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:: SEÑORA PRESIDENTA
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(MADAM PRESIDENT)
Dev sonrió, se dio cuenta de la sorpresa que había causado en la joven mujer, y en un instante empezó a adorar su dulce acento sureño… — Me alegro de poder hablar con usted personalmente. Ah, disculpe. Soy…
—La Presidenta de los Estados Unidos.— interrumpió Lauren totalmente impresionada. ¡Dios mío! ¿Me está llamando para lo de su biografía? ¿Ella, personalmente?
—Presidenta electa, todavía.— Devlyn puso los pies encima de la mesa, deseando que su hambriento equipo no se hubieran comido todas las tartaletas. En estos momentos le apetecía una. —Habló con mi ayudante, Michael Oaks, ayer.
Lauren asintió, —Sí.— Su sorpresa empezó a disolverse al recordar su enfado del día anterior. —Y no me gusta mucho ser intimidada.— añadió en un tono que se tornó frío.
Dev se incorporó sobre su asiento —¿Qué quiere decir con "intimidada"? ¡¿Qué hiciste Michael?!
—Oh me refiero al Sr. Oaks y su compañero Big Joe junior.
¿Big Joe junior? Dev cerró los ojos. Oh, Dios, dime que no se llevó a Francis. —¿Se refiere a Francis Davies? ¿El serio y desafortunado agente del Servicio Secreto cuya cabeza parece nacer directamente de sus hombros?
A Lauren se le escapó una carcajada, e inmediatamente intentó contenerla tapándose la boca con la mano. ¿Un político con sentido del humor? ¡Está nevando en el infierno! —Sí, ese nombre me es familiar.— contestó rápidamente sin intentar disimular la sonrisa de su cara.
—Entonces por favor permítame que me disculpe inmediatamente. Estoy segura que la presencia de Francis no pretendía intimidarla.— Por favor no me preguntes que entonces para qué estaba allí.
Lauren volvió a apartar el teléfono para mirarlo, deseando poder ver la cara de Marlowe. Sonaba muy sincera. —Quizás lo malinterpreté.— Se oyó a sí misma decir.
—Srta Strayer, su trabajo es a la vez inteligente y profundo. Soy una gran fan
Lauren estaba sorprendida otra vez por el halago entusiasta de Dev y notó como sus mejillas empezaron a ponerse rojas. —Gra… Gracias.— Lo que no sabía es que Dev estaba intentando sofocar un sofoco similar al otro lado del teléfono.
La Presidenta electa se sermoneó mentalmente por sonar como una quinceañera impresionada por su ídolo. —Necesito tu ayuda. Estoy en una posición única, Srta Strayer. Una que necesita ser habilidosa y, aún más importante, detalladamente registrada. —La alarma de Dev sonó y ella la apagó irritada.
—No podría estar más de acuerdo.
Unas oscuras cejas se arquearon en señal de sorpresa. —¿Entonces lo hará?— La gente empezó a llenar la sala de conferencias.
—Yo no he dicho eso.
Devlyn suspiró frustrada. —Por favor, Srta. Strayer, ayúdeme en esto. Tengo una reunión en dos minutos. Dígame que tengo que hacer para que acepte.
El coche de Lauren paró delante de la biblioteca pública y esperó a que ella le diera el comando de "apagar motor". —No creo que tenga que hacer nada.— repitió sinceramente. —Me siento halagada, en serio… — E intrigada a más no poder. —Pero no quiero que me tengan copiando lo que escribe el Grupo de Emancipación del Presidente. Ese no es el tipo de trabajo que hago. Me encantaría poder recomendarle a alguien…
—¿De qué está usted hablando?
Lauren notó el asombro en la voz de Devlyn.
—Eso no es lo que quiero.— ¿Qué le dijo Michael?
La escritora soltó un suspiro, queriendo creer a la otra mujer, pero sabiendo que no era verdad. —Usted dice eso ahora. Pero…
—¡Pero nada!— Yo no quiero un "sí señora". El partido le va a pagar porque yo no quería que los contribuyentes pagaran esto, y si le pago yo de mi bolsillo, pondría su profesionalismo en cuestión. ¿no?
Lauren se inclinó, escuchando atentamente. —Sí, tiene razón.
Yo necesito a alguien con honestidad, integridad y talento. La necesito a usted, Srta Strayer. Tiene mi permiso para escribir lo que usted vea y piense… — Dev saludó a la mujer que quería que fuese la próxima Ministra de Salud y Asuntos sociales. Maldiciendo al tiempo, añadió rápidamente. —Le estoy dando acceso total a todo y el completo control editorial del contenido. Su única atadura consistirá en trabajar dentro de los márgenes de la Seguridad Nacional.
Lauren se quedó mirando el teléfono por tercera vez sin creerse lo que estaba escuchando.
Dev levantó un dedo para indicarle a la gente de la sala que estaría con ellos en un minuto. Cuando la última persona entró en la habitación y se sentó, Jane cerró la puerta de la sala de conferencias. —¿Era eso lo que necesitaba escuchar, Srta. Strayer?
Lauren asintió torpemente. ¿Total acceso? ¿Control editorial? ¿Y un "sujeto" que está haciendo historia con cada cosa que hace? —Sí.— Suspiró —Eso era lo que necesitaba oír.
Jueves, 21 de enero
Dev respiró hondo y miró a David McMillian, su amigo de toda la vida además de su hombre de confianza, y ahora el nuevo Jefe de Personal de la Casa Blanca. Ella lo conocía desde sus años de estudiante en Harvard. Estudiaron juntos, e incluso compartieron habitación durante un semestre, antes de que Dev conociera a Samantha. Todo el tiempo que habían pasado juntos había cimentado su amistad, la cual se había convertido en una constante en sus vidas.
Mientras las aspiraciones políticas de Devlyn la situaban en el punto de mira, David era feliz de poder trabajar en las sombras, donde, como él le recordaba a Dev bromeando, se refugiaba el verdadero poder.
Dev cogió y giró el frio pomo de metal. Una sonrisa tonta apareció en sus labios.
—Lo conseguimos.
—Si, lo conseguimos, Señora Presidenta.
