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Renuncias:
Xena y Gabrielle son de total propiedad de copyright de MCA/Universal y Renaissance Pictures. No tengo la menor intención de violar nada, en éste caso el derecho de autor. Esta historia fue escrita sin ánimo de lucro, sólo con la intención de contribuir con mi granito de arena para que no decaiga el espíritu Xenite.
Violencia: Por supuesto que la hay, pues sino para que cargar con objetos punzo-cortantes y que la mayoría de los personajes son guerreras o dementes.
Sexo: Pues claro, ¿qué es la vida sin el sexo? Si alguien tiene idea me puede escribir. Bueno, si habrá escenas de sexo entre mujeres y posiblemente entre hombre y mujer. Si eres menor de edad pues no desesperes que todo llega a su tiempo y si esta prohibido leer éste tipo de lectura donde vives pues tu decides.
Advertencia: Ya adelanté de que se trata la historia, es tú decisión si eres menor de edad o si estas en un país donde leer esto es ilegal. A mí no me metas en problemas.
Dedicatorias:
A todas las personas que se toman su tiempo en leer mi historia. Si quieres hacerme algún comentario o sugerencia siéntete en la libertad de escribirme a yossmartin_7@hotmail.com.
:: ANTROPOFAGIA ::
Yoss
La taberna estaba abarrotada y con gran algarabía, lo que era bueno porque la noche se estaba iniciando, el pequeño pueblo de Argalia había organizado la llegada de comerciantes para varios días e invitó a los pueblos de los alrededores para participar tanto en la venta como en compras.
Fuera el cielo estaba estrellado, con una temperatura agradable, lo que hacía que las personas que habían asistido ese primer día, disfrutaran de las actividades que se habían programado para sacar provecho económico de la gran cantidad de visitantes.
Un concurso de baile se estaba desarrollando al aire libre, a un lado de la taberna, el cual estaba amenizado por un grupo de lugareños que por lo menos tenían nociones de cómo tocar los instrumentos musicales, pero la falta de talento era compensada por las ganas y sobre todo las ganas de diversión por parte de las personas allí reunidas.
Mientras tanto en un campamento amazona, montado a una distancia prudente del pueblo, una amazona de mediana estatura y cabellos rubios rizados se dirigía a sus hermanas.
—Chicas, hemos tenido éxito, nuestra reina estará muy orgullosa de nosotras— Ephiny se detuvo mientras esbozaba una sonrisa, para luego continuar— sobre todo de sus ocho estudiantes de negociación comercial— puntualizó la regente dirigiendo esta alabanza a las jóvenes amazonas que en esos momentos estaban ruborizadas por sus palabras.
—Ohhh, ya lo creo que estará orgullosa, es más les aseguro que estará orgullosísima— agregó la alta morena, campeona de la reina amazona, regalándoles a las jóvenes amazonas una hermosa sonrisa, cosa que generó suspiros por la mayoría de las amazonas presentes.
Gabrielle tuvo que quedarse en la aldea amazona por solicitud de Jacta, la curandera,debido al fuerte resfriado que tenía por haberse dejado mojar del fuerte aguacero cuando regresaba de la última aldea con la que había hecho un trato para intercambios comerciales. Contribuyo a eso, que el jefe del pueblo estaba con una fuerte tos, lo que retrasó durante dos días las negociaciones.
La joven reina quería regresar pronto a su cabaña real, para entregarse completamente a su guerrera, desde que habían comenzado a vivir juntas la necesidad de sentirse mutuamente era abrumadora. En los días que estuvieron fuera de la aldea amazona para esa misión no pudieron hacer mayor cosa ya que siempre estaban acompañadas por la guardia real. Por lo que se negó tajantemente a que se refugiaran en una cueva y seguir hasta llegar a la aldea esa misma noche.
—No teníamos conocimiento de los eventos que estaban programados para esta noche, por lo que Xena y yo hemos decidido que no sería malo asistir y celebrar el éxito de nuestra misión comercial— informo alegremente la regente.
Las amazonas estaban gratamente sorprendidas, sobre todo las ocho estudiantes de la reina, sus edades oscilaban de entre quince y diecisiete veranos, esta noche expandirían sus conocimientos con respecto al comportamiento de las personas fuera de su aldea. Por lo que prestaron toda su atención a las indicaciones y consejos de Xena mientras se dirigían hacia el poblado, después de que Ephiny dejaba tres amazonas en el campamento que serían relevadas durante la noche para que también pudieran participar en la velada.
—Recuerden chicas sólo una o dos cervezas, el dinero que se les dio es su pago y pueden utilizarlo en lo que quieran.—Xena se detuvo un momento pensando que las chicas se llevarían grandes sorpresas esa noche, sonriendo con sorna prosiguió— Lo más seguro es que sean el centro de las atenciones por parte de hombres y no pocas mujeres— dijo la alta guerrera sin perder de vista las reacciones de las chicas mientras hablaba, al igual que las demás amazonas que sólo eran cuatro incluyendo a la regente.
—Eso es cierto— dijo a duras penas Ephiny, tratando de no romper en carcajadas al ver las caras de desconcierto por la palabra atenciones, luego la de gran desagrado a la palabra hombres y luego la de mucho, mucho regocijo mezclada con algo de nerviosismo a la palabra mujeres.
—¿Y ... y ...y que debemos hacer?— una avergonzada pero curiosa Tainy, una chica de diecisiete años, estudiante de Gabrielle.
Ella al igual que sus jóvenes compañeras no dudó en pertenecer a la clase que solicitó su reina para sacar el mejor provecho a los acuerdos comerciales con los pueblos alrededor de su territorio. La idea fue de Xena, decidiendo que ya que iban a pasar una temporada con las amazonas sería mejor que ambas se distrajeran haciendo cosas que les gustaban, aparte de estar encerradas ambas en la cabaña de la reina, amándose, ahora que se habían revelado su amor la una por la otra de la manera más inesperada.
