Uber » Hasta que nos volvamos a encontrar » 04

:: HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR ::

Fue a traer una manta para cubrirla y evitar que sintiera mucho frío en la madrugada y ella entró al baño a prepararse para dormir… ¡sola!

Como era su costumbre, antes del amanecer Val se despertó, fue al baño a refrescarse, se puso su ropa para hacer ejercicio y salió de su habitación. Pasó sin hacer ruido por donde se encontraba la joven y después de quedarse unos instantes admirándola, bajó a la cocina a preparar café. En unos minutos estuvo listo, tomó su jarrón y se sirvió, abrió la puerta principal y, como todas las mañanas, encontró ahí su periódico, lo revisó mientras saboreaba su bebida caliente. Al terminar y ya cuando el cielo clareaba salió de su casa en una suave carrera. Antes de hacerlo, escribió una notita para Chantal por si ésta despertaba antes de su regreso.

En el camino, como era usual, encontró ya a muchos de sus empleados comenzando sus tareas, el personal de limpieza siempre era el primero ya que tenía que dejar las calles y jardines impecables antes de que comenzase el movimiento regular. Saludó a algunos y siguió por su ruta habitual. Como también era parte de su rutina, ya de regreso pasó por casa de sus tíos, éstos siempre la esperaban a las 6:30 a desayunar.

—Nena, estoy al teléfono ya voy para allá —dijo su tía desde su oficina cuando la escuchó entrar a la casa.

—Síp… ¡voy a la cocina! —gritó Val.

Al entrar en la cocina fue recibida por una amable señora mayor, que la tomó por la cintura y le dio un abrazo que le dejó sin aire.

—Nonna, non cosi forte —le devolvió el abrazo y la besó en la frente. La señora no era su abuela pero todos la trataban como tal, ella era quien se había encargado de cuidarla desde muy niña cuando quedó huérfana. También la nonna era quien cuidaba a los dos primos de Val, que aún eran pequeños, y teniendo en cuenta que sus padres estaban todo el tiempo muy ocupados, la viejita tenía mucho que hacer en esta casa.

—Sei cosí magra, bambina mia, debi mangiare di piú (estás tan flaca, mi niña, tienes que comer más) —dijo la nonna, quien había vivido prácticamente toda su vida en los Estados Unidos pero todavía se resistía a hablar inglés, era tía de Sam y aún hoy hacía las veces de madre de todos, grandes y chicos.

—Hola querida, pensé no verte por aquí esta mañana, ¡por lo menos no tan temprano! —advirtió Vivi con una pícara sonrisa, mientras le daba un gran beso en la frente.

—A decir verdad, tampoco yo me imaginé estar por aquí a estar horas —refunfuñó Val.

—¿Qué pasó amor, discutieron por algo?

—No, peor que eso, no pasó nada de nada porque tuve que salir a resolver un rollo a media noche y luego… ya era muy tarde, mi princesita estaba dormida como un lirón —sonrió la morena.

—¡Oh, oh!, espero que hoy te vaya mejor, porque de lo contrario… pobre del que te llegó a interrumpir anoche, ¡lo compadezco!, jajaja.

—Claro, tú ríe, ríe, que ya te voy a ver como estarás de genio en un par de días más si mi tío no regresa… y hablando de tío, me imagino que estabas hablando con él, ¿verdad?, ¿cómo está?

—Está bien, y me dice que de hecho regresa mañana, señorita, por lo que no me verás nada de malgenio ni frustrada, como cierta personita que yo conozco…

—¿Chí é arrabiata? ¿Non la mia bambina? —preguntó la nonna mientras les servía suculentos desayunos y aprovechaba para darle otro beso en la frente a Val.

Las dos rieron e intercambiaron miradas de complicidad, si la nonna supiera de lo que hablaban hablando, de seguro tendría un ataque… ¡la pobre!

Val se despidió cariñosamente y caminó hasta su casa, Chantal seguía durmiendo y la morena no lograba entender cómo lo hacía a pesar de la incomodidad en la que se encontraba. Pasó hacia su baño, se duchó y ya que era un domingo especial, decidió no ir a trabajar… todavía. Se puso sólo una bata de baño y bajó para seguir revisando algunos documentos en la terraza, confiando en que su bella durmiente despertase pronto.

Al hacerlo, pasados unos pocos minutos, Chantal sintió todo su cuerpo dolorido, por unos instantes estaba confundida, luego se dio cuenta de que se hallaba en la salita de Val, que ya era de día, y que ella se había quedado horriblemente dormida en una noche que debía haber sido espectacular, que su cabeza le dolía de lo lindo por haber bebido tanto y que de seguro la morena estaría por ahí solita y quizás no le perdonaría su debilidad.

