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:: SEÑORA PRESIDENTA ::
(MADAM PRESIDENT)
SEPTIEMBRE 2021
Miércoles 1 de Septiembre
Lauren volvió a mirar su reloj y se volvió a dejar caer en su cama esparciendo un puñado de sobres. Los miró y comenzó a abrir otra carta. Se suponía que Dev debía haberla llamado hacía ya más de una hora y media y necesitaba hacer algo mientras esperaba. Así es que eso es lo que estuvo haciendo durante la última media hora, mirar el correo, que estaba comenzando a formar una enorme pila de papeles desordenados en su escritorio.
—¡Vamos Devlyn!.—Se quejó para sí misma.—Date prisa. Tengo una reunión en una hora.—Lauren revolvió unas cuantas hojas más del correo y le echó un vistazo a unos cuantos artículos publicados sobre ella. Se rió. Wayne siempre mezclaba la correspondencia personal con algunos documentos que enviaba. Él era de la vieja escuela e insistía en que sus autores hicieran copias de sus libros a mano al igual que firmaban los contratos. Eso significaba que Lauren ocasionalmente recibía una carta. ¡Y escrita a mano!. Nadie lo creería.
Wayne nunca había creído que ella y Dev fueran solo amigas. Incluso al principio, cuando era totalmente cierto. Pero una vez que ella admitió que realmente estaban saliendo juntas, el hombre se había vuelto implacable martilleando a Lauren por los jugosos detalles de su relación y pinchándola diciéndole que había estado sola demasiado tiempo. La escritora volvió a mirar su reloj de manera frustrada.
Estaba a punto de tirar la carta a la papelera que había al lado de su cama, cuando tocó algo duro dentro del sobre. Echó un vistazo adentro y encontró un cd.
—¡Ooooooooohh, un regalo!. Puede que hayas dicho algo Wayne. Casi lo tiro.—dijo.
Lauren salió de la cama de un vote y miró por última vez su reloj.
—Puede que mate así unos cuantos minutos mientras espero a que llame la Mujer Fantástica.—Se dirigió hacia el mueble donde en su interior albergaba un reproductor de cd´s y puso el disco dentro preguntándose de qué se trataría. No es que se estuviera quejando, pero tan sólo había visto una película en lo que llevaba de año y eso fue cuando Dev lo organizó todo para verla dentro de la Casa Blanca en su primera cita hacía como dos meses.
Retrocedió hasta su cama y casi tropezó con la caja donde se encontraban Grem con Princesa y los cachorritos.
Una imagen tridimensional de una preciosa mujer de mediana edad vestida con un minúsculo bañador y reclinada en una hamaca llenaban la habitación de Lauren.
"Starlight Publishing presents… la película del best seller más vendido: Amor lésbico: Guía paso a paso para alcanzar la satisfacción".
La boca de Lauren estaba abierta de par en par.
—¿Por qué está todo el mundo mandándome instrucciones? ¿Es que parezco una total inútil?.
"Soy Angela Pickard y esta es mi adorable compañera Francine". Ella le hizo un gesto con el dedo para que se acercara y una alta y espectacular morena apareció de repente y se unió a su compañera.
—¡Oh Dios mío, Wayne!. ¡Tienes una mente tan calenturienta!.—se rió Lauren cubriéndose sus ojos.
"Ven conmigo y con Francine en una jornada de exploración y satisfacción sexual mutua".
Lauren destapó un poco sus ojos y cotilleó.
—¿Pero estáis desnudas?.
"Capítulo Uno: Conociendo los cuerpos".
—Oh Dios…—unos ojos verdes se abrieron como platos.—¡Se han desnudado!.
* * *
Dev miró a Liza quien le señaló su reloj. La Presidenta había estado de buen humor últimamente y su asistenta odiaba tener que decirle nada. Pero entonces, otra vez, era parte de su trabajo.
—Sra Presidenta, va increíblemente retrasada.
—¿No lo estoy siempre?.—Respondió Dev al tiempo que buscaba con la mirada dónde estaba el teléfono en su habitación de hotel.—Lo se, lo se. Pero solo necesito cinco minutos. ¿Por favor?. Ya llego tarde. ¿Qué diferencia hay en cinco minutos más?.
—Señora.—la regañó Liza.
—Te regalaré el estado de Arizona.
—No creo que pueda hacer eso Señora.—sonrió Liza.
—De acuerdo, haré que no tengas que quedarte con ninguno de los cachorritos.—Dev cruzó sus largos brazos y esperó.
—Solo ha comprado cinco minutos, Sra. Presidenta.
—¡Estupendo!.—Dev prácticamente se abalanzó sobre el teléfono que había sido desconectado la noche anterior. La Presidenta siempre viajaba con su propio equipo de comunicación y su personal sabía dónde exactamente le gustaba tener sus cosas. Desgraciadamente la red eléctrica de algunas habitaciones de hotel no se acomodaban a las preferencias de Dev.
Liza desapareció silenciosamente y dejó a la Presidenta sola con su llamada. Pero antes de que la morena pudiera marcar el código de acceso, David entró a la suite sin llamar.
—Dev…
—Lárgate.—Agarró una almohada de la cama y se la lanzó con la intención de matarlo.—Estoy llamando a mi novia.—Sus palabras sonaron extrañas y a la vez le encantaban en sus oídos , así que sonrió por primera vez en lo que llevaba de día.
David gruñó indulgentemente. Estar enamorada transformaba a Dev.
—Liza dijo que no vas a obligarla a que se quede unos de esos feos cachorros.—Le lanzó la almohada golpeándola en la cabeza. Y Dev le fulminó con la mirada al tiempo que acomodaba su pelo ahora revuelto.
