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XWP Gen » Sin
duda
DECLARACIÓN
DE DERECHOS DE AUTOR: Publicado el
27 de Enero de 1998; revisado el 31 de Enero
de 1998.
©
Copyright 1998 by Rebekah
©
Copyright 1998 «The Legend of the Lady
in the Moon» de F. S.
AVISOS
LEGALES: «Xena, Warrior
Princess» y los nombres, títulos
y la historia de apoyo usada en «Sin
Duda» son propiedad única
de Universal. La autora no pretende infringir
sus derechos de autor con este fan fic.
Esta historia
no puede ser vendida y sólo podrá
ser archivada en páginas públicas
con el permiso expreso de la autora. Cualquier
archivo deberá llevar esta declaración
de derechos de autor.
Sin sexo.
Un poco de violencia directa, bastante violencia
insinuada (ya sabes, como solía suceder
en las antiguas películas: grandes
masacres, pero fuera de escena) aunque hay
bastante descripción gráfica
de sus secuelas, una desagradable escena de
curación que podría herir tu
sensibilidad y mucha angustia.
Advertencia
sobre uso de lenguaje soez: Si hablas
cantonés, te pido mis disculpas a priori
y a posteriori, porque esa frase tan horrible
está ahí sólo por necesidades
literarias.
¡Aviso!
Mentes despiertas (la mayor parte del tiempo):
Seamos realistas, al igual que Gabrielle,
no soy buena narradora de escenas de acción.
NOTAS:
Esta historia comienza cuando finaliza el
episodio de Xena Warrior Princes: «The
Debt II». Todos los eventos descritos
en el prólogo ocurren simultáneamente
a tiempo real durante la escena final de este
episodio, ocurren muy rápido de hecho.
Podría llevarte bastante tiempo leer
el prólogo debido a que buena parte
de lo que estás leyendo sucede en las
mentes de nuestras heroínas al mismo
tiempo que la acción se desarrolla.
Sólo
con propósito cronologico, os diré
que esta historia se desarrolla antes de mi
relato de solsticio, «Cerca
de Casa» (Almost Home). Éste
fue escrito teniendo en cuenta lo sucedido
aquí, pero se trata de dos historias
totalmente independientes.
No
Doubt (Sin Duda) ha sido traducida
por el Equipo de Inglés de Xenafanfics
y, si no cuenta con el permiso de la autora
para su traducción y publicación
en español en Internet es debido a
que, desgraciadamente, la bardo falleció.
Xenafanfics ha querido traducir su obra, además
de por su calidad, como homenaje a Rebekah.
Si quieres
dar tu opinión sobre esta historia,
hacer algún comentario o recibir información
sobre las actividades de nuestro grupo de
traducción de fan fictions de «Xena
Warrior Princess», escribe
un e-mail a: xenafanfics@hotmail.com
:: SIN DUDA
::
(NO DOUBT)
De
Rebekah Wright
PRÓLOGO
Frágil.
De todas
las palabras que Gabrielle jamás hubiera
empleado para describir a Xena en todos estos
años de conocerla, ésta nunca
habría pasado por su mente.
Pero ahora,
viendo su vacilante paso y su cuerpo tembloroso,
escuchando el bajo, agotado susurro y el desgarrador
estremecimiento de su voz, Gabrielle sólo
podría pensar en una cosa.
Frágil.
—…
y lo hice pequeño de nuevo…
¿Qué
había pasado con la calmada, fuerte
mujer, que había dejado en la destrozada
sala del trono tan sólo unos minutos
antes? Algo había herido a Xena aún
más gravemente de lo que ella había
logrado en estos últimos días.
Xena la necesitaba. "Cómo puede
ella permitirme que la toque después
de… diablos, me duele la pierna. ¡¿Y
ahora qué?!"
Haciendo
a un lado su propio dolor y vacilación,
se acercó una vez más a la mujer
a quien había llamado mejor amiga,
preparándose para el desaire que nunca
llegó.
