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:: SEÑORA PRESIDENTA ::
(MADAM PRESIDENT)

No lo hizo. En su lugar su boca formó una pequeña "o".

—Wow.—dijo finalmente. Dev acababa de dejar algunas cosas muy claras para Lauren aunque ella todavía quería darle sentido a algunas piezas del puzzle que le faltaban.—¿Así que se trata de una cosa así como moral o religiosa?.

"No, es sólo una paranoia de Dev".

—Yo no quiero tener solo sexo, Lauren. Lo quiero todo. Quiero hacer el amor y estar enamorada de la persona con la que estoy. No creo que pudiera disfrutar el acto físico pensando que no hay más que eso.

Lauren repentinamente se enderezó.

—¿Es así como te sientes acerca de lo nuestro?.—se sintió como una idiota. ¿Qué no hay más que eso, una atracción física?.

—¡No!,—contestó Dev sonando un poco más alto de lo que pretendía.—No es eso para nada. Solo quería explicarte que…tú sabes que me encanta bromear y jugar todo el tiempo, y que adoro que podamos divertirnos de esa forma sin presiones ni expectativas. Pero no significa que no haya nada más detrás de todo eso. Especialmente cuando se trata de ti, Lauren.

Lauren sonrió tímidamente disfrutando lo que esas palabras significaban viniendo de Dev.

—Mi madre, por supuesto, piensa que he perdido la razón y todo eso, me dijo que te tomara, así sin más.—Dev la miró de forma reflexiva.—Y no creas que no he pensado en ello.—gimió—porque lo he hecho. Mucho. Muchísimo.—Tragó a duras penas.—No he intentado nada más contigo porque las emociones que siento son tan fuertes que no quiero que pienses que quiero aprovecharme de ti. ¿Tiene esto algún sentido para ti?.

Su frente se arrugó en un claro gesto de confusión. "No, en nombre de todos los Dioses, ¿qué estás diciendo? ¿aprovecharte de mí?".

Dev la miró. "Por supuesto que no lo tiene".—Cariño, solo quería que supieras que significas tanto para mí que quiero ir con mucho cuidado. Tú y los niños sois lo más importante en mi vida y no quiero precipitarme o abusar de ninguno de vosotros.—Dejó caer sus manos sobre su regazo.—Mi madre dice que debo aligerar mi carga.—apretó sus labios en un intento de sonrisa forzada.—Solo que no estoy segura de saber cómo hacerlo. Quiero ir despacio. Quiero llevar cuidado. Me importas demasiado como para hacer otra cosa. Así es como siempre he sido.

—No hay nada de malo en ello, Deblyn. Lauren acercó su mano a la de Dev y entrelazó sus dedos delicadamente con los de ella.—Es algo muy dulce de tu parte. "Y yo estoy desesperadamente enamorada de ti".

—Afróntalo. Estoy pasada de moda y sé que sueno como una completa idiota. Pero quiero que sepas lo mucho que significas para mí.—Devlyn hizo acopio de todo su coraje y la miró fijamente a los ojos. Dejó escapar el aire pesadamente.—Lauren, la razón por la que estoy contándote todo esto es porque quiero que entiendas cuán importante eres en mi vida.—Dev apenas volvió a tragar.—Me importas muchísimo. En el transcurso de los pasados meses definitivamente me he dado cuenta que estoy totalmente enam….

La alarma comenzó a sonar haciendo que ambas mujeres saltaran de sus asientos.

—Sra. Presidenta,—una voz de varón desconocida habló a través del sistema de altavoces que rara vez se utilizaba.—La necesitamos en la Sala Oval. Código Uno.

¡Maldita Sea!.—Dev se inclinó y besó rápidamente a Lauren en los labios.—Tengo que marcharme. Terminaremos con esto tan pronto como pueda, lo prometo.

Dev se había levantado del sofá y desaparecido por la puertatan rápido que a Lauren no le dio tiempo a decirle una sola palabra. Aunque la puerta estuviera cerrada podía ver a Dev siendo rodeada por sus consejeros y escuchando la palabra "BOMBA".

* * *

El Despacho Oval era un hervidero de gente y murmullos para cuando Devlyn empujó la pesada puerta para entrar. Los hombres y mujeres que allí estaban iban vestidos de las formas más dispares yendo desde Michael Oak´s con unos pantalones kaki y una camiseta del mismo color hasta el director del FBI que llevaba unos pantalones cortos de deporte y una sudadera de la academia militar. Todo el mundo que estaba sentado saltó sobre sus pies en cuanto ella entró. "Qué fácil". Dios, eso era irritante, especialmente cuando sabía que había otras cosas mucho más importantes que solucionar.

—¿Cuándo se apagó la última?. Unos ojos azules recorrieron con su mirada la enorme pantalla que mostraba un mapa de los Estado Unidos con cinco áreas iluminadas con una luz roja brillante. A la izquierda de la pantalla había cinco imágenes holográficas con los cinco nombres de las ciudades marcadas en rojo.

El Secretario de Defensa y el Consejero de Seguridad Nacional entraron en el Despacho con David pegado a sus talones. Dev se giró para mirarlos.

—Prepárense señoras y caballeros, va a ser una noche movidita.—Agitó su cabeza y señaló el mapa.—Cinco amenazas de bomba en menos de una hora.

