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:: SEÑORA PRESIDENTA ::
(MADAM PRESIDENT)

 

Miércoles 13 de Octubre

—Parece nerviosa.—Dev le dio un codazo a David que estaba reclinado al final del escritorio en el Despacho Oval.—¿No crees que parece nerviosa?.

David asintió con la cabeza.

—Oh sí. Está nerviosa.—dijo haciendo una mueca de dolor.—Y eso fue solo la presentación.

Lauren estaba a punto de ser entrevistada en el show número uno, en directo, por la mañana, "Despierta, América". Era un programa de los que hacían sentirte bien y que era seguido por millones de americanos todos los días. La presentadora era la irresistible y siempre tan "sabrosa antes del desayuno", Debbie Charles, amiga personal de Dev, que la había entrevistado en diversas ocasiones a lo largo de los años, primero como Gobernadora de Ohio,después como Presidenta Electa.La mujer era justa y agradable y sabía cómo abordar los temas relevantes, sin dejar nunca que sus preguntas fueran demasiado personales o cotillas.

La cara de Dev estaba pensativa.

—Lauren estará bien ¿verdad?.—Miró de reojo a David justo cuando la presentación del programa terminaba y daban paso a un anuncio de café.—Quiero decir, ha hecho montones de entrevistas personales para promocionar sus biografías. Me lo dijo. Esto es muy parecido.

—¿Fueron también televisadas?,—preguntó David, deseando tener una enorme taza de café como la que llevaba aquel atractivo hombre del anuncio.

Dev se mordía el labio mientras pensaba.

Umm…ahora que lo pienso, supongo que no lo eran. No había ninguna cinta con los informes sobre ella. Si hubiera salido en televisión estaría allí. Dev se reprendió mentalmente por haber estado tan ocupada durante los últimos días que no se le había pasado por la cabeza saber cómo se sentía Lauren sobre la entrevista.

—Parecía estar de acuerdo, ¿no?.—A excepción del comentario que hizo la joven mujer a principios de semana, durante el desayuno, el tema no había ni siquiera vuelto a salir.

—Bien, estaba un poco reticente a hacerlo cuando se enteró que sería televisada a nivel nacional. Especialmente por ser en directo.—David frunció el ceño, resignándose a sí mismo por la taza de café.—Pero una vez le expliqué lo bueno que sería para su publicidad el mostrarla en su ámbito profesional en lugar del personal, y de que ayudaría a quitarte de encima a los perros que andaban husmeando sobre vuestra relación,—se encogió—no pareció tener ningún problema en hacerlo.

Dev giró sobre sus pies, golpeando en el proceso un archivo que contenía toda la agenda del día y tirándolo al suelo en el proceso.

—¡¿Dijiste qué?!.

David la miró sorprendido.

—¿Qué?. Sus ojos se abrieron por la cara que le puso Dev.—Es la verdad, Dev. Lauren es una mujer adulta. Me preguntó si esto podría ayudarte y yo le dije que sí.

—No me importa si es verdad,—dijo endureciendo la mirada.—No quiero que la presiones.

—¡Y no lo hice!,—se defendió.

Jane y Liza, que estaban sentadas en un sofá que había sido empujado cerca del escritorio de Dev para tener una mejor vista de la entrevista de televisión, se miraron mutuamente con conocimiento de causa. Si David y Dev no tenían al menos tres desacuerdos al día, el mundo como ellas lo conocían estallaría por todo lo alto.

Los anuncios terminaron y la música de Despierta América comenzó. Lauren y su co—invitado, un joven de apariencia agradable con un jersey de punto, estaban ahora sentados lado a lado charlando tomando su café matutino.

—¡Jesucristo!, Dev señaló la imagen,—¿es que esa irritante compañía de café posee el mundo?,—miró detrás de ella, cogiendo la taza humeante de la misma marca y vio con placer que ella y Lauren sorbían al mismo tiempo.

David dirigió su mirada hacia la extra grande taza de Lauren. "No me importa si no es más que envidia por la taza. Después del show, llamaré a Beth". Beth sabía dónde y qué se podía comprar en cada tienda.

—Wow. Se ve bien en televisión,—comentó Jane apreciativamente.—No veo esos kilos de más sobre los que siempre se queja la gente.

Liza la escudriñó.

—Yo tampoco.

—¡Shsssss!,—Dev se inclinó hacia ellas con impaciencia.

El hombre sentado junto a Lauren se giró hacia la cámara y sonrió mostrando sus brillantes y perfectamente alineados blancos dientes que contrastaban con su morena piel.

—Y a continuación, Traci Corbin, quien sustituirá a Debbie Charles, que cogió…si pueden creerlo….¡la varicela!. Nuestra invitada especial esta mañana es Lauren Strayer, biógrafa de la Presidenta.

Las mandíbulas se cayeron en el Despacho Oval.

—Pero primero,—el joven hombre continuó—el tiempo.—Un enorme mapa de los Estados Unidos apareció en Despierta América y el hombre del tiempo se materializó a lo largo de éste.

—¡David!,—gruñó Dev, su cuerpo entero temblando.

—¡Estoy en ello!. Liza puso el teléfono en la mano del Vicepresidente y frenéticamente comenzó a llamar para saber qué cabeza iba a rodar, y cómo podían parar esta entrevista antes de que el hombre del tiempo diera sus previsiones sobre California.

Lauren se movía incómoda en su silla, pasándose la mano nerviosamente por el pelo al segundo que el cámara dejó de enfocar al hombre del tiempo.

