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:: HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR ::

—Tenemos organizado un tour a Napa a visitar los viñedos, el tuyo y el de Coppola, para el fin de semana… mmm… por lo que no te vas a poder librar de mí todavía.

—¿Librarme?, será magnífico tenerte, tenerlas por allá… ¿vienes tú y…? —Val no quería ser indiscreta.

—Mis amigas que ya conociste, también son colegas en la misma firma. Tomamos esta semana más como unas vacaciones, en realidad no habíamos salido desde hace mucho tiempo a ninguna parte, necesitábamos un descanso —respondió Chantal.

Llegaron al bar y entregaron el auto, era un sitio hermoso y al parecer muy exclusivo, con música suave en vivo y un ambiente muy acogedor, las dirigieron a su mesa la cual tenía una vista fabulosa de la Bahía. Pidieron sus bebidas y se dispusieron a escuchar a los músicos.

A los pocos minutos tenían sus pedidos, y comenzaron a conversar de todo y nada por algún tiempo, las dos se sentían ya más relajadas y con ganas de pasarlo bien, reían y disfrutaban de la compañía.

—Chantal, discúlpame si soy indiscreta, pero tu apellido me resulta conocido…

—No se cuán conocido sea en general, pero quizás has escuchado del Champagne 'Chateau De Lancel', es de la familia, allá en Francia… —lo dijo con una sonrisita.

—¡Sabía que tú eras una conocedora, pero no me imaginé tanto! Vi como saboreabas el vino que mandé para tú mesa, era especial… para ti.

—Gracias, y sí, definitivamente lo aprecié, claro que no sabía que te habías tomado la molestia de escogerlo para mí, pero aún así lo disfruté mucho. —Chantal estaba encantada de la deferencia que había tenido Val con ella, aún sin conocerla.

—Y… ¿qué hace una De Lancel por aquí? —preguntó la morena.

—Parte de mi familia es americana, incluso mi bisabuela Eve vivió aquí mucho tiempo, pero luego por cosas de su esposo que era diplomático, tuvieron que regresar a París y voilá, allá se quedaron hasta que después de la guerra se hicieron cargo de Valmont, ella se convirtió en una experta y era conocida como la 'Dama de Champagne' según tengo entendido, luego su hija Delphine siguió sus pasos y ahí está todavía. Por otro lado su hermana Freddy, mí abuela, se dedicaba a la aviación… ¡imagínate en esa época una mujer aviadora!, siempre hemos sido muy lanzadas las De Lancel, se casó con un americano y se instalaron definitivamente en California. Yo estudié en Harvard y al graduarme tuve oportunidad de conseguir trabajo en Boston, en la firma en que aún estoy… y ahora heme aquí, conversando con la heredera del emporio que produce uno de los mejores vinos de California.

—Bueno, tanto como heredera, no sé… mis tíos tiene dos hijos, pero a mi definitivamente me apasiona la vinicultura, y por ahora soy yo quien ayuda a manejar ViDissa, y por supuesto tengo mis propios negocios, después no sé que pasará y realmente no me interesa, pero mientras, lo disfruto.

Sí nena, se ve a simple vista cuanto lo disfrutas… quizás seas igual de apasionada para todo — pensó Chantal.

—¡Hey!… Eve, luego tu abuela, tu madre ¿y por qué el apellido te llegó a ti? —preguntó la morena.

—En mi familia, por tradición y por común acuerdo con sus respectivos esposos, y en vista de que no habría ningún heredero directo del apellido, todos usamos oficialmente el nombre De Lancel, sin importar si eres hombre o mujer o de qué lado vienes, mi segundo apellido es el de mi padre, Hughes… si ya sé… de aquellos Hughes, ¡diablos! —dijo la joven sonriendo al ver la mirada impresionada de Val, y luego las dos volvieron a reír.

Luego de algunos tragos más y con una conversación muy amena, salieron a caminar un poco por la costa. La noche se estaba poniendo fría por lo que regresaron al hotel, y ya en el lobby, Chantal no podía ocultar su cansancio, después de todo la noche anterior casi no había dormido y a pesar de estar encantada con la compañía sabía que no podía aguantar mucho más.

—Bueno Val, ha sido una noche maravillosa pero… auu… creo que Morfeo me llama a gritos —se cubrió la boca para disimular un gran bostezo.