—¿Militar o terrorista?.

—Creo que terrorista.—saltó el Secretario de Defensa Brendwell.—Nuestra gente está de vuelta con informes negativos sobre amenazas militares. Aunque todavía queda el 20% por confirmar.

David pasó rápidamente una mano por su corto y despeinado cabello.

—¿Extranjeras?.

—Todavía no lo sabemos.

David anduvo por la habitación.

—¿Cómo y por qué?.—Dejó su maletín sobre la mesa y comenzó a arremangarse las mangas de la camisa. Cuando nadie contestó a su pregunta, bramó.—¿Alguién?.

El Director del FBI se aclaró la garganta.

—No lo sabemos Señor. Todavía nadie ha reclamado la responsabilidad.

—Todavía.—aclaró David.—No lo saben TODAVÍA!.

Dev torció el gesto con la imagen de varios bomberos que intentaban aún a riesgo de sus vidas intentar acabar con las terroríficas llamas que salían de uno de los edificios.

—Saquen al Secretario de Prensa de la cama y traedlo aquí. Vamos a necesitar mantener esto bajo un maldito control. ¿Y dónde están los directores del DEA, del ATF y el Secretario del Tesoro?.—Ladró Dev al tiempo que le pasaban un papel con la localización y horas exactas de las amenazas.—¡Y alguien que me traiga un par de calcetines!.

—Todo el mundo está de camino, Sra. Presidenta.—vino la respuesta del fondo del Despacho.

—Bien. ¿Qué tenemos aquí?.—Dev señaló la pantalla, pero miró a un joven situado a su izquierda que vestía un uniforme de la Armada Americana.—

—En orden inverso del ataque: la Oficina de Correos de Nueva York, el edificio del IRS de Atlanta, el Palacio de Justicia en Dalas, un Instituto en Porland y un Centro Comercial en San Diego.

Dirigió su mirada a los relojes que había en la pared hasta que dio con el que marcaba las 11:00pm en la Costa Oeste. Se maldijo por lo bajo. Las tiendas estarían siendo cerradas a la misma hora de la explosión.

—¿Daños en el Centro Comercial?.

—Estamos comenzando a recibir los informes de siniestralidad. Pero es muy posible que sean elevados tanto del mismo Centro Comercial como de los edificios adyacentes.

El joven miró alrededor de la sala y cogió el teléfono que había a su lado cuando comenzó a sonar.

—David.—Dev giró alrededor buscando a su Vicepresidente entre la multitud apelotonada.—¡No es suficiente!. ¡Necesitamos saberlo ya!.

—Estamos en ello Dev.—su voz contestó aunque ella no lograra verle la cara.—

Despierta a cada uno de nuestro maldito personal si es necesario. Necesito cada pieza de información disponible. Búscame a cada uno de los alcaldes en cuestión y al gobernador de cada estado y pónmelos al teléfono…¡YA!.

Dev se dirigió por el despacho hacia uno más grande que era el centro de comando personal. Justo antes de que entraranotó que alguien le daba algo en las manos. Miró hacia abajo para ver un par de calcetines limpios blancos. Antes de que tuviera la oportunidadde dar las "gracias", la persona que se los había llevado había sido engullida por la multitud de la habitación.

Lunes, 16 de Agosto

La Presidenta se volvió a agitar y tomó otra taza de café. Le echó un vistazo a la tortilla que le habían servido. Dev no tenía hambre, pero podía oír la estridente voz de Emma resonando en su cabeza, "COME", no le harás bien a nadie si no comes". Tomó el tenedor y cortó un pequeño trozo de tortilla metiéndoselo en la boca y masticándolo lentamente al tiempo que le echaba un vistazo a uno de los documentos que tenía frente a ella.

No estaba al ciento por cien segura, pero creía que habían pasado por lo menos treinta y seis horas desde que había entrado al Despacho Oval. Y en ese tiempo tan solo había estado ausente una vez para hacer ciertas declaraciones a la prensa. Desde entonces había estado clavada en su escritorio, trabajando como un perro, asegurándose de que el mundo supiera lo seguro que eran los Estados Unidos y de cómo repartiría justicia entre los cabrones que se habían atrevido a poner en tela de juicio la seguridad de la nación.

Entre éstas y otro millón de cosas que se debían hacer estaban las llamadas tras llamadas, las videoconferencias tras videoconferencias, sentarse con sus consejeros y jefes de departamento para discutir las diferentes estrategias a llevar a cabo y continuar con las obligaciones habituales de cada día. "Dios, el día no tiene suficientes horas". Estaba agradecida de que al menos los niños tuvieran a Emma y a Lauren quienes sabía que pasarían algo de tiempo extra con ellos ya que ella no podía hacerlo. Eso era algo de lo que al menos no tenía que preocuparse.

—¡NO!.—gritó al empleado de servicio que le servía en ese momento un vaso de zumo de naranja.—No, por favor. Lo odio. Me da arcadas. Leche. Un gran vaso de leche.