Se levantó con cuidado para no remover más su dolorida cabeza y sintió un delicioso olor a café fresco, en una mesita había una taza de la humeante bebida… mmm… ¡gracias amor! Fue hasta la habitación de Val y no la encontró ahí, tampoco en el baño, aunque se notaba que hacía poco que se había duchado —todo estaba en orden pero había dejado una deliciosa fragancia a limón—. Cuando todos sus sentidos empezaron a trabajar, pensó que sería mejor buscar a la morena abajo, pero primero debía ponerse algo más… cómodo. Se sacó la ropa toda arrugada, se metió a la ducha y al rato salió fresca y casi totalmente recuperada, en el lavabo había un estuche nuevo con diferentes artículos de tocador, que obviamente se había dejado Val, usó el cepillo de dientes, luego tomó una bata de baño que estaba en un colgador y salió.

Bajó las gradas y se quedó paralizada ante la vista que tenía frente a si, la terraza que recorría todos los ventanales del piso de abajo tenía una vista espectacular del valle, al fondo de éste se apreciaban, entre nubes aún bajas, los fascinantes viñedos que comenzaban a reflejar en sus hojas los primeros rayos de sol. Resultaba como estar flotando en las nubes. Y entre ese paisaje estaba lo mejor de todo, Val recostada en un sillón, con su cabello aún mojado y peinado hacia atrás, una de sus piernas ligeramente doblada, lo que hacía que su bata se abriera y cayera a sus costados, dejando ver casi hasta la unión de sus hermosas y largas extremidades, su rostro tenía una expresión de concentración que la hacía verse todavía más hermosa.

Se acercó y abrió la puerta hacia la terraza, enseguida Val regresó a ver, dejó sus papeles y se paró a recibirla.

—Hola preciosa, espero que hayas descansado algo, aunque la posición que tenías no era la mejor —la tomó entre sus brazos dándole un tierno beso en la frente.

—Discúlpame por haberme dormido… mm… ¿por qué no me despertaste al llegar?

—Traté, te lo aseguro, pero no lo conseguí, y no tienes nada de qué disculparte, todo lo contrario… soy yo quien se demoró mucho más de lo previsto, podías haber estado cómoda en tu cabaña o en mi cama y no allí en un silloncito… Pero basta de disculpas… ¿quieres desayunar, qué prefieres? —ofreció Val tomando enseguida la radio para llamar al servicio.

Chantal puso su mano sobre el intercomunicador de Val y se acercó muy sugestivamente a la morena.

Con una mano acarició el cabello húmedo de Val y con la otra le zafó el cinturón con que tenía sujeta la bata de baño. La morena, que no traía nada dentro, se quedó inmóvil por unos instantes, sintiendo la brisa de la mañana en su piel y a la vez la carga eléctrica de las manos de Chantal. Unió su cuerpo al de la rubia y ansiando tocarla también abrió la bata de la joven, deslizó sus manos dentro de ésta y sintió como Chantal se estremecía al contacto de sus cuerpos.

—Estoy segura de que éste será un desayuno magnífico… mm… siempre me ha gustado tomarlo en la cama, y ¿a ti? —preguntó sonriendo la joven.

—Hmm… sí… delicioso… —Val estaba ya con la mente en otro sitio y únicamente dio un tirón de la mano de Chantal para guiarla a la casa.

Subieron y enseguida se encontraron una frente a la otra, descartando sus batas y con toda la pasión reflejada en sus miradas.

Val comenzó a saborear los labios de Chantal y sus manos acariciaron cada milímetro de su piel, lo que volvía loca de deseo a la joven, que tomó una de esas manos y la guió hasta donde más la necesitaba, estaba lista para Val y quería sentirla dentro de sí. Las dos se entregaron con una pasión infinita, deseaban que este momento no acabara nunca… disfrutarlo a plenitud hasta que sólo se escucharan gemidos de placer.

Las mujeres se mantuvieron juntas, acariciándose y recorriendo sus pieles con manos y labios hasta que el cansancio las venció.

***

El grupo de turistas ya estaba listo en los diferentes transportes organizados para recorrer la propiedad, había mucho que conocer y les habían preparado actividades para toda la mañana.

