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:: HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR ::

Se mantuvo por varias horas organizando asuntos pendientes en su oficina, luego atendiendo a varias personas que necesitaban verla 'urgentemente', en vista de que su tío todavía no regresaba de su propia convención. Debía arreglar también lo del personal extra que requeriría, ya que pronto comenzarían las cosechas, y por supuesto revisar horarios y programas para los visitantes de las próximas semanas. Y pensando en visitas, su mente volvía a la rubia.

Eran ya las 5:00 y a pesar de estar muy ocupada aún, avisó a su secretaria que se iba a retirar. Patty se quedó sorprendida, pero ni loca comentaría nada, ella sabía del genio de su jefecita. Al verla retirarse hacia la zona donde se hallaba ubicada su casa, la secretaria regresó a ver a su compañero de oficina y él sonrió.

—Regresó media rara la jefa, ¿no? —dijo Joe.

—Desde que llegó hasta ahora no la he oído gritar a nadie… essso sí es raro, ¿será que luego va a estallar de una sola? ¡Dios me libre de estar cerca! Mmm… pero hablando en serio sí está extraña, algo le debe de haber pasado en San Francisco.

—¡Qué chismosas son las mujeres… a mi no me importa si grita o no, con tal de que no sea contra mi!, pero por otro lado es lindo verla sonreír de vez en cuando, ¿no?

—Ajá…

Val quería refrescarse antes de que Chantal llegase, además los nervios no le permitían concentrarse en su trabajo. Se duchó y cambió para salir a recibir al grupo de IBA, tenía personal especializado para este servicio, pero quería estar ahí cuando llegase la rubia.

Apenas antes de las 6:00, los autobuses entraron en El Rancho, Gianni, el jefe de los guías, dio la bienvenida a los visitantes en nombre de El Rancho y Vinícola ViDissa. Enseguida comenzaron a organizar los diferentes grupos y el personal encargado de cada uno de ellos los llevaría a sus habitaciones.

Las chicas vieron admiradas lo hermoso del sitio, el personal lucía trajes típicos italianos y eran tan cordiales, que ellas se sintieron trasladadas a un pueblecito de la Toscana en cuestión de minutos. Desde la recepción Val observaba como bajaban los pasajeros y sus guías los atendían… ¡Perfecto, como debe ser!, pensó satisfecha, y por supuesto entre el grupo pudo divisar fácilmente al objeto de sus emociones junto a sus traviesas amigas.

Cuando el área se descongestionó un poco, ella se les acercó. Chantal ya la había visto pero prefirió que fuera la morena la que diera el primer paso, era mejor estar preparada por si las cosas no eran como ella esperaba.

—Hola nena… ¿tuviste un buen viaje? —preguntó Val suavemente mientras se acercaba a darle un beso en la mejilla y sonreía sobre el hombro de la rubia a sus amigas—, ¿qué tal chicas?

—Nosotras perfectas, por lo poco que pude ver al entrar en el Rancho, este sitio es espectacular, hey Shyla, ven que te presento a la dueña… —decía Karen mientras llamaba a su amiga y daba un fuerte apretón de manos a la morena.

—Hola guapa… —saludó también Joan y se retiró a coger su equipaje.

—Tuvimos un buen viaje, gracias —contestó tímidamente Chantal tomando de la mano a Val.

En ese momento el guía de su grupo, un jovencito muy simpático, las llamaba para organizarlas.

—Señoritas, señores… yo soy Jimmy y estoy a sus órdenes, por favor, ¿podrían seguirme para conducirles hasta sus cabañas? Fueron distribuidas de acuerdo a sus reservas, pero si alguien tiene alguna duda o algún inconveniente con su cuarto, por favor háganmelo saber, con mucho gusto arreglaremos el asunto.

El jovencito estaba algo nervioso al ver a la gran jefa en la recepción, esto no solía suceder y el sentía que la voz se le comenzaba a quebrar.

Val se dio cuenta de que estaba causando incomodidad en el personal, no quería que nada saliera mal y optó por retirarse un poco para dejarlos trabajar tranquilamente. Tomó de la mano a Chantal para llevarla afuera.

—Ven, mejor salimos, después yo te llevo a tu cabaña, y no te preocupes por el equipaje, Jimmy sabrá que hacer con él, por lo menos eso espero —lanzó una mirada sobre su hombro al muchacho, que entendió perfectamente lo que tenía que hacer, claro que le temblaban un poco las manos por el intercambio de miradas con la jefa.