—Sí, Señora Presienta.—asintió rápidamente el joven hombre con la cabeza.—

Así y todo habían tenido suerte. Aunque Dev nunca pensara que la palabra "suerte" era la apropiada para una situación como ésta. Cinco bombas habían explotado y tan sólo seis personas habían muerto y veinte habían sido heridas. "SOLO", no es "solo" cuando una de esas personas es alguien a quien quieres. Por descontado hubiera sido muchísimo peor si en la bomba de San Diego no hubiera fallado parte del mecanismo de la misma.

El Instituto de Porland había sido arrasado, pero a la hora de la explosión todo el mundo se había marchado a sus casas. Así y todo la comunidad estaba muy consternada.

Cuando la puerta se volvió a abrir, la Fiscal General entró a la habitación. Parecía tan cansada como se sentía Dev.

—Café fresco.—señaló Dev la cafetera en frente de ella.

—Si tomo otro trago de café me saldrá por todos los poros de mi piel y mi marido no se me acercará en semanas.

Dev se rió entre dientes y apoyó la barbilla en su puño.

—Nah, eso solo es un feo rumor lanzado por los vendedores de té.—Su buen humor desapareció rápidamente y soltó un frustrado bufido.—Necesito buenas noticias. Por favor, dime que me traes buenas noticias.

—Hay muy pocas buenas noticias en una situación como ésta. Pero tenemos a la mejor de nuestra gente trabajando en cada uno de los escenarios.

Dev asintió con la cabeza.

—¿Todavía no sabemos nada?. ¿Ha contactado alguien con nosotros?. Si crees que tienes que mentirme para hacerme sentir mejor, por favor, hazlo, prometo no tomar represalias contra ti.

—Bien,por lo menos esto es algo que sí que sabemos. Los informes preliminares muestran que el material explosivo en Atlanta, San Diego y Nueva York eran prácticamente idénticos. Estamos esperando todavía los informes de las otras dos ciudades. Pero, por ahora, parece que los responsables sonla misma persona o grupo.

—¿Son esas buenas noticias?.

—Definitivamente. Un mismo grupo es más fácil de capturar que dos o tres diferentes.

Dev se inclinó hacia atrás y la miró fijamente.

—Es cierto. Bien, al menos hay algún progreso.

—Sí, Señora. Daremos con ellos.

Dev se encontró con la cabeza erguida de la Fiscal General.

—Sí. Lo haremos.—Posó las palmas de sus manos sobre la mesa.—En su opinión profesional, ¿cree que es un buen momento para escaparme por un rato, tomar una ducha y ver a mi familia?.

—Sí, Señora Presidenta. Sería un buen momento.—La mujer de más edad le mostró una tímida sonrisa.—Usted ha tenido más desafíos en sus primeros ocho meses que la mayoría que los Presidentes han tenido que enfrentar encuatro años. Usted está afrontando estos desafíos de una forma que me hace estar orgullosa de ser americana, de ser mujer y de formar parte de su equipo. Algunas personas piensan en usted como un héroe. Solo quería tener la ocasión de que supiera que yo soy una de esas personas. Es un honor trabajar con usted, Sra. Presidenta.

Por un momento Dev se quedó sin palabras.

—Wow.—susurró finalmente. Eso fue una "charla alza egos". La niñera de mis hijos podría aprender mucho de usted.—La expresión de Dev se volvió seria.—Sabe que yo siento lo mismo hacia usted, Evelyn.

Evelyn irguió sus hombros de forma orgullosa y su cara se tiñó de un fuerte tono rosáceo.

—Eso es solo porque pateo culos y tomo nota de ellos.

Dev asintió.

—¿Por qué crees que te elegí a ti?. Esa es mi versión de cómo patear culos.

Evelyn bajó su voz.

—Los cogeremos, Dev. Lo sé.

Dev asintió con la cabeza hasta mirarse los pies. Se estiró y rodó la cabeza formando un círculo para desperezarse.

—Volveré en unas horas.—Hizo como si oliese el aire.—Creo que podría ofenderme.

La Fiscal General ironizó. —¿Ha percibido el ambiente en el Despacho Oval?. ¿Por qué diablos cree que estoy aquí con usted?.

* * *

Dirigiéndose a la zona residencial, lo primero que escuchó Dev fueron los chillidos encantados de dos niños, su frente se arrugó al preguntarse qué ocurría con su hijo más pequeño cuya voz no se oía por ninguna parte. A medida que cruzaba el hall se dio cuenta de que los sonidos provenían de la habitación de Lauren. Se paró y escuchó a través de la puerta.

—¿Está bien?.—preguntó Ashley preocupada.

—Creo que sí.—contestó Lauren con más confianza de la que sentía.

Dev llamó a la puerta.

—¿Hay alguien?.—Empujó un poco más la puerta entreabierta y dio un paso adentro.—¿Es ésta una fiesta privada o puede cualquiera unirse a la diversión?.

—¡Mamá!.—saltó Christopher y corrió hasta su madre para ser estrujado entre sus brazos.

—¡Iauuu!. Se quejó silenciosamente mientras lo alzaba en brazos. "Maldito hombro". Unos ojos azules recorrieron rápidamente la habitación aterrizando en Aaron que estaba profundamente dormido sobre la cama de Lauren. Se volvió hacia Ashley y Christopher.—Ahora, ¿qué es lo que está causando todo éste jaleo?. Podía escucharos a media milla de distancia.