Karen y Shyla se ubicaron en la parte posterior de una de las busetas y como éstas tenían los costados abiertos, podían sentir la brisa de la mañana que las refrescaba. La alta rubia se apoyó en el hombro de Karen para seguir durmiendo unos minutos más, ellas habían pasado una noche salvaje y ahora pagaban las consecuencias.

Joan y Paolo se sentaron al otro costado y estaban casi en iguales condiciones que sus amigas, la única diferencia era que esta pareja, a pesar de su cansancio, sí quería aprovechar el tour al máximo.

La morena, al ver a su amiga, le guiñó el ojo y le preguntó solamente moviendo los labios por Chantal, la pelirroja le hizo un gesto con la cabeza para indicarle que no sabía nada de la pequeñita.

Por supuesto Chantal perdió el tour, pero de seguro no le importó hacerlo, ella en ese momento estaba en los brazos de quien más deseaba en la vida.

Esa mañana fue realmente especial para las tres amigas. Karen y Joan junto a sus respectivas parejas conocieron sitios hermosos, disfrutaron de sus paseos y degustaron una gran variedad de platos y las mejores cosechas de vinos de la zona, aprovecharon al máximo su fin de semana con Vidissa. Por su lado Chantal también conoció lo inimaginable, disfrutó todo y definitivamente degustó y saboreó la más grande variedad de emociones que las mágicas manos de Val le podían ofrecer, no cabía duda que ella aprovechó su fin de semana con igual o mayor intensidad que sus amigas.

Tras un merecido descanso, Val y Chantal tomaron un baño y decidieron salir hacia la cabaña de la joven para que ésta se cambiara, ya que tenían que ir a casa de su tía y además quería dejar un mensaje a sus amigas, que según la morena regresarían al Rancho en un par de horas.

Al llegar a la casa grande, la rubia vio con admiración lo hermosa que era la propiedad, que mantenía el mismo estilo arquitectónico de todas las demás y era igual de bella que la de Val, aunque más grande. Al entrar en el salón se percató inmediatamente de que sí tenía una diferencia con la otra casa, ésta lucía llena de detalles que le daban un toque familiar, tenía fotos, adornos, juguetes regados por doquier y sobre todo estaba llena de ruidos.

Uno de ellos se acercaba peligrosamente a ellas, desde las escaleras se escuchaba un gran alboroto. Unos pequeñitos que prácticamente eran las réplicas de Val se acercaban corriendo a la morena, el más grande de los dos se abrazó a las piernas de la mujer casi haciéndole perder el equilibrio, mientras el más pequeño luchaba por alcanzarlo y darle de golpes, según daban a entender sus gritos.

Tras unos momentos de confusión, Val logró tomar de los brazos a los dos pequeños y luego de darles un suave jalón de orejas, se los quedó mirando hasta que éstos se quedaran quietos y en silencio. Al instante todos rieron y ella los abrazó cariñosamente, dándoles a cada uno varios besos.

—Ahora que por fin están callados, ¿quieren ser tan gentiles y portarse como unos caballeritos saludando a Chantal? —les dijo sonriendo.

—Mmm… hola, ¿quién eres? —preguntó a la rubia el más pequeñito.

—Hola… yo soy amiga de Val… y ustedes ¿cómo se llaman?

—Yo soy Sam Di Stefano Jr, y este enano es Marco —anunció el grande con mucho orgullo en su voz.

—Hey… yo no soy ningún enano… y ya vas a ver cuando te alcance… —los dos salieron una vez más corriendo y gritando de la sala.

Chantal no había tenido tiempo aún de asimilar el huracán que acababa de pasar cuando desde algún lugar de la casa se escucho otro tipo de gritos en lo que definitivamente no era inglés. Val tomó la mano de la joven y después de darle una sonrisa y un guiño, la guió hacia lo que debía ser la cocina, ya que de ella salían unos aromas exquisitos.

—Ya conociste a los diablos de la casa, esos niños son nuestra perdición, hacen de nosotros lo que les da la gana. Vamos, ahora conocerás al resto de la familia —le dijo la morena dándole un apretón a su mano.

Al entrar en la cocina, la rubia apenas tuvo tiempo de mirar alrededor ya que enseguida una dulce señora con cabello gris se abalanzó a besar a Val y comenzó a hablar tan rápido en italiano, que Chantal a pesar de saber algo de ese idioma casi no podía entenderla.

—Nonna… ésta es mi querida amiga Chantal, Chantal, ésta es mi nonna —presentó la morena con una gran sonrisa, separándose un poco de la señora.

