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:: SIN DUDA ::
(NO DOUBT)
CAPÍTULO
2
—Me
importa a mí —dijo la guerrera suavemente.
Ignorando la mirada de Gabrielle, continuó—:
Mira, aquí viene Tik Li… y algunos
amigos.
El grupo transportaba
sacos de diversos tamaños, pequeños
recipientes, odres de agua, pilas de túnicas
de sirvientes, jabón, trapos, cubetas de
cuero, calderos de agua para hervir y grandes
ollas de arcilla marrón de un almacén
cercano a las cocinas del palacio. A lo lejos,
algunos más traían agua al interior
de la sala.
Todo el mundo
se detuvo un instante ante un gran estrépito
procedente del salón del trono… y
luego volvieron a sus respectivas tareas, sin
mirar ni una sola vez en la dirección del
ruido. Gabrielle en cambio miró a Xena,
cuyos ojos ni siquiera habían parpadeado
con el estruendo. "Nunca vi al emperador
marcharse. Oh". Se encogió de hombros
y devolvió su atención a la actividad
que se desarrollaba allí.
Por orden de
Xena, los voluntarios colocaron los calderos de
agua a hervir, añadiendo arroz de los sacos
a uno de ellos cuando el agua se calentó.
Con la voz más fuerte que pudo encontrar,
Xena se dirigió a la multitud.
—Quitaos
toda vuestra ropa… todos, no sólo
los antiguos prisioneros. —Ante las miradas
de consternación de los cortesanos, ordenó
tajantemente—: sí, todos vosotros.
Vuestras ropas contienen la misma enfermedad que
nuestros sucios harapos. Desnudaos… ¡ahora!
Todos parecieron
decidir de golpe que sería una buena idea
quitarse la ropa y arrojarla al fuego para que
ardiera. Compartieron el frío y la miseria
con poco interés por la desnudez de los
demás y aún menos con vergüenza
por la propia, mientras se apiñaban junto
al fuego.
Echando un vistazo
a su dolorida pierna izquierda, Gabrielle se sorprendió
al descubrir que comenzaba a hinchársele
y perder el color desde la rodilla hacia abajo.
Una llaga infectada en el interior de la pantorrilla
parecía ser la causa. "No estaba infectada
ayer por la noche. Debe ser el agua. La limpiaré
en cuanto me encargue de sus… heridas. Maldita
sea."
Se volvió
hacia el resto del grupo y retuvo la respiración,
incapaz después de todo de ignorar sus
pobres condiciones físicas. Incluso Xena
había adelgazado, y sólo llevaba
allí unos cuantos días. "Xena…"
—Bien,
que todo el mundo beba un trago de agua, pero
no abuséis de los odres por ahora —ordenó
Xena con voz cansada—. Recordad, no bebed
demasiado deprisa o vomitaréis —Gabrielle
agarró uno de los odres y se lo ofreció
a su amiga.
Tan pronto como
Xena sintió el agua tocar sus labios, la
deseo con tanta fuerza que tiró del saco
de piel ansiosamente, a pesar de sus propias instrucciones.
Desde lejos, escuchó a Gabrielle decirle:
—Xena… Xena, despacio. Descansa un
minuto… —reluctantemente, soltó
el odre mientras sentía el agua fría
golpear su estómago vacío.
—Gracias,
Gabrielle… está muy buena.
Sintiendo como
si ella misma fuese a vomitar, Gabrielle le pasa
el odre de agua a los demás. "¿Cómo
puedes haberte sentado en aquel agujero del Tártaro
y perdonarme por esto? Xena… "
—De
acuerdo, ¿están los odres vacíos?
—la voz de Xena se escucha un poco más
fuerte en esta ocasión— Bien…
entonces, tiradlos también al fuego. Terminemos
con todo esto—inclinó la cabeza hacia
los cubos—. Repartidlos entre la gente…
llenadlos de agua caliente.
Con los cubos,
el tembloroso grupo se lavó con el agua
caliente. Algunos fueron a por el jabón,
pero Xena los detuvo.
—No,
aún no… abrid los tarros de vino
y vertedlo en los cubos. —Le hizo un gesto
a Gabrielle, quien abrió unos de los tarros
marrones, lo echó en uno de los cubos y
regresó a su lado.