—Te tienen… ¿miedo? —inquirió Chantal pasando gustosa su brazo por la cintura de Val, mientras ésta le ponía el suyo al hombro.

—Eso espero, ¡hey, no me veas así!, es una broma, aunque creo que sí me temen un poco… y no se por qué, yo soy una santa, ¿verdad? —sonrió con picardía y la rubia lo entendió muy bien.

Val condujo a Chantal hasta su jeep y le abrió la puerta, antes de que ésta entrara se acercó y le dio un beso apasionado, era justo lo que las dos estaban necesitando.

—Hey… te extrañé, ¿quieres conocer mi mundo?

—Claro que sí… y ¿sabes?, yo también te extrañé —contestó la rubia.

Tomaron un camino lateral hasta llegar a una pequeña plaza con una fuente en el centro, ésta se encontraba en un patio interior y no tenía acceso a los turistas —por lo que pudo apreciar Chantal—, junto a la fuente había unas parras y bajo ellas se encontraban dispuestos unos sillones y unas mesas, todo adornado con hermosas jardineras y con faroles que comenzaban a encenderse a su paso, a pesar de que todavía el sol estaba afuera. Val condujo a Chantal a uno de los sillones.

—Debes de estar cansada, ¿verdad?, ¿quieres tomar algo? —le dijo mientras con un gesto llamaba a un salonero que salía de una de las casas al verlas llegar, al parecer de la principal del conjunto.

—La verdad es que sí, estoy muerta, y gracias, te acepto un vino… ¿vino blanco?, porque pedir agua aquí sería un pecado, ¿no?

—Muy graciosa. Joseph, por favor, nos traes un par de copas de mi cosecha especial… y después te puedes retirar.

—¡Este sitio es hermoso! Me da la impresión de estar en Italia.

—De eso se trata, queremos crear esa ilusión, aparte de que para la familia es importante estar en contacto con nuestras raíces, a pesar de la distancia —terminó bajando la mirada y Chantal entendió que estas últimas palabras la entristecían, pero pensó que éste no era el momento oportuno para preguntar nada, quizás más adelante la morena misma le contaría su historia.

—¿Tú vives en esa casa? —señaló a la cabaña situada detrás de ellas.

—Ajá, es mi casa, ¿la quieres conocer ahora?

—Luego —sonrió Chantal.

—Ok… mm… la grande que tienes a la derecha es la de mis tíos, las de atrás son de los administradores, pero ellos no tienen acceso directo a esta parte, sólo mis tíos y yo, ¡claro! Sam la mandó construir para mí hace unos ocho años, antes vivía con ellos, pero ahora ya soy 'grande' y necesito mi independencia…

—Sí, grande, definitivamente… grande… —Chantal se acercó a la morena y le tomó la cara para besarla.

Val respondió con gusto, al rato se levantó y guió a la rubia consigo.

Recorrieron todos los sitios preferidos de la morena y tras disfrutar de un hermoso anochecer, decidieron regresar hasta la cabaña asignada para las jóvenes.

—Amor… regreso por ti en una hora para ir a cenar, ¿te parece bien?, o ¿prefieres cenar con el grupo? —sugirió Val alzando juguetonamente sus cejas.

—¡Imagínate! —se acercó para abrazarla suavemente—. Está bien una hora, pero que no sea más, ¿ok?

Al entrar en su habitación, Chantal se sentía en las nubes, ¡definitivamente el fin de semana sería espectacular!

***

—Hola chiquita… ¡pensamos que no volveríamos a verte nunca más! ¿Dónde andabas, hmmm? ¿Se puede saber o está prohibido para menores? —enseguida preguntó Karen.

—Estaba conociendo El Rancho, mal pensada, hay tantos sitios hermosos y especiales para Val… creo que estoy hechizada con el encanto de este lugar.

—¿Con el lugar… o con la morena? —bromeó Joan desde la terraza.

—Las dos cosas —contestó Chantal riendo.

—¡Suerte la tuya nenita! No todos los días unos se encuentra con la dueña de medio mundo que claramente está a tus pies.

—No seas materialista Karen, por favor, tú sabes que eso a mi no me interesa.

