La energía que desprende la común motivación de 2300 personas, más el volumen envolvente de la música del Descubrimiento de Vangelis, más el rotor del helicóptero encima de nuestras cabezas y que nos sobrevolaría constantemente hasta el crepúsculo, provoca un nudo en cada garganta, que se evocará en muchas ocasiones a partir de ahora. Uno no vuelve a correr como siempre después de esta experiencia, al margen del resultado de la carrera.
Los comentarios boca a boca, las anécdotas, la ilusión... tienden a desmitificar esta prueba... y efectivamente no es mito alguno. Pero gente muy preparada física y mentalmente sucumbe ante la dureza del UTMB y parece de justicia aterrizarla un poco.
El Ultratrail del Tour del Mont Blanc, no es una carrera por montaña; es un ultratrail por montaña. ¿Qué quiero decir con esto?. Simplemente que se va a requerir al organismo las dos cualidades que aconsejan ambas modalidades; la fortaleza de piernas y el fondo físico, pero ambas deben haberse acostumbrado a convivir juntas durante largas horas de esfuerzo para que formen un buen "equipo" y tienen que ponerse al servicio de la mente, la única que puede conducirnos a meta.
El UTMB es implacable y va a perdonar pocas equivocaciones. Pocas personas abandonan la prueba por lesión o accidente. Baste decir que al exigir una experiencia demostrada en este tipo de pruebas para acceder a su competición, ha hecho que el número de abandonos descienda considerablemente. Las personas que lo hacen en Courmayeur me hace pensar que son decisiones tomadas ya antes de la salida.
Las sobrecargas musculares dejan fuera de combate a buena parte de estos retirados. Unas cifras nos van a aclarar el porqué.
Cuando se llevan 30 km en las piernas y 2800 metros de desnivel acumulado, hay que salvar un desnivel positivo de 1300 metros en menos de 12 km para coronar Bonhomme, además de noche.
Con 77 km en las piernas y 8400 metros de desnivel acumulado, hay que subir 800 metros en 5 km para alcanzar el refugio Bertone.
Cuando se llevan 96 km , más de 20 horas de prueba y 9700 metros de desnivel acumulado, se deben ascender 700 metros en algo más de 4 km para coronar Grand Col de Ferret.
A los 137 km, 15000 metros de desnivel acumulado y avanzando la segunda noche sin dormir, hay que salvar un desnivel positivo de 700 metros en 5 km para alcanzar el Col de Catogne.
Después, sólo queda ya realizar una media maratón de montaña de 1500 metros de desnivel acumulado antes de llorar de emoción en las calles de Chamonix.
Tenía dos objetivos por cumplir. El primero bajar de 40 horas. El segundo, entrenar esa otra parte del corredor, que sólo se consigue en las duras competiciones, de ahí que lo tengamos tan poco controlado; entrenar la mente. Para ello decido correr solo, única forma que tengo de concentrarme correctamente en lo que estoy haciendo.
Soy más ultrafondista que montañero, por lo que mi idea primera era sobrevivir en las largas subidas y aprovechar en el llano y las bajadas para correr. Tuve que cambiar la estrategia por una pequeña molestia en el cuádriceps izquierdo, dolía bastante cuando bajaba, pero se mitigaba mucho al ascender. Así que aprovechaba en las subidas y me "controlaba" en las bajadas, e intentaba correr cuando la pendiente o falta de ella era asequible para correr. Como se gana más tiempo bajando que subiendo, decidí no parar mucho en los avituallamientos, ya que se pierden verdaderas minutadas en ellos a nada que te descuides.
Me voy marcando metas parciales, que no podían ser otras que los cuarteles generales de Les Chapieux, Courmayeur y Champex-Lac. La nueva estrategia, reavituallarme constantemente y la música me han llevado hasta Courmayeur, donde tengo ropa para cambiarme, en menos tiempo de lo que había imaginado. Tampoco me entretengo mucho, lo suficiente para cambiarme y comer algo. El calor comienza a ser importante al acercarse el mediodía y transitar por la cara sur del macizo. No hago más que beber agua. Las subidas a partir de aquí se hacen durísimas, no sólo por el desnivel real que tienen, sino por la acumulación de cansancio y calor, pero aguanto porque sé que se pasa; como todo el esfuerzo, el sufrimiento y lo desagradable de la prueba... todo acaba pasando y perteneciendo al recuerdo.
En la llegada a Champex he pulverizado ya todos mis records. Nunca había corrido más de 120 km  seguidos ni había estado tantas horas seguidas en esfuerzo continuado. Me cambio y ceno en condiciones, pero no me entretengo demasiado... aquí es especialmente peligroso, te arriesgas a no continuar.
El col de Bovine es muy técnico y me obliga a tirar mucho de cuádriceps, por lo que se me recarga un poco, más aún en la bajada hacia Trient. Paro un poco a estirar y enfrento la subida a Catogne. Para mí, los peores momentos de la carrera. El cansancio acumulado y las fuertes pendientes me disparan la respiración y las pulsaciones. Tengo que hacer constantes paradas. Varias veces me siento en piedras para descansar, hasta que pienso en cosas sin sentido. Percibo que aparece el sueño y decido seguir, al menos en pleno esfuerzo me encuentro concentrado, y la bajada hasta Vallorcine lo requiere.
Cuando llego a Vallorcine, sé que lo peor ha pasado, ya es sólo cuestión de tiempo el terminar la prueba. Llevo poco más de 36 horas, me pongo música y decido ir dando un paseo hasta Chamonix. No hacen más que pasarme corredores, pero no me importa, voy disfrutando como nunca lo había hecho en una carrera...
Llego a Chamonix y resulta que no entramos en meta, sino que pasamos de largo, hay que ir hasta Argentiére y volver. Quedan aún siete kilómetros, por terreno rompepiernas. Ya no tengo tan claro que pueda bajar de las cuarenta horas, hay que volver a emplearse a fondo, al menos ir alternando caminar y correr. A falta de un par de kilómetros, como siempre me ocurre, la emoción comienza a insuflar una desproporcionada energía para el momento de carrera en el que estamos. Ya no ando, sólo corro, pero lo hago por inercia. Las piernas no son capaces de asimilar toda la energía que les llega y casi toda se escapa por los ojos, mejillas abajo.
Los últimos metros por las calles de Chamonix no se olvidan fácilmente. La gente apostada en las aceras reconoce como nadie lo que supone finalizar la prueba de ultratrail más dura de Europa... y necesitar en mi caso 39 horas y 39 minutos de entrega, sacrificio y felicidad.