—Si, así veo, jaja, yo también estoy algo cansada, será mejor que vayamos a dormir… ¿quizás mañana podamos repetir la velada? —había mucha expectativa en su voz.

—Será un placer… ¿a qué piso vas? —preguntó la rubia al tomar el ascensor.

—Al ático, ¿y tú…?

—Yo al 15º, ¡vaya, el ático!… ¿qué tal las alturas?

—Es una suite hermosa, pero me daría lo mismo estar en el 15º, o en el 30º, me basta una buena cama.

Al llegar a su piso, Chantal puso la mano para detener la puerta del ascensor y tener unos instantes más para despedirse. Sin pensar siquiera en lo que hacia y sin perder de vista esos intensos ojos azules, se acercó apenas a la morena y rozó con sus labios los de Val, enseguida se viró y soltó la puerta. La morena se encontró una vez más paralizada, las puertas se cerraron inmediatamente, ella estaba ahí con su imagen reflejada en ellas y mirando en el vacío hasta que una pequeña sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro.

¡Síííí!… eso es nena.

***

Val tenía todo el día por delante y eso la estaba volviendo loca, ya no tenía más que hacer en la convención, su tía quería ir de compras —cosa que ella detestaba— y la idea de tener a Chantal tan cerca y no poder hablar con ella, era algo con lo que no podía lidiar, no estaba acostumbrada a este tipo de sensaciones, no las comprendía y no sabía qué hacer con ellas.

A lo mejor si bajo tan sólo un momentito al área de conferencias, y si sólo quizás doy una mirada al salón… ¿para comprobar que todo vaya bien? Acéptalo Val, necesitas verla… y ojalá esto no resulte tan evidente…

En la conferencia el expositor daba a conocer las normas jurídicas para Asia en casos específicos de tráfico de estupefacientes en los que estuvieran involucrados ciudadanos extranjeros, el tema en sí era muy interesante, pero la mente de Chantal estaba tan lejos como Asia en ese momento. Joan tomaba ciertos apuntes en su palm y hacía algún comentario con su compañero de banca, Karen escuchaba la charla con un oído y con el otro se percataba de los suspiros de su amiga, cosa que le provocaba una sonrisa de vez en cuando.

Chantal ya les había hablado —con gran detalle— sobre su salida con la morena, era obvio que había gran atracción entre las mujeres, y ella estaba contenta por su amiga, pero… conociendo a Chantal y sabiendo lo predispuesta que estaba a las complicaciones sentimentales, no podía dejar de preocuparse un poco, si hubiera estado en el mismo caso Joanni o ella misma, de seguro no habría ningún problema, gozarían el momento y punto, pero Chantal no era de ese tipo. Bueno, confiemos que la mujer espectacular no le arruine la vida a mi amiga, pensó Karen.

Con el filo del ojo alcanzó a ver una figura que se les acercaba, era la susodicha Val, y por supuesto hermosa como siempre. ¡Diablos! ¡qué suerte la de la enana!

—¡Hey, chiquita, mira quién viene por ahí! —le susurró Karen a su amiga.

—¡Madre mía…! —es lo único que pudo articular Chantal antes de perder el habla al sentir a Val acercársele y disimuladamente sentarse detrás de ella.

Chantal se volvió a verla y como saludo recibió un guiño de la morena. Ahora sólo tenía que concentrarse en respirar con la mayor normalidad posible y esperar a que el receso llegara pronto.

Al cabo de unos treinta minutos, anunciaron el ansiado descanso, todos salieron inmediatamente, excepto las dos mujeres. Con un buen codazo de parte de la rubia, Karen, que no se había movido, entendió que ella también tenía que irse.

—No sabía que te interesaban las leyes… —dijo la rubia en un tono juguetón poniéndose de pie.

—Bueno… mmm… las leyes no tanto, pero sí una legista… —Val, sonriendo, utilizó el mismo tono para contestarle.

Para ese momento las dos se encontraban de pie y Val se había apoyado ligeramente con sus dos manos al espaldar de la silla que las separaba, lo que las ponía casi al mismo nivel. Chantal sentía que su corazón estaba a punto de estallar y sus ojos estaban clavados en los de la morena.

—Mmm… no quería interrumpirte en tu conferencia, pero tenía ganas de verte.

