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Uber » Hasta
que nos volvamos a encontrar » 03
:: HASTA QUE NOS
VOLVAMOS A ENCONTRAR ::
Se mantuvo por varias horas organizando asuntos
pendientes en su oficina, luego atendiendo a varias
personas que necesitaban verla 'urgentemente',
en vista de que su tío todavía no
regresaba de su propia convención. Debía
arreglar también lo del personal extra
que requeriría, ya que pronto comenzarían
las cosechas, y por supuesto revisar horarios
y programas para los visitantes de las próximas
semanas. Y pensando en visitas, su mente volvía
a la rubia.
Eran ya las 5:00 y a pesar de estar muy ocupada
aún, avisó a su secretaria que se
iba a retirar. Patty se quedó sorprendida,
pero ni loca comentaría nada, ella sabía
del genio de su jefecita. Al verla retirarse hacia
la zona donde se hallaba ubicada su casa, la secretaria
regresó a ver a su compañero de
oficina y él sonrió.
—Regresó media rara la jefa, ¿no?
—dijo Joe.
—Desde que llegó hasta ahora no
la he oído gritar a nadie… essso
sí es raro, ¿será que luego
va a estallar de una sola? ¡Dios me libre
de estar cerca! Mmm… pero hablando en serio
sí está extraña, algo le
debe de haber pasado en San Francisco.
—¡Qué chismosas son las mujeres…
a mi no me importa si grita o no, con tal de que
no sea contra mi!, pero por otro lado es lindo
verla sonreír de vez en cuando, ¿no?
—Ajá…
Val quería refrescarse antes de que Chantal
llegase, además los nervios no le permitían
concentrarse en su trabajo. Se duchó y
cambió para salir a recibir al grupo de
IBA, tenía personal especializado para
este servicio, pero quería estar ahí
cuando llegase la rubia.
Apenas antes de las 6:00, los autobuses entraron
en El Rancho, Gianni, el jefe de los guías,
dio la bienvenida a los visitantes en nombre de
El Rancho y Vinícola ViDissa. Enseguida
comenzaron a organizar los diferentes grupos y
el personal encargado de cada uno de ellos los
llevaría a sus habitaciones.
Las chicas vieron admiradas lo hermoso del sitio,
el personal lucía trajes típicos
italianos y eran tan cordiales, que ellas se sintieron
trasladadas a un pueblecito de la Toscana en cuestión
de minutos. Desde la recepción Val observaba
como bajaban los pasajeros y sus guías
los atendían… ¡Perfecto,
como debe ser!, pensó satisfecha,
y por supuesto entre el grupo pudo divisar fácilmente
al objeto de sus emociones junto a sus traviesas
amigas.
Cuando el área se descongestionó
un poco, ella se les acercó. Chantal ya
la había visto pero prefirió que
fuera la morena la que diera el primer paso, era
mejor estar preparada por si las cosas no eran
como ella esperaba.
—Hola nena… ¿tuviste un buen
viaje? —preguntó Val suavemente mientras
se acercaba a darle un beso en la mejilla y sonreía
sobre el hombro de la rubia a sus amigas—,
¿qué tal chicas?
—Nosotras perfectas, por lo poco que pude
ver al entrar en el Rancho, este sitio es espectacular,
hey Shyla, ven que te presento a la dueña…
—decía Karen mientras llamaba a su
amiga y daba un fuerte apretón de manos
a la morena.
—Hola guapa… —saludó
también Joan y se retiró a coger
su equipaje.
—Tuvimos un buen viaje, gracias —contestó
tímidamente Chantal tomando de la mano
a Val.
En ese momento el guía de su grupo, un
jovencito muy simpático, las llamaba para
organizarlas.
—Señoritas, señores…
yo soy Jimmy y estoy a sus órdenes, por
favor, ¿podrían seguirme para conducirles
hasta sus cabañas? Fueron distribuidas
de acuerdo a sus reservas, pero si alguien tiene
alguna duda o algún inconveniente con su
cuarto, por favor háganmelo saber, con
mucho gusto arreglaremos el asunto.
El jovencito estaba algo nervioso al ver a la
gran jefa en la recepción, esto no solía
suceder y el sentía que la voz se le comenzaba
a quebrar.
Val se dio cuenta de que estaba causando incomodidad
en el personal, no quería que nada saliera
mal y optó por retirarse un poco para dejarlos
trabajar tranquilamente. Tomó de la mano
a Chantal para llevarla afuera.