—Lárgate.—le dijo.—Solo tengo unos minutos y ya voy dos horas retrasada. Aunque probablemente Lauren habrá dado por perdida ésta llamada hace años.
—¡Aaaawwwww!.—David se mordió su labio inferior.—¿Quieres estar sola y así poder tumbarte en la cama y susurrar y aaahhh, como si fueras una quinceañera?.
—No.—se defendió Dev.—Voy a sentarme bien erguida en la silla y dar lo mejor de mí misma para parecer irresistible. Michael se aseguró de que este sitio tuviera conexión de video antes de que lo reserváramos. Odio quedarme estancada sin él.
David giró sus ojos y entonces la miró con una expresión más seria.
—Escucha Dev, sé lo mucho que quieres hablar con Lauren, pero debemos estar en la mansión del Gobernador en quince minutos y tardaremos treinta y cinco en llegar.
Dev miró a su amigo y comenzó a marcar manualmente el código de seguridad y el número para hablar con Lauren. Estaba llamándola. Necesitaba oír su voz. Ver su sonrisa. Por una vez, el resto del mundo podía esperar.
—Dime David. ¿Qué es lo que el Gobernador de Georgia va a hacerme si llego tarde?. ¿Tirarme un melocotón podrido?.
David abrió su boca para hablar y Dev levantó su mano para acallar cualquier comentario.
—Si no me das cinco minutos a solas para hablar con Lauren en paz, voy a cruzar ésta sala y te voy a retorcer ese esquelético cuello.
—¡Esquelético!.
—David,—gruñó Dev—¡Largo!.O te quedarás con dos de los cachorritos de Grem.
Los ojos de David volvieron a rodar y levantó las manos a modo de defensa.
—No hay necesidad de ser tan cruel. Tan solo llamaré al Gobernador y le informaré que vamos un poco retrasados en el horario.—No esperó una respuesta, se largó de la habitación tan pronto como escuchó el sonido del teléfono de Lauren invadir la habitación.
* * *
La cabeza de Lauren dio un respingo con el sonido del teléfono.
—Jesús.—gimió sorprendida por la interrupción de su placentera visión. Angela Pickard sonreía abiertamente.
"Lo estás haciendo maravillosamente. Sé que lo estás haciendo.—dijo con voz cantarina.—Y ahora es hora de ir más allá. Capítulo Cuatro:Orgasmos Múltiples—Haciendo el sueño realidad".
La escritora saltó de la cama y empezó a buscar el control remoto. Al no encontrarlo se dirigió inmediatamente hacia su reproductor de cd´s. Abrió el mueble donde estaba y apretó el botón de off al tiempo que su teléfono sonaba por segunda vez. Nada ocurrió. Lo volvió a apretar. Todavía nada.
—¡Mierda!.
Lauren apretó su dedo fuertemente sobre el botón. Y al no pasar nada comenzó a toquetear todos los botones que encontró hasta que el volumen subió estrepitasamente. Sus ojos miraban la máquina buscando frenéticamente el botón del volumen, pero inmediatamente se dio cuenta que éste estaba en el control remoto que no encontraba.
Lauren gritó por la frustración. El teléfono sonó una tercera vez.
—¡Ya voy!.—malgastó Lauren al tiempo que revolvía las sábanas de la cama buscando el control remoto.
Otro timbrazo.
—¡Voy!.
"Oh si cariño,—Francine movió su cabeza hacia atrás en éxtasis, Angela deslizó sus manos hacia arriba acariciando el cuerpo desnudo de la morena y comenzó a masajearle sus generosos pechos.
—¡Maldita sea!.—Volvió a apretar el botón de off otra vez, gruñendo con frustración cuando nada pasaba y el teléfono sonaba por quinta vez. Intentó levantar el aparato para arrancar el cable, pero éste estabacogido al mueble y su mano tampoco llegaba por detrás hasta la clavija. No queriendo perder la llamada de Dev, Lauren finalmente comenzó a marcar sus códigos de acceso al tiempo que se abalanzaba sobre el mueble para intentar arrancar los cables. Con cualquier otro teléfono podría contestar la llamada. Pero no en la Casa Blanca.
El teléfono comenzó a procesar los códigos de Lauren e inmediatamente una voz clara y cálida dijo: "Video conferencia aceptada".
Lauren se estiró todo lo que pudo para alcanzar el enchufe, pero sus dedos podían solo rozarlo.
"Sí!. Oh Angela!. Dámelo!. Lo quiero!."—gritó Francine.
Los ojos de Lauren se abrieron desmesuradamente cuando oyó esas palabras. Se apartó del mueble que contenía el aparato de cd´s y desesperadamente comenzó a toquetear los botones del teléfono.
—¡No!, video conferencia ¡NO!. Solo audio. ¡No!, ¡No!, ¡NO!,—pero ya era demasiado tarde y Dev comenzaba a materializarse enfrente de ella.
Lauren empezó a girar a su alrededor y su mandíbula se descolgó por la imagen tridimensional de las dos mujeres, ahora desnudas, besándose profundamente y tocándose íntimamente la una a la otra.
Por un momento se quedó allí de pie, boquiabierta hasta que el sonido del teléfono la sacó de su aturdimiento.
Angela empujó a su compañera y miró directamente a Lauren "Recomiendo la estimulación directa".
"Oh sí".—gimió Francine.
—Uh, ¿Lauren?.
La rubia se giró hacia la familiar voz y se encontró mirando a unos confundidos ojos azules.
—Hola Devlyn.—chilló ofreciéndole a la Presidenta una leve sonrisa.
Una bien delineada ceja se alzó por la frente de Dev y se quedó allí.