—Para con eso.— Se burló al oírle llamarla así. Ellos estaban más allá de esos formalismos, al menos en privado. Y David lo sabía. Pero aún así, era divertido picarla. —O te haré llamarme Wonder Woman.
El hombre alto y pelirrojo se rascó la barbilla en gesto pensativo, y sus ojos color avellana se abrieron de par en par. —¿Huh?
—No importa.
Acababa de amanecer, las oficinas estaban vacías, un tranquilidad casi sobrecogedora los envolvía. Así era como Dev quería que ella y David entraran por primera vez en el Despacho Oval como Presidenta y Jefe de Personal. Había contado con mucha gente para llegar hasta ahí, pero sin el apoyo de su mejor amigo nunca lo habría conseguido. Era, pues, apropiado que ellos saborearan ese momento juntos y solos.
Ella abrió la puerta pero no entró. Davis sonrió y le indicó. —Después de usted, Wonder Woman.
—Chico listo.
Entró en la oficina y respiró hondo, deteniéndose en el centro de la habitación y disfrutando cada sentimiento, abandonándose ante el placer que eso le producía. Una sonora carcajada le salió del pecho. Se giró y encontró a David de pie detrás de "el sillón".
David le sonrió y dio un golpecito en el suave cuero. —Vamos, pruébalo.
—Casi tengo miedo de hacerlo.— admitió. —Es como si al intentar sentarme en esa silla, me fuera a despertar del sueño, y todo esto vaya a desaparecer.
—No. Es real. Estás aquí y ya nada va a ser lo mismo otra vez. Has hecho historia, Señora Presidenta. Ahora vamos a darles cuatro años que no van a olvidar nunca.
Devlyn respiró profundamente otra vez y se dirigió hacia el sillón. Se hundió en el suave cuero soltando un inaudible suspiro. Estiró las manos sobre el escritorio, sintiendo la fría y lisa superficie bajo sus manos. —Soy la Presidenta de los Estados Unidos.— susurró mirando a su Jefe de Personal.
—Sí, lo eres.— le contestó soltando un suspiro. David se mordía el borde de su pequeño bigote pelirrojo, totalmente consciente de la trascendencia del momento que estaba viviendo.
Dev parpadeó y se quedó quieta recorriendo toda la habitación con unos ojos impacientes. —¡He perdido la cabeza!
—Ya lo creo.— David se aclaró la garganta. —Ahora te dejaré sola para que puedas colocar tus cosas. Están en esas dos cajas blancas de la esquina.— señaló mientras se dirigía a la puerta.
—Gracias, David.— Levantó la vista —Hey, si no odias esto mucho ¿vamos a ir a por los ocho?
—Pregúntamelo dentro de dos años. Que tengas un buen día, Señora Presidenta.
—¡David!— le gritó.
Este introdujo la cabeza por la ranura de la puerta. —¿Sí?
—Gracias por traerme hasta aquí.
—Lo hicimos juntos, Dev.— Su amigo le sonrió y salió del despacho.
Lunes. 25 de enero
Dev se había acostumbrado al grupo de gente que siempre parecía estar detrás de ella donde quiera que estuviera. Era como ser Gobernadora pero elevado a la décima potencia. Afortunadamente, hacía tiempo que había aprendido a escuchar a varias personas a la vez. Ahora, si alguien pudiera conseguirme un plato de ternera con maíz y centeno sin tener que volver de Ohio después, sería una mujer feliz.
—Tienes una reunión con la Secretaria de Energía a las tres y media.— le dijo Lizza Dennis, su nueva secretaria, mientras le daba otra carpeta. Lizza era joven y un poco mas alta que Dev. Era delgada, tenía el pelo castaño y rizado y unas encías que dejaba ver demasiado cuando sonreía. Ella estaba salvando la vida de Dev llevándola al sitio donde tenía que estar con bastante puntualidad.
Dev había aprendido a no llevar reloj al principio de su carrera política. La gente se sentía incomoda ante el gesto de mirar continuamente el reloj, lo que se solía hacer bastante a menudo cuando se llevaba uno. —¿Qué hora es?— Dev miró la puerta del Despacho Oval, la cual parecía hacerse más grande a cada paso. Esperaba poder llegar dentro antes de que alguien declarara una guerra.
—La una y cuarto, Sra. Presidenta.
—Recuérdame lo de la cita a las tres y cuarto.
—Sí, señora. Tiene una cita ahora también. Con Lauren Strayer.
La Presidenta se paró repentinamente girando sobre sus talones para ver a la joven muchacha que casi choca contra ella. —¿Es hoy?
—Sí, señora. Fue fijada para la una en punto.
Dev hizo una mueca, y de pronto se interesó mucho por su aspecto. —Maldita sea.— Se observó rápidamente estirando la chaqueta y abrochandose unos bonitos botones de ébano. —¿Cómo estoy? ¿Estoy bien?
La mente de la joven mujer se sorprendió ante el repentino cambio de tema. —Umm… por supuesto.— afirmó. —Quiero decir… Sí, señora. Está bien.
—De acuerdo.— Le devolvió las carpetas a Lizza y después se metió las manos en los bolsillos, reprendiéndose a sí misma por su nerviosismo. —¿Cuánto tiempo tengo aún para la reunión?
—Media hora, señora.
Dev se mordió el labio. Eso no iba a ser suficiente. —Retrásalo todo un poco y dame una hora para esto. Voy a necesitarla.
—Sí, señora.— Lizza abrió su cuaderno de notas. Este era sólo su segundo día, y ya se había dado cuenta que la Presidenta iba a necesitar en su agenda tiempo muerto para poder aplicarlo a lo que más falta hiciera… — Eso significa que no volverá a la residencia hasta un poco después de las siete y media.