—Ven, mejor salimos, después yo
te llevo a tu cabaña, y no te preocupes
por el equipaje, Jimmy sabrá que hacer
con él, por lo menos eso espero —lanzó
una mirada sobre su hombro al muchacho, que entendió
perfectamente lo que tenía que hacer, claro
que le temblaban un poco las manos por el intercambio
de miradas con la jefa.
—Te tienen… ¿miedo? —inquirió
Chantal pasando gustosa su brazo por la cintura
de Val, mientras ésta le ponía el
suyo al hombro.
—Eso espero, ¡hey, no me veas así!,
es una broma, aunque creo que sí me temen
un poco… y no se por qué, yo soy
una santa, ¿verdad? —sonrió
con picardía y la rubia lo entendió
muy bien.
Val condujo a Chantal hasta su jeep y le abrió
la puerta, antes de que ésta entrara se
acercó y le dio un beso apasionado, era
justo lo que las dos estaban necesitando.
—Hey… te extrañé, ¿quieres
conocer mi mundo?
—Claro que sí… y ¿sabes?,
yo también te extrañé —contestó
la rubia.
Tomaron un camino lateral hasta llegar a una
pequeña plaza con una fuente en el centro,
ésta se encontraba en un patio interior
y no tenía acceso a los turistas —por
lo que pudo apreciar Chantal—, junto a la
fuente había unas parras y bajo ellas se
encontraban dispuestos unos sillones y unas mesas,
todo adornado con hermosas jardineras y con faroles
que comenzaban a encenderse a su paso, a pesar
de que todavía el sol estaba afuera. Val
condujo a Chantal a uno de los sillones.
—Debes de estar cansada, ¿verdad?,
¿quieres tomar algo? —le dijo mientras
con un gesto llamaba a un salonero que salía
de una de las casas al verlas llegar, al parecer
de la principal del conjunto.
—La verdad es que sí, estoy muerta,
y gracias, te acepto un vino… ¿vino
blanco?, porque pedir agua aquí sería
un pecado, ¿no?
—Muy graciosa. Joseph, por favor, nos traes
un par de copas de mi cosecha especial…
y después te puedes retirar.
—¡Este sitio es hermoso! Me da la
impresión de estar en Italia.
—De eso se trata, queremos crear esa ilusión,
aparte de que para la familia es importante estar
en contacto con nuestras raíces, a pesar
de la distancia —terminó bajando
la mirada y Chantal entendió que estas
últimas palabras la entristecían,
pero pensó que éste no era el momento
oportuno para preguntar nada, quizás más
adelante la morena misma le contaría su
historia.
—¿Tú vives en esa casa? —señaló
a la cabaña situada detrás de ellas.
—Ajá, es mi casa, ¿la quieres
conocer ahora?
—Luego —sonrió Chantal.
—Ok… mm… la grande que tienes
a la derecha es la de mis tíos, las de
atrás son de los administradores, pero
ellos no tienen acceso directo a esta parte, sólo
mis tíos y yo, ¡claro! Sam la mandó
construir para mí hace unos ocho años,
antes vivía con ellos, pero ahora ya soy
'grande' y necesito mi independencia…
—Sí, grande, definitivamente…
grande… —Chantal se acercó
a la morena y le tomó la cara para besarla.
Val respondió con gusto, al rato se levantó
y guió a la rubia consigo.
Recorrieron todos los sitios preferidos de la
morena y tras disfrutar de un hermoso anochecer,
decidieron regresar hasta la cabaña asignada
para las jóvenes.
—Amor… regreso por ti en una hora
para ir a cenar, ¿te parece bien?, o ¿prefieres
cenar con el grupo? —sugirió Val
alzando juguetonamente sus cejas.
—¡Imagínate! —se acercó
para abrazarla suavemente—. Está
bien una hora, pero que no sea más, ¿ok?
Al entrar en su habitación, Chantal se
sentía en las nubes, ¡definitivamente
el fin de semana sería espectacular!
***
—Hola chiquita… ¡pensamos que
no volveríamos a verte nunca más!
¿Dónde andabas, hmmm? ¿Se
puede saber o está prohibido para menores?
—enseguida preguntó Karen.
—Estaba conociendo El Rancho, mal pensada,
hay tantos sitios hermosos y especiales para Val…
creo que estoy hechizada con el encanto de este
lugar.
—¿Con el lugar… o con la morena?
—bromeó Joan desde la terraza.
—Las dos cosas —contestó Chantal
riendo.
—¡Suerte la tuya nenita! No todos
los días unos se encuentra con la dueña
de medio mundo que claramente está a tus
pies.
—No seas materialista Karen, por favor,
tú sabes que eso a mi no me interesa.