—Ya sé que hablamos de tomárnoslo con calma.
"Otra vez, otra vez, otra vez"—Francine gritó a pleno pulmón mientras Angela calmadamente describía exactamente le que hacía para obtener las entusiastas respuestas de su amante.
Lauren se cubrió los ojos con las manos.
—¡Querido Jesús, por favor hazme desaparecer!.—Murmuró contra las palmas de sus manos.—Por favor, hazme desaparecer. Ahora mismo. ¡En éste mismo instante!.
Dev continuó sin emoción alguna.
—Pero cariño, ¿era totalmente necesario que comenzaras sin mí?. Me siento herida.—bromeó reconociendo la subrealista escena como la de un video emitido por detrás.—"Un video muy interesante. Quien iba a pensar que Lauren era tan perversa".
"Oh Angela. ¿Otra vez?.—dijo Francine cansadamente.—Pero no puedo. Una pausa. ¡Ohhhh!. ¡Puedo, puedo!".
La segunda ceja de Dev se unió a su gemela.
—Herida, pero impresionada. Muy impresionada.
Lauren abrió los dedos y pilló a Deblyn con expresión desconcertada. Se llevó los dedos a la cabeza y los pasó nerviosamente por su pelo formando un interesante peinado estilo Mohawk.
—No puedo pararlo, Devlyn.
—Perdiste otra vez el control remoto, ¿no es así?.—preguntó Dev conociéndola.
"¿Otra vez Angela?. No puedo".—estaba a punto del colapso.
"Francine, amor, yo sé que tu puedes".
"Sí".—Francine gritó otra vez. "Puedo".
Lauren tan solo podía mirar al cielo y rezar una plegaria para que le cayera un rayo encima y acabara con ésta vergonzosa tortura.
Dev sacudió su cabeza y se rió entre dientes. El color de cara de su amiga era del más puro rojo vivo haciendo parecer sus cejas casi blancas.
—¿Miraste en la mesilla de noche?.
—Allí no está.—ojos verdes la examinó.
—¿La cama?.—una cabeza rubia se agitó.
—Ya miré allí.
Ambas mujeres de repente alzaron sus cabezas y exclamaron al unísono
—Los perros.—Y un control remoto medio mordido estaba en el suelo debajo de la cama.
Lauren lo recuperó con una plegaria de "gracias" murmurada en su boca. Y con una rápida presión en el botón de apagado, Angela y Francine desaparecieron.
Dev sonrió a su avergonzada amiga. "Dios, está preciosa".
—Así que Lauren …
—¡No preguntes!.
—Pero…
—Si de verdad me quieres harás como si no hubieras visto ni oído nada.
—Por favoooooor.—dijo haciendo un mohín en su cara y agitando sus largas pestañas repetidamente.
Agitando sus manos al aire, Lauren miró hacia arriba y suplicante habló a un techo coloreado en crema.
—¿Qué exactamente he hecho yo para merecer esto?.
Viernes 3 de Septiembre
—¡Abuela!, ¡abuelo!,—gritó Ashley. La niña pequeña saltó sobre Frank Marlowe, rodeando a este con sus piernas y brazos como si fuera un mono agarrado a un árbol. Él miró hacia abajo y frotó su suave barba contra los mofletes de Ashley, sonriendo al tiempo que su nieta se retorcía y reía con deleite.
Su mirada se topó con Chris y Aaron.—Hola chicos.—El hombre canoso seguía atormentando a su nieta mientras hablaba con sus nietos.—Os hemos echado de menos. Estáis creciendo como vuestro pa..—
Una mirada fulminante de Janet lo silenció.
—Como la hierba.—terminó como pudo.
—¡Nosotros también os hemos echado de menos!.—Dijo Aaron desde su posición en el abrazo de su abuela.
Christopher asintió con la cabeza en acuerdo con su hermano Aaron mientras esperaba su turno para abrazarse a sus abuelos.
Janet Marlowe extendió su brazo libre y Chris se unió a su hermano.
Al dejar marchar a Ashley, Frank miró hacia arriba y vió a Lauren que estaba callada a un lado disfrutando de la reunión familiar.
—Encantado de volver a verte Lauren—dijo arrastrando las palabras y mirando a la joven con ojos brillantes.
—Lo mismo digo—dijo girándose hacia Janet. "No pienses en el libro que te envió. No lo hagas".—¿Tuvisteis un buen vuelo?.—dijo subiéndose nerviosamente sus gafas sobre la nariz.
Janet rodó sus ojos.
—¡Bien, ven aquí!. Hablé con Dev por teléfono después de todo éste lío de las bombas. No podéis pretender ocultar que sois una pareja—dijo firmemente.—Le lanzó una mirada fulminante cuando la escritora comenzó a protestar.—Y eso quiere decir que me he ganado un abrazo.
Lauren sonrió y se unió a Christopher y a Aaron para darle a Janet un buen achuchón.
Amy y Emma aparecieron por detrás y la niñera condujo a los portamaletas que cargaban el equipaje de los Marlowe a la habitación Lincoln.
—Muy bien,—exclamó Frank una vez hubo saludado a todo el mundo.—Devlyn va a sentir mucho el haberse perdido esto, pero ¿qué tal si hoy comemos del Mcdonald´s?.
Los niños vitorearon y Emma sonrió y cogió el teléfono sabiendo de antemano lo que pediría cada uno. Eran los únicos habitantes de América que tenían una línea privada con Mcdonald´s.
