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Tarde de primavera perfumada,
húmedo y resplandeciente campo,
perfumado por el almendro,
copioso y florecido,
que asoma en lo alto de San Marcos,
vertiendo el ramaje,
sobre esas laudas,
de alguien que en su día fue su descanso.
Y ese rumor del arroyo
cantando el agua clara
al choque con los guijarros.
Y esa brisa silenciosa
que nos mece en su regazo.
Y esas nubes plateadas
encima del Castrejón,
iluminando a Cebreros
con todo su resplandor.
Un trasiego de insectos,
sin rumbo en su caminar,
deambulando entre las hojas
en busca de algún manjar
que llevarse a la boca,
en esta tarde serena,
tarde primaveral.
Francisco Prieto
Cebreros, 17-5-1970
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