—Si tengo suerte.— añadió mientras se paraba frente a la puerta de su despacho y esperaba a que un hombre vestido inmaculadamente la dejara entrar. Ella se preguntó si alguna vez se acostumbraría a la gente cuyo único trabajo parecía ser abrirle las puertas. Muy bien, no hay nada por lo que estar nerviosa. Respetas su trabajo. Está bien… Te encanta su trabajo. ¿Y qué? Ya has conocido a gente triunfadora antes. Dev soltó un suspiro. Era experta en esconder cómo se sentía. —Estaré lista para irnos en una hora.— Se volvió y cogió a Lizza del brazo. —Hazme un favor y tráeme un sándwich de ternera ¿vale? La comida que nos han servido en esa comida formar no era ni siquiera comestible…
—Ahora mismo. ¿Y qué hay sobre…?— Lizza señaló hacia la puerta.
—Oh, sí.— ¿Dónde están mis modales? —Espera un momento.— Dev cuadró sus hombros y entró al Despacho Oval, dejando de lado la inmediata emoción que sintió al entrar en la habitación. Eso sucedió cuando la mujer morena vio por primera vez a Lauren Strayer. Wow. Guapa es poco. Dev mentalmente corrigió su valoración de Lauren, basada en las fotos. Preciosa. Dev carraspeó y la escritora se giró, clavando unos hermosos ojos grises en la cara de Dev. Los labios de Dev enseguida dibujaron una sonrisa, y saludó a Lauren calurosamente. —Hola. He estado deseando conocerte durante mucho tiempo. Estaré enseguida contigo, te lo prometo. Sólo me estoy asegurando de tener el suficiente sustento para no desmayarme.— Paró de hablar y tomó aire. De acuerdo. Yo, normalmente, no hablo tan rápido. —¿Te apetece un sándwich?
Lauren practically jumped to her feet. She hadn't even heard President Marlowe come in. It had taken her all of two seconds to commit her first breach of White House etiquette. "Hi. " God, television does not do her justice.
Lauren, prácticamente, dio un salto. No había oído entrar a la Presidenta Marlowe. Sólo le llevó dos segundos romper el protocolo de la Casa Blanca. —¡Hola!— Dios, la televisinó no le hace justicia.
Devlyn vestía unos modernos pantalones anchos de lana de color verde oscuro. Debajo de la chaqueta, que le hacía juego con el pantalón, llevaba un elegante jersey de cuello vuelto de color gris metálico que resaltaba la musculosa complexión de Dev y su brillante pelo negro. Tenía el cuerpo de una corredora, largo y delgado, con unas piernas interminables. Los ojos de Lauren se abrieron más cuando se dio cuenta de que no había escuchado nada después del "hola". Su mente no paraba ni un minuto. ¡Mierda! ¡Sé que sus labios se estaban moviendo!
Devlyn se extrañó ante la repentina confusión que observó en la colorada cara de la joven mujer. —¿Un sándwich?— apuntó indecisa.
De acuerdo. Eso era. —No, gracias, Sra. Presidenta. Ya he comido.— Los pocos bocados que las mariposas del tamaño de murciélago que habían en mi estómago me han permitido.
Que acento sureño más dulce. —¿Le importaría si me doy el gusto?— La NRA ha fallado en su intento de envenarme en la comida, Y estoy…
—Por supusto, Señora Presidenta.— Lauren sonrió y se colocó un mechón rubio detrás de la oreja. Se quitó las gafas y empezó a morderlas ausentemente cuando Dev se dio la vuelta.
Igual que Christopher, pensó la Presidenta. EL chico siempre estaba jugueteando con sus gafas. Dev sonrió otra vez. Le gustaría saber que alguien más las llevaba. Las gafas eran inusuales en estos tiempos y sabía que Chris odiaba levarlas, a pesar del hecho de que estas corregirían su astigmatismo. Esta era la razón por la que tendría que llevarlas al menos unos años más.
—Gracias.— Dijo Dev, suspirando aliviada. ¡Sí! No está enfada porque haya llegado tarde. —Le juro que volveré enseguida.— Con eso Dev salió del despacho y cerró la puerta tras ella. —Un sándwich y una hora.— le dijo a Liza, la cual estaba explicando algo del Protocolo de la Casa Blanca a Jane Shultz, la secretaria de Dev. La Presidenta saludó a Jane y recibió una simpática sonrisa como contestación.
—Un sándwich y 56 minutos.— Le sonrió Liza mientras tapaba su cara con su reloj de pulsera.
Dev arqueó una ceja, contenta, y un poco sorprendida de que la mujer estuviera más tranquila que ella. Todo el mundo había empezado esta nueva administración de un modo demasiado formal, y aunque era lo esperado y lo apropiado, no estaba haciendo que se sintiera cómoda.
—De acuerdo. Gracias.— Dev volvió a entrar en el despacho. Inclinó los hombros sobre la puerta para cerrarla, sus ojos se cerraron y exhaló profundamente. El suspiro se convirtió en un alegre gruñido cuando la pesada puerta se cerró, aislándola del resto del mundo durante 55 minutos.
Lauren, que estaba apoyada en el respaldo de uno de los sillones de cuero que había en el centro de la habitación, parecía divertida. Sus manos descansaban en el respaldo del sillón y parecía como si estuviera intentando aguantarse la risa.
Dev permaneció de pie, intentando recobrar al menos un poco de su actitud presidencial. Pero una mirada a unos comprensivos e indulgentes ojos hicieron que se rindiera en el instante, sonriendo mientras se apoyaba en la puerta. —Te propongo una cosa. Vamos a hacer un trato. Tú me dejas ser yo misma cuando estemos solas y podremos superar los próximos cuatro años sin volvernos locas.— Sonrió ante los interesados ojos de Lauren. —Además, si voy a ser la Presidenta de los Estatos Unidos todo el tiempo, el libro va a ser un asco, y las dos lo sabemos.
—Trato hecho.— Lauren estaba sonriendo, pero su sonrisa se desvaneció enseguida. —¿Es lo mismo, "tú" siendo "tú" que "off-the-record"?— Oh, Dios. Aquí viene. La biógrafa enseguida se reprendió por no haber hecho caso a sus primeros instintos y rechazar esta oferta.