Habían asistido a la ayuda de una joven que estaba siendo secuestrada en el momento en que pasaban por ese camino, resultando ser la hija del rey de esas tierras, fueron invitadas a pasar al castillo personalmente por el rey y su reina, que también iban en la misma caravana. Ellas aceptaron más que todo porque a Gabrielle le apetecía mucho tomar un baño caliente y dormir en una mullida cama, tenían más de un mes de estar en el camino.
La bella princesa no le quitaba ojo de encima a Xena, cosa que no pasaba desapercibida por la rubia bardo, la alta guerrera trataba de evadir las esmeradas atenciones de la princesa como buenamente pudo, tampoco le paso desapercibido el cambio de actitud de su hermosa bardo, siempre interrumpiendo cualquier intento por parte de la princesa, de acercarse demasiado a su guerrera. Pero lo que la princesa guerrera pudo llegar a considerar un juego se tornó cuando a su llegada al castillo los esperaba el príncipe para darles la bienvenida, que inmediatamente quedo prendado de la baja rubia de encantadores ojos verdes y eso no le hizo ninguna gracia a la campeona de la reina amazona, así que no tardo en dirigirle esa azul y helada mirada para cortar cualquier avance por parte del apuesto príncipe.
Llegó el momento en que ambos hermanos se ofrecieron en acompañar a las invitadas a sus nuevos aposentos, con un brillo en sus ojos que dejaba poco a la imaginación de sus planes, Xena no soportó más y sin pensar se giro hacia Gabrielle tomándola por ambas manos, dándoles un tierno beso a ambas manos y mirando profundamente a los ojos verde azulados que estaban gratamente sorprendidos y diciendo, —No son necesarias dos habitaciones, ¿verdad amor?— Gabrielle respondió inmediatamente con una radiante sonrisa, —Es muy cierto, mi amor— y con esas palabras se quitaron a sus inesperados pretendientes de encima y en el interior de la habitación hicieron realidad su unión, en una combinación de inmensa ternura y hambre de la una por la otra.
—Bueno chicas, sean amables y si no les interesan pues simplemente les pueden decir que ya están acompañadas o que no están interesadas, de ponerse difícil nosotras nos haremos cargo entonces— les contestó la regente, que recordó la primera vez que paso por eso.
Las chicas comentaron entre ellas lo que habían escuchado por ambas guerreras, mientras se encaminaban hacia el pueblo.
—¿Vieron a ese grupo que acampó al extremo este del pueblo?— cuestionó la alta y hermosa guerrera a Ephiny y a Marla de la guardia real, a lo que ambas asintieron en concordancia.
—Parecen personas normales, pero...— dijo Marla pensando la palabra correcta.
—Tienen algo extraño— concluyo Ephiny, recordando a las dos mujeres, una de unos treinta y tantos veranos, la otra que calculaba de unos sesenta o más veranos, los cuatro hombres de entre treinta y cuarenta.
—Si, sus miradas no me gustan— el tono de Xena denotaba preocupación, la guerrera no había podido dar como describirla. —Es como la mirada de Autolicus— dijo la guerrera pensativa —cuando ve algo que quiere, algo de gran valor y se muere por ponerle las manos encima ... no me refiero a una mirada sexual...y es algo diferente inclusive a la de Autolicus— concluyo algo molesta consigo misma por no dar con la respuesta a la alarma que despertaban esas personas en ella.
—Más o menos sé a lo que te refieres, los he mirado sin que se dieran cuenta, nos miran de forma diferente— Marla puso una sonrisa torcida —bueno de manera diferente a como nos miran todos— dijo cuando dos pares de ojos le dirigieron una mirada burlona.
—Marla, adviérteles a las chicas, es mejor no acercarnos a ellos— ordenó la regente.
A su llegada al pueblo recibieron miradas de sorpresa, a pesar de que en el día habían hecho negocios allí, ellas eran conocidas por su poco interés en relacionarse con los demás pero habían sido invitadas a participar ya que ese pueblo tenía un resiente pacto comercial con ellas, gracias a su encantadora reina.
Todas excepto Xena estaban ataviadas con ropas de cuero claro conformado con pantalones largos y camisa de manga larga, con botas hasta la rodilla y estaban armadas con sus espadas pero se les notaba relajadas. La guerrera oji azul estaba con su clásica túnica de cuero oscuro, su espada a la espalda y su chakram a la cintura.
Se detuvieron para ver el concurso de baile, mirando a los asistentes para evaluar el ambiente a su alrededor, Telca una pelirroja, experimentada guerrera amazona, que fue designada a la protección de las chicas fue con Xena al interior de la taberna.
—Xena, ¿crees que puedan prescindir de mí por un par de marcas de vela?— pregunto Telca después de haber reconocido el área y dar el visto bueno. —Es que tengo que una visita que deseo muuucho hacer ésta noche.
Xena siguió la mirada de la amazona, dándose cuenta enseguida quien sería visitada esa noche, una atractiva mujer de cabellos castaños que no le quitaba el ojo a Telca, mientras su esposo estaba sentado en una de las mesas de la posada con apariencia de haber comenzado a beber desde muy temprano y que no tenía pensado levantarse de allí en un futuro cercano.
—Claro, no hay problema, pero debo saber donde estarás— contestó Xena con una sonrisa taimada en sus labios.
—Síguenos— dijo cuando le hizo una señal a la mujer y se dirigió hacia la puerta de la taberna para encontrarse con ella fuera.
Telca habló a la mujer entre las sombras, luego la siguió a una distancia prudencial hasta una casa cercana que estaba a oscuras, en la que entro y mantuvo a oscuras, mientras la amazona daba la vuelta para entrar por la parte trasera para pasar desapercibida a miradas indiscretas.
Xena regreso a reunirse con las demás amazonas después de saber donde iba a estar la excitada amazona, vio al jefe del pueblo intercambiar alegremente palabras con Ephiny. Desde donde se habían ubicado sería fácil vigilar la casa donde se le estaban poniendo los cuernos al hombre que se encontraba bebiendo en la taberna.
