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Esta historia ha sido traducida por Maui (Goyur), miembro de Xenafanfics, y cuenta con el permiso de la autora para su traducción y publicación en Internet.

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NOTA DEL REVISOR:

  • Las palabras o expresiones escritas entre asteriscos vienen en castellano en el original.
  • Las frases en cursiva expresan que la persona que las pronuncia se encuentra al otro lado de una conversación telefónica y, por tanto, no está físicamente presente en la escena.

ACLARACIONES:

Nop, ninguna. Personajes, ciudad natal, seudo-compañía… todo es mío. Y esto es un Über, una historia con dos personajes de una historia anterior llamada «Tormenta Tropical». Dar Roberts es la Vicepresidenta de Operaciones de una corporación de servicios informáticos internacionalmente conocida. Kerry Stuart es su ayudante y protegida.

Ambas se gustan.

El texto contiene un poco de violencia, palabrotas, actividad sexual y patatas fritas con salsa… pero todo ello muy, muy suave.

Bueno. Pero no importa…

:: ALERTA DE HURACÁN ::
(HURRICANE WATCH)

Por Melissa Good.

PRIMERA PARTE

La oficina estaba prácticamente en silencio, atravesada sólo por el débil rasguñar de una pluma sobre el papel y el suave y característico murmullo de un ordenador al fondo. La decoración de la estancia se basaba en un juego de cálidos tonos caoba, con una pequeña mesa de conferencias rodeada de sillas por uno de los lados, una mesita discreta sobre la que reposaba una jarra de agua y un conjunto de vasos, y el escritorio frente a una gran ventana que cubría toda la pared y ofrecía una amplia vista del horizonte: el océano Atlántico, agitado y de un tono azul verdoso.

Tras el escritorio, una mujer alta y morena ataviada con una falda gris bastante conservadora, una camisa blanca de seda y las mangas por encima de los codos dejando al descubierto sus brazos morenos y torneados. El respaldo de la silla oculto bajo la chaqueta a juego y la morena cabeza apoyada en el puño, mientras la otra mano sostenía y manejaba afanosamente una elegante pluma. Terminó con uno de los folios y lo dobló, dejándolo junto al pequeño acuario en el que dos peces siameses nadaban lánguidamente, dirigiendo ocasionales miradas a la dueña de la mesa.

—Y van doce. Quedan dieciocho. —Dar suspiró rozándose el mentón con el extremo de la pluma—. Las evaluaciones del personal deberían llevar mucho tiempo hechas. —Se detuvo un momento y pulsó uno de los botones de su aparatoso teléfono—. ¿Mari?

¿Sí…? Hola, Dar. Buenas tardes. —La voz de la Directora de Personal surgió relajada y amistosa al otro lado de la línea.

—¿Me puedes explicar por qué no hay forma de que una de las mayores compañías de IS del mundo tenga las condenadas evaluaciones de su plantilla en la Intranet? —preguntó Dar con irritación—. ¿Sabes el tiempo que nos ahorraría?

Ah, Dar… —Mariana suspiró como si llevara todo el día respondiendo a la misma pregunta, y de hecho así era—. Si lo hiciésemos así, ¿cómo demostraríamos la cláusula de la normativa que exige que todos nuestros altos directivos sepan escribir a mano? —contraatacó—. Y ya que sacas el tema… no deberías quejarte tanto. Sólo eres directamente responsable de treinta personas. Piensa en José. Él tiene doscientas.

Dar lo consideró, mordiendo el extremo de la pluma.

—Tienes razón. Ya sólo esa idea me hace sentir mucho mejor. —Se rió entre dientes—. Debe estar tirándose de los pelos… literalmente.

No bromees —suspiró Mari—. En realidad, la razón de que no estén preparadas las evaluaciones es que había ciertas reticencias en Seguridad. Desde la Intranet cualquiera podría tener acceso.

—Oh. —Se tomó unos segundos para considerar también este nuevo dato—. Entonces… supongo que no debería mencionar el hecho de que acabo de pasar por la sala de impresoras y que uno de esos chismes estaba escupiendo las evaluaciones de José a diestro y siniestro, ¿verdad?

