SETMANA SANTA 98 (Serra de l'Albera)
Introducción.
Me encuentro a 8 de abril de 1998 y mañana por fin marcho. Son las 13.00 horas pasadas de un miércoles gris de Semana Santa, el buen hombre del tiempo anuncia viento y lluvia para diversión del personal, presiento que esta vez tiene razón aunque mal piensen los hosteleros de Cantabria y Asturias. Tengo mi buena mochila Arapaho 42 sobre la cama, mi saco McKinley al lado de la esterilla y pocas cosas mas preparadas, es cuestión de tiempo que esta tarde inicie la carga y empiece a preocuparme por el espacio ocupado y los kilos que mi espalda cargará durante tres días. Mañana habrá que madrugar, a las 6.30 horas deberemos estar en la estación de tren de Montmeló para coger un tren que nos llevará a Granollers y allí cogeremos otro tren que nos llevará a Llançà, lugar de inicio de la marcha la cual acabará en la Jonquera donde cogeremos un autobús que nos devolverá a una nueva estación de ferrocarril donde cogeremos un tren el día 11 de abril para volver a casa. Bien, parece que esto promete, somos doce personas las que formamos lo que he venido a llamar expedición por el paraje natural de interés nacional de L´Albera, en la comarca del Alt Empordà para aquellas personas que no lo sepan, con estos datos ya podéis mirar un mapa o un atlas y localizar la zona. Seis chicos y seis chicas. Somos los protagonistas y supongo que deberé presentarnos.
Chicas (siempre ellas primero):
Chicos (siempre van después, no sé por qué):
Bien, hasta aquí la introducción, mañana marcho como ya he dicho y hasta dentro de unos días no podré narrar los siguientes capítulos, tal vez ocurra algo para recordar o tal vez no, independientemente de ello me lo pasaré bien por lo pronto ya me duela la cabeza en pensar en la mochila y...
<< Mientras subía hacia la cima con el resto de personas
2. Capítulo primero, de lo que aconteció en el primer día.
Dios, no puedo dormir, y el reloj avanza poco a poco hacia las 5.30 de
la mañana.
¡Riiiing, riiiing...!, ya es la hora y estoy muerto de sueño. Me levanto de un salto,
estoy contento e ilusionado por lo que me espera en estos tres días. Bien, por donde
empiezo; lo primero es lo primero así que empiezo a hacer la cama, en diez minutos esto
ya está. Ahora un poco de agua para lavarme la cara y quitarme las legañas, un fuerte
desayuno para empezar el día con fuerza (cereales y leche), por último los últimos
retoques en la mochila con tienda de campaña incluida, ya es la hora de bajar al coche,
me cargo los 16 Kg. a la espalda y en marcha. Aquí empieza todo.
- Hola Jordi, ¿dónde puedo meter el teléfono móvil?
Genial, llego a la estación de tren y es lo primero que me dicen. Parece que todo el
mundo comienza a llegar. Allí está Carlos, Jordi, Toñi... y poco a poco va llegando la
gente. Veo que viene Míriam sóla, ¿dónde está Marta?, parece que se le han pegado las
sábanas. Cruzamos el andén todo el grupo. Comienzo a hacer apuestas mentalmente sobre
quien llegará primero, es decir si Marta o el tren. Miro hacia la puerta de la estación
consigo vislumbrar una chaqueta roja dentro de la cual está Marta y colgada de ella una
mochila. Bien, ya estamos todos.
Llega el tren y subimos a él para encaminarnos a Granollers, me pongo
de nuevo los 16 Kg a la espalda y los bocadillos se me vuelven a caer por quinta vez, he
de decir que como mi mochila es pequeña los bocadillos para el desayuno y la comida no me
cabían dentro así que tuve que meterlos en el hueco de la esterilla ¡problema!, el
hueco es más grande que el grosor de los bocadillos por lo tanto cada vez que inclinaba
la mochila se me resbalaban los bocadillos hacia el suelo.
Después de esperar en Granollers 20 minutos subimos al nuevo tren, un borreguero de esos
tan cómodos pero que normalmente después de 10 minutos en él y al lado de la
calefacción descubres que tu pantorrilla se está churrusqueando. Me siento con Shara y
Thais y comienzo a hablar con ellas de temas intrascendentes.