Cuando la alta morena procedía a echar una mirada para ver si los "extraños" se encontraban en el área, sintió un escalofrío por su espalda, levantando todas sus alarmas internas e inmediatamente colocó su mano sobre su espada y se giro hacia donde le indicaba su instinto, viendo cuando el grupo de "extraños" entraba en el pueblo.
Ephiny, Marla y Lubin vieron el movimiento controlado de la ex señora de la guerra y ellas se pusieron en alerta pero simulando tranquilidad cuando se dieron cuenta hacia donde miraba Xena. La alta campeona de la reina se giro para mirar a las amazonas y darse cuenta que ya estaban alertadas de la llegada del grupo.
***
La cabaña estaba iluminada por un par de pequeñas antorchas y un par de velas, sólo se escuchaban el sonido de las cucharas contra los platos, mientras la luz de las llamas bailaban sobre una rubia reina y una morena amazona mientras daban buena cuenta de su cena.
—¿Cómo les habrá ido a las chicas?— preguntó Gabrielle a Eponin después de dar un sorbo a su taza de té.
—Apuesto a que les fue estupendamente— contestó Eponin tras tragar un bocado de su estofado de venado, alzando la mirada hacia su reina —Su majestad les ha enseñado bien y ellas estaban muy optimistas cuando salieron a su primera misión comercial.
Gabrielle puso los ojos en blanco al escuchar el título que usaba la amazona al referirse a ella, no podía evitar sentirse poco cómoda cuando se referían a ella con tanta ceremonia, pero Xena le había explicado que para las amazonas era la forma en que eran educadas en una sociedad como las de ellas, esa era la manera apropiada para dirigirse a su reina.
El recordar a su guerrera provocó una sonrisa expansiva en su bello rostro e iluminó sus ojos, cosa que no pasó desapercibida por la amazona que tenía el honor de cenar con la encantadora reina y hacerle compañía para tratar de que ésta no echara mucho de menos a su campeona. Ja, como si eso fuera posible, se mofó mentalmente la experimentada amazona al ver la expresión de su reina.
—La verdad es que las chicas son muy aplicadas— informó alegremente la rubia bardo mientras se levantaba de su banco, para llevar su plato ahora vacío hacia la bandeja al otro lado de la mesa, poniendo una mano sobre el hombro de Eponin para evitar que se levantara para hacerlo ella. —Relájate, sabes lo que me incomoda ser tratada como a una... ummmm— Gabrielle, ladeo la cabeza con gesto de concentración al tratar de dar con la palabra correcta.
—¿Reina?— concluyo con aire burlón desde su banco.
—¡¡¡Eponin!!!
—Bueno y ¿cómo te encuentras hoy majes... ? —la mirada de Gabrielle cortó abruptamente la pregunta de la amazona. —Eh.... ¿cómo te encuentras hoy?— Eponin se corrigió.
—Mejor, gracias— contestó la bardo con tono y sonrisa triunfales.
—Eso es estupendo, estamos esperando con ansias practicar contigo Gabrielle— dijo la amazona de manera entusiasta mientras pasaba una servilleta de tela por sus labios al terminar de comer.
—¿A mí?— Gabrielle mostraba gran incredulidad a lo escuchado.
—Por supuesto, preferimos practicar contigo que con Xena, es menos doloroso— informo Eponin a su reina.
—JAJAJAJA— la genuina carcajada de la reina hizo suspirar internamente a la amazona.
—Sin menos preciarte, es evidente como has progresado con la vara— siguió elogiando Eponin a la bardo.
—Si, eso espero, tengo a la mejor maestra— dijo la hermosa rubia de ojos verdes con una gran sonrisa en sus labios, el sólo mencionar a su alta guerrera la hacia feliz.
—Si todo ha salido bien, regresarán a más tardar en día y medio— comentó la amazona, no hacia falta aclarar de quienes hablaba.
—Eso espero— dijo con un suspiro la bardo.
Siguieron conversando de todo un poco, esa era la misión de Eponin, estar pendiente de su reina en ausencia de Xena y entretenerla si era necesario ya que ésta tenía que permanecer en la cabaña real antes del atardecer, todo esto por sugerencia de Jacta. Para la guerrera esto no era ningún sacrificio, más bien era un privilegio, actualmente era la envidia en la aldea, más de una darían su brazo derecho por poder pasar la velada con la hermosa reina. Aunque todas tenían suficientes dedos en la frente para ver lo evidente entre su reina y su campeona, por lo que nadie en su sano juicio se atrevería a arriesgar su pellejo al invitar a la rubia reina a una velada, sobre todo sabiendo que Gabrielle sólo tenía ojos para la Ex Señora de la Guerra.
***
—¿Dónde está Telca?— pregunto Ephiny en un susurro, después de relajarse un poco pero vigilando con miradas furtivas al grupo que se habían dividido poco después de su llegada, las amazonas más jóvenes estaban sentadas en una mesa y las amazonas mayores estaban de pie tras ellas.
—Haciendo una visita— susurró la alta guerrera.
—A ver si adivino, está visitando a una castaña de muuyyy buen ver— dijo la rubia rizada con una sonrisa en el rostro, al igual que Lubin veterana guerrera y Marla de la guardia real.
—Si la misma— volvió a susurrar Xena, mientras veía la elección de la pareja ganadora del concurso de baile.
—La vimos hoy rondar mucho, hasta que Telca se le acerco y entablo conversación— recordó Lubin, moviendo la cabeza de un lado al otro sonriendo y recordando que ella tenía a su esposa en la aldea esperándola, por lo que no hizo el primer movimiento.
—Que suerte la de Telca, si no hubiera tenido que ir regar las flores, sería yo la que estuviera en el lugar de esa suertuda— dijo Marla dando una patada a un piedrita.
Las otras tres mujeres rompieron en carcajadas a lo expresado por una desdichada Marla, luego vieron llegar a un grupo de cuatro tipos con aspecto de busca broncas y haber iniciado la fiesta hace horas, haciendo alarde también de tener suficientes dinares para conseguir diversión.