—Ahora,
echároslo por encima unos a otros de esta
manera —dijo en voz alta, entonces instruyó
a Gabrielle en silencio—, derrama esto sobre
mi cabeza y asegúrate de que esté
completamente mojada.
—Xena,
esto te hará daño…
—Adelante,
Gabrielle. Tenemos que hacerlo —asintiendo,
Gabrielle derramó el frío líquido
sobre el pelo y la piel de Xena. El picor era
casi más de lo que podía soportar,
pero Xena no mostró ningún signo
de dolor. Intensamente, la guerrera comenzó
a frotar el vino sobre su piel, por todas partes…
sin tener en cuenta sus heridas. Mientras frotaba
el alcohol sobre su pelo, hizo un gesto al resto
del grupo y les dijo: —No hay tiempo que
perder.
Con vacilación,
todos comenzaron a empaparse y a frotar el vino
sobre su piel y pelo tal como Xena les había
mostrado. Muchos de ellos gritaron de dolor al
frotarse el alcohol en heridas abiertas, únicamente
para silenciarse avergonzados cuando se dieron
cuenta de que su heroína no había
pronunciado sonido alguno cuando ella había
hecho lo mismo. Gabrielle, quien se había
alejado de Xena un poco para derramar sobre si
misma el vino, se estremeció cuando el
alcohol cayó sobre su pierna, pero rápidamente
regresó junto a Xena.
La guerrera
suspiró profundamente, intentando deshacerse
de la picazón. —Ahora, enjuagaos
con más agua y jabón rápidamente…
y que alguien avive aquel fuego —mientras
uno de los cortesanos se encargaba de esto, ella
le hizo un gesto a Gabrielle, quien con cuidado
derramó agua tibia sobre ella y la ayudó
después con el jabón.
—Xena,
tu pelo…
—Simplemente
lávalo con jabón rápidamente,
Gabrielle… lo estoy perdiendo… tenemos
que envolverlo. Podremos lavarlo de nuevo, más
tarde —asintiendo de nuevo, Gabrielle se
aseguró de que Xena pudiese enjabonarse
suficiente mechones oscuros antes de comenzar
sobre ella misma. Pronto, todos se habían
cubierto con jabón.
—Está
bien… —Xena se detuvo para respirar
temblorosamente—. Enjuagaros con más
agua, después rápidamente con el
vino restante y al final de nuevo con agua.
Vertieron más
cubos de agua y alcohol los unos sobre los otros
y finalmente se enjuagaron por última vez
con agua caliente. Aun temblando con el frío,
ninguno dejaba de sonreír al sentir sobre
sus cuerpos los trapos que usaron para secarse
y el aroma a ropa limpia en forma de simples túnicas
de sirvientes.
—¿Xena?
¿Te encuentras bien? ¿Puedes sentarte
sola cerca del fuego por un momento? —Gabrielle
emitió un suspiro de alivio que no sabía
que había estado reteniendo al ver a Xena
asentir—. Bien… voy a buscar mis cosas
a ese pequeño edificio cerca de los aposentos
del trono —anunció mientras se ponía
su limpia túnica.
Xena levantó
repentinamente la mirada, sintiéndose extrañamente
contenta porque su amiga pareciera la de siempre
con su pelo cayéndole suelto de nuevo sobre
los hombros.
—Ten
cuidado… el edificio podría ceder…
Vio cómo
Gabrielle asentía y se daba la vuelta hacia
el edificio. "Alguien debería ir con
ella… ¡Maldición! ¿Qué
le pasa a su pierna? Pensé que era tan
solo esos escombros por la que estábamos
escalando…" Ensimismada con sus pensamientos,
se sentó mirando a la joven mujer fijamente
mientras se alejaba, ignorando la actividad alrededor
de ella.
Los cortesanos
se dirigieron hacia la caldera de agua caliente
y arroz, que ahora formaba la pastosa sopa conocida
como yuc. Suave pero nutritivo, era una primera
comida ideal para las personas desnutridas. Algunos
cortesanos distribuyeron los restantes odres de
agua, mientras otros servían cucharones
porciones de yuc en pequeños cuencos y
cuidadosamente se aseguraron que cada uno obtuviera
una porción.
