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Renuncias: Esto es obligatorio así que allí va. Los personajes de Xena y Gabrielle pertenecen a Universal y Renaissance Pictures. No se pretende infringir sus derechos de autor.
Advertencia: Esta historia habla de una relación entre dos personas del mismo sexo, así que si eres menor de edad o si estas en un país donde leer esto es ilegal date la vuelta.
:: LA PROMESA DE XENA ::
De Warrior Hearth
—Deberíamos tratar de descansar de vez en cuando —dijo Gabrielle mientras curaba las heridas que Xena se había hecho contra Ahay. Habían acampado en un bosque alemán, apenas habían terminado de cazar a unos mercenarios de un pequeño pueblo al norte —Creo que… ¡ay, con cuidado!, creo que sí.
—Podríamos ir a un bello pueblo cerca del mar, y gozar del sol.
—Muy superficial… ¡¿hey deseas arruinarme para siempre?!
—No creía que la mítica "Princesa Guerrera" se rindiera por tan poco, aguanta casi termino.
—Me duele el costado, ¡maldición!, y para colmo me arden las heridas.
—Un momento, ten paciencia no puedo hacer milagros, ¡deja ya de quejarte!
—Ok, ok, disculpa, se que estas haciendo lo que puedes… sobre el periodo de reposo se podría también ir, quizás, al mar del norte. Hércules me ha comentado que son pueblos muy hospitalarios, los celtas.
—Parece buena idea. ¿Pero Xena estas hablando en serio? ¿En verdad estas dispuesta a tomarte un periodo de reposo?, no va contigo…
—Digamos que las ultimas peleas me han convencido.
—Y trataremos de tener las menos posibles.
—Prometido.
—Y no nos entrometeremos en historias que no nos atañen, si no es necesario.
—¡Lo juro!
—Reposo absoluto —concluyó Gabrielle aun perpleja.
—Absoluto —confirmó la Princesa Guerrera asintiendo, era extraño pensaba Gabrielle— en todo este tiempo jamás quiso hacer nada parecido y ahora ¡puff!, de repente decide que es mejor si tomamos una pausa… No, no le creo, seguramente está tramando algo. Lo siento.
—Ahora partamos —dicho esto, las dos recogieron sus cosas, las pusieron en los caballos y galoparon velozmente. Al medio día, estarían en el puerto desde el cual zarpaban los barcos hacia las tierras que no habían visitado, quizás si galopaban veloces, las alcanzarían, de otra manera tendrían que esperar hasta pasado mañana. Pero tenían aun así tiempo libre. Hércules les había hablado a menudo de estas tierras a Xena, describiéndoselas minuciosamente. Decía que eran maravillosas, verdes, el aire puro, los bosques se extendían al horizonte y había una gran cantidad de animales. La gente era muy hospitalaria, pueblos pacíficos y sobre todo cultos, le habló de los druidas, similares a los dioses, pero buenos y sabios. Xena estaba impaciente por conocerlos, quizás podría aprender algo nuevo y sobre todo tendría un descanso. Los últimos encuentros fueron difíciles de afrontar, no era una máquina de guerra, tenía también un límite el cual lamentablemente había alcanzado, ya era mucho tenía que reponer sus fuerzas, una Xena rindiendo la mitad no leservía a nadie.
Los cálculos de la guerrera fueron casi exactos, cabalgando rápidamente, casi sin descanso llegaron al Yah al despuntar el alba, emplearon casi dos días, pero llegaron a su destino. Xena pidió información sobre las salidas hacia las tierras del norte, mientras Gabrielle fue a buscar comida, aunque ellas sabían cazar habían comido muy poco en los días anteriores, Xena estaba prácticamente muerta de hambre (según ella…). Después se encontraron nuevamente en el muelle de embarque, un hombre enorme con cara sospechosa se acercó a ellas y les preguntó:
—¿Eres tú Xena? —dijo con voz cortante como puñal, aclarándose la garganta.
—Si soy yo. ¿Por qué? —respondió con tono irritado por la manera vulgar y arrogante del hombre.
—Quizás alguien me pago para asesinarte.
—¿Quién te envía? —pregunto Xena. Gabrielle sabia que este pobre hombre tendría un mal final.
—El noble Hasab, rey de las tierras de más allá del mar —en un instante Xena empuñó la espada y Gabrielle cogió los sais, otros cinco hombres salieron por detrás. Los pobres les saltaron encima, pero fueron rechazados.
—¡Agáchate! —grito Xenalanzándose sobre Gabrielle, la joven obedeció y se agacho inmediatamente, Xena se catapulto sobre sus enemigos usando la espalda de Gabrielle como tarima.
—¡Yahoo!
—¡Ay!, Xena ten cuidado, mi espalda no es una tarima de lanzamiento —exclamo Gabrielle irritada, que había caído a tierra a causa del golpe recibido por la misma Xena, pero ella estaba demasiado ocupada luchando como para escuchar a su amiga.