Traci Corbin empujó a su co—presentador, que estaba en su camino, mientras le retocaban el maquillaje antes de la entrevista con el quaterback de los Washington Redskin´s que tendría lugar en el próximo segmento. Tomó asiento frente a Lauren y extendió su mano.

—Soy Traci. Lo siento, no he tenido la oportunidad de presentarme antes.

Lauren le ofreció su mano y le dio su consiguiente apretón.

—Lauren Strayer. Es un placer conocerla.

Traci la miró rápidamente.

—Hace tan solo una hora que recibí una llamada diciendo que me necesitaban y he tenido que hacer una carrera loca para llegar.—Las cuarenta y tantas maquilladoras tuvieron que trabajar rápido para conseguir adecentarla.—Hice unas cuantas notas mientras me arreglaban el pelo,—sonrió.—Espero que no te importe si mis preguntas son un poco ásperas.

Los amigables modales de la mujer más mayor se lo pusieron un poco más fácil a Lauren.

—No…yo…,—se agitó y forzó a sus manos para que pararan de retorcerse.—Está bien. A menos que no le importe tener a una más que nerviosa invitada. Realmente no hago entrevistas para televisión, así que ésta será mi primera vez.

Traci asintió con la cabeza y le dio un ligero apretón a Lauren en el brazo.

—La televisión en directo pone un poco más nerviosa. Pero lo harás muy bien.

De repente un hombre apareció frente a Lauren y Traci, pero fuera de cámara. Levantó cinco dedos. Entonces cuatro, tres, dos, uno. Traci sonrió.

—Bienvenidos de vuelta a Despierta América. Soy Traci Corbin, sustituyendo a Debby, que está hoy en casa enferma. Con nosotros esta mañana tenemos a la biógrafa de la Presidenta, Lauren Strayer.—Se volvió para mirar a Lauren.—Buenos días.

—Buenos días.

—¡Vaya trabajo que tiene usted, señorita Strayer!, seguir a la Presidenta por todas partes. ¿Es eso tan excitante como suena?.

Lauren sonrió un poco más olvidando su nerviosismo por la simplicidad de la pregunta.

—Por supuesto. A veces. La Casa Blanca está rebosante de actividad. Siempre. Y a veces es un poco duro. Paso la mayor parte del tiempo experimentando lo que la Presidenta hace durante el día y el resto del tiempo repasando y organizando lo que he aprendido, para así poder condensar cuatro años en un solo libro que sea un fiel reflejo de la Presidenta Marlowe.

—Interesante.—Traci se tocó la barbilla como considerando cual sería su siguiente pregunta.—Así que ¿cómo se escribe…—sus dedos haciendo comillas en el aire—un libro que sea un fiel reflejo, cuando está durmiendo con el sujeto de su trabajo?.

La cara de Dev se escondió detrás de sus manos al tiempo que gruñía.

—¡Oh Dios mío!.

Los sonidos de los gemidos de la Presidenta fueron seguidos por todos los que se encontraban a su alrededor.

Dev se asomó entre sus dedos para así poder seguir viendo la entrevista. Vamos, Super Ratón, no dejes que esa bruja te intimide. Tú eres mejor que ella, cariño.

Lauren parpadeó repetidas veces ante la entrevistadora, momentáneamente muda por la indiscreta pregunta.

Traci miró fijamente por detrás de Lauren y una fina y casi imperceptible sonrisa torció sus labios. "Acabo de ganarme el título de Prensa Asociada. Jódete, Despierta América, quiero mi propio show. Y Marlowe puede besarme el culo".

Dev había denegado las repetidas peticiones de Traci para entrevistarla. Había sido persistente. Demasiado persistente, realmente. Y tuvo una visita del servicio secreto que de forma no demasiado amistosa, le pidió que la dejara en paz o se arriesgaría a ser perseguida por la ley de protección oficial sobre la Presidenta. Incluso le habían retirado sus credenciales como periodista durante un tiempo, emplazándola a un estatus de prueba. ¡A Ella!. ¡A Traci Corbin!.

—¿Señorita Strayer?,—le recordó Traci, disfrutando absolutamente los segundos de silencio total que estaban pasando.

Por un segundo Lauren estaba confusa. Le habían prometido que ésta entrevista sería sobre su trabajo, y que no se aventuraría sobre temas personales tales como con quién dormía. Entonces le echó una mirada a la cara de Traci. Sus ojos se estrecharon ante el entendimiento de lo que estaba pasando entre las dos mujeres.

Dev palideció.

—¡Uh, oh, está cagada!.

David terminó maldiciendo por teléfono. Su furia hizo que colgara estrepitosamente y que lanzara el teléfono a sus pies, rebotando en él. Dos veces.

—Despierta América dice que no sabía que sus credenciales periodísticas habían sido revocadas éste año. Aparentemente, los otros entrevistadores del show rehusaron hacerle la entrevista a Lauren. No querían parecer no estar preparados. El show ha utilizado a Traci en el pasado y ella es lo mejor que han podido conseguir en una hora de tiempo.—Le gruñó al teléfono sintiendo que todo era por culpa suya. Volvió a golpearlo.

Lauren miraba a Traci directamente desde su silla.

—Es una buena pregunta, señorita Corbin, y para serle sincera, no creo que pueda serle totalmente objetiva.

Traci sonrió triunfal.—¿No puede?.

Dev, David, Liza y Amy estaban petrificados.

