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(MADAM PRESIDENT)

 

NOVIEMBRE 2021

Jueves, 4 de Noviembre

— ¿Por qué diablos tardan tanto?,— se quejó Dev.

— No te preocupes demasiado. Lo que sea que pase, estaremos bien. "¿verdad?".

— Pero…

— Cariño, han pasado solo treinta minutos,— le recordó Lauren mientras cruzaba y descruzaba las piernas otra vez.

— Puedo ver que tú no estás preocupada,— dijo señalando sus piernas con la mirada.

— Muy divertido.

Las dos mujeres estaban sentadas una al lado de la otra, en sillones orejeros, agarradas a unos cojines grandes con el sello presidencial bordado en oro en su centro. Estaban en una de las salitas de Devlyn, la Sala del Tratado, esperando saber ansiosas si al final del día Lauren ya no sería la biógrafa de la Presidenta.

Las cosas habían ido de cabeza el último mes cuando el Partido de Emancipación, oficialmente, pedía la dimisión de Lauren. Privadamente, a Dev le habían dicho que si su novia no había dimitido para Acción de Gracias, Lauren sería inmediatamente despedida. La respuesta de Dev fue que si Lauren era despedida, juraba que rompería con los "cabrones" del Partido, y pudo ser oída al otro extremo de la Casa Blanca. Fue un grito de proporciones tan épicas que incluso David no pudo ignorarlo.

Wayne y dos abogados de Publicaciones Starlight habían llegado a DC ayer. Ahora estaban en una reunión con el Presidente del Partido, Jordon, el abogado del Partido y David, quien con gran dificultad, convenció a Dev y a Lauren para que esperasen en la Sala del Tratado y que dejaran las negociaciones a los abogados.

— Sabes,— empezó Dev lanzando el cojín al otro lado de la sala y saltando sobre sus pies— no pueden hacer que te marches. ¡No pueden!.

Lauren exhaló despacio.

— Devlyn, piensa en esto por un momento. Mi credibilidad está sufriendo un gran revés. Tienen el derecho de estar disgustados. No importa lo que pase, no van a tener la biografía por la que pagaron.

— ¡Mierda!. Pero tú aún puedes quedarte aquí, escribas el libro o no.

Lauren acercó sus labios al cojín.

— No creo que eso fuera una buena idea,— dijo tan bajito que apenas Dev pudo oírla.

— ¡Qué!, Dev caminó hacia Lauren y se agachó sobre sus rodillas en frente de la mujer que estaba sentada en la silla. Sintió un oleada de pánico recorrerla.— ¿Qué…qué has dicho?. "No, no he oído eso. No".

Al mirar a Dev a los ojos Lauren sintió como una puñalada en el corazón y se encontró evitando que su boca repitiese las palabras.

— Esto te está haciendo daño,— susurró Lauren intentando retener las lágrimas— las encuestas…

Dev posó las palmas de sus manos sobre las rodillas de Lauren, con una mirada determinada en su cara.

— ¡Me importa una mierda las encuestas!. Esto todavía es mi casa, Lauren. Y nadie va a decirme quién puede o no vivir conmigo. Te amo y no quiero que te marches a ningún lado.

— Yo también te quiero,— insistió Lauren.— Pero si quedándome aquí voy a arruinar tu carrera, entonces debo marcharme.— Era lo último que quería hacer pero se maldeciría si por su culpa Dev cayera con ella.

— Las encuestas suben y bajan. Los números son más altos que los del mes pasado y las cosas están mejorando. Fueron los atentados los que realmente dañaron mi popularidad, cariño. No tú. Y a pesar de que el partido se queje por lo contrario, a la gente le importa un pimiento de quién estoy enamorada y si ésta persona vive conmigo. Esto no son más que las alas de los conservadores calentando motores. Y el cabrón del cabecilla, Bruce Jordon, está postulando e intentando ganar un mejor punto de apoyo para sí mismo sin la ayuda del Partido. Si pueden conseguir que te pida que te marches de la Casa Blanca, sería una gran muestra de fortaleza para ellos. Si me niego a hacerlo, entonces agitarán sus morales superiores en las narices de América y echarán las culpas a nuestra relación por cualquier problema gubernamental. Esta es la cara fea de los políticos, Lauren.

— ¿Es que hay una cara atractiva?— una pequeña sonrisa comenzó a fruncir los labios a Lauren.

Dev agitó su cabeza en muestra de exasperación.

— Estoy intentando hacer un buen uso del poder que poseo haciendo cosas para la humanidad, dándole forma al futuro…pequeñas cosas como esas.

— Y lo conseguirás, Super Woman.

Dev se relajó un poco. Lauren estaba inclinada sobre ella. Eso era una buena señal.

— Por alguna razón que no puedo entender, no consiguen meterse en sus duras cabezas que nunca te pediré que te marches. Nunca.

Lauren abrió su boca para hablar, pero Dev presionó dos dedos contra sus labios para sofocar sus palabras. Necesitaba aclarar esto de una vez por todas. Porque ella, por una vez, sabía que no podría vivir con la duda. Con su mano libre, Dev delicadamente tocó las puntas de los rubios mechones de Lauren que descansaban sobre sus hombros.

— ¿Quieres marcharte?.

Lauren sacudió vigorosamente su cabeza.

"Gracias a Dios".—¿Eres feliz viviendo con nosotros?.

Hubo unos segundos de meditación mientras los eventos del pasado año atravesaron la mente de Lauren. Los contronazos con la prensa, los disparos de Dev. La pérdida de su libertad personal. Sin estar nunca realmente sola, pero sin sentirse abandonada. Lidiando con idiotas como Michael Oaks. La creciente responsabilidad y confianza que traía el vivir con Dev y con sus hijos. Lauren asintió con la cabeza rápidamente. Nunca se había sentido más feliz.

Dev dejó escapar un suspiro contenido y humedeció sus secos labios. Un solo segundo nunca le había parecido tan largo.

— Vale entonces,— susurró.— Bien.— La Presidenta retiró sus dedos y besó tiernamente los labios de Laruen.— Entonces no importa lo que pase con el trabajo, te quedarás ¿de acuerdo?,— sus cejas alzadas a modo de interrogación.— ¿Lo prometes?.

Lauren sonrió, demostrando que eso era lo que ella quería desde un principio. Tenía fe en que Dev pudiera solventar los ataques políticos que su presencia allí pudiera causar. Y con su siguiente respiración Lauren alargó su mano e intentó agarrar la vida que Dev le estaba ofreciendo.

— Lo prometo. Tendrán que echarme a patadas.

El corazón de Dev comenzó a latir otra vez.

