|
XWP Alt » Cacería nocturna » 04
:: CACERIA NOCTURNA ::
Tania espoleo a su nueva montura con rumbo a la aldea amazona, dejando atrás a unas inquietas guerreras que comenzaban a preparar las señales para informar de la llegada de un mensajero con noticias de alarma.
La joven guerrera hizo el trayecto en tres cuartos de marca, otra hazaña más para la chica, ya que el tiempo a todo galope desde donde partió era de una marca entera más un cuarto de marca de vela. Las puertas del muro de la aldea estaban abiertas esperándola y no se detuvo hasta estarenfrente de la choza de la regente que la esperaba en los escalones de la entrada.
—Regente— saludo la joven guerrera llevándose un puño al pecho, al desmontar de un salto de su caballo, y procedió a poner al tanto a Ephiny, ésta escuchaba atentamente para luego quedarse pensativa mirando en dirección al lugar donde tenían que ir.
—A la sala de consejo— ordenó la regente enérgicamente.
Sólo quedaron las vigías en sus puestos, entraron las tenientes y demás guerreras que pudieron entrar y algunas civiles, las demás se asomaban por las ventanas y la puerta en silencio a la espera de las ordenes, todas sabían que iban a intervenir, Potedia era la villa donde vivían los familiares de su Reina y por lo tanto tenían el deber de protegerlos, además, tenían que detener el peligro antes de que llegara a la puerta de su aldea.
—Zora, prepárate para salir, escoge a dos de tus aprendices y deja a una. —ordenó Ephiny, a lo que la curandera asintió llevándose el puño al pecho y salió de la sala junto a sus tres aprendices.
—Isa, deja a un escuadrón aquí y que las demás se preparen, llevad armaduras completas— ordeno Ephiny.
—Regente, si llevamos armaduras completas pesaremos demasiado y la distancia es larga y necesitamos velocidad— informó la teniente de las espadachines y lucha en tierra.
—Es cierto— dijo una contrariada Ephiny, mierda, mierda, mierda, no quiero perder a nadie, pensaba la experimentada guerrera, sabia de la fuerza y las garras de estas aberraciones y sobre todo de lo que podían hacer —entonces, que lleven lo indispensable para protegerse. — concluyo la guerrera y recibió el saludo de la aguerrida teniente antes de retirarse y salió con un grupo de sus unidades, mientras las otras esperaban instrucciones fuera.
—Borja, prepara a dos escuadrones de arqueras y que las otras vigilen la frontera hacia esos poblados por si se necesitan.
—Dos escuadrones de jinetes preparaos para saliry llevadle el equipo a Raika u os aseguro que lo lamentaran si no lo hacéis— dijo Ephiny, conocedora de que la jefa de las jinetes era una aguerrida combatiente especialista en combate con la espada a caballo y que en estos momentos estaría tirándose de los cabellos desesperada por entrar en acción. —dos escuadrones que se queden, uno en la frontera con las arqueras y otro en la villa.
—Lania, lleva los dos escuadrones de lanceras y divide las lanzas en dos carretas para que vallan más deprisa.
—Beita, las catapultas son muy pesadas, pero trae a un escuadrón y que el otro se quede.
—Angik, deja a tres rastreadoras y trae a las demás.
—Tarais, deja un escuadrón de la guardia y trae al otro a los límites con las arqueras y jinetes.
Todas las tenientes asintieron a las órdenes de la Regente y se retiraron rápidamente para impartir las órdenes a las tropas de las cuales estaban encargadas, dejando a Ephiny y a la guardia de la reina colocándose sus armaduras e impartiendo órdenes.
Todas, absolutamente todas las guerreras estaban entrenadas en lo básico de cada especialidad durante su instrucción primaria a guerreras, ellas mismas demostraban su inclinación hacia una especialidad después de pasar la primera fase de su formación, aparte de la apreciación de las tenientes que eran las que calificaban y entonces pasaban a la siguiente fase que era especializarse en lo que eran más aptas, a las que no les llamaba ser guerreras escogían otra actividad como escribas, artesanas, herreras, carpinteras, cocineras, curanderas, negociadoras, etc.
—Tania, ven— llamó Ephiny a la pequeña guerrera que se abrió paso entre sus compañeras.
—Regente— saludo la joven Tania, llevándose el puño al pecho.
— ¿Crees que puedes hacer el viaje de regreso y guiarnos? — Preguntó Ephiny a la cansada chica, aunque sabía que no se negaría, era muy conciente quien era su madre.
—Sí, comandante— fue la inmediata contestación. Ephiny es la comandante de las amazonas y se convierte en regente en ausencia de su reina. La experimentada guerrera sonrió con cariño a la joven guerrera.
Dando las últimas instrucciones la regente le cedió la palabra a la joven guerrera para indicarles la ruta más corta para llegar a Potedia y recalcándoles no acercarse a las cuevas. Después de esto salieron por la puerta de la aldea amazonas alrededor de ciento treinta guerreras a caballo con la adrenalina en ebullición, con la pequeña Tania a la cabeza.
***
Xena se levantó y les dijo a las chicas que descansaran un poco mientras iba en busca de los dos hombre para que las ayudaran a sacar a los chupa sangres que se encontraban en la posada. No tenía ni idea de cuantos eran ya que la posada tenía dos pisos. También les dijo que buscaran un eje de carreta con sus ruedas y la pusieran sobre una base firme, que utilizarían para ayudarse a la hora de tirar de los chupa sangres, ya tenían ampollas en las manos y no tenía intención de que se siguieran lastimando.
Gabrielle vio a Xena acercándose y se levanto aguantando a duras penas el salir corriendo y tirarse sobre el fuerte cuerpo de su amiga.
— ¿Cómo estás? — fue lo primero que preguntó la rubia bardo al momento de palpar a Xena para verificar su estado, lo que provocó una ceja enarcada humorísticamente de la oji azul.
—Estoy bien, gracias— contestó la alta guerrera —Vine a por vosotros para terminar con los que quedan— dijo mirando a los hombres.
—No cuentes conmigo— fue la rápida contestación de Limus.