—Xena
—la llamó suavemente, envolviendo
sus brazos alrededor de los amplios hombros
inexplicablemente caídos… ¿derrotados?—…
al no matarle te has convertido en lo que
Lao Ma quería que fueras… —se
detuvo, sintiendo el estremecimiento pasar
por el cuerpo de la guerrera. La mirada en
los ojos de Xena era incomprensible.
Un tímido
y aniñado intento de sonrisa se formo
en los labios de Xena.
—…
Un recuerdo de Lao Ma —la guerrera suspiró
mientras miraba el tomo recubierto en cuero
que sostenía al frente. Repentinamente,
Gabrielle sintió como Xena se alejaba
de ella, aparentemente atrapada en algún
terror personal, y vio como su sonrisa se
volvía melancólica y desanimada.
—Nos
encargaremos de él —la tranquilizó
Gabrielle, pasando su brazo alrededor del
libro para estrechar la mano de Xena. Sintió
a su amiga (¡su amiga!) apoyarse contra
ella con un repentino agotamiento. Apartando
el negro pelo del dolorido cuello de la guerrera,
estremeciéndose al ver las heridas
que se debían a ella, dejó escapar
las palabras sin pensar.
—Te
quiero, Xena.
No había
salido bien. Había sonado… forzado.
Había sonado ansioso y suplicante.
Había sonado como ella se sentía.
"Maldición"
La visible
falta de reacción por parte de la guerrera
hizo a Gabrielle encogerse de nuevo, pero
Xena se recobró lo bastante como para
decir suavemente:
—Yo
también te quiero, Gabrielle —.
Algo que Gabrielle nunca antes le había
oído decir en voz alta. Xena continuó
apoyándose pesadamente en la joven,
siguiendo confiadamente su paso a través
de las ruinas de la habitación.
Mientras
trepaban a través del agujero abierto
en la pared del salón del trono, Gabrielle
sintió, más que vio, el leve
gemido que vino de repente a los labios de
Xena. sintió, más que vio, otro
escalofrío atravesar el debilitado
cuerpo que agarraba el libro de cuero tan
desesperadamente.
—Ha
vuelto.
Gabrielle
saltó al oír la voz… la
voz de Xena… que de pronto sonaba sin
fiereza, sin tremor. Era fría, firme
y heladora… había oído
ese tono muchas veces antes. Casi inmediatamente,
sin embargo, sintió que el cuerpo de
Xena perdía la fuerza y el equilibrio
casi por completo. "Por los dioses, ¿qué
ha hecho?" La agitada bardo cerró
los ojos y respiró profundamente. Notando
una pequeña mejora, comenzó
a guiar a Xena lejos de la devastación
que la debilitada guerrera había causado
hacía tan poco.
Confusa.
Nunca se
había sentido tan confusa en toda su
vida. No estaba acostumbrada. No podía
apartar el pensamiento de ello. "¿Qué
me está pasando?"
Parecía
que el tiempo pasaba muy lentamente, aunque
ella se daba cuenta de que sus pensamientos
volaban más rápidos que el viento.
—No
te preocupes… por mi parte, todo está
olvidado.
Recordaba
haberse sentido tranquila y fuerte al asegurar
a Gabrielle que la seguiría pronto
fuera del palacio destruido. Recordaba haberse
girado y haber oído las palabras del
monstruo ante ella, recordaba haberse sentido
enferma por la certeza de lo que ella misma
había hecho mucho tiempo atrás;
le recordaba entregándole el broche
de pelo de Lao Ma; recordaba haber caído
más y más profundamente en la
desesperación mientras él se
burlaba de ella, hasta que una espantosa certeza
había surgido a través de su
tenso cuerpo. Ella se dio cuenta… se
dio cuenta… de algo tan repulsivamente
devastador que hasta su disciplinada mente,
tan acostumbrada a las atrocidades cometidas
por ella y por otros, no podía creerlo…
no obstante, acababa de suceder hacía
un momento.
Oyó
un ligero ruido detrás de ella, pero
no se volvió, reconociendo de alguna
manera los sonidos y los ritmos familiares
de los movimientos de Gabrielle. "¿Cómo
puedo saber que es ella? Todo lo demás
está tan…"
Su mente
se llenó de un zumbido paralizante.