—Mucho gusto señora… —la rubia extendió su mano para saludarla, pero ésta la tomó y también la abrazó dándole los besos respectivos.

—¡Ma Dio! ¡Che bella bambina!

Chantal sonrió de entre los brazos de la mujer mayor, la misma que inmediatamente siguió con su discurso sobre algo de la pasta que ya estaba lista y que nadie venía a sentarse a la mesa y que los niños no la obedecían y que fueran a traerlos, mientras daba órdenes a una jovencita que desde la estufa la miraba, al igual que el mesero que estaba ya listo para pasar las fuentes desde el otro extremo de la cocina hacia el comedor principal.

¡Madre mía que confusión!, pensaba la rubia mientras la morena le decía al oído que no se preocupara, que no todos estaban locos en esa casa.

Por alguna de las puertas entró la señora que había conocido la noche anterior, Vivi. Ella con una gran sonrisa se les acercó y las saludó muy cariñosamente, mientras llamaba la atención a la abuela.

—Basta nonna, que estás asustando a nuestra invitada, ¡deja de gritar! Hola querida, ni te pregunto cómo estás, con tanto grito querrás salir corriendo ¿no? Eso me pasa a mi casi siempre —sonrió—, ven vamos a tomar algo antes de sentarnos a comer —enseguida hizo un gesto al joven para que las siguiera al salón y les sirviera unos aperitivos.

—Vivi, tienes unos niños preciosos, y se parecen mucho a Val, ¿verdad? También la casa es hermosa —observó la rubia.

—Bueno, la tienes a la orden, y lo de que mis diablitos se parecen a su prima… pues… ¡lastimosamente es verdad! —bromea—. ¿Sabes?… los Di Stefano tienen unos genes muy fuertes, el 99% de los que yo conozco tienen exactamente los mismo rasgos, ya viste a la nonna, los mismos ojos y la misma sonrisa devastadora.

—Hablando de nonna… —interrumpió Val—, creo que en unos minutos más nos va a matar por no ir a la mesa pronto, quiere que todos estemos a las 12:30 en punto listos para comer, así que mejor no la hacemos esperar… ¿llevamos nuestras bebidas para allá?

—Síp, tienes razón, no quiero sentir su furia sobre mí, ¿dónde están los niños, Sandy? —se dirigió Vivi a una jovencita que acababa de entrar.

—Lavándose las manos, señora, los traigo enseguida.

Pasados unos minutos, todos estaban ya a la mesa y disfrutando de las deliciosas especialidades de la nonna, ella casi no se sentó a comer ya que se sentía muy preocupada con que se sirviera la comida y todo fuera perfecto. Los niños se sentaron junto a su madre y no se cansaban de hacer preguntas a Chantal, por lo que la rubia dedujo que no era muy usual que Val llevara a nadie a su casa… muy interesante, ¡síp!, pensó la joven.

Ella también les hacía preguntas, por lo que supo que el mayor tenía 8 años y el pequeño 6, que estaban en la escuela en Sonoma, que su nana era Sandy y que la abuela no los dejaba hacer nada, que papi estaba en Chicago y que llegaba mañana, que Val los hacía jugar en la piscina y los llevaba a cabalgar muchas veces.

Al terminar las tres pasaron a la terraza para que allí les sirvieran el café, ésta tenía la misma vista fabulosa del valle, y Chantal no se cansaba de admirarla. Siguieron conversando por algún tiempo y luego Vivi se disculpó, tenía varios asuntos que atender. Se despidieron ya que después Chantal tendría que viajar y Vivi le hizo prometer que volvería pronto al Rancho, pero esta vez para quedarse más tiempo, con un guiño se alejó.

Las dos se mantuvieron un buen rato en silencio, Val ya se había dado cuenta del cambio de ánimo en la joven y ella misma comenzaba a sentirse un tanto melancólica. Ya eran casi las dos de la tarde y en un rato más los grupos regresarían al Rancho luego de su tour, debían comenzar a preparar su equipaje y salir hacia San Francisco en la tarde.

Chantal y sus amigas tenían su vuelo programado para las 8:00, por lo que viajarían gran parte de la noche, el tiempo les estaba resultando realmente corto.

—Nena… ¿quieres pasear por un rato? Vamos, te enseño un sitio especial para mí y luego regresamos a tu cabaña, ¿si? —preguntó a la joven mientras la abrazaba.

