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:: CACERIA NOCTURNA ::
—Quiero que te cuides— fue la enérgica declaración de la rubia alejándose del abrazo y mirando a la guerrera a los ojos para que no tuviera duda de que lo decía muy en serio.
—Es una orden mi reina— contestó a la orden la alta guerrera mientras se ponía en posición de firme.
—Así me gusta guerrera— siguió la broma la joven reina —ahora sal ahí y termina con esas cosas rápidamente, tenemos asuntos pendientes, que no quiero seguir aplazando. — concluyó con una sonrisa traviesa en su rostro y sus ojos, mientras veía a la guerrera dirigirse a la puerta, abrirla y mantenerla para que ella pasara.
***
—UMMMMM, arrrggg— eran los eróticos sonidos que provenían de la garganta de Ursula, mientras disfrutaba de las caricias de Aleika,dentro de la cabaña para pastores que se encontraba abandonada cuando llegó allí la noche anterior y era el refugio prefecto por el momento.
Ursula tenía muchísimo tiempo de caminar por el mundo conocido durante la noche, su maestra la había instruido correctamente, le enseño a disfrutar de los placeres, a sobrevivir y sobre todo a respetar las reglas. Lo había hecho desde el momento que quedo por su cuenta, porque de eso se trataba de pasar desapercibidas, lo que implicaba que no podían permanecer en grupos pero sí relacionarse entre ellas ocasionalmente por un tiempo determinado, tenían el poder de dar vida eterna a la mujer que escogieran.
Enterarse la anoche anterior de que habían ¡HOMBRES! compartiendo su legado la desquiciaba era un insulto para su estirpe, por lo que optó por alimentarse ella, iniciar una nueva discípula, la cual se comportó magistralmente tanto que pasaron desapercibidas mientras observaban en las penumbras las acciones de este grupo de INDIGNOS iniciados por Ultar.
Sus divagaciones la estaban distrayendo de las atenciones de la cual esta siendo objeto por parte de Aleika, la ex mesera, ahora su más reciente amante, eso la puso de mucho más mal humor y bajó la mirada para apreciar como se afanaba en ella su pupila.
—Con maaás fuerzaaa— le ordenó mientras que le tiraba de los cabellos para colocar a Aleika a su altura y así fundirse en un hambriento beso, mientras que posaba la otra mano sobre su amante, que entraba y salía de ella, de forma de incrementar las acometidas contra ella misma, de esa forma llegó a su tan anhelado clímax que la deja sin resuello por un momento.
Después de recuperarse abre los ojos, baja la pierna del borde de la cama y gira su rostro hacia la izquierda para ver como era observada con una mirada de adoración, levanta su mano derecha y limpia algo de su propia esencia de la barbilla de su amante.
—Estas mejorando, tengo que admitirlo— dijo sin más la bacante maestra, acariciando con el dorso de su mano la mejilla de la otra bacante, luego mira a la pared y se pierde en sus pensamientos.
—Mi señora, ¿porqué no estamos con los que atacaron el pueblo?— pregunto Aleika, mientras se lamía, la evidencia del placer que acababa de darle a su señora, de sus dedos.
—Porque son INDIGNOS— contestó encrespada la hermosa bacante. —este legado de vida eterna sólo es para nosotras y alguna estúpida hermana cometió la aberración de hacerle ese regalo a un hombre— explicaba entre dientes Ursula.
—Pero....pero— las palabras de Aleika fueron cortadas.
—No hay pero que valga, ese ignorante parece no ser tan mayor — dijo pensativamente, ahora completamente acostada sobre la cama, ofreciéndose sin pudor a la vista de su amante, que difícilmente seguía el hilo de su diatriba. —no pudo sentirme allí, eso lo delata y es una ventaja para mí esta noche cuando lo busquemos en el próximo pueblo, en donde estarán según les dijo a los demás.
— ¿Porqué los buscaremos, mi señora?
—Para eliminarlos— dijo soltando una risa maquiavélica que se reflejó en sus ojos pardos e hizo sonreír a su compañera de cama —ven aquí, te voy a enseñar algunas cosas— tirando de un brazo de Aleika, sin ningún esfuerzo la puso sobre ella para cogerla de los pezones y llenarse las manos con el trasero de ésta.
***
—Llevo buen paso, tengo un pequeño ejército de quince brucolaques— dijo al mirar a Felicia que seguía desvestida en un rincón en espera de que Ultar volviera al ataque. —Es muy posible que esta noche duplique ese número para entonces......— con un nuevo brillo en los ojos, que no era debido a la lujuria, alzo los brazos y continuo hablando—entonces iré por la conquista de las amazonas y entonces allí instalaré mi imperio— concluyó con una mirada de locura en su rostro.
—Ummmm, agradezco, que me permitas estar a tu lado maestro— ronroneaba Felicia mientras se acariciaba el cuerpo y miraba lascivamente al brucolaque.
—Me parece que tu marido no te atendía como corresponde— sonrió Ultar al volverse y mirar a su discípula.