Dev se alejó de la puerta. Se dirigió al sofá de cuero que había al lado de Lauren y se dejó caer en él. —Nop.— respondió despreocupadamente, haciéndole un gesto a Lauren para que tomara asiento. —Lo bueno, lo malo, lo desagradable de mi vida es un libro abierto para ti, srta. Strayer.— Inesperadamente la voz de la presidenta se volvió seria y dirigió una mirada a la escritora; una mirada que le hizo inclinarse mientras escuchaba. —Mis hijos, sin embargo…
—No tiene que preocuparse sobre eso, Sra. Presidenta.— la interrumpió Lauren urgentemente. —Yo nunca invadiría su espacio. Dentro de lo que concierne a su biografía, ellos son sólo una pieza relevante en la medida en que ellos la afecten a usted.
Dev la miró curiosamente y soltó una tímida carcajada. —Bueno, ellos me afectan en todo.
Lauren estaba apunto de discrepar, pero se detuvo. Cállate Lauren. Tú no tienes niños. Bueno, al menos niños de los que no beben agua del váter. Nada de suposiciones ¿Recuerdas?
La primera biografía de la escritora había sido la de Karina Jacobs, la estrella de los Juegos Olímpicos de 2016, la cual había nacido en Harlem y era adicta a la cocaína. Fue relanzada como la Wilma Rudolph del siglo XXI y terminó ganando siete medallas de oro, a pesar de las discapacidades físicas con las que había nacido. Karina era soltera y no tenía hijos.
La segunda biografía de Lauren había sido la de Meter Orlosky, el mega-idiota que había arruinado el imperio Microsoft con su nuevo sistema operativo. Podía manejarlo todo, desde un ordenador personal hasta la más amplia red global. No sólo era soltero y sin hijos, sino que además Lauren estaba completamente segura de que nunca había practicado sexo. Al menos con otro ser humano. Pero al fin y al cabo eso no lo incluyó en la biografía porque se dio cuenta que cualquier persona podía saber eso con sólo mirarlo o escucharlo.
Y, finalmente, su más reciente biografía fue la del Cardenal O'Roarke. Aunque ella estaba segura de que su secretario personal, Andre Ricardo, tenía una muy cercana relación personal con el cardenal… ellá no podía afirmar que éste tuviera ningún hijo. Por eso, ¿Cómo podría ella saber la manera en que afectaban sus hijos a la Presidenta?
—Permítame explicarme mejor… — intentó de nuevo Lauren. Su tono era un poco más serio que el de Devlyn, pero inconscientemente su gesto se había suavizado. —Puede confiar en mí a la hora de decidir qué es privado en la vida de sus hijos… y qué podría hacerles daños. Se lo prometo.
Dev asintió. —Si no estuviera segura de eso, no estarías aquí Srta. Strayer. No me arriesgo con el bienestar de mis pequeños.
Lauren sonrió agradablemente, ligeramente sorprendida por la elección de palabras de la Presidenta. "Mis pequeños"… tan personal. Maternal, Por alguna motivo, no pensé que ella sería así. —Pero me encantaría que pudiera estar relajada y ser usted misma conmigo, a pesar de mi trabajo.— se dirigió a la mujer que estaba cómodamente sentada enfrente de ella, de una manera que bordeaba la sensualidad. —Sé lo difícil que eso será para usted.— añadió amablemente.
Dev se rió, alegre de que su nerviosismo no se estuviera notando. —Bien, porque así,.— estiró la mano sobre su abdomen y, como si fuera el momento apropiado, bostezó ferozmente —soy yo… cansada, hambrienta.— apuntó a varios relojes colgados en la pared, mientras intentaba encontrar la correcta zona horaria —y un poco impuntual.
Es habladora. ¡Gracias, Dios!
—Realmente quería causarte una buena primera impresión. Pero al llegar tarde se estropeó esa idea…
¿Quería impresionarme a mí? Movió la cabeza ligeramente hacia un lado a la vez que pensaba sobre la líder del mundo libre con una creciente curiosidad. —Algunos pensarían eso.— Pero yo no sería una de ellos. Me diste una maravillosa primera impresión, Presidenta Devlyn Marlowe. Pero seguro que ya lo sabías.
—Entonces supongo que lo único que puedo hacer es decir lo siento, y esperar que puedas perdonarme.— La imagen de unos dientes blancos devolvieron la vida a la cara de Dev.
La mente de la escritora no paraba, intentaba tejer un tapiz de palabras que describieran a Devlyn. Y no había ninguna que Lauren pudiera usar para referirse y retratar a la Presidenta Devlyn Marlowe. Carisma. —Creo que bajo estas circunstancias puedo perdonarla, Sra. Presidenta…
—Gracias.— la mujer alta se revolvió un poco en el pequeño sofá y se inclinó hacia delante. Sus manos descansaban sobre sus muslos con los dedos entrelazados. Lo que quería hacer era preguntarle a la escritora por algo de su trabajo, especialmente por unas cuantas obras que había escrito bajo el pseudónimo de Lauren Gallager.
Pero no era la hora de comportarse como una fan loca. Había todavía un problema que solucionar y que Dev había dejado para su encuentro cara a cara. Algo que ella esperaba que diera a su biografía un toque de intimidad y candor que echó en falta en muchas otras. Tan sólo tienes que preguntarle Dev. Lo peor que puede decir es que no. Bueno, eso no es del todo verdad. Se podría reír, acusarte de estar loca y querer empequeñecer su trabajo y después decirte que no. —¿Has llegado a la ciudad esta mañana?— terminó preguntando casualmente.
Lauren negó con la cabeza. —Anoche. El Partido de Emancipación me ha puesto una habitación en el Hotel Hay- Adams.
—¿Y es bonita tu habitación? ¿Quiero decir que si te gusta estar allí?
Una tímida sonrisa intentó dibujarse en los labios de Lauren, pero sintió un atisbo de preocupación en su estómago. ¿A dónde quiere llegar con esto? —Bueno, es de estilo renacentista italiano. No es un motel, pero creo que me acostumbraré.— bromeó.
—Bien… Bien.— Dev, no pilló el chiste. Estaba demasiado preocupada por lo que estaba apunto de proponer. —Yo, um… bueno, de hecho tenía algo más cercano en mente. Quiero decir, que si vas a seguirme en todo momento, deberías estar más cerca. Eso estuvo brillante. Duh.
