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Uber » Hasta
que nos volvamos a encontrar » 04
:: HASTA QUE NOS
VOLVAMOS A ENCONTRAR ::
Fue a traer una manta para cubrirla y evitar
que sintiera mucho frío en la madrugada
y ella entró al baño a prepararse
para dormir… ¡sola!
Como era su costumbre, antes del amanecer Val
se despertó, fue al baño a refrescarse,
se puso su ropa para hacer ejercicio y salió
de su habitación. Pasó sin hacer
ruido por donde se encontraba la joven y después
de quedarse unos instantes admirándola,
bajó a la cocina a preparar café.
En unos minutos estuvo listo, tomó su jarrón
y se sirvió, abrió la puerta principal
y, como todas las mañanas, encontró
ahí su periódico, lo revisó
mientras saboreaba su bebida caliente. Al terminar
y ya cuando el cielo clareaba salió de
su casa en una suave carrera. Antes de hacerlo,
escribió una notita para Chantal por si
ésta despertaba antes de su regreso.
En el camino, como era usual, encontró
ya a muchos de sus empleados comenzando sus tareas,
el personal de limpieza siempre era el primero
ya que tenía que dejar las calles y jardines
impecables antes de que comenzase el movimiento
regular. Saludó a algunos y siguió
por su ruta habitual. Como también era
parte de su rutina, ya de regreso pasó
por casa de sus tíos, éstos siempre
la esperaban a las 6:30 a desayunar.
—Nena, estoy al teléfono ya voy
para allá —dijo su tía desde
su oficina cuando la escuchó entrar a la
casa.
—Síp… ¡voy a la cocina!
—gritó Val.
Al entrar en la cocina fue recibida por una amable
señora mayor, que la tomó por la
cintura y le dio un abrazo que le dejó
sin aire.
—Nonna, non cosi forte —le devolvió
el abrazo y la besó en la frente. La señora
no era su abuela pero todos la trataban como tal,
ella era quien se había encargado de cuidarla
desde muy niña cuando quedó huérfana.
También la nonna era quien cuidaba a los
dos primos de Val, que aún eran pequeños,
y teniendo en cuenta que sus padres estaban todo
el tiempo muy ocupados, la viejita tenía
mucho que hacer en esta casa.
—Sei cosí magra, bambina mia, debi
mangiare di piú (estás tan flaca,
mi niña, tienes que comer más) —dijo
la nonna, quien había vivido prácticamente
toda su vida en los Estados Unidos pero todavía
se resistía a hablar inglés, era
tía de Sam y aún hoy hacía
las veces de madre de todos, grandes y chicos.
—Hola querida, pensé no verte por
aquí esta mañana, ¡por lo
menos no tan temprano! —advirtió
Vivi con una pícara sonrisa, mientras le
daba un gran beso en la frente.
—A decir verdad, tampoco yo me imaginé
estar por aquí a estar horas —refunfuñó
Val.
—¿Qué pasó amor, discutieron
por algo?
—No, peor que eso, no pasó nada
de nada porque tuve que salir a resolver un rollo
a media noche y luego… ya era muy tarde,
mi princesita estaba dormida como un lirón
—sonrió la morena.
—¡Oh, oh!, espero que hoy te vaya
mejor, porque de lo contrario… pobre del
que te llegó a interrumpir anoche, ¡lo
compadezco!, jajaja.
—Claro, tú ríe, ríe,
que ya te voy a ver como estarás de genio
en un par de días más si mi tío
no regresa… y hablando de tío, me
imagino que estabas hablando con él, ¿verdad?,
¿cómo está?
—Está bien, y me dice que de hecho
regresa mañana, señorita, por lo
que no me verás nada de malgenio ni frustrada,
como cierta personita que yo conozco…
—¿Chí é arrabiata?
¿Non la mia bambina? —preguntó
la nonna mientras les servía suculentos
desayunos y aprovechaba para darle otro beso en
la frente a Val.
Las dos rieron e intercambiaron miradas de complicidad,
si la nonna supiera de lo que hablaban hablando,
de seguro tendría un ataque… ¡la
pobre!
Val se despidió cariñosamente y
caminó hasta su casa, Chantal seguía
durmiendo y la morena no lograba entender cómo
lo hacía a pesar de la incomodidad en la
que se encontraba. Pasó hacia su baño,
se duchó y ya que era un domingo especial,
decidió no ir a trabajar… todavía.
Se puso sólo una bata de baño y
bajó para seguir revisando algunos documentos
en la terraza, confiando en que su bella durmiente
despertase pronto.