—Ese cretino no valía ni medio dinar, no sabia hacer nada bien.— dijo molesta Felicia al recordar al hombre que la sometía a gritos, insultos y golpes —No como tú maestro, no se compara en nada a ti— sonrió sensualmente y pasándose la punta de la lengua por los labios mientras miraba los atributos de su maestro.
— ¿Te parece?— preguntó Ultar al dirigirse hacia ella, la levantó por los rojizos cabellosy la incitó a que le ofreciera placer en una parte específica mientras el hablaba —creo que fue una gran idea quedarme con esta parte de la cueva sólo para mí y permitirte que disfrutes de lo que no tenías en casa, JAJAJAJA.
—Maestro— llamó una voz gutural de uno de sus nuevos iniciados en la entrada de ese última parte de la cueva que era levemente iluminada por dos velas.
—Entra— invitó tranquilamente — ¿Qué pasa? — inquirió al recién llegado, que no perdía detalle de lo que ocurría entre su maestro y la bacante.
—Cuando terminemos con Potedia, ¿hacia donde iremos cuando amanezca? — preguntó sin apartar la vista del espectáculo.
—No terminaremos el pueblo esta noche, comeremos allí por dos noches, mientras preparamos donde nos quedaremos hasta llegar a las amazonas....díselo a los demás— ordenó mientras que ondeaba una mano para despedirlo.
Habían utilizado las tres cuevas que había en el bosque para permanecer durante el día, todos los que trajo consigo fueron brucolaques, eran más efectivos, las bacantes era inferiores según su opinión, pero estaba obsesionado con las amazonas, esas...esas eran harina de otro costal por lo que formarían parte de su nuevo ejército y las convertirían en sus ardientes meretrices.
***
—Bien chicas, esta vez lo haremos diferente— informaba Eponin, después de conversar con Xena y Gabrielle sobre lo que harían con los chupa sangres de arriba, y después de que éstas últimas salieran de la cocina con los gestos más normales que pudieron mostrar.
—Al parecer hay otros tres chupa sangres arriba—informó con voz firme la joven reina amazona —por lo que trataremos de llamar su atención en las escaleras y para eso necesitaremos a las más ágiles,— continuó explicando el plan —mientras que los chicos abren las ventanas por fuera.
—Esta vez untaremos las puntas de las flechas y lanzas con jugo de ajo— explicó Xena —probaremos que tan efectivo es, nuestras valiente amiguita Sofía repelió uno anoche— mencionó con una sonrisa hacia la aludida, que se puso roja como un tomate de vergüenza y escondía su rostro en el pecho de Mauren, con la que había echo amistad rápidamente, la joven guerrera siempre había tenido sangre dulce para las niñas. Los hombres se quedaron pasmados por lo que escucharon y miraron a la niña con ojos de búho, las chicas estaban enteradas y tenían a la niña una gran admiración.
—Ahora vamos a llamar su atención a la escalera y a ver que podemos pescar— ordenó Eponin, untando su lanza con jugo de ajo que tenían en un jarro y luego pasándolo —si no pican, ¿Rita, crees que podrás subir con Xena a buscarlos?— preguntó la jefa.
—Subiré— fue la rotunda respuesta.
—Bien, la cosa no es fácil, te escogí porque eras la más rápida corriendo— elogió a la chica la jefa, cosa que no paso desapercibida y un ligero sonrojo no propio de una guerrera se apoderó de su cara.
Entraron en la posada armadas y se quedaron al inicio de la escalera, entonces llamaron a los chupa sangres.
—Hey, bestia horrible— era entre otras cosas lo que gritaban para atraer al chupa sangres y tuvieron éxito, casi al instante apareció de entre las sombras el primero, era bastante alto y robusto he inmediatamente las flechas fueron disparada a la sombra que se veía.
Las flechas dieron en el blanco y un rugido se escucho desde arriba, lo que fue la señal para comenzar a tirar de las cuerdas y de las ventanas por parte de lo hombres desde las barandillas que les daban poco espacio para maniobrar.
El alguacil y otro hombre ayudaban a tirar del brucolaque humeante y dolorido, debido al ajo puesto en las puntas de las flechas pero con todo se resistía. Gabrielle también tiraba con todas sus fuerzas al igual que Hilias. Xena pudo distinguir una mando asida de la baranda de la escalera y tomó su chakram de la su cintura, lo lanzo en esa dirección, dando en el blanco. Esto lo hizo rodar hasta media escalera en donde se agarró nuevamente con la mano que le quedaba, ahora sus rugidos eran ensordecedores mientras empezaba a arder cuando Eponin le cortó la otra mano con su espada al lanzársela con estupenda puntería, provocando que el brucolaque fuera sacado al sol sin gran esfuerzo.