Unos ojos claros se abrieron como platos. —El Hay- Adams esta a menos de tres manzanas de aquí. Un poco más cerca y estaría viviendo en su bolsillo de atrás.
—Hmmm… es verdad… — Callate Dev. Dios, no la asustes ahora. —Bueno, quizás no en mi bolsillo de atrás, pero ¿Qué le parece en la residencia conmigo y mi familia?
La boca de Lauren se abrió involuntariamente. —¿Dentro de la Casa Blanca?
Dev sonrió. —He descubierto que dentro de la Casa Blanca se está mucho más cómodo que fuera. Los bancos del parque de ahí afuera apestan.— Cuando Lauren no contestó, Dev siguió presionando. —Mira, si de verdad quieres conocerme y entender lo que hago, vas a tener que acompañarme todo el tiempo. Y no puedes hacer eso muy bien desde el Hotel Hay-Adams. Yo no tengo un horario muy regular. Y, simplemente, no hay suficiente tiempo durante el día para muchas entrevistas personales… — Y, aunque eso era verdad, Dev sabía que si Lauren se lo pedía, ella haría tiempo para ella cuando quisiera.
—Yo, mmmm. Sra. Presidenta, no sé qué decir.— admitió sinceramente. Seguramente eso haría las cosas más interesante, pero Lauren sabía que necesitaba privacidad. No estaba segura de que pudiera aguantar vivir en algo más parecido a una pecera de lo que estaba acostumbrada.
—Vivir aquí es el único modo de conocer realmente lo que hago.— dijo razonablemente. —No es necesario que sea así durante los cuatro años. Sólo hasta que sientas que tienes suficiente conocimientos sobre mi vida en el día a día.— Vamos Lauren, di que sí. Lauren había empezado a mecerse suavemente, y Dev sabía que lo estaba considerando. Continuó para rematar la faena —Quiero una precisa y sincera crónica de primera mano del trabajo de la primera mujer Presidenta de los Estados Unidos. No me tomo mi deber a la ligera, Srta. Strayer. La forma más sencilla para mí de darle completo acceso es tenerla al lado. No quiero correr riesgos.
—¿De verdad desea eso?— Preguntó curiosamente. Darle el control editorial del libro era un riesgo enorme, y ella lo sabía.
Unos ojos azul cielo se detuvieron en los de Lauren con una casi dolorosa honestidad. —Sí, lo deseo realmente.
Lauren encontró difícil desconfiar de las palabras de la Presidenta. Maldita sea. Seguro que eso le viene por su profesión. Pero una pequeña parte de la escritora encontraba esta oportunidad demasiado buena para ser verdad. —¿Y nadie va a susurrarme al oído lo que escribir?
La Presidenta sonrió. No te metas en eso, Dev. Mantén tu boca cerrada. —Te prometo que no te censuraré nada de lo que escribas. Y una vez el libro esté acabado, siempre y cuando nada concierna a la seguridad nacional, no te pediré que hagas ningún cambio.
Puede que haya alguien que te haga peticiones… pero puedes hacer con ellas lo que quieras.
—¿Me garantizas eso?
—Al cien por cien.— A Devlyn no se le había pasado que Lauren no había aceptado todavía la oferta de mudarse a la residencia. Pero estaba pensando sobre ello. Y algo dentro de la Presidenta le decía que a esta mujer no le gustaba ser presionada.
Tocaron ligeramente a la puerta y Dev apartó la mirada de su invitada.
—Adelante.
—Una mesa de servicio para dos fue introducida y rápidamente preparada. —¿Algo más, Sra. Presidenta?— le preguntó un joven y rubio camarero.
—No. Ya está todo.— Dev miró a Liza, la cual estaba sonriendo. Era obvio que la asistenta había ordenado comida para dos. La Presidenta le devolvió la sonrisa y le guiñó el ojo. Ella asintió y el pequeño comité abandonó la habitación dejándolas solas de nuevo.
—¿Estás segura de que no quieres acompañarme? Por lo que veo que mi petición de un sándwich fue completamente ignorada.— Se rió. —Hay suficiente. Todo el mundo ha estado intentando hincharme estos días.
Dev dio un gran bocado y suspiró de placer.
Lauren suspiró hastiada. —Bueno, si insiste.
Devlyn cogió otro sándwich y le dio otro bocado. El olor a ternera con maíz le llegó hasta la nariz. Liza se ha ganado un aumento de sueldo. Estoy en el cielo.
La escritora mordió el sándwich, e inmediatamente imitó la reacción de Dev. —Oh, dios.— murmuró, lamiéndose las presillas de los labios. —Esto está muy bueno.
Su mente le informó que vivir en la Casa Blanca le daría acceso a la Presidenta, pero crearía un caos en su intento de mantener una distancia profesional con el sujeto. Le dijo a su mente que se callara. Levantó de nuevo el sandwich. —¿Tendré más de estos si digo que sí?
Dev paro de masticar de golpe y levantó la vista de su plato. —Tantos como quieras.— le prometió.
Lauren cogió su servilleta y la extendió sobre sus rodillas. —Entonces prepáreme una habitación Sra. Presidenta. Me parece que va a tener invitada para rato.
—¡Excelente!— La sincera alegría de Dev estaba escrita en su cara. —Y mi nombre es Devlyn o Dev, no Sra. Presidenta…
Sin poder disimularlo, la rubia mujer, sintió como el rubor le subía por las mejillas. —Entonces, por favor, llámame Lauren.
Dev extendió su mano y cuando se encontró con la de Lauren, la apretó firmemente, absorviendo su calor con gran placer. —Es un placer conocerte, Lauren.
—El placer es mío, Devlyn.— contestó Lauren, volviendo a fijarse en su sándwich como si nunca antes lo hubiera visto. —Supongo… que debes querer hacerme tantas preguntas como yo a ti.
Dev sonrió con satisfacción y cogió un pepinillo. —Sí. ¿Cómo puede alguien acumular once multas de aparcamiento en dos días?
Esta vez el rubor de Lauren era muy pronunciado. —¿Cómo… sabías eso?— murmuró avergonzada.
Dev mordió el pepinillo, disfrutando su salado sabor. —¿De verdad tengo que contestar a eso?