Uno de los tipos de unos treinta y tantos, alto, algo pasado de peso, con barba de unos cuatro días dando un aspecto desliñado junto con su cabello y ropas, miró a las jovencitas amazonas de manera libidinosa. Esto no pasó desapercibido para las amazonas mayores y ni siquiera para las chicas en cuestión, pero el tipo recobro la cordura al identificar las ropas de las jovencitas, entonces sus ojos se levantaron un poco mirando alrededor de las chicas, dándose cuenta de la presencia de otras amazonas que no le quitaban los ojos de encima de manera amenazadora sobre todo unos helados ojos claros que se clavaban en él de manera casi tangible haciendo bajar la mirada mansamente, entonces se quedo petrificado al ver que las chicas lo miraban con una de sus manos sobre sus espadas.
El hombre se giró tan rápido que se mareo, dando la espalda ahora temblorosa a las nada indefensas jóvenes. Sus compañeros no se percataron de nada, ya que ellos estaban más entretenidos en tratar de manosear a la mesera que los atendía que en ver que su amigote casi le da un ataque al corazón.
—¿Porqué hicieron eso?— preguntó en voz baja la morena guerrera a las chicas, mientras tomaba una silla vacía y se sentaba junto a ellas, al igual que las otras amazonas.
—Po... porque... — las chicas con los ojos muy abiertos tartamudearon al no esperarse esa pregunta y no saber como explicarse.
—Porque se sintieron. ¿amenazadas?— les ayudo Xena al ver la sorpresa y desconcierto en los ojos de las estudiantes de su adorada bardo. Pensó un momento en decir miedo, imagino que era normal que chicas de su edad sintieran miedo, pero luego recordó que eso sería insultarlas, su pueblo era un pueblo guerrero, ella misma era guerrera, las jóvenes amazonas a pesar que estaban estudiando para comerciar sus productos habían sido instruidas en las armas, aunque hasta el momento nunca las habían utilizado de verdad.
—Si— fue la tímida respuesta por parte del joven grupo.
—Muy bien, lo han hecho muy bien, mejor que bien— elogió Xena, seriamente.
—¿Han visto como se ha puesto ese hombre al verlas sostenerle la mirada y poner su mano sobre la espada?— pregunto Ephiny en tono orgulloso, entonces la chicas pensaron en ello y asintieron.
—Bueno, su instinto las ha alertado y eso me alegra muchísimo, han hecho lo correcto, parece que el tipo se lo ha pensado mejor y ni siquiera se ha derramado una gota de sangre— les dijo Xena mientras hacia una señal a la mesera para que se acercara a ellas —cuando la reina se entere, estará muy orgullosa de ustedes— concluyó, cuando la mesera estuvo a su lado.
Las chicas comprendieron lo que se les decía, se sintieron, como poco, muy contestas consigo mismas entonces comenzaron a hablar entre ellas sobre lo que habían sentido, mientras Xena preguntaba por las siguientes competencias y en que lugar se desarrollarían, si dentro o fuera de la taberna. Pidieron jarras grandes de cerveza para ellas tres, también ocho chicas para hacer un brindis por las jóvenes amazonas.
Después de una marca y media vela fuera de la taberna pasaron al interior para participar de los juegos de cartas y un concurso de pulso, las jóvenes amazonas ya comenzaban a bostezar cuando apareció Telca con cara de haber ido corriendo a la aldea amazona y regresar en tres horas.
—Bueno, bueno, miren a quién tenemos aquí— se burlo Ephiny al ver a la amazona llegar y sentarse pesadamente a su lado, escuchando seguidamente las risas de las chicas.
—¿Crees que puedas regresar caminando?— apuntillo Marla, escuchando otra ronda de risas.
—Lo que creo es que ese hombre— dijo la última palabra dando un cabezazo hacia el hombre que malamente podía mantenerse sentado en la silla— no se ha molestada en atender a su mujer desde hace mucho pero mucho tiempo— informó finalizando con un suspiro de satisfacción y un brillo renovador en sus ojos, haciendo reír nuevamente a sus compañeras.
—Es hora del relevo— comunicó Ephiny, cuando dejó de reír.
Tainy de diecisiete veranos, Amalia y Mandy de 16 veranos solicitaron quedarse, cosa que fue concedida, mientras las otras cinco chicas se entre 16 y 15 veranos se retiraron a descansar junto a Telca, Lubin y Marla, aún faltaba un concurso de canto, otro de pulso y para cerrar una competencia de beber cerveza.
***
—Ha sido una mañana muy productiva mi reina— comentó Solari mientras recogía los pergaminos en donde había hecho sus anotaciones.
—Ya lo creo que si— contestó la rubia bardo, mientras terminaba de hacer una anotación en uno de sus pergaminos— pensé que tomaría más tiempo convencer a las ancianas criar corderos no quiere decir que dejaremos de ser un pueblo guerrero— confesó la hermosa reina terminando de enrollar el pergamino y guardarlo en su estuche de cuero, junto a otros pergaminos que contenían apuntes de otros temas.
—Les ha parecido buena idea, sobre todo desde que trajimos carne de cordero la última vez que fuimos a Potedia— informó la Solari a Gabrielle.
—Ohhh, eres una tramposa— dijo riendo la reina, dándose cuenta del porque la animaba tanto la aguerrida guerrera.
—Sé que tú eres lo mejor que nos ha podido pasar, pero a veces das la sensación de que nos quieres hacer "colgar" las espadas— dijo algo temerosa Solari.
—Pero esa no es mi intención— exclamó Gabrielle indignada, mirando a la guerrera.
—Lo sé, lo sé— se defendió Solari, tratando de explicarse cuando se sentaba nuevamente en la gran mesa de reuniones. —Tus intenciones son buenas y la mayoría así lo ve, pero no podemos negar que hay quienes quieren entrar en batalla cada momento, aduciendo que esa es nuestra forma de vida.