— Es solo cuestión de tiempo que te acostumbres a ésta mierda desinteresada y que te hagas con el programa, Super Ratón.

Ambas se rieron, pero el sonido de sus risas cesaron rápidamente cuando alguien llamó a la puerta. David la abrió y asomó su cabeza.

— ¿Listas?.

Dev se impulsó sobre las rodillas de Lauren y se levantó ofreciéndole la mano a su amante. Cuando las dos estuvieron de pie, Dev asintió a David con la cabeza, él abrió la puerta y permitió al pequeño grupo de hombres y mujeres entrar ordenadamente a la Sala del Tratado.

Lauren sostuvo la respiración mientras sus ojos miraban fijamente a Wayne. Él le ofreció una sonrisa petulante, y ella casi terminó desplomada en el suelo ante la repentina subida de tensión por la situación.

David fue el primero en hablar.

— Sra. Presidenta, creo que hemos llegado a una solución con la que todos podremos vivir.

Dev cruzó sus brazos sobre su pecho y miró a Bruce Jordon.

— ¿Está despedida?.— Despreocupadamente pasó un brazo sobre los hombros de Lauren y la empujó más cerca levantando una ceja a cambio.

El canoso hombre cruzó sus propias manos y las puso bajo subarbilla.

— De una manera u otra, la señorita Strayer no trabajará, en breve, para el Partido de Emancipación.— Su desafío era obvio y Dev sintió su temperamento empezar a explotar.

La Presidenta alzó los brazos de los hombros de Lauren y dio un paso hacia el Presidente Jordon. Sus manos nerviosas, queriendo formar puños.

— Hijo de …,— pero David la golpeó fuertemente sobre la espalda haciéndola toser y farfullar de indignación, cortando la soez frase de Dev.

— Sra. Presidenta, creo que debería mirarse esa tos tan fea que tiene.

Dev volvió su mirada amenazadora sobre David.

David se aclaró la garganta, figurándose que sería mejor ir al meollo de la cuestión antes de que Dev discutiera con él o lo matara.

— Como estaba a punto de decir, éste es el acuerdo al que, con el consentimiento de la Srta. Strayer, implementaremos inmediatamente. Tanto los abogados del Partido como los de Publicaciones Starlight, están de acuerdo en que, a su juicio, existe una probabilidad razonable de que la relación romántica de Lauren con usted, Sra. Presidenta, altere materialmente su habilidad para escribir de una manera acorde con los términos y razonables expectativas de su contrato. En otras palabras, ella podría encontrarse incumpliéndolo. Llegados a éste punto, las partes implicadas desean evitar un litigio.

Lauren alzó sus manos al aire y rodó sus ojos.

— ¿Qué diablos significa eso?,— exclamó Dev.— Habla en nuestro idioma.

David arrugó sus labios.

— Este es el acuerdo, Sra. Presidenta,— pero miró a Lauren también.— Publicaciones Starlight se ha ofrecido a comprar el resto del contrato de Lauren con el Partido de Emancipación. Además de quedarse con su salario durante los próximos tres años, compensarán al Partido por el salario que ella ha venido recibiendo durante el pasado año. Starlight además pagará una suma razonable por la información biográfica que la señorita Strayer ha ido recopilando mientras trabajaba para el partido.

— Si puede llamarse razonable a dos millones de dólares.— añadió Wayne.

David lo ignoró.

— A cambio, la señorita Strayer escribirá una biografía como se había planeado. Además estará bajo la contratación directa de Publicaciones Starligth, quien se quedará con todos los beneficios.

Lauren finalmente unió todos los puntos.

— Así que, ¿puedo continuar con mi trabajo, escribir el libro, vivir aquí, y la única cosa que cambia para mí es que ahora deberé rendir cuentas a Starlight y ya no me atará nada al Partido de Emancipación?.

Wayne miró a Lauren.

— Ese es el trato, cariño. Puedes agradecérmelo más tarde.

¿Dónde tengo que firmar?.

Alguien llamó a la puerta.

— Sra.Presidenta, tengo el contrato que el Vicepresidente el Sr. McMillian pidió,— dijo Liza desde fuera de la sala.

— Pasa, Liza, y gracias,— respondió David mientras la alta asistente pasaba a los abogados, a Wayne y al propio David tres copias del contrato que acababa de redactar.

Wayne le acercó un bolígrafo a Lauren.

— Creo que aquí es donde debes firmar.

Publicaciones Starlight y los abogados del Partido de Emancipación, cada uno se tomó unos minutos para echarle un vistazo rápido antes de asentir solemnemente con la cabeza, reflejo del consentimiento al trato al que habían llegado.

Bruce Jordon firmó el primero, entonces Wayne, y finalmente Lauren quien se acercó a Wayne y le dio al orgulloso hombre un firme beso en los labios por sus esfuerzos. Cuando se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, agarró a Lauren en un afectuoso abrazo riendo cuando fue estrujado por Lauren tan fuerte que apenas podía respirar.

— Gracias Wayne,— le dijo al oído.— No sabes lo que esto significa para mí.

— No tienes que agradecérmelo, cariño. Un bestseller me lo agradecerá suficientemente.

Lauren rió y entonces abrazó a David también.

— Sé que casi todo ha sido cosa tuya, David.— Le dijo suavemente, su voz y su cara demostrando su gratitud.

La cara de David se tornó de un intenso rojo.

— Solo estoy haciendo mi trabajo.

Lauren alzó una ceja.

— Uh, huh.

— ¿Qué hay de mi abrazo?,— dijo Dev juguetona.— ¿Soy la última de la lista?.

Lauren cogió la mano de la Presidenta.

— Tú tendrás una celebración privada, Sra. Presidenta. Liza,— dijo sin romper en ningún momento el contacto visual con Dev,— cuanto queda para el próxima compromiso de la Presidenta.

— Veintitrés, cerca de veinticuatro minutos,— respondió Liza sin ningún tipo de emoción, causando que Wayne alzara ambas cejas. La mujer era una agenda humana y alarma de reloj todo en uno. Se preguntó cómo es que estaba soltera.

— Bien,— Lauren sonrió a Dev— ¿te gustaría dar un paseo conmigo?.

La cara de Dev inmediatamente mostró su sonrisa. Esto se estaba convirtiendo en un día estupendo.

— Muéstrame el camino.

Lauren y Dev caminaron despacio hacia la puerta, cogidas de la mano. La escritora la abrió para Dev, quien estaba a punto de salir cuando sintió la mano de Lauren soltarse. Lauren se dio la vuelta y se dirigió hacia Bruce Jordon.

