KILIMANJARO, MONTE KENIA Y PARQUES NACIONALES

Cuando desde la cumbre del Kilimanjaro ves sus glaciares, no te imaginas que esa masa inmensa de nieve pueda desaparecer en diez o doce años. Son las consecuencias del cambio climático que, inexorablemente alterarán  el paisaje y el modo de vida de más personas de las que nos imaginamos. Sólo tenemos que mirar hacia Holanda o Venecia, como ejemplo, y pensar en unos cuantos kilómetros de la masa continental antártica desapareciendo por el calentamiento de la Tierra y sus efectos colaterales en estos lugares.
Cuestiones medioambientales aparte, este agosto viajé a Kenia y Tanzania para subir dos montañas, el Monte Kenia y el Kilimanjaro, y para hacer  un safari fotográfico por el lago Manyara, el Serengeti y el cráter del Ngorongoro.
El grupo lo formábamos once personas. Volamos a Nairobi el 5 de agosto. Aprovechamos el día en la capital de Kenia  para visitar el Museo Nacional y la casa de Karem Blixen, la famosa escritora  inmortalizada en la película "Memorias de África". Al otro día, partíamos por tierra hacia la entrada al Parque Nacional del Monte Kenia para comentar la ascensión a esta montaña de 5000 mts. La vía elegida era la "Sirimon"  y teníamos el tiempo limitado a cinco días lo que no permitía un retraso por mal tiempo o cualquier otra causa. El primer día discurre por un frondoso bosque, para dar paso después a un paisaje volcánico con las vistas de las esbeltas puntas del Monte Kenia. El camino está plagado de senecios y lobelias. Algunas de estas plantas de gran altura. La noche de cima salimos de madrugada de Mc. Kinders a 4200 mts. , para estar lo antes posible en la cumbre porque luego tenemos un largo descenso. Los primeros rayos de sol nos sorprenden en la arista cimera de la Punta Lenana (4990 mts.). En la cima las vistas son impresionantes. Bajamos hasta Naru Moru a 3200 mts. Al día siguiente, nos topamos con un tupido bosque hasta la salida del Parque Nacional.
Después de un día y medio de descanso en Nairobi, en donde pudimos probar en el restaurante "Carnivore" todo tipo de carnes (muy recomendable la de cocodrilo y la de avestruz), pasamos a Tanzania para subir el Kilimanjaro. El Kibo, en lengua local,  con sus 5895 mts. tiene el honor de ser la montaña más alta de África. Es un volcán en medio de la sabana africana. La vía elegida era la Machame de subida y la Mweka en el descenso. Son seis días en los cuales se va ascendiendo gradualmente la montaña y en los que se echa en falta un día más. El cuarto día partimos de 3900 mts. y llegamos a 4650 mts. a las cinco de la tarde. Ese mismo día a las once y media, estábamos de pie para prepararnos para salir una hora después. La cumbre no llegó hasta el amanecer y después, ese mismo día bajamos hasta 3100 mts. De las últimas treinta y una horas, no paramos en veintiuna horas, haciendo dos mil metros de desnivel de subida y casi dos ochocientos de bajada. En la cima, tres de los que formábamos el grupo nos hacemos las fotos de rigor. Fue una noche de mucho frío. En el descenso, nos encontramos con  otros tres compañeros  que venían algo más rezagados.
El premio al esfuerzo fue un maravilloso safari fotográfico por uno de los santuarios de la fauna salvaje más bellos del Planeta: el Serengeti, "la llanura sin fin" en la lengua masai. Las puestas de sol, sus amaneceres,  la visión de leones, elefantes, búfalos, jirafas, hipopótamos, guepardos, leopardos, gacelas, impalas…, en plena libertad son inolvidables. Grandioso espectáculo es el cráter del Ngorongoro un microcosmos que recuerda "El Mundo Perdido" de Arthur Conan Doyle, porque entre sus paredes de más de seiscientos metros y sus más de  250 km.. cuadrados, viven miles de cebras, ñus, búfalos y gacelas, los últimos rinocerontes negros, leones, hienas. La caldera ha creado un sustrato rico para que los rumiantes se alimenten en su interior sin realizar grandes migraciones y para que a su vez, -es ley de vida-  los grandes depredadores encuentren su alimento diario.
El deshielo de los glaciares del Kilimanjaro continúa imparablemente. Cuando uno a estado allí no puede sentir más que lástima al pensar que dentro de unos años, la única forma de ver sus neveros será en foto. 
Carlos Quero Esteve