—Xena me lo ha dicho— le hizo saber la bardo a Solari, con un suspiro.
—Entonces, ¿imagino que también te ha dicho que es bueno tener a las tropas alimentadas?— cuestionó la guerrera amazona, sospechando que su joven reina consultaba con su campeona antes de proponer algo que tenía que ver con el grupo de amazonas, cosa que aprobaba ya que sabía que Xena tenía experiencia en dirigir ejércitos.
—Si, también me lo ha dicho, pero no sólo por eso lo he propuesto— contestó la Gabrielle mientras levantaba la mirada cuando la puerta se abrió dando paso a Eponin, que estaba algo sudada, ya que venía del campo de entrenamiento.
—Lo sé mi reina y creo que tu idea de dar un periodo más largo para el desarrollo de los venados y conejos las ha terminado de convencer, al final seremos beneficiadas por el aumento de ambas especies— alabó la guerrera.
—Mi reina— saludo Eponin llevándose el puño al pecho para luego inclinarse ante Gabrielle.— puedo deducir que todo ha salido como querías— comentó la guerrera después de volver a ponerse firme, con una gran sonrisa en su acalorado rostro.
—Pues, si, han aceptado— contestó la joven reina, suspirando al ver que en lo del trata no tendría los resultados que esperaba.
—He venido porque las cocineras quieren saber donde tomarás tu almuerzo— informó Eponin en posición de descanso, que era con las piernas un tanto abiertas y las manos tras de sí.
—Iré al comedor y quiero que ambas me acompañen— comunicó la reina su deseo, mientras se levantaba y estiraba su camisa de cuero.
Al salir de la cabaña de juntas, inmediatamente se le unieron las dos guardias reales que se encontraban custodiando la entrada.
—La reina almorzará en el comedor— informó Eponin a las guardias reales, las cuales asintieron.
—Luego quisiera dar un paseo por el río y quisiera que viniera la jefa de construcción— agregó Gabrielle.
—Sí mi reina— contestó Fania, una de las guardias reales, dando un saludo antes de retirarse para organizar el paseo.
—¡Fania!— llamó Gabrielle, deteniendo los ágiles pasos de la guardia —quiero que las que vayan a ir, hallan almorzado.— ordeno con tono suave y amistoso, a lo que la amazona asintió dejando escapar una leve sonrisa.
De camino al comedor la reina era admirada por las amazonas que se encontraban por los alrededores que se dirigían al mismo destino que ella o salían del, se daban cuenta que la adolescente rubia que recibió el derecho de casta hacia escasos dos veranos había cambiado, su paso era elegante, seguro y en cierta forma poderoso. A pesar de su juventud la chica demostraba una sabiduría sorprendente, reconocían su don, el don de hablar con la gente y que estos hicieran lo que ella quería, de eso no había duda ya que la prueba más tangible era su campeona.
Era sorprendente que hubiera sobrevivido a su compañera de viaje, que era ni más ni menos que la elegida de Ares, el dios de la guerra, aunque los rumores eran que la mejor y más poderosa guerrera de toda Grecia y el mundo conocido había roto "relaciones" con él. Sabían que quien la mantenía dentro "del buen camino" era la pequeña, hermosa y rubia bardo, sí su reina, la reina amazona.
Nadie quería poner a prueba el control de la Ex Señora de la Guerra, por lo que aprovechaban cada momento que la reina se dejaba ver ahora que su campeona no se encontraba en la aldea, sabían que "algo" pasaba entre ambas, aunque muchas todavía guardaban una pequeña esperanza de que no fuera así, para entonces tener una oportunidad con su reina y otras con la recia guerrera.
—Todo listo mi reina— informó Fania al regresar de organizar el paseo de Gabrielle.
—Gracias, siéntate y come con nosotras— ordenó la bardo, mientras daba otro bocado a su plato.
La guardia dudó por un momento pero una mirada de Eponin le recordó que no desobedeciera a una orden de la reina. Encogiéndose de hombros la alta guardia real tomó asiento en la mesa de la reina, mientras tomaba un plato y se servia de las bandejas dispuestas en la mesa, total ya todo estaba arreglado.
—¿Cómo fue todo?— preguntó en un susurro Eponin a Fania.
—¿Puedes creer que todas las hermanas que estaban activas se ofrecieron?— contesto de la misma forma mientras preparaba su primer bocado —por lo que tuve que tirarlo a suerte y las que no salieron agraciadas están de muy mal humor— concluyo dando un gran bocado a su almuerzo.
Eponin si podía creerlo, era sabido que muchas hermanas besaban el suelo por donde caminaba su reina y nadie quiere desaprovechar la oportunidad de estar lo más cerca que se pudiera para lo que se le "ofreciera" a la pequeña rubia y éste último pensamiento hizo que la amazona sonriera moviendo la cabeza de un lado a otro, llamando la atención de la rubia en cuestión pero la dura guerrera le hizo un gesto con la mano para indicarle que no era nada por lo ambas volvieron a sus respectivos platos.
Ha Gabrielle le hubiera gustado formar parte del cambio de turno en el lado este del territorio durante esa noche, por allí regresaría su guerrera, tenía la esperanza que eso fuera al día siguiente y estar sola nuevamente en la cabaña ésta noche no le gustaba nada, había tratado de convencer a Jacta de que encontraba recuperada pero la curandera le dijo "recuperada, no curada", por lo que tuvo que resignarse, por lo menos allá hubiera estado conversando con las chicas y pasando una velada entretenida, no es que Eponin y Solari no la entretuvieran pero cuando se iban ella quedaría nuevamente sola.
***
Acompañadas de una fría brisa de madrugada y la claridad de la luna llena, un grupo de mujeres guerreras se las arreglaban para regresar a esas horas a través del bosque hacia su campamento, su paso un poco tambaleante se debía a su trabajo en equipo para hacerse de las dos bolsas de denarios que llevaban consigo después de participar en las dos competencias de beber de cerveza.