—Ok, pero siempre es bueno saber que quien
te mueve el piso no es un desadaptado muerto de
hambre, ¿no? Bueno querida, lo interesante
es que lo pases bien, ¿cierto? Y claro,
también nosotras la vamos a pasar súper
bien, sólo mira a tú alrededor,
al parecer la morena ordenó que te trataran
como una reina, y por ende a nosotras. Estoy segura
de que las otras cabañas no son ni la mitad
de lindas, ni tienen todas estas 'maravillas'.
En verdad la hermosa cabaña que prácticamente
era una suite, tenía toda clase de sorpresas,
canasta de frutas, vino, bandeja de quesos y unas
lindas flores silvestres que tenían una
tarjeta, Chantal la tomó para leerla.
"Bienvenida, ¡estoy feliz
de tenerte aquí!
VDS"
Chantal sólo suspiró y guardó
la tarjeta en su bolsillo, con una gran sonrisa
en su rostro comenzó a prepararse para
su noche especial.
Al rato, cuando las tres estaban casi listas
para salir, alguien tocó suavemente a la
puerta… Karen la abrió para encontrar
a un apuesto caballero con una sonrisa de oreja
a oreja.
—Ciao cara, ¿ya está lista
Joanni? —era Paolo que con su simpático
acento preguntaba por la pelirroja.
—¡Hey! Estás muy guapo, pasa
muchacho, ¿a dónde piensas llevar
a mi niñita? Sabes que debes traerla de
regreso a casa antes de medianoche, y mucho cuidado
en dónde pones tus manitas, ¿ok?
—bromeó Karen, pero el joven, al
no captar muy bien la entonación de la
morena, comenzó a preocuparse. ¿S
erán esas las costumbres aquí?,
pensó el pobre mientras sonreía
nerviosamente.
Por suerte para él, Chantal estaba escuchando
la conversación y decidió intervenir
para tranquilizar al muchacho.
—No le hagas caso… Karen está
sólo molestándote, y hola Paolo,
¿cómo estás? —se acercó
dándole la mano para saludarlo—.
Joan estará lista en unos minutos más,
ven, siéntate.
—Yo sé que ella bromeaba —comentó
Paolo un tanto aliviado, estrechando la mano de
la rubia—. ¡Es bueno verte, bella!
Mientras ellos se saludaban, se escuchó
otro golpe en la puerta, esta vez mucho más
fuerte que el anterior.
—Creo saber quién es esta vez —dijo
traviesamente Karen.
Al abrir tenía frente a sí a una
despampanante y altísima rubia, que con
sólo su mirada casi la desvestía.
—Hey querida, se te ve magnífica
—y sin más palabras la rubia tomó
posesivamente de la cintura a Karen y le dio un
tremendo beso que dejó a los espectadores
con la boca abierta.
Al recuperarse la morena, y luego de arreglar
su cabello un poco se giró y dio una sonrisita
a sus amigos que las estaban contemplando aún
sin salir del asombro.
—¡Humm, uau, qué saludo nena,
justo como a mi me gusta! ¿Quieres pasar
hasta que termine de arreglarme? —le tomó
de la mano y le indicó un sillón
en la salita.
—Hola a todos, Chantal, ¿cómo
está la ovejita perdida? —dijo Shyla.
—Bueno, tanto como perdida no creo, sólo…
¡entretenida en otros lados!
—¿Qué tal Paolo, cómo
vas? Veo que tan elegante y guapo como siempre,
¿sabes?, si no hubiera encontrado mi media
naranja aquí presente, creo que ya estaría
detrás de ti —le hizo un guiño
al joven quien se puso de todos los colores.
Chantal no podía creer lo que estaba oyendo,
ésta sí que era una joven lanzada,
quedándose corto al describirla. Es
perfecta para ti Karen, ¡ahora sí
vas a probar lo que es bueno!, pensó
la rubia sonriendo para si.
Enseguida salió Joan del baño y
todos saludaron, ella no había escuchado
la conversación y no sabía por qué
su amigo estaba tan nervioso y colorado. Éste,
al verla, trató de recuperarse levantándose
inmediatamente.
—Cara mia… ¡sei bellíssima!
—dijo el joven tomando la mano de Joan y
acercándola a sus labios.
—Mmm… gracias —contestó
Joan y se dirigió hacia la puerta que nuevamente
sonaba.
Todos se volvieron a mirar para descubrir en
ella a la imagen de la elegancia y perfección,
Val, con su porte único sobresalía
siempre sobre todos y esta vez no era la excepción.