Cuando el brucolaque cayó de las escaleras una segunda sombra apareció en una esquina de la escalera y dos lanzas fueron lazadas en esa dirección, las flechas estaban siendo ensartadas fuera por Jalas a gran velocidad para ser utilizadas nuevamente. Mientras la claridad del día comenzaba a invadir la parte de arriba de la posada, cortándole la vía de escape al brucolaque, por lo que tuvo que quedarse un momento desconcertado y mirando para todos lados, esto fue aprovechado por Xena y Rita para subir a la carrera y asir las lanzas para tirar de ellas y traerse al chupa sangre que no era muy alto, pero aún así lo suficientemente fuerte para soportar el peso de ellas y zarandeándolas un poco, lo que no dejaba que Eponin y Hilias pudieran subir a ayudarlas pero sólo fue un momento ya que Jalas llegaba con las flechas.
—No lo solteis— decía Gabrielle, mientras se afanaba por colocar las flechas en la ballesta.
—Tran..quila, no hay ...apuro— fue la contestación por parte de Xena al ser tirada de un lado a otro con Rita.
Hilias y Jalas dispararon dando en el blanco y provocando los gritos del chupa sangre al doblarse al sentir la quemante herida en su abdomen, logrando con ello que cayera por las escaleras con las guerreras que aterrizaron primero debajo de él y se quitaron de en medio mientras que Gabrielle y Eponin tiraban de las lanzas para sacarlo más rápido debido a que quedo boca arriba.
—Bueno espero que falte sólo uno— dijo Gabrielle al contemplar como se quemaba el brucolaque fuera y Jalas tiraba de las flechas para utilizarlas de nuevo.
Un grito se escucho arriba y las guerreras que aún estaban en el suelo se levantaron de un salto y subieron por las escaleras con lanzas de repuesto al llegar arriba vieron humo salir de uno de los cuartos y fueron en su dirección, ya estaba prácticamente todo iluminado cuando subieron. Cuando Xena tenia el pomo de la puerta en la mano, la puerta se abrió de un golpe tirando a Xena contra la pared contraria y siendo aplastada por ella dejando a la guerrera prácticamente noqueada, mientras que Rita arrojaba su lanza contra el obeso chupa sangre que comenzó a humear más y tomo la lanza que tenía incrustada en el estómago e hizo intento se sacarla pero Rita no lo permitía, Eponin y Jalas ya estaban en posición desde la escalera arriba para disparar pero Rita estaba en medio.
El brucolaque en su desesperación tiro a Rita contra la ventana abierta y esta hizo un pequeño giro para no salir volando por la venta y posiblemente morir en la caída, quedando de pie tambaleante y el brucolaque fue por su víctima pero siendo impactado por las flechas que lo hicieron saltar hacia delante, más cerca de su presa.
Xena se levantó dificultosamente y lo tomó por el brazo que iba directo al cuello de la joven guerrera y se lo torció con tanta fuerza que lo partió para luego propinarle una patada en las costillas que crujieron con el impacto, el brucolaque se enderezó con los piernas abiertas y eso lo aprovecho Rita para colarse por allí y salir de esa esquina.
Eponin y Jalas tiraban de las cuerdas, mientras el resto de los cazadores subían corriendo por las escaleras armados hasta los dientes y se quedaban pasmados al ver que el brucolaque lanzaba sus garras a diestra y siniestra tratando de alcanzar a las guerreras que se movían ágilmente alrededor de él tratando de asestarle cortes con sus espadas, Xena se llevó la mano a la cintura y no encontró su chakram por lo que maldijo en voz alta continuando con baile bien llevado por los tres.
Una flecha cruzó el aire y se incrustó en el corazón del brucolaque haciendo que éste automáticamente dejara caer sus brazos y luego dio¡ó un paso atrás para caer pesadamente sobre su ancha espalda quedando inanimado. El desconcierto fue grande y Xena le clavó la espada en el pecho y no hubo movimiento alguno.
— ¡Vamos, vamos!...saqueémoslo cuanto antes— ordenó al tiempo que tomaba las cuerdas y comenzaba a tirar de él., haciendo que todos reaccionaran y se pusieran a ello.
Tiraron de él hasta la escalera, de allí hasta abajo y cuando estaba a punto de salir se movió en un intento de levantarse y fue cuando Xena le cortó la cabeza de un tajo, provocando que rodara hasta fuera y ardiera en llamas igual que su cuerpo.
— ¿Quién disparó esa flecha? — preguntó la alta guerrera.
—Gabrielle— contestó Eponin, olvidándose momentáneamente del protocolo.
Todos se voltearon sorprendidos de la buena puntería de la joven reina, que en ese momento estaba como un tomate y muy cohibida. Sus guerreras celebraron la acción de la reina con silbidos y aplausos haciendo que Xena se preocupara de que le fuera a sangrar la nariz por el tono tan rojo en la cara de su reina.
En eso se escuchaba la llegada de carretas y se giraron para encontrarse con la aparición de los habitantes de Potedia que estaban a minutos de llegar.
Xena y Eponin miraron la posición del sol y vieron que las aves de rapiña ya estaban en lo suyo, por lo que decidieron terminar de revisar la posada por si acaso y le dejaron la bienvenida al alguacil.
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