Lauren se rascó la mandíbula —No, supongo que no. Bueno, digamos que empezó por un mal día.
—¿Qué terminó dos días después?
Lauren soltó una carcajada. —Algo parecido.— Levantó la botella de agua que estaba en un pequeño cubo con hielo y vertió un poco en un vaso de cristal.
—Yo tuve un día de eso una vez. Duró casi una semana.— Dev intentó alcanzar la cafetera, que estaba mucho más cerca de Lauren que de ella. La escritora rápidamente interceptó las manos de Dev.
—Déjame hacer eso a mi.— Cogió la cafetera y preparó dos tazas, decidiendo que quizás a ella también le hacía falta. —¿Cómo lo tomas?
—Solo. Y espero que esté muy fuerte. Gracias.— dijo Dev mientras tomaba la taza de la mano de Lauren. —¿Y tú cómo lo tomas? Quiero saberlo por si alguna vez te tengo que traer una taza.
—Con crema y dos terrones de azúcar.— Lauren vertió un poco de crema en el café y empezó a buscar una cucharilla, la cual apareció mágicamente delante de su cara. —Gracias.— Sonrió y cogió la cuchara de la mano de Dev. —Pero por alguna razón no puedo imaginarme a la Presidenta de los Estados Unidos preparándome el café.
—Mmm… — Dev asintió. —Tienes razón. La Presidenta probablemente no lo haría. Pero Devlyn Marlowe lo hará.
Martes, 26 de enero
La reunión de cada mañana con el personal estaba apunto de finalizar cuando Devlyn recordó algo muy importante. —Se me olvidaba. Ayer por la tarde conocí a Lauren Strayer, y de ahora en adelante ella asistirá a estas reuniones. Para aquellos que no lo saben aún… — Todas las personas de la sala miraron al suelo disimulando y Dev suspiró medio decepcionada, pero no sorprendida. —De acuerdo, sois unos cotillas y ya lo sabíais, pero os lo voy a explicar de todos modos. La Srta. Strayer va a escribir todo lo que suceda aquí y además se va a mudar a la residencia hoy mismo. ¿Verdad Miachel?— Dev arqueó desafiantemente la ceja en dirección a Michael Oaks, el cual afirmó resignadamente.
Él había intentado disuadir a la Presidenta, pero esa mujer cabezota no estaba por la labor. Había algo en Lauren Strayer que no le gustaba. No sólo había declinado arrogantemente su oferta en Tenesse, sino que le había dicho algo a Dev que había hecho que la Presidenta pusiera en cuestión sus procedimientos. A parte, lo que fuera que le dijo, había enfadado tanto a Dev que había hecho que transfirieran al agente del
Dev tomó un ultimo trago de su café y depositó la taza en su platillo de porcelana. —La Srta. Strayer empezará su trabajo hoy mismo. Cuenta con todos los privilegios y total acceso. Por favor, tratadla bien.— La última parte del discurso fue pronunciada medio en broma, pero nadie de la habitación dudaba de la sinceridad de su petición. La Presidenta miró a su equipo —¿Algo más?
El jefe de personal observó varias caras de la sala. Algunas eran nuevas tanto para él como para Dev, en cambio otros eran amigos leales.
—Deberíamos anunciar que la Srta. Strayer ha sido contratada para escribir sus memorias.— anunció firmemente la Secretaria de Prensa, Sharon Allen, mientras abría su cuaderno y anotaba unas cuantas ideas. El hecho de que no pareciera muy contenta no se le escapó a Dev. No era debido a que Lauren no estuviera cualificada. Es verdad que era muy joven, pero, a pesar de eso, su trabajo era muy respetado. Su desacuerdo se debía al hecho de que tuviera que vivir en la residencia. La Secretaria de Prensa Allen empezó a sentirse mareada por un sinfín de horribles situaciones que le venían a la cabeza. Alguien un poco más mayor y más gordo habría sido una elección más segura.
—Ooo… Tengo 38 años, no 88. Y esto me hace sentir tan vieja como las montañas.— Dev se hundió en el sillón, arrepintiéndose de haber elegido una falda en lugar de pantalones. —Y el hecho de que vayan a escribir una biografía es una señal de ello.— Le dirigió a la Secretaria de Prensa una mirada suplicante.
La habitación se llenó de risas, y Jane, que estaba apoyada sobre la pared sacudió la cabeza. Dev, a veces, era como un grano en el culo. Que Dios la bendiga.
—Vamos a llamarlo biografía y no memorias, Sharon. No estoy preparada para tener canas todavía.
Todos se levantaron cuando la Presidenta empezó a desfilar por la sala, dispuesta a empezar su atareado día. La puerta se cerró, dejando atrás a Dev, Liza y el Jefe de Personal. David miró a la joven mujer y silenciosamente le pidió un momento a solas con la jefa.
David sonrió cuando ella consultó el reloj. Dev tenía un desayuno con varios miembros de los partidos Demócrata y Republicano, incluido el ulta-conservador Portavoz de la Casa. Casi sentía pena por ella. Tendría el gran placer de reunirse con dos grupos que la criticaban y desconfiaban de ella. Dev siempre había pensado que la vida habría sido más fácil si Dev hubiera permanecido en el partido Demócrata.
Liza salió del despacho tranquilamente.
—Señora Presidenta.
—Sí, David.— contestó, mientras apoyaba la cabeza en su mano.
—Tengo que decirte que creo que tener a la Srta. Strayer viviendo en la residencia va a causarte problemas, Dev. Una vez la prensa se entere de eso, la van a convertir en algo más que una empleada contratada para escribir un libro.
—Hablas igual que Michael. Y no tengo intención de comunicar a la prensa que está viviendo en la residencia. Pero si eso se convierte en un inconveniente, ya lo solucionaremos cuando venga.
David entornó los ojos. —A la prensa sólo le llevará dos días descubrirlo. Y confía en mí, eso va a ser un problema. Una Presidenta soltera y lesbiana se enamora de una atractiva y soltera escritora…
—Te olvidaste de decir "muy hetero", soltera y muy respetada biógrafa.
David se puso las manos en la cintura —¿Y cómo sabes que es hetero? ¿Se lo has preguntado?