Lo único que sabía era que Gabrielle
estaba detrás de ella y que ella estaba
enfrente de Ming Tien quien se había
sentado mirándola fijamente con un
silencio helado desde su adornado Trono de
Dragón. Se había encontrado
a sí misma, como si volviera a su cuerpo
desde el exterior, jadeando ligeramente y
diciéndole:
—No
tienes ningún poder ahora. Te has desprestigiado
ante de tu pueblo. Ya no te seguirán.
Había
dejado de hablar, repentina e inexplicablemente
calmada. Sin apartar sus ojos ni por un segundo
del loco emperador, anduvo a tientas por las
ruinas sobre la tarima donde Ming Tien había
arrojado el libro de la Lao Ma.
Cuando tocó
la cubierta, experimentó un momento
de claridad tan poderoso que la asombró.
De repente, supo lo que el mensaje de Lao
Ma significaba. ¿Cómo había
podido malinterpretarlo así? "¿He
estado de verdad tan ciega? ¿Otra vez?"
Se volvió
lentamente. La expresión de Gabrielle
era firme, inquieta, asustada… culpable…
mientras esperaba ante el agujero abierto
en la pared del salón del trono con
aquel familiar… inusualmente torpe y
exagerado… hábito de equilibrarse
con su mano derecha alejada de su cuerpo.
Xena empezó a alejarse del trono, pero
sintió como si se estuviera moviendo
a través de un espeso, inexorable pantano
de estiércol. Sus piernas le parecían
muy pesadas. El libro le parecía muy
pesado. Gabrielle le parecía estar
demasiado lejos. Trató de decirle a
su amiga lo que había ocurrido, trató
de volver a asegurarle que había hecho
lo correcto. Hablar era tan difícil.
—…
y lo hice pequeño de nuevo…
Estaba tan
cansada… y…
Confusa.
Xena observó
como la mirada de culpabilidad y miedo de
Gabrielle dio paso a una llena de compasión
mientras sentía cómo los pequeños
y fuertes brazos llegaban hasta ella. La cansada
guerrera escuchó una dulce voz decir
su nombre suavemente y decir:
—Al
no matarle te has convertido en lo que Lao
Ma quería que fueras…
"¡Esas
palabras!" Esas palabras llevaron un
temblor enfermizo a su cuerpo y un dolor a
su corazón, pero su mente estaba todavía
analizando, comprendiendo las cosas…
La razón por la que su cuerpo había
reaccionado tan violentamente ante las palabras
de Gabrielle estaba simplemente fuera de su
línea de pensamientos… tentadoramente
cerca. Sintió el agarre de Gabrielle
fortalecerse en respuesta a su temblor renovado.
Sintiendo
algo grande y sólido en sus brazos,
miró hacia abajo, con sorpresa al encontrar
el libro de Lao Ma. "Lao Ma. El libro
de Lao Ma". Un diminuto trazo de felicidad
surgió hasta la superficie de su consciencia
y una ligera sonrisa se formó en sus
labios.
—…
un recuerdo de Lao Ma… —se oyó
susurrar a sí misma. "¿Recuerdo?
Recuerdo… ¿No tuve otro recuerdo?"
Miró anhelantemente el tomo encuadernado
en cuero que sostenía delante de ella,
deseando que su autora estuviera con ella
en su lugar. Su mente voló, fuera de
su control y dirección.
"Lao
Ma querría a Gabrielle… la habría
querido".
A ella le
gustaría… le habría gustado…
que la joven se encontrara con Xena. Le gustarían…
le habrían gustado… las historias
de la bardo y reiría… habría
reído… a carcajadas al saber
que su Princesa Guerrera era una realidad
al fin.
"¿Irán
los muertos de Chin a los Campos Elíseos?
¿Puedes oír mis pensamientos,
Lao Ma?"
Este pensamiento
escondía otro, que se arrastró
sobre ella sigilosamente hasta que le arrebató
el aliento con lo que ella acababa de hacer
tan… tan metódicamente…
sólo unos momentos antes. Revivió
el último arrebato de rabia a través
de su insensato cuerpo… su mano izquierda
se cerró una vez más alrededor
del broche de pelo y vibró con el chirriante
crujido del cráneo y después
la repentina blandura. Su mente, tan confusa
últimamente, regresó a su acostumbrada
claridad mientras forcejeaba con su último
horror hasta el suelo y lo examinaba con una
concentrada imparcialidad.