Al hacerlo, pasados unos pocos minutos, Chantal
sintió todo su cuerpo dolorido, por unos
instantes estaba confundida, luego se dio cuenta
de que se hallaba en la salita de Val, que ya
era de día, y que ella se había
quedado horriblemente dormida en una noche que
debía haber sido espectacular, que su cabeza
le dolía de lo lindo por haber bebido tanto
y que de seguro la morena estaría por ahí
solita y quizás no le perdonaría
su debilidad.
Se levantó con cuidado para no remover
más su dolorida cabeza y sintió
un delicioso olor a café fresco, en una
mesita había una taza de la humeante bebida…
mmm… ¡gracias amor! Fue hasta
la habitación de Val y no la encontró
ahí, tampoco en el baño, aunque
se notaba que hacía poco que se había
duchado —todo estaba en orden pero había
dejado una deliciosa fragancia a limón—.
Cuando todos sus sentidos empezaron a trabajar,
pensó que sería mejor buscar a la
morena abajo, pero primero debía ponerse
algo más… cómodo. Se sacó
la ropa toda arrugada, se metió a la ducha
y al rato salió fresca y casi totalmente
recuperada, en el lavabo había un estuche
nuevo con diferentes artículos de tocador,
que obviamente se había dejado Val, usó
el cepillo de dientes, luego tomó una bata
de baño que estaba en un colgador y salió.
Bajó las gradas y se quedó paralizada
ante la vista que tenía frente a si, la
terraza que recorría todos los ventanales
del piso de abajo tenía una vista espectacular
del valle, al fondo de éste se apreciaban,
entre nubes aún bajas, los fascinantes
viñedos que comenzaban a reflejar en sus
hojas los primeros rayos de sol. Resultaba como
estar flotando en las nubes. Y entre ese paisaje
estaba lo mejor de todo, Val recostada en un sillón,
con su cabello aún mojado y peinado hacia
atrás, una de sus piernas ligeramente doblada,
lo que hacía que su bata se abriera y cayera
a sus costados, dejando ver casi hasta la unión
de sus hermosas y largas extremidades, su rostro
tenía una expresión de concentración
que la hacía verse todavía más
hermosa.
Se acercó y abrió la puerta hacia
la terraza, enseguida Val regresó a ver,
dejó sus papeles y se paró a recibirla.
—Hola preciosa, espero que hayas descansado
algo, aunque la posición que tenías
no era la mejor —la tomó entre sus
brazos dándole un tierno beso en la frente.
—Discúlpame por haberme dormido…
mm… ¿por qué no me despertaste
al llegar?
—Traté, te lo aseguro, pero no lo
conseguí, y no tienes nada de qué
disculparte, todo lo contrario… soy yo quien
se demoró mucho más de lo previsto,
podías haber estado cómoda en tu
cabaña o en mi cama y no allí en
un silloncito… Pero basta de disculpas…
¿quieres desayunar, qué prefieres?
—ofreció Val tomando enseguida la
radio para llamar al servicio.
Chantal puso su mano sobre el intercomunicador
de Val y se acercó muy sugestivamente a
la morena.
Con una mano acarició el cabello húmedo
de Val y con la otra le zafó el cinturón
con que tenía sujeta la bata de baño.
La morena, que no traía nada dentro, se
quedó inmóvil por unos instantes,
sintiendo la brisa de la mañana en su piel
y a la vez la carga eléctrica de las manos
de Chantal. Unió su cuerpo al de la rubia
y ansiando tocarla también abrió
la bata de la joven, deslizó sus manos
dentro de ésta y sintió como Chantal
se estremecía al contacto de sus cuerpos.
—Estoy segura de que éste será
un desayuno magnífico… mm…
siempre me ha gustado tomarlo en la cama, y ¿a
ti? —preguntó sonriendo la joven.
—Hmm… sí… delicioso…
—Val estaba ya con la mente en otro sitio
y únicamente dio un tirón de la
mano de Chantal para guiarla a la casa.
Subieron y enseguida se encontraron una frente
a la otra, descartando sus batas y con toda la
pasión reflejada en sus miradas.
Val comenzó a saborear los labios de Chantal
y sus manos acariciaron cada milímetro
de su piel, lo que volvía loca de deseo
a la joven, que tomó una de esas manos
y la guió hasta donde más la necesitaba,
estaba lista para Val y quería sentirla
dentro de sí. Las dos se entregaron con
una pasión infinita, deseaban que este
momento no acabara nunca… disfrutarlo a
plenitud hasta que sólo se escucharan gemidos
de placer.
Las mujeres se mantuvieron juntas, acariciándose
y recorriendo sus pieles con manos y labios hasta
que el cansancio las venció.
***
El grupo de turistas ya estaba listo en los diferentes
transportes organizados para recorrer la propiedad,
había mucho que conocer y les habían
preparado actividades para toda la mañana.