—No. Por la simple razón de que se sabe que ningún escritor es al cien por cien objetivo, ¿no es así?.—Lauren tomó el guante y corrió con él.—Todo el mundo aporta sus experiencias personales para inspirarse en lo que escribe con las mejores intenciones. Somos únicamente humanos, después de todo. "A pesar de ciertos miembros profesionales".—Lauren comenzó a ahondar sobre su teoría.—Creo que la clave para ser lo más fiel a la realidad y honestamente posible es un buen apoyo editorial, que investigue minuciosamente y con un fuerte compromiso de servir a sus lectores.

La sonrisa de Traci comenzó a desvanecerse.

—Todavía se pueden mantener esas cosas, no importa la relación que se tenga con el sujeto.—Lauren subrayó con la voz ésta última palabra con evidente hastío. No es que no se hubiera utilizado a sí misma en el pasado. Lo hizo. Pero estaba segura de que nunca lo había dicho de forma que convirtiera a la gente sobre la que escribía en ratas de laboratorio…para ser diseccionadas. Lauren sonrió dulcemente.—¿Responde eso a su pregunta, señorita Corvin?,—preguntó inocentemente sabiendo demasiado bien que acababa de echarle un cubo de agua fría a su entrevistadora. "Zorra".

—¡Esa es mi chica!,—gritó eufórica Dev.

—¡Acaba con ella Super Ratón!, pregúntale sobre sus tetas y nariz operadas.

Las tres mujeres se quedaron mirando a David asombradas.

—¿Qué?,—se quejó—un Vicepresidente sabe esas cosas.

Traci miró sus notas.—Um …sí, realmente lo hace.—Miró hacia arriba y sonrió a la cámara.

Dev se agitó.

—Ah…sí, entonces, Lauren…—comenzó Traci.

Lauren se mordió el labio para evitar preguntar "¿quién diablos te ha dado permiso para llamarme por mi nombre?". En lugar de ello intentó parecer interesada, preguntándose cuánto tiempo una entrevista de tres minutos podía realmente durar.

—La Presidenta Marlowe es la primera mujer presidente.

Lauren afirmó con la cabeza, luchando por no hacer rodar sus ojos. "Y dices que no habías tenido tiempo para prepararte".

—Es también una mujer muy atractiva, ¿no está de acuerdo?.

Las cejas de Lauren se curvaron.

—Todo el mundo con ojos estaría de acuerdo, Traci.

—¡Seguro que sí!. ¿Puedes contarle a América qué piensa la Presidenta Marlowe sobre haber sido nombrada la mujer más deseabledel mundo?.

La temperatura en el estudio subió diez grados. "¿Qué?. ¡Ella no está disponible, y tú lo sabes!".

—No estoy segura de lo que Devlyn piensa sobre eso.—Las manos de Lauren se cerraron formando puños, mientras su cara parecía impasible.

—¡No te dejes golpear, Lauren!,—dijo Devlyn a la imagen que tenía frente a ella.—¡No estoy disponible!.

Jane asintió con la cabeza.—¡Fuera del mercado!.

—Totalmente pillada,—confirmó Liza.

Lauren se inclinó un poco hacia delante en su silla mirando la revista que Traci había sacado de repente frente a ella. Dev estaba fotografiada en la portada rodeando con el brazo a la nueva estrella de Hollywood Takesha Vasquez. Estaba claro que la fotografía había sido tomada intencionadamente para mostrar lo bien que se veían las dos mujeres juntas. Cosa que, se admitió mentalmente Lauren, lo hacían.

—Eso es una total y absoluta basura,—anunció despreocupadamente, lanzando la revista hacia una mesa que había entre ella y Traci.

Los ojos de Dev se entrecerraron y tomó aire nerviosamente.

—No la mates en la televisión en directo.

—Podría arreglar eso,—le dijo David confidencialmente.

Todo el mundo en América esperaba que Lauren armara un lío. En lugar de eso sonrió encantadoramente y dijo en un suave acento sureño.

—Resulta que sé que la Presidenta Marlowe las prefiere rubias.

Varios miembros del equipo de Despierta América se rieron entre dientes. Y Traici se unió a ellos reticentemente.

Fuera de cámara un hombre alzó su mano y comenzó la cuenta atrás con sus dedos. Traci, diligentemente, leyó el guión.

—Gracias, Lauren. Quédense con nosotros en nuestro próximo segmento donde América se despierta y conoce al quaterback de los Redskin´s , Elvis Simpson.

En la televisión del Despacho Oval la imagen de Lauren y Traci fue sustituida por anuncios. Dev se giró hacia David.

—Lo hizo bien ¿verdad?.—"Ningún derramamiento de sangre. Todavía. Si yo fuera tú ya estaría corriendo, Traci Corvin.

—Oh, sí, muy profesional.—"Gracias Dios",—estuvo estupenda. Y parecía que iba a patear a Traci de un momento a otro.

—Desgraciadamente ella nunca oirá esos elogios,—dijo Dev.

Liza y Jane volvieron unas piadosas miradas hacia David. El pelirrojo hombre bromeó, pero tomó la indirecta seriamente.

—Va a matarme ¿verdad?.

Dev afirmó con la cabeza y dándole una palmada en la espalda dijo…

—Me temo que tan solo tienes una vida que dar por la patria…y esa, mi querido amigo, mi novia te la va a arrebatar tan pronto vuelva a casa.