—Yo… yo también quería verte, esperar a la noche era… mucho —al decir esto, cubrió con sus manos las de Val y puso su rodilla en la silla, quedando aún más cerca la una de la otra.

Val movió apenas su cara hasta encontrar frente a sí los más hermosos labios que había visto jamás, los rozó suavemente. El encanto se rompió al sentir que alguien se acercaba, no era el momento ni el mejor lugar para explorar sus emociones. Se incorporaron y comenzaron a caminar hacia la salida.

Las dos se pusieron a conversar y sin imaginárselo siquiera ya las horas habían pasado. Almorzaron juntas y Chantal no volvió a la conferencia en la tarde, pasearon por la Bahía y aprovecharon el buen clima y los últimos minutos de sol antes de volver al hotel. Quedaron en encontrarse en una hora para salir a cenar.

En la suite Val se encontró con una tía nada alegre.

—Nena, ¿dónde te metiste todo el día?, estuve como loca buscándote para ir de compras, como habíamos quedado…

—Bueno, la verdad es que tú quedaste en ir de compras, ya sabes cómo lo detesto yo, pero si me hubieses necesitado, bastaba con timbrarme a mi celular, tía…

—Si, tienes razón, pero de todas formas me hubiera gustado saber dónde estabas, o ¿tenías algún compromiso…? —lo dijo en tono esperanzador y mostrándole una sonrisa.

—Ja, eres incorregible, enseguida se te pintan corazoncitos en los ojos, quieres deshacerte de mi, ¿verdad? Pues fíjate que sí, tuve un compromiso inesperado, pero encantador —lo pronunció con un aire misterioso, mientras iba hacia su dormitorio.

—Hey, espera… ¿eso es todo?, ¿me vas a dejar aquí parada sin ningún detalle?, me quieres matar de un infarto, sabes que soy vieja y mi corazón no resiste ese tipo de emociones. Nena, ven acá… ¡diablos! — no importa, luego se lo saco, ahora tengo que ir al salón y ver qué de nuevo ofrece la competencia… —. Val, nos vemos abajo, ¿vienes a la conferencia? —interrogó desde la puerta.

—Nop… tengo otros planes, ya tú me contarás como estuvo la exposición, ¿ok?

—Definitivamente me quieres matar de la curiosidad. Bueno, ¿nos vemos luego?

—Nop… no me esperes despierta.

Chantal por su parte, había entrado en su dormitorio para encontrarlo vacío. Las chicas por lo visto ya bajaron al salón. Por suerte, ¡así me evito la preguntadera!

La rubia tomó una ducha y comenzó a prepararse para la noche, cosa que era complicada, pensaba en lo que debía usar, quizás algo no muy serio, más bien deportivo… pero no tanto, no muy caliente, pero tampoco que luego le diera frío… atractivo pero no exagerado. ¡Qué lío!, pensó.

Optó por unos jeans blancos muy pegaditos a sus hermosas curvas, una blusa verde de seda, con un par de botones abiertos y sus mangas ligeramente alzadas y para más tarde una chaquetita de lana en un tono más claro que su blusa, colocada sobre sus hombros por ahora.

Val se había decidido por unos jeans negros, un top de color blanco muy ceñido a su cuerpo y llevaba consigo una chaqueta negra de cuero, como adorno un pendiente de turquesas que resaltaba el color de sus ojos.

Se encontraron en la recepción y luego de recobrar mutuamente la compostura, por fin salieron al auto.

—Y… ¿a dónde iremos esta noche? —preguntó la rubia.

—No sé… mmm… creo que podemos optar por algo un poco más informal hoy, si estás de acuerdo.

—La otra noche con mis amigas, conocí un sitio bastante interesante… mmm, pero no sé si sea tu tipo. Por lo menos la comida estuvo excelente, y hay una pista de baile en la que puedes quemar todas las calorías que consumiste antes… ¿te gustaría probar?

—Me encantaría… y por curiosidad, ¿de qué 'tipo' crees que soy yo? —dijo la morena.

—Sólo era una forma de hablar, pero talvez me refería al hecho de que me parece que tus preferidos son los sitios serios, elegantes o algo así.

—Me gusta de todo un poco, depende de la ocasión realmente, cuando quiero estar tranquila y conversar, 'esos' son mis preferidos, pero cuando quiero otra cosa, puedo ser bastante flexible —hizo un guiño.

—Mmm… ¡perfecto!