Janet miró a su alrededor meneando despacio su cabeza. Todavía no podía creer que su niñita era la Presidenta. Realmente era difícil de creer. Miró con cariño a los niños cuando estos se engancharon a las manos de su abuelo para llevarlo a su habitación y enseñarle los últimos dibujos que habían hecho. Ashley iba sobre los hombros de Frank recordándole su promesa de ir a continuación a su habitación para enseñarle la Barbie que la abuela le había enviado y el nuevo set de peluquería.
La habitación se vació rápidamente dejando solas a Janet y Lauren. La joven mujer estaba allí de pie sintiéndose algo incómoda. Dev no debía estar de vuelta a la Casa Blanca hasta varios días despues y Lauren trató de aprovechar éste tiempo en conocer mejor a sus padres. Dev los quería muchísimo y sabía que sería muy importante para la Presidenta si ella establecía una buena relación con ellos. Se balanceaba ligeramente de lado a lado sintiéndose algo nerviosa. No había tenido, por así decirlo, una cercana relación con sus propios padres.
—Bien, me temo que tendré que dejarla.
—¡Santo Dios!. Ven aquí y salúdame. No muerdo, querida. A pesar de lo que Frank pueda decir después de haberse tomado unas cuantas cervezas.
Lauren sonrió tontamente, entonces hizo una mueca cuando la información fue registrada en su cabeza. "Ewwww".
—No se ofenda,—susurró tomando asiento en el sofá cerca de Janet.—Pero no sigamos con ese tema.
—Pero habréis pensado en …ewwww…¿no?,—acusó Janet.—Te puedo contar algunas cosas. ¡No soy tan vieja!.
—¡Oh no!,—corrigió rápidamente Lauren.—"Uh, oh".—No es eso,—dijo meneando la cabeza y forzándose a encontrar las palabras adecuadas.—Es solo que…que… ¡cielo santo!. Usted es la madre de…
Janet se quedó sin habla.
—¿Y las madres no son sexualmente activas?.—bufó y miró incrédula a los ojos de Lauren.—Tal vez debería comenzar contigo por las lecciones más básicas, querida. No creí que la teoría de la concepción del repollo era tan popular entre los jóvenes de hoy en día.
—Eso no es a lo que me refería y usted lo sabe.—Dijo Lauren totalmente avergonzada, pero muy pronto se unió a las carcajadas de Janet. La tensión del principio de la rubia mujer muy pronto fue olvidada. Era muy duro permanecer formal o incluso incómodaante el desparpajo y la desinhibición de la madre de Devlyn.
—Solo recuerda que Dev es madre por triplicado.—Janet alzó sus dos cejas y Lauren vió en ello un gesto muy típico de Dev.—Y te haré pensar en cosas sobre ella que harán que lo que dice el capítulo ocho del libro parezcan niñerías.
—Pe…pero…—a Lauren no le salían las palabras—¿usted leyó "Lo mejor del Sexo Lésbico" antes de enviármelo?,—dijo con los ojos bien abiertos.
Janet sacudió una de sus manos al aire.
—Por motivos de investigación, por supuesto.—Entonces la encaró.—¿Por qué?. Si le hubiera mostrado a Frank ese libro jamás me habría dejado salir de la cama. Bueno, una vez estuviera casada, claro. Y a propósito de ello, una vez…
—¡Oh Dios mío!.—Lauren pegó un pequeño brinco y tapó sus orejas con las manos.—Esto no está bien, no está bien, ¡no está bien!.
Janet rió fuertemente.
Lauren posó una dura mirada en la madre de Devlyn.
—Ahora veo de dónde sacó su hija esa vena diabólica.
Janet tan solo afirmó
—Frank pudo haberte informado de ello, querida.
Miércoles 8 de Septiembre
Las largas zancadas de Dev la llevaban a través del hall de la Casa Blanca para encontrarse con su familia y con Lauren. Había estado fuera casi un mes visitando las ciudades afectadas por los atentados y participando con los líderes en los meetings de pequeñas comunidades. La alta mujer estaba tan encantada de estar otra vez de vuelta en casa que casi lloró cuando el Air Force One tomó tierra en la Andrews Air Force Base.
Sus padres y Ashley la recibieron en el hall donde todos ellos se fundieron en un abrazo y Devlyn frunció el ceño ante el regaño de su madre que le recriminaba su pérdida de peso. Peso que ella no necesitaba perder.
—Estoy bien mamá. Lo prometo. Solo he estado demasiado ocupada.—Dev sonrió indulgentemente. Tienes que enviarme a Dottie para que me haga esas galletas que me gustan tanto. No las he probado desde el cumpleaños de Lauren.
Los ojos de Dev inspeccionaron el hall y su frente se arrugó.
—Hablando de Lauren ¿dónde está?, ¿y los chicos?.—Dev no dijo nada, pero estaba decepcionada de que no la hubiera ido a recibir junto con sus padres y a Ashley. Estuvo pensando en la escritora a todas horas y estaba tan ansiosa por verla que le estaba produciendo dolor de estómago.
Elpequeño grupo se quedó en silencio por unos momentos y el gesto de Dev se volvió preocupado en un instante. Se irguió y sus ojos miraron con alerta en dirección a la habitación de Lauren y de los chicos.
—¿Dónde están?.
—Ahora, cariño, no hay nada de lo que preocuparse.—Frank puso su brazo alrededor de los hombros de su hija.—Estarán completamente bien en unos días.
La sangre inmediatamente dejó de fluir en la cara de Dev.
—¡Santo Dios, Frank!. Le estás dando un susto de muerte. Y pensar que tú eres médico.—dijo Janet mirando a Dev fijamente a los ojos.—Cogieron la varicela, cariño. Eso es todo. Los primeros granos les salieron ayer. No es nada serio. Por eso es por lo que no te avisamos.
