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Pregón del año 2006
a cargo de D. Casto Herrador Martos
Saludo
“Dios te Salve, María de Alharilla. Abogada y Defensora de Porcuna.”
“San Benito, Patrón y Protector de nuestro pueblo.”Junta de Gobierno de la Real Cofradía de Nuestra Señora Virgen de Alharilla, Autoridades Civiles y Militares, Señor Cura Párroco, Hermanos Mayores, amigas y amigos, buenas noches.
Francisco, después de la presentación que has hecho de mi humilde persona, me he quedado tan anonadado que, porque lo traigo escrito, si no no hubiera sido capaz de articular palabra y, menos, de encadenar una serie de frases para agradecer todo lo que has dicho. ¡Ni yo sabía tantas cosas de Casto!
No has regateado en elogios y, con tu prosa fácil, has esbozado una semblanza que, en ningún momento, es acreedora a tanta alabanza. De todo lo que has dicho, resalto tres atributos de los que me siento más orgulloso: maestro, hijo de Porcuna y devoto de la Virgen de Alharilla.
Aunque no es mucho el trato personal que hemos tenido, han bastado breves encuentros personales para que los lazos de la afectividad hayan anudado entre nosotros. Precisamente ahora hace un año que te conocí como Pregonero de nuestra romería y como persona. Quedé tan impresionado de tu Pregón que, sabiendo que el mío sería el siguiente, me dirigí a “Villica”, el mayordomo, con la intención de devolverle los veinte mil antiguos duros, que me había dado a cuenta, para que se buscara otro Pregonero, porque no me consideraba suficientemente preparado para acometer la noble tarea de pregonar a Ntra. Patrona Santísima Virgen de Alharilla.
Francisco, ante la premura de tiempo y para no hacer muy largo este acto, sólo me queda ensalzarte como persona, como porcunense y como alharillero. Por otro lado, te doy las gracias por tu presentación, a la vez que pido a la Virgen de Alharilla para que te acompañe a lo largo de tu vida. Muchas gracias, amigo.
"Palabras a Villica"Manolo, fue hace seis años, en la romería del 2.000.
Estábamos tomando una copa en “La Moncloa” y, en un momento de la conversación, dijiste: “Cuando mi hija sea mayor de edad, en el año 2.006, seremos los mayordomos de Alharilla”. Con la euforia del momento, me ofrecí: “Si tú eres mayordomo, yo soy el pregonero”.
Recuerdo que ibas ataviado como un auténtico romero: gorra, botos, estadales... Sólo te faltaba un caballo para completar la imagen tradicional de Hermano Mayor. Mira por donde, en el bar había un caballico, de esos que les echas una moneda y te balancea. Con el buen humor, que te caracteriza, y esa sonrisa, que nunca te abandona, escuchaste los primeros vivas: “¡Viva la Virgen de Alharilla!¡Viva el mayordomo del 2.006!”. Le tomaste el gusto al caballico y te tuvimos que bajar entre tu “cuñao” José María, José “Cachumbo” y “El Niño Morente”. Por cierto, no te acordaste de devolverme las dos monedas de veinte duros que te presté.
A lo largo de estos años, en infinidad de ocasiones, nos hemos encontrado y siempre el mismo grito: ”¡Viva el mayordomo del 2.006!”. Y tú contestabas: ”¡Viva el pregonero!”.
Tú, mayordomo; yo, pregonero.
Como ves, nuestros destinos han caminado unidos hasta desembocar en este momento en que compartimos protagonismo, pero con una diferencia: tú estás ahí sentado tranquilamente, y yo estoy aquí pasando fatigas. Sí, aunque no te lo creas, lo estoy pasando mal, porque no me considero preparado para asumir la responsabilidad de ser pregonero de la Virgen de Alharilla.
Tú sabes que mi mundo es otro. Lo mío es más informal, menos serio, más dado a la risa o a la broma, menos comprometido. Por eso, aunque parezca mentira, me pesa la responsabilidad de hacerlo bien; de estar a la altura de las circunstancias, después de los magníficos pregoneros y pregoneras que me han precedido; de responder a las expectativas que despiertan mi persona; y, sobre todo, de no encontrar las palabras apropiadas para expresar todo lo que mi corazón siente, cuando se trata de Ntra. Patrona la Virgen de Alharilla.
Estoy preocupado, pero orgullosísimo de ser tu pregonero; mejor dicho, vuestro pregonero. Porque, aunque me dirijo a ti, tu hija María, tal como prometiste, te acompaña compartiendo el cargo de Hermanos Mayores. No quiero olvidar a Conchi, tu mujer, que, eludiendo protagonismos, respaldó totalmente la decisión de que vuestra hija fuera la mayordoma. Gracias, Conchi, porque, aunque no seas de Porcuna, supiste captar el espíritu alharillero de tal manera que, desde hace muchos años, eres una romera más.