—No te lo estoy pidiendo— dijo mirándolo a los ojos una exasperada guerrera al tiempo que levantaba al repugnante hombre por el cuello de la camisa. Luego le dio un “delicado” empujoncito cuando lo soltaba, ocasionando que el cobarde cayera de culo al suelo.
—Yo voy gustoso— dijo Tilus.
—Quiero ayudar— fue el deseo expresado por la rubia bardo.
—Lo sé— fue la sincera contestación por parte de la pelinegra guerrera —Ven— dijo tomando de la mano a su bardo, alejándola un poco de los hombres —No te voy a mentir, te necesitamos, pero no se me atrevo a dejar las niñas sin vigilancia, prefiero que seas tú la que las cuide— dijo esto mirándola a los ojos.
—Odio cuando tienes razón— dijo la bardo no muy contenta —Además no hemos limpiado el sitio y no quiero que Sonia vea su hogar así— dijo esto último mirando tiernamente a la niña dormida, desde que llegaron hace una dos marcas cayo en un sueño profundo ya que no se había despertado por nada, en cambio Sofía se había despertado y vuelto a dormir después de ser cambiada y alimentada por su guardiana.
—Emmm.....encontramos a su madre— comunico en casi un susurro la alta guerrera.
—Me imaginé— dijo la bardo mirándola y vio en esos ojos azules una pizca de desconcierto y aclaró— sentí cierta ummm.....aprensión y luego te vi sacar un cuerpo envuelto.
—Estamos a media mañana— dijo mirando la posición del sol —trataremos de sacarle información a uno de esos chupa sangre de cuantos son y hacia donde se dirigen— dijo mirando hacia el pueblo y viendo como las chicas ya estaban colocando el eje con las ruedas de carreta fuera, en la calle frente a la puerta.
— ¿Cómo piensas hacer eso?
—Les preguntaré y luego veremos— dijo la hermosa guerrera guiñándole un ojo.
— ¿Cuídate mucho?
—Te lo prometo— dijo la guerra, regalándole una sonrisa que borró automáticamente al mirar a los hombres sobre Gabrielle. —Vamos— ordenó y los hombres comenzaron a caminar hacia donde estaban las amazonas.
Gabrielle agarro por la muñeca a su guerrera y esta se giro al sentir el suave toque sobre su piel y miró a los verdes ojos que la miraban a sus azules y se acercaron hasta que sus cuerpos se tocaron y ambas sintieron un intenso cosquilleo por todo su cuerpo, ambas se sonrojaron y ambas tocaron la mejilla de la otra en una tierna caricia.
Xena fue la primera en reaccionar y carraspear rompiendo el momento antes de cometer una locura, mirando de reojo hacia donde estaban los demás, los hombres estaban de espaldas ya que caminaban hacia el pueblo y las amazonas estaban ocupadas terminando con su tarea.
—Será mejor que me vaya— dijo la acalorada guerrera pero sin moverse ni un milímetro de donde estaba —Cuídate, ¿quieres? — a lo que sólo recibió como respuesta un asentimiento y se giro e inicio el camino de vuelta con largas zancadas, aclárate Xena, que lo que viene no es un juego, le regaño el último vestigio de raciocinio que no estaba por las nubes en esos momentos, lo que la hizo borrar la enorme sonrisa de boba que tenía en el rostro y que Eponin alcanzó aver.
Cuarto capítulo
Bueno, bueno, bueno, eso es nuevo Eponin — se dijo mentalmente la dura guerrera amazona, al bajar la mirada y disimular rápidamente después de observar el rostro de Xena —o esa fue la sonrisa más estúpida que le he visto a Xena o me estoy imaginando cosas. — se le frunció el ceño al pensar en esto último —Pero como no he tomado ni una sola gota de vino desde que salí de la aldea, creo que esa sonrisa casi confirma las habladurías. — pensó al instante la valiente jefa y casi soltó una carcajada, pero como quería vivir para confirmar sus “sospechas” no hizo amago de la más mínima sonrisa.
Los dos hombres llegaron a su destino por delante de Xena y se detuvieron a ver en que ayudaban, bueno por lo menos Tilus. Limus estaba tan absorto mirando lascivamente a Hilias que no se dio cuenta hasta que sintió la presión de tres puntas en su cuello y no se atrevió ni a respirar, levantó la mirada y se encontró con cuatro pares de fríos ojos de las guerreras amazonas.
—Chicas, chicas— llamó Xena, sin saber a que venía esto —tranquilas, se que es desquiciante pero lamentablemente estamos escasas de ayuda, por lo que tenemos.....que aceptar.....lo que sea— la alta guerrera dijo esto último en tono asqueado, luego miró al pobre chico que estaba petrificado y le palmeo la mejilla, lo que hizo que saltara del susto, provocando una sonrisa traviesa en el rostro de la alta guerrera.
Bajando la ballesta, la jefa de las jóvenes guerreras amazonas con un movimiento de cabeza fue suficiente para que Jalas y Rita retiraran sus cuchillos para entonces enfocarse en terminar con la base y el eje con ruedas de carreta.
Mientras se ponían a ello con la ayuda Tilus, Eponin pensaba que harían después de terminar con los chupa sangres de la posada, el tiempo era vital para las decisiones que tomaran. Mientras el desquiciante hombre recuperaba el control de sus movimientos y tomaba un color más “sano”.
—Eponin,....Eponin— era la cuarta llamada de Jalas a su jefa.
— ¡Umm!— dijo la sobresaltada jefa amazona.
—Decía que ya puedes soltar la base— comunicó la joven guerrera, refiriéndose a la base que rápidamente instalaron para colocar el eje de una carreta con sus llantas.
—Bien.....amarren las sogas que utilizaremos y coloquen flechas, ese último estuvo a punto de sacarse las flechas— decía Eponin en el momento que posaba la mirada en Xena que a su vez se apoyaba descuidadamente con una mano sobre el mazo que utilizó para apuntalar la base por un lado, mientras se secaba el rostro cubierto de sudor, yEponin tuvo que hacer un gran esfuerzo para no romper en carcajadas al verla a la cara y recordar su enamorada sonrisa.