¡Perritos!.—Exclamó Ashley.—Princesa está teniendo los perritos.

La alta mujer alzó su mirada hacia Lauren.

—Oh, aleluya. ¿Cuántos?.

Lauren dio un paso para apartarse y revelar la cama de Princesa. Si Dev prestaba atención podía oir los gemiditos de los perritos mutantes.

—¿Necesitáis un veterinario chicos?.—"No lo creo".—La escritora dio un paso más cerca de Dev dejando a Ashley y a Christopher inclinarse sobre la caja dónde Lauren había puesto a Princesa.

El muchacho y la muchacha se acercaron a los perritos que se retorcían y frotaban su largo y feo pelo. Princesa gruño y dejó escapar y largo y sufrido gemido.

—Ha tenido dos, de momento.—Dijo Lauren haciendo una mueca de dolor.—Pero no creo que haya terminado.

Dev no podía contradecirla a juzgar por los gemidos que provenían de la caja, Princesa todavía tenía un largo camino que recorrer.

—Aspira a ser una princesa hoy.

—¡Oh sip!.—La pequeña mujer arrugó su nariz.—Y lo mejor es que todavía no he vomitado o me he desmayado.

Una genuina mueca estrechó la cara de Dev.

—Wow. Estoy impresionada.

—Deberías estarlo.—le contestó Lauren.

Dev miró disimuladamentepor encima de la cabeza de Lauren y echo un vistazo a los perritos.

—¡Oh Dios mío!.—exclamó.

—Lo sé. Pobres cositas. No heredaron las partes bonitas de Grem. Por lo menos sacaron parte de su raza.—volvió a pensar en lo que había dicho y entonces corrigió.—O a lo mejor parte de un alien. Una de dos.

—¿Partes bonitas de Grem?.—Dev le lanzó a Lauren una mirada de disgusto pero desapareció cuando recibió una lengua rosa como respuesta.

Sin darse cuenta, los brazos de Lauren encontraron la cintura de Dev y le dio un tierno y rápido beso en sus labios.

—¿Cómo te fue?.

—No muy bien.—Admitió Dev silenciosamente.—Pero lo estamos llevando como podemos y empezamos a hacer progresos.

—Estoy segura de que lo lograrás.—Lauren cubrió la cara de Dev con la palma de su mano y la Presidenta se acomodó en su confortable caricia.—¿ Hay algo que pueda hacer para ayudarte?.

Dev le echó un vistazo a Aaron que estaba hecho una bola apretada con su pelo alborotado y roncando felizmente con una fina sábana blanca sobre él.

—Ya lo estás haciendo cariño. Gracias.

Unos ojos verdes miraron alrededor inocentemente.

—Bien. Pensé que debían estar aquí para cuando los perritos nacieran.

Devlyn sonrió y alzó su bien definida ceja.

—Muy viperina. Pero no vamos a quedarnos ni tan siquiera con uno de los cachorros de Grem. Y hablando del rey de Roma…—la mirada de Dev lo buscó por el piso.

Lauren estalló en risas.

—Está escondido bajo la cama. Intenté sacarlo antes, pero no quiere.—Princesa gimoteó escandalosamente ante el inminente nacimiento de otro cachorro.

Dev sacudió la cabeza molesta por el estridente aullido.

—Tal vez él es más listo de lo que había pensado.—Dev capturó la mano de la escritora y se la besó.—Me marcho a darme una ducha y a cambiarme de ropa. Volveré en unos minutos. No tengo demasiado tiempo, pero el poco que tengo me gustaría pasarlo con vosotros cuatro. ¿Qué os parece si nos encontramos en el comedor para comer algo en unos veinte minutos?.

Lauren deslizó su dedo por el cuello de Dev presionando casi de forma imperceptible en el punto donde se sentía su pulso y después depositándolo sobre su clavícula.

—¿Qué te gustaría?.—Miró hacia arriba a Dev a través de sus rubias pestañas.

Dev apenas pudo tragar cuando le invadió una cálida oleada de deseo. "Maldición, sabe flirtear". Inclinó su cabeza para otro rápido beso.

—Hay un montón de cosas que me gustarían, pero me parece que debo inclinarme por comida y buena compañía.—Le guiñó un ojo a Lauren y se dirigió a donde estaban los niños. Dev les dio a Ashley y a Christopher un beso en la cabeza intentando no mirar adentro de la caja y sufrir el riesgo de una traumática ceguera. "¿no se suponía que todos los cachorritos eran monísimos?.—Chicos, os veo en unos minutos.

* * *

Después del pequeño tentempié a base de fruta fresca y leche, volvieron a la habitación de Lauren para hacerle otra inspección a los cachorritos. Dev quedó consternada al encontrar que Princesa no había parido al tercer cachorrito, si no al cuarto.

—¡Dios bendito!.—exclamó, evitando las manos juguetonas de Lauren.—Son tan, tan…—rebuscó en su cabeza el adjetivo adecuado.

¡Monos!.—dijo Aaron solícitamente y un poco aturdido por el sueño. Se colocó sobre el regazo de sumadre para así poder contemplar juntos la cajita de los cachorros.—Ahora tenemos suficientes para tener uno cada uno.