Nos apropiamos del vagón del tren y comienzan nuestros movimientos por él.
-¡Qué calor!
-¡Vaya mierda de estufa!
-¿Alguien juega a cartas?
-¡Mira que tía más buena!
Son las frases típicas acompañadas del ¿queda mucho?
Por fin nos encontramos en esa estación previa a la de destino,
cogemos todos las mochilas y nos disponemos a abandonar lo que es nuestro último contacto
con la civilización. Llegamos a Llançà y bajamos a la estación dispuestos a encontrar
el inicio del GR-11, una vez encontrada la primera marca de franjas rojas y blancas solo
habrá que ir siguiendolas como si de migas de pan se trataran, de esta forma evitaremos
perdernos. El GR-11 es un sendero de Gran Recorrido, es decir una gran pista de tierra que
en este caso atraviesa todo el Pirineo desde el País Vasco hasta el Cap de Creus, las
franjas rojas y blancas nos indican que seguimos un GR en este caso el 11.
-Señor ciclista, señor ciclista, ¿nos puede decir dónde se encuentra el GR-11?
-¿Qué me dices chaval?, ¿qué es eso?
El buen hombre nos saca un mapa y en él indicamos lo que buscamos.
-¡Aaaaaah, vale!, ya sé lo que decís, se encuentra...¡Qué tengáis buen viaje!
-Gracias, igualmente.
Este dialogo supone nuestro primer contacto y único con la gente de Llançà, de hecho
seguramente el ciclista ni siquiera era de Llançà.
Comenzamos a andar y llegamos al inicio de GR-11 y antes de empezar a andar propiamente, desayunamos. El desayuno se desarrolla entre bromas y chistes malos y el buen humor de todos se manifiesta a todo trapo. Acabo mi primer bocata e iniciamos la marcha. En pocos minutos los más jóvenes del grupo sin saber a ciencia cierta lo que les espera se nos adelantan en gran medida, desde un principio dosifico las fuerzas y cojo un ritmo lento pero seguro intentando adaptarme a la mochila y no que la mochila se adapte a mi. Mientras andamos comenzamos a coger altura y a medida que cogemos altura comienzo a ver el mar y el poblado que pocos minutos antes nos albergaba comienza a empequeñecerse poco a poco. Pienso por un momento que andar sin poder disfrutar de tu alrededor no sirve de nada así que dejo de mirar el suelo y giro la cabeza de izquierda a derecha para mirar lo que me rodea: árboles a mi derecha, una casa con perros a la izquierda del camino, al fondo el principio de los Pirineos y detrás el Mediterráneo.
La subida se hace cada vez más empinada y hace rato que ando sólo inmerso en mis pensamientos, delante Alberto y Jordi me gritan si esperamos a los demás, yo les contesto que pararemos después de la subida, pocos minutos después paramos y unos pocos minutos más hacen que los demás se reúnan con nosotros. Iniciamos la marcha.
La mañana se desarrolla de esta forma, el grupo que formamos y que se inicia compacto
en cada parada que hacemos se divide en grupos más pequeños dependiendo del ritmo que
cada uno coge. Me desplazo poco a poco de la vanguardia a la retaguardia para volver de
nuevo a la vanguardia, paso el rato con uno y otro grupo:
-Hola Míriam, ¿cómo va?
-Ey Carlos, ¿has pensado en el agua y dónde comeremos?
-Chicos, se os ve un poco cansados, a qué no es tan fácil después de andar dos horas.
Nuestro primer objetivo del día es Vilamaniscle, un pueblecito pequeño donde pensamos aprovisionarnos de agua y empezar a picar los frutos secos y el chocolate correspondiente. El pueblo resulta ser unas pocas casas sin ninguna tienda abierta a las 12.00 h de la mañana, según una viejecita del lugar la susodicha tienda abre a las 9.00 h aproximadamente para cerrar una hora después.
De nuevo iniciamos la marcha. A la altura de Sant Quirze de Colera, en el borde del camino y al lado de una fuente, mientras a 100 m vacas de todos los tamaños y colores (algunas con unos pitones muuuuu grandes) comen, paramos e iniciamos la comida de la jornada. Continúan las bromas y las paridas, uno se olvida en esos momentos de lo que ha dejado en Barcelona.