— Señor Jordon,— Lauren cuadró sus hombros.— Es usted un idiota de primer orden. Y será un enorme placer hacerle saber a América este hecho en la biografía de la Sra. Presidenta para PublicacionesStarlight.— Sonrió irónicamente y habló con su más dulce acento sureño.— Que tenga un buen día.

Y con eso, Lauren pasó por delante de Dev y salió.

Dev miró atrás hacia el Presidente del Partido con una sonrisa tan perfecta que David hubiera deseado inmortalizar.

— Lo que ella ha dicho.

Entonces corrió para alcanzar a Lauren, quien ya estaba a mitad de camino del hall.

 

SABADO 7 DE NOVIEMBRE

— Vamos, papá. Coge el teléfono. Siempre estás en casa después de cenar.— Lauren pulsó las opciones de habla y de video y esperó, deseando que ésta fuera la noche que contestara. Había llamado a su padre diligentemente una vez al mes desde que murió su madre, tal y como venía haciendo también desde que se marchó de casa hacía ya trece años. Solo que, desde el suicidio de Ann Strayer, el padre de Lauren nunca estaba en casa cuando lo llamaba.

El retirado fontanero le dijo a su hija, en no muy buenos términos, que cuando ella decidió volver a Washington DC cuando Dev fue tiroteada, cuando Ann estaba todavía en el hospital, ella había elegido a Dev por encima de su madre.

Lauren estaba en desacuerdo con su padre. Pensó que las circunstancias no eran de la forma en que su padre las había hecho sonar, Lauren sabía de corazón, que si hubiera un verdadero contexto, elegiría siempre a Devlyn.

Su actitud se había suavizado inmediatamente después de la muerte de su mujer, y cuando Lauren volvió a casa para el funeral, la recibió con los brazos abiertos. Pero tan solo le tomó unas horas para que las feas ideas que rondaban su cabeza fluyeran y culpara a Lauren por su pérdida. Si ella solo hubiera estado allí para ayudar. El estrés de leer el romance de su hija con la Presidenta fue simplemente más de lo que la frágil mujer pudo soportar. Si ella hubiera llevado a Ann a unos médicos diferentes…La lista seguía y seguía y Lauren encontró que no podía dejar Tenesis lo suficientemente rápido.

Pero de eso hacía ya cuatro meses, y aunque nunca habían estado muy unidos, no iba a permitir que no hubiera ningún contacto. Mientras estaba bastante segura de que nunca tendría el tipo de relación con su padre como la que tenía Dev con Janet y Frank Marlowe, todavía lo quería y deseaba saber si se encontraba bien.

Lauren estaba a punto de dar la orden verbal para colgar el teléfono cuando su padre lo cogió. Una luz parpadeante verde en el teléfono le hizo saber a Lauren que no había una imagen disponible. Recordó que su padre había odiado siempre esa parte de los teléfonos y solo permitía una imagen visual para complacer a su madre. Ahora que su madre ya no estaba, él debía haber deshabilitado la opción dejando únicamente la verbal.

— ¿Hola?

— Papá

Click.

Lauren parpadeó con el sonido de tono del teléfono.

— Oh, ha ido bien. Imagino que no debe saber desactivar también el identificador de llamada. ¿Todavía enfadado conmigo por alguna razón en especial?,— susurró sarcásticamente. Pero se sentía herida, a pesar del hecho de haber intentado dejarlo correr.

La rubia mujer miró las correas de Gremlin y Princesa que estaban encima de su tocador. Ambos perros automáticamente aparecieron de la nada marcándole a Lauren la puerta.

— ¿Cómo hacéis eso?,—preguntó a los dos animales sintiendo que su mal humor se disipaba un poco. Se levantó, tomó las correas y las enganchó a los collares y cogió una chaqueta del armario.

Cuando abrió, se sorprendió al encontrar a Ashlery de pie allí.

— Hola Ashley.— Lauren echó un vistazo alrededor del hall buscando pero sin encontrar a los hermanos de Ashlery.— Estaba a punto de ir a sacar a pasear a los perros. ¿En qué puedo ayudarte?.

Ashley frotó la punta de su pie contra la alfombra tímidamente.

— No sé.— Miró hacia abajo a Gremlin y a Princesa, quienes estaban agitando sus rabos contentos al ver a su amiga.

— Vale.— Lauren dibujó la palabra al pronunciarla.— Bien, podemos hablar cuando vuelva de pasear a los perros o puedes unirte a nosotros. A Grem le encanta cuando paseas con él.

Ashley sonrió.— Vine para ver si él y Princesa podían jugar. Estoy aburrida.

— Ahhh…ya veo.— dijo la escritora seriamente, tratando de recordar lo que a ella le divertía a la edad de Ashley, miró su reloj, 7:30pm. De alguna forma, no creía que tirarle piedras a la casa abandonada al final de la calle, poner monedas sobre las vías del tren para que cuando éste pasara las aplastara, o ver la televisión sin parar durante horas estuviera en lo alto de la lista de actividades permitidas de Dev.

— ¿Quieres que te deje un chaqueta?.

— Claro,— los ojos de Ashley se alzaron para mirarla.

— Vale, puedes ponerte ésta— sostuvo su chaqueta vaquera para que Ashley la inspeccionara,— o,— se puso la correa de Princesa entre sus dientes y cogió una segunda chaqueta del armario— ésta otra.

La niña eligió la segunda y se deslizó dentro de ella. Parecía haber sido engullida por la prenda y Lauren le echó un vistazo ayudándola a subirle las mangas antes de cerrar la puerta de su habitación.

Lauren le dijo al primer agente que encontró cuando cruzaron el pasillo…

— Nos vamos al lado sur a pasear a los perros.— Unos segundos más y el agente asignado normalmente a Christopher se unió a ellas en lo alto de las escaleras, permaneciendo unos pasos por detrás. Lauren miró hacia abajo a Ashlery.

— ¿Es la noche libre de Amy?

— Hu, huh.

Grem sabía que se estaban acercando a la puerta y empezó a tirar de Ashley. La morena niña intentaba poner al perro a línea tirando de su correa, pero fracasó miserablemente.

— ¡Gremlin!!,— le gritó Lauren.

Él aminoró el paso por el momento en respuesta a su llamada de atención pronunciando su nombre, pero pronto comenzó a tirar de la correa otra vez.

Ashlery se rió. Su brazo estaba totalmente estirado y tenía que correr un poquito cada tres pasos.

— Realmente quiere salir.

— Eso parece.— Lauren agitó su cabeza.— Cambiemos.— Cogió la correa de Gremlin dándole un suave tirón para que aminorara el paso y luego le pasó la correa de Princesa a Ashley.

Princesa actuaba como, bueno, como su propio nombre indicaba, andando tranquilamente a lo largo del hall como lo haría la realeza. Era la imagen de la serenidady obediencia.