"Y ahí vamos…"

—Aaron, no vamos a quedarnos con esos cachorros.

La boca de Aaron comenzó inmediatamente a temblar.

—Awwww, Mamá…

—Aww, Mamá.—repitió Lauren descaradamente.

Dev fulminó a la escritora con la mirada. Dejó a Aaron en el suelo para parecer más firme en su decisión.

—No. Fin de la discusión.—ignorando el bufido apagado de Lauren.

Gremlin había finalmente reunido el coraje suficiente como para salir de su escondite y estaba sentado sobre sus patas traseras, sus patas delanteras inclinadas sobre la caja donde estaba su numerosa familia. Miró a Dev y gruñó a modo de advertencia enseñando sus dientes de forma protectora.

Los tres niños comenzaron a lloriquear y a arrastrar sus pies. Justo cuando Dev estaba a punto de perder los nervios hacia su prole, Emma asomó su cabeza por la puerta de la habitación de Lauren. Viendo el desastre inminente que se avecinaba, decidió hacerse cargo de la situación y sacar a los niños fuera de la habitación de Lauren.

—Gracias Emma.—le dijo Devlyn a la niñera cuando cerraba la puerta.

Cuando estuvieron a solas, Dev abrió sus brazos y Lauren recorrió el espacio que las separaba con decisión. Dejó escapar un murmullo de deleite al poder tener a la escritora estrechamente abrazada. Permanecieron así en silencio. Dev necesitaba ese mudo confort y Lauren estaba más que feliz ofreciéndoselo.

—No creas que vamos a pasar todo el día así.—murmuró finalmente.

La rubia estrechó aún más su agarre.—Si tú te animas yo también, querida.

Dev sonrió sobre el pelo de Lauren, disfrutando de la suave fragancia de su champú y de la cercanía de una amistad que empezaba realmente a apreciar.

—Tengo que volver allá.

Lauren dejó escapar un suspiro de resignación.

—Lo sé. No he podido seguir muy de cerca todo lo que ha estado ocurriendo. Ha sido toda una locura entre los cachorritos y los niños. Intenté no tener en marcha la televisión mientras estábamos juntos.—se encogió de hombros.—Ashley escuchó a unas personas hablar y tenía algunas preguntas que supuse que tú misma querrías contestar.—Hizo una pausa y posó su mejilla sobre el hombro de Dev.—¿Hubo muchos muertos y heridos?.

—Uno ya es demasiado. Pero sí, varias personas murieron. Revisé las cifras una vez más antes de salir del Despacho Oval y las muertes ya suman diez, mientras que los heridos son cuarenta y seis. Las cifras iniciales no eran tan elevadas como supusimos que serían, pero han ido aumentando poco a poco por los heridos implicados en los edificios adyacentes y los que no habíamos tenido en cuenta en los primeros informes. Y algunos de los heridos más grabes no lo consiguieron.—Dev dirigió su mirada a la pared del fondo de la sala.—Voy a estar muy ocupada durante el próximo par de semanas. Tendré que hacer un montón de viajes, reuniones con gobernadores, alcaldes, y grupos comunitarios.

—Lo sé.—La voz de Lauren tomó un cariz serio.—Iré contigo. Es importante para mí estar ahí contigo, Devlyn. Como hiciste tú cuando el funeral de mi madre. Por no mencionar que sería crítico para el libro.

Silencio.

Lauren se estiró, un extraño sentimiento se posó en la boca de su estómago.—¿Dev?

Dev maldijo por lo bajo y la abrazó más fuerte.

—Lo siento cariño, pero no es seguro para ti venir conmigo a este viaje.

—Oh no. No lo hagas.—Lauren intentó deshacer el abrazo pero Dev la mantenía apretada.

—No.—Tensó su mandíbula.—Lo digo en serio, así que no tiene sentido que discutas esto conmigo.—"Aunque siempre ganas nuestras discusiones". No voy a permitir que vengas a éste viaje. Ahora es muy peligroso. Mucha gente está asustada y triste. Y la gente que está asustada y triste hace muchas estupideces. No voy a arriesgarme a que te hagan daño.

El genio de Lauren comenzó a salir y una vena empezó a hincharse en su cuello.

—No voy a permitir que me mimes de ésta forma. Y si es demasiado peligroso para mí, entonces es demasiado peligroso para ti también.

—No tengo elección. No puedo aparentar miedo frente al público. Una de las razones por lo que lo hago es para asegurarme de que la gente vea que ésta administración no va a ser intimidada.—Los ojos de Dev reflejaban su determinación.—Que YO no voy a dejarme intimidar. Ese es mi trabajo.

—¿Y qué hay de MÍ trabajo?.—contestó Lauren.—El libro.

—No hay razón por la que debas arriesgarte.—Dev bajó su voz conciliadoramente intentando ocultar sus emociones. Sabía que estaba siendo sobre protectora. Pero seguía pensando en lo que podría perder y no estaba dispuesta a correr el riesgo. La parte racional de su cabeza le decía que el Servicio Secreto podría mantener a Lauren a salvo de la misma forma que la mantenían a ella. Pero por aquel entonces ella ya había sido tiroteada tres veces.

—¿Qué hay del acceso ilimitado?.—exigió Lauren.