Lucía un hermoso traje de pantalón
en seda negra que cubría todas sus curvas
como un guante, sus hombros y espalda descubiertos
y un escote que dejaba muy poco a la imaginación,
adornado con una sencilla cadena de oro que llegaba
hasta la mitad del busto, tenía su cabello
recogido ligeramente dándole un aire casual
y haciendo sobresalir aún más sus
hermosas facciones.
—Hola… humm… ¿puedo
pasar? —saludó la morena después
de unos segundos en que todos la miraban sin pestañar,
comenzando a sentirse incómoda.
—Claro… pasa… estás
en tu casa, ¿no? —desde lejos reaccionó
Karen y aclaró su garganta que de pronto
se había quedado seca.
Todos, una vez que lograron salir del encanto
y sonrieron con la broma, comenzaron a saludar.
Chantal sentía que su corazón iba
a por salírsele por la boca y no podía
articular palabra. La alta morena se le acercó
y le tomó de la mano dirigiéndola
hacia si y le dio un suave beso en la mejilla,
para inmediatamente decirle con suavidad:
—¡Estás maravillosa!, como
siempre. —Los ojos azules de la morena resplandecían
de emoción.
—Gracias amor, tú también
estás… ¡uau! —exclamó
Chantal con una hermosa sonrisa. Definitivamente
esta mujer me quita el habla… ¡y eso
es raro!, no parezco abogada, ¡ni siquiera
llego a escolar! Diablos, ¿dónde
quedó mi famosa elocuencia?
Al verse todos en la pequeña salita, en
una situación un tanto incómoda
y dando la apariencia de jovencitos en su primera
cita en grupo, comenzaron a reír con gusto.
—Bueno muchachitos —dijo Karen—,
basta de tantas sonrisitas y vamos a pasarla bien,
¡ah! y mucho cuidado, pórtense bien
y no hagan nada que yo no vaya a hacer…
eso les da un buen margen de acción…
mmm… ¿tal vez demasiado amplio?…
—bromeó fingiendo preocupación.
Todos volvieron a reír y salieron con
sus respectivas parejas, la noche estaba hermosa
y el ambiente definitivamente era encantador,
se dirigieron a la plaza central donde todo se
encontraba iluminado con pintorescos faroles,
había músicos y pequeños
restaurantes a lo largo de la calle principal.
Con el pasar de los minutos, la zona se iba llenando
de turistas, que eran distribuidos de acuerdo
a sus respectivos grupos en diferentes restaurantes.
El grupo de Chantal y sus amigas llegaron hasta
un pequeño y hermoso local, al más
puro estilo campesino. En vista de que los participantes
del tour post-convención eran muchos, prácticamente
todo el complejo lo llenaban abogados de IBA,
lo cual resultaba muy agradable ya que después
de haber pasado una semana juntos se conocían
y muchos habían entablado amistad.
Ése era el caso de los ocupantes de la
mesa de las tres jóvenes amigas, cada una
con su pareja y unas cuantos colegas más
de diferentes partes de Estados Unidos y otras
naciones. Pasaron unos momentos muy agradables
conversando y saboreando las deliciosas especialidades
del local. Val se disculpó unos minutos
y después de dar un dulce beso a Chantal
salió hasta la recepción.
—Hola Mark, ¿me prestas tu línea
interna, por favor? —pidió Val al
administrador de 'Il Grillo'.
—Claro señorita Di Stefano, aquí
la tiene.
—Gracias —tras unos instantes y al
recibir contestación del otro lado de la
línea—: Hola tía Vivi…
sí todo está bien… no, no
te preocupes… estoy en la Villa con unos
amigos… hmm… sí, ya comí…
sí, todo estuvo perfecto, como siempre…
mmm… ¿puedo pedirte un favor?…
¿estás muy ocupada en este momento?…
bueno es que quiero que conozcas a alguien…
ajá, es ella… la quiero llevar hasta
allá para presen… no… voy…
¡ok!, está bien… ¡te
espero! — No me dejó ni acabar
la frase… parece que tiene curiosidad,
sonrió.
Al ir de camino a su mesa se preguntó
por qué quería que su tía
conociese a Chantal. Fue un impulso llamarla,
¿qué raro? ¡Pero quiero que
la conozca!
Val regresó a la mesa y tomó de
la mano a Chantal, se acercó para que sólo
ella le escuchara y le avisó que su tía
iba de camino para conocerla. Por supuesto la
rubia casi se cae de la silla por la impresión,
ninguna de sus otras 'relaciones' antes le había
presentado a su familia, ni ella tampoco había
tenido ningún deseo de conocer a nadie.
Con Val todo era diferente, pero ¿quizás
todo va demasiado rápido?, pensó
la joven.