* * *

Traci se marchó del plató enfurruñada, decepcionada de no haber conseguido una sola reacción por parte de Lauren. Lo que podía haber sido una historia principal enlas noticias, se había reducido a una charla intranscendente al fin y al cabo. Se detuvo bruscamente por el sonido de una fuerte voz que la llamaba por detrás.

—Eso no fue muy agradable.—Lauren se paró tres pasos por detrás de la delgada y más mayor mujer, sus músculos faciales contraídos con fuerza por culpa de la frustración y el enfado. Se había tragado demasiada mierda de la prensa en los últimos diez meses. Pero ahora…ahora había una cara que poner a esa maliciosa bocaza.

Despacio, Traci se dio la vuelta para enfrentar a la mujer detrás de ella.

—Soy una escritora de noticias, señorita Strayer, me pagan por conseguir historias, no para ser agradable. Si quisiera ser agradable escribiría biografías para ganarme la vida.

Lauren dio otro amenazador paso hacia delante.

—No creo que usted estuviera tratando de conseguir una historia, en absoluto. Estaba tratando de conseguir una reacción. "Y casi lo consigues". Eso no fueron más que intentos baratos. Esperaba algo más de una "supuesta escritora de noticias" que esos baratos intentos sensacionalistas. Se requiere habilidad y talento para ganarse la vida escribiendo, señorita Corbin. No se engañe. Su obvia inaptitud es la razón por la que no puede hacerlo.

—¡Oooo, auch!,—la reportera le ofreció a Lauren una menos que sincera sonrisa.—Puedo morir feliz ahora. La novia de la Presidenta acaba de reñirme. ¿Ha terminado con su pataleta, señorita Strayer?. Porque me voy a casa. Además, estoy segura de que debe de regresar a la Casa Blanca para hacer su trabajo como Jefe Exclusivo de Pequeñas Caricias.

La cara de Lauren se puso color púrpura por el enfado. Tranquilamente se quitó sus gafas y las puso dentro del bolsillo de su chaqueta donde estarían a salvo.

—Oh, van a haber caricias.—Los ojos de la escritora brillaban con fuerza.—Pero yo estaba pensando más en las líneas marcadas en rojo de mi mano sobre tu cara.—Lauren dejó salir una fría sonrisa disfrutando de la vista de la cara pasmada y preocupada de Traci Corbin.—Pensaba…me aseguraré de darle recuerdos tuyos a Devlyn esta noche.

—¡Hola Lauren!,—una nerviosa y muy familiar voz interrumpió la conversación.

Lauren ni siquiera volvió su cabeza. Continuó matando con la mirada a Traci.

"Oh mierda, David tenía razón. Gracias a Dios que estaba tan cerca del estudio".

David había llamado frenéticamente a su mujer cuando ella estaba a tan solo dos manzanas de los estudios de camino al centro para una reunión. Podía estar allí más rápidamente que ninguna otra persona y por el tono de la voz de David sabía que tenía que darse prisa. Beth se acercó y se detuvo en el pequeño espacio que separaba a ambas mujeres.

—Hola, soy Beth McMillian.—Se acercó y tomó la mano de Traci agitándola vigorosamente.—Y si yo fuera usted, me marcharía ahora, antes de que mi amiga Lauren le haga un moratón en un ojo y mi marido tenga que encontrar un lugar donde poder esconder su despreciable,—su mirada se posó sobre el pecho de Traci—siliconado cuerpo.

—¡Oh, la caballería!,—Traci se inclinó sobre Beth mirándola fijamente, su brabuconería volviendo ahora que parecía que no iba a ser golpeada.—Y justo a tiempo. Odiaría tener que romperle la nariz a la rubita.—Respiró profundamente y miró a Lauren por encima del hombro de Beth.—Déle recuerdos a la Presidenta de mi parte, ¿lo hará?,—ironizó Traci.

Lauren finalmente reaccionó e intentó arremeter, pero Beth se giró más rápido que cualquiera hubiera pensado que podría hacer una profesora de historia de vida sedentaria. Utilizó su mayor estatura para sujetar a Lauren por los hombros y mantenerla atrás. La joven mujer parecía que iba a explotar espontáneamente si no mataba a alguien.

—Permítanme, ¡MARCHARME!.—La escritora miró enfadada cómo Traci tomaba esto como una ventaja para salir de allí.

—¡Lauren, no lo hagas!,—le dijo Beth.—Los medios de comunicación caerían sobre ti y sobre Dev. Respira hondo y piensa en Dev y en los niños.—Pudo ver que sus palabras tenían un efecto inmediato.—Eso es. Ella no vale la pena.

Lauren soltó un frustrado soplido e intentó calmarse.

—Zorra,—dijo en un susurro, sintiendo aflorar unas cálidas lágrimas a sus ojos.—Siempre hay algo. Siempre están mintiendo, distorsionando o malmetiendo. Y nunca se detienen, ¡incluso cuando intentas seguirles el juego!.

—No, no lo hacen,—Beth la miró, aliviada de que Lauren tuviera este berrinche lejos de la Casa Blanca. Beth había visto venir en las últimas semanas cómo la popularidad de Dev se tambaleaba. Además de la rabia creada por los atentados y el ataque del FBI, la "propia fiesta privada de Dev" con los Republicanos y ciertos conservadores Demócratas, habían comenzado a cuestionar la moralidad de la Presidenta. Después de todo estaba viviendo con su novia en la que era considerada por la mayoría de la gente la residencia pública.—Si tienes la intención de tener una relación con Dev, vas a tener que aprender a ignorar éste tipo de cosas.