Dev cerró los ojos y ordenó a su corazón dejar de latir con tanta fuerza.
—¿Varicela?.—Preguntó.—"Espera. ¿Varicela?. Eso no puede ser".—Pensé que ya nadie la padecía.
—Pensaste que habíamos acabado con esas malditas enfermedades,—contestó Frank. Se llevó una mano a su cara y se rascó la barbilla.—Pues no, diablos. No con ésta. Es resistente a las vacunas convencionales. Ahora no es tan común como antes, porque no parece ser tan contagiosa. Comenzó con pequeños brotes hace unos años por todo el país y parece que ahora está visitando la capital,—añadió.—Algunos niños de la escuela de los chicos la tienen.
Dev todavía se sentía intranquila. Comenzaron a andar hacia la residencia.
—Pero están bien, ¿verdad, papá?.—La Presidenta sostuvo las manos de su hija y de su madre mientras andaban y asentía con la cabeza al tiempo que se cruzaban con los agentes de seguridad apostados en la residencia familiar.
—Absolutamente,—confirmó Frank. Y añadió confidencialmente.—Miserables, pero bien.
—Tienen tantos granos que parecen monstruos,—añadió Ashley entusiasmadamente.
Dev alzó una de sus cejas.
—¿Y cómo es que tú te libraste cuando tus hermanos y Lauren…?
—Y Emma,—añadió Janet.
—¡Oooo!... y Emma,—añadió.—…no tuvieron tanta suerte.
Ashley subió sus hombros.
—El abuelo dijo que era una maldita tómbola. Y ellos se pusieron de mierda hasta…
—Ahem,—Frank interrumpió.—Estoy seguro de que tu madre capta la idea.—Era obvio ante la mirada que Dev le dedicó.
Llegaron primero a la habitación de los chicos. Tenía la mano en la manivela de la puerta cuando su médico privado salía de la habitación de Lauren hacia el hall. Sus ojos azules miraron a ambos lados y Dev corrió a través de la alfombra para alcanzar al hombre antes de que doblara la esquina del pasillo.
—¡Espere Doctor!.
El doctor se enderezó y guardó su estetoscopio en el bolsillo de su abrigo.
—Sra. Presidenta, bienvenida. ¿Cómo está su hombro?. Él levantó la mano para tocar el miembro en cuestión, pero Dev le apartó la mano molesta. No quería hablar de su hombro lastimado.
—¿Cómo están todos?.
—Tienen la varicela, Sra. Presidenta. Acabo de ver a los chicos. Ahora están durmiendo y parece que se están recuperando bien.
—¿Y Lauren?.—dijo Dev precipitadamente esperando la respuesta.
La miró incómodo tentado de decirle que Lauren era un grano en el culo como paciente como también lo era Dev. Pero el hombre no era idiota.
—La varicela es algo más complicada en los adultos que en los niños, Sra. Presidenta. Esto parece ser especialmente cierto con éste nuevo brote. Pero estoy seguro que ella apreciará su preocupación. Le diré que usted estuvo aquí preguntando por ella.
—No, eso no será necesario. Iré a visitarla tan pronto como me cambie de ropa. Tan solo necesito cinco minutos.
El doctor la miró horrorizado.
—Oh no, Sra. Presidenta usted no puede entrar ahí.—El tono del doctor era autoritario e intransigente. Todavía es contagiosa y lo seguirá siendo unos días más.
Dev puso sus manos sobre sus caderas.
—Realmente no me importa, doctor. Entraré allí a…—Sacudió su mano y descubrió su rolex para seguidamente decir,—alrededor de las 4:35, y eso, es un hecho.
—Va en contra de mi consejo médico como jefe de medicina suyo que soy. Usted simplemente no puede…
Unos ojos azules centellearon.
—Si trata de detenerme, llamaré a los Marines para que despejen mi camino,—dijo de manera desafiante.
El bajito hombre tragó ruidosamente y Dev podía ver cómo se formaban las gotas de sudor sobre su calva cabeza. Dios, ella era la paciente más difícil que había tenido nunca.
—Es mi deber informarle de que no es lo mejor para sus intereses médicos estar cerca de la Srta. Stayer, sus hijos o de la Sra. Drysdale en los próximos días.—Sacó pecho y se quedó allí de pie.—Me temo que tendré que insistir. Estoy seguro de que el Sr. McMillian estará de acuerdo conmigo en…
—¡Puede insistir hasta que se le ponga la cara azul, doctor!. Y David McMillian no es el Presidente. Yo lo soy. Y no voy a estar alejada de mi familia cuando más me necesitan. Mi propio padre, que es un excelente y respetado doctor, dice que padecer ésta enfermedad es una maldita tómbola y si te toca te metes de mierda hasta los sobacos. Creo que ya he tenido suficiente mierda éste año, ¿no le parece, doctor?. Mis posibilidades de coger la enfermedad son pocas. Pero si eso le hace sentir mejor, llevaré una de esas estúpidas máscaras,—dijo Dev señalando la máscara que todavía pendía del cuello del doctor.
—Bien, umm, sí,—afirmó ligeramente con la cabeza.—Eso reduciría bastante el riesgo de infección,—volvió a asentir habiendo deseado hacerle esa sugerencia desde el principio,—además de permanecer totalmente alejada de ellos, cosa que veo que no va a hacer,—terminó rápidamente antes de que Dev pudiera contestarle.—La máscara será lo mejor, Sra. Presidenta. Veré que le proporcionen una inmediatamente.
—Sí, hágalo,—dijo girándose y dirigiéndose hacia su habitación.—Voy a ponerme unos vaqueros. "Y después a visitar a unos valientes rubios que he estado echando de menos con todo mi corazón".