— ¿Por qué pienso que en vez de adquirir la prestancia de Princesa, la arrastras a tus feos modales?,— preguntó sin ninguna emoción Lauren a Gremlin, más por oír a Ashlery reír que por regañar al perro.

Abrieron las puertas del lado sur y fueron recibidas por una brisa otoñal que olía fuertemente a las hojas húmedas de los árboles bañados por el sol.

— Brrr,— Lauren se agitó al tiempo que metía la mano en su bolsillo. Mejor si hacemos de esto un viaje corto.

— Vale,— estuvo de acuerdo Ashleyacomodándose mejor en su chaqueta.

— ¿Vas a contarme lo que te pasa?,— preguntó Lauren casualmente. Ashley era una niña abierta y habladora que dejaba a la vista todas sus emociones para que todo el mundo las pudiera ver. No hacía falta ser un genio para saber que le pasaba algo.— No perecías muy contenta cuando viniste a mi habitación.

— Tu tampoco parecías muy contenta,— le contestó Ashely.

— Eres demasiado lista para tu edad,— dijo Lauren.— como tu mamá.— Se movió hacia la izquierda, guiando a Ashley y a los perros por un largo camino.— Bien, ¿vas a contármelo?.

— Tú primero

Ello le valió a Ashley una ceja alzada, pero Lauren no rehusó.

— Traté de hablar con mi padre por teléfono y él me colgó.

— Eso no estuvo bien.

— No,— dijo Lauren y se ajustó mejor el cuello de su chaqueta.— No lo estuvo.

— ¿Está enfadado contigo?.

Lauren asintió con la cabeza.— Eso creo. Enfadado y decepcionado, me temo.

Ashley hizo una mueca triste. No había nada peor que un padre decepcionado por ti.

— ¿Por qué?.

Lauren exhaló lentamente y miró a Ashley, pensando cuánto debía contar. Decidió que era suficientemente mayor para entender la simple verdad.

— Está decepcionado porque no me quedé en Tenesis para ayudar a mi madre el pasado verano.— Hubo una pausa.— Cuando estaba enferma.— Se acercaron a un banco y le indicó a Ashley para que se sentaran.

Ambas tomaron asiento.— Dejémosles que corran sueltos un rato. Lauren soltó la correa de Princesa primero y luego la de Gremlin.— Van a necesitar ir al baño.

— ¿Cómo es que no te quedaste en casa cuando ella estaba enferma?.

Lauren se estremeció por la complicada situación de ser desarmada por la simple pregunta de una niña.

— Ven aquí.— Extendió el brazo y Ashley se sentó más cerca presionando su cuerpo con el de Lauren.— No me quedé en casa porque, en mi corazón, sabía que no había nada que pudiera hacer por mi mamá. Pero tu mamá me necesitaba y pensé que yo podría hacerle sentir mejor,— dijo— así es que decidí venir a casa….ésta casa.

— Cuando le dispararon,— recalcó Ashley.

— Uh huh. Así es que por eso mi padre está enfadado conmigo.

— Eso no parece justo. Lo siento.

Lauren se inclinó y besó su cabeza.

— Estaré bien, cariño. Solo me pone triste. Pero estaré bien y lo solucionaremos,— " o no".

Estuvieron unos momentos en silencio las dos, mirando a Gremlin y a Princesa jugar en el jardín.

— Mamá no vino a cenar a casa esta noche,— comentó Ashley muy despacio.— Trabaja hasta muy tarde.

"Ahhh….así que es eso".— Lo sé. Está en una reunión esta noche con unas personas de Méjico.

— No pudo venir a ver El Cascanueces conmigo la semana pasada. Era mi regalo de cumpleaños, iba a ser solo para nosotras dos. Emma me llevó, pero no es lo mismo.

— Oh, cariño.— Lauren cerró los ojos y apretó más a Ashley.— Ella quería ir contigo. Tu mamá se sintió terriblemente mal por ello. "estaba casi llorando esa noche cuando me lo contó". Pero había una emergencia y…

— Y tuvo que trabajar hasta tarde,— terminó Ashley apenada.— Siempre lo hace.

Lauren dejó ir un triste suspiro. No tenía una buena respuesta para ello. A Ashley le importaba una mierda la economía global.

— Sabes que tiene un trabajo muy importante que le ocupa la mayor parte del tiempo, ¿verdad?,— empezó retóricamente.

— Si,— un cabeza morena asintió— lo sé.

— Y cuando ella tiene que perderse estar contigo y con tus hermanos no es porque piense que vosotros sois menos importante que su trabajo.

Los ojos de Ashley se entornaron un poco mirando a Lauren directamente a la cara para ver si le estaba contado toda la verdad.

— ¿No?.

— De ninguna manera, Ash. Nada es más importante para tu mamá que vosotros. Dijo la escritora firmemente. Tomó a Ashley de la barbilla.— Pero el trabajo que está haciendo es muy importante y sabe que la gente que la quiere se sacrificará aun cuando no hay suficientes horas en el día para dejarlo todo terminado. Nadie excepto su familia haría eso por ella.

— ¿Nadie?.

— No,— dijo sacudiendo la cabeza enérgicamente.

— No lo sabía.

— Lo sé. Es incluso difícil para los adultos entenderlo. Y no es justo para ti o para tu mamá. Pero lo está haciendo lo mejor que puede, Ahsley. Si pudiera, pasaría todo el tiempo con vosotros.

— ¿Lo haría?, ¿de verdad?,— un sonrisa se posó en su cara.

— Por supuesto,— le dijo otra vez.— Está muy orgullosa de vosotros y os quiere con locura. Además,— apretó un poquito a Ashley contra ella— creo saber que consiguió entradas para esta semana, así es que todavía podréis ir al ballet.

— Lo sé. Iremos las dos juntas. ¿Te parece bien a ti?

— Por supuesto,— sonrió Lauren— lo pasaréis genial y luego me lo podrás contar todo. Y, si por casualidad, pasara algo y tu mamá no pudiera ir…..aunque sea lo que más desea en el mundo…..tal vez ¿podíamos ir las dos?.

— ¡Claro!. Echaría de menos a mamá, pero eso sería divertido también.— Impulsivamente Ashley le dio un beso a Lauren en la cara.— Gracias Lauren.

— De nada cariño.

— Te quiero.

Lauren tragó fuerte,— Yo también te quiero.

 

MARTES 9 DE NOVIEMBRE

— Hemos terminado por hoy ¿verdad?,— dijo Dev levantándose ansiosamente del sofá.