Todos hemos terminado de comer y metemos de nuevo las cosas en la mochila dispuestos a continuar la marcha. Nos cargamos las mochilas a la espalda y comenzamos a andar. Todo continúa como momentos antes de comer, cada uno forma parte de un grupo y cada grupo coge un ritmo. Continuamos ascendiendo. Va pasando la tarde y cansados volvemos a parar cerca de Mas Pils, estamos rodeados de cabras y ante nuestros ojos se manifiesta el más importante don de la naturaleza: la vida. Dos terneritos nacen ante nuestros ojos, intentamos inmortalizar el momento con una diapo pero llegamos demasiado tarde, de lo que acabamos de presenciar solo queda el cordón umbilical que antes daba vida a esos dos seres recién nacidos, son pequeñitos y desde mi posición ya no los puedo ver, ha sido impresionante.
Cogemos un nuevo camino y continuamos andando, en este momento nos enfrentamos al primer susto, nos hemos perdido, este no es el camino. Bueno, todo quedó en un susto, el camino continuaba siendo el correcto y no nos aviamos desviado de rumbo, un letrero puesto en el camino nos hizo dudar, nada mas.
Ni mucho menos íbamos a llegar al lugar programado para acampar, el ritmo de todo el día había sido duro, de hecho habíamos conseguido recorres más del 50 % del recorrido en un único día y todavía nos quedaban dos. Llegamos a una pequeña explanada al lado del camino y de un pequeño río, cerca tenemos una construcción donde encontramos una manguera que servirá para obtener agua potable, el río servirá para lavarnos los píes y los platos. Estupendo, es el lugar perfecto para montar las tiendas y acampar.
Comenzó el movimiento de grupos y de pronto la superficie de terreno que iba a albergarnos aquella noche se llenó de bártulos, empezamos a extender las telas que formaban las tiendas y poco a poco empezamos a clavar las piquetas, se escuchaban los típicos comentarios de cómo se clava esto o cómo va aquello, el terreno está muy duro o haber si quitamos esas mierdas de vaca del suelo. Por qué será que el montar un campamento resulta siempre igual de divertido y nunca te cansas de ver a las personas actuando en equipo.
Finalmente y una vez montado todo el lío nos dirigimos a lavarnos los pies en el río cosa que nos hacía mucha falta, es estupendo sentir como el agua prácticamente helada relaja tus pies, de pronto y una vez los has secado te sientes verdaderamente mejor.
Debían de ser cerca de las 20.15 horas y fue en ese momento cuando en plan guerrilla nos desplazamos hasta la manguera cercana a la construcción con potes, vasos, cacerolas, cantimploras y todo tipo de bártulos para llenarlos del preciado licor antes de que cualquier curioso pasara por el camino y nos pillara. Con agua y mucha hambre nos dispusimos a preparar la cena: una maravillosa crema Campbell y el correspondiente sobre de tallarines a los tres quesos. Carlos preparó todos los utensilios para cocinar y yo comencé a leer las instrucciones de cocción. Como siempre mientras la mayoría ya estaba por los postres nosotros aumentábamos la potencia del hornillo para acabar de cocinar y comer de una puñetera vez, cerca de las 21.45 horas y obligados por una ligera lluvia que comenzaba a caer finalizábamos de comer. Por suerte lo que cayo solo eran unas pocas gotas que nos obligó a cubrir todo el material, pronto estabamos tomando un delicioso té con limón a la luz de las estrellas Marta, Míriam, Toñi y yo; Carlos escribía su diario de viaje mientras nuestros benjamines descansaban en la tienda y los demás se encontraban jugando al juego de la verdad en la tienda de Beltran y Txetxi.
Hablamos hasta tarde y nos fuimos a la tienda a dormir.
<< Y mientras le conducía fuera del Cañón Nuet
Fin del primer día.