Y hacia allá fueron. Era aquel bar en la zona gay, muy reconocido por su magnífica comida y también por su entretenido ambiente.

Pudieron probar una deliciosa variedad de platos y también aprovechar para degustar unas copas de buen vino. Al terminar pasaron al piso inferior, que era un bar con una congestionada pista de baile, todo muy bien decorado.

Ellas escogieron un sitio un poco apartado del centro, para poder conversar y a la vez mirar el baile.

Diablos… no he bailado en años… de seguro esta nena quiere hacerlo y yo voy a quedar como un pez fuera del agua… ojalá Chantal se conforme con conversar… y quizás algo más, murmuró para si misma y sonrió.

—Hey, ¿qué te causa gracia, de qué te ríes?

—Nada en particular… mmm… sólo miraba…

—¿Quieres bailar? —preguntó Chantal, con los ojos llenos de emoción.

¿Cómo puedo decir que no a esos ojos, pero dónde quedó mi orgullo?, ¡diablos, estoy perdida!

—Ok… pero te advierto que no sé hacerlo muy bien que digamos…

—No importa… yo te guío.

La canción era muy conocida y Chantal comenzó a tararearla mientras bailaba… Val casi no podía moverse, no por su ineptitud para el baile, sino más bien por lo hipnotizada que estaba con los movimientos de la rubia. Su cuerpo se balanceaba perfectamente al compás de la música y Val no podía y no quería quitar sus ojos de la joven. Al rato ésta le tomó de las manos para acercarla un poco y al cabo de un par de canciones, las dos se movían al unísono. Sus cuerpos habían encontrado la armonía ideal y únicamente sentían su respiración agitada y el latir de sus corazones.

La sensación de sentir a Val en sus brazos era tan intensa que Chantal sabía que esto iba a complicarle toda la vida, detestaba comprobar que su cuerpo respondía de una manera tan primitiva e irracional al roce de la otra mujer, ella creyó durante muchos años que había logrado racionalizar esa porción de su ser, estaba convencida de que ya nunca más tendría ese tipo de problemas, sabía que con su mente calculadora estaba a salvo… ¡pero al parecer no esta vez!

La música seguía y las manos de Val no podían detenerse en su ansia de explorar el cuerpo que tenía junto a si, necesitaba sentir más de la mujer que le quitaba la respiración. Su boca también había encontrado el punto perfecto, y casi sin proponérselo estaba apoyando sus labios en el delicioso cuello de Chantal. Al escuchar un leve gemido de la joven, supo que las dos estaban en iguales condiciones y eso la alentó a seguir.

Sus labios se unieron por primera vez en un beso real, al comienzo con suavidad y luego con gran pasión. Val saboreaba esos labios como una de sus mejores y más preciadas cosechas.

El baile había quedado de lado y a pesar de aún seguir los movimientos de la música, sabían que sus cuerpos deseaban más.

—Linda… ¿qué tal si vamos por nuestras cosas y… regresamos al hotel? —se acercó más aún a su oído para que ésta la pudiera escuchar.

Chantal se alejó un poco de la morena para mirarla directamente, estaba en serios problemas, pero sabía también que no los quería evitar.

—Mmm… vamos.

El trayecto de regreso lo hicieron en silencio, ninguna de las dos quería decir nada que rompiera el hechizo en el que se encontraban, Chantal tenía su mano apoyada en la pierna de Val y ocasionalmente movía su pulgar en pequeños movimientos circulares, los cuales mandaban descargas eléctricas por todo el cuerpo de la morena.

Val pensaba que no quería apresurar los acontecimientos entre ellas, pero tampoco quería 'retrasarlos', estaba en la disyuntiva y tenía que escoger en ese instante, la invitaría a su suite o la acompañaría hasta dejarla en la puerta de su habitación. Su cuerpo pedía lo primero, pero no se podía arriesgar a incomodar a la joven. Ok, espero unos minutos a ver lo que ella quiere hacer, y si no da ninguna señal, entonces actúo, pero ¿cómo? A pesar de su gran experiencia en el arte de la conquista, no entendía el porqué se sentía totalmente nerviosa, ¡quizás esta vez era diferente a todas las otras!