Xena y Karin, una alta guerrera de cabello rubio cenizo, llevaban prácticamente sobre sus hombros a Galas una guerrera amazona morena, de cuerpo compacto que dejaba claro que no tomaba a juego el ser una de las mejores guerreras, sólo que sentarse a tomar cerveza hasta perder el sentido no era parte del entrenamiento amazona. Pero eso no la amedrento, ya que resulto ser una de las dos ganadoras en el concurso de cerveza, en la cual participaron también Karin y Ephiny, el quedar dentro de los cuatro semifinalistas prácticamente les aseguró el premio, quedando finalmente Karin y Galas. Habían deliberado entre ellas, decidiendo que Karin pasara a la final, por lo que ganó la ronda con Ephiny, la idea no era de quedar todas inconscientes al final de la velada.
La otra ganadora había sido Xena que participo con Rayen y Galas en el primer torneo de cerveza, en esa oportunidad Galas quedó dentro de las cuatro semifinalistas, su contrincante fue uno de los amigos del hombre que había mirado a las chicas unas marcas de velas antes. El inmenso hombre parecía no tener fondo por lo que las amazonas decidieron que Galas lo dejara ganar después de una docena y media de jarras de cerveza, esta jugada lo hizo llegar a la final para enfrentarse a Xena.
—Vieron, como ese tipo cayo de espalda a media jarra— preguntó Ephiny jocosamente, que iba delante de las tres guerreras, junto a Rayen una alta castaña, miembro de la guardia real.
—JAJAJA, ya lo creo que lo vimos— vino la contestación por parte de Karin entre carcajadas junto a sus compañeras al recordar lo ocurrido en la final con Xena.
—Iiiooo, nunnnca viiiiii alllgo igggual— logró decir Galas todo le daba vueltas, no sabía porque le costaba tanto caminar y para rematar las náuseas que tenía y que ya la habían vencido unos momentos antes.
—Bueno amiga mía, yo nunca te había visto en estas condiciones antes— le informó Rayen con una risita a la guerrera.
—La verdad no pensé que fueras a llegar hasta el final y ganar— confesó la rubia regente que se bamboleaba ligeramente, mirando a la guerrera al medio girarse.
—Creo que deberíamos integrar la cerveza y el vino al entrenamiento— opino Xena con una sonrisa de lado.
—SIIII— fue la respuesta unánime y entusiasta de sus compañeras de parranda.
—Aunque hay que pensar muy bien como justificar esta nueva "parte" del entrenamiento a la reina— dijo la regente al imaginarse poco después la cara de Gabrielle ante la noticia.
Antes de que pudieran comenzar a debatir sobre el tema, Xena se detuvo de repente, colocó su mano sobre el chakram al tiempo que giraba tratando de ubicar de donde venía la sensación de alerta, pero el brazo izquierdo de Galas se lo impidió a medias.
Ephiny ya sabía por experiencias anteriores lo que significaba el ese cambio repentino de su alta amiga, por lo que inmediatamente saco su espada y dio señales con movimientos de las manos a sus guerreras, las cuales acataron casi al instante, las silenciosas ordenes, tuvieron problemas en sacar su espada y quedar con rodilla en tierra en posición de ataque.
Soltando a Galas con su espada al ristre, rodilla en tierra y totalmente alerta, Xena miraba entre las sombras tratando de encontrar algo pero como no capto nada, entonces cerro los ojos y extendió sus sentidos. Los sonidos y olores que captaba eran los normales en ese lugar a esa hora y lo diferente lo originaban las amazonas que descansaban en el campamento y ellas mismas.
El sonido de una lechuza obtuvo su replica por parte de Ephiny, provenía de una de las centinelas del campamento que las había visto ya que estaban próximas a llegar a él. Las amazonas se sentían un tanto atontadas debido a la cerveza ingerida por lo que menos querían era un ataque en esas condiciones, así que se mantuvieron en silencio casi conteniendo la respiración.
—Parece que ha sido falsa alarma— dijo Xena después de no encontrar motivo de la alerta de su cuerpo, al mismo tiempo que envainaba la espada y volvía a tomar a Galas por el brazo para levantarla de la posición que ésta precariamente trataba de mantener.
—Me alegro porq. — las palabras de Ephiny fueron cortadas por el sonido de arcadas provenientes de Galas, que se soltó del agarre de la campeona de la reina y Karin para apoyarse contra un árbol mientras volvía a vomitar de rodillas.
—Será mejor que terminemos de llegar y cambiar la guardia— opinó Xena, sin dejar de mirar alrededor, sin comprender el porque de su súbita alarma.
***
—Mmmm, oye guapo— una voz sugerente vino del otro lado del callejón, en donde Maltius desahogaba su vejiga, apoyado en una mano contra la pared. Entre la bruma que provocaba la tonelada de cerveza que había ingerido pudo reconocer la que voz provenía de una mujer, no alcanzaba a verla bien entre las sombras, pero eso era lo de menos para él en ese momento.
—Ven acá. muñeecaaa— dijo como pudo el alto y fortachon hombre, mientras caminaba a duras penas tras la mujer que se había movido y dirigía hacia la parte trasera de la posada.
—Ven a buscarme si me quieres— invito la mujer con voz ronroneante, mientras seguía internándose en la oscuridad.
—No zzeazz malaaa— suplico el hombretón mientras seguía a la mujer, sus compañeros estaban dentro de la posada terminando con una de las rondas de cervezas.
—Vamos a un lugar donde nadie nos moleste— ronroneo nuevamente la mujer, que se había dejado atrapar en la oscuridad, permitiendo que el hombre la tocara y besara a placer, dicho esto se volvió a alejar de él y lo guío hacia el bosque.
Tres pares de ojos entre las sombras veían a la pareja internarse en el bosque, entonces miraron a los alrededor para asegurarse que nadie estuviera mirando, dándose cuenta que a estas horas la calle estaba vacía, excepto por un par de borrachos que salía de la posada, apoyado uno del otro y entonando lo que parecía ser una canción.