"Ming
Tien… pagaste el precio final por subestimar
la fuerza de voluntad que fue tu madre. Su
último deseo fue más allá
de la idiotez sentimental que creías
que era".
Cuando sintió
a Gabrielle acercarse, oyó la voz de
Lao Ma sonando una vez más en su mente.
—Esa
podría ser un arma muy útil…
si se lanza a la parte correcta del cuerpo.
"Lao
Ma… debiste haber sabido que estaría
muy cerca de él… ¡Por los
dioses! ¡Me utilizaste! Lao Ma…
como dijiste que harías… para
traer la paz al reino de Chin… "
Desorientada,
miró el libro tan fijamente que le
pareció ver la cara de Lao Ma en él.
"¿…
así que qué significaba tu mensaje…
y qué es lo que querías que
yo fuera? ¿Habrías hecho esto
si tú hubieras sabido lo que yo estaba
haciendo con mi vi… sí…
claro… el bien supremo… a cualquier
costa… "
Como si
llegara de un lejano camino, una tranquilizadora
voz surcó su consciencia.
—Nos
encargaremos de él.
El tiempo
comenzó a moverse de nuevo cuando sintió
la presión del libro que Gabrielle
devolvió a sus brazos.
"Gabrielle…
Gabrielle… ¿podré mirarte
a los ojos cuando te des cuenta de que senté
deliberadamente su cuerpo en ese trono y…?"
Sintió
su propio agotamiento… sus ardientes
músculos… y se apoyó instintivamente
en los fuertes y jóvenes brazos que
la envolvían. "Díselo.
Dile la verdad".
Cariñosas
manos la calmaron y acariciaron su cabello.
Permitió que el sentimiento de seguridad
la inundara una última vez mientras
ella reunía su menguante fuerza para
contarle a Gabrielle lo que había sucedido.
Escuchó la voz de nuevo… la voz
de Gabrielle, pero aún parecía
tan lejos.
—Te
quiero, Xena.
"¿Qué…
qué acababa de decir? Algo importante.
Algo… ansioso… suplicante."
Retiró
los ojos del libro para fijarlos en una mirada
llena de reacio dolor… necesidad extraviada…
arrepentimiento infinito. "Oh, dioses…
estás asustándola. Deja de asustarla
y díselo. Cuéntale la verdad…
la verdad que ella necesita oír".
Suavemente.
Vacilantemente.
—Yo
también te quiero, Gabrielle.
La otra
verdad tendría que esperar.
Mientras
seguía fatigosamente el avance de la
joven mujer, un momento final de espantosa
iluminación se abrió camino
entre la fatiga de Xena.
Algo que
la había dejado… algo oscuro…
algo había regresado a por venganza.
Una parte
de su mente reía tristemente por su
propia elección de palabras mientras
enviaba un gruñido desairado a sus
labios. Su cansado cuerpo temblaba con el
peso del inoportuno conocimiento de sí
misma.
"¡Lao
Ma! Se ha ido. ¡Gabrielle! Se ha ido".
Mantuvo
la mirada fija hacia delante, sin ver, mientras
Gabrielle la llevaba fuera de la sala del
trono.
"Todo
se ha ido, pero ahora… pero ahora…
te maldigo en el Tártaro, Ming Tien…
¡bastardo!…"
—Ha
vuelto.
La voz…
su voz… no contenía dureza ni
tremor. Era fría, firme y horripilante…
lo que Gabrielle llamaba su voz de señora
de la guerra. Casi inmediatamente, en cambio,
la debilidad de su cuerpo la ahogó
de nuevo. Creyó que caería,
pero una fuerza exterior la sostuvo firmemente
y la condujo a través de la devastación
que ella misma había causado recientemente.
CAPÍTULO 1
—¿Qué…
qué ha vuelto? —preguntó
Gabrielle temerosamente —¿Xena?