— Claro,— respondió Lauren despacio.— Si eso quieres.— Dejó su libro de notas sobre la mesilla de café, un poco extrañada de que Dev quisiera terminar su entrevista tan pronto. Ésta había sido retrasada toda la semana. "Otra vez, es como si no llegáramos a ninguna parte". Habían sido treinta minutos de pura frustración, con Lauren apalancada con cada palabra de la normalmente habladora compañera. Dev había estado nerviosa e ida, buscando con la mirada el antiguo reloj de su abuelo a cada minuto, que había sido un añadido en la habitación de Lauren en Octubre. El súbito cansancio de Dev dejó confusa a Lauren.

La rubia se quitó sus gafas y comenzó a guardar sus auriculares.

— ¿Es que tienes una cita caliente ésta noche o algo así?,— preguntó a modo de broma. Pero sus palabras fueron lanzadas con enfado e inseguridad.

— No. No.— La Presidenta agitó su mano despreocupadamente.— No tengo nada.— gimió Dev para sí misma,— "mierda. ¿Eso sonó convincente?".

Cuando llevaban cinco minutos trabajando, cuando Dev estaba pensando en lo mucho que quería a Lauren y lo mucho que le gustaría casarse con ella, de repente se acordó que tenía una cita con el joyero para elegir un anillo de compromiso. Desde entonces había estado nerviosa, desde entonces había estado pensando en cómo hacer una rápida escapada en medio de su conversación sin levantar las sospechas de Lauren. "Dios, estoy perdida sin Liza y Jane para controlar mi agenda".

El joyero había preguntado también por el tipo de anillo y el tamaño de la mano de Lauren, dejando bien claro que ésta información era vital si Dev quería elegir la pieza adecuada de joyería. Personalmente Dev pensaba que aquello era un montón de basura, pero en lo concerniente a la felicidad de Lauren, no iba a correr riesgos.

— No hay nada,— volvió a repetir cuando parecía que Lauren esperaba por una respuesta más convincente. Se acercó para coger la mano de Lauren siendo ésta súbitamente rechazada.

— Ya veo.— Lauren saltó sobre sus pies, detectando inmediatamente la mentira de Dev. Cogió su libro de notas mientras caminaba hacia su escritorio y se sentaba muy despacio detrás de él. El reloj sonó siete veces y Lauren se preguntó si Dev estaría hambrienta. Lauren habló de espaldas a Dev a la vez que depositaba sus gafas cuidadosamente junto a su ordenador.— ¿Te gustaría que cenáramos juntas?. Estoy segura de que los niños ya han comido.

—"Arrrhhhh".— No tengo hambre.

— Vale.— El propio apetito de Lauren desapareció. "Deja de comportarte como una cría. Ella no tiene que pasar cada tarde contigo. A lo mejor solo necesita un poco de tiempo para ella misma". Mantuvo conscientemente su voz suave.— Te veré mañana entonces.—

Dev se puso de pie y en un segundo se situó junto a Lauren.

— ¿Qué tal un tentempié un poco más tarde?. Estoy segura de que tendré hambre dentro de…digamos….dos horas.

— ¿Estás bien Devlyn?,— dijo Lauren mirándola a la cara.— Esta noche no pareces tú misma.

— Estoy bien.— Dev sonó algo más brusca de lo que pretendía. Soltó un suspiro y volvió a mirar al viejo reloj.— No tengo hambre, eso es todo.— Y era verdad.— Dev ni siquiera podía pensar en comida ahora. Casualmente volvió a intentar cogerla de la mano, solo para serle denegada otra vez. Dev lo intentó otra vez.

— ¿Pero qué te pasa?. Y no te atrevas a decirme que nada.— Una ceja bien delineada se alzó.— Estás actuando ansiosamente. Y ¿por qué no paras de intentar agarrarme la mano?.

— No estoy intentando agarrarte, estoy intentando sujetarte la mano y hablar contigo.— La voz de Dev tomó aquel tono profundo que reservaba para cuando las cosas no andaban bien en las reuniones.

— ¡Estás intentando agarrarme!.— El temperamento de Lauren salió y dejó su mano alzada frente a la cara de Dev, apartándola rápidamente cuando Dev intentó volver a cogérsela.— ¡¡Ves!!.— Un gesto enfadado empezó a cruzarle la cara.— Y no estás hablando conmigo. Me estás mintiendo.

— ¡No te estoy mintiendo!, ¡nunca lo he hecho!.— Fue como una bofetada en la cara,y Dev dio un paso atrás, molesta por la acusación que era técnicamente verdad, pero que pensaba que no era del tipo de mentira que Lauren imaginaba. Se mordió el labio y su propio temperamento apareció.— Gracias por tenerme en tan alta estima. No soy una mentirosa.

— Entonces ¿por qué continuas mirando el reloj cada diez segundos e insistes en que no tienes que ir a ningún lugar?,— le contestó Lauren. Caminó hacia Dev y la señaló con el dedo sobre su hombro para captar su atención.— No tienes que pasar cada minuto conmigo, ya soy adulta. Si tienes otros planes, ¡solo dilo!.

— Vale, de acuerdo. Dev levantó sus manos a modo de defensa.— Tienes razón. Tengo que ir a un sitio. Tengo una cita esta noche. ¿Estás contenta ahora?.— Cruzó sus brazos sobre su pecho y esperó.

Gran parte del enfado de Lauren se desinfló, solo para ser reemplazado por dolor.

— No, no estoy contenta. Todo lo que tenías que hacer era decirlo desde un principio.— Le dio la espalda a la Presidenta y su voz se hizo un susurro.— Judd me mentía cuando servía a sus propósitos. No aguantaré eso otra vez, Dev. "No de alguien a quien amo".

— Eso sí que fue bonito,— a propósito ignoró el abatimiento en los hombros de Lauren.— Gracias. Gracias por compararme con tu infiel ex marido, quien se tiraba a su novia mientras te mentía a ti. Perdóname por tener un reunión sobre la que no puedo hablar. Se detuvo y cogió su chaqueta del sofá.

Lauren la miró con los ojos abiertos de par en par.

— ¿Cómo sabes eso?. Sé que nunca te lo he contado.

— ¿Cómo diablos crees que lo sé?,— contestó mientras se abotonaba la chaqueta.— Hice los deberes cuando el FBI me trajo tu expediente.— Lauren abrió la boca para decir algo, pero De no la dejó hablar continuando ella,— y antes de que vayas y te enfades también por esto conmigo, ¿no creerías que el Partido te había contratado sin hacer una investigación completa sobre ti primero?. ¡O que te invitaría a mi casa, con mis hijos, sin hacerlo!. ¡Maldita sea Lauren!. Siempre he sido honesta contigo. Esta vez hay algo de lo que no puedo hablar contigo, y tú actúas como si fuera el fin del mundo. Bien, pues no lo es. Simplemente es algo que no puedo contarte.