—Es más fácil decirlo que hacerlo.—Admitió Lauren. Pasó sus manos temblorosas por sus ojos para secárselos y después por su pelo, donde se le estaba formando un horroroso dolor de cabeza. "Dios, ¿qué me pasa?". Dejó escapar el aire de su boca.—Tienes razón Beth. Vámonos.—Las dos mujeres comenzaron a caminar hacia la salida.—Ni si quiera voy a preguntar por qué o cómo demonios has llegado aquí solo treinta segundos después de que esa broma de entrevista terminara.

Beth rió.

—Mi querido marido me llamó a mi móvil,—dijo.—Resultó que estaba cerca. Me dijo que si no venía al estudio lo más rápido posible, él no iba a regresar jamás a casa porque estaría demasiado ocupado tratando de explicar cómo una simple entrevista se había convertido en un homicidio.

Lauren asintió con la cabeza.

—David es un hombre inteligente. Es una pena que tenga que morir por haberme metido en esto.—Una pequeña sonrisa entre dientes salió de Lauren.—Sabe que por las mañanas temprano es cuando estoy más predispuesta a cometer homicidios.

Beth sonrió, enganchando su brazo con el de Lauren.

—Sugiero que le dejemos vivir y torturarlo por el resto de nuestras vidas. Es mucho más divertido así. Sin dejarlos creer que estás preocupada y que no lo olvidas cada vez que hacen algo estúpido. Ahora, ¿te invito a desayunar?.

Lauren posó una mano en su rugiente estómago. Había estado demasiado nerviosa como para comer algo y se había levantado hacía algo más de cuatro horas.

—¿Habrá alcohol?.

—Por supuesto. No hay nada malo con un Blody Mary a las…—Beth se miró la muñeca—7:30 de la mañana.

—Mmm, mmm, o un Margarita.

—O un Marini seco.

—O cerveza,—dijeron las dos a la vez, soltando la tensión acumulada por la situación vivida. Empujaron la puerta de salida y fuerongolpeadas por una oleada de suave y fresco aire.

Beth, de repente, se detuvo mirando la línea de coches aparcados en la calle.

—Uh, vas a tener que conducir tú.

—Claro.—Los ojos de Lauren se entornaron al mirar la expresión de Beth.—¿Qué estás mirando?.

—El espacio vacío donde debería estar mi coche, justo en la señal de aparcamiento para minusválidos.

—Oh.—Lauren pasó su brazo por los hombros de Beth acompañándola a su propio coche.—Lo siento.—Sus cejas se juntaron lo más que pudo. Miró juguetona a su amiga mientras se bajaban de la acera.—¿Crees que Dev podría hacer que deportaran a Traci Corvin?.

Beth se rió.

—Estoy segura que David se está haciendo cargo de eso mientras hablamos.

 

Viernes 15 de Octubre

 

—Caballeros,—Dev se apoyó en su silla permitiendo a su mirada posarse sobre cada uno de los miembros del Partido de Emancipación. Cerró sus ojos por un instante para, en silencio, calmarse.—Me importa un bledo lo que piensen a cerca de éste tema. Es mi maldita vida privada la que están pregonando.

El Presidente del Partido, Bruce Jordon, se aflojó el nudo de la corbata con el dedo. Era tan solo unos años mayor que Dev, pero tenía el pelo gris y una profunda cara abatida.

—No se ofenda, Sra. Presidenta, pero cuando el partido estuvo de acuerdo en alojar a la señorita Strayer para escribir su biografía, no pensamos que ustedes…—momentáneamente volvió sobre sus palabras, pensando en lo que quería decir y lo que realmente estaba saliendo de su boca.—Ahem, …Nosotros…nunca contemplamos seriamente una relación física entre ustedes dos.

—Bien.—Dev cruzó sus brazos sobre su pecho.—Porque yo tampoco.—Miró a David, pero él estaba impasible. Dev estaba sola en esto."Muchas gracias, colega". Se dirigió hacia el presidente.—Lo que haya ocurrido entre Lauren y yo ha ocurrido justo como lo haría entre otra pareja. Después de unos meses, trabajando juntas,y ayudándonos la una a la otra en situaciones difíciles, nuestra relación como buenas amigas se ha transformado en amor.

Se detuvo y suspiró profundamente, sintiéndose como en el infierno con cada segundo que pasaba teniendo que explicar esto.

—No fuiste tú, Bruce, quien me sujetaba la mano mientras estaba en el hospital tras ser tiroteada. Sin mencionar que no fueras tú quien tranquilizara a mis hijos y les hiciera creer que todo iría bien con su madre que estaba a punto de morirse.—Dev quería gritarle a toda esa gente que ella no tenía por qué justificar sus acciones al Partido o a cualquier otro cabrón en la Tierra. Pero eso no era totalmente cierto, y ella lo sabía.

—Dev…—el hombre sentado rígidamente en su silla,—mira, tu sabes que siento un gran respeto hacia ti. No tengo ningún problema con tu… estilo de vida. Con quien tengo un problema es con el National News Magazine y con el reportaje de la página veinte sobreti y sobre Lauren. Tienen fotos de las dos juntas.

—Si, bueno, desde que hemos salido en público juntas, estoy segura de que las tienen. ¿Cuál es el verdadero problema aquí?.

El Presidente Jordon golpeó la mesa con la palma de las manos haciendo que todo el mundo saltara por el estridente ruido. Dev no movió ni un músculo.

