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Dirección: Alberguería deArgañán.              

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HISTORIA DE ALBERGUERÍA

Cuando empecé a indagar en las posibles fuentes que me permitieran reconstruir, siquiera vagamente, la historia de este pueblo, lo primero que se me ocurrió fue bucear sus orígenes en las enciclopedias. Todas ellas me decepcionaron enormemente porque apenas se refieren a la extensión del término municipal, unos 30 kilómetros cuadrados lo que es lo mismo, unas 3.000 hectáreas, y al número de habitantes, variable en cada una en función de la fecha de su edición.
Ni siquiera la célebre Enciclopedia Espasa se extiende mucho más; pero añade un dato nuevo que a mi me parece revelador de la magnitud y relevancia del pueblo a comienzos del siglo XX: en 1909, Alberguería contaba con 377 edificios y 958 habitantes, cifras muy superiores a las de los poblados de su entorno, lo que constituye un indicador clave de la importancia del pueblo en el conjunto de la comarca. Pero en ninguna de estas publicaciones se hace referencia a ese castillo que tanto llama mi atención a pesar de su ruinoso estado. Era necesario, por tanto, seguir investigando.
El manejo de las enciclopedias me sugirió una nueva línea de investigación derivada hacia la semántica:
¿Cuál sería la procedencia de un nombre tan altisonante?
Acudí al Diccionario de la Real Academia Española y allí descubrí que Alberguería, en su primera acepción, significa "posada, mesón o venta" ; y en la segunda y última, "casa destinada a recoger a los pobres". Mientras que el términos Argañan parece provenir, según nuestro querido historiador don Mateo Hernández Vegas en su obra Ciudad Rodrigo, la catedral y la ciudad, de la palabra argaña "conjunto de filamentos de la espiga". En mi modesta opinión, el apelativo debe referirse a que los terrenos de esta comarca estuvieron desde antaño dedicados a los cultivos de secano, especialmente de cereales, es decir, estarían en su mayoría cubiertos de espigas y, por tanto, de argañas. Y de ahí el genitivo que se aplica a la comarca de Argañan. Así pues, debemos establecer, sin ánimo de sentar cátedra, que Alberguería pudo empezar siendo algo así como una posada situada, dentro del campo de Argañan, en una importante encrucijada de caminos que conducían a la Lusitania. Quizás por eso de haber sido antes "posada", o " casa destinada a recoger a los pobres", ha sido luego un pueblo tan hospitalario y acogedor.
Abandonando la etimología y entrando de lleno en la historia que Alberguería ha compartido con tantos pueblos de la Raya, como se llama aquí la frontera con Portugal, recordaremos, en breve resumen, lo que imaginamos que puede haber sido ese devenir histórico, aunque carezcamos de los datos necesarios para situar inequívocamente la fecha de nacimiento de este precioso pueblo.
La Edad del Bronce y la Edad del Hierro dejaron ya por estas tierras ídolos y esculturas zoomorfas que representan a verracos y toros dispersos por toda la geografía fronteriza, así como algunos conjuntos funerarios que precedieron al levantamiento de los castros y aldeas amuralladas.
El belicoso pueblo vetón ocupa y domina en estos primeros tiempos la comarca mirobrigense, y suponemos que esta influencia se extendería a estos confines albergallos hasta la llegada de la cultura romana, que se impone finalmente en todo el territorio de la Lusitania, en que quedó integrado nuestro querido pueblo. Una etapa de cierta oscuridad histórica se desarrolla durante la denominación de los pueblos bárbaros, y posteriormente de los árabes, conservándose escasas referencias de su establecimiento en la zona.
Habrá que esperar al siglo XII para que el rey Fernando II de León inicie sucesivas repoblaciones con gentes traídas de provincias limítrofes, e incluso de Francia, que se consolidan los núcleos predominantes de la frontera. A partir de entonces, la Raya se puebla de castillos, fortalezas, murallas y torres de vigía. Los siglos XIV y XV contemplan los periodos de enfrentamiento y gran belicosidad, que tendrán en los siglos XVII y XVIII un notable recrudecimiento con el advenimiento de la guerra con Portugal, hecho éste que coincidirá con el nacimiento de nuevas y poderosas fortificaciones fronterizas. Pero, para el momento de iniciarse la guerra con el vecino país, nuestro querido castillo contaba ya casi 200 años de edad, pues debió construirse hacia 1450 (es decir, hace la friolera de 550 años), según la descripción que de él se hace en el Tomo I de Los Castillos de España y que reza así: Castillo de Alberguería (finales del s. XV) "Es un recinto de forma trapezoidal cuyos muros, de mampostería de granito, están reforzados en los ángulos con torres de sillería. Los restos de almenado hacen suponer que fueron remate, aunque suprimido a finales del s. XVII o principios del XVIII, para adecuar la fortaleza a las necesidades estratégicas de aquella época.
