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Disclaimers: Xena y Gabrielle, y algunos del resto de los personajes que aparecen en esta historia, la gran mayoría del capítulo "A friend in need I y II", (que por algo esto es post—fin) pertenecen a Universal y a Renaissance Pictures. Yo simplemente las/los he adoptado momentáneamente para crear esta pequeña historia, para nada con ánimo de lucro sino con toda la intención de disfrutar, pasar un poquito el rato haciendo uso de la imaginación y deseando que todo el mundo que lo lea lo pase bien al hacerlo.

¿Porqué?: hacía mucho tiempo que no veía un capítulo de nuestras heroínas, y hace no mucho tuve la fortuna no sólo de volver a sentirme xenite, sino que vi por fin el final de la serie. Como nos pasó a muchos/as de los que lo vimos, el sabor de boca que me dejó no fue el mejor. Así que para mí las aventuras continúan. CUIDADÍN: Si no has visto la serie hasta el final, igual no terminas de entender todo lo que sucede.

Subtext: La historia se basa un poco en la línea de la serie, un sí pero no, o un no pero sí", soy prosubtexter en lo más amplia de su palabra, así que sin duda el amor entre dos mujeres, no tanto el sexo puro y duro, estará presente entre estas líneas. Si eres menor de 18 años, o si no eres de entender que dos mujeres se puedan amar (¡¡¿¿??!!), date la vuelta y sal por la puerta, que no te va a gustar.

Comentario: es mi primer fic, la verdad, así que con todo el deseo espero que lo disfrutéis mucho, y que todas las sugerencias que se os ocurra, comentarios, críticas, etc. me los mandéis sin problema a: xirant@gmail.com, prometo contestar antes o antes.

Minicomentario: el uso del apelativo "Pequeño Dragón" es un guiño especial al fanfic de D, "Vínculo de sangre", que me hizo disfrutar enormemente.

Dedicatoria: esta historia tiene 3 dedicatorias especiales (sí, son muchas, sorry).

  • Para los/as compis de Pergaminos, porque con sus comentarios, noticias, ánimos, etc. me han animado a seguir adelante con la historia.
  • Para Xena y Gabrielle, por los muchos y muy buenos momentos que nos han dado.
  • Para Eva, mi niña, mi Alma Gemela, mi pareja y mi vida, porque a base de escucharme y de verme escribir se ha hecho xenite también (casi más que yo), y porque ha tenido que convivir con la aventura que aquí escribo a veces sin entender nada de lo que le estaba explicando. (¡¡Gracias por tu paciencia!!)

:: AQUÍ EN CORAZÓN, ALLÍ EN GUERRA ::

XIRANT

Prólogo

"Cada día sueño con que no sea verdad… Cada nuevo sol es una amanecer que odio. Cada segundo que pasa es una eternidad maldita en este mundo que ya no soy capaz de soportar. No puedo arrancarme el vacío. No puedo y no quiero.

Oh, Xena… Me decías que era tan valiente, que me admirabas por ello… y mírame. Sólo quiero morirme y acabar con todo este sufrimiento de una vez por todas, no tengo fuerzas para continuar. Quiero acabar con todo y, ¡por los dioses, maldita sea!, ni siquiera tengo el valor de enfrentarme a mí misma y acabar con todo, y tal vez así poder darle una oportunidad al volver a verte. Poder volver a sentirte. Sentir ese calor que me iluminaba la vida, que pintabas a cada momento con sólo respirar, ese regalo que me ofrecías sin darte cuenta en cada broma, en cada gesto, en cada mirada. Esos tontos gestos que durante tanto tiempo han hecho que nuestras vidas no sólo sean plenas, sino que daban sentido a cada uno de nuestros pasos, que me han hecho un ser completo desde aquel día que me aceptaste como compañera, como amiga por primera vez, que me llenaban absolutamente cada segundo… Tú eras eso para mí, Xena. Respondías a todo lo que mi alma siempre ha deseado, todo lo que ansiaba y anhelaba me lo ofrecías, me regalabas mi única y verdadera razón para vivir. Sólo te necesitaba a ti. Sólo tú. Y verte marchar sin mí…

…¿Sabes? Al principio desee odiarte. Y entendí todo lo que la palabra imposible esconde. Y te entendí a ti, el porqué hiciste lo que hiciste. Diste tu corazón a un bien supremo que parecía dejar que te perdonaras, ese perdón que tanto buscabas y que tenías ganado desde hacía tanto tiempo…Y tu alma se me escapó de las manos, por entre mis dedos, en un engaño de quien ya te había engañado antes. No podía decirte que no a lo que me pediste y sin embargo cada vez que miro esta urna, cada momento que veo tus cenizas, lo único que hago es maldecirme una y otra vez pensando que tal vez puedan con ello los dioses apiadarse y dejarnos volver a empezar, juntarnos de nuevo y evitar que todo esto suceda, evitar…tu muerte.