—No juegues conmigo, Dev. Sabes malditamente bien que fuiste elegida por ser honesta sobre tu sexualidad, y no por restregársela a la gente en sus narices. Samantha…

La cara de Dev se volvió de piedra, su voz alzándose en un peligroso tono.

—Ni se te ocurra meterla a ella en esto. Ni una maldita palabra sobre ella,—estalló.

Mencionar el nombre de Sam era tabú, y el Partido lo sabía. Después de su muerte, quisieron explotar la simpatía pública por la Gobernadora Marlowe, y casi perdieron a Dev por ello. Si no hubiera sido por la fría cabeza de David,Dev habría roto las relaciones con el Partido de Emancipación entonces y ahora. Desde entonces,habían podido solucionar sus diferencias. Hasta ahora.

Bruce Jordon agitó sus brazos al aire y dejó salir un profundo gruñido.

—¡Esta vez no!,—apretó su mandíbula desafiante—no voy a satisfacer tu ego ni un segundo más. Tenemos problemas que no se solucionarán ignorándolos. La mitad de Washington está cuestionando tu moralidad. Tienen grandes problemas con el hecho de que ella esté viviendo en la Casa Blanca, bajo el mismo techo donde tus hijos se están exponiendo a algo del todo inmoral. Y pagándole a ella, el Partido de Emancipación está animando ese comportamiento amoral.

—Y el Partido preferiría no estar sujeto a éste tipo de publicidad.

—Exacto.

—Aunque el Partido no tiene ningún problema cuando una revistucha de cotilleos de tres al cuarto me llama "La Mujer más Deseada del Mundo".

El Presidente Jordon la miró confuso.

—Dev, eso es cierto. "Y era una buena publicidad. Hay una diferencia".

—Y una mierda que lo es. Primero, no estoy disponible. Dos, el artículo en el National News Magazine es correcto. Vi una copia la semana pasada, y no tengo ningún problema con él. Tres, si la gente quiere discutir sobre mi moralidad, discutamos el hecho anterior a Lauren, he pasado los últimos cuatro años sola. Estaba todo correcto y bien cuando no le restregaba a nadie nada en sus narices,—dijo Dev despreciativamente.—Pero no tenía a nadie en mi vida. Nadie. Hice valer mis términos como Gobernador y después como Presidenta por mí misma.—Pronunció éstas dos últimas palabras con exactitud, dejando saber a todo el mundo cómo se sentía a cerca de ese período de tiempo.—Por el amor de Dios, Bruce, has estado con Olga desde hace alrededor de veinte años, y ¿ahora tienes la osadía de criticarme por encontrar a alguien que me hace feliz?.

—No es lo mismo.

—Y una mierda. Estoy enamorada de una mujer que me ama y que adora a mis hijos y ¿de repente soy una inmoral?. Siento que estoy retrocediendo en mi vida.. No tiene sentido.

—Si estuvieras casada con ella sería distinto.—El Presidente Jordon se levantó de su asiento.—Pero eso de vivir juntas…

—¡Error!,—Dev saltó sobre sus pies—Parece que estás olvidando convenientemente que los matrimonios de un mismo sexo todavía no son legales en la mitad de los estados. Hemos hecho progresos, pero…

—¡Pero!,—el Presidente saltó al igual que Dev.—Es legal en el estado donde vives.—Cuadró sus hombros y metió el estómago, sacando pecho en el proceso.—¿O es ella una mera distracción o lío de cama del que no tienes la intención de tomarte en serio?.

—¡Hijo de puta!.—Dev se giró hacia el hombre y avanzó con la mano alzada y el puño cerrado.

David se plantó entre los dos en un instante. "¿Qué ocurre con Dev y Lauren éste mes?"."Hora de tener vacaciones".

—No lo hagas. No merece la pena.—Sujetó su mano fuertemente contra el hombro de Dev y sus ojos buscaron los de ella.—Ambos sabemos que estás enamorada de Lauren. Él está solamente asustado y frustrado.—Bajó la voz y trató de convencer a su amiga, sabiendo que no podría detenerla si estaba dispuesta a golpear a Bruce.—No te dejes caer en su trampa.

David miró sobre su hombro.

—Sr. Presidente, sería beneficioso para su interés si saliera de aquí ahora mismo. Podemos continuar con esto en otro momento, cuando las cabezas estén más frías y las cosas más claras. Déjenos estudiar las cifras.

—¡Revisa las cifras, David!, no permitiré que una maldita encuesta me diga a quién se me permite amar o a quién se me permite invitar a mi casa.—Dev le empujó la mano, todavía intentando acercarse al Presidente Jordon mientras que el resto de los líderes del partido salían atropelladamente de la oficina.

David y Dev se quedaron solos mirando las copas de café esparcidas por la mesa y las agendas que habían sido dejadas por los miembros del partido cuando salieron de la habitación. Cada uno tomó asiento tranquilamente preguntándose cómo demonios las cosas estaban yendo tan mal en tan poco tiempo.

 

Sábado 16 de Octubre

 

—Éste último es de mi parte,—Christopher deslizó un paquete sobre las manos de su hermana.—Feliz cumpleaños Ash.

—Gracias, Chris.—Ashley agitó la caja y rasgó rápidamente el papel de regalo.—¡Wow!, la Barbie Científica, ¡con su laboratorio y todo!, gracias Chris.

El niño sonrió abiertamente y se ajustó las gafas a la nariz.