Mari suspiró con disgusto al otro lado del auricular.

—Era como una de nuestras comidas de empresa. —Dar empezó a dirigir muecas al teléfono—. Todo el mundo mirando de reojo…

¿Y no hiciste nada? Dar… se supone que eres la responsable de Gerencia ahí. —La voz de su homóloga de la sección de Personal empezaba a sonar irritada.

—Eh… ¿Cómo iba yo a saber que no se trataba de un incentivo para incrementar las ventas? —preguntó Dar razonablemente—. Después de todo, yo estoy haciendo las mías a mano.

Jesús… Está bien, de todas formas me vendrá bien un café. Ya me paso yo —resolvió Mariana con un suspiro—. ¿Cómo lo llevas?

—Estoy a la mitad —mintió Dar.

Ya veo… —La voz de la mujer denotó la más completa de las incredulidades—. ¿Por qué siempre esperáis hasta el último minuto?

—¡¡¡Porque esto es como un dolor en el culo, Mari!!! —respondió Dar exasperadamente—. ¡Dile a Plano que entre en el siglo XXI como todos los demás y suba todo esto de una maldita vez! ¡Si hicieran las cosas bien no habría problemas de seguridad!

¿Puedes deletrear eso, Dar? Seguro que les encantaría el fax —respondió Mariana con voz seria—. De acuerdo… pondré una recomendación, otras más, para que hagan los informes virtuales.

—Gracias —respondió Dar malhumorada—. Tengo que dejarte. —Colgó el teléfono y retomó su tarea. Cada una de las evaluaciones constaba de cincuenta categorías con las que calificar a sus empleados, y también una sección de comentarios en la que por norma había que poner algo—. Por el amor de Dios… —Suspiró resignadamente recolocando los folios—. ¿No les bastaría con un papelito que dijera "si no te despido es porque trabajas bien"? —Dijo esto último dirigiéndose a los peces, que le respondieron meneando las aletas—. No, supongo que no. —Devolvió su atención a los papeles, escogió un fruto seco de su taza color azul cobalto y lo mordisqueó.

En ese momento, un golpecito a la entrada le hizo adorar repentinamente las interrupciones.

—Adelante —dijo en voz alta, viendo asomar a continuación la cabeza de su secretaria tras la puerta entreabierta—. María… ¿tenemos ya los informes de Marketing?

La mujer, madura y bajita, sacudió la cabeza.

Nada … y van tres veces que llamo al departamento. —Avanzó sobre el suelo alfombrado y colocó varias carpetas en el archivo de Dar—. Tres cuentas nuevas. Kerrisita va a tener una semana ajetreada.

—Sí… —concordó Dar. La simple mención de su ayudante le trajo una inconsciente sonrisa a la cara—. Depende… —Marcó con velocidad aprendida un número en el teléfono. Sonó dos veces y a continuación, una voz animada—. Necesito hablar con José —comenzó Dar secamente.

Lo siento… en este momento está reunido —fue la respuesta del otro lado.

—Dígale que salga y que se ponga al teléfono o estaré allí en treinta segundos —afirmó dejando caer el tono de su voz.

Silencio.

Un momento, por favor.

Dar esperó, mirando el reloj con un gesto exagerado. Por su parte, María se cubrió la boca para evitar que se le escapase la risa. Veintisiete segundos después alguien diferente apareció al otro lado del auricular.

¿Qué diablos quieres, Dar? —gruñó el Vicepresidente de Marketing.

—Necesito los informes —respondió Dar con el mismo talante—. Y francamente no puedo permitirme perder el tiempo que supondría que mi gente persiguiese a la tuya por todo el maldito edificio y se los sacase por las malas.

En el silencio, pudo oír la respiración pesada de él. Esperó pasando unos cuantos comentarios más a la hoja que tenía a medias mientras mordisqueaba otro fruto seco.

—Estoy esperando —dijo con dureza.

Pues espera un poco más. —La línea se convirtió en música.

Dar tarareó escogiendo una nuez y empujando la taza hacia María.