Las ventanas, algunas de regular tamaño, indican cierta comodidad y elegancia en las habitaciones domésticas. El motivo de bolas que aparece en las ventanas, nos lleva al reinado de los Reyes Católicos. A través de ciertos documentos de esta época, sabemos que Esteban Pacheco tenía castillo sin jurisdicción señorial, y que el 1464 Alvar Pérez de Osorio "tenía horca" (es decir, podía administrar justicia e imponer la pena de muerte) y había construido una fortaleza que sería la actual. Las restantes noticias que tenemos se refieren a la guerra de Sucesión portuguesa. En el año 1660, tropas portuguesas consiguieron apoderarse de él y lo fortifican. Sería quizás este momento cuando se suprime el almenado y se abren las troneras para la artillería. Un año mas tarde es recuperado por las tropas españolas. En el XVIII se le describe como perteneciente al marqués de Cerralbo y totalmente arruinado, aunque en los informes redactados hacia 1735, al plantearse la reorganización de las defensas de la frontera portuguesa, era considerado como uno de los puntos de apoyo de la línea formada por el Fuerte de la Concepción ( en Aldea del Obispo), Ciudad Rodrigo y San Felices de los Gallegos".
Hasta aquí la referencia. Pero sigamos removiendo la historia gloriosa de nuestro querido castillo, que no deja de ser también la del propio pueblo. Según Dionisio Nogales Delicado, otro gran historiador mirobrigense, "ya se habla de él en una escritura de venta de la mitad del lugar de Abusejo, otorgada en 1466 a favor de Rodríguez Pacheco y su sobrina, doña María Pacheco, mujer de Alvar Pérez de Osorio, señores de Alberguería", apunte que corrobora la noticia que obra en el citado Tomo I de Los Castillos de España.
Pero fue durante la guerra de la independencia portuguesa -también llamada de la restauraçao-, que comenzó en 1640 con el nombramiento como rey portugués, contra la autoridad de Felipe IV, del duque don Juan de Braganza, cuando mas avatares sufrió nuestro querido fortín. Y así cuenta el mismo don Dionisio en su Historia de Ciudad Rodrigo, que el tal duque de Braganza, "abandonando la actitud defensiva que hasta allí (es decir, hasta aquellos momentos) había mantenido, atacó a Alberguería de Argañan, pueblo entonces fuerte, (y esto lo subrayo porque una expresión tan contundente se lo merece) del cual se apoderó e hizo una inmensa hoguera, mas como no pudiera reducir el castillo que la protegía, se retiró a Alfayate, no sin antes talar la campiña y llevarse los ganados". No quedó ahí la cosa, ya que veinte años después., precisamente el 10 de marzo de 1660, vuelve nuestro querido pueblo a sufrir otro embate al invadir nuestros vecinos portugueses el campo de Argañan, en esta ocasión sí que consiguieron no solo apoderarse del castillo, sino que hasta tuvieron tiempo de fortificarlo. Sin embargo, es de suponer que los españoles volvimos a recuperarlo en poco tiempo, ya que dice don Mateo Hernández Vegas en la obra antes citada, que "el día 11 de agosto de 1661 (es decir, al año siguiente), en la catedral de Ciudad Rodrigo se celebra con una misa solemne la toma de Alberguería".
No obstante, tampoco esta vez nos duró mucho la alegría, pues según Sánchez Cabañas- un insigne historiador mirobrigense que murió a principios del siglo XVII -, el conde de Mesquitelle, gobernador de (la provincia portuguesa de) Tras-os-Montes, vino expresamente desde Castel Rodrigo a poner sitio al castillo de Alberguería, cuyo gobernador Antonio de Andrade "no supo defender mas de seis horas". Nada menos que 28 años duró esta cruenta guerra con Portugal, que terminó en 1669 cuando, al morir Felipe IV, la reina viuda doña Mariana firmó un tratado reconociendo la independencia del país vecino. Alberguería, como tantos otros pueblos y ciudades de la Raya, tardó mucho en recuperarse después de estos años de inquietud continua, de incendios de pueblos, mieses y bosques; de saqueos de aldeas y robos de ganados; de paralización completa en la agricultura, industria y comercio; de epidemias, despoblación y ruina total para toda la región. Pero tampoco terminaron aquí las penas para esta Alberguería de nuestra alma. En el año 1704, apenas comenzada la guerra de Sucesión española, en la que Portugal estuvo aliada con Alemania, Austria, Inglaterra y Holanda en contra de nuestro futuro rey Felipe V de Borbón, "por orden del comandante de la frontera, y para que el enemigo no se aprovechase de ellos, quemaron todos los campos de pan (es decir, las tierras de cereales) del campo de Argañan y de muchos pueblos, obligando a todos los vecinos a abandonar sus casas, templos y haciendas y refugiarse con sus familias en Ciudad Rodrigo, lo cual causó tanta desesperación, sobre todo a los labradores, que de repente se veían reducidos a la más espantosa miseria y desamparo, que muchos se entregaban y entregaban a sus hijos a las llamas por no sufrir tan mortal congoja".