—Ok, pero siempre es bueno saber que quien te mueve el piso no es un desadaptado muerto de hambre, ¿no? Bueno querida, lo interesante es que lo pases bien, ¿cierto? Y claro, también nosotras la vamos a pasar súper bien, sólo mira a tú alrededor, al parecer la morena ordenó que te trataran como una reina, y por ende a nosotras. Estoy segura de que las otras cabañas no son ni la mitad de lindas, ni tienen todas estas 'maravillas'.

En verdad la hermosa cabaña que prácticamente era una suite, tenía toda clase de sorpresas, canasta de frutas, vino, bandeja de quesos y unas lindas flores silvestres que tenían una tarjeta, Chantal la tomó para leerla.

"Bienvenida, ¡estoy feliz de tenerte aquí!

VDS"

Chantal sólo suspiró y guardó la tarjeta en su bolsillo, con una gran sonrisa en su rostro comenzó a prepararse para su noche especial.

Al rato, cuando las tres estaban casi listas para salir, alguien tocó suavemente a la puerta… Karen la abrió para encontrar a un apuesto caballero con una sonrisa de oreja a oreja.

—Ciao cara, ¿ya está lista Joanni? —era Paolo que con su simpático acento preguntaba por la pelirroja.

—¡Hey! Estás muy guapo, pasa muchacho, ¿a dónde piensas llevar a mi niñita? Sabes que debes traerla de regreso a casa antes de medianoche, y mucho cuidado en dónde pones tus manitas, ¿ok? —bromeó Karen, pero el joven, al no captar muy bien la entonación de la morena, comenzó a preocuparse. ¿S erán esas las costumbres aquí?, pensó el pobre mientras sonreía nerviosamente.

Por suerte para él, Chantal estaba escuchando la conversación y decidió intervenir para tranquilizar al muchacho.

—No le hagas caso… Karen está sólo molestándote, y hola Paolo, ¿cómo estás? —se acercó dándole la mano para saludarlo—. Joan estará lista en unos minutos más, ven, siéntate.

—Yo sé que ella bromeaba —comentó Paolo un tanto aliviado, estrechando la mano de la rubia—. ¡Es bueno verte, bella!

Mientras ellos se saludaban, se escuchó otro golpe en la puerta, esta vez mucho más fuerte que el anterior.

—Creo saber quién es esta vez —dijo traviesamente Karen.

Al abrir tenía frente a sí a una despampanante y altísima rubia, que con sólo su mirada casi la desvestía.

—Hey querida, se te ve magnífica —y sin más palabras la rubia tomó posesivamente de la cintura a Karen y le dio un tremendo beso que dejó a los espectadores con la boca abierta.

Al recuperarse la morena, y luego de arreglar su cabello un poco se giró y dio una sonrisita a sus amigos que las estaban contemplando aún sin salir del asombro.

—¡Humm, uau, qué saludo nena, justo como a mi me gusta! ¿Quieres pasar hasta que termine de arreglarme? —le tomó de la mano y le indicó un sillón en la salita.

—Hola a todos, Chantal, ¿cómo está la ovejita perdida? —dijo Shyla.

—Bueno, tanto como perdida no creo, sólo… ¡entretenida en otros lados!

—¿Qué tal Paolo, cómo vas? Veo que tan elegante y guapo como siempre, ¿sabes?, si no hubiera encontrado mi media naranja aquí presente, creo que ya estaría detrás de ti —le hizo un guiño al joven quien se puso de todos los colores.

Chantal no podía creer lo que estaba oyendo, ésta sí que era una joven lanzada, quedándose corto al describirla. Es perfecta para ti Karen, ¡ahora sí vas a probar lo que es bueno!, pensó la rubia sonriendo para si.

Enseguida salió Joan del baño y todos saludaron, ella no había escuchado la conversación y no sabía por qué su amigo estaba tan nervioso y colorado. Éste, al verla, trató de recuperarse levantándose inmediatamente.

—Cara mia… ¡sei bellíssima! —dijo el joven tomando la mano de Joan y acercándola a sus labios.

—Mmm… gracias —contestó Joan y se dirigió hacia la puerta que nuevamente sonaba.

Todos se volvieron a mirar para descubrir en ella a la imagen de la elegancia y perfección, Val, con su porte único sobresalía siempre sobre todos y esta vez no era la excepción. Lucía un hermoso traje de pantalón en seda negra que cubría todas sus curvas como un guante, sus hombros y espalda descubiertos y un escote que dejaba muy poco a la imaginación, adornado con una sencilla cadena de oro que llegaba hasta la mitad del busto, tenía su cabello recogido ligeramente dándole un aire casual y haciendo sobresalir aún más sus hermosas facciones.