Tomaron el jeep y salieron hacia el camino principal, tras apenas unos pocos kilómetros, llegaron a una colina en donde estacionaron. Val tomó de la mano a la joven y anduvieron hacia un gran árbol que con sus ramas proporcionaba una refrescante sombra, por supuesto desde aquella cima se podía apreciar en toda su magnitud el espectacular paisaje.

La morena abrazó fuertemente a la joven por la espalda y así se arrimó a un gran árbol, pasando sus manos alrededor de la cintura de Chantal y apoyando el mentón sobre su cabeza, comenzó a hablarle de sus travesuras cuando era pequeña, y que a este sitio ella siempre venía a esconderse para que su nonna no la pudiese regañar por alguna diablura que había hecho con los muchachos del Rancho. Val trataba de que Chantal se animara un poco haciéndola reír con sus anécdotas.

La joven sentía que algo muy fuerte le pasaba con Val y que en esta ocasión no sabía cómo conseguir que las cosas no le afectaran tanto, desde ya sentía que sus ojos se nublaban a cada instante y se le hacía difícil disimular cuando su voz se quebraba. Mientras ella trataba de controlar sus emociones, la morena seguía hablando, y al notar que no tenía respuesta a alguna pregunta que hizo, bajó su cabeza para ver a la joven… y vio como sus mejillas estaban húmedas con las lágrimas de la chica. Enseguida la giró sobre sus brazos y comenzó a besarla tiernamente sobre sus párpados mojados y luego en sus labios. Chantal no pudo contener más su tristeza y comenzó a llorar, se mantuvieron abrazadas por largo rato, Val seguía susurrándole que no tenía que preocuparse ni estar triste, con dulces palabras y suaves besos la morena consiguió que Chantal volviera a sonreír.

Ya era casi la hora de regresar, Chantal quería guardar en su memoria para siempre este hermoso momento junto a Val, sabía que estaba enamorada como nunca antes lo había estado y que sin lugar a dudas le traería mucho dolor, no sabía hasta qué punto la morena le correspondía, tal vez para ella esto sólo era un fin de semana más. La joven se limpió la cara y alzó su mirada hacia los penetrantes ojos azules, en ellos vio sinceridad y quiso confiar, de todas formas ya les había entregado su corazón.

La besó con toda la pasión de la que era capaz, mientras sus manos la acariciaban insaciablemente, y ya cuando Val no podía sostenerse con sus propias piernas, se retiró y comenzó a caminar de regreso hacia el auto.

—¡Uau!, eres tremenda, mira cómo me dejas, y ahora te vas como si nada hubiera pasado… hey… ¡espérame que yo no puedo reponerme así de fácil! —decía la morena mientras trataba de alcanzar a la joven.

—Eso fue para que recuerdes el PORQUÉ debemos volver a vernos pronto —rió Chantal subiéndose al jeep.

Karen y Joan ya tenían sus equipajes listos para cuando Chantal llegó a la cabaña, también habían alistado las cosas de la rubia, porque tenían poco tiempo.

Cuando empezaban a preocuparse por su demora, vieron aparecer al jeep en la calle principal. Los guías comenzaron a reunir al grupo y a acomodarlos en los diferentes buses que los llevarían de regreso a San Francisco.

—¡Hey enana, ya pensé que te habías perdido entre los viñedos! ¿Dónde diablos estabas, es muy tarde? —preguntó Karen un tanto acalorada.

—Tranquila, el bus de seguro no me iba a dejar, ¿o acaso te olvidas que estaba con la dueña? ¿Cómo les fue en el paseo? Mmm… veo que están todas bronceaditas, ¿mucho sol?

—Síp… estaba bien fuerte… y tú en cambio, ¿nada de sol?, y por lo que veo… muchas lágrimas… ¿no? —dijo Joan a la rubia.

—Ya sabes como soy… bueno, amigas creo que nos están llamando a nuestro bus.

Karen se acercó a Val a despedirse y lo mismo hizo Joan.

—Bueno chica, creo que nos volveremos a ver algún día de éstos, por lo menos eso es lo que todas esperamos… —dijo Karen mirando directamente a Chantal y manteniendo su mano fuertemente apretada a la mano de Val, ésta sólo sonrió entendiendo perfectamente la 'indirecta' y por supuesto la preocupación de la mejor amiga de la rubia.

—No te preocupes, nos veremos pronto, mientras, por favor cuida a la nena por mí, ¿ok? —pidió Val con toda la seriedad que podía transmitir a Karen en su mirada—, y no dejes que ande por ahí haciendo ojitos a nadie… ¡hmm! —trató de bromear para aliviar la tensión de la despedida.