—¿Quieres?

La secretaria aceptó la oferta escogiendo un pedazo de albaricoque, sonriendo internamente ante el repentino gusto de su jefa por los aperitivos saludables en lugar de sus habituales chocolatinas.

Los tendrás ahí en cinco minutos —afirmó la voz de José en cuanto volvió a ponerse—. Y deja ya de asustar a mi personal.

—Si hicieran su trabajo no tendría que llamarte, ¿no crees? —replicó Dar suavemente antes de colgar—. Subnormal —murmuró sacudiendo la cabeza—. Bien… si no tienes esos informes a tiempo en tu mesa, ven a verme.

… Dar, ¿has visto al nuevo ayudante del Sr. José? —añadió María bajando la voz—. No soy de las que van por ahí chismorreando, pero dos personas me han dicho ya que es un tipo realmente astuto y que los dos están tramando… ¿Cómo se dice? Ir contra ti.

Dar se inclinó sobre los codos, jugueteó con la pluma que tenía en la mano y la miró.

—Yo he oído lo mismo. —Sus intensos y claros ojos azules miraron a María—. Kerry está en una reunión con él y con Eleanor ahora mismo. De hecho… fue él quien puso en cuestión los proyectos de las instalaciones para este año.

Dios mío —dijo la mujer mayor con el ceño fruncido—. Habrá problemas, ¿verdad?

Ella asintió lentamente.

—El Sr. Fabricini y yo nos conocemos desde hace tiempo —comentó calmadamente la ejecutiva—. De hecho, éramos amigos. —Y de hecho también, un antiguo compañero de clase cuya contratación había supuesto una desagradable sorpresa para ellas al regreso de vacaciones—. Pero aquello se acabó —confesó al fin con franqueza—. Podría ponerse bastante feo, sí.

María suspiró.

—Eso no es bueno —dijo arrugando la frente una vez más—. ¿Por qué no podrán simplemente venir, hacer su trabajo e irse a casa… en lugar de estar todo el día buscando problemas? —Exhaló—. Pobre Kerrisita, sola con esos dos.

Una silenciosa sonrisa asomó al rostro de Dar.

—Ella es fuerte… estará bien, María —afirmó para tranquilizar a su secretaria—. Escucha, sé que tengo una reunión con el comité ejecutivo después del almuerzo, pero ¿podemos cambiar lo del informe del cliente ese para mañana o sigue planeada para las cuatro?

—Lo comprobaré. —María se dirigió hacia la puerta—. Y te mantendré al tanto de lo de los informes.

—Gracias —dijo soltando un suspiro. Volvió a concentrarse por un minuto y luego dejó caer la pluma y se reclinó en su sillón con ojos pensativos.

Así que era cierto. Hasta Maria estaba enterada. Dar sintió una familiar frustración creciendo en su interior, accionada por el entristecido comentario de la mujer. ¿Por qué simplemente no podían aparecer y hacer su trabajo? Su primer encuentro le aclaró que Steven Fabricini había sido contratado específicamente porque conocía a Dar, y José esperaba que aquello le proporcionase ciertas ventajas en la sala de reuniones.

No es que no estuviera cualificado, meditó Dar. Incluso bastante más que José, en su más honesta opinión. Pero también tenía menos escrúpulos que aquel cubano fanfarrón, era más despiadado y mucho más agresivo si lo tenías como enemigo.

Igual que ella, si quería ver las cosas muy objetivamente, y en tal caso la decisión de José no había sido mala para sus propósitos.

En cualquier caso, su primer encuentro no había ido bien.

"—Hola Steven. —Dar permaneció quieta tras su escritorio, con las manos sobre el mismo,. cuando él entró.

—Vaya, vaya, vaya… Mira lo que tenemos aquí. Pero si es mi antigua mejor compinche, Dar Roberts —comenzó Steven avanzando con pavonería, cerrando la puerta tras él y cruzando la habitación. No había cambiado mucho: alto, de constitución delgada, similar a la de un corredor de fondo, y pelo tupido y oscuro. Sus ojos pardos no dudaron en estudiarla mientras se acercaba, con una pulida sonrisa ya en su rostro para cuando le tendió la mano—. Ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?