—¡Jefa!...mire— un grito de alegría vino de Mauren que salía corriendo de la herrería, después de registrarla en busca de cualquier cosa que pudieran utilizar,con una flecha de triple punta alzada en una mano y una aljaba llena en la otra, hacia sus compañeras.
— ¡Perfecto!— exclamó Xena al reconocerlas.
—Excelente Mauren, excelente, es lo que necesitabamos— dijo una muy emocionada Eponin, al tomar una y examinarla.
Las flechas de triple punta eran muy raras y se usaban más que nada paraterminar en el acto con el adversario. Cosa que llamó la atención de la alta guerrera.
—Limus.
— ¿Qué?— fue la llana y malhumorada contestación.
— ¿Sabes si hay algún ejercito cerca?.
—Ummmm— en pose pensativa que no le iba nada, Limus hurgaba en sus recuerdos.
Las chicas y Tilus lo miraban expectantes, mientras éste se caminaba de un lado a otro con un ojo cerrado y el otro mirando al cielo, mientras que con una de sus manos se rascaba la barba rala de unos tres días.
—Liiiiimuusss— volvió a llamar Xena en tono que rayaba la ira.
— ¡Oh sí! ahora que lo recuerdo— contestó el hombre —el otro día vinieron unos saqueadores y se llevaron algunas cosas y le dijeron al herrero que vendrían en......no recuerdo cuanto a buscar unas flechas o algo así. — terminó de decir con una sonrisa podrida.
—Dioses.... y yo pensaba que ese olor apestoso era de la sangre de esos chupa sangre— comento Rita tapándose la nariz y volviendo la cara antes de comenzar a vomitar nuevamente, pero esta vez por la desagradable visión de una boca poco higienizada y por lo tanto con dientes podridos.
—Lo que faltaba— dijo Eponin.
—Bien— fue lo que dijo Xena al quedarse pensativa.
—¡¡¡¡ ¿BIEN?!!! — fue lo que dijeron todos perplejos al unísono.
—Eponin, hay que traer a Gabrielle, a las niñas y a los caballos— fue lo primero que dijo Xena —No están seguras alejadas de nosotras y tampoco tan cerca, pero por lo menos esos no pueden salir al día. — dijo señalando con un movimiento de cabeza, hacia la posada.
—Hilias, búscalos— ordenó la jefa amazona.
—Tilus y Limus, vosotros derribareis las ventanas y puertas con eso— ordenó Xena, mientras señalaba el tronco —hacedlo lo más rápido que podais y luego corred hasta esa base y cuando os avisemos comenzad a enrollar la soga rápidamente, hasta sacar al chupa sangre— indicó claramente, mirando fríamente a Limus por si tenía alguna objeción, cosa que si la tuvo no la expresó.
—Rita ¿cómo estás?— preguntó Eponin.
—Estoy bien, gracias— contesto, mientras su jefa le dirigía una mirada escrutadora.
—Jefa, en el taller del herrero vi guantes de cuero, podríamos utilizarlos— dijo Mauren mirándose cohibida las manos —tengo.......ampollas por la soga. — termino de hablar sin atreverse a levantar los ojos, avergonzada.
—Mauren, no es malo, tranquila, lo malo seria no tener guantes— animo Eponin a la joven guerrera. —Ve a buscarlos y trae todos los que encuentres. — a lo que la chica salió corriendo en busca de lo mencionado con una sonrisa en la cara.
Gabrielle entró callada al entrar en el pueblo, después de que Hilias apareciera y le explicara la situación, pudo ver de cerca algunos de los restos de los muertos, mientras ocultaba la mirada de la niña con una manta. Donde estaban en ese momento no había ninguno a la vista y la dejo mirar, mientras Hilias tenía en brazos a Sonia.
—Gabrielle, ¿estás bien?— pregunto suavemente Xena, mientras ponía una mano sobre su hombro izquierdo y la miraba a los ojos.
—Si, si estoy bien— respondió mirando a esos ojos azules tan seguros, lo que ayudó a recomponerse y tirar a una esquina la impresión que le causaron los cuerpos que vio y de eso se dio cuenta la guerrera en la mirada de la bardo por lo que supo que así era.
—Mantén a las niñas alejadas del campo de acción— pidió Xena, indicándole donde ubicarse, una carreta a un lado de la calle —quiero que mires atentamente, todo parece indicar que el sol es su destrucción— explico a una atenta bardo —si es así necesitaremos que te turnes con alguna para descansar, sospecho que hay más de tres allí dentro.
—Entiendo.
—De acuerdo, Mauren, Hilias, Rita y yo con las lanzas— ordenó Eponin.
—Bien, Jalas y yo con las ballestas, que serán más efectivas— explicó Xena —Eponin, nos falta un vigía, como lo estamos teniendo hoy no me sorprendería que ese ejercito de rastreo apareciera en el momento menos indicado— comentó la guerrera cuyos ojos eran color cielo, algo contrariada —Pondré los caballos alrededor del pueblo, confiemos en que nos den la alarma— agarrando las riendas de los caballos, la alta guerrera, tiro de ellos para colocarlos estratégicamente alrededor del pueblo.
—Eponin— llamó la reina amazona, mientras veía irse con los caballos a su guerrera.
—Si mi reina— contestó el llamado la jefa amazona, que en ese momento le indicaba a los dos hombres como debían colocarse con el ariete.
—Las demás chicas tardarán por lo menos cinco días antes de llegar — expuso la rubia reina, girándose para encarar a la jefa amazona.
—Tania es la más rápida de su clase y posiblemente de todas las amazonas— haciendo una pausa Eponin miró a los cielos, viendo sobrevolar aves de rapiña, luego devolvió su mirada a Gabrielle. —sabe que su misión es de vida o muerte y no dudo en que Ephiny encontrará la forma de llegar lo antes posible.
—Yo tampoco lo dudo— fue la firme respuesta de la rubia bardo —pero mientras tanto tendremos que aguantar, por lo menos dos noches —dijo la bardo mirando hacia la dirección en que se encontraba Potedia y su familia.