La morena le sonrió para darle confianza
en que todo iría bien y Chantal le tomó
fuertemente de la mano. Mientras, los músicos
seguían tocando canciones tradicionales
y esa mesa en particular era 'atendida' con el
mayor esmero posible, ya que todo el personal
puso lo mejor de si sabiendo que la jefa estaba
entre los visitantes y NO podían
darse el lujo de fallar en lo más mínimo.
En un primer momento Val había pensado
en salir a cenar a solas con la joven, probablemente
pedir el servicio en su casa para hacerlo en un
ambiente íntimo, pero al ver al animado
grupo de amigos y saber que Chantal se estaba
divirtiendo, dejó que la rubia misma decidiera
que era lo que ella prefería hacer. La
joven optó por seguir con todos en la cena
y luego tomar el 'postre' a solas, esto era algo
que resultaba realmente prometedor.
Val también se sorprendía de si
misma, el tener a alguien en el Rancho ya le resultaba
extraño, en este caso fueron las circunstancias
las que le trajeron aquí, pero querer que
su familia conociera a ese alguien sí que
era inesperado. Se sentía tan contenta
junto a la joven, que en ese momento no le importaba
lo que dijeran a su alrededor, ella que siempre
se había cuidado de que no la relacionaran
con nadie, nunca había querido que sus
empleados tuvieran nada de que hablar y sin embargo
ahora quería… necesitaba que su tía
la conociera. Sus tíos y primos eran las
personas más importantes en su vida, y
quería que ellos compartieran su felicidad.
En ese momento, Val supo que su tía había
entrado en el local ya que los empleados comenzaron
a murmurar y a moverse de un lado al otro. Vivi
se detuvo unos instantes en la recepción
y pidió una botella de champán,
la mejor del establecimiento, e indicó
que la llevaran a la mesa de su sobrina, cuando
ella lo solicitara.
—Hola linda —dijo acercándose
a la morena y dándole un cariñoso
beso en la mejilla—. Soy Viviana Di Stefano,
espero que los estén atendiendo bien —saludó
mirando alrededor con una encantadora sonrisa.
Todos miraron a la señora y agradecieron
la gentileza, aunque Chantal sabía que
no sólo se trataba de cortesía de
la casa, Vivi, con su dulce sonrisa, la examinaba
intensamente.
Val se puso de pie y pasó su brazo por
el hombro de su tía y le dijo:
—Tía Vivi, quiero presentarte a
mis amigos, Karen, Joan, Paolo, Shyla y ella es
Chantal De Lancel… mmm… Chantal, ésta
es mi querida tía Vivi. —Val colocó
su otra mano sobre el hombro de la rubia. Ésta
se levantó también y extendió
su mano a la señora, los demás sonrieron
saludándola.
—Mucho gusto señora Di Stefano —dijo
tímidamente la joven.
—¿Señora?, llámame
Vivi, ¡no soy tan vieja! Además LA
señora Di Stefano era mi suegra…
claro que la pobre ya murió, ¡gracias
a Dios! —exclamó mirando pícaramente
a su sobrina, ya que estaba hablando de su abuela,
quien le echó una de sus miradas. Vivi
se acercó a la joven rubia y le dio un
beso en cada una de las mejillas, al estilo italiano…
Chantal se quedó por unos instantes sin
moverse, pero después de haber vivido durante
largas temporadas en Europa, sabía de sus
costumbres y sonrió.
Las amigas de la rubia estaban muy pendientes
de los acontecimientos ya que sabían de
qué se trataba el asunto, incluso Karen
le había dado un pequeño apretón
a su mano antes de que la rubia se pusiera de
pie.
—¡Eres tan linda… y tan joven!
¿Cómo es que ya estás en
el grupo de los abogados? —comentó
Vivi.
—Gracias. Bueno en verdad… no soy
tan joven como parezco y ellos… —señaló
a sus colegas y amigos—… no son tan
viejos… ¡como parecen!
Todos rieron animadamente, Val y Chantal respiraron
con alivio, los primeros instantes en las presentaciones
formales habían pasado. Vivi pidió
al mesero que le acomodara un sitio en la mesa
y que le trajese el champán.
—Chicos, los voy a acompañar un
rato, si es que no tienen inconveniente. —Todos
aseguraron que no.
—Tía Vivi… ¿a qué
se debe el champán? —preguntó
Val.
—Estás feliz y quiero brindar por
eso… ¿puedo? —contestó
su tía.
—Síp… tienes razón…
debemos brindar por eso, pero sobre todo por la
causante de eso… —dijo Val mirando
fijamente a Chantal.
Alzaron sus copas y brindaron.