Después
de rescatar sus pertenencias, Gabrielle salió
de la vacilante estructura para encontrarse a
Xena mirando en su dirección fijamente
y relajándose visiblemente cuando la vio
reaparecer. Regresando apresuradamente junto al
fuego, miró a su compañera tiritando
con gran preocupación. Ajustando la limpia
túnica más alrededor del tembloroso
cuerpo, dijo:
—Xena,
¿conseguiste algo para comer? —cuando
Xena no respondió, la bardo se dio vuelta
para encontrarse a Tik Li silenciosamente presentándole
un tazón de yuc que había estado
sosteniendo para la guerrera.
—Gra…
gracias —Gabrielle se pronunció con
cuidado, pero vacilantemente en chin, sintiendo
gran alivio cuando el cortesano sonrió
gravemente y se dio vuelta. Ella comprobó
la temperatura de la sopa de avena y, satisfecha
de que no estuviera demasiado caliente, llevó
el tazón hasta los labios de Xena.
—Aquí,
toma un poco de esto, ¿de acuerdo? —miró
con inquietud cómo Xena obedientemente
bebía un poco del yuc y comenzaba a masticar
y tragar. La guerrera cerró sus ojos ante
el placer de la comida.
—Gracias,
Gabrielle… no recordaba que el arroz supiera
tan bien —Xena abrió sus ojos y sonrió
ante la mirada infeliz de la chica— ¿Puedo
comer un poco más? —puso una mano
en el tazón, bebió un poco del líquido,
y disfrutó de la tibia sensación
al tragarlo.
—Por
favor… por favor, Xena, estoy tan preo…
yo… tú… tú tienes que
ir a algún lugar bajo techo y comer y descansar.
Tik Li nos ofreció un pequeño lugar
que podemos usar por un par de días —Gabrielle
señaló en la dirección general
de la ciudad al pie de la colina—. Tenemos
que ocuparnos de… tu cuello y… y…
todo lo demás… —su voz se fue
apagando poco a poco.
—Sí,
vamos… creo que ambas necesitamos cuidados,
¿verdad?
El tono claro
y la propia pregunta obtuvieron una mirada nerviosa
de Gabrielle mientras se inclinaba y ayudaba a
Xena a levantarse. Había comenzado a dirigir
a la cansada mujer hacia la entrada de palacio
cuando sintió un poco de resistencia.
—Tik
Li —Xena llamó al cortesano, quien
se movía entre los prisioneros liberados.
—¿Sí,
Honorable? —Tik Li se acercó hasta
ellas, un poco sin aliento por sus labores.
—Gabrielle
me ha dicho que nos has ofrecido un lugar para
quedarnos.
—Sí,
Honorable… es sólo una pequeña
choza…
—Tik
Li, Gabrielle y yo vivimos la mayor parte de nuestras
vidas en el camino —Xena dijo silenciosamente—,
cualquier techo es un lujo. Estoy profundamente
agradecida por tu amabilidad… —siguió
con un formal discurso de gratitud que había
aprendido durante su permanencia anterior en Chin.
El noble pareció
abrumado por el honor que esta extraña
y poderosa mujer le concedió. —Honorable,
yo… —se detuvo momentáneamente
al ver la exasperada mirada sobre los rasgos de
Xena ante su continua insistencia en el uso del
título honorífico.
—Por
favor, Tik Li… mi nombre es…
—Tsi
Na… sí, Honor… sí, intentaré
recordar —su sonrisa sardónica reveló
su vergüenza—. He enviado a alguien
delante para asegurar que las provisiones y el
alimento solicitados por la joven del pelo de
luz estén allá.
—Su
nombre es Gabrielle.
—Si,
desde luego… Gah Bei Yal—. El cortesano
se inclinó ante Gabrielle y sonrió
sinceramente ante la confusa cara de la joven.
No entendió sus acciones hacia la guerrera,
pero entendió el valor y la bondad, y ella
le había mostrado ambas cuando caminó
sin vacilación hasta los que habían
expresado abiertamente su odio hacia ella, ayudándolos
siempre que pudiera. Con cautela, Xena miró
mientras él se acercó a la bardo
y comenzó a hablar en un titubeante Griego.
—Joven…
Gah Bei Yal… estoy… apesadumbrado…
si he causado un creciente miedo en usted antes.
—No
te… preocupes, Tik Li… yo comprendo…
—Gabrielle respondió lenta y claramente
en chin, y murmuró en griego, —mejor
de lo que me gustaría, realmente —se
mordió el labio, pero no apartó
la mirada.