"No el suficiente", casi respondió Dar mientras aceptaba el gesto con desgana y se lo devolvía con un poco más de fuerza de lo normal.

—Así es —contestó ella en tono neutral—. Creo que la última vez que te vi fue justo después de que te expulsaran de la Facultad en el último semestre.

—Mm… sí, y tú disfrutaste maquinando todo aquello, ¿verdad? —El hombre rió entre dientes—. Pero está bien… sin resentimientos… después de todo, las cosas no ha ido tan mal, ¿verdad? Aquí estamos los dos —dijo abriendo los brazos—. Mi oficina no es tan agradable como esta, pero… —se interrumpió, posando los ojos en ella—. Quizá eso cambie pronto.

Dar se limitó a levantar una ceja, negándose a picar el anzuelo.

—Bueno, te deseo suerte —concluyó ella manteniendo una expresión pétrea.

En ese momento resonaron unos golpecitos de la puerta interior y ella mandó entrar alzando la voz, girando a medias la cabeza para observar el reloj al tiempo que Kerry aparecía. La mujer rubia atravesó el haz de luz solar que se vertía por la ventana y se pasó la mano por el pelo, destacando aún más su ya de por sí agraciada constitución.

—Tengo los informes —dijo ella, dirigiendo a Steven una mirada curiosa y centrando luego su atención en Dar—. Ese centro de Nueva York va a ser casi imposible de completar… Nynex tiene proyectados otros sesenta días antes de arrancar los circuitos.

—No es suficiente —dijo Dar concisamente—. Veré qué puedo hacer. —Luego se giró hacia el lugar que ocupaba un visiblemente interesado Steven—. Kerry, éste es Steven Fabricini, el nuevo ayudante de José —le presentó—. Kerry Stuart, mi mano derecha.

Kerry casi… casi había sonreído ante aquel comentario. A Dar no le había pasado desapercibido cierto brillo en los ojos de la mujer al tenderle cortésmente la mano a su visitante.

—Un placer.

—Lo mismo digo. Sin duda. —Habló dejando caer cada palabra y dedicándole una encantadora sonrisa—. Trabajaremos muy bien juntos, estoy seguro.

Kerry se limitó a hacer una inclinación de cabeza, después se giró y se deslizó fuera de la habitación dejándolos solos otra vez.

—Vaya, vaya… Dar, vieja amiga… ciertamente tu gusto ha mejorado —rió Steven—. Es una preciosidad.

Ella consiguió frenar la rabia que pugnaba por salir de su interior, aunque casi demasiado tarde.

—Steven, esto es una compañía EEDC, y nos lo tomamos muy en serio. Deberías guardarte ese tipo de comentarios para ti, porque no creo que le interesen a nadie más.

—Oh, vamos Dar. —Se levantó con aquella obscena sonrisa aún pintada en la cara—. Tienes ciegos a todos los de aquí con esa actitud de "bésame el culo"… pero yo no voy a caer en la trampa. —La apuntó con el dedo—. Te conozco… y así es como te voy a hundir.

Dar lo miró fríamente.

—Steven, ya no soy la persona que conociste. Ten cuidado y no prometas cosas que luego no puedas cumplir.

El rió y se marchó por donde había venido."

Desde entonces se habían lanzado unas cuantas puñaladas, culminando en un desafío formal, un par de días antes, en lo referente a las negociaciones adicionales al proyecto que habían estructurado antes del final del último año. Ella sabía que Steven buscaba lucirse ante José, y aquello le suponía una oportunidad para atacarla. Por eso revisó la información y envió a Kerry a la reunión en su lugar.

Se preguntaba cómo le iría.

***

La sala de reuniones era pequeña, sólo una mesa ovalada con seis sillas y una pizarra blanca detrás de una cortina beige. En aquel momento, cuatro personas estaban sentadas a la mesa. Tres de ellas mirando fijamente a la cuarta: una mujer de mediana estatura, pelo rubio y claros ojos verdes. Llevaba una sencilla falda azul oscuro y un jersey de lana a juego que contrastaba con los trajes de ejecutivo y las resplandeciente falda y chaqueta rojas de sus acompañantes.