—Lo sabemos, tranquila, por ahora tenemos que ocuparnos de estos chupa sangres y ver si le podemos sacar información— dijo Eponin, mientras la miraba a los ojos —antes de dar el siguiente paso, me dijo Xena— una sonrisa divertida fue intercambiada entre ellas.
— ¿Cómo estáis vosotras?— fue la pregunta de la bardo, al recordar lo visto desde una posición algo alejada, de lo ocurrido con los chupa sangres.
—Bi..... — la respuesta de Eponin fue cortada, por la mirada fruncida de su reina —bueno.....lo normal— fue la mejor respuesta que se le ocurrió a la guerrera amazona.
—Vi salir volando por la ventana a Hilias— dijo la reina amazona, enarcando una rubia ceja, ahora mirando a la mencionada, en espera de una respuesta.
Hilias se quedo en blanco por un momento al notar que su jefa dudo al decir la verdad, mientras veía a Xena regresar y recostarse relajadamente contra un postepara disfrutar del espectáculo. La alta Ex-Señora de la Guerra quería ver, por una vez, a otras guerreras ser interrogadas por Gabrielle, después de una batalla, aunque esto sólo había sido una escaramuza le valía igual.
—Yo, yo, yo...— Hilias cerró la boca y tomó aire para comenzar de nuevo —yo...Rita fue lanzada contra una pared— dijo de carrerilla señalando a su compañera.
—Ahh....ummm....Mauren tiene ampollas en las manos— Rita pensó más rápido que Hilias y utilizó su misma maniobra, ganando tiempo para pensar una respuesta adecuada para su reina.
—Ehh.....ehhh— Mauren fue sorprendida, miró hacia Jalas, luego a Eponin y por último a Xena, para darse cuenta que estaba acorralada al recordar que estas habían salido ilesas hasta el momento —Ya me vendé y.....además ahora tenemos guantes que.....que encontré donde el herrero— explicó alzando las manos lastimadas y mostrándolas a su reina, sonriéndole con alivio, cuando Gabrielle asintió aprobándolo.
—Fue una caída limpia y....ummm....ni lo noté— fue la contestación de Hilias, al optar por la verdad y rogando a los dioses por que no fuera una mala elección, cuando nuevamente la miró la reina.
—El.....el golpe me...me desoriento un poco, pero....me recuperé....bien— contestó Rita cuando tuvo esa mirada verde azulada sobre ella nuevamente —de verás mi reina, puedes preguntarle a Xena, ella me examinó— insistió cuando vio duda en la mirada de su reina.
—Es cierto Gabrielle.— aseguró Xena a su hermosa bardo, al tener que intervenir en el interrogatorio —Además en cierto modo lo que dijo Eponin también es verdad, ellas son guerreras, por lo tanto están preparadas para tolerar golpes es parte de esta forma de vida.— recordó la veterana guerrera a su amiga.
—Sólo quería asegurarme— aseguró la bardo dirigiéndole una tierna sonrisa a las chicas y luego mirando a su guerrera con cariño tan claro que no paso desapercibido para las amazonas, ya que los hombres estaban practicando con el ariete y no se habían dado cuenta de la conversación, pero no fue así para Sofía, que miraba con ojos muy abiertos y había sonreído, cuando miró a Xena, la guerrera hizo un guiño y le sonrío.
—Ahora, lo primero es lo primero, hora de comenzar esta fiesta— dijo la alta guerrera, girándose hacia la posada.
***
El alguacil de Potedia miraba hacia el cielo, en dirección a Bastia, las aves de rapiña eran cada vez más, se debatía en que hacer, entonces se giró y miró hacia el centro del pueblo, donde las personas estaban preparándose para salir, cargando toda la casa encima, suspirando se dirigió hacia allí, para buscar voluntarios para su plan.
—Necesito a voluntarios para ir a Bastia a ver que está sucediendo— habló en voz alta llamando la atención de los presentes en ese momento que ya estaban preparados para salir del pueblo en cuanto dieran las indicaciones.
—Pero Tilus y las amazonas ya están en eso— dijo una mujer.
—Lo sé, pero esas aves de rapiña, confirman lo dicho por el chico— explicó el alguacil, señalando hacía la aves.
—Las amazonas dijeron que esperáramos— recordó un hombre.
—No hacemos ningún daño si vamos algunos a ver que sucede— volvió a explicar el alguacil.
—El alguacil tiene razón— se escucho la voz de otro hombre —yo iré— se ofreció finalmente.
—Tenemos tiempo de ir y venir, yo voy—otro hombre que estaba callado escuchando, se decidió.
—Yo iré con vosotros— se escuchó la voz de otro aldeano joven.
—Entonces, si es medio día y no hemos regresado id hacia Cortia— fue la orden — nosotros os alcanzaremos en el camino, debéis aligerar las cargas para avanzar más rápido.
El alguacil designo a un aldeano para que dirigiera a los demás si no regresaba a tiempo antes de la partida a medio día. Subieron a sus caballos y emprendieron el camino a Bastia a todo galope.
Mientras tanto en la casa de los padres de Gabrielle, Herodoto cerraba todo para salir hacia el centro del pueblo a esperar la dirección hacia donde dirigirse en su huída, era un hombre estrecho de miras pero no estúpido, sabía que las amazonas eran un pueblo de honor y habían dado su palabra de traerles noticias y darles protección. Eso último no lo entendía pero este no era momento para rechazar su ayuda, aunque no estuviera de acuerdo con su estilo de vida y su a su forma de ver eran los hombres los que deberían proteger a sus mujeres, no al revés.
—Todo listo, vamos— fueron las palabras de Herodoto al subir a la carreta, donde ya se encontraban Lila y Hecuba esperándolo.
—Padre, Dactes, quedó encargado mientras que viene el alguacil que fue con otros tres hacia Bastia, para cerciorarse de que Tilus y las amazonas estén bien — informó Lila.
— ¿Cómo lo sabes?— fue la pregunta de Herodoto antes de poner en marcha la carreta, inclinando su cabeza a su derecha para mirar a su mujer e hija.