* * *
Tan ciertas como sus palabras, cinco minutos más tarde Dev se había quitado su traje y vestía unos vaqueros, zapatillas y una camiseta ajustada de manga corta. Su madre había llevado a Frank y a Ashley a dar una vuelta por el jardín alejándolos de los enfermos con la promesa de tomar un helado más tarde. La vieja mujer sonrió indulgentemente a su hija sabiendo que necesitaba unos minutos a solas con Lauren para decirle hola. Además, ¿qué tipo de gente se quedaba dentro cuando hacía un día tan hermoso como éste?.
La enfermera de los chicos estaba sentada en una silla junto a la puerta de la habitación leyendo una revista cuando Dev se acercó. La joven mujer le explicó rápidamente que el doctor les había puesto una inyección hacía poco para no solo bajarles la fiebre, si no también para calmar los picores. La única razón por la que ahora estaban dormidos era porque tan pronto como la medicación les había hecho efecto y comenzaron a sentirse mejor, empezaron a jugar peleándose como si fuera el fin del mundo. Ahora simplemente estaban agotados.
El médico de Dev se encontró con la enfermera tan solo momentos antes para darle la máscara que debía llevar la Presidenta. Le dio la máscara color turquesa y sonrió cuando la Presidenta hizo girar sus ojos, pero indulgentemente se la puso.
Devlyn le dio las gracias a la enfermera y silenciosamente entró al cuarto de los niños. Estaban acurrucados juntos en la cama de Aaron llevando solo su ropa interior. Las sábanas estaban hechas un lío a sus pies, sus almohadas en el suelo y los dos estaban babeando. Dios, deseaba que Lauren estuviera allí con su cámara. Dev se sentó muy despacio sobre la cama y comprobó sus temperaturas. Aaron estaba bien. Parecían realmente monstruos granosos. Pero eran sus monstruos granosos. Y esa era la diferencia.
Suavemente acarició las cabezas de cada uno de ellos antes de echarles la sábana por encima y arroparlos bien.
—Descansad chicos. Nos pondremos bien.
Dev le dejo instrucciones a la enfermera de que les dijera a los niños que estaba en casa en cuanto se despertaran. Con mariposas en su estómago recorrió el camino hasta la habitación de Lauren. "Debía haber traído flores o algo así. O chucherías. Le gustan las chocolatinas. ¡Maldición!. ¿Por qué no traje chocolate?. Soy mucho más encantadora con la ayuda del chocolate".
Dev estaba hablando para sí misma cuando se encontró delante de la puerta de Lauren. Un agente del Servicio Secreto pasó por su lado con expresión seria en su cara. Pero el hombre de traje oscuro no dijo nada.
Se giró al tiempo que le echaba un vistazo mientras se marchaba.
—¿Qué le pasa?.—Entonces se dio cuenta de que todavía llevaba puesta la máscara higiénica y que no debía haberla reconocido.—Oh, bien.—murmuró irguiéndose y llamando suavemente a la puerta de Lauren.
Su llamada fue recibida por una alta maldición al tiempo que estampaban algo contra la puerta.
—¡Te he dicho que te largues!.—gruñó Lauren.—¡Y no se te ocurra venir y acercarte con ese arpón que dices llamar aguja!. No me hagas echarte a Grem y a sus diablillos sobre ti. Son más malos de lo que aparentan.
Unos ojos azules rodaron. "Oh, chico. Apostaría a que está haciendo de la vida del doctor un infierno. Buena chica".
—Laur…,—Dev se detuvo y se sacó la máscara metiéndosela en el bolsillo.—Lauren, soy yo.
—¿Dev?.
—Sip. ¿Puedo pasar?.—Dev había comenzado a girar la manivela de la puerta cuando la voz de Lauren la detuvo.
—¡No!.
Unas cejas negras se alzaron.
—¿Qué quieres decir con que NO?,—preguntó impacientemente.—¡Quiero verte!.
—No, lárgate.—Una pausa. La siguiente vez que Lauren habló su voz era más suave.—Estoy horrible, cariño y, además, podrías contagiarte.
Dev clavó su mirada en la puerta deseando tener visión rayos X.
—¡Me importa un carajo lo que parezcas!. ¡Quiero entrar!.—Apoyó su frente contra la fría puerta.—No me hagas ordenar un ataque aéreo.
Lauren sonrió entre dientes, pero rápidamente se irguió.
—¿Es una trampa?. ¿No traerás una aguja contigo, verdad?.
Dev volvió a girar sus ojos.
—¡Maldición!, ¡sabía que se me olvidaba algo!. Desde que adquirí ese molesto hábito, las he estado coleccionando todo el tiempo.
—Muy graciosa. De acuerdo.
"Gracias a Dios",—pensó Dev a la vez que abría la puerta.
—Puedes entrar tan solo si no te ríes de mí.
Dev se paró y se mordió el labio. "No me reiré. No me reiré". La Presidenta abrió la puerta, le echó un vistazo a Lauren y estalló en carcajadas.
—¡Oh, Dios, lo siento!.
El pelo de Lauren estaba completamente alborotado y estufado hacia arriba. Llevaba un par de pantalones cortos grises y una enorme camiseta que parecía haberse tragado su pequeño cuerpo haciéndola parecer una niña chica. Su piel era pálida a excepción de las pequeñas manchitas rojas que cubrían cada centímetro de su piel expuesta. Una mano recorría su cuerpo rascándose tan frenéticamente como sus dedos le permitían. Estaba sobre las sábanas y mostrando la cara más patética que Dev había visto jamás. Bueno, hasta el momento que entró parecía patética. Ahora que estaba riéndose de ella, parecía muy enfadada.
