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XWP Gen » La armadura nueva del guerrero
Esta historia ha sido traducida por Eidel, previa petición y concesión de permiso para ello por parte de su autora, Nene Adams. Cualquier comentario, bueno o no tan bueno, así como preguntas, etc., será bien recibido y, por supuesto, contestado.
:: LA ARMADURA NUEVA DEL GUERRERO::
©1998 Todos los derechos reservados.
Por Nene Adams
Habla la narradora:
Sucedió una vez que Joxer, el llamado Poderoso por unos e Idiota por otros, viajaba solo de camino a la ciudad de Numae para asistir a la celebración del festival de Dionisos.
Por el camino, las numerosas piezas y resortes de su desvencijada armadura chirriaban y tintineaban, cuando divisó otra figura solitaria en una carreta tirada por un par de viejas mulas. Al acercarse, Joxer comprobó que se trataba de una mujer, que impregnaba el aire con sollozos y lamentos.
—¡Saludos! —gritó Joxer—. ¿A dónde te diriges, y por qué estás tan triste? ¿Es que se ha muerto alguien? —Y miró a su alrededor, tratando de encontrar una tumba recién excavada o cualquier otro signo de su supuesta pérdida.
—¡No! Me dirigía hacia Numae, pero ¡ay! Mi carreta se ha atascado profundamente en el barro del camino —dijo la mujer—. Tú pareces un hombre fuerte; ¿Me ayudarás?
Al escuchar sus palabras, Joxer aspiró con fuerza para hinchar el pecho y adquirió lo que pretendía ser una de sus poses más masculinas.
—Lo haré, ¡porque soy Joxer, el Poderoso! Hazte a un lado, bella mujer, y liberaré tu carro en un momento.
Y así fue como Joxer dejó a un lado su yelmo y su espada, se escupió en las manos y, echándose sobre la rueda, empujó y tiró de ella con todas sus fuerzas. Que resultaron no ser suficientes.
La mujer contempló a Joxer empujar y tirar, forcejear y jadear, resbalarse y alzarse de nuevo. Al fin, la rueda quedó liberada y las mulas se dirigieron hacia un terreno más seguro mientras Joxer recuperaba el aliento y se secaba el sudor de la frente.
***
—¿Sabes una cosa? —dijo Joxer—. Creo que una mujer hermosa como tú debería tener un guerrero fuerte que la proteja por el camino.
Levantó las cejas con un gesto sugerente y sonrió. La mujer hizo una mueca.
—Gracias por tu ayuda, pero tengo entendido que este camino es muy seguro. Nada de bandidos ni cosas así en muchas millas a la redonda.
Joxer se le acercó.
—¿Estás segura de que no quieres un compañero de viaje? Me sé de memoria todos los versos de 99 Botellas de Vino En La Pared.
La mujer se encogió de hombros.
—La verdad es que prefiero viajar sola.
Joxer se le acercó aún más… tanto que la mujer fue capaz de captar en su aliento el desagradable aroma de las cebollas que había comido para desayunar.
—Mira, ¡tengo una idea! —dijo el guerrero, pasándole el brazo por los hombros—. ¡Podríamos ir juntos al festival! Habrá vino, comida, bailarinas desnudas y todo eso. Será divertido… ¡especialmente las orgías! ¡Grrrrrrrrrr!
La mujer ya había aguantado bastante. Apartó a Joxer de un empujón y dijo, tan inflexiblemente como pudo.
—¡No, por favor! Escucha, me siento en deuda contigo por lo del carro. Sólo tengo unos cuantos dinares, pero son tuyos si los quieres.
—No, no, mi pequeña mascotita —respondió Joxer, airoso—. Sólo quiero la recompensa adecuada para cualquier héroe.
—¿Y cuál es?
—Un beso…
Joxer estiró los labios tanto como pudo y esperó.
***
Habla la narradora:
En realidad, esa mujer era una astuta y experimentada timadora, dedicada a separar a los inocentes y los estúpidos de su dinero mediante diversos métodos. Y aunque al principio había sentido el impulso de recompensar a Joxer por su buena acción, la idea se desvaneció tan deprisa como había llegado. Completamente asqueada de su comportamiento, decidió tomarse una malévola venganza.
—¡Mira esto! —dijo ella, dirigiéndose a la parte de atrás de su carreta—. ¡Tengo aquí mismo la más perfecta recompensa imaginable para un guerrero de tu nivel!
—¿Ah, sí? —Joxer miró a la mujer—. ¿Y qué recompensa es ésa?
—Una armadura mágica, digna únicamente del más grande de los guerreros. ¡Una armadura invisible! Hace invencible a todo aquel que la lleva.
Y la mujer realizó tan perfectamente la pantomima de sacar las piezas del carro entre sus manos vacías que parecía verdad que tal cosa existiera.
—Oh. —Joxer miró una y otra vez—. ¿Y por qué no puedo verla?
—¡Porque es invisible! —La mujer miró a Joxer de la misma forma que a un campesino idiota. Él, que no deseaba ser tomado por tal, asintió y se puso a contemplar la supuesta armadura con admiración—. Ahora, quítate la ropa, porque los cierres de esta maravilla se ajustan mejor sobre la piel desnuda que sobre un tejido. Cuando te la pongas, nadie podrá ver tu piel, sino únicamente la belleza del acero especial con que esta armadura fue forjada.
Y Joxer se quitó todo lo que llevaba encima con ayuda de la mujer y pronto se vio ataviado con su nueva armadura “invisible”.