He pasado los últimos días, desde que te fuiste, en las mismas rocas en las que vimos aquel último atardecer juntas, tu último rayo de sol y mi último calor. No me he ido de aquí porque no puedo aceptarlo. Irme sería retomar un camino que para mí ya carece de sentido por completo. Aquí es como si tu espíritu estuviera a mi lado, conmigo. Te siento y te veo, y no puedo dejarte atrás.

Te echo tanto de menos…tanto…que sólo siento dolor. Y no tengo fuerzas ni para gritar. Tengo tu chakram a mi lado, en el mismo lugar en el que lo dejé cuando me acerqué a la fuente para…para… Para que tú me dijeras que no…Me da miedo tocarlo. Es tú, tú y tu esencia, y está tan frío…

Me abandonaste. Te fuiste y mi alma se fue contigo. Para siempre".

***

Pasaron varias horas hasta que Gabrielle se dio cuenta de que sus lágrimas habían emborronado las letras. No recordaba el momento en el que había comenzado a escribir, ni siquiera recordaba haber sacado el pergamino de un petate que ahora se veía completamente desparramado por la hierba con las pocas cosas que siempre había considerado necesarias para sus viajes. Ahora le faltaba lo más esencial y nada del resto tenía la mínima importancia. Ni comer, ni dormir, ni respirar. Nada.

Habían pasado 5 días desde la última vez que había sentido a Xena a su lado. El calor que su cuerpo le daba, el hombro en el que tantas veces se había apoyado y la mirada que tanta energía le infundía se habían esfumado en aquel momento y el frío viento otoñal le había conquistado cuerpo y alma. Recordaba haberse quedado mirando el horizonte mucho tiempo, como quien mira al vacío, sus manos sujetando la pequeña urna en la que las cenizas de la guerrera descansaban. En el suelo estaba la katana sagrada manchada aún de sangre seca de la última batalla, junto al cuerpo y cabeza de Yodoshi, y aún humeaban los árboles del enfrentamiento. En todo este tiempo apenas habían cambiado las cosas de sitio. Gabrielle apenas sí se había movido del lugar, sólo para deambular por la ladera, sentarse junto a la fuente y quedarse mirando las cristalinas aguas pasar y caer al suelo hasta quedar vacía. Esas aguas que le habían dado por un momento una esperanza de seguir con una vida que le había sido arrebatada de golpe.

Sentada sobre las rocas, Gabrielle miró un nuevo atardecer que se apagaba frente a ella y las lágrimas volvieron a surcar sus pálidas mejillas. No había comido nada desde la visita a la casa del té, antes de encontrar el cuerpo de la guerrera mutilado colgante entre los árboles, y desde el final apenas si era consciente de la realidad que le rodeaba, menos aún de la debilidad que iba creciendo en ella. No se había fijado en los alimentos que desde hacía cinco días habitantes de Higutsi le subían nada más amanecer, ni había reparado en que cada noche esos mismos alimentos eran recogidos con miradas de compasión y tristeza. Su pesar y su única presencia en el monte explicaban en cierta medida lo sucedido y aunque no había salido una palabra de la boca de la bardo, ni aún nadie se había atrevido a acercarse a ella en ese tiempo, los relatos de lo que había pasado habían corrido por las calles de la aún humeante ciudad.

Los dedos perdieron su fuerza y la pluma se soltó de entre ellos rodando por el regazo de Gabrielle hasta el suelo. El kimono azul que vestía se veía sucio, húmedo y rasgado de parte a parte a lo largo de su espalda. El dragón que allí dormía relucía con todo su esplendor, con los vivos colores que Akemi le había dado, resaltando por encima de la blanca piel de la joven.

Akemi. Desde el principio, desde que Xena le contara la historia vivida por ella anteriormente en Japa, algo le había dicho que mantuviera una cierta distancia con ella. Y a no ser por lo claramente que parecía ser Akemi para Xena, por ese cariño tan especial que sabía que la guerrera le tenía y por lo desgarrador de sus palabras al contarle lo que su muerte supuso para ella, hubiera dudado desde un principio de la veracidad que la petición de Akemi guardaba. No sabía porqué pero su instinto le había murmurado que no se fiara, que algo escondía detrás de su mensaje.

—Maldita seas, Akemi – murmuró la bardo. Tenía la boca pastosa y los labios tan secos que las llagas habían conquistado la mayoría de su piel. Pensó en Xena y continuó, ¿cómo dejaste que te engañara así…?

Su pregunta se perdió en el viento. No necesitaba respuesta, sabía que Xena lo había hecho dando todo su corazón en ello y que si se le diera una nueva oportunidad actuaría seguro de la misma manera. "Siempre fuiste muy cabezota", pensó, y por un momento sus verdes ojos sonrieron.