Karen y Shyla se ubicaron en la parte posterior
de una de las busetas y como éstas tenían
los costados abiertos, podían sentir la
brisa de la mañana que las refrescaba.
La alta rubia se apoyó en el hombro de
Karen para seguir durmiendo unos minutos más,
ellas habían pasado una noche salvaje y
ahora pagaban las consecuencias.
Joan y Paolo se sentaron al otro costado y estaban
casi en iguales condiciones que sus amigas, la
única diferencia era que esta pareja, a
pesar de su cansancio, sí quería
aprovechar el tour al máximo.
La morena, al ver a su amiga, le guiñó
el ojo y le preguntó solamente moviendo
los labios por Chantal, la pelirroja le hizo un
gesto con la cabeza para indicarle que no sabía
nada de la pequeñita.
Por supuesto Chantal perdió el tour, pero
de seguro no le importó hacerlo, ella en
ese momento estaba en los brazos de quien más
deseaba en la vida.
Esa mañana fue realmente especial para
las tres amigas. Karen y Joan junto a sus respectivas
parejas conocieron sitios hermosos, disfrutaron
de sus paseos y degustaron una gran variedad de
platos y las mejores cosechas de vinos de la zona,
aprovecharon al máximo su fin de semana
con Vidissa. Por su lado Chantal también
conoció lo inimaginable, disfrutó
todo y definitivamente degustó y saboreó
la más grande variedad de emociones que
las mágicas manos de Val le podían
ofrecer, no cabía duda que ella aprovechó
su fin de semana con igual o mayor intensidad
que sus amigas.
Tras un merecido descanso, Val y Chantal tomaron
un baño y decidieron salir hacia la cabaña
de la joven para que ésta se cambiara,
ya que tenían que ir a casa de su tía
y además quería dejar un mensaje
a sus amigas, que según la morena regresarían
al Rancho en un par de horas.
Al llegar a la casa grande, la rubia vio con
admiración lo hermosa que era la propiedad,
que mantenía el mismo estilo arquitectónico
de todas las demás y era igual de bella
que la de Val, aunque más grande. Al entrar
en el salón se percató inmediatamente
de que sí tenía una diferencia con
la otra casa, ésta lucía llena de
detalles que le daban un toque familiar, tenía
fotos, adornos, juguetes regados por doquier y
sobre todo estaba llena de ruidos.
Uno de ellos se acercaba peligrosamente a ellas,
desde las escaleras se escuchaba un gran alboroto.
Unos pequeñitos que prácticamente
eran las réplicas de Val se acercaban corriendo
a la morena, el más grande de los dos se
abrazó a las piernas de la mujer casi haciéndole
perder el equilibrio, mientras el más pequeño
luchaba por alcanzarlo y darle de golpes, según
daban a entender sus gritos.
Tras unos momentos de confusión, Val logró
tomar de los brazos a los dos pequeños
y luego de darles un suave jalón de orejas,
se los quedó mirando hasta que éstos
se quedaran quietos y en silencio. Al instante
todos rieron y ella los abrazó cariñosamente,
dándoles a cada uno varios besos.
—Ahora que por fin están callados,
¿quieren ser tan gentiles y portarse como
unos caballeritos saludando a Chantal? —les
dijo sonriendo.
—Mmm… hola, ¿quién
eres? —preguntó a la rubia el más
pequeñito.
—Hola… yo soy amiga de Val…
y ustedes ¿cómo se llaman?
—Yo soy Sam Di Stefano Jr, y este enano
es Marco —anunció el grande con mucho
orgullo en su voz.
—Hey… yo no soy ningún enano…
y ya vas a ver cuando te alcance… —los
dos salieron una vez más corriendo y gritando
de la sala.
Chantal no había tenido tiempo aún
de asimilar el huracán que acababa de pasar
cuando desde algún lugar de la casa se
escucho otro tipo de gritos en lo que definitivamente
no era inglés. Val tomó la mano
de la joven y después de darle una sonrisa
y un guiño, la guió hacia lo que
debía ser la cocina, ya que de ella salían
unos aromas exquisitos.
—Ya conociste a los diablos de la casa,
esos niños son nuestra perdición,
hacen de nosotros lo que les da la gana. Vamos,
ahora conocerás al resto de la familia
—le dijo la morena dándole un apretón
a su mano.
Al entrar en la cocina, la rubia apenas tuvo
tiempo de mirar alrededor ya que enseguida una
dulce señora con cabello gris se abalanzó
a besar a Val y comenzó a hablar tan rápido
en italiano, que Chantal a pesar de saber algo
de ese idioma casi no podía entenderla.
—Nonna… ésta es mi querida
amiga Chantal, Chantal, ésta es mi nonna
—presentó la morena con una gran
sonrisa, separándose un poco de la señora.