Al llegar al ascensor, alguien tenía que tomar la iniciativa… Chantal sentía que su cabeza daba vueltas y no era exactamente por el vino, era la tensión de no saber si seguir adelante con su actitud de mujer 'fatal' o volver a su caparazón, dejarse llevar por sus instintos o poner a funcionar sus neuronas.

Val puso su mano en los controles del ascensor y regresó a ver a Chantal, ésta, con una sonrisa, apoyó su mano sobre la de la morena, presionando juntas el botón que las llevaría al penthouse, habían tomado su decisión.

***

Karen y Joan estaban un tanto preocupadas por su amiga, pero no podían intervenir y optaron por seguir con el programa.

Las exposiciones de la otra vinícola y la cena ofrecida por estos anfitriones, estuvo también magnífica, la disfrutaron y luego de los consabidos brindis se retiraron a ver en que podían entretenerse por unas horas más. En la habitación había indicios de que Chantal había pasado por ahí y por supuesto era obvio que había vuelto a salir, ellas también lo harían y quizás lograrían 'atrapar' un par de afortunados o afortunadas según el caso, para disfrutar la noche.

Vivi en cambio se había reunido con un grupo de amigos y pasaría a la casa de uno de ellos a seguir con la fiesta, estaba muy satisfecha del papel que hizo ViDissa la noche anterior y quería festejar. Sabía que su sobrina no regresaría pronto y le dejó un mensaje por si preguntaba por ella.

En un extremo del vestíbulo del penthouse, había una mesita con una lámpara prendida, lo que permitía apreciar lo grande y hermoso que era, decorado en estilo clásico y lleno de flores que le daban un aire fresco a la sala. En sus costados se veían un par de puertas que de seguro llevaban a las habitaciones.

Val encendió las luces centrales e hizo un gesto para que Chantal entrase, la rubia no podía evitar admirar el sitio, era bellísimo. Pero a la vez no podía tampoco dejar de sentir el corazón que estaba a punto de escapársele por la boca sólo con la idea de que la morena estaba detrás de ella…

—¡Vaya… es lindo! —no pudo decir nada más.

—Sí… mm… ¿te puedo ofrecer algo? —le dijo indicándole el bar.

—Creo que no, gracias… ya bebí suficiente por esta noche… —Chantal estaba muy nerviosa y no quería complicarse más con exceso de alcohol en su sangre, nunca se había permitido estar en una situación así, no estaba a favor del sexo casual y sin embargo eso era exactamente lo que le estaba a punto de suceder. A pesar de conocer a Val apenas dos días le parecía conocerla de siempre, se sentía no sólo atraída físicamente hacia ella, sino que era algo mucho más profundo, que sin lugar a dudas le atemorizaba de muerte.

Val tomó de la mano a Chantal y sintió que ésta temblaba levemente, la llevó hacia una de las puertas y, antes de entrar, la miró por unos instantes, con la mano libre acarició su mejilla suavemente, la rubia cerró los ojos ante el contacto.

Val susurró al oído de la joven: —No tengas miedo nena, sólo llegaremos hasta donde tú quieras, sin ninguna presión, ¿ok?

Chantal abrió los ojos y descubrió frente a sí una mirada llena de ternura y emoción en la que podía confiar. Sonrió.

Entraron en la habitación y con la espalda apoyada en la puerta, Val atrajo a la rubia y comenzó a demostrarle con sus labios todo lo que la deseaba, Chantal respondía con igual entusiasmo a cada una de las caricias y besos. Sus manos buscaban contacto con la piel de la morena… y ella estaba ahí para satisfacer hasta el más mínimo de sus deseos.

La blusa de Chantal cayó lentamente al piso, y junto a ella se fueron depositando cada una de la prendas de las mujeres, la rubia se estremeció al contemplar por primera vez el magnífico cuerpo desnudo de Val, fuerte y terso a la vez, invitándola a tocarlo, como así hizo.

Chantal descubrió que Val era una amante deliciosamente experimentada, sus manos recorrían su cuerpo y sabían exactamente como llevarla hasta el borde de la pasión una y otra vez, hasta dejarla totalmente satisfecha. Ella por su parte, dejando sus miedos de lado y siguiendo con sus labios y manos los caminos ofrecidos por la morena, disfrutó del éxtasis inigualable de dar y recibir placer.