—Hola… humm… ¿puedo pasar? —saludó la morena después de unos segundos en que todos la miraban sin pestañar, comenzando a sentirse incómoda.

—Claro… pasa… estás en tu casa, ¿no? —desde lejos reaccionó Karen y aclaró su garganta que de pronto se había quedado seca.

Todos, una vez que lograron salir del encanto y sonrieron con la broma, comenzaron a saludar. Chantal sentía que su corazón iba a por salírsele por la boca y no podía articular palabra. La alta morena se le acercó y le tomó de la mano dirigiéndola hacia si y le dio un suave beso en la mejilla, para inmediatamente decirle con suavidad:

—¡Estás maravillosa!, como siempre. —Los ojos azules de la morena resplandecían de emoción.

—Gracias amor, tú también estás… ¡uau! —exclamó Chantal con una hermosa sonrisa. Definitivamente esta mujer me quita el habla… ¡y eso es raro!, no parezco abogada, ¡ni siquiera llego a escolar! Diablos, ¿dónde quedó mi famosa elocuencia?

Al verse todos en la pequeña salita, en una situación un tanto incómoda y dando la apariencia de jovencitos en su primera cita en grupo, comenzaron a reír con gusto.

—Bueno muchachitos —dijo Karen—, basta de tantas sonrisitas y vamos a pasarla bien, ¡ah! y mucho cuidado, pórtense bien y no hagan nada que yo no vaya a hacer… eso les da un buen margen de acción… mmm… ¿tal vez demasiado amplio?… —bromeó fingiendo preocupación.

Todos volvieron a reír y salieron con sus respectivas parejas, la noche estaba hermosa y el ambiente definitivamente era encantador, se dirigieron a la plaza central donde todo se encontraba iluminado con pintorescos faroles, había músicos y pequeños restaurantes a lo largo de la calle principal.

Con el pasar de los minutos, la zona se iba llenando de turistas, que eran distribuidos de acuerdo a sus respectivos grupos en diferentes restaurantes.

El grupo de Chantal y sus amigas llegaron hasta un pequeño y hermoso local, al más puro estilo campesino. En vista de que los participantes del tour post-convención eran muchos, prácticamente todo el complejo lo llenaban abogados de IBA, lo cual resultaba muy agradable ya que después de haber pasado una semana juntos se conocían y muchos habían entablado amistad.

Ése era el caso de los ocupantes de la mesa de las tres jóvenes amigas, cada una con su pareja y unas cuantos colegas más de diferentes partes de Estados Unidos y otras naciones. Pasaron unos momentos muy agradables conversando y saboreando las deliciosas especialidades del local. Val se disculpó unos minutos y después de dar un dulce beso a Chantal salió hasta la recepción.

—Hola Mark, ¿me prestas tu línea interna, por favor? —pidió Val al administrador de 'Il Grillo'.

—Claro señorita Di Stefano, aquí la tiene.

—Gracias —tras unos instantes y al recibir contestación del otro lado de la línea—: Hola tía Vivi… sí todo está bien… no, no te preocupes… estoy en la Villa con unos amigos… hmm… sí, ya comí… sí, todo estuvo perfecto, como siempre… mmm… ¿puedo pedirte un favor?… ¿estás muy ocupada en este momento?… bueno es que quiero que conozcas a alguien… ajá, es ella… la quiero llevar hasta allá para presen… no… voy… ¡ok!, está bien… ¡te espero! — No me dejó ni acabar la frase… parece que tiene curiosidad, sonrió.

Al ir de camino a su mesa se preguntó por qué quería que su tía conociese a Chantal. Fue un impulso llamarla, ¿qué raro? ¡Pero quiero que la conozca!

Val regresó a la mesa y tomó de la mano a Chantal, se acercó para que sólo ella le escuchara y le avisó que su tía iba de camino para conocerla. Por supuesto la rubia casi se cae de la silla por la impresión, ninguna de sus otras 'relaciones' antes le había presentado a su familia, ni ella tampoco había tenido ningún deseo de conocer a nadie. Con Val todo era diferente, pero ¿quizás todo va demasiado rápido?, pensó la joven.