CAPÍTULO 3
—Tik
Li, deja que las personas se dispersen ahora,
si lo desean, pero… —Xena dudó
por un momento, y bajo la voz —¿Cuántos
de ellos son realmente criminales?
Sorprendido,
Tik Li confesó: —Hay un par de ladrones
conocidos, usualmente no violentos. Un par de
ellos son de una banda de corta-gargantas que
aterrorizó a los viajeros hace algún
tiempo. Un asesino reincidente, Chu…
—Gran
nombre —Xena frunció el ceño—.
¿Conoces a esa gente de vista? —ante
el asentimiento del cortesano—. Con cautela
ahora, señálamelos y dime quiénes
son y qué hicieron. Muéstrame al
asesino primero.
Tras obtener
la información de Tik Li y de darle algunas
breves instrucciones, se volvió casualmente
hacia el grupo expectante mientras él se
retiraba.
—Xena,
no… ¡no estás lo suficientemente
fuerte como para enfrentarte a ninguno! —Gabrielle
sintió que el pánico brillaba a
través de sus palabras, y no le importo.
—Tranquila,
ahora… están todos en peores condiciones
que en las que yo me encuentro… y tengo
que trabajar en esa nueva reputación que
me han dado —Gabrielle se sorprendió
de ver un pequeño guiño y los indicios
de una sonrisa viniendo de su amiga, y se sintió
un poco mejor al darse cuenta de que Xena, también,
se sentía un poco mejor.
—¿Podrías…
podrías hacer… eso… otra vez?
¿Lo que hiciste en el palacio? —Gabrielle
miró dentro de los claros ojos azules de
Xena y supo la respuesta antes de que la guerrera
hablara.
—No,
Gabrielle… ahora no —Xena movió
su cabeza con remordimiento—. Algún
día, quizás de nuevo, pero no ahora
—suspiró mientras sostenía
su mano en alto anticipando las preguntas que
veía ya listas en los ojos de Gabrielle—.
Tenemos mucho de lo que hablar, ¿no es
cierto? —puso una mano sobre la cabeza caída
repentinamente—. Tales como de qué
manera aprendiste tanto chin tan rápidamente
—su boca se movió de acuerdo con
su ceja en una mueca cuando Gabrielle alzó
la mirada repentinamente.
—OH…
ah… en el barco yo cambié…
—Gabrielle se detuvo y empezó de
nuevo, reconociendo que la pregunta era un intento
retórico para mejorar sus estados de ánimo—.
Bueno… yo siempre he sido buena con los
idiomas —trató de tomar el mismo
tono de Xena y lo hizo lo suficientemente bien
como para sacarle una sonrisa a la guerrera—.
Lo hice bien, supongo… —se sintió
herida cuando volvió a pensar en aquello
que había hecho tan bien—…
pero yo no sé tanto… cuando tú
hablas, casi ni puedo seguirte…
—OH,
eso es porque yo hablo una variación popular
y de algún modo tú aprendiste un
sofisticado y formal chin —sonrió
ampliamente al ver que las cejas de la muchacha
se elevaban rápidamente—. Bueno,
yo puedo hablarlo, también —ella
confesó—. Tendré que enseñarte
algunas buenas palabras que la nobleza nunca usa
—susurró maliciosamente, esperando
sacarle una sonrisa a Gabrielle. De repente, se
tambaleó un poco y Gabrielle la tomó
por ambos brazos para sostenerla.
—Gracias
—murmuró—. Tenemos que terminar
con esto ¡ahora!, creo.
—No,
Xena… esto sólo corrobora mi opinión…
no puedes hacerlo. Lo acabas de admitir…
—Sí,
pero ellos no lo saben —Xena explicó
razonablemente mientras se giraba una vez más
hacia el montón de gente. Gabrielle se
contuvo hasta que la guerrera se dio la vuelta
y sostuvo su mano hacia ella.
—Oye,
no me siento tan bien… vamos, necesito que
te asegures que no me caiga de cara en mitad de
mi gran discurso —Xena guiñó
nuevamente a la sorprendida bardo— ¿Arruinaría
el efecto, no crees? —sosteniendo la mano
de su amiga en un engañoso y negligente
apretón, asumió su conducta de señor
de la guerra y se volvió una vez más
hacia el grupo.
—Así
que, antiguos prisioneros de Ming Tien…
—la baja y suave dureza de su voz se esparcía
por el público, silenciándolos mientras
los dejaba tensos y cautos respecto a la sardónica
Honorable frente a ellos.
