Salida de raquetas de nieve. 1 y 2 de abril del 2000.
Aquel viernes nos juntábamos en el Centro Cultural para ultimar los pequeños detalles de la salida del fin de semana, era 31 de marzo del 2000 y la sección de alta montaña de Pedraneu organizaba su primera actividad anual para el 1 y 2 de abril, objetivo: raquetas de nieve por la Vall dAran. Mientras comentábamos como llegar a Vielha mirábamos las raquetas que habíamos alquilado como si fueran zapatos nuevos y ya nos imaginábamos recorriendo grandes e increíbles superficies nevadas con ellas en los pies.
Eran las 6:15 de la mañana del sábado cuando salíamos con sueño y legañas en los ojos pero también con muchas ganas de ponernos las raquetas y probarlas. La forma más rápida y económica de llegar a la Vall dAran es tomando la autopista hasta Martorell donde salimos a la N-II dirección Lleida. A la altura de Tàrrega cogeremos la carretera que nos lleva a Balaguer, de allí a Alfarràs y Benabarre siguiendo la carretera que limita Aragón con Cataluña llegando a Vielha después de haber atravesado el famoso túnel. Durante la mitad del viaje dormía y fue espectacular cuando de repente me desperté y me di cuenta de que estaba rodeado de montañas nevadas a lado y lado de la carretera, frente a nosotros más montañas nevadas, todo tenía un agradable manto de nieve que reflejaba fuertemente el sol del magnifico día que se auguraba.
Llegar al parking de Beret desde Vielha fue fácil no sin antes parar a hacer una foto a un Montardo blanco muy diferente al que ascendimos en 1997. El plan desde Beret era llegar al santuario de Montgarri desde donde podríamos por la tarde partir a alguna ruta con las raquetas, allí volveríamos a pasar noche y continuaríamos el domingo con las raquetas de forma más seria después de haber tenido un primer contacto el día anterior.
Desde el parking de Beret llegar a Montgarri es bastante fácil, podemos acceder al santuario por dos caminos, una pista para coches (aquel día estaba cerrada por la nieve) y un sendero marcado con las marcas rojas y blancas de GR, ambos caminos marchan paralelos al Noguera Pallaresa. Decidimos coger la pista para coches por estar más cubierta y rodeada de nieve. Cerca de hora y media tardamos en llegar a Montgarri y durante la marcha fuimos dejando los prados totalmente nevados pasando a bosques que rodeaban la pista, a medida que descendíamos de cota hacia Montgarri iba disminuyendo la nieve. Finalmente llegábamos al santuario de Montgarri, no hace tiempo el santuario se caía a pedazos debido al abandono del hombre pero un grupo de personas decidió con ayuda intentar habilitar parte del mismo como refugio y restaurar el resto con su campanario octogonal del siglo XVII y la capilla ya conocida desde 1118. El refugio nos sorprendió gratamente al poder comprobar las buenas instalaciones que poseía y lo bien cuidado que se encontraba, en él se mezclaban las modernidades suficientes para darle un grado de comodidad que muchos otros refugios no podían tener y ese ambiente de refugio de montaña que a todos nos gusta sentir.
Después de comer preparamos las mochilas de ataque y con el mapa en la mano nos fuimos en busca de rutas para hacer nuestro primer contacto con las raquetas en la nieve. Nos dividimos en dos grupos y mientras unos marchábamos por los prados cubiertos de nieve y paralelos al Río de Parrós otros ascendían un tramo del Serrat de la Bastida siempre teniendo en cuenta la hora de retorno al refugio para que no se nos echara la noche sobre nosotros. Pronto descubrimos que las raquetas funcionaban ya que mientras unos conseguían no hundirse en la nieve a mi por mi parte me llegaba hasta las rodillas así que me las puse en cuanto tuve la ocasión.
MAPA
Ya en el refugio nos prepararon la cena al calor de la chimenea y mientras fuera bajaba la temperatura y desaparecían las últimas luces del día, dentro nos tomábamos un caldo calentito para pasar a una gran butifarra para cada uno acompañada de judías blancas y postre de tarta de queso y pera con flan. Pronto nos fuimos a dormir y el refugio comenzó a navegar, como arca repleta de calor tibio y de vida, entre las enormes olas del silencio y la oscuridad. En el interior todo estaba tranquilo, quieto, lleno de ruiditos afectuosos, mientras fuera no reinaba más que lo inconmensurable.
Nos despertamos para desayunar y marchar mientras afuera comenzaban a
caer pequeños copos de nieve que no durarían mucho. Con las mochilas recogidas nos
dirigimos al parking de Beret donde volvimos a ponernos las raquetas sobre un manto de
nieve más intenso que el del día anterior. Hacia las dos de la tarde nos metíamos en el
coche recogidas ya las raquetas y mientras comenzaba de nuevo a nevar iniciábamos el
retorno a casa sintiéndonos como los aventureros y tramperos que nos sorprendían de
pequeños en las viejas películas sobre la conquista de Alaska y Canadá.
R.A.J.