—Eso no tiene nada que ver y tú lo sabes.

Lauren sentía que no podía ganar ésta batalla si seguía en los brazos de Dev. No podía pensar con claridad cuando estaba en los brazos de la mujer más mayor. Lauren necesitaba distancia. Aunque fuera tan solo un paso o dos. Cruzó sus brazos sobre su pecho y alzó su barbilla de forma desafiante.

—Después del intento de asesinato viajamos a algunos sitios juntas. ¿Por qué es esto diferente?.

—Porque estamos en una situación en la que lo malo puede estar todavía por llegar. Y cuando cosas así suceden los que están locos, se vuelven más locos todavía y los extremistas, más extremistas. Y ese enfado lo redirigen hacia el gobierno. La gente protesta, la gente se amotina. Y desde ayer ha habido diversas amenazas bastante creíbles contra mí, el Vicepresidente y el Air Force One.—Dev alzó sus manos al aire.—Ahora no es el momento. No es para siempre Lauren. Lo prometo. Dios, así y todo las cosas están yendo demasiado bien. No podría aguantar estar también preocupada por ti. No soportaría perderte a ti también. Por favor.

Lauren seguía en sus trece.

—¿Qué credibilidad le dais a esas suposiciones?

—Hasta David está preocupado.

—¡Entonces debes quedarte!.

—Yo no puedo. Pero tú sí.—Los ojos de Dev le pedían que comprendiera.

Las palabras de la Presidenta fueron suaves pero firmes y la biógrafa se sintió ceder aún sin quererlo. "Por el amor de Dios, no me pongas los ojitos tristones. No es justo"

—Por favor, tan solo ésta vez. Hazlo por mí. Por favor.—rogó Dev. Esto iba más allá del mero trabajo. Estaba jugando con las emociones de Lauren, y lo sabía. Pero esto no era un juego, y si Dev tenía que jugar sucio, lo haría.

La escritora podía ver verdadero temor en los ojos de Devlyn, exhaló fuertemente pasándose su mano desesperadamente por su rubio cabello. Apartó la mirada de Dev y se mordió la lengua para no seguir protestando. "Maldición, peleas sucio". Pensó en sus opciones con el ceño fruncido y cuando se volvió para encararla, una intensa mirada verde se alzó hacia la Presidenta.

—Prométeme que harás todo lo que David te diga en lo referente a la seguridad.

Dev parpadeó un par de veces. No esperaba esto.

—Uh…

—¡Promételo Devlyn!, o te perseguiré con un avión comercial por todas partes como hacen algunas de esas locas grupies.

Dev asintió con la cabeza dejando escapar un largo y revelador suspiro. "Sí, gracias".

—Lo prometo.

—No puedo creer que te deje salirte con la tuya de esta forma.—Lauren agitaba su cabeza. Entonces empujó sus gafas hacia arriba sobre su nariz.—Voy a estar preocupada por ti todo el tiempo que estés fuera.

Dev dio un paso adelante y viendo que Lauren no se movía, deslizó sus manos alrededor de la bajita mujer.

—Gracias Lauren. Sé que piensas que todo esto es una idiotez. Pero te prometo que no es así.

Una rubia ceja se alzó.

—Está bien.—Concedió a Lauren.—Tal vez si es un poco idiota.

—Solo por ésta vez, Deblyn.—Remarcó Lauren.—La próxima vez no voy a dejar que te salgas con la tuya tan fácilmente. Por ahora lo dejaremos correr.

Dev hizo una cruz sobre su corazón, le sonrió y le alzó la barbilla para poder mirarla profundamente a los ojos. No había parado de pensar en lo que había querido decirle, o en el hecho de que Lauren nunca le había oído decir esas palabras en voz alta.

—Te quiero tanto que duele.—Dijo en un susurro. Las palabras le salieron sin ningún esfuerzo de sus labios. Y en ese instante, se preguntó por qué diablos había esperado tanto para decírselas.

Lauren cerró sus ojos y depositó su cara sobre la curvatura del cuello de Dev. Unas cálidas lágrimas amenazaban con derramarse y ella las dejó correr. Los brazos de Devlyn la apretaron aún más disfrutando del dulce placer del momento.

—Tú.—Lauren se detuvo y tragó dificultosamente intentando recomponerse. Estrujó un poco más a Dev y depositó un tierno beso en su cuello haciéndose inmediatamente hacia atrás para encarar esos ojos azules. Su corazón latía con fuerza y dijo.—Yo también te quiero.

* * *

David le pasó los informes a Dev tan pronto como ésta entró en la habitación.

—Los tenemos Sra. Presidenta.—sonrió triunfalmente.—Un grupo de la milicia de Oregón. Reclamaron su responsabilidad hace unos veinte minutos. Y por los datos tan específicos que nos dieron a cerca de las bombas, confirman que dicha reclamación es legítima. Estamos ya trabajando en su localización. Han estado bajo vigilancia militar durante meses, pero obviamente no esperábamos que preparasen algo así.

—Todo el mundo involucrado en la toma de decisión, al Despacho Oval, ahora.—Ordenó Dev encaminándose en cabeza hacia la habitación. Quería estar cómoda cuando lo escuchase todo.

