|
1 de Agosto
Todo el campo, en Cebreros, está ardiendo,
ha empezado a las cuatro de la tarde;
a traición nos cogió, como un cobarde,
a su antojo, arrasando y destruyendo.
Esa lengua maldita iba creciendo
aliada con el viento, haciendo alarde
de esa antorcha gigante, arde que arde,
que todo en cenizas va convirtiendo.
No ha respetado arroyos ni caminos,
ni ese aire que estamos respirando,
ni las cepas, ni pinos tan lozanos.
Ni las casas de los otros vecinos,
ni a esos niños que ya estarían soñando
arrancando los sueños con sus manos.
Francisco Prieto
Cebreros, 2-8-2003
|