Manolo, no hace falta conocerte mucho para adivinar tus sentimientos al ver cumplido uno de tus sueños engendrado en ese hogar cristiano, donde tus padres, Manuel y Antonia, supieron inculcarte el amor y la devoción a la Virgen de Alharilla, a San Benito y a Nuestro Padre Jesús. Tienes la suerte de que tu madre te acompañe en este acto, pero has de reconocer que fue tu padre, Manuel “Villica”, el que, con sus consejos y ejemplo, preparó el terreno para que arraigara y germinara ese amor hacia Ntra. Patrona que, a pesar de vivir lejos de Porcuna, has sabido mantener y transmitir a tu hija, que hoy puede sentirse muy afortunada por ser depositaria de la tradición más sublime de los porcunenses: ¡la devoción a la Santísima Virgen de Alharilla!
“APARICIÓN DE LA VIRGEN”“Transcurre el mes de marzo del año 1.248 en Alharilla. La primavera comienza a mostrar sus primeros destellos. Rebaños de ovejas pastan en sus prados y los pastores aprovechan los restos de edificaciones musulmanas para construir rudimentarias chozas que les sirven de refugio, apriscos y rediles del ganado.
Antón Frontón y Pero Esteban, dos sorianos repobladores de Arjona y Porcuna, apacentan el ganado.
El día ha sido largo, la climatología impropia de estas fechas, el verano parece haberse adelantado. Al caer la tarde, el cielo comienza a encapotarse, nubes negras y amenazadoras se ciernen sobre sus cabezas. La oscuridad se va haciendo cada vez mayor y la noche parece aún más tenebrosa y lúgubre. Estalla la tormenta, el aire se puebla de ruidos infernales, los rayos abren profundos abismos entre el cielo y la tierra, hombres y animales están atemorizados. Un trueno pavoroso, acompañado de una tromba de fuego, desciende del cielo. El efecto es apocalíptico. Las piedras saltan por los aires haciéndose añicos. Aterrados hombres y animales caen de bruces, no les quedan fuerzas para dirigir su vista hacia el lugar. Cuando, por fin, temerosos, alzan sus ojos, un nuevo prodigio les llena aún más de temor, sobre los restos de lo que antes fue deforme montón de piedras, al pie de la encina, aparece una nueva luz, pero ya no es la del rayo, es luz sobrenatural, etérea, difusa, serena, tranquila, que parece derivar de un único foco y que se proyecta hacia el cielo formando un resplandeciente cono. El temor de los pastores va en aumento. Creyendo llegado su último momento, imploran protección divina. De pronto, una aparente calma se adueña del lugar. Los pastores, poco a poco, van perdiendo el temor pasado, a la vez que una paz interior se apodera de ellos. Pierden la noción del tiempo, el éxtasis les paraliza: gravitando sobre un montículo, rodeada por una luz divina, una inmaculada mujer con un niño en brazos aparece ante sus incrédulos ojos. Un nuevo trueno no producido por elementos atmosféricos, sino por una potente voz celestial, acompañada de luz sobrenatural, clama: “He aquí la Madre de Dios”.
La Virgen ha aparecido. Los pastores, llenos de júbilo, corren hacia Porcuna y Arjona para comunicar su hallazgo. Tan pronto como se difunde la noticia, comienzan a llegar a Alharilla hombres y mujeres para contemplar el prodigio y elevar sus oraciones y preces a la Madre de Dios.
De esta manera, nuestro historiador y cronista local, D. Antonio Recuerda Burgos, describe el milagro de la aparición de la Virgen en su libro “Esbozo para la historia de Nuestra Señora Virgen de Alharilla”, publicado en el año 1.998, coincidiendo con el 750 aniversario de la devoción de Porcuna hacia su excelsa Patrona.
“PRIMER PREGÓN: AÑO 1.287”Volando con nuestra imaginación a través de los tiempos y recordando que el tambor acompañaba al pregonero, éste pudo ser, más o menos, el 1º Pregón de la Romería de la Virgen de Alharilla:
“Yo, Fernando Ordóñez, Maestre de Calatrava, por la gracia de Dios, y siervo de don Fernando III de Castilla, ante el hecho milagroso de la aparición de la imagen de la Virgen, Nuestra Madre, en el paraje de Alharilla hace un año, convoco a todos los vecinos de esta villa, así como a los de Arjona, a que acudan en romería a ese santo lugar para rezar y procesionar a la imagen de María Santísima.
Así mismo, os invito para que sea una jornada de alegría, donde el buen yantar y el buen vino se den la mano, y donde la hermandad y armonía reinen entre hombres y mujeres. Y, cuando caiga la tarde, volvamos con la satisfacción de haber honrado a María, como Madre de Dios y Madre nuestra.
En Porcuna a marzo del año mil doscientos ochenta y siete de la era de Nuestro Señor. Yo, el Maestre de Calatrava”.
“PREGÓN ROMERÍA DE ALHARILLA 2006”
“HEREDEROS DE UNA TRADICIÓN”Esto ocurría en el siglo XIII y estamos en el siglo XXI. Han pasado casi ocho siglos y aquí nos encontramos los romeros de Alharilla, dispuestos a dar continuidad a la más rancia tradición de nuestro pueblo. Si aquellos antepasados nuestros acudieron a este bendito Llano para rezar y procesionar a la Virgen de Alharilla, hoy es el mismo motivo el que nos convoca.