—Mucho gusto señora… —la
rubia extendió su mano para saludarla,
pero ésta la tomó y también
la abrazó dándole los besos respectivos.
—¡Ma Dio! ¡Che bella bambina!
Chantal sonrió de entre los brazos de
la mujer mayor, la misma que inmediatamente siguió
con su discurso sobre algo de la pasta que ya
estaba lista y que nadie venía a sentarse
a la mesa y que los niños no la obedecían
y que fueran a traerlos, mientras daba órdenes
a una jovencita que desde la estufa la miraba,
al igual que el mesero que estaba ya listo para
pasar las fuentes desde el otro extremo de la
cocina hacia el comedor principal.
¡Madre mía que confusión!,
pensaba la rubia mientras la morena le decía
al oído que no se preocupara, que no todos
estaban locos en esa casa.
Por alguna de las puertas entró la señora
que había conocido la noche anterior, Vivi.
Ella con una gran sonrisa se les acercó
y las saludó muy cariñosamente,
mientras llamaba la atención a la abuela.
—Basta nonna, que estás asustando
a nuestra invitada, ¡deja de gritar! Hola
querida, ni te pregunto cómo estás,
con tanto grito querrás salir corriendo
¿no? Eso me pasa a mi casi siempre —sonrió—,
ven vamos a tomar algo antes de sentarnos a comer
—enseguida hizo un gesto al joven para que
las siguiera al salón y les sirviera unos
aperitivos.
—Vivi, tienes unos niños preciosos,
y se parecen mucho a Val, ¿verdad? También
la casa es hermosa —observó la rubia.
—Bueno, la tienes a la orden, y lo de que
mis diablitos se parecen a su prima… pues…
¡lastimosamente es verdad! —bromea—.
¿Sabes?… los Di Stefano tienen unos
genes muy fuertes, el 99% de los que yo conozco
tienen exactamente los mismo rasgos, ya viste
a la nonna, los mismos ojos y la misma sonrisa
devastadora.
—Hablando de nonna… —interrumpió
Val—, creo que en unos minutos más
nos va a matar por no ir a la mesa pronto, quiere
que todos estemos a las 12:30 en punto listos
para comer, así que mejor no la hacemos
esperar… ¿llevamos nuestras bebidas
para allá?
—Síp, tienes razón, no quiero
sentir su furia sobre mí, ¿dónde
están los niños, Sandy? —se
dirigió Vivi a una jovencita que acababa
de entrar.
—Lavándose las manos, señora,
los traigo enseguida.
Pasados unos minutos, todos estaban ya a la mesa
y disfrutando de las deliciosas especialidades
de la nonna, ella casi no se sentó a comer
ya que se sentía muy preocupada con que
se sirviera la comida y todo fuera perfecto. Los
niños se sentaron junto a su madre y no
se cansaban de hacer preguntas a Chantal, por
lo que la rubia dedujo que no era muy usual que
Val llevara a nadie a su casa… muy interesante,
¡síp!, pensó la joven.
Ella también les hacía preguntas,
por lo que supo que el mayor tenía 8 años
y el pequeño 6, que estaban en la escuela
en Sonoma, que su nana era Sandy y que la abuela
no los dejaba hacer nada, que papi estaba en Chicago
y que llegaba mañana, que Val los hacía
jugar en la piscina y los llevaba a cabalgar muchas
veces.
Al terminar las tres pasaron a la terraza para
que allí les sirvieran el café,
ésta tenía la misma vista fabulosa
del valle, y Chantal no se cansaba de admirarla.
Siguieron conversando por algún tiempo
y luego Vivi se disculpó, tenía
varios asuntos que atender. Se despidieron ya
que después Chantal tendría que
viajar y Vivi le hizo prometer que volvería
pronto al Rancho, pero esta vez para quedarse
más tiempo, con un guiño se alejó.
Las dos se mantuvieron un buen rato en silencio,
Val ya se había dado cuenta del cambio
de ánimo en la joven y ella misma comenzaba
a sentirse un tanto melancólica. Ya eran
casi las dos de la tarde y en un rato más
los grupos regresarían al Rancho luego
de su tour, debían comenzar a preparar
su equipaje y salir hacia San Francisco en la
tarde.
Chantal y sus amigas tenían su vuelo programado
para las 8:00, por lo que viajarían gran
parte de la noche, el tiempo les estaba resultando
realmente corto.
—Nena… ¿quieres pasear por
un rato? Vamos, te enseño un sitio especial
para mí y luego regresamos a tu cabaña,
¿si? —preguntó a la joven
mientras la abrazaba.