Cuando las dos habían agotado toda su energía, se abrazaron, dejando que sus cuerpos se recobraran. Dulcemente Val acariciaba la pierna de Chantal que estaba sobre las suyas y ésta con su cabeza apoyada en el hombro de la morena, disfrutaba de la suavidad de su piel también acariciando el bien formado abdomen de Val.

—Hey nena… ¿estás bien? —preguntó Val dándole un beso en la frente.

—Nunca estuve mejor… ¿y tú?

Sin necesidad de palabras se lo demostró en un apasionado beso.

—¿No es obvio… mmm? —le dijo al recuperar el aliento.

***

A la mañana siguiente las cosas se presentaban un poquito más complicadas de lo pensado, Chantal tenía que regresar a su habitación para lo cual debía cruzar un amplio ático sin saber con quién se cruzaría en el camino… luego afrontar el millón de preguntas que de seguro sus amigas tendrían ya listas para ella… volver a la convención, pero lo peor de todo… despedirse de Val que en una horas tenía que regresar al Valle. Claro que no sería muy malo, ya que al día siguiente se volverían a ver. De todas formas ninguna de las opciones inmediatas le resultaban muy halagadoras. Pero lo que comenzaba a preocuparle realmente era su debilidad ante la morena, no pudo resistirse la noche anterior, no podría siquiera tratar de hacerlo, ella que siempre había puesto su cabeza antes de nada, y ¿ahora…?

—Hola preciosa… —saludó Val al sentir que la rubia se movía junto a ella.

—Buenos días… mm… se supone que debo levantarme… mmm… pero se está tan bien junto a ti.

—Me alegra que pienses eso… así no te aburriré muy pronto ¿hmmm?

—Aburrirme… ¡creo que nunca!

—Sabes, yo también debo levantarme… tengo que prepararme para viajar… mmm… las obligaciones…

—Síp… ¡las obligaciones! —se acercó un poco más al rostro de Val y le dio un beso mientras con su dedo delineaba las curvas de su pecho, provocando que el cuerpo de la morena despertara inmediatamente y su mente dejara de lado por completo sus 'obligaciones'.

Luego de una larga y amorosa sesión de exploración mutua y comprobando que en realidad ya era hora de prepararse, Chantal se vistió y con toda la valentía de que era capaz, se alistó a salir…

—Nena, ¿estás segura de que no quieres desayunar antes de bajar? Vamos, tomemos algo y luego te vas, ¿sí?

—Mmm… con esa sonrisita quién puede negarse… pero algo ligero, tengo todavía que ir a ducharme y se está haciendo tarde.

—¿Por qué no nos duchamos juntas…? Yo te ayudo con tu espalda y tú con la mía…

—Creo que no adelantaríamos mucho si lo hacemos… juntas.

Val se puso una bata de seda y salieron al recibidor… aparentemente las dos estaban aún solas, ordenaron al restaurante y mientras esperaban, Chantal abrazó fuertemente a la morena, se quedaron por algunos minutos sin decirse nada… admirando la hermosa vista de la ciudad a través de un amplio ventanal.

—Mmm… Val, no quiero parecerte una boba sentimental, pero… igual te lo tengo que decir… puede que esto te haga huir, pero tranquila que no necesariamente tiene que significar lo mismo para ti. Bueno, el asunto es que para mi lo de anoche fue… realmente especial… completamente diferente a lo que antes había vivido, y quisiera… si es que tú también así lo quieres… compartir algún tiempo contigo para ver si esto nos lleva a algún lado…

Sabía que estaba hablando atropelladamente pero estaba también siendo totalmente sincera, como siempre. Esto podía provocar que la morena se alejara, ya le pasó una vez, la gente se asusta cuando cree que tú quieres ponerle cadenas y peor aún si apenas tienen una relación de un par de días…

—No creo que seas una boba sentimental… tranquila nena, disfrutemos de estos hermosos momentos, y démonos tiempo, ¿ok? —se lo dijo tomándole de la cara y acariciándosela.

Al estar abrazada esos minutos, Chantal supo por la respuesta de la morena que sí la había asustado… pero no pudo evitarlo, ella quiso ser sincera, además ya estaba hecho y ya no podía retirar sus palabras…

Luego de desayunar se despidieron cariñosamente, cada una tenía que iniciar su día.