—¡Mata, Grem!,—gritó Lauren.—¡Ataca!. ¡Cómetela!
Gremlin estaba tumbado en el suelo, a los pies de la cama de Lauren. Para ser sinceros, miró a la Presidenta en respuesta a las órdenes de su ama. Desgraciadamente, lo único que hizo fue gruñir un poco y aullar cansadamente. Sus tareas como padre lo tenían tan agotado que eso era lo único que alcanzaba a hacer.
Dev se tomó su tiempo para lanzarle una mirada de disgusto al chucho para después sonreírle simpáticamente a su amiga.
—Lo siento, cariño. Pareces tan adorable que no pude aguantarme la risa.—La mirada mortal que Lauren le lanzó a Dev le hizo saber a ésta que la escritora no se lo tragaba, así que se sentó a un lado de la cama junto a Lauren, pero sin tocarla.—Te he echado de menos. Te quiero,—le dijo dulcemente.
Lauren inmediatamente suavizó la mirada y dijo…
—Yo también te quiero.—Movió su cabeza de forma resignada.—Vas a seguir haciendo imposible que esté enfadada contigo, ¿verdad?.
Una satisfecha sonrisa trazó su camino a través de los labios de Dev.
—Básicamente.—Tomó uno de sus rubios mechones rebeldes y lo deslizó detrás de su oreja para poder mirara a los ojos.
—¡Devlyn, no puedes tocarme!.
—¿Te apuestas algo?.
—No quiero que te pongas enferma.—dijo Lauren soltando la respiración.
—Y no puedo tocarte. Nunca más—dijo Dev levantando sus hombros.
El corazón de Lauren comenzó a latir más fuerte por las palabras de Dev. La miró a sus honestos ojos y sintió que se enamoraba aún más de esta increíble mujer.
—Estoy tan contenta de que hayas vuelto a casa.
—Yo también.
Se quedaron mirando la una a la otra por un largo momento y Lauren podía ver la preocupación detrás de los ojos de Dev. Sabía que Dev estaba triste por la gente que había muerto cuando el FBI atacó el campamento de los Hermanos de la Libertad. David le contó que se había tomado la muerte de los niños especialmente mal, cosa que a Lauren no le extrañaba en absoluto. Esos meses conociendo y llegando a querer a la familia Marlowe le había demostrado el cariño tan grande que tenía por los niños.
Con una morbosa huelga que sorprendió incluso a los de Washington, la prensa se había cebado con estos aspectos de los eventos acontecidos, mientras Dev hacía su gira por las ciudades afectadas por los atentados. Le echaron las culpas a Dev y al Primer Ministro y la nación los secundó. La alta mujer apareció para apechugar con todo contestando pregunta tras pregunta pacientemente sobre cada detalle y toma de decisión que hizo al respecto. Pero incluso en televisión, Lauren podía leer entre líneas la tensión que normalmente no surcaba la cara de Dev y el recelo en su habitual abierta personalidad. Especialmente cuando un reportero mencionaba a Lisa y Brian Lindsay.
—¿Estás bien?,—preguntaron las dos al mismo tiempo. Sonrieron.
—Estoy bien, Lauren. No fue un viaje divertido. Pero tenía que hacerse. Estoy contenta de que se haya acabado.
Lauren iba a abrazar a su amiga y sintió la frustración apoderarse de ella por el hecho de que no podía. Entonces le vino una idea a la cabeza. Bajo la atenta mirada de Gremlin cogió una sábana que había doblada a los pies de su cama. La joven mujer deshizo su pliegue y la sacudió para abrirla.
—¿Qué? ¡Phft, Phft!,—Lauren tiró la sábana por encima de Dev cubriéndole todo el cuerpo y cortando sus palabras. Antes de que pudiera decir nada más sintió unos brazos que la rodeaban y la estrechaban en un abrazo. Dev cerró los ojos de gusto e inmediatamente devolvió el confortable abrazo.—¡Maldición!, lo necesitaba.
—Yo también.
Dev sintió la alta temperatura que venía del cuerpo de Lauren.
—Tienes fiebre,—le dijo.
—Un poco. Sí.—Lauren se acomodó más en los brazos de Dev al tiempo que ésta le acariciaba la espalda con sus dedos.—¡Ooooooo, Jesús, que bien!.—Se movió otra vez, ahora presionando su hombro contra el de Devlyn y frotándose en él.
—Uh, ¿¿Lauren??.—Dev la miró un poco alarmada.
—¡Ooooooo, yeah!,—dijo Lauren echando la cabeza atrás.
Devlyn aguantó la respiración ante el largo gemido de Lauren. Cuando los movimientos de Lauren se volvieron más frenéticos, Dev finalmente entendió.
—¡Oh no!,¡ tú no!. No soy un rascador.—Con brazos firmes empujó a la pequeña mujer.
—¡Por favoooooor!—rogó Lauren.—Me pica por todas partes.
—¡NO!.—dijo Dev meneando la cabeza por debajo de la sábana antes de quitársela de encima.—No puedo.
—¡Sí, Devlyn!—dijo Lauren seriamente. Atravesó a la Presidenta con su dura y verde mirada.—Puedes. Por el amor de Dios, ráscame la espalda. ¡Necesito que me la rasques!.
Dev intentó no pensar en lo sexy y atractiva que estaba cuando suplicaba. La amaba, pero no podía ignorar esas abultadas manchas rojas.
—No lo haré. "Moriría antes tocar una sola marca en tu preciosa piel. Bueno, normalmente preciosa".