Despejada de área procedieron a seguir a la pareja al bosque, sólo tuvieron que caminar unos pocos pasos para encontrarlos, él hombre trataba de quitarle la camisa a la mujer pero esta juguetonamente se soltaba de sus "garras".
—Ven amor, un poco más allá, para que nadie nos oiga— dijo la mujer tirando de una de las mangas del hombre, cosa que lo hizo caer después de cinco pasos.
—Noooo, aquí esssta bieennn— propuso el hombre desde el suelo, mientras trataba de que sus manos encontraran su cinturón.
La mujer exasperada miro hacia las tres figuras que se encontraban a cierta distancia de ellos, buscando alguna indicación, uno de ellos movió la cabeza negativamente, por lo que la mujer no tuvo más remedio que intentar convencer al hombre para adentrarlo más en el bosque.
—Aquí nos pueden escuchar o ver— volvió a insistir la mujer, agorándolo de un brazo para tirar de él, pero la que fue tirada fue ella, que cayo sobre excitado hombre.
—Prooometo no haceeeerttte gritarrrr— ofreció el hombre ya con la cabeza entre los pechos de mujer y sus manos alrededor de ella.
—Pero yo si te voy a hacer gritar— contraatacó la mujer, presionando sus partes bajas de manera muy insinuante contra el órgano masculino.
—¡¡OO. — la exclamación del hombre no se hizo esperar fue interrumpida por un bezo de lengua por parte de la mujer que aprovecho para levantarse cuando éste la soltó.
—Ves querido, no voy a tener compasión contigo— volvió a seducir la mujer que tenía un brillo extraño en la mirada, pero su acompañante no estaba por darse cuenta de nada que no fuera la tener a esa mujer bajo su peso.
La mujer ayudó al fuerte hombre a ponerse de pie, cosa en la que él cooperó, posteriormente volvió a tirar de él con un poco más de cuidado para que el tipo no volviera a caer. Así lo llevo hasta un pequeño claro en donde había una fogata ardiendo alegremente, con una mujer mayor sentada atizando el fuego.
—Crreeooo queee no vaaamosss aaa estarrrr sooolosss— dijo el hombretón arrastrando las palabras, al ver a la mujer sentada en el claro.
—No te preocupes por ella— le dijo la mujer dándole un empujón que lo hizo caer pesadamente de espaldas contra el suelo sacándole el aire de los pulmones.
La extraña mujer no tardo en tirarse sobre él y besarlo de manera salvaje, enredando su lengua con la del tipo que trato de apartarla para tomar aire pero en cuanto lo hizo una pequeña mano se introdujo en su boca abierta agarrando su lengua y tirando de ella, lo siguiente que sintió fue un pequeño dolor en la boca, todo le daba vueltas, se llevo las manos por inercia hacia el dolor, ahora sentía la boca llena de un líquido espeso que le bajaba por la garganta.
El dolor fue en aumento, el hombre parpadeaba repetidamente para tratar de enfocar bien a la figura que tenía sobre él, hasta que consiguió una sonrisa perversa y mirada pacífica, enmarcada en un cabello oscuro y un rostro agraciado de mujer que sostenía algo en su mano a la altura de su cara.
—¿Sabes lo que tengo en mi mano?— pregunto juguetonamente la mujer.
El trato de decir que no pero no pudo escuchar su voz, sólo un gemido que le hizo tragar una gran cantidad del líquido que tenía retenido en su boca, sintió más dolor, un gran dolor, dentro de su bruma alcohólica se daba cuenta que algo no iba bien, también sintió sus manos mojadas y se las alejó para mirárselas, cuando lo hizo pudo ver que sus manos estaban bañadas de sangre.
—¡¡¡Es tu lengua!!!— dijo con expresión macabra la mujer.
El hombre tardo un poco en registrar las palabras que le habían sido dichas, un sonido a su izquierda lo distraía, pero al fin su cerebro entendió lo que le fue dicho, sus ojos casi se le salieron de las orbitas en el mismo momento que reconocía lo que tenía la mujer en sus manos, sí era una lengua, se llevó las manos a la boca, introdujo los dedos en busca de su lengua pero nada fue encontrado, de repente el dolor era insoportable al igual que la realidad.
El pánico se apoderó de él e intentó levantarse pero sus piernas le fallaron, sus ojos ahora estaban llenos de lágrimas, trato de pedir ayuda mientras se arrastraba sobre su espalda para alejarse de ese lugar pero su avance fue mínimo ya que choco contra algo, cuando pudo quitar la mirada de la mujer que ahora lamía la sangre que resbalaba por hoja de metal de la daga con la que había arrancado la lengua de su "presa", pudo ver a dos hombres y que lo miraban con mirada tranquila.
—Creo que no esperabas que tu noche terminara así, ¿verdad?— le preguntó uno de los hombres que los habían seguido hasta allí.
Volvió a intentar a pedir ayuda pero no le salían mas que quejidos desesperados, entonces se giró para intentar levantarse y fue cuando sintió un golpe en su cabeza que lo desplomo sobre la tierra nuevamente mirando ahora a otro hombre que afilaba un hacha, se dio cuenta que eso de allí salía ese sonido molesto y luego cayo por completo en una oscuridad que lo absorbía.
—Apúrense, tenemos que terminar antes que amanezca— ordenó la mujer mayor a los demás.
Entre los dos hombres comenzaron a desvestir a la víctima, mientras las dos mujeres les amarraban las manos casi a ras de suelo a los dos postes de madera que habían colocado con antelación, cuando estuvo amarrado dos de los hombres levantaron las piernas del infortunado hasta estirarlo completamente para que el tercero amarrara los tobillos a los postes, dejando al deslenguado hombre suspendido en el aire con la cabeza hacia abajo, entonces uno de ellos le dio una patada para despertarlo.
—Vamos despierta, no querrás irte al tártaro sin despedirte de nosotros, ¿verdad?— pregunto con voz despiadada la mujer mayor sobre las risas de los torturadores.