Tomaron el jeep y salieron hacia el camino principal,
tras apenas unos pocos kilómetros, llegaron
a una colina en donde estacionaron. Val tomó
de la mano a la joven y anduvieron hacia un gran
árbol que con sus ramas proporcionaba una
refrescante sombra, por supuesto desde aquella
cima se podía apreciar en toda su magnitud
el espectacular paisaje.
La morena abrazó fuertemente a la joven
por la espalda y así se arrimó a
un gran árbol, pasando sus manos alrededor
de la cintura de Chantal y apoyando el mentón
sobre su cabeza, comenzó a hablarle de
sus travesuras cuando era pequeña, y que
a este sitio ella siempre venía a esconderse
para que su nonna no la pudiese regañar
por alguna diablura que había hecho con
los muchachos del Rancho. Val trataba de que Chantal
se animara un poco haciéndola reír
con sus anécdotas.
La joven sentía que algo muy fuerte le
pasaba con Val y que en esta ocasión no
sabía cómo conseguir que las cosas
no le afectaran tanto, desde ya sentía
que sus ojos se nublaban a cada instante y se
le hacía difícil disimular cuando
su voz se quebraba. Mientras ella trataba de controlar
sus emociones, la morena seguía hablando,
y al notar que no tenía respuesta a alguna
pregunta que hizo, bajó su cabeza para
ver a la joven… y vio como sus mejillas
estaban húmedas con las lágrimas
de la chica. Enseguida la giró sobre sus
brazos y comenzó a besarla tiernamente
sobre sus párpados mojados y luego en sus
labios. Chantal no pudo contener más su
tristeza y comenzó a llorar, se mantuvieron
abrazadas por largo rato, Val seguía susurrándole
que no tenía que preocuparse ni estar triste,
con dulces palabras y suaves besos la morena consiguió
que Chantal volviera a sonreír.
Ya era casi la hora de regresar, Chantal quería
guardar en su memoria para siempre este hermoso
momento junto a Val, sabía que estaba enamorada
como nunca antes lo había estado y que
sin lugar a dudas le traería mucho dolor,
no sabía hasta qué punto la morena
le correspondía, tal vez para ella esto
sólo era un fin de semana más. La
joven se limpió la cara y alzó su
mirada hacia los penetrantes ojos azules, en ellos
vio sinceridad y quiso confiar, de todas formas
ya les había entregado su corazón.
La besó con toda la pasión de la
que era capaz, mientras sus manos la acariciaban
insaciablemente, y ya cuando Val no podía
sostenerse con sus propias piernas, se retiró
y comenzó a caminar de regreso hacia el
auto.
—¡Uau!, eres tremenda, mira cómo
me dejas, y ahora te vas como si nada hubiera
pasado… hey… ¡espérame
que yo no puedo reponerme así de fácil!
—decía la morena mientras trataba
de alcanzar a la joven.
—Eso fue para que recuerdes el PORQUÉ
debemos volver a vernos pronto —rió
Chantal subiéndose al jeep.
Karen y Joan ya tenían sus equipajes listos
para cuando Chantal llegó a la cabaña,
también habían alistado las cosas
de la rubia, porque tenían poco tiempo.
Cuando empezaban a preocuparse por su demora,
vieron aparecer al jeep en la calle principal.
Los guías comenzaron a reunir al grupo
y a acomodarlos en los diferentes buses que los
llevarían de regreso a San Francisco.
—¡Hey enana, ya pensé que
te habías perdido entre los viñedos!
¿Dónde diablos estabas, es muy tarde?
—preguntó Karen un tanto acalorada.
—Tranquila, el bus de seguro no me iba
a dejar, ¿o acaso te olvidas que estaba
con la dueña? ¿Cómo les fue
en el paseo? Mmm… veo que están todas
bronceaditas, ¿mucho sol?
—Síp… estaba bien fuerte…
y tú en cambio, ¿nada de sol?, y
por lo que veo… muchas lágrimas…
¿no? —dijo Joan a la rubia.
—Ya sabes como soy… bueno, amigas
creo que nos están llamando a nuestro bus.
Karen se acercó a Val a despedirse y lo
mismo hizo Joan.
—Bueno chica, creo que nos volveremos a
ver algún día de éstos, por
lo menos eso es lo que todas
esperamos… —dijo Karen mirando directamente
a Chantal y manteniendo su mano fuertemente apretada
a la mano de Val, ésta sólo sonrió
entendiendo perfectamente la 'indirecta' y por
supuesto la preocupación de la mejor amiga
de la rubia.
—No te preocupes, nos veremos pronto, mientras,
por favor cuida a la nena por mí, ¿ok?
—pidió Val con toda la seriedad que
podía transmitir a Karen en su mirada—,
y no dejes que ande por ahí haciendo ojitos
a nadie… ¡hmm! —trató
de bromear para aliviar la tensión de la
despedida.