Al entrar Chantal a su habitación recibió un almohadazo en la cabeza, seguido de una morena cuyos ojos intentaban atravesarle…

—¿Te das cuenta de lo preocupadas que nos tenías?… podía haberte pasado algo… ¡malo! O de hecho, ¿te pasó algo?… ¿dónde diablos te metiste?, ¿por qué no se te ocurrió dar una llamada o dejar por lo menos un mensaje?, mierda… ¡no eres una niña!

Chantal se dio cuenta de que en verdad se había portado irresponsablemente, claro que Karen no tenía necesidad de exagerar, después de todo no era su mamá.

—¡Hey, tranquila!, discúlpenme, se me pasó por alto lo del mensaje, pero no me pasó nada MALO… todo lo contrario…

—Bueno, ¡sinvergYenza!… ahora que ya me desahogué comienza a contarnos todo, y me refiero a ¡TODO!

—Déjale que por lo menos comience a prepararse, porque se nos va a hacer tarde… y yo 'tengo' que estar abajo en 30 minutos —dijo Joan.

—¿Qué pasó contigo? ¿Por qué ' tienes' que estar abajo? —inquirió Chantal.

—No preguntes enana, evítame el mal rato —Karen respondió.

—Estás loca… ¿por qué mal rato?… yo la pasé muy bien. Fuiste tú la que se quedó plantada. El asunto, mi estimada chiquita, es que mientras tú… pasabas revista a las amígdalas, y quién sabe qué más, de una alta y despampanante morena, nosotras salíamos de parranda. Yo con un hermoso y gentil caballero italiano y la aquí presente y despechada Karen, con una arrebatadora inglesa, pero ¡oh!, pequeño detalle, luego de unas copas la rubiecita optó por abrirse y coquetear con cuanta chica se le cruzaba por el camino y no pararle más 'bola' a nuestra amiguita, ¿te imaginas? —explicó Joan.

—No fue así, ella sí me paraba bola, pero quería que lo 'hiciéramos' en grupo, según ella es más ¡divertido!, y como ustedes saben, yo soy tímida…

Lo único que recibió como respuesta, fueron dos sonoras carcajadas de sus amigas, Karen podía ser de todo menos tímida.

—Bueno, chiquitas, me voy a duchar y luego seguimos conversando… —trató de escaparse Chantal.

—¡Hey, hey no tan rápido! Mi querida Joani tiene una cita, pero sólo para ir a la conferencia abajo, por lo que perfectamente tenemos tiempo para seguir con nuestra charla, ¿en dónde íbamos? ¡Ah sí!, ¿qué hiciste desde ayer como a las 11:00 de la mañana hasta ahora que son las 9:00? O sea, prácticamente tenemos 22 horas ¿de…?

—¡De maratón!, ¡uau!, seguro que es MUY buena la morena, y vaya, ¡QUÉ ¡AGUANTE!, comentó riendo la pelirroja.

—Joannnnn… —Chantal tenía su cara de todas las tonalidades de rojo posibles.

—Si no fuera verdad… no habría necesidad de tantas evasivas ¿hmmm? —acotó Karen.

—Bueno… es verdad, pero no fue sólo sexo, sino todo lo demás, creo que me estoy enamorando, amigas.

—Oh, oh, eso es malo… cuando la nena comienza con esas cosas… ¿por qué tan rápido?, ya te he dicho que tienes que aprender a pasarla bien sin meter los sentimientos de por medio… ¿cuándo vas a aprender? ¡Qué ganas de complicarte la vida! —dijo Karen molesta.

—Ya déjala en paz Karen, puede ser que esta vez resulte, además si no prueba, ¿cómo quieres que encuentre a 'su-media-naranja'? Bueno, muévanse por fa'…

Sin decir nada más, Chantal entró al baño, su cabeza estaba a mil por hora, sabía que Karen tenía razón pero ella no podía evitar involucrarse con Val, era algo más fuerte que su buen sentido y creía que esta vez podía resultar. ¡No son sólo ganas de complicarme la vida!, pensó mientras sentía las lágrimas que comenzaban a mojar sus mejillas.

El día transcurrió sin novedades, excepto para Karen, que a pesar de su mala experiencia de la noche anterior recibió la visita durante el almuerzo de una cierta rubia despampanante y verdaderamente nada tímida, en su mesa.

Las dos salieron al lobby después de la comida y por lo visto a hacer planes para la cena y Fiesta de Clausura que iba a realizarse a bordo de un crucero, recorriendo las zonas de la Bahía y Alcatraz.