Así se despoblaron totalmente mas de veinte lugares de Argañán -entre ellos nuestra Alberguería, por ser plaza fuerte y de importancia estratégica-, situación que duró hasta octubre de 1707. Como consecuencia de haberse aglomerado en Ciudad Rodrigo todos los vecinos del campo de Argañán, y en parte los de Robledo y Camaces, sobrevino una epidemia tan espantosa que murieron mas de 30.000 personas, la mayor parte labradores refugiados, lo que me da pie para pensar que muchos de aquellos nuestros convecinos ni siquiera tuvieron la oportunidad de regresar a sus hogares, o a lo que quedara de ellos, cuando alumbró la paz por estas tierras.
De la importancia de Alberguería en el entorno de la comarca a mediados del siglo XVIII nos deja constancia el célebre Libro del Bastón, redactado por el Corregimiento de Ciudad Rodrigo, en que se dan respuestas al cuestionario real dictado en 1769, reinando Carlos II, para preparar la repoblación de las regiones despobladas, entre la que se contaba la provincia de Salamanca.
Alberguería era entonces una villa de realengo, es decir, libre, no perteneciente a ningún señorío ni orden religiosa, que contaba con 57 vecinos- lo que equivale a un censo de unos 350 habitantes-, mientras que Alamedilla no pasaba de los 40 vecinos, Casillas de Flores andaba en los 25, Puebla de Azaba tenía 17 e Ituero de Azaba se situaba en los 30. El pueblo mas importante de la comarca de Arganán era en aquellos tiempos Fuenteguinaldo, villa de señorío perteneciente a la Casa y Estados del Duque de Alba, que ya por entonces contaba con 185 vecinos(o sea, mas de mil habitantes). Todo ello de un total de 8.600 vecinos que habitaban en el corregimiento de Ciudad Rodrigo.
También, en esta misma fuente, se dice que Alberguería contaba con una de las 18 aduanas que salpicaban la frontera de Salamanca con Portugal. Para terminar este resumen histórico hay que añadir que sería pueril pensar que Alberguería saliera de rositas y no sufriera también, en mayor o menor grado, las consecuencias de la terrible Guerra de la Independencia, aunque no fuera de una forma directa, como parece probar la falta de referencias concretas en los legados históricos que hablan de la cruenta contienda.
Pero mucho nos extrañaría que, estando situada a escasas leguas de Ciudad Rodrigo, ciudad largamente asediada por las tropas francesas, primero, e inglesas, después, no sufriera también las correrías de uno u otro bando en sus propias carnes. En cualquier caso, seguro que tuvo que soportar la hambruna y las escaseces propias de estos desgraciados avatares, que no cesaron de castigar estas tierras hasta el año 1812.
En fin, creo que toda esta relación de hechos y anécdotas que nos presentan la historia y las estadísticas es más que suficiente para ensalzar las grandezas objetivas de nuestro pueblo, y para hacer que nos sintamos un poquito mas orgullosos de ser sus hijos. Porque no cabe duda de que el sabernos nacidos a la sombra de un edificio tan noble que llegó a constituir uno de los cuatro baluartes de la raya de Portugal en nuestra provincia, es algo que satisface íntimamente por su propia esencia.
Claro que de no haber tenido unos antecedentes tan linajudos, tampoco hubiéramos dejado de profesar un enorme cariño a esta maravillosa tierra. Es decir, para mí, aunque de procedencia mirobrigense me he considerado siempre albergallo, como para todos los que aquí nacieron y se criaron, Alberguería era, es y seguirá siendo, per se, el mejor pueblo de la comarca y de toda España entera, si se me permite hasta tal punto la exageración. Buena prueba de ello es que jamás tuvimos envidia de ningún otro, porque nunca echamos nada en falta que no nos fuera proporcionado a manos llenas por nuestra Alberguería. Pero personalmente no me siento orgulloso de este pueblo solo porque disfrute de unos antecedentes históricos dignos de todo encomio, o porque esté rodeado por unos parajes tan bellos y agrestes, pero a la vez tan acogedores, como los que aquí nos abrazan desde los cuatro puntos cardinales. Alberguería tiene otros méritos y otras virtudes que han florecido y residen desde siempre en sus moradores: gentes sencillas, afectuosas, bienintencionadas, sociables y hospitalarias, que han sabido hacer de la amistad y el cariño a los demás dos de sus más relevantes virtudes.

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