—Todo
eso. ¡todo! ha regresado —la voz
de Xena era, una vez más, áspera,
exhausta… y algo más… ¿derrotada?
Aquella era la segunda vez en unos pocos momentos
que Gabrielle había pensado en esa
palabra.
"No.
Derrotada no. No, Xena."
—Xena…
uf… tú… uf… necesitas
contarme lo que estás… uf…
de lo que estás hablando… —dejó
de hablar por unos segundos, pero Xena no
hizo ningún intento de responder—
Xena… de qué… uf…
¿de qué estás hablando?…
Espera, nosotras tenemos que… uf…
subir por esta… dioses, realmente, realmente
gran… piedra para salir de los límites
del palacio… uff… —Gabrielle
gruñó debido al esfuerzo de
escalar sobre los montículos de escombros
mientras sostenía a su más grande,
pesada y débil amiga. Paró para
tomar aire y frotar su dolorida pierna.
—Xena…
—Gabrielle depositó suavemente
a la guerrera en el borde de la gran piedra
que necesitaban superar—. ¿Qué
es lo que dices que ha regresado? ¿Qué
es…? —paró, viendo que
la guerrera no estaba de humor o en condiciones
de responder—. Sólo siéntate
aquí un minuto o dos, y entonces podremos
superar esta piedra.
Hablaba
de forma casual, sin esperar una respuesta.
—Me temo que todo se va a venir abajo
a nuestro alrededor… —la repentina
imagen de sobrenaturales y rizadas lenguas
de doloroso fuego, madera y piedra derruida
la golpeó con un aplastante dolor sobre
su ya insoportable suplicio. "Dioses.
¿Nunca acabará?"—…
pero… ambas necesitamos descansar un
minuto. Estamos casi fuera de los terrenos
de palacio. Estamos relativamente seguras
aquí, creo… sólo descansa.
Gabrielle
se deslizó hacia el suelo enfrente
de las rodillas de Xena y comenzó a
reclinarse en ellas. Pensándolo mejor,
cambió la postura y se apoyó
contra la misma piedra, respirando profundamente.
Su pierna realmente le dolía. "En
cuanto consiga colocar a Xena creo que debería
echarle un vistazo. Tengo que deshacerme de
este estúpido traje de seda…
no te puedes examinar nada a no ser que te
desnudes y tampoco puedes manejarte con el
maldito. Necesito un…" De repente
una gran mano se posó con cuidado sobre
su cabeza. Cerró los ojos y aclaró
su garganta.
—¿Xena?
—¿Mmmm?
—¿Cuánto…?
¿Hace cuánto tiempo que no has
tomado algo para comer o beber?
—Desde
antes de que… —"¡Dioses!
No le dieron nada para comer o beber…
y yo allí sentada comiendo y…"
—… llegase al palacio —la
voz de Xena sonaba cansada y pausada—.
Ellos… bueno, alimentaban a los prisioneros
con algún tipo de gachas o algo así,
pero yo… no las tomaba… —la
voz de la guerrera se ahogó.
Gabrielle
levantó la vista rápidamente.
—Xena…
eso… eso es una de tus reglas más
estrictas: tomar alimento y agua siempre que
puedas conseguirlo, aunque no tengas ganas
de comer… bueno, siempre y cuando estés
segura de que no es veneno, claro. —Vio
aparecer una diminuta chispa de jolgorio en
los agotados ojos azules. Aunque no estaba
realmente segura de querer conocer la respuesta,
preguntó de todos modos.— ¿Por
qué, Xena? ¿Por qué no
comiste?
—Porque…
bueno, ante todo estaba demasiado enfadada
como para comer —Xena sintió
cómo se entrecortaba el aliento de
su amiga—. Principalmente, sin embargo,
aquellos yugos estaban diseñados para
hacer al prisionero totalmente dependiente
de los guardias para la mayoría de
las acciones corrientes, para hacerle sentir
como un animal en cautividad, menos que un
ser humano. No puedes alcanzar más
allá de los bordes del yugo, por lo
que no puedes alimentarte o…
—Rascarte
la nariz… —susurró Gabrielle.