—Ciao guapa, cuídate tú también
y gracias por todo —se alejó Karen.
—Hey… no te preocupes por Chantal,
tiene quien la cuide, nos vemos, ¿no? —se
despidió Joan mientras subía al
bus.
—Síp, definitivamente nos vemos…
y buen viaje —contestó Val que inmediatamente
volvió los ojos sobre Chantal, la tomó
entre sus brazos sin importarle que medio ViDissa
y sus alrededores estuvieran viéndola,
se abrazaron fuertemente y sin que Chantal pudiera
evitarlo, nuevamente sus lágrimas comenzaron
a salir.
—Amor, por favor, no llores… mm…
nos veremos pronto… es más, casi
estoy segura de que en el feriado estaré
por ahí. Prométeme que me llamarás
al llegar, quiero saber cómo estás
cada minuto del día, ¿ok?…
y cuídate, ¿si? —dijo Val
mientras le daba un beso en los labios.
Chantal no podía hablar, su voz no respondía
a pesar que quería decirle muchas cosas
a la morena, sólo pudo contestarle con
un beso muy sentido y acariciarle el rostro por
última vez, antes de subirse al bus.
Enseguida Joan la abrazó haciendo un gesto
a Paolo para que se sentara al otro lado, en este
momento la pequeña la necesitaba.
CAPÍTULO III
Lo realmente difícil era concentrarse
en el trabajo y sobre todo, superar de alguna
forma la nostalgia de la separación en
esta primera semana.
Esa tarde Chantal esperaba ansiosamente la llamada
de la morena que le confirmase su viaje para el
próximo feriado, tenía que volver
a verla aunque fuera por unas pocas horas, eso
la ayudaría a seguir adelante.
—Chantal… tienes una llamada de la
Srta. Di Stefano, ¿la puedes atender? —preguntó
su asistente por el intercomunicador.
—Sí, pásala por favor.
—Hola cariño, ¿cómo
está mi abogada preferida? —preguntó
juguetonamente Val al otro lado de la línea.
—Bien amor, ¿cómo estás
tú?… ¿qué buenas noticias
me tienes?… ¿podrás venir?
—Mmm… lastimosamente se me complicaron
las cosas por aquí, pero ¡hey nena!,
la próxima semana creo que sí estaré
libre y disponible sólo para ti…
mmm, ¿estás bien? —preguntó
la morena al no escuchar ningún sonido
de su interlocutora
—¿La verdad?, ¡no!, me habría
gustado mucho tenerte por aquí aunque fuera
este par de días, pero si no puedes…
¡esperaré!
—Hey… sólo serán unos
días.
Las dos siguieron conversando por unos minutos
más a pesar de que el buen ánimo
de Chantal se había esfumado, Val no quiso
insistir y pensó que lo mejor era dejar
las cosas así.
Al cerrar la comunicación, la morena se
quedó pensando en los motivos reales para
no ir a Boston, era verdad que tenía mucho
asuntos pendientes y que un par de ellos requerían
de su presencia, pero también sabía
que si hubiese querido los habría pospuesto.
Entonces ¿por qué no lo hizo? La
verdad es que estás aterrorizada por el
giro que está tomando este asunto, tienes
pavor a enamorarte de Chantal y después
complicarte la vida para siempre… pero…
mm… ya estás enamorada, ya no puedes
dejar de pensar en ella ni un instante, entonces
¿por qué no darte una oportunidad?
¡No! No puedes hacerlo Val, es mejor que
mantengas la cabeza en su lugar y simplemente
la pases bien, como siempre… esta chiquilla
no tiene por qué cambiar el rumbo de tu
vida, está bien así, tranquila,
con la familia, el trabajo y… tu soledad.
Los días se convirtieron rápidamente
en semanas y con un pretexto o con otro, Val siempre
daba largas a su visita a Chantal, ésta
por su parte, comenzó a sentir ese distanciamiento
en la voz de la morena y por ningún motivo
quería ser ella la que demostrara debilidad.
Y a pesar de sentir una tremenda tristeza por
no ver más a Val, se daba cuenta de que
su vida tenía que seguir y que lo que pasaron
aquel fin de semana fue hermoso, pero obviamente
sólo fue eso para Val. Su orgullo tampoco
le permitiría 'rogar' a nadie por un poco
de atención. Era lógico pensar que
las cosas no tendrían mayor futuro…
su carrera apenas comenzaba y tenía que
dedicarle toda su energía, no podía
sacrificar todos esos años de entrega total
a sus estudios y a esa vida profesional que despuntaba,
por algo incierto que, aunque maravilloso y sin
lugar a dudas único, no sabía si
tendría alguna esperanza de continuar.