La cara de Lauren se tornó de lo más enfadada y gruñó.— ¡Largo!.

— ¡Bien!,— Dev se giró y caminó hacia la puerta.— Sabes dónde encontrarme cuando entres en razón.

— ¿Por qué debería ir a buscarte?. Estoy segura que tienes a tus espías controlando cada movimiento que hago. ¡Tú puedes venir a buscarme!.— Lauren pasó rápidamente por delante de Dev abriéndole de golpe la puerta. Ésta golpeó tan fuerte la pared que un cuadro que había colgado se estampó contra el suelo.

Dev tomó aire profundamente y salió calmadamente de la habitación. Recogió el cuadro del suelo y volvió a colgarlo en la pared, mirando a Lauren cuando terminó.

— No tengo a nadie controlándote. Te quiero. Pero no voy a permitir que me trates de éste modo. No me marcho para herirte. Y tú lo sabes.— Sintió las lágrimas en sus ojos azules y luchó por retenerlas allí.— Pero al parecer tu no puedes ofrecerme la misma cortesía.— Dev tomó aire fuertemente.— Buenas noches Lauren. Que duermas bien. Te quiero.— Miró unos segundos más el cuadro y se dio la vuelta para marcharse.

El corazón de Lauren se contrajo ante las palabras de Dev. Estuvo a punto de ir tras ella, pero su subconsciente y su enfado ganaron, haciendo que sus pies permanecieran firmemente pegados al suelo. Después de todo, ella no era la que había mentido. ¿Por qué debía correr tras Dev y disculparse cuando no había hecho nada malo?. Lauren sonrió burlonamente, completamente disgustada con ella misma. Sabía que una mirada más a aquellos ojos llenos de lágrimas y estaría disculpándose tanto si quería como si no.

— Mierda, mierda, mierda.— se dijo a sí misma, antes de cerrar lentamente la puerta de su habitación.

Gremlin y Princesa asomaron sus cabezas de debajo de la cama ahora que la ruidosa y antipática mujer se había ido. Miraron a Lauren cerrar la puerta y después inclinarse sobre ella con los ojos cerrados.

— Ya podéis salir de ahí, cobardes,— dijo Lauren, preguntándose cómo diablos las cosas se había salido de control tan rápidamente.— Se ha ido.— Lauren se dejó caer pesadamente sobre la cama y se abrazó a un cojín. Parpadeó rápidamente, dejando escapar abundantes lágrimas que rodaron por sus mejillas. Gremlin saltó sobre la cama y se subió al regazo de su ama, quien le dio un beso en la cabeza.

— Gracias, colega,— le susurró al perro.— Tenías razón, necesitaba un abrazo.

* * *

Dev entró a su despacho privado en su residencia y fue recibida por un sonriente David y el joyero. Su mandíbula estaba cerrada fuertemente como una trampa de acero mientras intentaba sacudirse el dolor y el enfado. Se sacó la chaqueta y la colgó de una percha junto a la puerta. Tan pronto como soltó la prenda, ésta se resbaló de la percha y cayó al suelo. Pero Dev permaneció fría, sin importarle lo más mínimo. Permaneció así, de pie contra la pared por un largo momento antes de tomar aire profundamente y girarse para atender a su cliente.

— Buenas tardes,— dijo Dev, todavía desde la puerta.— Yo…se detuvo y se aclaró la garganta, tosiendo un poco.— Lo siento, llego tarde. Fui inevitablemente retenida.

Una mirada a la cara de Dev y David recorrió el espacio que los separaba lo más rápidamente posible sin alarmar al joyero.

— ¿Estás bien?,— dijo mientras se acercaba y volvía a colocar la chaqueta en su sitio.

— A lo mejor deberíamos esperar para esto, David.— Su voz rota.— Puede que ahora no sea el momento.

David parpadeó rápidamente unos segundos mientras su boca hacía esfuerzos para emitir algún sonido.

— ¿Qué quieres decir con que ahora no es el momento?.

— Lauren y yo acabamos de tener una fuerte discusión.— Se mordió el labio. A lo mejor estaba equivocada. Tal vez estoy yendo demasiado rápido.

— ¿Qué?,— David silbó, cogiendo suavemente a Dev por el antebrazo y arrastrándola fuera de la habitación.— Miró sobre su hombro a un Alvin Cartier esperando.— Será solo un momento. Por favor, siéntese.— Una vez que estaban a solas, David puso sus manos sobre sus caderas y preguntó,— ¿qué ha pasado?.

Dev lo pensó por un momento y se giró hacia su amigo.

— Me olvidé sobre la cita de esta noche, y cuando lo recordé estaba tan nerviosa que Lauren se dio cuenta y me preguntó que qué me pasaba, y desde ese momento comencé a despeñarme.— Le salió todo de carrerilla, tomó aire profundamente y dijo— tuvimos una discusión. Me acusó de mentirle y de ser como su ex marido…— volvió a salir su carácter.— Yo no soy así. Sé que estaba enfadada y que fue una discusión tonta, pero…

Dev se sintió confusa y, de repente, muy cansada. Todo lo que quería hacer en estos momentos era ir a su habitación, darse una ducha y meterse en la cama. Sabía que mañana probablemente todo habría acabado, pero ahora mismo eso dolía.

— ¿Pero realmente piensas que te estás precipitando? Porque si es así me marcharé ahora mismo y le diré a ese hombre que se largue a casa y que mantenga su boca cerrada.— David apretó el hombro de Dev para reconfortarla.— Usted manda, Sra. Presidenta.— El pelirrojo hombre no pensó por un momento que Dev lo involucraría en esa decisión. Pero estaba en "El Gran Libro de Mejores Amigos y Vicepresidentes" el ofrecer su ayuda de todos modos.

Dev cerró los ojos y tomó aire profundamente.

— Dios. No sé en lo que está pasando por mi maldita cabeza. No. Echaré un vistazo. La quiero demasiado como para dejarla marchar. No se va a alejar de mí tan fácilmente. Sólo tengo que enseñarle de qué está hecha esta Yankee.— dijo.— Y entonces aprovecharme de susentido de la culpabilidaddurante los dos primeros años que estemos casadas.

David dejó escapar un explosivo soplo.

— Me has preocupado por unos momentos, Diabla. Creí que ibas a hacer algo estúpido por una simple pelea. No es que fuera la primera vez.— Su cara se tornó seria.— ¿Y qué demonios hiciste para que te comparara con su ex?. Jamás la he oído siquiera mencionarlo.