—¡Por favooooor!—chilló patéticamente. Con un fuerte gemido se tumbó de espaldas en la cama y comenzó a frotarse como si fuera un pez fuera del agua, intentando alcanzar unos granos que tenía entre los omóplatos.
—¡NO!—Dev se alzó sobre sus pies.—Ponte la inyección que le dieron a los chicos y te sentirás mejor—explicó razonablemente.
—¿Inyección?. ¿Una aguja apuñalándome el trasero y un líquido extraño siendo introducido en mi cuerpo?.—Lauren hizo una mueca.—¿Eres masoca?.
—Tal vez. Pero esa no es la cuestión.—Decidiendo lo cercano que era estar a salvo de Lauren, se arrodilló enfrente de ella. Sintiendo un escalofrío de asco alcanzó a ver a uno de los cachorros que se paseaba por debajo de la cama, Dev se acercó un poco más.—Sólo quiero que te encuentres mejor, cariño.
—Yo también quiero eso, Devlyn. Pero ya sabes lo que siento hacia las agujas.
—Ya lo sé, pero será una muy pequeñita.—Dev sonrió afectivamente.
—¿Cómo de pequeña?.—Lauren la miró escépticamente.
—Minúscula. Apenas la notarás.
—Y ¿hará que pare el picor?.
—Eso o te devolveremos el dinero—dijo finalmente Dev con una medio sonrisa.
La cabeza de Lauren estaba inclinada hacia un lado mientras consideraba sus opciones. Tres días más de picor hasta que se volviera insoportable. O la inyección. Era una difícil decisión.
—Sabes—una mirada lasciva transformó la cara de Dev,—una vez que comiences a encontrarte mejor, me encantaría rascarte el picor.
Silencio mortal.
—Llama al doctor.
Domingo 12 de Septiembre
—¿Y?.—Dev estaba sentada en un banco del Jardín de Esculturas de la Casa Blanca. La tarde era soleada y agradable. Una agradable brisa soplaba a través el césped trayendo consigo el olor a humedad de la hierba. Dev abrió sus brazos de una manera familiar, invitando a Lauren a acomodarse en ellos. El movimiento todavía le causaba un ligero dolor en los músculos de su hombro, pero la Presidenta consideró que la proximidad de la posición bien valía la incomodidad.
—¿Te sientes mejor?.—Sus ojos miraban la escultura de un molino que se movía con cada ráfaga de aire.—Estás estupenda, Lauren. Como si nunca hubieras estado enferma.
A Lauren no le importaba que estuvieran al aire libre y en lugar de sentarse junto a la alta mujer, dejó caer su cabeza en su regazo estrechando así el espacio que les separaba en el banco.
—Me siento muuucho mejor. El doctor dijo que estoy completamente limpia. No más fiebre, no más picores. Estoy incluso agradecida de haberme puesto esa inyección. Hicieron que los últimos cinco días fueran más soportables.
Dev pasó sus dedos por el pelo de Lauren enrollándolo con la yema de sus dedos.
—Me alegra que te sientas mejor. He descubierto que odio cuando estás enferma y no puedo hacer nada para ayudarte.
—¿Nada para ayudarme?.—Bufó Lauren despacio mientras absorbía la calidez del sol y la mirada interesada de Dev mientras ella miraba complacida a la nada.—Sí, vale. Y supongo que todo el mundo tiene al mejor doctor a su disposición para hacerle preguntas sobre la varicela a cualquier hora.
—Bien, yo…—la cara de Dev se puso colorada y dirigió sus ojos a la nada.—Solo quería que estuvieras bien.
—Eres tan dulce.—La escritora entrelazó sus dedos con los de la mano libre de Dev.—Así que…—le dio un pequeño tirón a la mano que estaba sujetando y dejó salir un nervioso suspiro.—Ahora que me siento mejor y podemos hablar de cosas duras, ¿cómo te sientes realmente Devlyn?.
Dev permaneció quieta un momento y luego dejó salir un débil "Estoy bien". Una fina y rubia ceja se alzó.
—No, Devlyn—dijo firmemente.—Después de todos estos meses te conozco.
La Presidenta bajó la cabeza y miró a Lauren seriamente. Su mirada fue devuelta con la misma intensidad.
—Lo haces, ¿verdad?.
—Sí,—una suave sonrisa recorrió sus labios y le dio un pequeño manotazo.—Así que dime, ¿cómo estás?.
Dev la miraba tan profundamente que apenas se quejó.
—¿Cómo se supone que me debo sentir?—dijo desesperadamente.—Maté a mujeres y niños inocentes.
Lauren eligió sus palabras con cuidado.
—Tú no mataste a nadie.
—¡Lo hice!—insistió Dev.—Yo envié al FBI. Yo di la orden.—Tragó fuertemente.—Sabía que estaban allí. Sabía que esos cabrones tenían a mujeres y a niños allí. Y, Dios ayúdame, lo hice de todas formas. Dos niños murieron esa mañana. El niño, Brian, fue alcanzado en el pecho por el fuego cruzado. La niña, Lisa, murió por inhalación de humo cuando el ala oeste del campamento fue incendiada.
La barbilla de Dev comenzó a temblar y Lauren sintió que se le partía el corazón. Lauren se sentó y miró a Dev fijamente viendo unos ojos azules llenos de lágrimas. La mujer más joven cubrió las mejillas de Dev con sus manos depositando un suave beso en sus labios antes de, muy despacio, volver hacia atrás para dejarla continuar.
Dev volvió a tragar prácticamente deshecha por la ternura de Lauren.
—Encontraron a la niña acurrucada debajo de su cama con sus muñecas y sus mochilas.—Dev rió sin ningún atisbo de humor.—Aparentemente se estaba escondiendo de la malísimainvasión del gobierno.
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