Sus intereses eran totalmente diferentes y aunque
sentía algo realmente fuerte, no podía
negar que la vida real era más complicada
que unas pocas horas de fantasías.
Chantal seguía repitiéndose estos
razonamientos una y otra vez hasta que llegaran
a ser su consuelo y su fuerza, sabía que
una vez más su corazón la había
traicionado y que aunque se lo había propuesto,
no había logrado mantener su mente 'fría
y calculadora'. No quería tampoco demostrar
cuanto la afectaba frente a sus amigas, recordaba
perfectamente las advertencias de Karen y no quería
volver a escuchar la famosa frase de 'te lo dije'
otra vez, por lo que el sufrimiento se quedó
muy dentro de su corazón y las paredes
de su habitación, donde podía desahogarse
en aquellas largas y solitarias noches en las
que el sueño la evadía por completo
y podía cubrirse la cara con la almohada
para que nadie escuchara su llanto. Por lo menos
eso era lo que ella creía.
La llamadas de la morena cada vez se espaciaban
más y aunque algunas veces la joven también
la buscaba (cuando la tristeza se hacía
insoportable), la relación definitivamente
no era la misma. Conversaban, reían, se
contaban un par de cosas y los lapsos de silencio
se hacían cada vez más evidentes,
hasta que se despedían con una sensación
extraña, como si ni siquiera quedara entre
ellas ya ni una bonita amistad.
***
—Esa jovencita es perfecta para ti, no
sé, francamente, qué es lo que te
pasa, ¡VALENTINA!… ¿me estás
escuchando? Eres la mujer más cobarde que
he visto en mi vida… y mira que he conocido
a muchas, fíjate que estás punto
de perder quizás tu única oportunidad
de ser feliz —Vivi gritaba a una puerta
cerrada, tras la cual estaba hundida en una montaña
de papeles su sobrina.
—Ajá… —fue la única
respuesta que la mujer obtuvo y perdiendo por
centésima vez la paciencia, pasó
refunfuñando hacia su oficina.
Al encontrarse en el corredor con Patty, la secretaría
de Val, ésta le hizo un gesto con los hombros
en los que demostraba lo desconsolada que también
se sentía. Su jefa cada vez estaba peor,
lo que al comienzo fueron unas pequeñas
sonrisas de ensoñación, pronto se
convirtieron en suspiros y miradas melancólicas
hasta terminar en arranques de rabia mucho más
fuertes de los que nadie le conocía, y
que incluso le habían traído serios
encontronazos con su tío sin contar los
líos con muchos de los trabajadores que
se daban casi a diario.
Esas semanas eran de las más duras que
Val había experimentado en su vida y todo
por su propia culpa, era lo que más la
enfurecía. No podía controlar sus
sentimientos, pero debía lograrlo…
aunque fuera a la fuerza. Chantal saldrá
de mi mente por las buenas o por las malas,
pensaba amargamente la morena tratando de consolarse
y convencerse a sí misma. Además…
si ella sintiese algo por mi… debería
ya haberme buscado ¿o no? Se ve que fui
sólo una aventura pasajera… ¡igual
que ella para mí!
Cuando no podía soportar más su
necesidad de hablar con la joven, la llamaba,
pero sin poder evitarlo actuaba como una verdadera
idiota, lo que en lugar de traerle alegría,
solamente le traía más irás
y se daba cuenta que con su actitud le causaba
a Chantal sufrimiento, por lo que fue reduciendo
estas llamadas a lo mínimo indispensable.
Para finales de Noviembre y en vista de aproximarse
el día de Acción de Gracias, todo
era movimiento en El Rancho, estaba previsto tener
varios grupos de visitantes en especial familias
del Este que querían aprovechar el buen
clima de la zona.
Val estaba más metida que nunca en su
organización y por supuesto en todo lo
que era la vinícola. Su familia ya casi
no la veía por la casa, ella había
cambiado su rutina diaria de ejercicios y demás
actividades con tal de no encontrarse con sus
tíos, evitando así sus reclamos,
consejos o preguntas que la estaban volviendo
loca, ya que ni ella misma sabía sus respuestas.
Y muy dentro de su mente había días
en que le daba razón a su tía Vivi
y reconocía que era una cobarde…
¿pero qué podía hacer?, Chantal
ya no la llamaba, bueno prácticamente era
ella misma la que había cortado todo intento
de la rubia de mantenerse en contacto…
¿Qué sentido tiene hacerlo?
seguir diciéndole cuanto la extraño…
que me muero por verla… por tenerla en mis
brazos… que ya no como ni duermo por este
sentimiento que me consume… ¡para
qué, maldita sea!… si ella no va
a dejar su vida por estar junto a mí…
¡yo no voy a dejar mi mundo por ir a Boston!