3. Capítulo segundo, de lo que aconteció en el segundo día.
La noche se desarrolla en calma, no hay mucho que contar a ese respecto, supongo que todo el mundo se giraba de un lado a otro dentro del saco en una tranquila duermevela, seguramente todo el mundo al igual que yo descansaba absorto de lo que ocurría alrededor, un sonido, un movimiento fuera de la tienda, esa mano de tu compañero de al lado que te pone en la cara... La noche da paso al alba y con ella el trino de los pájaros y los primeros rayos de luz entran por los orificios de la tienda, suena el despertador y ya son las 8.00 horas. Carlos que duerme a mi lado pronto se pone en movimiento, yo me desperezo con calma, mucha calma. Carlos siempre es el primero en levantarse, sale de la tienda y con sus primeros movimientos el campamento de cuatro tiendas comienza a sufrir los trastornos del amanecer. Yo en pocos minutos ya estoy de pie y pensando en lo palo que va a resultar desmontar todo aquello y en especial meter las cosas sacadas de la mochila, con lo bien que estaban todas ordenadas, tranquilidad es hora de que se imponga la estrategia del caracol, despacito y con buen karma.
Todo el mundo vuelve a demostrar que es responsable de sus cosas, y después de desayunar en minutos el campamento ha desaparecido y no queda rastro de nuestra presencia, de hecho creo que todo queda mejor de lo que estaba. Iniciamos la marcha.
El día anterior nos comentaron que lo que veríamos hoy iba a ser mucho más bello, el cambio de paisaje iba a ser notable y dejaríamos un terreno más o menos llano y monótono para pasar a otro con más relieve, de hecho pensábamos ascender al Puigneulós (1256m), error, los acontecimientos del día demostrarían lo contrario. La mañana se desarrolla en calma, caminando como el día anterior, esta vez con un ritmo más pausado debido a la marcha del día anterior y debido a que el relieve a aumentado. Diez minutos después de abandonar el campamento Alberto, Txetxi y Jordi ascienden a un árbol y comienzan a demostrar que un buen desayuno y el dormir bien hace recuperar las fuerzas. Seguimos la marcha, el desnivel es muy pronunciado, esta vez procuro seguir a mi ritmo, gracias a Dios no llevo la tienda pegada a mi mochila. Llegamos casi al final del repecho y veo a Carlos y a Míriam descansando, miran al horizonte, yo levanto la vista y allí está.
En la lejanía se mantiene impávido el Castell de Requesens, se me antoja cercano pero es una ilusión, está lejos, lo suficiente como para saber que nos espera una pequeña jornada de marcha, no tan larga como la de ayer. Es hermoso, y por un momento recuerdo el pasado, los caminos, la imagen romántica que me hace amar estas montañas que muy de vez en cuando visito. Una vez leí que un autentico montañero no es el que anda y anda procurando batir recors de picos o de proezas, también es importante, no lo dudo; el montañero que busco es aquel que es capaz de ver más allá del paso que da, el verdadero montañero es aquel que sabe soñar con lo que ve con los ojos y con el corazón.
Descansamos unos instantes, lo suficiente para picar unos frutos secos
que entran de muerte, los guardamos y continuamos la subida. Me adelanto con las chicas
mientras en vanguardia se encuentran Txetxi, Beltran, Castany y Alberto; en retaguardia se
encuentran Carlos, Marta, Mínima y Toñi. Cerca de un determinado collado nos cruzamos
con un grupo de montañeros como nosotros, había unos cuantos chicos y creo recordar que
dos chicas. Thais comentó lo buenos que estaban los chicos, yo por mi parte me sentí
ofendido, después de todo nosotros no estabamos nada mal, su contestación respecto a mis
quejas derivó a una conversación sobre "bubus" (culos) de la cual no se que
decir, yo continué con mis quejas respecto al producto nacional y ella insistió sobre
las importaciones.
Paramos a comer al lado de un pequeño riachuelo donde podemos llenar las cantimploras.
Carlos y yo comenzamos a preparar la ensalada de maíz con atún y verdurita, pronto
descubrimos que el atún que yo cogí en el Caprabo porque valía diez pesetas menos era
en escabeche, hacer una ensalada con atún en escabeche no es aconsejable para el paladar,
aún así muertos de hambre hicimos buena cuenta de lo que pudimos, a fe mía tampoco
hicimos mucho.
