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solemne
DESCARGO:
Esta historia está basada en personajes
que son propiedad de MCA/Universal. De ningún
modo se ha intentado sacar beneficio económico
alguno al escribir este relato. Esta historia
tiene lugar entre "Destiny"
y "The Quest".
Tarea solemne
(Solemn Industry). Traducción
de Sway de XenaFanfics. Traducción
y publicación autorizada por la autora,
Wishes. Si quieres hacernos algún comentario
escríbenos a: xenafanfics@hotmail.com
:: TAREA SOLEMNE
::
(SOLEMN INDUSTRY)
Por
Wishes jkp@mail.bright.net
"El bullicio
en una casa
la mañana después de la muerte
es la más solemne de las tareas
llevada a cabo sobre la tierra…"
Emily Dickinson
Me arrodillo al lado
de su cabecera, ahora convertida en su féretro,
con la cabeza enterrada contra su costado.
Agarro una mano que ya nunca más acariciará
una mejilla ni esgrimirá una espada.
Mi llanto furioso y suplicante por la vida
que ella entregó de buena gana ha terminado,
reemplazado por el vacío. Una mano
toca mi pelo, y me sobresalto.
—Niña, bebe
esto —dice una voz amable, y miro el
rostro del curandero. Su cara envejecida por
las preocupaciones y el pelo canoso atestiguan
su avanzada edad, pero sus oscuros ojos brillan
con algo más cercano a la juventud.
Me alcanza una copa de barro llena de una
infusión de olor amargo—. Es
para la infección.
Sacudo la cabeza y le
hago a un lado, pero es persistente.
—Debes ponerte
bien si pretendes mantener tu promesa.
—Eso no importa
ahora —contesto, pero tomo la copa.
La sostengo con ambas manos pero sin probarla
aún—. Si la sigo…
El curandero me agarra
por debajo de los brazos y me pone en pie.
Me sorprende la fuerza de sus manos, de este
hombre no mucho más alto que yo.
—Si mueres, todo
lo que ella era se acabará. Si tú
mueres, su lucha no habrá tenido sentido.
Entonces estará completamente muerta.
—¿Completamente
muerta? Lo pienso, pero no lo digo. Ya no
respira; su corazón ya no late. Toco
su mano y la siento fría.
—Mi niña,
eso es su cuerpo. ¿Realmente piensas
que ella no era nada más que eso?
Lleva la copa a la fuerza
a mis labios.
—Esta infusión
es la más amarga que hago, y la más
poderosa. Bebe. Después continuaremos
con nuestro trabajo. —Obligada por esos
oscuros ojos, bebo.
Trae la más pura
nieve y la funde en ollas colocada en el fuego.
El curandero agrega una mezcla de hierbas,
y un olor llena el aire, dulce, pero no empalagoso,
el olor de la primavera de Tracia, pienso.
—Estas hierbas
retardarán los cambios que vendrán…
y te darán tiempo para cumplir tu promesa.
Toma la primera olla
del fuego y coloca en ella vendas limpias.
Yo la tomo de sus manos y no le permito acercarse
a su cuerpo.
—Éste es
trabajo para mí —le digo. No
protesta pero sale por la puerta hacia otra
habitación. No le pierdo de vista,
y aunque veo una forma, escucho sólo
mi propia respiración. Nada más
que mi respiración se oye ahora en
este cuarto.
Tomo la tela y suavemente
lavo su cara, la piel es todavía suave
y flexible, bronceada por el sol y el viento,
sin signos de sufrimiento marcados en ella.
Es la cara de una inocente, sin tocar por
los pecados del mundo. Mojo su pelo y lo froto
con una tela seca, tela que acaba manchada
por la sangre que antes no pude quitar. Repito
el lavado hasta que su cabello está
limpio de esta señal de su reciente
dolor. Lavo sus brazos como lavaría
los de un niño o un inválido.
Tomo la mano entre mi cuerpo y mi brazo y
la froto suavemente con la tela húmeda.
Me doy cuenta de que tarareo una canción
infantil de baño, y me detengo.
Alcanzo un punto decisivo.
Puedo dirigirme a sus piernas, destapadas
también, o puedo quitarle el traje
de batalla de cuero que todavía lleva.
Aunque en vida yo he visto su cuerpo desnudo
mientras nadábamos o nos bañábamos,
verla así, desarmada de su espíritu,
parece una violación. Pero debe hacerse,
y no permitiré que el curandero lo
haga. Si él la hubiera salvado, podríamos
haber compartido tales tareas, pero ahora
el deber es sólo mío. Quito
los cierres de los hombros, deslizo el cuero
hacia abajo y se lo quito. Es sorprendentemente
fácil, y me doy cuenta de cuánto
peso perdió la semana pasada.
Retirando otra olla de
agua del fuego, endulzada también por
las hierbas, lavo cada parte de su cuerpo.
La tarea no es desagradable, y me doy cuenta
de que estas cosas que hago no son una violación,
sino un obsequio. Al terminar, coloco una
cubierta limpia sobre ella y sostengo su vestido
de cuero de batalla en mis manos. Podría
colocar sobre su cuerpo una muda blanca limpia
o diseñar para ella un traje de funeral.
Sacudo mi cabeza, y me pongo a limpiar la
única vestimenta que simboliza su vida
de guerrera. Cuando acabo, la visto y pienso
que la última persona que hizo esto
por ella fue su madre.
Entra el curandero, y
en sus manos están las botas y toda
su armadura, reluciente como si fuera nueva.
Nombro cada pieza para mí misma, recordando
a quien me enseñó sus nombres
y usos. Coloco y abrocho cada una: las botas,
las espinilleras y rodilleras que cubren piernas
que nunca más necesitarán tal
protección; la armadura de pecho, complejamente
diseñada con unos símbolos cuyo
significado nunca aprenderé; las hombreras,
los brazaletes y muñequeras que decoran
más que protegen sus brazos.
De mi mochila, saco el
cepillo que he usado tan a menudo en su largo
y negro cabello. Sosteniendo su cuerpo con
el mío, levanto su cabeza para poder
hacer este trabajo una vez más.
Cuando termino, miro
a la perfecta guerrera, que tan sólo
necesita el aliento de un dios para volver
a la vida.
—Puedes descender
la montaña con ella en el trineo. En
la base de la montaña hay una pequeña
aldea…
—Lo sé —le
digo—. Ahí es donde compré
las pieles.
—Busca allí
a un hombre llamado Anthyus. Es un carpintero.
—No tengo tiempo
para eso —contesto—, ni dinero.
Eso puede esperar hasta que la lleve a su
aldea natal. Junto a su madre… y su
hermano.
—Todo fue proporcionado
hace tiempo –explica el curandero—.
Encuentra a Anthyus. Él tiene lo que
necesitas.
Todavía estoy
mirando a mi perfecta guerrera. Y asiento.
FIN
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