Un trueno lejano trajo de nuevo a Gabrielle a la realidad. Por primera vez suspiró profundamente, consciente de dónde estaba. Se limpió las huellas del llanto de su cara. "Necesitaba escribir", se dijo. Notó cómo la presión aguda de su pecho había disminuido levemente, su dolor estaba muy presente pero al menos la realidad comenzaba a rodearla de nuevo. Se fijó en el pergamino apoyado en sus muslos y en las letras desdibujadas por sus lágrimas y su cara se hundió en un gesto mezcla de tristeza y rabia. Pensó en releer lo escrito, pero al sentir que volvían a inundársele los ojos decidió que era mejor dejarlo por el momento. Pasó distraídamente los dedos por su rubia cabellera, empapada de lluvia y barro del acantilado de donde había rescatado la urna, y se limpió la nariz con el dorso de la mano. Con mucho cuidado enrolló el pergamino y se agachó a recoger la pluma, la limpió de tierra y se levantó.

Un nuevo trueno volvió a sonar más fuerte esta vez. Gabrielle miró alrededor suyo y su mirada se clavó en el terreno destrozado de al lado del bosque. Su estómago dio un vuelco por un momento al ver la cabeza cercenada de Yodoshi a un lado. Reprimiendo las náuseas, sus pasos fueron poco a poco hasta el cuerpo, apoyado en su costado. Con la puntera de la bota de cuero movió el cadáver hasta hacerlo colocar hacia arriba y se quedó mirándolo con un gesto de seriedad absoluta. Recogió la katana del suelo y la sujetó entre las manos. La hoja brillaba como si hubiese sido creada en ese mismo instante, sólo unas manchas de sangre en la parte superior empañaban el reflejo. Observó los grabados de la base durante unos segundos, cerró entre sus manos la roja empuñadura del arma y la levantó estirando por completo sus brazos, aguantando la posición un momento. Sentía cómo la rabia le inundaba por dentro, fluía por sus venas, por su sangre. El amargo sabor del odio llenaba su boca, el mismo odio que tan pocas veces había sentido en su vida y que ahora le pedía a gritos que clavara una, otra, y otra vez la cuchilla en el inerte cuerpo que tenía frente a ella. Levantó la katana con toda la furia contenida, con un grito desgarrador en su garganta y…

—¿Qué ganas con ello?.

Gabrielle frenó y se giró inmediatamente, volviendo la espada en posición de defensa hacia donde había surgido la voz, sin pensar en cómo era posible que no hubiera oído acercarse a nadie. Frente a ella se encontró a una hermosa mujer de mediana edad, mirada serena, templanza en su ser y majestuosidad en el espíritu. Vestía un kimono rojo con grabados en letras que Gabrielle recordó haber aprendido de Xena y su ser desprendía una luz suave que apenas dejaba denotar la transparencia de sus formas. Sus rasgos orientales miraban a la joven con tranquilidad, el pelo recogido laboriosamente en la nuca. La serenidad de la expresión del rostro de la mujer consiguió que bajara por un momento el arma. La bardo destensó levemente los músculos y se recobró sin dejar de mirar a la mujer.

—¡Dime quién eres! – le ordenó.

La mujer mantuvo la tranquilidad. Su suave rostro miraba a Gabrielle con compasión y ternura mientras le daba unos segundos antes de responder.

—No lo sabes, pero me conoces – le dijo.

Gabrielle entornó ligeramente los ojoshaciendo memoria sin bajar un ápice el arma.

—Xena te habló más de una vez de mí – siguió la mujer. – Tuve la fortuna de poder ayudarla a retomar un camino que creía perdido.

Los ojos de Gabrielle se abrieron levemente y sus músculos fueron perdiendo la tensión. Bajó la katana sin poder creer que lo que veía fuera una realidad.

—Sé que consiguió conquistarse a sí misma – los labios de la mujer sonrieron mientras sus palabras brotaban como el agua – y sé que tú la ayudaste en ello. Mucho.

—No… No puede… —la katana resbaló de entre las manos de la joven bardo clavándose en la tierra. Su voz se quebró en un susurro al llamar —¿Lao Ma…?

La mujer sonrió al reconocerse.

—No. Sólo soy una pequeña parte de su ser. – La sonrisa se convirtió en un gesto tierno mientras observaba los verdes ojos de Gabrielle llenos de confusión. – Gabrielle…

Lao Ma se acercó lentamente a la joven. Su majestuosidad desbordaba de su esencia y Gabrielle no pudo menos que reclinar la cabeza levemente en señal de respeto. Lao Ma frunció en ceño y apoyando sus dedos en la barbilla de la joven hizo que levantara el rostro, cubierto de nuevo en lágrimas.