—Os
ha sido otorgado un gran regalo… vuestra
libertad… y una posibilidad para comenzar
vuestras vidas otra vez —les miró
fijamente con frialdad, dejándolos pensar
en sus palabras y en su persona. Mientras lo decía,
en susurros tradujo sus palabras a Gabrielle,
y continuó así en el resto de su
discurso.
—La
mayor parte de vosotros sois prisioneros políticos
o simplemente inocentes en el camino de Ming Tien…
—se detuvo otra vez, sintiéndose
mareada, y se apoyó sutilmente en Gabrielle,
quien sutilmente a su vez la sostuvo por la espalda
y piernas y ofreció toda su fuerza para
que Xena la usara. La guerrera la usó,
y continuó: —pero algunos de vosotros
habéis cometido verdaderos crímenes
contra vuestra gente.
Miró
a los hombres y mujeres indicados por Tik Li y
vio un cambio tenso en sus músculos como
preparandose para darse a la fuga, a pesar de
su debilitado estado. Chu no hizo ningún
movimiento en absoluto.
—Yo
no soy nadie para decir que la gente mala no debería
conseguir una segunda oportunidad… —ella
habló arrastrando las palabras—…
o hasta una tercera o cuarta… aunque ellos
no las merezcan —hizo una pausa— estoy
de pie ante vosotros hoy porque mucha gente buena
me ha dado muchas oportunidades… y no merecí
ninguna de ellas —Gabrielle, después
de oír su traducción de este comentario,
le presionó con cuidado en las costillas.
—La
mayor parte de ellas, al menos, —Xena se
corrigió, agarrando la mano de Gabrielle
y sintiendo un pequeño apretón a
cambio.
—Estoy
de pie ante vosotros porque he aprendido la realidad
del perdón… y durante unos minutos,
al menos, comprendí el camino.
Después
de la traducción, ella no hizo caso a la
audible inspiración de la bardo y permaneció
de pie mirando fijamente como si estuviese viendo
otra cosa en vez de la gente ante ella. Finalmente,
sintió a Gabrielle haciéndole señas,
y salió de su aturdimiento.
—Conozco
a los criminales entre vosotros. Si venís
y me dais vuestra palabra… de persona mala
a otra… de que trabajaréis para reparar
vuestros caminos, podréis marchaos con
los demás —miró a la muchedumbre,
que se apartaba obviamente del conocido criminal
en el centro.
—Advierto
que este camino no es fácil. Vacilaréis
más de una vez. Yo lo hice —otra
vez, cuando tradujo, apretó la mano de
su amiga—. Pero aunque yo no lo merezca,
he sido bendecida con muchos buenos amigos que
están ahí para prestarme su valor
y su fuerza… y su amor… cuando los
míos no son suficientes —sintió
a Gabrielle ponerse rígida, luego relajarse
un poco.
—Venid
hacia mí y haced vuestro voto —animó.
Una joven, demacrada mujer, una de los ladrones,
vino ante ella y comenzó a arrodillarse.—
No, quédate de pie ante mí como
la mujer fuerte, libre que eres —dijo Xena.
La mujer se
puso de pie y miró Xena.
—Hono…
—Xena…
mi nombre es Xena, — la guerrera la corrigió
suavemente.
—Tsi
Na —la mujer dejó que los desconocidos
sonidos surgieran de su lengua, luego comenzó
otra vez—. Tsi Na, te juro por mis antepasados
y mi hijo que trabajaré para cambiar mi
camino.
—Prométetelo
a ti también —contestó Xena,
poniendo una mano sobre el hombro de la mujer
con mucho esfuerzo—. No intentes hacer esto
sola… y no te desalientes y te rindas cuando
veas que… no tienes tanto éxito como
te gustaría.
Gabrielle, quien
comenzaba a entender el ritmo y el modelo de discurso
de Xena en su versión de chin, la miró
con asombro incluso antes de que Xena terminara
de traducir, pero permaneció silenciosa.
La mujer asintió y se alejó con
dificultad.
Uno tras otro,
los criminales vinieron ante la antigua Señora
de la Guerra y juraron sobre cualquier cosa que
consideraron sagrada. Uno tras otro, ella los
animó y les envió a su camino. Ella
sabía que unos cuantos, los bandidos del
camino en particular, mentían. De todos
modos, los dejó ir después de decirles
que podía ver a través de su engaño
y de amenazarles de la manera más aterradora.