— Sabes,— sacudió la cabeza— no estoy segura.— Dijo que era como él porque le mintió también. Pero sé que en lo más profundo de su corazón ella no cree eso. Al menos espero que no lo haga. Estaba enfadada porque soy una idiota. Estoy tan nerviosa por todo esto que lo estoy echando a perder. Tendré que buscar la forma de hacerlo mejor con ella.

David rodó sus ojos y sacudió la cabeza, sabiendo que Dev sería una Diabla hasta que consiguiera arreglarlo todo con Lauren.

— ¿Qué tal si comenzamos eligiendo de allá algo realmente especial?. Puedes arrastrarte más tarde. Siempre encuentro esto particularmente efectivo con Beth.

Dev se rió, sintiéndose mucho mejor.

— Está bien saber que puedo recibir lecciones de cómo arrastrarme de un experto.— Le dio una palmada a su amigo en la espalda.— Ahora permíteme elegir el anillo perfecto para mi dama.

 

MIERCOLES 10 DE NOVIEMBRE

Dev había completado su rutina tres veces esperando a Lauren. Finalmente se convenció de que ésta mañana no vendría.

— Debe de estar realmente enfadada conmigo.

— ¿Señora?,— Jack, su compañero de footing, y el único agente con el que se había encariñado Dev, levantó una ceja.— ¿Está bien?.

Dejó escapara el aire

— Síp, estoy bien para ser una idiota. Vamos, démosles a los chicos y chicas una buena carrera.

Después de los disparos, era el hombro de Dev lo que le daba, y seguía dándole, problemas. Su cadera se había recuperado completamente, y ahora se encontraba mucho mejor que incluso antes en cuanto al jogging se refería. A pesar de ello, era su cadera la que le avisaba de cuándo iba a llover o cuándo iba a hacer frío. Y desde que el crudo otoño había llegado, ambas situaciones le había obligado a ejercitarse en el gimnasio. Dev estaba enfadada…con ella misma y con Lauren. Descargó su enfado en la carrera y, por extensión, en los agentes que corrían con ella. Su rápido paso hizo que dos de ellos sufrieran sendas lipotimias, dejándolos agotados en el suelo.

Jack le seguía el paso, pero no le era fácil. Se imaginaba que a la Presidenta le rondaba algo por la cabeza y, por Dios, esperaba que encontrara pronto la respuesta, o el cuerpo entero de seguridad se vería reducido a un completo desastre. Pero tenía que admitirlo, era algo divertido tener a una Presidenta que podía patearle el culo a los agentes más en forma con una carrera.

Para la hora a la que Dev finalmente terminó de correr, cerca de una hora después, su respiración estaba agitada, su pelo, pantalones cortos y camiseta estaban bañados en sudor. Caminó por la cinta unos minutos más para recuperar el aliento poco a poco, antes de coger una toalla de su bolsa y secarse el sudor que corría por su cara. Mientras bajaba la toalla, Liza entró al gimnasio.

— Buenos días Sra. Presidenta.

— No tan buenos, Liza,— murmuró Dev al tiempo que decía adios con la cabeza a los hombres y mujeres que la habían acompañado en el gimnasio esa mañana. La carrera le había sentado bien a Dev, dándole tiempo para encontrar la solución.— Pero tengo esperanzas de poder salvarlo.

— ¿Señora?.

— Nada. ¿Qué tenemos en la agenda para hoy?.

— Bien, al ser sábado, tenemos un día algo ligero. Pero tengo buenas noticias para usted.

Dev dejó salir una patética sonrisa.

— Maravilloso. Podría servirme eso.

— El Secretario General de las Naciones Unidas llamó esta mañana. Siente informarle que le será imposible almorzar hoy con usted. Donde se encuentra está totalmente nevado, y la tormenta lo tiene incomunicado.— Liza sonrió entre dientes mientras miraba su agenda.— Le he asegurado que podríamos volver a concertar un encuentro para la próxima semana, así que lo he arreglado para que la reunión que tenía ésta tarde con el Secretario Wisecroft se convierta en un almuerzo. Así que después de su reunión con el Secretario de Prensa Allen, tiene almuerzo con el Secretario Wisecroft, y después estará libre por el resto del día.

— Sabes,— la sonrisa de Dev se hizo más grande— eres una buena chica, Liza. Si pudiera, te adoptaría.

Liza sonrió, genuinamente encantada de haber hecho feliz a su jefa.

— Mis padres es posible que protestaran, pero aprecio su comentario, Señora.

— Bien, entonces,— comenzó Dev al tiempo que salía del gimnasio y se dirigía hacia su residencia con Liza pisándole los talones.— Necesito que hagas un par de cosas por mí, después puedes tomarte el resto del día libre tú también.

* * *

Prefiriendo escaparse de su habitual tanda de ejercicios a encontrarse con Dev antes de estar lista para hablar con ella, Lauren había pasado el día sola en Georgetown, yendo de compras y tratando de no pensar en la forma en que habían dejado las cosas la noche anterior. Pero el tiempo que había pasado alejada le había sentado bien. Y pensó que una vez estuviera lista para poder hablar, aclararía las cosas. "Más vale tarde que nunca". Lauren todavía estaba confusa sobre por qué pensó Dev que era necesario mentirle, pero al menos que ahora había tenido la oportunidad de calmarse un poco, sentía que podían hablar sobre ello. Eso esperaba.

Lauren descubrió que necesitaba un día alejada de la Casa Blanca, el Servicio Secreto y especialmente de la prensa más de lo que se imaginaba. Nunca había entendido el valor de la cómoda privacidad hasta que careció de ella.

Cuando se hizo público que ella y Dev eran pareja, las dos mujeres tuvieron una fuerte discusión sobre la negación de Lauren a aceptar la protección del Servicio Secreto que Dev estaba determinada a pagar de su bolsillo. No era solo el dinero. Dev y su familia estaban muy bien situados económicamente y esto no afectaría a su estándar de vida. Era más lo que significaba que el hecho en sí. Se sentía como encerrada a cal y canto.

Solo se estaba engañando a sí misma, por supuesto. Lauren lo había reconocido en dos ocasiones hoy. La primera con un trabajador de la construcción de mediana edad, que trabajaba en un edificio cerca de donde había aparcado el coche. Cuando vio quien era ella, comenzó a gritar algo sobre impuestos, pensión alimenticia y Presidenta Marlowe. Lauren no se detuvo para una explicación. En lugar de ello, continuó andando.