—De nada.—Se inclinó sobre ella y le susurró conspiradoramente, seguro de que Lauren, su madre y Emma estaban escuchando.—¿Podemos Aaron y yo jugar también?. Aunque sea un juguete para niñas. Podemos volar el laboratorio y raptar a Barbie.

Ashley estaba a punto de decirle a su hermano que siguiera soñando, cuando recibió una mirada amonestadora de su madre. Contestó con un resignado suspiro.

—Claro, Chris. Vamos.—Ashley cogió el disco que contenía Los Misterios de Nancy Drew que Lauren le había dado, las entradas para ver El Cascanueces que le había regalado su madre, la sudadera de Emma y el resplandeciente collar de Aaron. Se giró para seguir a sus hermanos que ya habían salido corriendo de la habitación, cuando la voz de Dev la hizo volverse.

—¿No estás olvidando algo?,—le recordó Dev educadamente. Ashley ya le había dado, educadamente, las gracias a Lauren y Emma. Pero no estaba de más hacerlo otra vez.

—Gracias Emma y Lauren,—repitió la niña obedientemente. Entonces una genuina sonrisa recorrió sus mejillas.—Me encantan mis historias y la sudadera. Se lo enseñaré a mis amigos en el colegio.

Lauren sonrió entre dientes.

—Me alegro de que te gusten, Ashley. Yo tenía tu misma edad cuando empecé a leer esas historias. Solo que yo utilizaba los libros comunes.

Ashley hizo una mueca.

—Wow. Eres realmente vieja.

Dev y Emma estallaron en carcajadas.

—Geeeee, gracias, pequeña,—unos ojos verdes se entornaron.

—De nada,—respondió Ashley sinceramente mientras salía corriendo.

Dev gritó otro "feliz cumpleaños" a su hija mayor y Ashley patinó en el suelo. Corrió de vuelta hacia su madre y la abrazó ferozmente.

—Felicidades para ti también, mamá. Es tan guay compartir el cumpleaños. ¿Vamos realmente a ir al ballet solas tu y yo?.

Dev cerró los ojos y apretó a su hija aun más sintiendo una punzada de culpabilidad por el poco tiempo que podía dedicar a cada uno de sus hijos individualmente.

—Lo prometo, princesita. Solamente tu y yo. Una tarde especial para nosotras juntas.—Dev sintió que se le contraía el corazón y si no pensaba en algo diferente, y rápido, se echaría a llorar.—¿Cómo se siente al ser tan mayor?. ¡Ocho años!. Casi no puedo creerlo.

¡Es estupendo, adios!.—y ésta vez cuando salió de la habitación no se giró.

—Bien, ahora, Devlyn,—dijo Emma—creo que me voy a retirar por ésta tarde y a llamar a mi hijo Tommy.—La mujer sonrió cansadamente.—Ha sido un día muy ocupado.—Y lo había sido. Ashley había tenido a varias amigas del colegio pasando la tarde en la Casa Blanca, y después había tenido otra pequeña fiesta familiar para desenvolver sus regalos.

—Hazlo, Emma. Y muchas gracias por todo.—sonrió Dev.—No te pago lo suficiente.

—Buenas noches, señoras.

—Buenas noches, Emma,—contestaron Dev y Lauren.

—Wow,—Lauren sacudió la cabeza con admiración.—Hizo un trabajo fantástico ésta tarde. Apenas podía oir esos gritos de segundo grado desde mi habitación hoy. Con mi puerta cerrada. Y mis auriculares puestos. Y mi cabeza tapada con la almohada.

Dev rodó sus ojos.

—¡Quejica!

—De verdad.—Bromeó Lauren. Le gustaba sus momentos de tranquilidad y la vida en la Casa Blanca nunca era así. Al menos con los Marlowe en casa.—Así que…—Lauren se acercó a su lado y amoldó su cuerpo al de la Presidenta. Depositó un beso en el cuello de Dev.—¿Qué quiere hoy la chica grande del cumpleaños?.

Dev gimió cuando capturó los labios de Lauren en un beso apasionado. Cuando oyó el suave quejido de la mujer más joven, profundizó el beso, revelándole el sabor y aroma de su compañera. Cuando se separó, Lauren parecía un poco mareada mientras se humedecía los labios.

—¿Captas la indirecta?.

Lauren tragó.

—Uh, huh,—cogió a Dev de la mano y comenzó a llevarla fuera del salón.—Vamos a mi habitación. Y no voy a dejar que te marches hasta mañana por la mañana.

Dev se dejó llevar hasta la puerta del gran salón, entonces tiró de Lauren para que se detuviera.

—¿Qué?,—preguntó Lauren exasperada.—¡He estado esperando mi turno todo el día!.

Dev sonrió.

—Lo sé, cariño. Pero ¿podríamos quedarnos aquí?. ¿Y si los niños necesitan algo?, David podría…

—¡Nop!. Está todo arreglado.—Sujetó fuertemente la mano de Dev haciendo que la siguiera rápidamente.

—¡Dios!,—Lauren rodó sus ojos riendo cuando Dev no pudo ni siquiera cerrar la puerta detrás de ella antes de que fuera arrastrada a través del hall.

—Emma lo sabe. David lo sabe. Y probablemente todo el Servicio sabe que tendré,—empujó bruscamente la puerta de su habitación para abrirla llevando a Dev dentro.—insomnio esta noche.