—Él pasó para que todos nos diéramos prisa, mientras estabas cerrando— contestó Hecuba.
—Entonces vayamos a enterarnos que otros cambios hubo— dijo Herodoto.
Cuando llegaron al centro del pueblo, los que ya estaban allí comentaban sobre lo acontecido hasta el momento, algunos ayudaban al herrero a cargar algunas armas en las carretas como medida de precaución y tener con que defenderse si era necesario.
***
Todas estaban en sus posiciones, y los dos hombres algo temerosos sostenían en ariete en los hombros, esperando la orden para arremeter contra la puerta, mientras Gabrielle abrazaba a Sofía y mantenía a la bebe dormida y cambiada, en su cargador.
—Ahora— Xena dió la orden para derribar la puerta.
Los hombres tomaron aire y emprendieron la carrera contra la puerta, pero Limus soltó el ariete en cuanto éste toco la puerta, derribándola, lo que hizo que a Tilus casi se le dislocara un brazo por el esfuerzo de sostener el ariete antes de que saliera disparado para dentro de la posada junto con él, por suerte el rubio chico era de constitución fuerte y logró su objetivo sin lesionarse, pero si con gran esfuerzo.
Desde dentro se escuchó un grito no humano, pero Xena y Jalas no pudieron ver nada claro, sólo una sombra alejarse de la luz del día al caer la puerta y como no querían disparar hasta estar seguras de tener el objetivo a la vista no lo hicieron.
Xena señalo las dos ventanas de la izquierda y los hombres la emprendieron contra la primera, escuchándose otro grito al parecer de una bacante, pero tampoco pudieron verla claramente para dispararle. Entonces fueron a la siguiente ventana derribándola, pero en esta ocasión no escucharon ni vieron nada.
Fueron por las otras dos ventanas del lado derecho, derribando ambas, pero sin novedad, entonces se dirigieron a uno de los lados en la cual tenían espacio suficiente para maniobrar, no así con el otro lado en el que había un callejón no muy ancho.
En esta ocasión Xena y Jalas estaban con una rodilla en suelo y las ballestas listas dirigidas hacia el lado derecho por donde iban a derribar la ventana, Mauren y Rita estaban tras ellas como su apoyo, mientras Eponin e Hilias cubrían a los hombres. Tiraron la ventana al dar la orden Xena, escuchando un grito nuevamente y vieron fugazmente a un bacante pero se movió hacia el rincón que quedaría iluminado cuando se derribara la siguiente ventana.
—¿Viste eso?— preguntó Jalas a Xena.
—Sip, son veloces— contestó la guerrera —prepárate, apunta a la esquina izquierda y dispara si esta allí, yo vigilare la otra esquina, chicas listas no la dejemos salir de allí— ordenó la alta guerrera. —AHORA— gritó Xena.
Al derribar la ventana, la luz del sol iluminó lo que faltaba de ese lado de la posada, revelando la ubicación de la bacante e inmediatamente las flechas volaron hacia el rincón que le quedaba para guarecerse precariamente, dando en el blanco y provocando que los gritos se hicieran más altos por parte de la bacante.
—MALDITAS, DEJENME— gritaba con voz gutural y profunda la bacante.
—LA TENEMOS— grito Xena al darse cuenta que tenían a la bacante.
Los hombres corrieron según lo planeado, mientras Eponin e Hilias permanecieron en sus puestos por si tenían oportunidad de clavar sus lanzas cuando pasara frente a la ventana.
Xena y Jalas tiraban de las cuerdas para obligar a la bacante a salir, ayudadas por Mauren y Rita, mientras los hombres enrrollaban las cuerdas con el eje de la carreta, cuando estos colaboraron con su parte ya salía humo de las partes del cuerpo de la bacante que era tocado por la luz del sol.
—NOOOO— gritaba la bacante.
—DINOS ¿CUANTOS SOIS?— grito su pregunta Xena.
—MUCHOSSS— contestó la bacante en medio de la agonía de sus gritos.
— ¿DONDE ESTÁN?
—NO LO SÉ.
Mientras se sostenía este interrogatorio, no dejaban de tirar de las sogas y la bacante estaba siendo sacada de su refugio, al pasar frente a la ventana una llama se encendió en el brazo izquierdo cuando se cubrió el rostro con el.
—Todavía no, esperemos que pase y entonces entramos por la ventana— dijo en un susurro Eponin a Hilias —atacaremos por detrás, mantente alejada de la oscuridad y mantente pendiente, si aparece otro, salta por la primera ventana que tengas cerca— ordenó la amazona de mayor rango.
Mientras tanto Gabrielle abrazaba a Sofía sin perder detalle de lo que pasaba, tenía una posición privilegiada, mientras Sofía le hacia preguntas que ella contestaba.
— ¿DONDE ESTÁN?— volvió a preguntar Xena.
—EN LAS CUEVAS, AHHH— contestó la bacante, mientras era arrastrada hacia la ventana lentamente.
— ¿DONDE ATACARAN ESTA NOCHE?— pregunto Xena, mientras Eponin entraba primero por la ventana y revisaba el perímetro antes de dar la señal a Hilias para que ingresara a la posada.
—POTEDIA, NOOOOO— gritaba la bacante cuando pasó por la otra ventana y se incendiaba más ya que la luz que entraba por las ventanas de enfrente le daba de lleno, entonces trató de correr hacia la derecha e ir hacia la cocina o subir por la escalera hacia la oscuridad pero fue sorprendida por detrás y fue impulsada hacia delante quedando a unos pasos de la puerta.
—LES DI LAS RESPUESTAS.....AHHHH.....DEJENNNMEEEE— gritaba entre gemidos a la vez que se iba encendiendo más.
—Yo no prometí nada y menos a los de tu clase— le dijo Xena entre dientes haciendo un esfuerzo con los demás por terminar de sacar a la bacante a la luz del sol.