¿Cómo es posible que haya perdurado esta devoción a lo largo de los siglos?
Pensamos que ha sido gracias a la religiosidad popular, que es el modo peculiar que tiene el pueblo, es decir la gente sencilla, de vivir y expresar su relación con Dios, con la Virgen y con los santos.
Estamos en Andalucía y uno de los factores más complejos son sus expresiones de religiosidad popular. Un concepto que no es patrimonio de un sector de la sociedad, sino que se resume en ese modo especial de vivir las enseñanzas religiosas.
Dentro de la religiosidad popular es innegable que, en la Andalucía actual, se da un fuerte componente tradicional, reflejado en su interés patrimonial y la resonancia afectiva de múltiples devociones, incluso en personas no religiosas que acuden puntualmente a sus lugares de origen para participar en fiestas patronales y romerías.
Ahondando en las claves de la religiosidad popular andaluza, vemos que, conforme avanza la Reconquista, aumenta la religiosidad mariana, al ver en la figura materna la protección y el consuelo necesarios frente al Dios-Padre: María, no es sólo Madre de Dios, también es Madre nuestra. Así, desde la época barroca, el culto a la Virgen es el predominante en Andalucía. No olvidemos que estamos en la Tierra de María Santísima.
Por otro lado, el carácter andaluz, muy dado a tener un símbolo de identidad, no se detiene en sentir la religiosidad, sino que pretende el reconocimiento de que su Virgen, su romería, sea la más vistosa y la más espectacular.
Las más ricas galas, los caballos mejor “atalajaos”, los carruajes más vistosos, las carrozas más espectaculares, las mejores bandas de música realzan esta manifestación de culto externo, que despierta las emociones tanto de sus protagonistas, como del público que acude a presenciarlas. Aquí se materializa la afición de los andaluces por la teatralización de sus rituales festivos-religiosos con una mezcla de elementos sagrados y profanos, que se mantiene, más o menos encubierta, en todas las manifestaciones de la religiosidad popular andaluza. El pueblo tiene tan arraigado este sentimiento que no regatea esfuerzos ni sacrificios para mejorar y enriquece continuamente sus Vírgenes y romerías. Aquí, en Porcuna, tenemos el ejemplo claro de lo que estamos diciendo: no hay más que recordar todo lo que se ha hecho en los últimos años para engrandecer nuestra romería.
Gracias a las romerías, perviven muchos oficios relacionados con el mundo del caballo, tanto guarnicionería y albardonería, como talabartería. Nuestro amigo Benjamín “Botines” es el mejor exponente de este mundo que, combinando cuero y textiles, sigue surtiendo de objetos tan necesarios como zahones, arreos o sillas de montar. Por otro lado, también explica el auge que está cobrando la construcción de carruajes tirados por caballerías.
Podíamos seguir hablando de indumentarias romeras masculinas y femeninas, vestidos o mantos de Vírgenes, restauración y tallas de imágenes, andas, estandartes, banderas... Todo esto unido, no es sólo una manifestación de religiosidad popular, es un enriquecimiento de nuestro patrimonio cultural, que ha llegado hasta nosotros y tenemos la obligación de transmitirlo a las generaciones venideras.
Podemos decir que Alharilla, como centro mariano, ha acogido y sigue acogiendo a creyentes más profundos, creyentes más superficiales y hasta aquellos que no creen, pero que se conmueven ante el misterio de María. María, recordemos la respuesta al arcángel San Gabriel: “He aquí la esclava del Señor”, se ve a sí misma como la más pequeña de las criaturas, la más humilde, gente del pueblo... Pero es en esa persona sencilla donde el Señor hace morada para estar con los más desfavorecidos. No podemos olvidar su presencia en el pueblo a lo largo de la vida pública de Jesús, concretándose su maternidad del género humano en el mensaje que recibió de su Hijo antes de expirar: “Madre, he ahí a tu hijo. Hijo, he ahí a tu Madre”. A partir de ese momento, María queda establecida como puente entre Dios y los hombres, de ahí su intercesión.
María ha quedado grabada en lo más profundo de la conciencia de los fieles. Por eso, el pueblo sencillo, como Porcuna, la busca y la conoce como Nuestra Señora de Alharilla, y la venera y la piropea de las más diversas maneras.
Pienso que este pueblo, nuestro pueblo, al visitar a la Virgen en su ermita, se encuentra como en su casa; pero una casa donde enlaza con la fe de antepasados y donde acude a alimentar su fe y su confiada esperanza. Con razón decía el recordado Papa Juan Pablo II: “Los santuarios, las ermitas marianas, deben volver a ser como otras tantas casas de familia, donde, todos los que por allí pasen, encuentren el sentido de su existencia y, a través de María, experimenten la presencia del amor de Dios”.
