.
La velada nocturna fue muy hermosa, pero Chantal
pensaba que hubiese sido mucho mejor con la morena
a su lado. Sus amigas estaban disfrutando del
momento en compañía de sus respectivos
'intereses', pero igual se daban modos para incluirla
en sus festejos.
De todas formas al llegar al hotel ya Karen había
desaparecido con Shyla, y antes de hacerlo sólo
les dio un guiño a manera de despedida.
Joan estaba con su italiano muy a gusto, pero
parecía que no llegarían a mayores
y Chantal no quería ser una molestia para
la pelirroja, a pesar de que ésta le aseguró
que no había ningún problema y que
podían ir todos juntos hasta el hotel.
La rubia trató de liberar a su amiga de
su presencia y se unió a otro grupo de
colegas muy simpáticos que estaban regresando,
así Chantal disfrutó de un rato
más y Joan salió con su nuevo amigo.
Al cabo de un par de horas y ya sola en la habitación,
la rubia sólo podía pensar en Val
y ansiar que llegara pronto el momento de estar
juntas.
CAPÍTULO II
Al siguiente día, el viaje a la campiña
resultó largo y no muy interesante para
cierta rubiecita impaciente. Las otras chicas,
al parecer sí la estaban pasando bien ya
que sus parejas también habían decidido
unirse al grupo.
A la hora de almuerzo, la joven hizo una llamada
a la morena para avisarle que dentro de unas cinco
horas estarían llegando a El Rancho, aún
estaban en el Valle de Napa y debían visitar
un viñedo más antes de dirigirse
al Valle de Sonoma.
Val estaba tremendamente ansiosa por ver a Chantal,
pero estaba también muy nerviosa por lo
que esto representaba. Por lo general la morena
era extremadamente privada en sus cosas personales,
de hecho nunca había llevado a nadie al
Rancho, y todas sus relaciones habían tenido
siempre un carácter práctico y fuera
de la vista de los curiosos. Tenía amistades
en la ciudad y en el Valle, pero era ella quien
las buscaba cuando lo quería. Todo esto
intranquilizaba más a Val, sabía
que tendría los ojos de todo el mundo sobre
ella, en especial de sus tíos… ellos
la querían infinitamente, sabían
y aceptaban su orientación sexual, pero
por todo eso se preocupaban aún más,
si fuera eso posible.
    
N.R. PDA.
N.R. Apartamento
súper exclusivo que siempre está;
en la parte alta del edificio, en el ático.
N.R. Es para
decir que prestas atención a algo o alguien,
también se utiliza entre muchachitos que
están cortejándose.
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