—Ciao guapa, cuídate tú también y gracias por todo —se alejó Karen.

—Hey… no te preocupes por Chantal, tiene quien la cuide, nos vemos, ¿no? —se despidió Joan mientras subía al bus.

—Síp, definitivamente nos vemos… y buen viaje —contestó Val que inmediatamente volvió los ojos sobre Chantal, la tomó entre sus brazos sin importarle que medio ViDissa y sus alrededores estuvieran viéndola, se abrazaron fuertemente y sin que Chantal pudiera evitarlo, nuevamente sus lágrimas comenzaron a salir.

—Amor, por favor, no llores… mm… nos veremos pronto… es más, casi estoy segura de que en el feriado estaré por ahí. Prométeme que me llamarás al llegar, quiero saber cómo estás cada minuto del día, ¿ok?… y cuídate, ¿si? —dijo Val mientras le daba un beso en los labios.

Chantal no podía hablar, su voz no respondía a pesar que quería decirle muchas cosas a la morena, sólo pudo contestarle con un beso muy sentido y acariciarle el rostro por última vez, antes de subirse al bus.

Enseguida Joan la abrazó haciendo un gesto a Paolo para que se sentara al otro lado, en este momento la pequeña la necesitaba.

CAPÍTULO III

Lo realmente difícil era concentrarse en el trabajo y sobre todo, superar de alguna forma la nostalgia de la separación en esta primera semana.

Esa tarde Chantal esperaba ansiosamente la llamada de la morena que le confirmase su viaje para el próximo feriado, tenía que volver a verla aunque fuera por unas pocas horas, eso la ayudaría a seguir adelante.

—Chantal… tienes una llamada de la Srta. Di Stefano, ¿la puedes atender? —preguntó su asistente por el intercomunicador.

—Sí, pásala por favor.

—Hola cariño, ¿cómo está mi abogada preferida? —preguntó juguetonamente Val al otro lado de la línea.

—Bien amor, ¿cómo estás tú?… ¿qué buenas noticias me tienes?… ¿podrás venir?

—Mmm… lastimosamente se me complicaron las cosas por aquí, pero ¡hey nena!, la próxima semana creo que sí estaré libre y disponible sólo para ti… mmm, ¿estás bien? —preguntó la morena al no escuchar ningún sonido de su interlocutora

—¿La verdad?, ¡no!, me habría gustado mucho tenerte por aquí aunque fuera este par de días, pero si no puedes… ¡esperaré!

—Hey… sólo serán unos días.

Las dos siguieron conversando por unos minutos más a pesar de que el buen ánimo de Chantal se había esfumado, Val no quiso insistir y pensó que lo mejor era dejar las cosas así.

Al cerrar la comunicación, la morena se quedó pensando en los motivos reales para no ir a Boston, era verdad que tenía mucho asuntos pendientes y que un par de ellos requerían de su presencia, pero también sabía que si hubiese querido los habría pospuesto. Entonces ¿por qué no lo hizo? La verdad es que estás aterrorizada por el giro que está tomando este asunto, tienes pavor a enamorarte de Chantal y después complicarte la vida para siempre… pero… mm… ya estás enamorada, ya no puedes dejar de pensar en ella ni un instante, entonces ¿por qué no darte una oportunidad? ¡No! No puedes hacerlo Val, es mejor que mantengas la cabeza en su lugar y simplemente la pases bien, como siempre… esta chiquilla no tiene por qué cambiar el rumbo de tu vida, está bien así, tranquila, con la familia, el trabajo y… tu soledad.

Los días se convirtieron rápidamente en semanas y con un pretexto o con otro, Val siempre daba largas a su visita a Chantal, ésta por su parte, comenzó a sentir ese distanciamiento en la voz de la morena y por ningún motivo quería ser ella la que demostrara debilidad. Y a pesar de sentir una tremenda tristeza por no ver más a Val, se daba cuenta de que su vida tenía que seguir y que lo que pasaron aquel fin de semana fue hermoso, pero obviamente sólo fue eso para Val. Su orgullo tampoco le permitiría 'rogar' a nadie por un poco de atención. Era lógico pensar que las cosas no tendrían mayor futuro… su carrera apenas comenzaba y tenía que dedicarle toda su energía, no podía sacrificar todos esos años de entrega total a sus estudios y a esa vida profesional que despuntaba, por algo incierto que, aunque maravilloso y sin lugar a dudas único, no sabía si tendría alguna esperanza de continuar. Sus intereses eran totalmente diferentes y aunque sentía algo realmente fuerte, no podía negar que la vida real era más complicada que unas pocas horas de fantasías.

