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Comienza a amanecer y en mi ventana,
por su vertiente, un lagrimeo llora
de la nieve caída, sin demora,
en esta gélida ciudad serrana.
Persisten los copos en la mañana,
un manto ha cubierto toda la flora,
y tras las murallas, con voz sonora,
una torre lanza ecos su campana.
Ha quedado toda Ávila cubierta
por la nieve mandada en primavera
de esa nube negruzca y caprichosa.
La gente acostumbrada, ya despierta,
al manto blanco que cubre la acera
haciendo a la ciudad aún más hermosa.
Francisco
Prieto
Ávila,
25-3-1968
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