Con el siguiente tirón lograron que saliera del todo, por lo que se incendió por completo entre gritos. Eponin e Hilias salieron de la posada con el siguiente empujóny corrieron hacia los lados para protegerse de la explosión, que no ocurrió como con el anterior chupa sangre, la bacante cayó boca abajo y continúo incendiándose con algunas pequeñas explosiones, hasta quedar en cenizas, mientras todos miraban sorprendidos lo que le pasaba.
—Muy bien, muy bien— dijo Xena, mientras sacudía sus manos para sacarse los guantes, en eso escucharon gritos dando la voz de alarma de la llegada de intrusos.
Todos corrieron a esconderse para atacar en el momento preciso, Xena corrió hacia Gabrielle y las niñas al igual que Tilus, cosa que no agradó en nada a la guerrera pero no dijo nada. La alta y fuerte guerrera tomó a Sofía en brazos mientras Gabrielle bajaba de un salto de la carreta y luego tomaba a Sonia en brazos, sintiendo una mano coger su codo derecho y tirar de ella hacia ese lado, pero Xena la agarró por el brazo contrarió y le indicó un callejón entre la tienda de víveres y el consultorio del curandero del pueblo.
—Tilus, ven— Gabrielle llamó en un susurro al fuerte chico.
Xena bajó a Sofía poniéndola tras de si y sacando su espada cuando la bardo y el galán rubio estuvieron tras ella, aunque en su rostro se dibujo una sonrisa chulesca de lado al notar que su bardo no dudo en ningún momento en seguirla a ella. Luego esperó a que aparecieran los intrusos, notando que las chicas estaban bien preparadas al no necesitar instrucciones habladas para ubicarse estratégicamente para tenerlos flanqueados cuando entraran en el pueblo.
—Tilus— llamaron los hombres cuando entraron al pueblo, éste iba a salir de su escondite pero la mano de Gabrielle lo detuvo y le tapo la boca para que no contestara, el chico la miro con desconcierto, pero se quedo donde estaba.
Al llegar al centro de donde estaban las chicas detuvieron del todo la carrera de sus caballos y miraron a su alrededor para ver a las amazonas salir de todas partes y luego a Xena, seguida de Tilus y luego de Gabrielle con las niñas.
—Hola— saludó el alguacil a Xena y Gabrielle, al ver a la alta guerrera allí sintió un alivio profundo.
—Hola, alguacil— contestaron ambas mujeres.
Informaron rápidamente a los recién llegados sobre lo que acababan de enterarse y decidieron enviar a uno de los hombres que recién había llegado de Potedia, en un caballo de las amazonas, los cuales estaban acostumbrados a ser exigidos y por lo tanto eran más rápidos que los demás. El jinete tenía instrucciones específicas, una de ellas era de que trajera a sus habitantes hacia la aldea en la que estaban, por ser el lugar más cercano donde guarecerse y por ser una aldea ya atacada, eso los haría ganar tiempo para enfrentar a los chupa sangre esa noche.
***
—Regente, hay una forma de llegar en menos tiempo— dijo Tania mientras hacían un alto para refrescar a los caballos, después de estar en el camino por dos marcas de vela a todo galope.
—En eso estaba pensando— comentó pensativamente Ephiny, mientras consultaba los mapas que llevaba — ¿te refieres a ir por el río?— inquirió la a chica.
—Si regente— contesto Tania.
—Eso nos haría perder un par de marcas entre llegar y preparar canoas, pero.....aún así ganaríamos tiempo— expresó su opinión Raika, observando en el mapa que la distancia que tendrían que recorrer a caballo era algo más corta pero sabía que el camino del río también era en bajada y la fuerza de este sería un factor importantísimo.
—El río que baja es caudaloso,....haremos balsas de capacidad para cinco o seis de nosotras,.... para que sea más rápida— explicó Ephiny, pausadamente, mientras pensaba.
—Dejaré a diez unidades en tierra para que bajen con los caballos y nos encontremos en Potedia— apoyó Raika, tenientes de los dos escuadrones de jinetes que participaban en esta misión.
—Calculo que la distancia más cercana del río a Potedia lo haríamos en una hora si corremos a prisa, mas que todo es terreno plano— señalo Tarais en el mapa que tenía en la mano.
—Angik, tendremos que dividirnos en seis grupos, para que una rastreadora y una teniente esté en cada grupo, calculo que entraremos a Potedia de noche— ordenó Ephiny — los primeros cuatro grupos que salgan del río partirán con rastreadora y teniente — poniendo un rodilla en tierra y con una de sus dagas dibujaba el esquema en que quería que se ubicaran los grupos alrededor del pueblo, mientras que hablaba— así hasta que cada grupo rodee el pueblo, actuaremos según se presente la situación—terminó así las instrucciones, levantándose.
—A los caballos— ordenaron las tenientes y dirigieron sus monturas, entonces, en dirección al río.
A la cabeza iban Ephiny con sus oficiales rogando a su diosa Artemisa que pudieran llegar a tiempo para proteger al pueblo de Gabrielle y ser capaces de destruir la amenaza con la menor cantidad de bajas.
Sabían que todavía les faltaba encontrar la forma de destruir al enemigo, nunca se habían enfrentado a este enemigo, lo único que sabían era lo que habían escuchado en los pueblos a los que frecuentaban para comerciar y generalmente eran de bardos en posadas. Ellas sabían que los bardos adornaban sus narraciones con fantasías para cautivar a los oyentes y más que nada eran producto de su imaginación, por lo que no podían fiarse de lo que habían escuchado. No se comparaban a su reina para nada, aunque a veces sus narraciones sonaran fantasiosas, no dudaban que eran ciertas y por su puesto para ellas su joven reina era la mejor bardo que ha existido.
***
—Vigilad la escalera y la puerta del almacén— ordenó Xena.
Ella y Eponin sostenían las ballestas, mientas Jalas ahora estaba con Hilias apoyaban a las primeras con lanzas, fuera dos de los hombres recién llegados esperaban la señal para derribar las ventanas y la puerta de la cocina, mientras Rita y Gabrielle, que ahora participaba para dar descanso a las manos de Mauren, entrarían por la ventana. Mauren se quedaba con las niñas, mientras el alguacil y otro de los hombres voluntarios estaban armados con lanzas dentro de la posada con las demás amazonas.