Se sentó detrás de su escritorio mientras que el resto de la gente permanecía unos junto a otros de pie. Todos esperaron a que David se sentara frente a Dev. Los siguientes veinte minutos pasaron poniendo al día a Devlyn a cerca del grupo de la milicia y de los planes del FBI para neutralizarlos. Preguntó todas aquellas dudas que tenía y absorbió toda la información de la Inteligencia Militar como una esponja. Había diversos conflictos menores entre los agentes a cerca de cómo dicha neutralización debía llevarse a cabo, pero Dev sintió que esos desacuerdos ayudaban a subrayar importantes consideraciones que no debían ser ignoradas.

Cuando el último informe fue dado, Dev permaneció en silencio durante unos minutos absorbiendo lo que se le habían dicho, su mente recorriendo los diferentes temas que se había dejado sobre la mesa para su consideración. Finalmente tomó una fuerte inspiración y dijo…

—Señoras y Caballeros, necesito que salgan de aquí un momento mientras consulto al Vicepresidente.—La petición de Devlyn fue recogida con murmullos, pero la sala se vació en pocos segundos.

David estudió a la Presidenta atentamente.

—Sabes lo que se tiene que hacer, Dev.—suspiró y su mirada se posó en sus manos.—Tenemos que sacarlos fuera de circulación antes de que hagan más daño.

—¿Mujeres y niños?.

El hombre de pelo rojo apretaba su mandíbula.

—Sí.—volvió a mirarse las manos—. El director del FBI confirmó que muy probablemente habrá mujeres y niños en los barracones. Dev, ellos los trajeron aquí hace meses para joderte. Las familias están allí para actuar como esclavos humanos contra la invasión gubernamental.

—Éramos solo unos niños, pero David, ¿recuerdas Waco?.

—Sí Sra. Presidenta, pero aquello fue totalmente diferente.—Su mente viajó a la televisión del salón de casa de sus padres mostrando imágenes de llamas, explosiones y bolsas de cadáveres.—Esta gente ha atentado contra toda la nación. Ya han matado. Son muchos y organizados. Tuvimos mucha suerte al localizar a éste grupo de Oregón. Tienen asentamientos escondidos por todo el país.

Dev se restregó la cara con sus manos.

—¡Jesucristo!.—Se cubrió los ojos con las palmas de sus manos por un momento y después las dejó caer sobre su escritorio.—¿Puedes decirle a todo el mundo que vuelva?.

David asintió con la cabeza y se movió rápidamente. Abrió la puerta y le pidió a todo el grupo que volviera a entrar.

La expresión de Dev era firme y sombría y esperó a que entrara el último hombre y cerrara la puerta para comenzar.

—Así que ¿estamos trabajando con la idea de que cortando la cabeza de la serpiente, el cuerpo morirá?.

El Ministro de Justicia puso una nueva carpeta enfrente de Dev.

—Sí Sra. Esa es la teoría actual.

Dev se alejó de la mesa haciendo girar su brazo intentando aliviar el dolor de su hombro entumecido. Sus ojos se posaron en cada una de las personas mientras hablaba.

—¿Es alguno de ustedes un estudioso de la Mitología Griega?. ¿La palabra Hydra significa algo para ustedes?.

El director del FBI asintió con la cabeza.

—Sí Sra Presidenta, la criatura mitológica tenía nueve cabezas. El problema era que cuando cortabas una de ellas entonces le crecían dos más.

—Exactamente.—Dev esperó a que esto fuera asimilado por todos los hombres y mujeres.—Un momento, por favor.—Volvió su atención hacia la nueva carpeta que le había sido entregada leyendo y procesando cuidadosamente todos los datos. La mejor elección estaba clara. Pero le revolvía el estómago. Cerró la carpeta manila y la volvió a lanzar sobre la mesa.

Todos los ojos estaban clavados en ella de forma expectante. Alzó la cabeza y los encaró.

—Cójanlos, señoras y señores. El primer plan era el mejor. Adelante con ello, pero primero incorporaremos los cambios propuestos por el ATF. Y recemos porque cortemos cada una de las cabezas de la Hydra y no vuelva a crecer ninguna otra.

—Eso es todo.—Anunció David levantándose rápidamente sobre sus pies.—Quiero el nuevo plan, con todos esos cambios incluidos, para que los revise la Sra Presidenta listos en quince minutos. Llamémosle—sus ojos se dirigieron hacia Dev y luego hacia la audiencia—Operación: Hydra.

La habitación se vació rápidamente dejando solos a David y a Devlyn.

—¿Estás bien?.—preguntó con voz baja y consternada.

—Puede que haya ordenado la muerte de mujeres y niños inocentes. No, no estoy bien.—Gruñó duramente.—Pero es mi deber y tengo que hacerlo. Trescientos diez millones de personas esperan de mí que les mantenga a salvo. No tengo elección. Tenemos que ponernos en marcha inmediatamente antes de que esos malditos hijos de puta vuelvan a volar otro edificio.

David no dijo nada. Conocía ese tono de voz. Este era su " Odio esto pero hago lo que tengo que hacer". Su forma de hablar era rápida y dura. Esta era una molesta píldora que tragar para su amiga. Pero la conocía suficientemente bien como para saber que se tomaría su medicina. Ahora Dev tan solo tendría que vivir con su decisión. Acertada o no.