—Niña, o es una tremenda coincidencia
o ¿tú eres familia de los De Lancel
de Valmont? —inquirió intrigada Vivi.
—No, no es coincidencia, mi bisabuela fue
Eve De Lancel —aseveró la joven muy
orgullosa.
—¡Hey, eso merece otro brindis, qué
bueno tenerte en nuestra casa! —y dirigiéndose
a Val dijo sonriendo—: nena, ¿por
qué no me avisaste de que esta preciosura
era de la aristocracia vinícola?
—La verdad, tía Vivi, tú
y yo aún no hemos tenido tiempo de conversar
de nada —se disculpó.
—Tienes razón, pero cuéntame
jovencita, ¿tú de quién eres
hija? ¿Cómo está Delphine?,
no la he visto desde hace como… mm…
diez años, la última vez que estuvimos
juntas fue en una reunión de vinicultores
en Verona y luego de eso supe que tuvo serios
problemas de salud.
—Yo soy hija de Anne, la hija mayor de
Freddy, y sí, lastimosamente mi tía
abuela sigue delicada de salud, su corazón
no le permite realizar ningún esfuerzo
y hasta sus reuniones tan queridas ya han quedado
en el pasado. Pero ¿sabes Vivi?, yo estuve
con ella en aquella reunión que mencionas,
acababa de graduarme en colegio y fui a pasar
una temporada en Francia con la familia, antes
de comenzar la Universidad, coincidió el
viaje y quise acompañarla junto con una
de mis primas mayores. Recuerdo que fue una experiencia
maravillosa, ¡tu tierra es en verdad bellísima!,
nunca olvidaré los campos cerca de Bardolino,
el fascinante lago de Garda, ¡ah! y tampoco
una de mis primeras borracheras, ¡con nada
menos que un Chianti…! —con estas
declaraciones Chantal había conquistado
definitivamente a Vivi, ésta ya no cabía
en si de tanta alegría.
La jovencita era hermosa, inteligente, conversadora
tanto o más que una italiana, definitivamente
adinerada, pero sobre todo era también
una conocedora del vino y de sus raíces…
¿qué más podía pedir
para su sobrina? ¡Dios, qué dulce
es la vida!, pensó Vivi.
Las dos siguieron conversando animadamente largo
rato, Val se limitaba a mirarlas y sonreír
al verlas tan entretenidas mientras mantenía
su brazo sobre Chantal, de vez en cuando su tía
se apoyaba sobre su brazo al preguntarle algo
o al hacer referencia a algún asunto, y
la morena contestaba con un gesto o una sonrisa,
no había necesidad de nada más,
las dos habían encontrado su pareja perfecta
para hablar. De rato en rato también se
incluían Karen y Paolo, aprovechando Vivi
para hablar italiano con el joven, que también
resultó ser un buen conocedor de vinos.
Los brindis seguían por cuenta de la casa,
y todos los miembros de la mesa estaban disfrutando
mucho del ambiente del lugar, al cabo de un par
de horas y queriendo seguir con el aire festivo
todos acordaron seguir la reunión en un
bar. Vivi se despidió de los muchachos
y dio un abrazo muy cariñoso a Val y Chantal,
a quien invitó para el almuerzo en su casa
al día siguiente.
Salieron y Val tomó de la mano a la rubia,
fuera, como era de esperarse, los festejos apenas
comenzaban y todos estaban más que dispuestos
a pasarla bien.
Karen no había tenido tiempo aún
de salir del restaurante cuando sintió
un buen apretón de su explosiva compañera,
por lo que apenas hizo un gesto con la mano y
la pareja se perdió en la multitud. Por
su lado Joan también tomada de la mano
de su caballero se unió al grupo que iba
hacia el bar y preguntó a Chantal si ellas
venían.
—¿Quieres ir, linda? —preguntó
Val casi temiendo la respuesta.
—Nah, creo que nosotras tenemos otros planes
para el postre, ¿verdad nena? —Chantal
guiñó el ojo a la morena, quien
dio un suspiro de alivio y una gran sonrisa.
Se despidieron de sus amigos y fueron en el otro
sentido.
Tomaron el jeep de Val y se dirigieron hacia
su casa, que estaba iluminada para dar un aire
homogéneo a toda la zona, a pesar de su
ubicación en un área privada podía
ser observada desde lejos. Saludaron a los guardias
en la puerta del complejo.
Al entrar Chantal recorrió con su mirada
el vestíbulo y le pareció hermoso,
mantenía el mismo estilo en la decoración
de todo el Rancho, que venía a formar una
pequeña campiña italiana extendida
en el magnífico valle de California.