La morena le sonrió para darle confianza en que todo iría bien y Chantal le tomó fuertemente de la mano. Mientras, los músicos seguían tocando canciones tradicionales y esa mesa en particular era 'atendida' con el mayor esmero posible, ya que todo el personal puso lo mejor de si sabiendo que la jefa estaba entre los visitantes y NO podían darse el lujo de fallar en lo más mínimo.

En un primer momento Val había pensado en salir a cenar a solas con la joven, probablemente pedir el servicio en su casa para hacerlo en un ambiente íntimo, pero al ver al animado grupo de amigos y saber que Chantal se estaba divirtiendo, dejó que la rubia misma decidiera que era lo que ella prefería hacer. La joven optó por seguir con todos en la cena y luego tomar el 'postre' a solas, esto era algo que resultaba realmente prometedor.

Val también se sorprendía de si misma, el tener a alguien en el Rancho ya le resultaba extraño, en este caso fueron las circunstancias las que le trajeron aquí, pero querer que su familia conociera a ese alguien sí que era inesperado. Se sentía tan contenta junto a la joven, que en ese momento no le importaba lo que dijeran a su alrededor, ella que siempre se había cuidado de que no la relacionaran con nadie, nunca había querido que sus empleados tuvieran nada de que hablar y sin embargo ahora quería… necesitaba que su tía la conociera. Sus tíos y primos eran las personas más importantes en su vida, y quería que ellos compartieran su felicidad.

En ese momento, Val supo que su tía había entrado en el local ya que los empleados comenzaron a murmurar y a moverse de un lado al otro. Vivi se detuvo unos instantes en la recepción y pidió una botella de champán, la mejor del establecimiento, e indicó que la llevaran a la mesa de su sobrina, cuando ella lo solicitara.

—Hola linda —dijo acercándose a la morena y dándole un cariñoso beso en la mejilla—. Soy Viviana Di Stefano, espero que los estén atendiendo bien —saludó mirando alrededor con una encantadora sonrisa.

Todos miraron a la señora y agradecieron la gentileza, aunque Chantal sabía que no sólo se trataba de cortesía de la casa, Vivi, con su dulce sonrisa, la examinaba intensamente.

Val se puso de pie y pasó su brazo por el hombro de su tía y le dijo:

—Tía Vivi, quiero presentarte a mis amigos, Karen, Joan, Paolo, Shyla y ella es Chantal De Lancel… mmm… Chantal, ésta es mi querida tía Vivi. —Val colocó su otra mano sobre el hombro de la rubia. Ésta se levantó también y extendió su mano a la señora, los demás sonrieron saludándola.

—Mucho gusto señora Di Stefano —dijo tímidamente la joven.

—¿Señora?, llámame Vivi, ¡no soy tan vieja! Además LA señora Di Stefano era mi suegra… claro que la pobre ya murió, ¡gracias a Dios! —exclamó mirando pícaramente a su sobrina, ya que estaba hablando de su abuela, quien le echó una de sus miradas. Vivi se acercó a la joven rubia y le dio un beso en cada una de las mejillas, al estilo italiano… Chantal se quedó por unos instantes sin moverse, pero después de haber vivido durante largas temporadas en Europa, sabía de sus costumbres y sonrió.

Las amigas de la rubia estaban muy pendientes de los acontecimientos ya que sabían de qué se trataba el asunto, incluso Karen le había dado un pequeño apretón a su mano antes de que la rubia se pusiera de pie.

—¡Eres tan linda… y tan joven! ¿Cómo es que ya estás en el grupo de los abogados? —comentó Vivi.

—Gracias. Bueno en verdad… no soy tan joven como parezco y ellos… —señaló a sus colegas y amigos—… no son tan viejos… ¡como parecen!

Todos rieron animadamente, Val y Chantal respiraron con alivio, los primeros instantes en las presentaciones formales habían pasado. Vivi pidió al mesero que le acomodara un sitio en la mesa y que le trajese el champán.

—Chicos, los voy a acompañar un rato, si es que no tienen inconveniente. —Todos aseguraron que no.

—Tía Vivi… ¿a qué se debe el champán? —preguntó Val.

—Estás feliz y quiero brindar por eso… ¿puedo? —contestó su tía.

—Síp… tienes razón… debemos brindar por eso, pero sobre todo por la causante de eso… —dijo Val mirando fijamente a Chantal.

Alzaron sus copas y brindaron.