—Uhh… pee… ahh.— Dev intentaba hablar pero no le salían las palabras. —¡¿Qué?!
—Porque he leído el reporte, Dev. Y no recuerdo ninguna información haciendo referencia a su orientación sexual.
—¡Pero estaba casada con un hombre!— exclamó Dev una milésima de segundo antes de cubrirse los ojos con las manos. Dev sacudió la cabeza furiosamente. —Dios, no me puedo creer que haga dicho eso.
David se rió. —Dev el hecho de que la Srta. Strayer, en la actualidad, sea hetero o gay no es el problema. La gente va a pensar lo que quiera, y las dos sois solteras. Dev, tienes tres hijos, y sabes lo que los conservadores harán cuando…
—¡Que se jodan los conservadores!— exclamó muy enfadada. Ella se había cansado hacía mucho tiempo de oír como era pintada como la peor madre desde Joan Crawford. —Sabes que me importa una mierda lo que digan o piensen.
—Pero debería importarte.— insistió David. Él perdía casi siempre que discutían, pero nunca dejaba de intentarlo. —Están ahí fuera, y no se van a ir a ninguna parte.
Dev se inclinó sobre el borde de la mesa. —Además, quizás soy soltera, pero todavía estoy superando la muerte de mi mujer…
Los ojos de David se suavizaron —Lo sé, Dev. Pero estamos hablando sobre la fantasía de la gente, no sobre realidad.— suspiró, preguntándose si debía ir más allá. —Ummm… sabes que Samantha no querría que la estuvieras llorando para siempre.
La voz de Dev se tornó un angustiado susurro. —Lo sé.
David se dirigió hacia la alta mujer y se sentó con ella. —Mira, no quiero discutir. Sé que es importante para ti que ese libro se haga bien… pero cuando esto se vuelva contra ti y te pegue una pata en el culo… y lo hará, yo voy a estar justo aquí para decirte "te lo dije".
—Como siempre.— bromeó ella.
—Exactamente.— le golpeó en el muslo y se sorprendió de tocar carne. ¿Por qué lleva falda? Ella odia las faldas.
—Bueno si trasladar a Lauren a la residencia para que pueda trabajar, es lo peor que se va a volver contra mi, consideraré este como un mes muy afortunado.
—No va a hacer falta un mes.
Dev ignoró el pesimismo de David y se dio la vuelta, cogiendo un par de documentos que Liza le había entregado antes. Ella buscó en sus bolsillos, y David, amablemente, le alcanzó un brillante bolígrafo de metal. —Estamos hablando sobre prensa importante. El Inquisidor y las otras revistas de escándalos no cuentan…
—La prensa importante se hará eco de ello si es lo bastante jugoso. Y los dos sabemos que si tres de esas revistas de escándalos recogen a la vez la historia de Lauren viviendo en la residencia, lo será. Es una ley… como la de la gravedad, o la de Murphy.
Dev se rió para sí misma guardándose el boli de David en su bolsillo —Es verdad, Mister Pantalones Elegantes. Intentaré recordarlo.
***
Lauren se sentó en la cama nueva de su nueva habitación, en su nueva casa… la Casa Blanca. —Wow.—. Movió la cabeza sorprendida, permitiéndose disfrutar de donde estaba y lo que iba a hacer.
Desde noviembre había vivido en un continuo ir y venir para publicitar su última biografía. Eso la había dejado sin tiempo para saber o conocer algo de Devlyn Marlowe. Eso hacía que se sintiera insegura, desconcertada, como un estudiante que no había estudiado mucho para un examen y ahora se tenía que enfrentar a la consecuencias.
Lauren se rió de sí misma por sus preocupaciones. Tampoco es que no conozcas nada de ella… Su cara y esos impresionantes ojos azules han estado apareciendo en tu tele continuamente desde hace seis meses. Pero la escritora tenía que admitir que la Presidenta era mucho más agradable de lo que parecía. Vale, de acuerdo, mucho más que agradable. Divertida, simpática.
Lauren estaba por fin a solas, lo que le dio tiempo para ordenar las fotografías mentales que había sacado desde que conoció a Devlyin. No obstante esperaba poder tomarlas también con su cámara.
La emoción de estar en ese sitio, era la misma que había sentido cuando le fue permitido entrar en las más privadas y sagradas zonas del Vaticano mientras hacía la biografía del Cardenal O'Roarke. Su estómago se revolvió debido a los nervios y la excitación. Pero su tour por el Vaticano había consistido en una visita guiada. Ahora iba a vivir aquí. Al menos por un tiempo. Lauren no pensaba que su necesidad de privacidad le permitiera estar ahí mucho tiempo, pero iba a intentar aguantar el máximo posible.
Su mirada se dirigió hacia unos brillantes muebles de madera de cerezo al Estilo Colonial. La habitación era casi tan grande como todo su apartamento. Aunque no tenía cocina o cuarto de lavandería, tenía más cosas de las que un dormitorio precisaba. Un bar bien aprovisionado, una zona para sentarse con dos sofás separados por una pequeña mesa de café.
La cama era tan alta que Lauren no llegaba al suelo cuando se sentaba en el borde del colchón. Era una cama de dosel, hecha con la misma madera de cerezo que los demás muebles de la habitación. La madera brillaba tanto que Lauren podía ver su reflejo cuando la miraba. Acto seguido la recorrió con un dedo sintiendo la misma satisfacción que siente un niño al dejar sus pisadas en un manto de nieve virgen.
Un esbelto vestidor a juego, una mesilla de noche y un gran armario flanqueaban la cama. En la mesilla de noche, en un bonito jarrón de cristal, reposaban dos docenas de rosas amarillas. Su suave fragancia llenaba la habitación mezclada con el olor a madera pulida. Unas largas cortinas de color crema, que hacían juego con toda la habitación, estaban abiertas y atadas a los lados con un lazo dorado, permitiendo que la luz de la tarde entrara por las ventanas.
Unas cuantas de sus cajas habían sido desempacadas por los criados de la Casa Blanca, después, por supuesto, de que todo hubiera sido propiamente inspeccionado, radiografiado, olido y escaneado… y eso incluía también a su perro, Gremnlin, el cual estaba a los pies de Lauren intentando subir encima de la alta cama.