Cuando visitemos a Nuestra Patrona en su ermita y quedemos allí cautivos por su gracia, cuando besemos su manto o lloremos de alegría, cuando saludemos a la Virgen de Alharilla con vivas y palmas a su paso procesional junto a nosotros, que no se reduzca nuestra devoción a la explosión gozosa y entusiasta de un día romero, sino que se extienda a toda nuestra vida en esa reflexión serena y sencilla ante la Madre de Dios.
A la hora de preparar este pregón, en mi horizonte mariano aparecen dos Vírgenes: la Virgen de Alharilla, por nacimiento; y la Virgen de la Cabeza, por adopción. Mi corazón reza a una Virgen Blanca, la de Alharilla, y a una Virgen Morena, la de la Cabeza. Me arrodillo ante la Reina de la Campiña y ante la Reina de Sierra Morena. Rindo pleitesía a una Reina de los olivares y a una Reina de la jara y el madroño. Venero a una Reina de la perdiz y la tórtola y a una Reina del ciervo y del jabalí. Dos advocaciones, pero una sola realidad: la Virgen María, Madre de Dios.
Precisamente, aquí en Porcuna, podemos dar fe de la devoción que hay a la Virgen de la Cabeza. Recordemos que es la Patrona del Comercio y la Industria Local. ¡Cuántas mujeres han sido bautizadas con su nombre! ¡Quién no recuerda imágenes de nuestra infancia cuando, a bordo de camiones habilitados para el viaje, acudíamos con nuestros padres y familiares a rendirle homenaje el último domingo de abril al Cerro! ¡Quién de los que estamos aquí no ha lucido con orgullo un estadal o una medalla, traídas como recuerdo de una devoción mariana compartida con la Virgen de Alharilla! ¡Y quién no ha tocado un pitico de barro, esparciendo sus notas estridentes y melodiosas cargadas de aires serranos, por nuestras calles como símbolo de alegría y amor a María Santísima!
En este punto de mi pregón, me veo obligado a hacer un paréntesis y, dirigiendo mi pensamiento al Cerro del Cabezo, elevo mi plegaria a esa Madre común que es la Virgen de la Cabeza, Patrona, a su vez, de Cazorla, pueblo de nuestros mayordomos.
Virgen mía de Alharilla, este humilde pregonero, llegado el momento de pregonarte, reconociendo su incapacidad para tal menester, recordando a otros hijos tuyos, paisanos nuestros, algunos ya desparecidos, quisiera tener: la fe ciega de “Gronzón”, el verbo fácil de Alfredo González Callado, el pincel magistral de José María Recuerda, el arte de Antonia “La Chumba”, la filosofía popular de José “Borriqué”, el saber de Antonio Recuerda Burgos, la gracia innata de Carmen “La Melona”, la voz de José Cobo Alba, el toque de guitarra de Ángel Ruiz Cabezas, la retina fotográfica de César Cruz, la poesía popular de Francisco Manuel Moreno, la memoria prodigiosa de Florencio Moreno, la generosidad de Pepe Luis Sánchez...
Quisiera tener todas estas cualidades y más para poder decirte todo lo que mi corazón siente; pero reconociendo mis limitaciones, hoy me presento ante ti, con mis mejores atalajes, para rendirme ante la más Reina del mundo. Virgen de las campanas y de las guitarras. Virgen del salmo y del fandango. Virgen del Llano y la Campiña. Virgen de la leyenda y el milagro. Virgen de la esperanza que un año más nos convocas para cantar, para sentir, para contar, para rezar, para llorar, para reír,... para vivir. Porque aún merece la pena vivir en el mundo que vivimos. La Virgen de Alharilla, como zurcidora, como bordadora, cada día cerrará la herida que los hombres abrimos en este Planeta llamado Tierra.
Todos los romeros, todos tus devotos al visitarte y encontrarnos frente a tu camarín, nuestra alma se llena de alegría al contemplar esa sonrisa permanente, que adorna tu cara y transmite paz y serenidad. Es el momento mágico. Es el momento de confesión íntima contándote nuestras debilidades, nuestras cobardías, nuestros temores. ¡Cómo no! También te daremos las gracias por tu apoyo en esos momentos de alegría que hemos tenido a lo largo del año. Todo esto podemos resumirlo en esa frase que se escucha en boca de tus hijos: “Madre mía de Alharilla, que nos tengas buenos”. Y al decir: “Que nos tengas buenos”, lo hacemos extensivo a todas esas personas que no nos pueden acompañar en la romería, a la vez que dedicamos un entrañable recuerdo a los romeros que nos precedieron.
Cuando la primavera está en todo su esplendor y un manto policromado cubre nuestros campos; cuando los olivos aparecen adornados con sus flores, promesa de futura cosecha; cuando los corazones porcunenses llevan doce meses aguardando con impaciencia, nos sale al encuentro, en este histórico Porcuna, la celebración de la romería en honor de la Virgen de Alharilla.