O… ¿quizás sí?…
nunca se lo pregunté, pero no… ¡no
hay nada que hacer! Maldita sea, mi cabeza va
a estallar…
Por otro lado ya no soportaba más tanta
intromisión de su familia, su abuela con
su candidez habitual, se limitaba a preguntar
cuándo volvía a traer a su linda
amiga, sus tíos en cambio no la dejaban
en paz con sus consejos y reproches por su actitud
y hasta sus primitos a cada rato le recordaban
la visita de la joven a su casa.
Algo tengo que hacer o me van a volver loca…
***
—¿Amor?… hey, ¿me estás
escuchando?… ¿Chantal? —de
un grito Karen sacó de su nube a la joven
rubia.
—¿Mmm?… perdón…
¿qué me decías? —contestó
avergonzada
—Desde hace media hora te estoy preguntando
si vas a pasar con tu familia el día de
Acción de Gracias, como sueles hacer siempre,
o si te quedarás aquí. Tienes que
hacer ya las reservas para los vuelos. Este año
se reunirán en casa de tu abuela…
en California… si te demoras más,
¡no vas a conseguir vuelo! —Karen
estaba realmente preocupada por esta actitud de
su amiga, ella que había sido la 'planificación'
total y absoluta, ahora…
—Me da lo mismo… mmm… creo
que… ¡no sé! —se viró
para no dejarse ver, ya que para variar sus ojos
estaban llenándose de lágrimas.
—Mierda… soy capaz de ir yo misma
hasta San Francisco… para dar un par de
trompones a la infeliz de… —comentó
entre dientes con todo el odio del mundo, pero
la morena no pudo seguir al ver que estaba haciendo
sufrir más a su amiga—. Bueno…
hmm… lo cierto es que tu mamá habló
conmigo hace un par de horas y me pidió
que te recordara el asunto, ella también
está preocupada… mmm… ¡ah!
¿sabías que vienen tus tíos
de Francia para esta celebración?, por
lo que se ve que este año la van a festejar
en grande… —Karen desistió
de hablar sola, Chantal ya no le estaba prestando
atención y estaba de pie junto a la ventana
de su oficina con la mirada perdida, como era
su costumbre últimamente.
—Nena… tienes que decidirte lo antes
posible, avísame si quieres que yo llame
a la agencia para arreglar el asunto, de todas
formas yo tengo que pasar a retirar mis pasajes
porque salgo el Miércoles para Miami…
¡humm… qué rico, por fin un
poco de sol y calorcito! ¡Hey, se me acaba
de ocurrir una gran idea!, ¿por qué
no vienes tú conmigo a donde mis viejos?
Ellos te adoran, y acuérdate que yo he
ido mil veces a tu casa y tú casi nunca
a la mía… vienes, sí…
¿por favor?
La joven se volvió a mirarla por primera
vez. —¿Sabes?, talvez esa sí
puede ser una buena idea, en verdad no tengo muchas
ganas de ir a… al Oeste, aunque quisiera
ver a la familia… pero, creo que prefiero
ir contigo —dijo sonriendo—, ¿lo
puedes arreglar por mí?
—¡Pero claaaaro!, haz de cuenta que
ya está hecho. —Salió corriendo
de la oficina de Chantal, a buscar a su secretaria
para que hiciera los cambios necesarios y a contar
a Joan las buenas noticias. Por fin había
conseguido que la joven sonriera y que mostrara
interés en algo.
¡Ah chiquita!, y tú que crees
que nosotras no nos hemos dado cuenta de lo duro
que te está resultando este rollo…
ojalá que el fin de semana de descanso
te sirva de algo, iba pensando la morena.
***
—Todo está en orden, los grupos,
el transporte, los guías y todo en mi oficina
marchará como de costumbre. Sólo…
mmm… tengo que salir de aquí, por
lo menos unos pocos días —explicó
Val con aire cansado a su tío.
—Sí chiquita, lo comprendo, y creo
que será bueno para ti… pero ¿por
qué tan lejos? No sería mejor ir
a Sacramento o si quieres playa, por ejemplo a
¿San Diego? ¿Por qué tiene
que ser al otro lado del país? Y ¡sola!
—No sé… pero tengo ganas de
irme bien lejos, por favor no te preocupes. No
conseguí reserva para las Bahamas, entonces
por lo menos voy hasta… Miami.
—Ok, Giorgio te acompañará
a San Francisco, y ¡no me digas nada! Yo
lo quiero así, no me gusta que manejes
sola. —Se acercó a la morena para
abrazarla tiernamente.
—Está bien, no me queda otra, ¿verdad?
—sonrió—, y apenas llegue a…
mmm… algún sitio los llamo. —La
morena se despidió de la familia y salió
hacia el auto que la estaba esperando.
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