—Debo estar soñando, Gremlin.— Pero, mira, hablando de presión. —Espero hacerlo bien.— Lauren resopló levantando un poco de pelo rubio de su flequillo. Una risa incrédula le salió de dentro. —Esto es totalmente surrealista.— Los dedos de una mano acariciaban el satín de la colcha de su cama mientras se inclinaba sobre Kremlin para acariciarle detrás de las orejas.
Unos grises se abrieron asombrados cuando observaron el reloj y se dieron cuenta que ya era la hora a la que había quedado con Devlyn para conocer a sus hijos. Se preguntaba si estarían todos alineados como los de la familia Von Trapp esperando inspección del Comandante en Jefe. Ewww… espero que no. Además yo no sé cantar.
Estaba un poco nerviosa. Ella como hija única no estaba preparada para tratar con niños. Además, tener siempre las narices metidas en un libro cuando era una niña no la había ayudado precisamente a ser Miss Popularidad. Era guapa, pero nunca habría hecho algo vergonzoso como levantarse la camiseta y enseñar las tetas a cambio de dos chocolatinas y el asiento de ventanilla del autobús. Una sonrisa se cruzó en sus labios, por supuesto eso habría dependido de quién se lo hubiera pedido y lo buena que fuera la recompensa.
La escritora se levantó y se abrochó el cinturón, despidiéndose casi de los vaqueros porque no creía que fuera a usarlos mucho durante los próximos cuatro años. Después, lo vio de refilón. ¿Debería? pensó por un momento, después asintió. —Creo que tenemos un minuto, Grem, Vamos a llamarlo… — Lauren bromeó. —Esperemos que con esto no le dé a Wayne el ataque al corazón del que lleva preocupado cinco años. Porque seguro que se va a quedar muerto cuando le diga donde estoy viviendo.
La segunda leja de la mesilla de noche se deslizó hacia afuera, formando una pequeña mesa y haciendo accesible el teléfono desde la cama.
La mujer rubia se disponía a dar el comando de voz —telefonear.—, pero se paró cuando echó un vistazo a la elegante máquina. No tenía un registrador de voz. —Huh.— Debe ser un teléfono antiguo. Lo descolgó y se quedó mirando el cordón, estirando de él unas cuantas veces. —Vaya asco de… Vale puedo hacerlo de la forma más complicada.— Volvió a descolgar y se dirigió a pulsar la almohadilla, pero no tenía. De hecho, no había manera visible de llamar a nadie.
De repente una sonrisa iluminó la cara de Lauren. —Maldita sea, Kremlin.— El perro finalmente cogió carrerilla y pudo subir a la cama. Movía rápidamente la cola en señal de victoria y sus ojos se fijaron en la mano de su ama. —Esto es el Bat Teléfono.
Un lígero ruido sonó haciendo la atención de Lauren y Gremlin se dirigiera hacia la puerta. —Hora de ir a conocer a esos humanos en miniatura. Deséame suerte, chico.— lo acarició. —No… tú no puedes venir. Y ten cuidado.— le rogó estirando la almohada que había aplastado —Marta Washington o alguien así hizo eso probablemente. Y no quiero tener que sacar un préstamo para remplazarlo.
El perro se acercó al borde de la cama para seguirla, pero se lo pensó mejor cuando miró hacia el suelo.
—Ah ja. Ahora estás atrapado, ¿eh?— se rió Lauren mientras se dirigía a la puerta. —Te está bien merecido.
Abrió la puerta y encontró a Michael Oaks allí plantado. Lauren se sintió un poco decepcionada. ¿Por qué estaría esperando a Devlyn? Miró por encima de los hombros del hombre negro. —¿Qué? ¿No hay refuerzos esta vez?
Michael dejó pasar su alusión a la visita a Nashville, —El agente del Servicio Secreto asignado a este pasillo está en su puesto, Srta Strayer. Se lo aseguro. No he encontrado ningún motivo para traerlo hasta la puerta.— Se ajustó la corbata. —Por lo que veo está preparada.
—Sí… errr… no… sólo un minuto.— Lauren se dirigió hacia el escritorio situado contra la pared que había enfrente de la cama. Buscando en una mochila, sacó la cámara de fotos y rápidamente le puso un carrete. Esperó a cerrar la tapa de la cámara y añadió. —Ahora sí que estoy preparada.
—No puede… — apuntó hacia la cámara. —Eso no está… — empezó a decir.
Lauren arqueó una ceja. —Acceso total, Sr. Oaks. Esto es para documentación, no para publicación. Y ya tengo el permiso de David McMillian. ¿Tiene usted más poder que él?
—Ehh… por supuesto que no… pero…
—Se acabó.— Volvió a mirar al reloj. —Vamos a llegar tarde. ¿Tenemos que seguir aquí discutiendo esto?— Lauren era consciente de lo mucho que estaba enfadando al ayudante, pero estaba disfrutando cada momento.
Él le dirigió una fría sonrisa. Zorra. —Vamos.— Extendió una mano y Lauren siguió de largo, cerrando la puerta tras ella. Todavía no había dado dos pasos cuando un sorprendente ruido, seguido de un ladrido, se escuchó en su habitación.
Unos ojos grises se cerraron. ¡Ahora no, Gremnlin! Lauren se mordió el labio y se giró hacia Michael, el cual parecía mortificado. —Lo siento.— se disculpó sinceramente. —No está acostumbrado a esto todavía. Permítame calmarlo. ¿O lo puedo llevar conmigo? Sólo vamos a ir unas cuantas puertas más allá a ver a los niños ¿no?
—Pediré inmediatamente una jaula y un bozal.
Lauren se quedó parada y clavó sus ojos en el hombre bien vestido. —Puede pedirlo si quiere. Pero no serán para Kremlin…
—No puede seguir ladrando de esa manera.
Lauren colocó sus manos sobre sus caderas. —Pues lo está haciendo.
—Eso es inaceptable.— gruñó el hombre.
—Estoy de acuerdo. Debería ir a por él.
—No.— respondió Michael immutable
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