Toda la parte frontal de la posada estaba iluminada a excepción de la cocina y el almacén de víveres que se encontraban en la parte posterior de ella, la escalera que subía a las habitaciones estaba iluminada hasta cierta parte.
Xena y Eponin estaban con una rodilla en el suelo al inicio del pequeño corredor en el que había dos puertas, a la derecha la de la cocina y a la izquierda la del almacén, la escalera estaba también a la izquierda, al inicio del corredor.La estrategia era sacar primero al chupa sangre que se encontraba en la cocina, si es que había uno cuando saliera huyendo de allí y luego ir por el que estuviera al otro lado puerta izquierda.
— ¡AHORA!— fue la orden dada por Eponin para que empezaran a derribar puerta y ventanas de la cocina.
Los gruñidos se escucharon cuando se derribaron la ventana izquierda luego la puerta y antes de que derribaran la ventana derecha que iluminaría lo que quedaba en oscuridad de esa habitación, se abrió repentinamente la puerta y una imagen borrosa salió por ella con dirección a donde se encontraban las amazonas y los hombres esperando.
Las guerreras apenas tuvieron oportunidad de disparar sus ballestas ya que le asestaron cuando la bacante estuvo a un paso de llegar a ellas, el impacto de las flechas y la lanza de Hilias tiró a la bacante hacia atrás.
— ¡TIRADDD!— fue el grito generalizado, para que los que Tilus y Limus empezaran con su parte.
La bacante resoplaba como un animal al resistirse a ser sacada del corredor y agarró una de las cuerdas que estaba unida a la flecha que tenía enterrada en su abdomen y de la que salían grandes cantidades de sangre. Tiró de ella y Eponin salió volando hacia el corredor pasando por encima de la bacante y cayendo ágilmente tras la presa desesperada.
La ágil amazona apenas pudo ponerse de pie cuando la bacante se giró y cayó sobre ella llevándola contra la puerta de la cocina, de paso bloqueando para que entraran Rita y Gabrielle que estaban por hacerlo en ese momento, pero Eponin no por nada era la jefa de las amazonas y su fiereza en combate no era cuento, logró milagrosamente agarrar las muñecas de la fiera antes que sus garras la destrozaran mientras estaba contra el suelo y mantenerlas trabajosamente alejada de ella.
Xena soltó la soga en al instante de ver a la bacante girarse y lanzarse sobre Eponin para entonces ella también ir con un fuerte salto sobre la presa que ahora se había convertido en cazadora, la lanza que le había incrustado en el pecho izquierdo Hilias momentos antes, le sobresalía casi la mitad al haberse atravesado ella misma al lanzarse sobre Eponin, esa herida estaba actuando a favor de su presa ya que le restaba fuerza en ese brazo a su ahora atacante.
La alta guerrera cayó sobre la espalda de la bacante pasando un brazo por el cuello de ésta, mientras con el otro sostenía la frente con su antebrazo, tirando con fuerza para atrás tratando de alejar las fauces de Eponin.
Mientras esto sucedía Hilias al quedarse sin lanza comenzó a tirar de una de las sogas mientras los de afuera hacían lo mismo sin mucho éxito, Mauren al ver que los dos hombres no podían girar las ruedas llamó a los otros dos que habían derribado las ventanas para que los ayudaran. En tanto Jalas temía utilizar la lanza contra la bacante por temor de herir a sus compañeras, debido a la poca visibilidad que tenía decidió actuar con prudencia y tener un blanco seguro. Rita y Gabrielle golpeaban la puerta con la mesa para tratar de abrirla.
—XENA, ¿QUÉ PASA?— gritaba Gabrielle al escuchar la lucha al otro la de la puerta, mientras ella y Rita la empujaban sin obtener éxito.
—Gaaabbrrieeelle, no....emmpuuujeeiss—Eponin dijo entre dientes por el esfuerzo que estaba haciendo para que las garras no la tocaran y los golpes de la puerta, que los estaba recibiendo ella en uno de sus brazos, dificultándole más su propósito.
— ¡CLAVAD LAS PIERNAS Y TIRAD!— grito Xena mientras hacía un enorme esfuerzo con sus brazos y piernas tirando de la bacante hacía atrás, que si hubiera sido una persona normal le destrozado el cuello.
Hilias le quito la lanza de las manos a uno de los hombres que vigilaban las escaleras y la clavó en la pierna de la bacante que luchaba ahora por ponerse de pie, mientras queJalas clavó su lanza en los gemelos de la bacante que gemía y bufaba como una bestia herida. Después detenerla clavada comenzaron ellas también a tirar con fuerza y entonces el peso de la bacante quedo en su totalidad sobre Eponin, por lo que también estaba siendo arrastrada con el chupa sangre y Xena.
La Ex Señora de la Guerra sabía que no podía soltar a la bacante hasta que la guerrera amazona se librara de ella y la cosa se estaba poniendo fea porque estaban logrando salir del pasillo, de allí a la sala en donde el sol comenzaría a hacer su labor con el chupa sangre y eso no le convenía a ella ni a la amazona debajo.
El hombre que quedó desarmado había corrido fuera en busca de otra lanza y regresó rápidamente a cubrir su puesto nuevamente, con los gritos espeluznantes que emitía la bacante se escucharon pasos en la parte de arriba la posada y los dos hombres se pusieron aún más nerviosos cuando pudieron ver al menos a dos chupas sangres ¿hombres? que hicieron el intento de bajar las escaleras, pero el sol se lo impidió.
Rita y Gabrielle al fin entraron en el pasillo y se sorprendieron al ver el rostro de la bacante, que en ese momento estaba fuera de control, pero se recuperaron al percatarse de la situación por la que atravesaban sus amigas, por lo que la joven guerrera decidió jugársela y sacó su espada y en un movimiento rápido y certero cercenó el brazo izquierdo de la bacante a la altura del codo del cual salió un chorro de sangre negruzca y mal oliente ocasionando alaridos por parte de la bacante y empapando más que todo a su jefa, que fue entonces agarrada de su camisa para ser tirada de ella por la reina amazona y luego por su joven pupila, con el fin de sacarla de debajo de la cazadora, que había vuelto a ser presa, lográndolo con éxito.