—Niña, o es una tremenda coincidencia o ¿tú eres familia de los De Lancel de Valmont? —inquirió intrigada Vivi.

—No, no es coincidencia, mi bisabuela fue Eve De Lancel —aseveró la joven muy orgullosa.

—¡Hey, eso merece otro brindis, qué bueno tenerte en nuestra casa! —y dirigiéndose a Val dijo sonriendo—: nena, ¿por qué no me avisaste de que esta preciosura era de la aristocracia vinícola?

—La verdad, tía Vivi, tú y yo aún no hemos tenido tiempo de conversar de nada —se disculpó.

—Tienes razón, pero cuéntame jovencita, ¿tú de quién eres hija? ¿Cómo está Delphine?, no la he visto desde hace como… mm… diez años, la última vez que estuvimos juntas fue en una reunión de vinicultores en Verona y luego de eso supe que tuvo serios problemas de salud.

—Yo soy hija de Anne, la hija mayor de Freddy, y sí, lastimosamente mi tía abuela sigue delicada de salud, su corazón no le permite realizar ningún esfuerzo y hasta sus reuniones tan queridas ya han quedado en el pasado. Pero ¿sabes Vivi?, yo estuve con ella en aquella reunión que mencionas, acababa de graduarme en colegio y fui a pasar una temporada en Francia con la familia, antes de comenzar la Universidad, coincidió el viaje y quise acompañarla junto con una de mis primas mayores. Recuerdo que fue una experiencia maravillosa, ¡tu tierra es en verdad bellísima!, nunca olvidaré los campos cerca de Bardolino, el fascinante lago de Garda, ¡ah! y tampoco una de mis primeras borracheras, ¡con nada menos que un Chianti…! —con estas declaraciones Chantal había conquistado definitivamente a Vivi, ésta ya no cabía en si de tanta alegría.

La jovencita era hermosa, inteligente, conversadora tanto o más que una italiana, definitivamente adinerada, pero sobre todo era también una conocedora del vino y de sus raíces… ¿qué más podía pedir para su sobrina? ¡Dios, qué dulce es la vida!, pensó Vivi.

Las dos siguieron conversando animadamente largo rato, Val se limitaba a mirarlas y sonreír al verlas tan entretenidas mientras mantenía su brazo sobre Chantal, de vez en cuando su tía se apoyaba sobre su brazo al preguntarle algo o al hacer referencia a algún asunto, y la morena contestaba con un gesto o una sonrisa, no había necesidad de nada más, las dos habían encontrado su pareja perfecta para hablar. De rato en rato también se incluían Karen y Paolo, aprovechando Vivi para hablar italiano con el joven, que también resultó ser un buen conocedor de vinos.

Los brindis seguían por cuenta de la casa, y todos los miembros de la mesa estaban disfrutando mucho del ambiente del lugar, al cabo de un par de horas y queriendo seguir con el aire festivo todos acordaron seguir la reunión en un bar. Vivi se despidió de los muchachos y dio un abrazo muy cariñoso a Val y Chantal, a quien invitó para el almuerzo en su casa al día siguiente.

Salieron y Val tomó de la mano a la rubia, fuera, como era de esperarse, los festejos apenas comenzaban y todos estaban más que dispuestos a pasarla bien.

Karen no había tenido tiempo aún de salir del restaurante cuando sintió un buen apretón de su explosiva compañera, por lo que apenas hizo un gesto con la mano y la pareja se perdió en la multitud. Por su lado Joan también tomada de la mano de su caballero se unió al grupo que iba hacia el bar y preguntó a Chantal si ellas venían.

—¿Quieres ir, linda? —preguntó Val casi temiendo la respuesta.

—Nah, creo que nosotras tenemos otros planes para el postre, ¿verdad nena? —Chantal guiñó el ojo a la morena, quien dio un suspiro de alivio y una gran sonrisa.

Se despidieron de sus amigos y fueron en el otro sentido.

Tomaron el jeep de Val y se dirigieron hacia su casa, que estaba iluminada para dar un aire homogéneo a toda la zona, a pesar de su ubicación en un área privada podía ser observada desde lejos. Saludaron a los guardias en la puerta del complejo.

Al entrar Chantal recorrió con su mirada el vestíbulo y le pareció hermoso, mantenía el mismo estilo en la decoración de todo el Rancho, que venía a formar una pequeña campiña italiana extendida en el magnífico valle de California.