—¿Eso es lo que les has contado?,—dijo Dev haciendo una mueca e inspeccionando el suelo en busca de Princesa y de Gremlin. Estaba siempre alerta a sus ataques sorpresa. Y desde que había venido a la Casa Blanca, Princesa imitaba la desagradable predisposición de Gremlin. Bueno, desagradable para Dev. Todos los demás, a excepción de Michael Oaks, quien Dev sospechaba que odiaba a Santa Claus y a su propia madre, parecían adorar a los perros.

—Síp, eso es exactamente lo que les he dicho,—Lauren finalmente detuvo su paso una vez estuvo de pie frente al sofá. Levantó la mano de Dev y la besó suavemente.—Siéntate. Es hora de que te de mi regalo.

—Heh,—una mirada lasciva recorrió la cara de Dev.—¿Tendré que destaparlo?.—Se acercó y deslizó sus manos por debajo de la sudadera de la Universidad de Tenesis de Lauren posando sus manos sobre su firme y caliente vientre.

Lauren le sacó las manos de allí y la empujó para que se sentara en el sofá posando un ruidoso beso en sus labios.

—Sí, tendrás que hacerlo, pero no hasta más tarde.

Dev hizo una mueca sacando su labio inferior hacia fuera y Lauren no pudo aguantarse la risa.

—Siéntate recta por un momento y así podré darte tu regalo, ¿vale?.

Dev asintió indulgentemente.

—Sí, señora.

—Gracias.—Lauren golpeó ligeramente el hombro de Dev mientras desaparecía detrás de la Presidenta y se dirigía a su escritorio. Recogió un sobre de su brillante superficie, sorprendida por su propio nerviosismo. "Relájate. No pensará que es algo estúpido". Trató de convencerse Lauren.

La mujer rubia se dejó caer sobre el sofá cerca de Dev, sentándose al estilo indio.

La mirada de Dev se dirigió hacia las manos de Lauren. Esperó unos segundos más hasta que su curiosidad ganó.

—¿No vas a dármelo?,—preguntó.

—Uh… por supuesto que voy a dártelo.—Lauren agitó la cabeza consternada, deseando de repente haberle comprado algo más tradicional a Dev. Pero sabiendo que ahora era demasiado tarde, hizo de tripas corazón y le tendió el grueso sobre.—Feliz cumpleaños, Devlyn.

Dev sonrió abiertamente.

—Gracias.—Con un brillo en sus ojos, fue a abrirlo, sorprendiéndose con lo que parecía ser un contrato de Publicaciones Starlight. Levantó sus cejas a modo de pregunta a Lauren, quien simplemente gesticuló en dirección a los documentos.

—Léelo. Fuiste a Harvard, sabrás hacerlo.—Los ojos de la escritora se entrecerraron.—Sé que puedes entender un simple contrato entre Lauren Gallear y su innombrable co—autor. El co—autor para la próxima novela de Adrianne Nash.

—Yo…la cara de Dev estaba pensativa.—No entiendo.

—Sé lo mucho que te gustan mis novelas de Adrianne Nash. Pensé que a lo mejor te gustaría ayudarme en la próxima.—Estaba empezando a preocuparse.—Empiezo a planear la próxima cuando llevo aproximadamente las tres cuartas partes terminadas de la que esté escribiendo es ese momento.—Lauren levantó un hombro.—Ahí es donde estoy ahora. El contrato es al 50% de royalty para mí y el 50% para mi co—autor. Nadie tiene que saberlo nunca salvo tú, yo y el IRS.

Unos ojos azules parpadearon.

—¿Quieres que trabaje en tu libro?,—susurró Dev.

Lauren asintió despacio sin saber cómo tomarse la reacción de Dev.

—Solo si tú quieres,—aclaró rápidamente.—Yo…yo…oh, mierda. Es una idea estúpida ¿verdad?. Debía haberte comprado un jersey o algo así. Quiero decir, eres la persona más ocupada en la faz de la tierra, y no hay ninguna forma de que tú ……

Sus palabras fueron cortadas por un beso demoledor, cuya fuerza estuvo a punto de hacerla caer por el otro extremo del sofá.

—Es estupendo,—susurró Dev sobre los labios de Lauren.—Después de tener a Ash el día de mi cumpleaños, éste es el mejor regalo de cumpleaños que me han hecho. Es otra maravillosa razón por la que pasar más tiempo contigo.—Dev dibujó con su lengua los labios de Lauren, pasándola primero por el superior y luego por el inferior, ganándose un profundo gemido de su amante que le envió una corriente de sensaciones hacia su espina dorsal.—Aunque estar locamente enamorada de ti es suficiente razón para mí.—Sacó el contrato de entre sus cuerpos y lo dejó caer sobre el suelo, gimiendo suavemente cuando las manos de Lauren se deslizaron por debajo de su camisa para rodear su espalda donde empezaron a acariciar la sensible piel entre sus omoplatos.—¿Lauren?.

La escritora se fue perdiendo rápidamente en un sensual aturdimiento causado por las palabras no pronunciadas y demostradas sobre ella. Empujó a Dev más cerca gimiendo cuando sus dedos se enredaron en su suave y oscuro pelo y sintió el cuerpo entero de Dev sobre el de ella.

—¿Lauren?

—¿Mmmm?.—suspiró lentamente.

—¿Puedo desenvolver mi regalo ahora?.

—Oh, sí.—Los ojos de Lauren se cerraron de placer al sentir que su camisa era deslizada por su pecho y luego por su cabeza.—Dios, adoro tu cumpleaños.

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