Continuamos la marcha entre bromas con respecto a las botas del Txetxi, llegamos a un
pequeño laguito cuyas aguas quedaban renovadas por una pequeña catarata de dos metro de
alto o poco más. Fueron llegando el resto de rezagados y volvimos a montarla cuando
Beltran, Alberto, Jordi y Miriam decidieron bañarse en el estanque, los chicos en
gallumbos y ella, bueno ella...en bikini. El agua debía estar helada porque los gritos se
debían oír hasta en Laponia.
Por un momento, en medio del bosque, frente a ese pequeño estanque sentí voces lejanas,
como si alguien viniera, se lo comenté a Carlos y me comentó lo mismo, imaginaciones
nuestras o hadas y duendes del mismo bosque... ¿quién sabe?
Reanudamos la marcha, el último tramo hasta Requesens, después montaríamos el campamento por última vez en esa travessa, pasaríamos la última noche y después llegaría la mañana, el despertar del último día en los Pirineos en esa Semana Santa.
Llegamos a los pies de Requesens, Carlos con Alberto marcharon por un lado de avanzadilla, yo junto a Jordi marchamos en la otra dirección. Nuestra misión era encontrar alguna zona libre para acampar. Regresamos desanimados sin encontrar gran cosa, de vuelta encontramos a un pequeño grupo de Hippies, dejándolos a un lado regresamos al punto de reunión. A nuestro encuentro había salido una expedición de rescate que yo consideré innecesaria pues estaban más preocupados por lo que le podía haber pasado a Jordi que por mi. Pasamos el informe y ante nosotros se nos presentaron ciertas opciones, opciones que debíamos eliminar con rapidez pues la noche caería en una hora y comenzaba a llover.
1ª opción: acampar allí mismo, no me gustaba la idea.
2ª opción: marchar hacia delante por donde Jordi y yo habíamos explorado, habíamos encontrado un posible lugar de acampada, tampoco me hacía mucha gracia el lugar.
3ª opción: acampar al lado del río...
Carlos contesta: Bien, como se ponga a llover saldremos en pateras y esto será Biescas II
(más o menos).
4ª opción: llegados a la zona de la 2ª opción salir a explorar y encontrar un lugar mejor.
Nos decantamos por la 4ª opción y Carlos salió de exploración, yo le seguía y después de un cuarto de hora subiendo y bajando encontramos un lugar al lado de la Font del Ferro, fuente que marcaría la vida de una de mis botas.
Regresamos en busca del pelotón y los guiamos a la nueva zona de acampada, lugar mas bien estrecho, cabeza de talud que nos habría las puertas a una hermosa pared de unos cuantos metros.
Desplegamos las tiendas lo mejor que pudimos, me preocupaba que en la noche tropezara con algún viento y me precipitará hacia el abismo que se habría a la entrada de la tienda, me conciencié del hecho y me olvidé del asunto.
Carlos y yo nos aprovisionamos de agua y preparamos la cena, como la noche anterior volvimos a ser los últimos pero se puede decir que la cena fue una exquisitez. Cenados y abrigados nos juntamos todos entre el hueco formado por las tiendas y contamos chistes, reímos y nos burlamos una vez más de la vida. Llegó mi momentos y conté dos historias de muxoooo miedo, bueno más bien eran normalitas, pero produjeron en algunos el efecto deseado.
Nos retiramos a las tiendas mientras comenzaba a llover de nuevo y jugamos a cartas. Entre esa noche y la tarde siguiente acabé odiando ese juego, mientras Marta ganaba todas las partidas, yo las perdía pero no las perdía de forma normal sino mas bien de forma estrepitosa.
<< En la noche que envuelve
Fin del segundo día
4. Capítulo tercero, de lo que aconteció en el tercer y último día.
Fuera llovía y desde hacía rato sabía que debía de haber salido del
saco, sabía que afuera debía de lavar los cacharros de la cena y también sabía que
debía de desayunar, pero fuera llovía, y os puedo asegurar que eso no motivaba nada.
Carlos se desperezo, salió del saco y abrió la puerta de la tienda...
-Está nevando, está nevando.
De todas las tiendas salió el mismo coro de voces diciendo:
-Anda ya, como va a estar nevando.