—Lo siento… creo que no he entendido bien la pregunta —especificó Kerry haciendo girar el bolígrafo entre sus dedos y observando pacientemente el otro lado de la mesa. José, Eleanor y Steven completaban el círculo, y Kerry tenía la desagradable sensación de ser un conejo encerrado en una jaula… con tres serpientes hambrientas.

"Afortunadamente", pensó para sí, "los conejos tienen uñas y dientes para usarlos cuando es necesario".

—¿Qué tienen que ver media docena de directivas que ni siquiera fueron aprobadas con los proyectos del año pasado?

Obviamente Steven Fabricini se había enfadado por el hecho de que Dar la enviara a ella en su lugar, reparó Kerry, pero comprendía por qué lo había hecho… Ella tenía las respuestas a sus preguntas, y además aquella vuelta de tuerca impedía que la reunión se convirtiese en un debate en el que Dar se vería forzada a estar a la defensiva, atacada sin tregua por los tres responsables de Ventas y Comercio.

En aquel momento, Steven se levantó y fue hacia la pizarra blanca.

—Bien, tal y como yo lo veo… si pretendemos tener semejante potencial, los de Financiación están obligados a ponernos banda ancha para que podamos cerrar acuerdos —dijo abriendo los brazos—. ¿Qué necesitas entender?

Kerry inclinó la cabeza.

—Eso es como decir que vas a comprar seis hamburguesas del McDonalds por si te entra hambre alguna vez en tu vida —replicó ella—. La petición del cambio de banda está basado en una fórmula que relaciona el rendimiento de vuestro departamento en los últimos años… Si queréis que eso cambie, tendréis que conseguir más contratos, porque nadie va a proporcionaros circuitos más complejos sólo con la remota posibilidad de un "supuesto" liderazgo. —Consultó la información que Dar había impreso para ella—. De acuerdo con las proyecciones de los últimos cinco años, la infraestructura está aumentando la adquisición de circuitos basados en nuevas cuentas en un diez por ciento proporcional. —Levantó la mirada—. ¿Pretendes decirme que conseguiríais más cuentas de lo que está aquí escrito?

—¡No tenemos ni idea! —exclamó José alzando las manos—. Pero no podemos negociar sin la banda que nos permita atender sus demandas inmediatamente.

—¿No lo ves, Kerry? —añadió Eleanor suavemente, sonriéndole—. No tenemos un chip regateador.

—Ah —dijo Kerry cruzando las manos sobre los papeles—. Bien… entonces, ¿qué pasa si no añadimos esas cuentas y acabamos el año con un balance negativo que, digamos, tenemos que compensar?

—¿Lo ves? Ese es tu problema, cielo… No puedes pensar así… Tienes que ser más positiva —le dijo Steven apuntándola con el marcador—. Tu conservadurismo te ciega… y eso destruye tu potencial para avistar nuevos negocios.

Kerry apoyó la barbilla en una mano.

—No… simplemente estamos siguiendo los principios preestablecidos para nuevos negocios, y asentados por la corporación en Plano. Si tenéis alguna cuestión que debatir acerca de esa estructuración, id con ella a Les Roesenthal, ya que el modelo es suyo. —Jugaba sus cartas con la mayor elegancia—. Y esas cinco cuentas que echáis a suertes en este resultado no se adhieren a ese modelo… De hecho, dos de ellas muestran un significativo potencial de nuestra cantidad desperdiciado en la dimensión total considerada, a pesar de los beneficios que obtendríais por la firma. —Su voz era gentil y casi encantadora—. Pero, como podéis ver, realmente no estoy convencida de que debamos ir a Infraestructuras con esto y pedirles que aceleren su programa. —Se levantó—. Y ahora si me perdonáis, tengo un almuerzo en mi agenda al que debo llegar en veinte minutos.

José agarró sus papeles y salió con aire enfurecido. Eleanor le siguió, dejando a Steven y a Kerry solos en la sala.