Xena rió
—Sí, eso también. Bueno,
de todos modos, las horas de comida en la
mazmorra consistían en hacer cola por
el privilegio de arrodillarte en aquella agua
ante un guardia el cual metía algo
en tu boca y entonces vertía un poco
de agua, riéndose mientras tragabas
—suspiró y tragó con fuerza—.
Yo… no podría hacer eso.
Gabrielle
hizo una pausa para intentar estabilizar su
voz y su respiración antes de hablar
de nuevo —No me extraña que estés
tan débil y cansada… Venga, tenemos
que conseguir salir de aquí —dijo
cuidadosamente mientras se ponía en
pie, preparándose para ayudar a Xena
a sobrepasar la gran piedra que bloqueaba
su camino. Se dio cuenta que los ojos de la
guerrera vagaban alrededor de las ruinas de
palacio, yendo a descansar finalmente sobre
una semienterrada ventana. Un temblor agudo
pasó a través del cuerpo golpeado.
—¡Dioses,
los demás prisioneros! —la voz
de Xena era apenas más que un susurro,
pero su angustia era evidente—. ¡Están
atrapados allí, Gabrielle! Ellos…
—¡Están
bien! Mientras estabas en la sala del trono
con Ming Tien, envié a unos trabajadores
de palacio para liberarlos… Más
bien pregunté a uno si podía
conseguir a alguien que se ofreciese a ir,
y lo hicieron. ¿Ves? —señaló
a un andrajoso y sucio grupo el cual difícilmente
podría ser descrito como humano—.
Están a salvo —observó
como el último de los cerrojos fue
retirado de los cepos que inmovilizaban a
los prisioneros.
—Gabrielle…
Gabrielle… —La guerrera parecía
vencida por sus emociones, lo que asustó
a Gabrielle nuevamente—. Gr… gracias
por pensar en ellos… por salvarles…
—Yo
no los salvé, Xena, aquella gente lo
hizo… —Gabrielle se detuvo cuando
Xena de repente enderezó su espalda
y habló firmemente.
—Antes
de que se dispersen… de que contacten
con nadie… tienen que deshacerse de
esas ropas… quemarlas… y conseguir
que se limpien cuidadosamente. También
yo… en realidad, tú… y
cada uno de los voluntarios que entraron en
aquella agua.
—¿Por
qué?
—Ya
sabes que el agua puede transmitir enfermedades…
Bien, pues aquella agua tenía desperdicios
humanos y cadáveres y sólo los
dioses saben que más estaría
flotando por allí. Viste la enfermedad
cuando estabas allí.
—Sí,
el olor me enmudeció incluso antes
de ver la… pero ésa es la menor
de mis preocupaciones en este momento…
—la voz de Gabrielle se calmó
y su cara se oscureció repentinamente
con el recuerdo del horrible lugar y el hecho
de que Xena estuviese allí sólo
porque Gabrielle la había puesto allí.
—Bueno,
tendremos que limpiar esto antes de que entremos
en contacto con otras gentes y sus hogares…
—Xena se levantó inmediatamente
al ver que algunos prisioneros empezaban a
abandonar las tierras—. Gabrielle, deténlos.
¡Deténlos ya!
Gabrielle
corrió hacia el grupo de gente e intentó
hacerles entender lo que quería mediante
su rudimentario chin. La miraron con odio,
lo que la detuvo momentáneamente, pero
Xena la necesitaba y no podía estar
parada mucho tiempo. Logró que todos
esperaran y después consiguió
que el cortesano que había organizado
el rescate y que hablaba un poco de griego,
la siguiera hasta donde estaba Xena.
—Xena,
éste es Tik Li… por favor, explícaselo,
¿lo harás?
Tomando
aliento profundamente, la guerrera se dirigió
al hombre en su lengua nativa.
—Tik
Li, yo soy Xena.
—Sí,
sé quién eres… vi lo que
hiciste en la sala del trono —Xena hizo
una mueca ante la mirada atónita del
hombre— ¿eres una diosa?
—No,
Tik Li, soy una mujer… una cansada,
dolorida y hambrienta mujer —Xena señaló
a los hombres liberados—. No debes dejar
que se dispersen todavía.
—¿A
qué se debe, mi señora?