—¡Gran amiga!, gritó levantándose y rechazando a un guerrero que se le acercó para matarla.
—Estoy harta de esta vida —dijo irónicamente— patear los traseros de los malos todos los días, — Xena, ¿no te parece aburrido? —pregunto finalmente con tono irritado.
—¡Para nada! —replico la guerrera bromeando, lanzándole encima a un pobre hombre al que acababa de golpear.
Aquí se veía el verdadero ánimo de Xena, la guerrera, aquella que no se rendía jamás y sobre todo que nunca pedía algo, especialmente los días de reposo. Sin embargo sabía que en aquella ocasión los necesitaba, como jamás en su vida.
—¡Estate por lo menos atenta a donde tiras las cosas! —fue la respuesta un poco irritada de Gabrielle. Los otros se dieron a la fuga como corderitos, antes que todos el búfalo que estaba molestando y que poco antes parecía tan valiente.
—Eh, es verdad —dijo Xena fastidiada— los malos ya no son como los de antes…
—¡La nave esta por partir!—alguien exclamó.
—Maldita sea, ¡no!—exclamó Xena— ya pague, ¡diablos!
Las dos guerreras tomaron sus cosas lo mas rápido que pudieron y corrieron al buque, apenas llegando a tiempo para no quedarse en tierra.
—Hasab… bien por suerte vamos justo allí —Arruinando los tranquilos días de reposo. Adiós queridas cálidas mañanas bañándose, pasar las tardes pescando, quizás cazando para tener que comer; noches contando las estrellas y charlando de todo un poco… hubiera sido tan bonito… en cambio no. Tenía que llegar este maldito Hasab a arruinar todo, ¡maldición, maldición y maldición!
La nave navegaba rápida y tranquilamente sobre el azul del mar del norte, sereno y cristalino.
—Es tan relajante… —dijo tranquila Gabrielle al borde de la embarcación, mirando al mas allá.
—¿No tienes mareos? —pregunto Xena poniéndole la mano sobre la espalda.
—No… — respondió ella. Estaba tan tranquila, habitualmente el mar le causaba un extraño efecto, la ponía mal, pero esta vez era todo diferente. Las olas la relajaban, la hacían sentir bien. Era la primera vez en toda su vida, no necesitaba usar el pinzamiento de los dedos de Xena para evitar los mareos, era algo nuevo.
—Te veo relajada.
—Es extraño, ¿sabes? Por primera vez en mi vida, no me siento mal, de hecho me siento extremadamente tranquila.
—Bien por ti. Mejor comamos un poco —las dos bajaron a cubierta y hablaron con uno que parecía ser el cocinero (aún así no estaban seguras) el cual les dio la comida (mucho menos estaban seguras de esto). Fueron a su estancia.
—No comas demasiado, ¡he!
—Cierto mejor no estropear este mágico momento…
—¿De qué estás hablando? —preguntó Xena perpleja.
—Oh, del hecho de que finalmente estoy bien —respondió Gabrielle sonriendo. La comida no parecía tal, estaba malísima. Gabrielle comió solo un poco pero aún así se sintió mal, un terrible malestar de estómago que la atormentó durante toda la noche. Xena se quedo junto a ella, sin dejarla sola un solo instante.
—Ves… se arruino el mágico momento —suspiró débilmente.
¾No es culpa tuya, aquella comida era pésima.
—Pésima es poco —dijo Gabrielle con rabia, Xena trató de hacerla sentir mejor con su pinzamiento en el pulso, cualquier cosa serviría. Al menos no tenia la piel de color verde tipo hongo o blanco leche, pero continuaba temblando.
—Tengo frío —la guerrera la cubrió en una manta, al menos la cama era blanda, sin embargo a Gabrielle le parecía estar recostada en clavos. Tenía fiebre alta y aunque tenía la frente muy caliente, tenía un frío tremendo.
Maldición ¿quien diablos le había hecho comer esa porquería? Sabía que la comida de las embarcaciones era casi como veneno; pero tenía hambre. No podía permanecer en ayunas hasta el día siguiente. Finalmente se durmió, aunque ella se le hizo eterno conseguirlo.
La noche (o lo que quedaba de ella) pasó rápidamente, Xena no demoró en dormirse con la cabeza inclinada hacia adelante, apoyada en el vientre de la joven. Cuando se despertó estaba mucho mejor, decir mejor sería demasiado, no tenía fiebre, pero sentía aún el estomago revuelto.
—Casi llegamos —le dijo Xena llevándole un vaso lleno de leche caliente.
—¿Está buena?
—Claro, bebe —la bardo bebió la leche lentamente, tomando cada sorbo con calculada lentitud. Cuando el vaso quedo vació, Gabrielle tenia otro color, estaba menos pálida…
—La nave se ha detenido—sentenció Xena.
—Uhh, no resisto más —refunfuñó.
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