—Eres bastante audaz —dijo el acercándose.

Unos ojos verde mar lo miraron fijamente.

—Gracias. —Recogió sus papeles—. Si me disculpas…

—Ey… ey… espera. —Steven rodeó la mesa y se reclinó sobre el borde—. No voy a morderte. —Sonrió—. A menos que quieras, claro. —Golpeó los papeles con la punta del dedo—. No hace falta que te muestres tan hostil… estamos en el mismo bando, ¿recuerdas?

—¿Lo estamos? —preguntó Kerry—. ¿Entonces por qué acusas a nuestro departamento de sabotear deliberadamente el tuyo? —Levantó un e-mail impreso—. ¿O no fuiste tú quien escribió esto?

—Oh, vamos… —protestó Steven perezosamente—. Es sólo un juego… relájate —dijo golpeándole el brazo con su rollo de papeles—. Los dos somos nuevos en esto, ¿verdad?

—Más o menos —respondió Kerry, relajándose ligeramente.

—Entonces… podemos hablar… Mira, no estoy aquí para buscar problemas. Sólo quiero dar lo mejor de mí para empezar rápido con algunas ventas… Se trata de que todos salgamos beneficiados, ¿recuerdas? —dijo levantando las cejas—. Nos podemos ayudar mutuamente… las cosas están un poco estancadas… y si trabajamos juntos, tal vez podamos darles un empujón.

Kerry lo estudió. Era atractivo, él lo sabía, y a ella no le pasó desapercibido el encanto de su cautivante sonrisa.

—Será un placer ayudarte en lo que pueda —contestó Kerry, manteniendo un cierto grado de cautela—. Siempre y cuando no suponga comprometer nuestras normas.

Fue ese el momento que él eligió para acercársele, con un movimiento aparentemente casual.

—Ah… Kerry… ¿crees que te pediría algo semejante? —dijo sonriendo—. Pero tienes un almuerzo en tu agenda… Tal vez podríamos ir juntos a comer algo en la cafetería y seguir con la conversación… ¿Qué te parece?

Steven capturó sus ojos y sus labios se contrajeron ligeramente.

—De acuerdo —dijo la mujer con tranquilidad—. Estaría bien. —Volvió a recoger sus papeles y le obsequió con una sonrisa gentil—. Tengo que irme… llego tarde a la reunión.

Él, por su parte, le guiñó un ojo.

—Ve, cielo… ya nos veremos.

Sus ojos la siguieron hasta que salió del cuarto y acto seguido su sonrisa de convirtió en una carcajada leve y gutural.

—Hay más de una manera de arrancarle los colmillos a un gato, Dar… Y tú has cometido un error. Uno muy grande.

***

La cafetería estaba completamente abarrotada por los que almorzaban temprano. Personas que entraban antes de las ocho y ya hacia el mediodía estaban muertos de hambre. Kerry levantó su bandeja y echó un vistazo a la sala hasta que localizó a María y a unas cuantas mujeres mayores sentadas de espaldas a una ventana, desde la cual se veía el océano.

—Hola —las saludó, colocando su comida frente a una silla vacía—. Parece que va a llover.

—concordó María, mirando las amenazadoras nubes de fuera— ¿Cómo estás, Kerrisita? ¿Fue bien la reunión?

Kerry asintió y cogió sus cubiertos.

—Más o menos. —Bebió un sorbo de té helado y pinchó con el tenedor un poco de lechuga—. Hemos acordado que no estamos de acuerdo en nada… ya sabes cómo son estas cosas. —Dirigió una mirada irónica a la mujer y luego en derredor con indiferencia—. ¿Han vuelto a secuestrar a la jefa?

Esta vez fue María la que asintió.

… Una conferencia desde Francia… me pidió que le llevase un sándwich.

Kerry soltó una carcajada y sacudió la cabeza, pero no dijo nada. El resto de los ocupantes de la mesa hablaban del último episodio de una famosa serie de televisión, así que se unió a la conversación con su jovialidad habitual.