Mientras Joan y Chantal conversaban animadamente, el celular de la rubia sonó, comprobó el identificador, pero no reconoció el número, contestó.

—Hola…

—¡Hola linda!, soy Val, ¿cómo estás amor? — ¿Amor? ¡oh, oh, eso es grave!

—Hey, ahora estoy bien, ¿qué tal tú? ¿Cómo estuvo el viaje? — Eso de 'amor' me gusta.

—Mmm… acabamos de llegar, tuvimos que hacer un par de paradas por las típicas cosas de mi tía, pero ya estoy en casita nuevamente y… desde ya esperándote.

—Me muero de ganas de estar ahí, pero ni modo, recién salimos como a las 9:00 de la mañana, y tengo entendido que el tour recorrerá cada uno de los sitios turísticos de la zona, por lo que llegaremos allá a la tarde, creo…

—Síp… eso es lo que normalmente pasa, siempre a los turistas los esperamos para la cena, luego se les hace un tour nocturno por el Rancho y se deja lo más importante para el siguiente día, claro que las dos podemos comenzar con lo 'importante' muuuucho más temprano… ¿qué te parece… mmm?

—Querida… no puedo esperar a que llegue el día de mañana.

—Mmm… yo tampoco. Nena me tengo que despedir, voy a ver que diabluras han hecho en mi ausencia, nos vemos mañana ¿ok?, cuídate y… pórtate bien, ¿sí?

—Siempre, nos vemos, ciao. —Cortó la comunicación y Joan pudo ver los ojos de Chantal llenos de un brillo especial, por primera vez en su vida estaba viendo a su amiga tan emocionada.

—Chiquita… sí que te está pegando duro… —comentó la pelirroja.

—Síp… pero es hermoso, ¿vamos a la última conferencia? ¡Quiero que esto se acabe pronto! —la rubia le tomó de la mano a su amiga para apurarla.

La velada nocturna fue muy hermosa, pero Chantal pensaba que hubiese sido mucho mejor con la morena a su lado. Sus amigas estaban disfrutando del momento en compañía de sus respectivos 'intereses', pero igual se daban modos para incluirla en sus festejos.

De todas formas al llegar al hotel ya Karen había desaparecido con Shyla, y antes de hacerlo sólo les dio un guiño a manera de despedida. Joan estaba con su italiano muy a gusto, pero parecía que no llegarían a mayores y Chantal no quería ser una molestia para la pelirroja, a pesar de que ésta le aseguró que no había ningún problema y que podían ir todos juntos hasta el hotel.

La rubia trató de liberar a su amiga de su presencia y se unió a otro grupo de colegas muy simpáticos que estaban regresando, así Chantal disfrutó de un rato más y Joan salió con su nuevo amigo. Al cabo de un par de horas y ya sola en la habitación, la rubia sólo podía pensar en Val y ansiar que llegara pronto el momento de estar juntas.

CAPÍTULO II

Al siguiente día, el viaje a la campiña resultó largo y no muy interesante para cierta rubiecita impaciente. Las otras chicas, al parecer sí la estaban pasando bien ya que sus parejas también habían decidido unirse al grupo.

A la hora de almuerzo, la joven hizo una llamada a la morena para avisarle que dentro de unas cinco horas estarían llegando a El Rancho, aún estaban en el Valle de Napa y debían visitar un viñedo más antes de dirigirse al Valle de Sonoma.

Val estaba tremendamente ansiosa por ver a Chantal, pero estaba también muy nerviosa por lo que esto representaba. Por lo general la morena era extremadamente privada en sus cosas personales, de hecho nunca había llevado a nadie al Rancho, y todas sus relaciones habían tenido siempre un carácter práctico y fuera de la vista de los curiosos. Tenía amistades en la ciudad y en el Valle, pero era ella quien las buscaba cuando lo quería. Todo esto intranquilizaba más a Val, sabía que tendría los ojos de todo el mundo sobre ella, en especial de sus tíos… ellos la querían infinitamente, sabían y aceptaban su orientación sexual, pero por todo eso se preocupaban aún más, si fuera eso posible.

N.R. PDA.
N.R. Apartamento súper exclusivo que siempre está; en la parte alta del edificio, en el ático.
N.R. Es para decir que prestas atención a algo o alguien, también se utiliza entre muchachitos que están cortejándose.

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