Chantal seguía repitiéndose estos razonamientos una y otra vez hasta que llegaran a ser su consuelo y su fuerza, sabía que una vez más su corazón la había traicionado y que aunque se lo había propuesto, no había logrado mantener su mente 'fría y calculadora'. No quería tampoco demostrar cuanto la afectaba frente a sus amigas, recordaba perfectamente las advertencias de Karen y no quería volver a escuchar la famosa frase de 'te lo dije' otra vez, por lo que el sufrimiento se quedó muy dentro de su corazón y las paredes de su habitación, donde podía desahogarse en aquellas largas y solitarias noches en las que el sueño la evadía por completo y podía cubrirse la cara con la almohada para que nadie escuchara su llanto. Por lo menos eso era lo que ella creía.

La llamadas de la morena cada vez se espaciaban más y aunque algunas veces la joven también la buscaba (cuando la tristeza se hacía insoportable), la relación definitivamente no era la misma. Conversaban, reían, se contaban un par de cosas y los lapsos de silencio se hacían cada vez más evidentes, hasta que se despedían con una sensación extraña, como si ni siquiera quedara entre ellas ya ni una bonita amistad.

***

—Esa jovencita es perfecta para ti, no sé, francamente, qué es lo que te pasa, ¡VALENTINA!… ¿me estás escuchando? Eres la mujer más cobarde que he visto en mi vida… y mira que he conocido a muchas, fíjate que estás punto de perder quizás tu única oportunidad de ser feliz —Vivi gritaba a una puerta cerrada, tras la cual estaba hundida en una montaña de papeles su sobrina.

—Ajá… —fue la única respuesta que la mujer obtuvo y perdiendo por centésima vez la paciencia, pasó refunfuñando hacia su oficina.

Al encontrarse en el corredor con Patty, la secretaría de Val, ésta le hizo un gesto con los hombros en los que demostraba lo desconsolada que también se sentía. Su jefa cada vez estaba peor, lo que al comienzo fueron unas pequeñas sonrisas de ensoñación, pronto se convirtieron en suspiros y miradas melancólicas hasta terminar en arranques de rabia mucho más fuertes de los que nadie le conocía, y que incluso le habían traído serios encontronazos con su tío sin contar los líos con muchos de los trabajadores que se daban casi a diario.

Esas semanas eran de las más duras que Val había experimentado en su vida y todo por su propia culpa, era lo que más la enfurecía. No podía controlar sus sentimientos, pero debía lograrlo… aunque fuera a la fuerza. Chantal saldrá de mi mente por las buenas o por las malas, pensaba amargamente la morena tratando de consolarse y convencerse a sí misma. Además… si ella sintiese algo por mi… debería ya haberme buscado ¿o no? Se ve que fui sólo una aventura pasajera… ¡igual que ella para mí!

Cuando no podía soportar más su necesidad de hablar con la joven, la llamaba, pero sin poder evitarlo actuaba como una verdadera idiota, lo que en lugar de traerle alegría, solamente le traía más irás y se daba cuenta que con su actitud le causaba a Chantal sufrimiento, por lo que fue reduciendo estas llamadas a lo mínimo indispensable.

Para finales de Noviembre y en vista de aproximarse el día de Acción de Gracias, todo era movimiento en El Rancho, estaba previsto tener varios grupos de visitantes en especial familias del Este que querían aprovechar el buen clima de la zona.

Val estaba más metida que nunca en su organización y por supuesto en todo lo que era la vinícola. Su familia ya casi no la veía por la casa, ella había cambiado su rutina diaria de ejercicios y demás actividades con tal de no encontrarse con sus tíos, evitando así sus reclamos, consejos o preguntas que la estaban volviendo loca, ya que ni ella misma sabía sus respuestas. Y muy dentro de su mente había días en que le daba razón a su tía Vivi y reconocía que era una cobarde… ¿pero qué podía hacer?, Chantal ya no la llamaba, bueno prácticamente era ella misma la que había cortado todo intento de la rubia de mantenerse en contacto…

¿Qué sentido tiene hacerlo? seguir diciéndole cuanto la extraño… que me muero por verla… por tenerla en mis brazos… que ya no como ni duermo por este sentimiento que me consume… ¡para qué, maldita sea!… si ella no va a dejar su vida por estar junto a mí… ¡yo no voy a dejar mi mundo por ir a Boston! O… ¿quizás sí?… nunca se lo pregunté, pero no… ¡no hay nada que hacer! Maldita sea, mi cabeza va a estallar…

Por otro lado ya no soportaba más tanta intromisión de su familia, su abuela con su candidez habitual, se limitaba a preguntar cuándo volvía a traer a su linda amiga, sus tíos en cambio no la dejaban en paz con sus consejos y reproches por su actitud y hasta sus primitos a cada rato le recordaban la visita de la joven a su casa.