La segunda, una empleada de una tienda de juguetes la había reconocido cuando estaba comprando a David, Liza y Dev unas bolas antiestrés rosas. Lauren se sorprendió cuando la joven le pidió un autógrafo. Estaba a punto de preguntarle cual de sus biografías había leído cuando la empleada comenzó a preguntarle sobre su relación con Dev. ¿Qué tipo de champú usaba Dev?,¿qué se sentía viviendo en la Casa Blanca?, ¿eran los ojos de la Presidenta tan azules como parecían en la televisión?. Lauren respondió a ésta última riendo tan alto que la chica casi se desmaya cuando le confesó que eran incluso mejor en la vida real.

Lauren tenía que enfrentarse a la cruda realidad. Mientras había conseguido un moderado éxito por ella misma, su vida privada nunca había sido pública. No como lo era ahora. Pero aunque su paciencia había sido forzada al límite un y otra vez desde que se había mudado a la Casa Blanca, en su corazón sabía que Dev se sentía mal todo el tiempo por ello.

Ahora, después de tener sus bolsas llenas de regalos de Navidad para los niños Marlowe, estaba de vuelta en el Ala Este y lista para buscar a Dev y tratar de arreglar las cosas entre ellas antes de que se les fuera de las manos. Las cejas de la escritora se juntaron cuando encontró una nota pegada en la puerta de su habitación. Luchando con sus bolsas, arrancó la nota y se las arregló para abrir la puerta y entrar sin tirar nada.

— Vale, la próxima vez que el portero me pregunte si necesito ayuda, diré que sí,— susurró.

Gremlin apareció por detrás del sofá y empezó a plantarse jugando alrededor de las piernas de Lauren. Ella rió.

— Yo también te quiero. Dame un segundo y podrás babearme todo lo que quieras.

Con cuidado dejó las bolsas en la cama y se sentó también. Gremlin saltó cerca de ella y dejó caer su cabeza sobre su regazo, donde recibió inmediatamente unas caricias detrás de las orejas.

— Placer perruno.— El rabo de Grem comenzó a agitarse a la vez que dejaba salir un gemido.— Ya, ya, te sacaré a dar un paseo en unos minutos. Deja que mis pies descansen un poco, ¿vale?. ¿Deberíamos verqué hay en el sobre?.

Lauren deslizó su uña por debajo de la solapa del sobre y lo abrió con un sonoro "pop". Sacó la nota, su cara formando inmediatamente una sonrisa brillante antes incluso de comenzar a leerla. "Es la letra de Dev". Pegada a la nota había un pedazo de chocolatina enrollada con un papel plateado brillante. "Mmmm", Lauren dejó salir un sensual gemido por el aroma, mientras inmediatamente la desenrollaba y se la metía en su boca hecha agua.

Gremlin gimió.

— Lo siento. No hay chocolate para ti,—le dijo al perro simpáticamente.— Nunca podría ser un perro.

Lauren permitió que el sabor a chocolate invadiera su boca moviéndolo con su lengua a la vez que leía.

Cariño,

Lo siento.

No pretendía herirte o mentirte. He estado un poco

Preocupada por algo muy importante éstas últimas

Semanas y tenía una cita la pasada noche que me

Ponía un paso más cerca de solucionarlo. Me temo

Que no pueda hablar sobre ello en estos momentos.

Solo por ésta vez tendrás que confiar en mí.

No estaba pensando con claridad e hice una pobre elección.

Sé que nada de esto tiene sentido para ti. Pero te lo

Explicaré lo mejor que pueda si me lo permites. Solo sé

Que te quiero y que no me gusta cuando discutimos.

He estado pensando en ti todo el día. Hay algo que me

Gustaría compartir contigo. Todo lo que tienes que hacer

Es seguir el rastro que dejé para ti.

Con todo mi amor,

Diabla.

Rió por la firma de Dev. "Siempre encantadora, Devlyn. No debía haberte echado de mi habitación antes de que hubiéramos solucionado las cosas". Era inmaduro, y Lauren sabía que había dejado a su enfado dominar la situación. Ahora estaba más que preparada para hablar las cosas. "¿El rastro que dejé para ti?". Se rascó la mandíbula y saltó de la cama, enviando a Gremlin con Princesa, que estaba durmiendo a los pies de la cama boca arriba, la posición favorita de un perro. "¿Rastro?".

Lauren abrió la puerta y le echó un vistazo al hall. Ahora segura, había chocolatinas esparcidas por el hall en dirección opuesta de la que acababa de venir. "Tengo que mirar hacia debajo de vez en cuando".

Cerrando su puerta, Lauren se movió unos pasos a través del hall y recogió otra chocolatina empapelada. Unos pasos más y había otra. Y así el rastro continuaba, con Lauren saboreando la golosina, hasta que se encontró delante de la puerta del comedor oficial de la Presidenta.

La escritora se paró delante de la puerta para terminar de masticar y tragar habiéndose metido hasta cuatro trozos de chocolate de camino al comedor. Se limpió las comisuras de la boca con las yemas de los dedos, dándose cuenta de que estaba un poco nerviosa.

— Relájate. Solo es Devlyn,— se dijo a sí misma. Habían discutido ocasionalmente durante los últimos once meses. Y raramente provocaban lágrimas a alguna de ellas. Pero esta vez las había hecho llorar a las dos.

Lauren tomó aire profundamente y echó mano de su coraje, ignorando las repentinas mariposas en su estómago. Levantó su mano para llamar a la puerta, pero se dio cuenta de que estaba ligeramente abierta. La rubia mujer permaneció un momento con su mano todavía en alto, sin estar segura si la puerta abierta significaba una invitación a pasar o una intromisión en la parte de la Presidenta. Decidiendo que Dev cometía muy pocos errores, Lauren empujó la puerta y entró.

El Comedor Presidencial era uno de los lugares favoritos de la mujer más joven en la magnífica casa. Era luminoso, despejado gracias a los altos techos y a las baldosas verde—menta del suelo. Un delicado candelabro de cristal descansaba sobre la oscura mesa de madera y una prístina chimenea de mármol blanco presidía la habitación. Las sillas estaban tapizadas en verde y amarillo pálido. Y la mesa estaba adornada con varios centros florales que repetían, en preciosos bouquets, los colores de éstas. Era elegante sin llegar a ser excesivo.

Dev miró hacia arriba desde una pequeña e íntima mesa que había preparada para dos. La luz era baja, pero varias velas estaban encendidas y las cortinas estaban retiradas, permitiendo a los últimos rayos del sol atravesar las ventanas. Dev rápidamente se levantó sobre sus pies. Había estado allí cerca de una hora esperando que Lauren simplemente no tirara la nota a la papelera. Intentó encontrar su voz e hizo un gesto hacia la mesa.

— ¿Te gustaría tomar una cena temprana conmigo?

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