Cuando llega el segundo domingo de mayo, todos los hombres y mujeres de Porcuna vienen al encuentro de la Madre con todos los anhelos y todas las gratitudes, todas las esperanzas y todos los recuerdos. Viene todo el que tiene que pedir y todo el que tiene que agradecer. Es romería y su símbolo es la Virgen de Alharilla. Las motivaciones de los romeros son múltiples y complejas. La principal es sentirse llamados por la Madre para practicar el culto romero. El romero sabe que la Virgen lo espera y que sin él no sería completa la romería. Se siente necesario y, por ningún motivo, dejará de venir, como antes vinieron sus padres y, después de él, vendrán sus hijos. El romero se siente movido por una dinámica que actúa desde hace siglos.
La romería no es un acto religioso donde se vive en mortificación y en silencio. Ocurre el fenómeno contrario: aquí se canta y se baila, se come y se bebe con gran regocijo. Sin duda, el Dios de la romería es el Dios de la alegría.
Pero el gran rito romero no llegará a todo su apogeo hasta que la Virgen de Alharilla no salga por la puerta de su ermita y, sobre sus andas, se mezcle con los romeros, mientras suena el repique de su campana y un tronar de cohetes nos avisa de su salida.
Por eso podemos decir que la romería, nuestra romería, es un patrimonio de todos los porcunenses sin diferencias, ni enojos, ni envidias; solamente solidaridad y afán de compartir con los demás.
Estamos en Porcuna, pueblo noble y victorioso, orgulloso de su pasado histórico y esperanzado en un futuro prometedor. Pueblo que, con el paso de los siglos, ha ido forjando su espíritu austero y recio como ese árbol milenario, símbolo de nuestra tierra: el olivo.
Porcuna, tu nombre me ha inspirado este acróstico:P De poderoso, de primavera, de paz.
O De orgulloso, de oración, de olivarero.
R De regio, de romero, de rural.
C De caballo, de corazón, de campesino.
U De único, de ufano, de universal.
N De noble, de niña, de novia.
A De amor, de andaluz, de aceite, de... AlharillaY en Alharilla estamos, dispuestos a comenzar ese rito anual que, siempre igual y siempre diferente, celebramos cada segundo domingo de mayo.
Se han encalado las fachadas y se han pintando balcones y ventanas. Se han puesto en los balcones banderas, mantones y colgaduras, que realzan la belleza de nuestras calles. Se ha extendido una capa de arena en La Carrera para que el paso de los caballos sea armonioso. Se ha engalanado el techo de nuestras principales calles con banderas y bombillas de colores, que sirven como telón de fondo a esta representación popular que todos los años estrenamos. El Torreón de Boabdil, testigo callado del discurrir de nuestro pueblo, como espectador privilegiado, atisbando desde la altura, aparece coronado con banderas, signo inequívoco de que estamos en fiestas. Los cohetes esperan la chispa que haga estallar sus entrañas como símbolos de aviso y alegría. Las campanas de la parroquia están dispuestas para lanzar a los cuatro vientos sus voces rítmicas y acompasadas, anunciadoras de que algo importante va a suceder. El estandarte de la cofradía aguarda el momento de presidir todos los actos de nuestra romería. Las banderas, compañeras inseparables del estandarte, impacientes llevan días en la puerta de los mayordomos, prestas a desplegar sus colores por las calles de Porcuna y Alharilla. Las bandas de música, cornetas y tambores han multiplicado los ensayos y han preparado con mimo sus instrumentos musicales, porque se acerca el gran día y no se puede improvisar. Los coros romeros templan gargantas para que, cuando canten a la Virgen, sus voces suenen afinadas y acopladas. Los jinetes llevan tiempo paseando sus caballos, adaptándolos al recorrido por nuestras calles hasta el santuario. Los coches de caballos y demás carruajes, como un componente cada vez más numeroso en nuestra romería, han ido haciendo el rodaje apropiado. Las carrozas, engalanadas con flores y motivos romeros, aparecen como majestuosas embajadoras de alegría y devoción. Los Caminantes preparan el calzado adecuado para evitar rozaduras durante el trayecto. Las autoridades y miembros de la Directiva de la Cofradía han incrementado sus reuniones para ultimar todos los detalles. Nuestro párroco ha dado los postreros retoques a la homilía que pronunciará en la misa. En cada hogar, en cada casa, las vísperas han sido bulliciosas y ajetreadas preparando ropas y comidas. ¡Hasta Casto ha preparado papel y bolígrafo para tomar nota de esas anécdotas que conformarán la crónica romera del Tío Benito!
Como vemos, todo está preparado para el gran día; pero los porcunenses, hasta que llegue el momento, tenemos la oportunidad de acudir a esos actos que, año tras año, van arraigando en nuestra romería.
Nuestro programa nos anuncia que el jueves por la tarde, en La Plazoleta, tenemos una cita obligada con Nuestra Madre de Alharilla para obsequiarla con el mejor fruto de la época: las flores. ¡Qué bonito el eslogan: “Un niño, una flor”! ¡Con qué alegría y entusiasmo las madres preparan a sus hijos para, con estos pequeños detalles, inculcar la devoción a Nuestra Patrona! ¡Qué felicidad en esos rostros infantiles!¡Qué impaciencia hasta llegar ante Ella para depositar ese ramo de flores y gritarle: ¡Guapa, guapa y guapa!