—Ven nena, te doy un pequeño tour
por mis dominios, jaja —tomó de la
mano a la joven y bajaron un par de escalones
de piedra, entraron hasta una sala dominada por
una gran chimenea, asientos de piel negros que
lucían tremendamente cómodos, llenos
de cojines en colores tierra, muchas plantas y
varias mesitas con lámparas ya encendidas,
alfombras en diferentes tonos que iban de acuerdo
a la decoración y bajo éstas un
impecable piso de madera obscura. Los ventanales
que cubrían toda la pared posterior daban
a una terraza.
Pasaron hacia el comedor, que igualmente era
hermoso pero se notaba que no tenía mucho
uso, luego por un costado se entraba en la cocina,
con menos uso todavía, pero sin lugar a
dudas un sitio pensado en brindar las mayores
comodidades posibles a su usuario. Disponía
de todo tipo de utensilios, muebles acompañados
de plantas y ventanales que bordeaban la misma
terraza que la sala. Tenía un pequeño
desayunador con taburetes altos, la rubia pensó
que seguramente era aquí donde Val comía.
La morena le dijo a Chantal que hacia el otro
extremo de la cocina estaba el cuarto de servicio
y la bodega, por lo cual podían pasar por
alto esa parte.
Subieron y enseguida encontraron una salita muy
acogedora con una gran televisión y un
equipo de música muy moderno, una de sus
paredes la cubrían premios y diplomas,
la joven se acercó para ver de qué
se trataban, eran reconocimientos de calidad de
empresas vinícolas, varios premios de concursos
nacionales e internacionales con primeros y segundos
lugares, certificados de participaciones como
jurado y muchas cosas más, todas a nombre
de Valentina Di Stefano. Tras un mueble divisorio
había una oficina con su computadora y
miles de papeles por todos lado, también
había un gran librero, la rubia miró
sus estantes y pudo leer varios títulos
de finanzas, mercadeo, administración de
empresas, ventas, la mayoría por descontado
de vinos y todo lo relativo a ellos, otros tantos
de Italia y lo que de seguro era una colección
de novelas o algo así en italiano, también
vio varios de mitología griega… esto
último le llamó la atención
y tomó uno de ellos.
—¿Sabes Val? Uno de mis pasatiempos
es la mitología griega, ¡es extraño
encontrar a alguien que tenga también ese
gusto! —dijo Chantal admirada.
—Sí que es extraño, pero
ahí lo tienes, también es mi pasión,
bueno, una de mis pasiones…
—Y… hmm… ¿cuáles
son las otras? —preguntó la joven
mientras regresaba el libro a su sitio y se viraba
sonriendo hacia la morena.
Enseguida Val la tomó entre sus brazos
y le dijo casi como un murmullo:
—Ya sabes que una es el vino y la otra,
definitivamente… ¡eres tú!
—¿Yo o las mujeres en general?
—No hay 'mujeres' en mi vocabulario, así
que menos en mi vida, ahora sólo estás
tú y tengo toda la impresión de
que serás una pasión muy fuerte
—comentó Val con una voz suave pero
muy segura, acercándose hasta rozar sus
labios con los de la joven, quien instantáneamente
puso sus manos alrededor del cuello de la morena
para guiarla aún más cerca y tomar
sus labios con fuerza.
Al separarse escucharon la respiración
agitada de las dos y sonrieron, Val la dirigió
hasta el corredor en donde le indicó con
un gesto de su mano que la puerta hacia la derecha
era una habitación de huéspedes
y la otra hacia la izquierda era la suya.
Cuando abrían la puerta, escucharon un
timbre en la oficina, era un intercomunicador.
Val regresó a su escritorio para contestar.
—¿Qué pasa? —contestó
molesta, presionando el botón.
—Val, soy Pietro, tenemos un código
S en el área 12 y sabes que seguridad no
actúa sin tu autorización, ¿qué
hago?
—Mmm… diablos… tenían
que fastidiarme con una bobería así.
Llama a Richard y los encuentro aquí en
dos minutos. —Val cerró los ojos
y respiró profundamente antes de hablar.
—Nena, discúlpame, nuestro postre
tendrá que esperar unos minutos, te prometo
que trataré de solucionar el problema lo
más rápido posible, ¿ok?
Por favor, siéntete en tu casa y trata
de esperarme… mmm… ¡despierta!
—dijo Val con una expresión de preocupación—,
¿o preferirías que pida a alguien
que te acompañe a tu cabaña hasta
que yo me desocupe?
Mientras hablaba entró en su dormitorio
para cambiarse, tomó de su vestidor unos
jeans y una camiseta, entró al baño
para en instantes salir lista.
