Sobre algunas cosas que acontecieron en la Pica d´Estats (3143m)
(10, 11 y 12 de octubre).
No sé, hay veces que te das cuenta de que los sitios que visitas pueden ser diferentes según la época en que los visites y siempre conservando la belleza del primer momento que lo visitaste.
Subiendo por la carretera C-147 que va paralela al Noguera Pallaresa por Tremp, Pobla de Segur, Sort hasta Llavorsí y tomando a la derecha la carretera de Ribera de Cardós llegas a la Vall Ferrera, el nombre proviene de las numerosas herrerías que existieron en la zona desde el siglo XI hasta el XIX, que aprovechaban el mineral de hierro que allí se extraía. Era el puente del 12 de octubre de 1999 y aquella era la cuarta vez que estaba en ese valle, el motivo alcanzar la Pica d´Estats (3143m), el punto más alto de Cataluña y al cual los montañeros catalanes le tenemos una predilección especial, por ello la bandera de las cuatro barras, la Virgen de Montserrat y otras demostraciones patrióticas no faltan jamás en la cumbre. El poeta Jacint Vedaguer la escaló en 1883 y... bueno, eso es otra historia y será mejor ir a lo que toca: el puente del 12 de octubre. Para esa fecha, día del Pilar, la sección de alta montaña organizaba la última salida del año poniendo fin a las cuatro actividades anuales que le correspondían como sección Pedraneu.
Salíamos el 10 de octubre de la Plaça de la Vila dos coches con cinco personas, todas ellas con el deseo de hacer la cima, marchábamos para tres días y el parte meteorológico nos auguraba un tiempo inmejorable.
Después de tres horas en coche y después de escuchar el pobre, pero siempre lleno de calidad, repertorio musical de mi coche llegábamos a Àreu desde donde debíamos seguir una pista única de 11 Km para aparcar a la vista del refugio de la Vall Ferrera (1860m). El refugio sería el inicio de nuestra marcha a pie hasta llegar a la falda de la Pica. El itinerario de la Pica d´Estats se encontraba muy bien marcado, al inicio del camino encontramos carteles que nos indicaban el camino y otros que nos pedían no dejar basura en la montaña. Al salir del refugio comenzamos a ascender por el Valle de Areste pero 150 metros más arriba el camino torcía a la izquierda para contornear un espolón rocoso y así cambiar de valle. La mochila comenzaba a hacerse pesada, sobretodo teniendo en cuenta que llevábamos las tiendas de campaña, comida para tres días y un cartón de vino para mezclarlo con dos latas de fruta en almíbar variada, hay que poner especial atención en el hecho de que sólo había un cartón de vino para cinco personas... pero eso es otra historia. El buen tiempo y la ligera brisa primaveral, extraña para esa época del año, nos hacían avanzar a un paso ligero y seguro por el camino que de pronto se llenó de pinos y anémonas. El camino bajaba ligeramente entrando en el Valle de Sotllo llegando a un torrente que cruzamos gracias a un estrecho puente formado por dos troncos, fue aquí donde decidimos parar para comer. Después de un merecido reposo continuamos atravesando el Valle de Sotllo para llegar al primero de los dos lagos que se encuentran a los pies de la Pica d´Estats: el Estany de Sotllo (2350m). Fue en este lugar donde ya atardeciendo comenzamos a montar las dos tiendas de campaña que traíamos para pasar la noche. Ya montadas nos tomamos un pequeño respiro antes de preparar la cena disfrutando del panorama que nos ofrecía aquel lugar: frente a nosotros la increíble mole de la Pica, en el otro sentido y ya en el horizonte la forma piramidal de aquel Monteixo que jamás subimos en agosto de 1998. Cenamos bajo el manto estelar de una noche completamente despejada y nos fuimos a dormir mientras la W de Casiopea vigilaba nuestros sueños.
Al día siguiente,
temprano, desmontamos las tiendas y con las mochilas de ataque iniciamos aquel 11 de
octubre el ataque final a la cima. El sol salía poco a poco por detrás de las cimas con
fuerza. Detrás de l´Estany de Sotllo venía el d´Estats (2471m), ahí empezaba lo
difícil, la famosa tartera que aquel día estaba vacía de nieve. Llegamos al Port de
Sotllo (2894 m). A partir de este punto comenzaba una de esas grimpadas que si te la tomas
con calma es seguro que la disfrutas. El camino es claro y a las 13:00 horas de aquel día
alcanzábamos el Pic Verdaguer, cinco minutos más y llegábamos al techo de Cataluña.
Para aquellos que nunca han estado en la Pica hay que decir que es difícil encontrarla
vacía de gente en fechas señaladas, aquel día y a 3143 m estabamos completamente solos,
la suerte nos sonreía permitiéndonos ver desde la cima toda Cataluña: al fondo
Montserrat y el Montseny, en la otra vertiente Francia y en el horizonte más cercano
Andorra.
Iniciamos el descenso por la vertiente francesa dirigiéndonos hacia el Coll de Riufred, giramos hacia la izquierda bajando hacia el pequeño lago de la Cometa d´Estats y antes de llegar a él atravesamos un ventisquero comenzando a subir hasta llegar al Port de Sotllo desde donde ya contemplamos la tartera y los lagos al fondo. Iniciamos el descenso final para llegar al lugar de acampada donde nos esperaba la comida y el bien merecido reposo, eran las 16 horas del 11 de octubre.
Pronto llegó la noche y el manto de estrellas del día anterior nos cubrió como una especie de sudario recordándonos lo pequeños que éramos en comparación con el inmenso firmamento.
La noche pasó y pronto el sol nos despertó, todavía debíamos recoger el campamento y regresar a los coches para volver a casa. Recogimos de tal forma que no quedaran restos de nuestra presencia. Detrás dejábamos lo que era el primer 3000 de algunos y frente a nosotros se nos presentaban nuestras casas y el anhelo de llegar a otras cumbres.
R.A.J.