Xena en un veloz movimiento se quito de encima de la bacante que para entonces comenzaba a hacerse fogata pero luchando todavía al clavar la garra que le quedaba en el suelo de madera por lo que Rita se la cortó, entonces la bacante salió disparada para fuera por la puerta abierta sin necesidad de que las chicas siguieran tirando de ella.
Todos miraban como la bacante terminaba de incendiarse completamente una vez había salido por la puerta. Eponin caminaba hacía la claridad de la luz del sol cuando de repente sintió que comenzaba a calentarse y se miró para ver como salía humo de sus ropa de cuero a la vez que soltaba una maldición al ver que todavía sostenía el brazo de la bacante que comenzaba a incendiarse y la arrojo por la ventana para que se destruyera fuera y ella se metía nuevamente al corredor, mientras observaba que el camino de sangre mal oliente estaba encendido también y apagándose poco a poco.
—Alguien que me traiga una camisa y agua para quitarme esta cosa repulsiva de encima. — dijo la guerrera amazona, a lo que Hilias salió en busca de la prenda y el agua.
—Buen trabajo chicos, me alegra que no hallais salido huyendo— felicitó Xena al sentarse sobre un taburete en la barra, mientras se desentumía los músculos de los brazos por el esfuerzo de hacia poco —Rita fíjate si hay vino y dales un trago, se lo merecen, al igual que nosotras— decía la guerrera mirando a Gabrielle comenzar a darle masajes en los brazos, luego levantando la mirada para ver la profundidad de esos ojos verdes que se iban acercando cada vez más y sin pensarlo ella también empezó a acercarse posando una mano sobre la cintura de rubia.
Rita había encontrado el vino pero se había percatado de lo que iba a pasar entre la campeona de la reina y ésta, no atreviéndose a mover ni un músculo, no por no querer interrumpir sino porque estaba viendo morir una ilusión suya. Hilias entró en tromba por la puerta cortando de cuajo la escena y provocando un salto por parte de Gabrielle, un bufido de frustración por parte de la alta guerrera y un suspiro de alivio por parte de Rita que salió de detrás de la barra para servirleuna copa la bardo, a la guerrera y a los hombres.
—Emm...ehhh...voy a llevarle esto a la jefa— Hilias parecía tan incomoda al darse cuenta de lo que había interrumpido que se estaba poniendo roja, que caminó hacia donde estaba Eponin lo más dignamente que pudo. Los hombres no se habían percatado de nada ya que daban la espalda a las chicas mientras vigilaban la escalera que estaba al lado de la barra.
—Recuerda que tenemos una conversación pendiente— susurró Xena a su bardo.
—La verdad es que....quiero saltarme esa conversación— susurró la bardo, lo que provocó que su sonrojo se hiciera más evidente. La guerrera se le quedo mirando y tomando una decisión se levantó cogiéndole la mano a la rubia.
—Danos un momentito— pidió Xena a Eponin al encontrarla en el corredor con Hilias, ya cambiada y aseada. Siguieron de largo, le sostuvo la puerta de la cocina para que Gabrielle pasara y luego entro ella, dejando a dos pares de ojos sorprendidos.
—Gab....— las palabras de la guerrera fueron acalladas por unos suaves dedos sobre sus labios, provocando que los ojos azules se ocultaran tras los párpados, cuando su dueña sintió un escalofrío por la espalda sólo con el simple contacto. Los mismos párpados aletearon sus negras pestañas cuando volvieron a mostrar esos alucinantes ojos azules tras un momento que fue el necesario para que Xena pudiera mantener a raya sus instintos.
La alta guerrera se vio en una situación que jamás había sentido con ninguna de las personas con las pudo haber estado involucrada sentimental o sexualmente, todo era más fuerte, más profundo, más necesario y eso, se dio cuenta que le asustaba enormemente pero....pero también sabia que no podía, no quería alejarse de los sentimientos que despertaba Gabrielle en ella por muy terroríficos que fueran para la temible Ex Señora de la Guerra, tanto los que ya había experimentado en menor medida como los nuevos, el sentimiento dulce, frágil, tierno, sincero todo eso la envolvía en una bruma que la hacia sentirse hechizada. Pero si todo esto lo estaba experimentando sin siquiera haberla besado, que sería de ella cuando le entregara su cuerpo, cuando hicieran el amor, porque eso era lo que ella haría con la bella bardo EL AMOR, tenía la ligera sospecha de que esa sería la estocada final para el renacimiento de su alma.
Para Gabrielle era fascinante observar las reacciones de su alta guerrea, ver esos hermosos ojos azules como ninguno que hubiera visto, podía sentir....si sentir, se dijo, una fuerza especial cuando pensaba, cuando hablaba, cuando la tocaba, cuando estaba a su alrededor y sobre todo cuando se miraban a los ojos, era como si sus corazones se hablaran por medio de ellos como....como ahora. Vio pasar un torbellino de emociones en ellos y supo que para Xena no poder controlar sus emociones era desquiciante como mínimo.
—Que te parece si nos concentramos en esos— propuso la hermosa bardo, señalando con sus labios hacia arriba haciendo referencia a los chupa sangre mientras acariciaba los fuertes brazos de la guerrera. —y dejamos esto pendiente para después, ¿te parece?— finalizó su tregua con una suave y bella sonrisa que se extendió en esos verde azulados ojos.
—Me parece un buen plan— contestó Xena, sonriendo a las palabras de su bardo, tirando de ella para abrazarla, olerla y sentirla entre sus brazos. Era increíble la paz que sentía cuando la tenía entre sus brazos así, sin sexo de por medio. —Es lo mejor para todas, si me dejo ir estaré en las nubes y eso arruinaría mi reputación. — concluyó la guerrera en broma y en serio, con la bardo aún en sus brazos.
:: ANTERIOR ::
:: ARRIBA :: :: SIGUIENTE ::
|