Poco a poco, un tapiz multicolor va formándose alrededor del cuadro de la Virgen, mientras se escuchan piropos y canciones en su honor. Rocío Pulido, la señorita Rocío, pionera en estos menesteres, año tras año ha ido desgranando los más floridos requiebros de su amor mariano. Nadie como ella ha sabido piropear a la Virgen de Alharilla. Nadie como ella ha sabido llegar al corazón de los porcunenses con sus cánticos. Nadie como ella ha sabido dar los primeros pasos para llenar de contenido esta Ofrenda Floral. Por todo ello, este humilde pregonero te dice. “Gracias, Rocío”.
Durante el acto, nuestros coros romeros, con nombre y apellido: “El Coro de la Hermandad” y el coro “La Alegría del Llano”, acompañados de coros de pueblos vecinos, nos deleitan con lo mejor de sus repertorios: sevillanas, fandangos, colombianas..., con letras dedicadas a la Virgen de Alharilla.
Quiero dedicar un recuerdo al desaparecido coro “Camino de Alharilla”, que también aportó su granito de arena a nuestra romería; y a ese hombre que, en solitario, tuvo la capacidad y la valentía de acometer la grabación de canciones dedicadas a nuestro pueblo y ¡cómo no! a Nuestra Patrona: me estoy refiriendo a nuestro buen amigo José Cobo Alba.
Hemos ofrecido flores a Nuestra Patrona y ahora llega el momento de la palabra. En Alharilla, en el Real Santuario, el viernes por la noche, a las diez, tiene lugar el acontecimiento literario más importante del año que hay en nuestra romería. Poetas, escritores o simples devotos de la Virgen de Alharilla, desde que lo iniciara en el año 1.982 nuestro paisano Manuel Ruiz de Adana, se dan cita para pregonar, para anunciar la romería, a la vez que dedican palabras y versos encendidos de fe mariana a Nuestra Madre del Cielo.
Todos los años, desde el último rincón de este salón, he sido testigo del desfile de pregoneros y pregoneras que han esparcido a los cuatro vientos las excelencias de nuestra romería. Aquí han pregonado poetas exquisitos, escritores consumados o simples aficionados; hombres y mujeres; jóvenes y menos jóvenes; pero todos con un denominador común: el amor y devoción a Nuestra Patrona. Hay que valorar el mérito de estas personas que, animadas por la fe, nos han abierto sus corazones para hacer partícipe a todo el pueblo de Porcuna de sus sentimientos, emociones y recuerdos alrededor de esa Virgen chiquita y bonita que es la Virgen de Alharilla.
También he sido testigo de la frialdad con que hemos escuchado los pregones. Jamás hemos intercalado un aplauso reconociendo palabras o versos para que el pregonero se recuperara, se animara y continuara con renovados bríos. Por eso, ya que no se los dimos en su momento, pediría un fuerte aplauso para todos los pregoneros y pregoneras que me han precedido.
Pregonar es difundir, divulgar una noticia o un hecho mediante un pregón, que es el discurso literario que se pronuncia en público con ocasión de alguna festividad o celebración. La parcela literaria está claro que corresponde al pregonero o pregonera de turno. Pienso que no hay que acceder a este estrado para dar o divulgar la noticia de que Porcuna celebra su romería en honor de su Patrona. Puedo certificar que, a lo largo del año, todos los porcunenses son aventajados pregoneros de este acontecimiento romero. Pregoneros son aquellos que acuden puntualmente a visitar a su Madre de Alharilla. Pregoneros son quienes, a pesar de la distancia, siguen manteniendo sus vínculos tradicionales de fe y devoción y los divulgan allá donde se encuentran. Pregoneros son todos los que, aunque les falten las palabras, son capaces de pronunciar un viva amoroso a la Virgen de Alharilla. Pregoneros son ésos que, con las alforjas cargadas de agradecimientos y peticiones, se encaminan hacia este santuario para cumplir con el ritual romero. Pregoneros son esos niños que, portando flores y la mejor de sus sonrisas, elevan sus voces infantiles llenas de amor y ternura gritando: “¡Guapa, guapa y guapa!”. Pregoneros son los enfermos que, desde su lecho de dolor, invocan el nombre de Alharilla como signo de esperanza y fe. Pregoneros son aquellos que nos precedieron y ya celebran la romería del cielo. Pregoneros sois todos los que estáis aquí, porque, con vuestra presencia, confirmáis que nuestra romería da pasos seguros en ese camino, que nos ilumina Nuestra Madre Santísima Virgen de Alharilla.
Continuando con nuestro programa, para el sábado por la tarde se nos anuncia el Paseo de Caballos. En el devenir de nuestra romería, adquiere protagonismo especial la arteria principal de Porcuna: La Carrera de Jesús.