Después paseó arriba y abajo, admirando su silueta a través de un peto, unas hombreras, unas coderas y unos brazaletes inexistentes. La mujer ahogó la risa tanto como pudo mientras contemplaba a aquel tonto haciendo cabriolas.
Por fin, se subió a la carreta y se marchó, dejando a Joxer atrás… tan desnudo como un pollito recién salido del huevo e ignorante de lo que estaba mostrando sin ningún pudor a los cuatro vientos.
***
Joxer llegó a Numae con la espada atada a la cintura… y sin nada más que cubriera su pálido cuerpecillo de pescado.
Mientras caminaba, la gente se giraba y le miraba atónita, susurrando en lo que Joxer identificó como muestras de admiración por su espléndido atuendo. Saludó dignamente con la cabeza a izquierda y derecha, y con la mano de vez en cuando, acondicionándose a su nuevo estatus de guerrero de moda.
Xena y Gabrielle, que habían acudido a Numae el día anterior, vislumbraron a Joxer desde el cuarto en que estaban.
—Oh, dioses… —murmuró la bardo—. ¡Es Joxer! ¡Y va por la calle totalmente desnudo!
—¿Está borracho? —Xena saltó de la cama y se reunió con Gabrielle en la ventana. La habitación de la posada que habían alquilado tenía una excelente vista de la vía principal de Numae.
—No estoy segura. Camina bastante recto. ¡Como si tal cosa! —Gabrielle rodeó con su brazo la cintura de Xena—. ¿No deberíamos ir a ayudarle? A lo mejor está enfermo.
—Sí, está enfermo, eso sin duda —susurró Xena. Una mirada de Gabrielle y ella tuvo que convenir—. ¡Oh, está bien! Vamos a por él.
***
Las mujeres bajaron la escalera y salieron de la taberna para encontrarse con Joxer en la calle.
—¡Saludos y bienvenidas, mis fieles compañeras! —gritó Joxer. Separó bien las piernas y puso los brazos en jarras con una sonrisa enorme surcándole la cara, levantando la barbilla y posando para impresionar a sus dos amigas.
—¡Hola, Joxer! —dijo Xena, luchando desesperadamente por no echarse a reír a carcajadas—. ¿Cómo te va?
—¡Estupendamente! —respondió él. Un par de hermosas mujeres con túnicas y máscaras pasaron a su lado; con un fuerte ronroneo, Joxer giró sobre sus talones hacia ellas, y cuando una le miró por encima del hombro, él comenzó a hacerle gestos obscenos con las caderas. Con ello, ciertas partes de su cuerpo, que ya de por sí quedaban bastante libres, pendularon con un estilo ciertamente poco elegante.
Con un gesto de terror, las mujeres echaron a correr.
—¡Joxer! —dijo Gabrielle tomándole del brazo—. ¿Quieres hacer el favor de taparte? El festival no empieza hasta la puerta de sol.
—¿No os gusta mi armadura nueva? —les preguntó Joxer—. Es la última moda. Y me hace invencible. —Desenvainó la espada con un gesto floreado, obligando a Xena y Gabrielle a retroceder para no resultar heridas—. De hecho, me encontré con una banda de ladrones en el camino esta misma tarde. ¿Y sabéis lo que ocurrió?
—No me lo quiero ni imaginar —respondió Xena.
—Pues, después de desafiarles, se echaron al suelo aterrorizados de miedo.
El hombre se irguió con orgullo. Gabrielle, por su parte, se mordió el labio inferior.
—¿En serio? ¿Y por qué supones que fue debido a la histeria?
—Porque se estuvieron riendo hasta ponerse enfermos, respirando con tanta dificultad que hasta pensé que iban a ahogarse —le aclaró Joxer.
En ese momento, Xena no pudo aguantar más y estalló en carcajadas. Gabrielle la miró, no pudo evitar contagiarse y se le unió en una auténtica explosión de risas.
Al principio, Joxer se quedó perplejo mirándolas.
—¡Ah! ¡Ahora entiendo por qué el portador de esta armadura se hace invencible!
—Por… ¿Por qué? —pudo decir Gabrielle cuando recuperó aire suficiente para hablar.
—Porque produce convulsiones y temblores a todo aquel que percibe su esplendor —respondió.
Con ello, lo único que consiguió fue acrecentar sonoramente el buen humor reinante en la multitud que les rodeaba.
***
Xena fue, por fin, quien consiguió sobreponerse y controlarse.
—Joxer, ¿tienes idea de la pinta tan ridícula que llevas? Quiero decir… ¡NO llevas ninguna armadura!
—¿Qué? —Joxer se rascó la cabeza visiblemente confuso.
—Es verdad, Joxer. ¡Estás tan desnudo como cuando viniste al mundo! —Los ojos de Gabrielle se llenaron de lágrimas a medida que trataba de aguantar la risa.
—¿Desnudo? —Joxer se miró de arriba abajo y luego de nuevo a Xena y Gabrielle—. ¿En serio?
Ambas asintieron. Ya empezaba a anochecer.
—¡¡Aiiiiiiieeeeeeeee!! —El grito de Joxer sonó más como el de una mujer histérica y se cubrió sus partes más púdicas con la mano antes de echar a correr en busca de algún lugar donde esconderse, mientras la entretenida muchedumbre le señalaba con el dedo y las carcajadas iban invadiendo cada rincón de Numae.
***
Habla la narradora:
Y así fue como Gabrielle y Xena regresaron a su habitación a discutir asuntos más importantes…
Entre ellas, cómo engatusar a Joxer (antiguamente El Poderoso) para que saliese de su escondrijo entre los arbustos de la parte de atrás del templo de Dionisos.
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