—Supongo que la luna de miel se acabó. —El comentario, indiferentemente sarcástico, hizo que Duks levantara la cabeza y mirara con frialdad a quien acababa de hablar.

—¿Perdona?

La Administradora de Finanzas, Selene Advosan, se inclinó más hacia ellas.

—Vamos, Duks… al principio, ella y la princesa de hielo estaban más unidas que un corcho a una botella de champagne… No las he visto almorzar juntas desde Año Nuevo… Sólo fue cosa de "la novedad".

El Vicepresidente de Finanzas masticó su sándwich de carne en conserva con aire pensativo.

—Ni me había dado cuenta. —Se encogió de hombros, luego miró hacia Kerry, quien se encontraba a sus anchas con sus compañeras de mesa y se reía con ganas por algún comentario de María—. Puede que sólo estén ocupadas… De todas formas, Dar nunca baja aquí a comer… y parece que se llevan bien.

—Sí… pero aun así creo que está pasando algo interesante —opinó Selene con un suspiro—. Debí haberlo imaginado… Dar está fuera de la competición.

—Mmm… —Para entonces, Duks dejó de prestarle atención al tema y se concentró en su almuerzo.

Al terminar, Kerry llevó su bandeja fuera y se unió a María justo en el momento en que la secretaria estaba pidiendo un sándwich para su jefa, estudiando las posibles opciones y mirando de un lado a otro del mostrador.

—¿Tú qué opinas? ¿Ensalada de pollo? —preguntó frunciendo el ceño.

—Paté de atún con pan de pasas —Murmuró Kerry—. Y patatas fritas.

—Puaj… —María se estremeció dirigiéndole una mirada realmente aterrada. La joven simplemente se encogió de hombros y sonrió—. Dios mío… En fin… —Pidió el sándwich y también varias servilletas. Luego agarró la bolsa que le alargaba la cajera y, con una pequeña carcajada, siguió a Kerry hacia el ascensor de personal, ya ocupado por varios empleados. En el último instante, el sonido de unos pasos apresurados por el pasillo y una mano que detuvo las puertas deslizantes dejó paso a Steven Fabricini, que se sumó a los ocupantes del reducido espacio.

—¡Vaya, hola! —exclamó abriéndose paso entre el cartero y dos auxiliares administrativas y optando por apoyarse contra la misma pared que Kerry—. ¿Qué tal el almuerzo?

—Bien, gracias —respondió ella con calma—. En realidad la cafetería no es mala… o al menos, mejor que muchos de los restaurantes de por aquí…

—Ah… —El hombre mantuvo un aire distraído cuando las puertas se abrieron por primera vez para dejar salir a una de las mujeres—. ¿Vives por la zona?

—En Kendall —dijo Kerry con amabilidad.

—Ey… ¡yo también! —Steven sonrió—. Mi edificio es bastante normal… pero era eso o allá arriba, en Miramar. —Luego levantó la mirada mientras salían el cartero y la otras mujeres—. Parece que vamos al mismo sitio —observó, dándose cuenta de que el botón con el número quince era el único que quedaba encendido.

—Eso parece… —dijo Kerry mirándolo de arriba abajo—. ¿En qué parte de Kendall vives exactamente?

—Es muy agradable… con un club y cosas así —respondió él cruzándose de brazos.

—No queda lejos de la mía… Tiene buena pinta. Cuando vamos a patinar siempre bajamos hasta esa pequeña panadería que hay en la esquina del paseo —comentó la mujer.

—Ey… yo patino mucho —aventuró Steven sonriendo—. Quizás choquemos algún día por allí… Me gusta ese lugar. —En aquel momento, la puerta se abrió y él realizó un vistoso gesto hacia el exterior—. Las damas primero…

Kerry siguió a María fuera del ascensor, observando la pose rígida de su espalda y escondiendo una pequeña sonrisa. Steve las acompañó por el vestíbulo hasta la puerta del despacho de Dar, donde relucía el distintivo de la ejecutiva. Su vibrante voz podía adivinarse surgiendo de la habitación a través de la gruesa superficie de madera pulida.

—Ay… ¿Y ahora qué? —exclamó María con un suspiro.