—No debes honrarme, Gabrielle, no soy merecedora de ello – le dijo.

Gabrielle alzó la cabeza suavemente, mirando por unos segundos fijamente los negros ojos de la mujer. Desvió la mirada, una lágrima surcando su mejilla, sin saber qué decir. Con la mano se limpió el llanto y volvió a mirar a Lao Ma buscando una entereza que sentía ir perdiendo por momentos.

—Lao Ma, Xena ha…

—…muerto – acabó lamujer. – Lo sé. Lo he sentido. – Dejó que la joven se recobrara un segundo, pues sabía que no era fácil para ella decir en voz alta lo que tanto le estaba costando aceptar en su interior. – Por eso estoy aquí.

Gabrielle la miró con duda y sorpresa y su gesto se endureció.

—No lo entiendes… —dijo la joven con los dientes apretados, —¡¡Xena—está—muerta!! – remarcó sus palabras,—¡MUERTA! – su grito desgarró el aire con rabia.

La mujer dejó que el eco del grito de Gabrielle se perdiera entre los árboles.

—Está muerta si tú sientes que lo está, Gabrielle – los negros ojos de Lao Ma miraron fijamente los cristalinos ojos de la bardo.—Dime, ¿la sientes muerta?

—¡¿Qué?! – Gabrielle miraba a la mujer con sorpresa y rabia por lo que estaba oyendo.—¿Qué preg…?

—Quiero que me digas si la sientes muerta – Lao Ma mantuvo su mirada con serenidad.—Sé que te dijo que siempre estaría contigo. Dime qué sientes en tu interior. ¿La sientes muerta?

—Yo… —dudó Gabrielle – Yo no…

—Sí o no.

Gabrielle respiró profundamente.

—No – contestó.—No. No la siento muerta. Siento que está…

—Está contigo, Gabrielle.

Los labios de la joven dibujaron una sonrisa por un momento.

—Sí, algo así eslo que siento.

—Algo así es la verdadera realidad.

Lao Ma se acercó un poco más a la joven y acarició su mejilla. Gabrielle cerró los ojos dejando sentir la caricia que el suave tacto transparente de la mujer creaba en su piel. Volvió a abrirlos y miró a Lao Ma. La mujer la observaba con firmeza.

—He venido a decirte que es el momento de que la llores – las palabras de Lao Ma sonaban melodiosas y tranquilizadoras, como una nana de niño. – De que dejes fluir el dolor.

Gabrielle esperó unos segundos. Afirmó en un leve movimiento con la cabeza que había escuchado y entendido y calló esperando a que la mujer continuara.

—Gabrielle, quiero enseñarte una cosa – la joven volvió a confirmar con otro movimiento. – Quiero que cierres los ojos. Confía en mí.

La joven miró fijamente a Lao Ma, pero no vio ningún indicio que le dijera que no lo hiciese y tras un momento de duda cerró los ojos. La lluvia comenzó a caer humedeciendo la piel de la bardo. Sintió cómo las manos de Lao Ma se apoyaban en su cara, acariciando lentamente las mejillas, los párpados, recorriendo el mentón y terminando en sus sienes. El tacto se paró en ellas. Gabrielle sintió cómo su cuerpo se relajaba, el aroma del aire se transformaba en un olor dulce, un olor agradable que le recordaba algo, o alguien. Notó como su respiración se acompasaba, su espíritu se equilibraba poco a poco…y de repente todo cambió. Escucho un momento la voz de Lao Ma susurrarle "piensa en ella, piensa en Xena y recuerda todo lo que puedas". Un momento más tarde la respiración que antes era pausada comenzó a agitarse, el cuerpo fue tensándose hasta que le dolió sin entender porqué y entonces las imágenes empezaron a brotar como un torrente por su mente. Imágenes de gente corriendo, de fuego y humo, podía oír el grito de Xena en el aire. Era Higutsi. Las imágenes se hicieron borrosas un momento y poco después volvieron a su claridad. Unos ojos negros que no reconoció como los de Lao Ma la miraban fijamente, desaparecen y vuelve a ver ahora personas orando en un templo, llantos de madres, tristeza de padres…Un zumbido comenzó a dolerle en los oídos. La voz de Lao Ma se hizo más lejana. "Mira y recuerda". Agua corriendo, un manantial, una fuente, sangre, siete flores de loto… La presión de su cabeza fue en aumento mientras su mente se iba emborronando."Busca la respuesta". Soltó la katana que aún sujetaba con los dedos buscando el equilibrio, pero sus piernas trastabillaron con las piedras. Sintió cómo la fuerza iba desapareciendo de su ser. Entonces vio un dragón, su dragón, mirándola y oyó un rumor en su interior. "Si la encuentras, ella volverá".

Apenas tuvo tiempo de exhalar un gemido antes de que todo se volviera oscuridad.