Ahora, sólo
faltaba Chu.
CAPÍTULO 4
Xena se reclinó
fácilmente contra Gabrielle, esperando
a ver lo que hacía Chu. Podía sentir
la tensión de la chica.
—Todo
irá bien —la calmó—.
Tan sólo estate atenta.
Le echo un vistazo
a la bardo, observando cómo el joven rostro
parecía mucho más mayor, ahora que
cuando partieron hacía tantas semanas.
"Gabrielle…"
Gabrielle se
limitó a sujetarla y asintió silenciosamente,
observando cómo el solitario, malhumorado
hombre caminaba hacia ellas hasta que con sólo
extender la mano podría tocar a Xena. Mostraba
claramente los signos del terrible abuso, al igual
que todos los demás prisioneros. Su expresión
vacía tenía un tipo de malevolencia
muda que asustó muchísimo a la bardo.
—Así
que, Guerrera… —se mofó—,…
me gustabas más sin ropa.
—Por
otro lado —replicó Xena sin ninguna
emoción— yo me siento bastante aliviada
de ver que tienes algo cubriéndote por
fin. Estaba avergonzada por tu carencia de un
equipo… nínimo.
Los ojos vacíos
brillaron finalmente con algún tipo de
sentimiento… evidentemente odio.
—No
voy a humillarme ante un extranjero… y una
mujer, nada menos… porque unos cuantos nobles
cobardes digan que ella lanza bolas de fuego.
—Ni
debes hacerlo. Nunca le pedí a nadie que
se humillase. Ya ha habido demasiado de eso en
la tierra de Chin.
—¿Qué
te hace tan alta y poderosa? ¡No estas nada
cerca de ser un alma caritativa! Yo viví
en una villa que tu ejército arrasó
hace muchos años. Tú, personalmente,
mataste todo aquello que se movía…
—¿Cómo,
entonces, te dejé ir a ti? —replicó
Xena fríamente. Sintiendo a Gabrielle estremecerse,
Xena cambió un poco su peso. "Así
que, entendiste eso…" —Claramente
no eras ningún niño hace 10 años…
¿no deberías haber estado defendiendo
tu villa con los… —Xena hizo una pausa
deliberada, entonces dejo que su voz bajase cruelmente
cuando lo miro de arriba a abajo—…
hombres?
—¡Bah!
—gritó el hombre—. Conozco
tu juego. Intentas enfurecerme… ¡engañarme!
¡Pero no jugaré a tu juego! —Xena
notó su respiración entrecortada
y la contracción inconsciente de sus músculos
con muda satisfacción.
—¿No?
—ambas cejas se alzaron— ¿Entonces,
a qué juego quieres jugar?
—¡No
juego a ningún juego, mujer!
—Supongo…
Chu, ¿verdad? Extraño nombre, que…
ahora vas a contarme algún triste cuento
sobre que fuiste conducido a una existencia criminal
debido a que yo… visite… tu villa,
¿no?
—Nah…
en realidad me hiciste un gran favor —sonrió
ferozmente cuando los ojos de Xena registraron
una real sorpresa—. Si… hubo una serie
de… incidentes… en mi villa unos meses
antes de que aparecieses. La situación
se estaba estrechando mucho sobre mí ese
día… se podría decir que me
rescataste de una situación bastante desagradable.
—maravilloso
—dijo Xena cínicamente—. Finalmente
he encontrado algo de lo que hice en Chin para
estar orgullosa… —se estremeció
pensando la gente que había muerto entre
entonces y ahora porque este loco se había
escapado de las garras de la justicia. "¿Cuantas
cosas como ésta sucedieron que aún
no sé? ¡Dioses!"
—Oh,
si, Tsi Na —dijo Chu—, estoy debidamente
agradecido.
—Bien
—Xena respiró—, ¿tienes
intención de mostrar tu gratitud intentando
arreglar tu camino para que puedas vivir en paz
entre tu gente?
—¡No
hay nada roto en mi camino, así que no
necesita arreglarse! —bramó Chu—.
Tengo la intención de caminar fuera de
este patio y continuar la vida que creía
perdida. —de repente el hombre parecía
muy calmado.