—No, no te preocupes por mi, estaré
bien aquí, ve tranquila, ¿sí?…
mmm… yo aprovecharé el tiempo para
curiosear… ¿puedo?
—Claro que puedes curiosear, pero cuidado
con mi colección de tortuguitas.
—¿¡Quéee!?
—Síp… ¡tortuguitas!
—Las dos bajaron riendo y se dieron un beso
antes de abrir la puerta. Al ver a sus ayudantes
afuera, Val inmediatamente cambio la expresión
de su rostro y les dio una mirada mortal.
—Vamos… ¡inútiles! —les
dijo, mientras se dirigían hacia el auto
que los esperaba.
Chantal cerró la puerta y dio un gran
suspiro, las cosas no estaban saliendo como ella
hubiese querido, pero eso no significaba que dentro
de poco no cambiaran, y la espera definitivamente
valía la pena. Ya lo sabía por 'experiencia'.
Ahora el asunto es mantenerme ocupada para
no quedarme dormida, porque después de
todas esas copas de vino con Vivi y el viajecito,
mis defensas están bajas. Bueno, veamos…
mmm… ¿qué puedo hacer? Primero
voy a conocer el dormitorio de mi nena, ya que
antes me quedé en la mismísima puerta.
¡Vaya, esto sí que está
lindo!, pensó Chantal al entrar en
una habitación magníficamente decorada
y muy funcional, ¡justo como su dueña,
bella y práctica!
El lugar tenía unos ventanales inmensos,
en los que lastimosamente no se podía apreciar
el paisaje al estar todo muy oscuro, al centro
una cama — muy tentadora, ¡por
su comodidad claro!—, un par de libros
en la mesa de noche, lámparas con luces
tenues — perfectas, sin lugar a dudas
piensas en todo, amor—, en la pared
detrás de la cama un cuadro grande con
dos figuras entrelazadas en colores muy suaves
y casi perdiéndose entre una espesa niebla
—e sta imagen sí que es sensual…
o ¡es que mis hormonas están a mil
por hora!—. Del otro lado una puerta
que lleva al baño, sobre su mesón
la ropa desarreglada que había dejado la
morena en su apuro, era un traje hermoso, Chantal
lo tomó e instintivamente se lo llevó
al rostro aspirando la fragancia delicada y embriagadora
de Val — deliciosa… ¡hmm!,
creo que voy a esperarte en tu jacuzzi nena, pero
y ¿si me quedo dormida con lo cansada que
estoy?, no va a ser nada sexy, de hecho va a ser
peligroso, ¡maldito cansancio!—,
estiró la ropa y salió.
Bueno, mejor busco algo interesante en la
televisión o ¿quizás un libro?,
regresó al saloncito y se fijó en
la selección de películas que tenía
sobre una mesa, nada le llamó la atención,
probó con la TV pero se dio cuenta que
los ojos comenzaban a cerrársele, decidió
buscar algún libro, tomó uno que
hablaba de Heracles (Hércules para los
romanos) y su valiente sobrino y compañero
de algunas de sus aventuras, Iolaus.
Casi una hora le tomó a Val resolver el
problema y al regresar a su casa era más
de media noche, sus planes para cerrar con broche
de oro su noche con Chantal de seguro se habían
ido al traste. La joven estaría furiosa
por su demora.
Al entrar se dio cuenta que todo estaba muy silencioso,
entonces subió y escuchó a Enya
con el volumen muy bajito en su equipo. Vio la
silueta de Chantal recostada en un sillón,
con su cabeza apoyada al brazo del mueble y un
libro apretado a su pecho. Val silenciosamente
se acercó, la joven lucía hermosa
y sensual, con el cabello apenas revuelto, su
figura delineada por la luz de la lámpara,
la ropa que dejaba apreciar su magnífico
cuerpo y, a la vez, una apariencia tierna e inocente.
La morena no sabía que hacer, le daba
pena despertarla pero tampoco sabía si
debía dejarla dormir allí, no era
nada cómodo el sitio. Y por otro lado estaba
su necesidad de tenerla en sus brazos aunque fuese
tan sólo para dormir junto a ella.
Val pensó que lo mejor sería tratar
de despertarla y suavemente llevarla a la cama,
aunque la rubia no tenía ni la más
mínima intención de moverse.
Tenía que cambiar de táctica, ¿y
si comenzaba a darle unos pequeños besitos
hasta que la escuchara y se levantara?
—Nena, nena, despierta por lo menos un
poco, sólo hasta que lleguemos a la cama
amor. —Nada, Chantal estaba fuera de este
mundo.
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