Aunque se nos convoca para las seis de la tarde, con bastante antelación, el público ocupa posiciones de privilegio para presenciar el espectáculo que va a tener lugar. Pronto, nuestra emblemática “Baranda” se llena de gente expectante y entendida. La puerta de “La Píldora” lleva horas abarrotada de socios impacientes. Los bares y terrazas aparecen extraordinariamente concurridas. Las aceras, poco a poco, se convierten en verdaderos ríos humanos. El Torreón de Boabdil, desde su atalaya de privilegio, ve como el sol primaveral va deslizándose celoso sobre sus almenas porque, con la caída de la tarde, dispondrá de poco tiempo para, un año más, asistir a la exhibición de caballos, que yo la denominaría de caballos y carruajes, debido al incremento de éstos últimos.
El caballo, con mayúscula, es la estrella de la tarde. Después de diversas vicisitudes, este noble animal ha vuelto a ocupar lugar sobresaliente en la romería. El Paseo de Caballos, el sábado de romería en La Carrera de Jesús, ha cobrado merecida fama debido a la ingente cantidad de caballistas, que desfila luciendo interminable ese recorrido de ida y vuelta desde el Arco hasta el Paseo de Jesús.
Sin ser un entendido en la materia, observo como cada año hay más participantes en este evento de nuestra romería. El romero a caballo pasa el año cuidando al noble animal para el día más importante: su cita con la Virgen de Alharilla. Lo lava, lo cepilla, lo acicala, lo adorna con vistosas cintas de seda de colores, trenza sus crines y colas, hasta se esmera en el cuidado de sus cascos.
Esa tarde podemos ver caballos y jacas de distintas capas o pelajes: alazanes, bayos, palominos, castaños, negros, tordos...
La puerta de “La Píldora” es un vivero de entendidos. El numerosísimo público asistente, más o menos versado en el tema, queda impresionado por la majestuosa estampa que conjugan caballo y jinete. De vez en cuando, en medio de los caballos, aparece la nota simpática de un mulo o un borrico, verdaderas reliquias de nuestro pasado agrícola y ganadero.
En detrimento de las parejas a la grupa, ha ido en aumento el número de carruajes tirados por caballerías que, guiados por manos expertas, dan empaque y señorío a esta representación ecuestre.
Cuando termina la tarde y aparecen las primeras estrella sobre el cielo de Porcuna, los aficionados y no aficionados han disfrutado presenciando este maravilloso espectáculo, que sólo es posible ver el sábado en la romería de la Virgen de Alharilla.
Poco a poco se van quemando etapas. La siguiente aguarda en Alharilla donde, después de saludar a la Virgen, se comparte con amigos y familiares ese tiempo que nos separa de la medianoche, hora mágica, en que “El Coro de la Hermandad” entorá la tradicional Salve.
Al salir del santuario, comienzan las prisas: ”¡Rápido, rápido, que van a empezar los fuegos!”. ¡Ha llegado el momento de la ilusión y la fantasía! Los Hermanos Sánchez, fieles a su cita, ofrecen una espectacular exhibición de fuegos artificiales, que llenan el cielo alharillero con luces fantasmagóricas de brillante colorido. La fantasía infantil se desborda. La mirada de todos los romeros se clava en el cielo esperando la aparición de la siguiente traca que llene sus corazones de alegría; transportándolos a esos tiempos pasados, cuando, después de los cohetes “rateros”, buscaban las varicas entre los olivos.
Este año tenemos un motivo especial para acudir a presenciar los fuegos artificiales: Manuel Sánchez, nuestro amigo Manolo, Sánchez, como yo lo llamaba, no me preguntará como todos los años: “Casto, ¿qué te ha parecido la ‘palmera’?”. No sé por qué tengo predilección por esa traca. El caso es que siempre me hacía la misma pregunta, porque yo era muy crítico con él cuando no aparecía ese reguero de puntos anaranjados silueteando una esbelta palmera con tronco incluido. Como sabéis, nos dejó. Al parecer, los romeros del cielo reclamaban la presencia de un experto pirotécnico, y quien mejor que Manolo “El Cohetero”. Seguro que esta noche, él, desde la tribuna de las estrellas, verá como sus hermanos, siguiendo la tradición familiar y haciendo alarde de profesionalidad, ofrecen a su Virgen Alharilla el mejor repertorio de luces y sonidos. Y, aunque no te vea, amigo Sánchez, mi corazón te dirá: “¡Me ha gustado mucho la ‘palmera’!”.
La noche en El Llano se hace corta y no podemos detenernos, porque tenemos otra cita que, aunque no figure en le programa, ya se ha hecho habitual en nuestra romería: el coro “La Alegría del llano”, a la una de la madrugada, en el santuario, ofrece a la Virgen un escogido ramillete de sus mejores canciones.
Cumplidas las obligaciones con la Madre, el romero da rienda suelta a sus emociones y, rodeado de familiares y amigos, vive unas horas de alegría. Han pasado los rezos y llega la hora de la sana diversión. Los porcunenses, dando ejemplo de civismo y ciudadanía, celebran la noche del sábado de romería cantando y bailando, comiendo y bebiendo. Aquí nadie se siente extraño y la hospitalidad es la nota dominante. Nada es de nadie y todo es de todos. La Luna y las estrellas son testigos silenciosos de este espectáculo de confraternización y solidaridad entre los romeros de Alharilla que, con su comportamiento, engrandecen más su romería.