—Sabes
que no puedo permitirte hacer eso. —comentó
Xena desanimadamente, mirando fijamente a los
ojos llenos de odio y locura. "Esos podrían
ser mis ojos".
La conducta
del hombre no cambió.
—Lo
olvidé… antes de hacerlo me propongo
mostrarte mi gratitud tomando a la rubia traidora
directamente, aquí, en el patio, delante
de ti. —Miró lascivamente a Gabrielle,
que no necesitó traducción—.
Me preguntaba: ¿el pelo dorado se siente
diferente al pelo de las mujeres de Chin? —se
volvió hacia Xena—. Cuando haya terminado
con ella… voy a matar lo que quede de ti…
lentamente.
—Prepárate
—murmuró Xena por una esquina de
su boca, sonriendo para sus adentros mientras
notaba que Gabrielle preparaba su cuerpo para
la acción. En los límites de su
campo visual, veía movimiento.
—¿Sabes?…
estaba equivocada, Chu —dijo Xena, con tono
aburrido— cerdo no es tan mal nombre para
ti, después de todo.
Sin previo aviso,
se lanzó ella misma y a Gabrielle directamente
contra el cuerpo del asustado loco. Éste,
sin equilibrio, cayó hacia detrás,
en los brazos expectantes de Tik Li, varios nobles
y algunos de los prisioneros liberados. Torpemente,
los cortesanos lucharon con el asesino hasta derribarle
y lo sujetaron mientras los ex-prisioneros le
ponían al cuello uno de los yugos de la
prisión.
Un grito helador
hizo estremecerse a todo el que lo oyó.
—¡Te
mataré lenta y dolorosamente, Tsi Na! —gritó
Chu— ¡Os mataré a todos!
Gabrielle, que
ya se había puesto en pie, miró
rápidamente al hombre encolerizado, después
a Xena, que permanecía tumbada en el suelo,
completamente agotada después de su último
esfuerzo. Se inclinó, agarró a la
guerrera por debajo de cada brazo y la arrastró
hasta sus pies. Xena la miró irónicamente,
luego se volvió al maniaco apresado en
el yugo.
—Posiblemente
intentarás matarme, Chu —Xena carraspeó
dolorosamente—. Sin embargo, creo que antes
esta gente tiene prioridad sobre tu futuro —señaló
con la cabeza a los hombres cautelosos que rodeaban
al hombre ahora impotente, pero todavía
peligroso.
—Es
un convicto, un criminal que no se arrepiente,
ya condenado a muerte por vuestras leyes —dijo
lentamente a Tik Li—, pero tengo una petición.
—Dila,
Tsi Na —dijo Tik Li mientras se acercaba.
—Ejecutadle
rápido y sin dolor.
Tik Li y los
otros no hicieron nada por ocultar su sorpresa
ante tan extraña petición.
—Se
hará como pides, Guerrera —dijo el
hombre de Lao—, pero… ¿por
qué?. Él no habría hecho
lo mismo por ti. ¡Os ha amenazado a ti y
a tu amiga con muertes terribles!
—Porque
estoy aprendiendo… poco a poco… que
la venganza y el odio tienen un precio terrible
—la voz de Xena se quebró y sintió
que Gabrielle sofocaba un grito asustado—.
Vosotros… sois diferente de Chu. Os debéis
a vosotros mismos el lujo de demostrar al menos
un poco de misericordia donde él…
no… podría —su voz se agotó
al fin, pero miró directamente a la muchedumbre
delante de ella.
Tik Li miró
a sus amigos y a los prisioneros liberados, asintió
con la cabeza, y se volvió de nuevo a Xena
y Gabrielle.
—Se
hará como pides… —sonrió
y añadió deliberadamente, mientras
hacia una reverencia—,… Honorable.
—Gracias,
Tik Li, —Gabrielle respondió tras
el ligero asentimiento de Xena—. Espero
que te veamos pronto en la aldea… —hizo
una pausa—. Creo… —la guerrera
asintió otra vez— que Xena quiere
hablar contigo largo y tendido, cuando descanse
y se recupere un poco… ¿mañana,
tal vez?
Tik Li asintió
dubitativo, sorprendido de la comprensión
entre las dos mujeres y aún más
confuso por los acontecimientos recientes.
Gabrielle sostuvo
a Xena hasta que finalmente lograron trepar sobre
la gran piedra que bloqueaba la salida a los terrenos
del palacio.
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