—Diles que tengan el Air Force One listo para volar, David. Y entonces llama a Beth y…

—¿Que le diga que no estaré en casa para la cena?.

—En el próximo par de semanas. Vamos primero a Oregón. Quiero esta allí para la neutralización. Entonces iremos a las ciudades de los atentados. A Jane y Liza les dará un ataque al corazón al saber de éste viaje a última hora. Pero es el momento adecuado y sobrevivirán. Eso me hace recordar que basándonos en los informes que me mostraste esta mañana, únicamente el personal que sea absolutamente crucial vendrá con nosotros esta vez. No quiero arriesgar la seguridad de nadie innecesariamente.—Se movió por la habitación pero se giró sobre sus talones antes de abrir la puerta.—Por cierto, felicidades.

—¿Por qué?.

—Eres ahora el orgulloso dueño de los cachorritos más feos que hayan visto nunca tus ojos.

* * *

—Señoras y Señores, miembros de la Prensa, la Presidenta de los Estados Unidos de América.

Hicieron que el Air Force One volara a toda velocidad y a la hora de aterrizar en Oregón la Operación Hydra ya había terminado y era hora de enfrentarse a la nación. No se escuchaba ni el sonido de un alfiler cuando Dev tomó aire profundamente y caminó lentamente hacia el podium. Miró directamente a la cámara y se recordó mentalmente el aparentar agradable.

—Señoras y Caballeros, gracias por estar aquí hoy. Como el Presidente de Prensa les ha anunciado, les haré un pequeño informe de las acciones que fueron tomadas hace algunas horas. En esta ocasión no contestaré a sus preguntas, eso lo dejaremos para otro momento un poco más adelante.

Hizo una pausa y bebió un sorbo de agua. Para la audiencia que la seguía, su expresión era concentrada pero afable. Pero para aquellos que la conocían bien, sabían que estaba preocupada.

—Esta mañana temprano, unidades tácticas especiales de la DEA, del FBI y del ATF en colaboración con los agentes del estado y de la ley local, hicieron una incursión en las estructuras fortificadas del grupo de la milicia Hermanos de la Libertad, grupo que estaba bajo vigilancia.

Les miró directamente a la cara para dar a entender con el contacto visual de sus ojos que no tenía nada que esconder.

—La incursión ha sido rápida y decisiva. Fue bien planeada y calculada para atrapar hasta el último de los implicados. A la hora en que comenzó la operación, a primera hora de la madrugada, limitamos el número de accidentes fortuitos tanto por parte de éste grupo fuertemente armado que se encontraba escondido en el campamento fortificado, como para nuestro personal militar profesional.

Devlyn miró sus notas brevemente sin querer perder ni una onza de la confianza y liderazgo que intentaba comunicar con su discurso y apariencia.

—Mientras que la incursión se realizó según lo planeado, algunos miembros de la organización han sido capturados, desafortunadamente ha habido bajas en ambos lados. Veintidós miembros de la milicia han muerto y catorce han sido heridos. Nuestros propios agentes fueron igualmente alcanzados habiendo registrado un total de diez muertos y cinco heridos.

Se agarró fuertemente al podium e intensificó su voz terminando con un fuerte mensaje.

—Las personas responsables por los cinco atentados terroristas dentro de nuestras fronteras que acabaron con la vida de gente inocente y causaron miles de millones en pérdidas para el gobierno y los ciudadanos, han sido puestos bajo arresto y serán duramente castigados. Una minuciosa investigación se sigue llevando a cabo y les aseguro que todo aquel que esté involucrado en el asunto será llevado ante la justicia. Todo lo que ha ocurrido en el transcurso de esta operación ha sido llevado a cabo bajo mi personal consentimiento. Yo soy la única persona que debe ser tomada como responsable ycapaz de responder a las preguntas que puedan surgir por las acciones tomadas hoy bajo mi dirección. Como uno de mis predecesores dijo: El conejo se detiene aquí. Yo soy su Presidenta y por tanto la responsable.

Dev sabía que sus últimas palabras iban a hacer que todo el personal a su cargo se quedara de piedra. Eso no era parte del discurso original, pero no quería que hubiese ninguna duda a cerca de quién había tomado las decisiones en éste asunto y a quién echar las culpas en el caso de que hubiese equivocaciones.

Se tomó su tiempo para desabrochar su chaqueta y recoger sus notas, entonces se giró y dejó la sala. Como ya sabía que harían, David y Sharon estaban esperándola, ambos con sus bocas abiertas.

—Ni una palabra. Podéis regañarme más tarde.—Dev siguió a los agentes del Servicio Secreto por los pasillos que la llevarían de vuelta a su habitación de hotel. Lo hizo en silencio, volviendo a leer la lista de los muertos y heridos del asentamiento. Tenía subrayados cuatro o cinco de los nombres de la lista. Lisa Lindsey, edad ocho, y Brian Lindsey, edad seis. Mirando las palabras su estómago comenzó a revolvérsele. Esos eran dos nombres que jamás olvidaría.

"Dios ayúdame, yo he hecho que les mataran. Y sé que tendré que vivir con ello por el resto de mi vida".

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