—Ven nena, te doy un pequeño tour por mis dominios, jaja —tomó de la mano a la joven y bajaron un par de escalones de piedra, entraron hasta una sala dominada por una gran chimenea, asientos de piel negros que lucían tremendamente cómodos, llenos de cojines en colores tierra, muchas plantas y varias mesitas con lámparas ya encendidas, alfombras en diferentes tonos que iban de acuerdo a la decoración y bajo éstas un impecable piso de madera obscura. Los ventanales que cubrían toda la pared posterior daban a una terraza.

Pasaron hacia el comedor, que igualmente era hermoso pero se notaba que no tenía mucho uso, luego por un costado se entraba en la cocina, con menos uso todavía, pero sin lugar a dudas un sitio pensado en brindar las mayores comodidades posibles a su usuario. Disponía de todo tipo de utensilios, muebles acompañados de plantas y ventanales que bordeaban la misma terraza que la sala. Tenía un pequeño desayunador con taburetes altos, la rubia pensó que seguramente era aquí donde Val comía.

La morena le dijo a Chantal que hacia el otro extremo de la cocina estaba el cuarto de servicio y la bodega, por lo cual podían pasar por alto esa parte.

Subieron y enseguida encontraron una salita muy acogedora con una gran televisión y un equipo de música muy moderno, una de sus paredes la cubrían premios y diplomas, la joven se acercó para ver de qué se trataban, eran reconocimientos de calidad de empresas vinícolas, varios premios de concursos nacionales e internacionales con primeros y segundos lugares, certificados de participaciones como jurado y muchas cosas más, todas a nombre de Valentina Di Stefano. Tras un mueble divisorio había una oficina con su computadora y miles de papeles por todos lado, también había un gran librero, la rubia miró sus estantes y pudo leer varios títulos de finanzas, mercadeo, administración de empresas, ventas, la mayoría por descontado de vinos y todo lo relativo a ellos, otros tantos de Italia y lo que de seguro era una colección de novelas o algo así en italiano, también vio varios de mitología griega… esto último le llamó la atención y tomó uno de ellos.

—¿Sabes Val? Uno de mis pasatiempos es la mitología griega, ¡es extraño encontrar a alguien que tenga también ese gusto! —dijo Chantal admirada.

—Sí que es extraño, pero ahí lo tienes, también es mi pasión, bueno, una de mis pasiones…

—Y… hmm… ¿cuáles son las otras? —preguntó la joven mientras regresaba el libro a su sitio y se viraba sonriendo hacia la morena.

Enseguida Val la tomó entre sus brazos y le dijo casi como un murmullo:

—Ya sabes que una es el vino y la otra, definitivamente… ¡eres tú!

—¿Yo o las mujeres en general?

—No hay 'mujeres' en mi vocabulario, así que menos en mi vida, ahora sólo estás tú y tengo toda la impresión de que serás una pasión muy fuerte —comentó Val con una voz suave pero muy segura, acercándose hasta rozar sus labios con los de la joven, quien instantáneamente puso sus manos alrededor del cuello de la morena para guiarla aún más cerca y tomar sus labios con fuerza.

Al separarse escucharon la respiración agitada de las dos y sonrieron, Val la dirigió hasta el corredor en donde le indicó con un gesto de su mano que la puerta hacia la derecha era una habitación de huéspedes y la otra hacia la izquierda era la suya.

Cuando abrían la puerta, escucharon un timbre en la oficina, era un intercomunicador. Val regresó a su escritorio para contestar.

—¿Qué pasa? —contestó molesta, presionando el botón.

—Val, soy Pietro, tenemos un código S en el área 12 y sabes que seguridad no actúa sin tu autorización, ¿qué hago?

—Mmm… diablos… tenían que fastidiarme con una bobería así. Llama a Richard y los encuentro aquí en dos minutos. —Val cerró los ojos y respiró profundamente antes de hablar.

—Nena, discúlpame, nuestro postre tendrá que esperar unos minutos, te prometo que trataré de solucionar el problema lo más rápido posible, ¿ok? Por favor, siéntete en tu casa y trata de esperarme… mmm… ¡despierta! —dijo Val con una expresión de preocupación—, ¿o preferirías que pida a alguien que te acompañe a tu cabaña hasta que yo me desocupe?

Mientras hablaba entró en su dormitorio para cambiarse, tomó de su vestidor unos jeans y una camiseta, entró al baño para en instantes salir lista.

