CURSO DE ESQUÍ O CÓMO DAR UN GARBEO DE GAÑOTE
EN UN HELICÓPTERO
Durante los meses de febrero y marzo, y en cuatro fines de semana,
Pedraneu organizó un curso de esquí en la estación de la Molina. Era mi gran
oportunidad de aprender a deslizar por el manto blanco, pero sobre listones de madera y no
con la posadera como era costumbre. Llegó el primer día y me puse los esquís. La
primera caída, a los 7 segundos, no fue significativa aunque ya arrancó las primeras
sonrisas de mis compañeros. Tras varios titubeos me pude mantener en pie el tiempo
suficiente para recargar mi dañada moral. Duró poco puesto que la desgarradora e
hiriente voz del maestro monitor tornó a dejarlo todo de nuevo en su sitio:
- Los que ya sepan esquiar que se queden aquí. Los inútiles babosos que no tengan ni
p... idea que se alejen, que apestan.
Toni, Carlos, Cristina y yo corrimos despavoridos huyendo de tal personaje no fuera que
sacara algún arma letal. A los apestados nos fue
asignado otro responsable de nuestra educación deslizante. Dicho personaje se instaló
ante nosotros y mientras ventoseaba, se arrascaba el escroto e injería su desayuno a base
de una peleona legaña nos exclamó:
- Amos payá.
Toda una experiencia es tu primera subida a un telesilla. Cuando consigues llegar a una
puertecita que te cierra el paso, ésta se abre de golpe. Haces soberanos esfuerzos por
mantener tu débil equilibrio cuando detrás de ti se acerca ese atroz monstruo negro y
gris. El amargo momento duró pocos pero interminables segundos. No sabes como colocar los
esquís en el suelo. Se te cae un guante. Se te cae un palo. Se te cae un huevo. La mirada
perdida en «La Molinan Beauty». Y llega el momento. El golpe de la p... silla es
bestial. Se conocen casos de pérdidas de miembros. Yo tuve suerte: fractura triple del
yunque y pérdida de líquido amniótico. Pero «Los chicos no lloran» y seguimos
adelante. Luego hay que bajar. Intentas dejarte llevar, pones hasta «El sexto sentido»
pero es el telesilla el que te lleva al huerto. Tres vueltas más de campana pero te
empieza a dar igual. Además te das cuenta del efecto multiusos de los dientes. Al empezar
la primera bajada de tu vida por «La milla verde» aplicas la técnica de incisivos que
hace que te claves al suelo. Eso no evita el giro de 879 grados de tu rodilla y la primera
transformación de una pista verde en pista roja. Es lo que tiene. Les empiezas a tomar
cariño a las ostias. Incluso te gustan. Tanto que quieres hacer partícipes a otras
personas de tus experiencias, haciéndolas rodar contigo en una intensa orgía de sangre,
nieve y dientes. Hay elementos que disfrutan tanto que esquían con los ojos cerrados a
ver quien se la endiña más fuerte y gana un vuelo gratis en helicóptero. ¡Van de
listos!
En resumen después de transmitir «Todo sobre mi curso» quería dejar claro, y creo que
así lo he hecho, que merece mucho la pena hacer un curso de este tipo. Los que no sabemos
aprendemos (doy fe), los que ya sabían se corrigen y, más importante que todo eso, te lo
pasas de miedo.
¡Ah! que no se me olvide. El año que viene «Portarem a la María a la Molina».