Steven rió entre dientes.

—Dar no necesita un buen motivo para ser dura, cruel y desagradable. —Y dicho esto, pasó entre las dos mujeres y atravesó la puerta que tenían delante, cerrándola tras él.

Kerry y María por su parte intercambiaron miradas y luego Kerry agarró su portafolios.

—Yo arreglaré esto. —Se detuvo un instante con la mano en el picaporte y tras un leve empujón, pasó adentro.

—Mike, me importa muy poco lo que te hayan dicho, porque son todo mentiras. —Dar recalcó sus palabras golpeando la mesa con el lápiz—. No voy a aceptar un plazo de sesenta días para que arranquen un circuito asqueroso, así que más les vale que puedan ofrecer algo mejor.

Mira Dar… llevamos dándole vueltas al tema desde hace dos meses… Y no van a ceder —respondió la voz del hombre, que surgía del altavoz del teléfono con un tono visiblemente cansado—. Tienen miles de conexiones que hacer ahí arriba, y un equipo más viejo que mi madre.

Dar levantó la vista al oír que la puerta se abría y mostró una expresión de profundo disgusto al contemplar la descarada intrusión de Steven en su espacio personal.

—Dame un momento —dijo al tiempo que pulsaba el botón de llamada en espera—. La gente llama antes de entrar en este despacho.

Él se limitó a reír entre dientes y dejarse caer pesadamente y sin ningún miramiento en una silla.

—Esconde las uñas, Dar. No me das ningún miedo.

—¿Qué quieres? Estoy en medio de una conversación —le censuró la mujer morena.

Steven se reclinó hacia atrás, mirando a la puerta cuando ésta se abrió y Kerry se deslizó al interior, donde segundos antes había estado él.

—¿Así que llaman antes de entrar? —preguntó burlonamente, sonriendo a Dar.

—Ella no tiene por qué. Trabaja aquí —replicó Dar—. Tienes diez segundos. Habla o lárgate.

Kerry atravesó tranquilamente la alfombra y depositó la bolsa en la mesa de Dar.

—El almuerzo —murmuró, dirigiéndose luego hacia la puerta interior, que daba al pasillo, que a su vez daba a su propio despacho.

—Gracias —dijo Dar con voz tirante y dirigiéndole una breve mirada—. Espera un segundo… tengo algunos contratos para ti. —A continuación, volvió a concentrarse en su inoportuno huésped—. ¿Y bien?

—Quiero un grupo de trabajo. —Se inclinó hacia delante bruscamente—. Y quiero a dos miembros de tu personal. Así podré hacerme una idea de qué demonios estás tramando aquí y echarlo abajo —puntualizó, con una sinceridad pasmosa, a la vez que temeraria—. La quiero a ella y a cualquier otro que quieras asignarme, durante dos meses a partir de mañana.

Cayó el silencio. Dar apoyó las manos sobre la mesa y le miró directamente a los ojos.

—¿Eso quieres? —le preguntó suavemente.

—Sí, eso quiero —reafirmó sonriendo.

Lo siguiente fue una estilizada y poderosa indicación hacia la puerta.

—Pues lo que yo quiero es que salgas ahora mismo de mi despacho —dijo la ejecutiva terminantemente—. No tengo ni tiempo ni personal para dedicarte en tu estúpido jueguecito de caza. Si quieres entretenerte rebuscando en los archivos como una rata, habla con Mariana.

—¿Te asusta lo que pueda descubrir, Dar? —dijo él cruzando las piernas y sonriéndole al tiempo que miraba de reojo a Kerry, que esperaba pacientemente a un lado—. No vas a poder mantenerlo en secreto eternamente.

Dar se limitó a mirarlo fijamente.

—Como quieras. —Se levantó alisándose las perneras del pantalón—. Tendré que solicitarlo a la vieja usanza… Conseguiré lo que quiero, y todos lo sabrán. Lo siento, Dar… Es algo que te tengo guardado. Por los viejos tiempos. —Le guiñó un ojo a Kerry cuando salía y dio un portazo a modo de despedida.

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