Algo tengo que hacer o me van a volver loca…

***

—¿Amor?… hey, ¿me estás escuchando?… ¿Chantal? —de un grito Karen sacó de su nube a la joven rubia.

—¿Mmm?… perdón… ¿qué me decías? —contestó avergonzada

—Desde hace media hora te estoy preguntando si vas a pasar con tu familia el día de Acción de Gracias, como sueles hacer siempre, o si te quedarás aquí. Tienes que hacer ya las reservas para los vuelos. Este año se reunirán en casa de tu abuela… en California… si te demoras más, ¡no vas a conseguir vuelo! —Karen estaba realmente preocupada por esta actitud de su amiga, ella que había sido la 'planificación' total y absoluta, ahora…

—Me da lo mismo… mmm… creo que… ¡no sé! —se viró para no dejarse ver, ya que para variar sus ojos estaban llenándose de lágrimas.

—Mierda… soy capaz de ir yo misma hasta San Francisco… para dar un par de trompones a la infeliz de… —comentó entre dientes con todo el odio del mundo, pero la morena no pudo seguir al ver que estaba haciendo sufrir más a su amiga—. Bueno… hmm… lo cierto es que tu mamá habló conmigo hace un par de horas y me pidió que te recordara el asunto, ella también está preocupada… mmm… ¡ah! ¿sabías que vienen tus tíos de Francia para esta celebración?, por lo que se ve que este año la van a festejar en grande… —Karen desistió de hablar sola, Chantal ya no le estaba prestando atención y estaba de pie junto a la ventana de su oficina con la mirada perdida, como era su costumbre últimamente.

—Nena… tienes que decidirte lo antes posible, avísame si quieres que yo llame a la agencia para arreglar el asunto, de todas formas yo tengo que pasar a retirar mis pasajes porque salgo el Miércoles para Miami… ¡humm… qué rico, por fin un poco de sol y calorcito! ¡Hey, se me acaba de ocurrir una gran idea!, ¿por qué no vienes tú conmigo a donde mis viejos? Ellos te adoran, y acuérdate que yo he ido mil veces a tu casa y tú casi nunca a la mía… vienes, sí… ¿por favor?

La joven se volvió a mirarla por primera vez. —¿Sabes?, talvez esa sí puede ser una buena idea, en verdad no tengo muchas ganas de ir a… al Oeste, aunque quisiera ver a la familia… pero, creo que prefiero ir contigo —dijo sonriendo—, ¿lo puedes arreglar por mí?

—¡Pero claaaaro!, haz de cuenta que ya está hecho. —Salió corriendo de la oficina de Chantal, a buscar a su secretaria para que hiciera los cambios necesarios y a contar a Joan las buenas noticias. Por fin había conseguido que la joven sonriera y que mostrara interés en algo.

¡Ah chiquita!, y tú que crees que nosotras no nos hemos dado cuenta de lo duro que te está resultando este rollo… ojalá que el fin de semana de descanso te sirva de algo, iba pensando la morena.

***

—Todo está en orden, los grupos, el transporte, los guías y todo en mi oficina marchará como de costumbre. Sólo… mmm… tengo que salir de aquí, por lo menos unos pocos días —explicó Val con aire cansado a su tío.

—Sí chiquita, lo comprendo, y creo que será bueno para ti… pero ¿por qué tan lejos? No sería mejor ir a Sacramento o si quieres playa, por ejemplo a ¿San Diego? ¿Por qué tiene que ser al otro lado del país? Y ¡sola!

—No sé… pero tengo ganas de irme bien lejos, por favor no te preocupes. No conseguí reserva para las Bahamas, entonces por lo menos voy hasta… Miami.

—Ok, Giorgio te acompañará a San Francisco, y ¡no me digas nada! Yo lo quiero así, no me gusta que manejes sola. —Se acercó a la morena para abrazarla tiernamente.

—Está bien, no me queda otra, ¿verdad? —sonrió—, y apenas llegue a… mmm… algún sitio los llamo. —La morena se despidió de la familia y salió hacia el auto que la estaba esperando.

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