—No
soy una dama, Tik Li. Llámame Xena.
—Sí,
m… sí, Tsi Na.
—El
agua contaminada en la que han estado viviendo
produce enfermedades en el cuerpo. Deben ser
limpiados antes de tocar a otros. Tú
también, y todos aquellos amigos tuyos
que hayan tocado el agua deben ser purificados.
—Como
digas, mi… Tsi Na —dudó
mientras miraba directamente al interior de
los gélidos ojos azules de la guerrera.
—¿Hay
algún problema?
—Los
hombres… ellos… —Tik Li
tomó aliento rápidamente y comenzó
de nuevo—. Es la joven de pelo claro
—hizo un gesto discreto hacia Gabrielle,
que lo miraba atentamente.
La ceja
de Xena se elevó.
—Simplemente
dilo.
—Ellos…
bueno, los cortesanos la vieron al lado del
emperador. Los prisioneros saben que ella
fue la que traicionó…
Xena lo
interrumpió bruscamente.
—Eso
queda entre nosotras. No es asunto tuyo ni
de ellos —tocó su pecho con el
dedo índice—. ¿Entendido?
Gabrielle
no entendía la mayor parte de las palabras
de este intercambio ya que ambas partes hablaban
rápidamente en un dialecto chin diferente
al que ella había aprendido, pero la
frialdad en la voz de Xena y el significado
de sus gestos lo entendía sin necesidad
de traducción. "Por tanto así
es como te sientes, Xena". Tembló
cuando Tik Li la miró, pero no apartó
la vista.
—Para
mí está claro, Honorable…
—Xena hizo una mueca de nuevo ante el
tratamiento, pero Tik Li no pareció
notarlo—… pero los otros…
—Entonces
déjame ponerlo en términos que
puedan comprenderlo los demás fácilmente
—dijo Xena con voz sosegada—,
el primero que la toque morirá como
un perro.
—Tienes
razón, Honorable —Tik Li inclinó
la cabeza cautelosamente, incapaz de evitar
los fríos puñales lanzados por
la mirada azul de la guerrera— entenderán
tus términos sin problema —aclaró
la garganta—, ¿de qué
forma debo llevar a cabo la purificación?
—Intenta
encontrar camisas o túnicas limpias,
algún tipo de alimento suave…
quizás sopa de arroz, agua para beber
y bañarse, y una gran cantidad de alcohol.
Llévalo todo a la corte. Mientras haces
eso, mándame el prisionero… —sacudió
la cabeza y se corrigió a sí
misma—,… el antiguo preso de Lao.
Tik Li asintió
levemente y se volvió hacia la multitud.
Habló y gesticuló unos minutos
y luego se marchó. Al principio, los
hombres se quejaron un poco, después
se irguieron y se inclinaron ante Xena. Pronto,
el hombre de Lao con quien había hecho
amistad en las mazmorras se acercó
a ella.
—Me
alegra verte con vida, Guerrera.
—Y
a mí me alegra estar viva, amigo —dijo
Xena en voz baja—, ¿Ya sabes
lo de la purificación? ¿Todo
el mundo lo entiende… todo? —
el hombre asintió y miró rápidamente
a Gabrielle, que se mantenía a su lado
en silencio— Por favor… diles
que recojan toda la madera seca de los alrededores
del palacio y que enciendan una gran hoguera
justo aquí —comenzó a
temblar visiblemente en cuanto el hombre se
dispuso a realizar dicha labor.
Gabrielle
se acercó.
—Xena,
¿tienes frío? —ante el
gesto de asentimiento de la guerrera, Gabrielle
la llevó junto al recién encendido
fuego—. No puedes seguir desarropada
y mojada con este tiempo. Deja que te prepare
un baño dentro…
—No,
Gabrielle, tenemos que encargarnos de esto
primero… el baño puede esperar.
Tú, también. De hecho, estoy
más preocupada por ti que por mí
—Xena esbozó una media sonrisa—.
La grasa y el barro con que me recubrí
me ha protegido un poco del agua. Tú,
en cambio…
Gabrielle
hizo un gesto habitual con la mano.
—Eso
no importa…
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