La mujer de cabellos oscuros que lo había traído hasta allí tiro hacia atrás de los cabellos rubios del hombre haciendo que este estirara su cuello completamente hacia atrás, descubriendo entonces como la mujer mayor ponía un cubo bajo él, entonces vio un brillo pasar ante sus ojos y sentir un filo contra su garganta. Empezó a gemir fuerte y a debatirse de sus amarras pero sólo logro que hoja afilada de la daga rasgara la piel de su cuello.
—Adiós, mi amor— se despidió de él la misma voz seductora que lo había envuelto momentos antes cuando estaba orinando fuera de la taberna, con ese pensamiento, el pánico en sus ojos y en su pecho, el hombre sintió como la daga fue hundida en su cuello haciendo derramar su líquido vital llevándose consigo la fuerza para debatirse, el dolor y su vida.
***
Era pasado medio día y el pueblo comenzaba a cobrar vida después de una noche de algarabía, dos hombres habían despertado en sus camas sin poder recordar como habían llegado allí. Su despertar les trajo consigo un horrible dolor de cabeza y un tiempo después fue que hicieron en falta uno de sus compinches.
—¿En dónde Hades se ha metido Maltius?— preguntó Leandro, después de haber recogido sus cosas en la carreta y sentarse en la silla de la taberna para tratar de comer algo antes de partir.
—Es cierto, no lo he visto hoy— dijo Palemon, mientras sostenía su cabeza ya que tenía la sensación de le había crecido de la noche a esta parte.
—Tenemos que irnos, sino aparece nos llevaremos sus cosas— comunico Leandro mientras miraba el plato que le acababa de poner la mesonera enfrente.
—A lo mejor a tenido suerte con alguna de esas salvajes— Palemón hizo el comentario con una sonrisa morbosa en su feo rostro.
—¡¡¡Estas demente!!!— regaño Leandro, mirándolo muy molesto, sabiendo que se refería a las amazonas.
—¿Porqué? ¿Por querer domar a una de ellas?— preguntó enfadado Palemón mientras se masajeaba las sienes con los ojos cerrados.
—Sabes que es un suicidio y además, ¿es que no viste a Xena?— comentó Leandro, incrédulo ante la falta de precaución de su amigote.
—Claro que la vi, pero me conformo con una de las más chicas— dijo Palemón, soltando una carcajada que cortó de inmediato al sentir como quería estallar su cabeza.
—Bueno, terminemos aquí y regresemos, Maltius puede regresar solo— con esas palabras Leandro comenzó a comer de su plato.
***
El amanecer encontró a Xena y a Ephiny de centinelas, la alta guerrera no podía pegar un ojo a pesar de la cantidad de cerveza que había ingerido esa noche, esa súbita llamada de alerta le había dejado preocupada por lo que ella, Telca y Marla que estaban de guardia revisaron los alrededores con detenimiento pero no encontraron peligro alguno.
—Saldremos apenas salga el sol— informó Ephiny a su alta amiga mientras estaban haciendo guardia desde una gruesa rama desde donde podían vigilar el pequeño campamento y sus alrededores, mientras las demás amazonas dormían profundamente.
—Bien— fue la escueta respuesta de la oji azul.
—Imagino que querrás regresar lo más pronto posible a una cálida y acogedora cama en particular— comentó la rubia regente lo más inocente que pudo pero el haber hecho énfasis en dos palabras hizo que se llevara una afilada mirada azul.
—Exactamente ¿a qué te refieres?— preguntó una voz profunda y peligrosa, acompañada de una gélida mirada enmarcada por una arqueada y perfecta ceja negra que la clavaba en el sitio.
—Ehh... bue... ee— Ephiny pensó que había cometido un grave, pero muy grave error.
Xena la miraba sin cambiar su expresión en espera de una respuesta, sabía que lo que le estaba haciendo a su amiga no era justo, la rubia parecía que estaba a punto de caerse de la rama del susto que le estaba dando, eso a Gabrielle no le gustaría nada por lo que pensó que sería mejor confesar, total, el sólo pensamiento de su rubio amor le hizo suavizar la mirada y dejo escapar un pequeña sonrisa antes de poder reaccionar y volver a la expresión anterior.
Ephiny se había quedado en shock pero el cambio repentino en el rostro de Xena la desconcertó aún más haciendo que trastabillara y resbalara de la rama. Ambas mujeres reaccionaron inmediatamente y sus manos se encontraron por lo que una evito como poco una bochornosa caída y la otra una fuerte reprimenda por parte de la reina amazona.
—Está bien— dijo la morena guerrera suspirando, al saber que no le quedaba otra —Si estoy ansiosa, muyyy ansiosa en regresar a "cierta cama"— medio que confesó Xena mirando a todas partes menos a su amiga.
—Y... esa cama... ¿es de cierta rubia reina amazona?— preguntó Ephiny, un tanto cortada, mirando su muñequera que de repente se le antojo llamativa.
—En realidad de cierta anciana amazona— dijo Xena mirando a Ephiny de manera tranquila, cuando ésta le dirigió una sorprendida mirada —¡¡pues claro que la de Gabrielle!! ¿o es que me has visto dormir en otra cabaña?— termino de contestar de manera iracunda.
—¡¡LO SABIA!!— grito emocionada la rubia regente al tiempo que abrazaba efusivamente a la alta guerrera.
Xena no se esperaba una reacción tan eufórica, ni siquiera una simplemente eufórica por lo que ambas cayeron de la rama golpeándose contra las demás ramas en su caída, por suerte no era un árbol muy frondoso ni ellas estaban muy alto, lo que ayudo a que su encuentro con el suelo cubierto de verde hierba fuera no tan dañino pero no dejaba de ser estrepitoso.Las demás amazonas despertaron sobresaltada y totalmente alertas con el grito de Ephiny por lo que pudieron ver la caída de ambas guerreras, las tenues luces del nuevo día les ayudo a no perder detalle de tan histórica caída.
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