—No, no te preocupes por mi, estaré bien aquí, ve tranquila, ¿sí?… mmm… yo aprovecharé el tiempo para curiosear… ¿puedo?

—Claro que puedes curiosear, pero cuidado con mi colección de tortuguitas.

—¿¡Quéee!?

—Síp… ¡tortuguitas! —Las dos bajaron riendo y se dieron un beso antes de abrir la puerta. Al ver a sus ayudantes afuera, Val inmediatamente cambio la expresión de su rostro y les dio una mirada mortal.

—Vamos… ¡inútiles! —les dijo, mientras se dirigían hacia el auto que los esperaba.

Chantal cerró la puerta y dio un gran suspiro, las cosas no estaban saliendo como ella hubiese querido, pero eso no significaba que dentro de poco no cambiaran, y la espera definitivamente valía la pena. Ya lo sabía por 'experiencia'.

Ahora el asunto es mantenerme ocupada para no quedarme dormida, porque después de todas esas copas de vino con Vivi y el viajecito, mis defensas están bajas. Bueno, veamos… mmm… ¿qué puedo hacer? Primero voy a conocer el dormitorio de mi nena, ya que antes me quedé en la mismísima puerta.

¡Vaya, esto sí que está lindo!, pensó Chantal al entrar en una habitación magníficamente decorada y muy funcional, ¡justo como su dueña, bella y práctica!

El lugar tenía unos ventanales inmensos, en los que lastimosamente no se podía apreciar el paisaje al estar todo muy oscuro, al centro una cama — muy tentadora, ¡por su comodidad claro!—, un par de libros en la mesa de noche, lámparas con luces tenues — perfectas, sin lugar a dudas piensas en todo, amor—, en la pared detrás de la cama un cuadro grande con dos figuras entrelazadas en colores muy suaves y casi perdiéndose entre una espesa niebla —e sta imagen sí que es sensual… o ¡es que mis hormonas están a mil por hora!—. Del otro lado una puerta que lleva al baño, sobre su mesón la ropa desarreglada que había dejado la morena en su apuro, era un traje hermoso, Chantal lo tomó e instintivamente se lo llevó al rostro aspirando la fragancia delicada y embriagadora de Val — deliciosa… ¡hmm!, creo que voy a esperarte en tu jacuzzi nena, pero y ¿si me quedo dormida con lo cansada que estoy?, no va a ser nada sexy, de hecho va a ser peligroso, ¡maldito cansancio!—, estiró la ropa y salió.

Bueno, mejor busco algo interesante en la televisión o ¿quizás un libro?, regresó al saloncito y se fijó en la selección de películas que tenía sobre una mesa, nada le llamó la atención, probó con la TV pero se dio cuenta que los ojos comenzaban a cerrársele, decidió buscar algún libro, tomó uno que hablaba de Heracles (Hércules para los romanos) y su valiente sobrino y compañero de algunas de sus aventuras, Iolaus.

Casi una hora le tomó a Val resolver el problema y al regresar a su casa era más de media noche, sus planes para cerrar con broche de oro su noche con Chantal de seguro se habían ido al traste. La joven estaría furiosa por su demora.

Al entrar se dio cuenta que todo estaba muy silencioso, entonces subió y escuchó a Enya con el volumen muy bajito en su equipo. Vio la silueta de Chantal recostada en un sillón, con su cabeza apoyada al brazo del mueble y un libro apretado a su pecho. Val silenciosamente se acercó, la joven lucía hermosa y sensual, con el cabello apenas revuelto, su figura delineada por la luz de la lámpara, la ropa que dejaba apreciar su magnífico cuerpo y, a la vez, una apariencia tierna e inocente.

La morena no sabía que hacer, le daba pena despertarla pero tampoco sabía si debía dejarla dormir allí, no era nada cómodo el sitio. Y por otro lado estaba su necesidad de tenerla en sus brazos aunque fuese tan sólo para dormir junto a ella.

Val pensó que lo mejor sería tratar de despertarla y suavemente llevarla a la cama, aunque la rubia no tenía ni la más mínima intención de moverse.

Tenía que cambiar de táctica, ¿y si comenzaba a darle unos pequeños besitos hasta que la escuchara y se levantara?

—Nena, nena, despierta por lo menos un poco, sólo hasta que lleguemos a la cama amor. —Nada, Chantal estaba fuera de este mundo.

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