Estoy seguro que alguien de cada tienda hizo un esfuerzo y miro fuera, de hecho yo lo
hice, y de repente como antes un coro de voces dijo:
-Es verdad, está nevando, que pasada.
El dialogo de aquella mañana fue un poco más variado de lo que acabo de escribir pero
más o menos de esta forma se inició la mañana de nuestro último día. Era 11 de abril
de 1998 y aquella tarde volveríamos a nuestra casa.
Con esfuerzos más que sobrehumanos conseguí salir del saco, me puse
ropa mínimamente decente, aunque a esas alturas de travessa yo ya olía a tigretón
pasado, salí de la tienda y vi nevar; no era mucha la nieve que caía pero para mi y
todos los que habían salido de sus tiendas era un momento especial, esos momentos en los
que un simple hecho entra a formar parte de la memoria colectiva. Thais se quejaba de las
piedras que había tenido que soportar durante toda la noche, y la tienda de chicas
comentó que los ruidos de la noche no les habían dejado dormir imaginando lo peor
después de haber escuchado mi historia de "hacerte caca". Cogí los utensilios
de cocina y me dirigí a la Font del Ferro para limpiarlos, maldita la hora en la que fui,
mientras nevaba, llegué a la maldita fuente cruzando el charco de agua ferrosa que había
entre ella y el camino, después de limpiar me giré y de repente... ¡chof!
-¡Mierda, hostia puta!
Había metido el pie hasta el tobillo dentro de un hueco lleno de agua ferrosa y toda esa
parte de mi cuerpo quedó cubierta de mugre marrón como si fuera mierda.
Entre alaridos de furor me volví al campamento dispuesto a hacer lo que pudiera por la
pierna enlatada, gracias a que tenía una muda de recambio.
La bota adquirió un tinte marrón que me costó quitar y aún hoy se mantiene, aunque no
ha quedado tan mal. Las risas del grupo me hicieron pensar en la situación e incluso yo
me reí, desde entonces me llaman el bota ferrosa, no queda tan mal, ¿verdad?
Todos desayunamos dentro de las tiendas como pudimos e iniciamos el
levantamiento del campamento, no sin antes obligar a un coche que pasaba cerca a parar y
obligar a uno de sus pasajeros a que nos hiciera una foto.
Diez minutos de pateada y llegamos a una cantina en medio de ninguna parte donde algunos
se pusieron hasta el culo de lo que no habían desayunado mientras los demás les
mirábamos envidiosos perdidos.
Iniciamos la marcha en serio, nuestra última parada sería la definitiva: la Jonquera,
desde allí cogeríamos un autobús a Figueres y de allí a casa.
De camino algunos se divertía lanzando bolas de nieve a los demás, los demás se las
devolvíamos como podíamos.

Llegamos a la Jonquera y perdimos el autobús por cinco minutos, a las
cinco de la tarde pasaría el siguiente. Eran las dos de tarde y nos dispusimos a comer de
la mejor forma posible, comenzó a llover y trasladamos las cosas bajo un puente donde nos
instalamos, allí comimos Kinders sorpresa hasta que nos cansamos de montar y desmontar lo
que contenían los huevos, jugamos a cartas y volví a perder mientras Marta volvía a
ganar, hicimos fotos al Txetxi (fotos que pasarán a la posteridad), y así entre pitos y
flautas llegó el momento de coger el autobús.
Cogimos el autobús y después el tren, en Granollers cogimos el último tren a Montmeló.
Durante el viaje de vuelta continuaron pasando más cosas, continuamos riendo y haciendo
paridas, en todos quedaba algo atrás, y algo de atrás quedaba en nosotros. Yo por mi
parte, sabía a donde regresaba, mirando por la ventana del tren veía la luna, una luna
que formaría parte de los anuncios de televisión.
<< El que está seguro de conocer el fin de las cosas cuando
tan sólo ha empezado a realizarlas es o un sabio o un loco;
no importa cual de las dos cosas sea, lo cierto es que
será un hombre desgraciado, ya que ha puesto un cuchillo
en el corazón del enigma. >>
A.Y.P. 23-07-95
5. Final.
Montornés del Vallés 06-06-1998