¡Por fin ha llegado el gran día! El pueblo de Porcuna se despierta al son de músicas y cohetes. El domingo amanece con un sol radiante que ha madrugado porque quiere sumarse al acontecimiento que va a tener lugar.
Desde bien temprano, cada casa, cada hogar porcunense es un torrente de nervios y prisas: Porcuna lleva esperando un año para que afloren sus sentimientos y emociones.
Se nos anuncia que, a las diez de la mañana, sale la cofradía. Mucho antes de esa hora, caballistas, caminantes, carruajes, carrozas y todo tipo de vehículos convergen en la casa de los mayordomos para iniciar el recorrido hasta el santuario.
Abre el cortejo la Banda de Cornetas y Tambores de la Virgen de las Angustias, que precede a las banderas de la Cofradía hasta que se incorpore el estandarte a su paso por la parroquia. Le siguen los mayordomos acompañados por el Presidente, mayordomos anteriores y resto de caballistas. Después de la caballería, la infantería formada por esos caminantes que, unos años más, otros menos, cumplen el ritual de hacer el camino andando. La Banda Municipal de Porcuna ocupa el espacio entre caminantes y carruajes tirados por caballerías. Las carrozas y resto de vehículos cierran la comitiva.
Señoría y elegancia son los calificativos que mejor cuadran a este majestuoso acompañamiento, el que corresponde a Nuestra Patrona y a nuestro pueblo.
La cofradía está en marcha y un hombre puede respirar tranquilo: nuestro amigo Luis López, Luisito “Esparraguito”, un año más ha cumplido con la obligación de organizar esta amalgama de personas, animales y vehículos. Ahora cuenta con buenos ayudantes: Mode, “El Chema”, Toni “Candil”..., incluso con medios técnicos; pero han sido muchos los años y muchos los pisotones dados para conseguir su objetivo. Su labor es ingrata y poco reconocida, pero importantísima en le discurrir de nuestra romería. Por este motivo, y por todo lo que has aportado y sigues aportando, en nombre de esas personas que reconocen tu labor callada y abnegada, te digo: “Gracias, Luisito”.
Las calles de Porcuna son un hervidero de público expectante que no quiere perderse el paso de esta embajada colorista y alegre, encargada de trasladar a Nuestra Madre de Alharilla el mensaje de amor y devoción que le profesan los porcunenses. Carrera, Paseo de Jesús, José Gallo, Real, Altozano, Alharilla, Muro, Cruz Blanca, “Cabra Mocha”, “Tres Calixtos” y Humilladero conforman el recorrido obligado hasta llegar al Llano, donde, en su casa, en su bendita casa, nos aguarda impaciente, con los brazos abiertos...“Esa Virgen de Alharilla, dulce faro de la mar, que es nuestro norte, guía y consuelo en bonanza y tempestad. Esa Virgen de Alharilla, Madre Celestial, Gloria de Porcuna, Tú siempre serás.”
A la llegada a Alharilla es obligada la visita al Madre para felicitarla y piropearla, para rezarle y para cantarle, para pedirle y para llorarle. Sí, llorarle, porque, por distintas motivaciones, las lágrimas afloran en los ojos de muchos romeros al estar ante Ella. Ese día su rostro divino aparece adornado con una sonrisa especial viendo como, un año más, sus hijos de Porcuna, devotos de los pueblos vecinos de Arjona, Arjonilla, Lopera, Escañuela y Villardompardo, romeros llegados de distintos lugares, le rinden pleitesía como Reina y como Madre. Nuestra Patrona se nos presenta majestuosa en sus andas abarrotadas de hombres, que llevan muchas horas ocupando ese lugar privilegiado: andero de la Virgen de Alharilla.
Loa anderos, capitaneados por nuestro amigo José María Ruano, cumplen con el rito anual de saludos, abrazos y ubicación bajo las andas. Aquí nadie es más que nadie. Cada uno asume su papel y su responsabilidad. Son privilegiados y responsables. Privilegiados por el honor de llevar sobres sus hombros a Nuestra Madre Celestial; y responsables, porque de ellos depende el éxito de la procesión. Los anderos colaboran a realizar los sueños y promesas de muchos romeros al acercarles a la Virgen que, como una paloma, revolotea entre ellos para bendecirlos y saludarlos. Los anderos se nos muestran como los remeros que impulsan la nave de María entre ese mar de romeros que no para de aplaudir y vitorear. Vítores y aplausos que sirven de estímulo a estos hombres que, como nadie, saben llevar a su Madre.
Cumplir una promesa, pedir una gracia especial, ensalzar la Virgen y su romería... Las motivaciones para asumir este papel son muchas. Son capaces de hacer lo que Ella les pida. Pasan muchas horas inquietos y nerviosos esperando que llegue el momento de procesionar a la Virgen de Alharilla. A partir de esa hora son los protagonistas de nuestra romería. ¡Qué gran alegría la de este pregonero al comprobar que, bajo las andas, incluso en el mismo varal, aparecen padres e hijos! ¡Qué inmensa satisfacción para un padre andero poder decir a su Virgen: “Madre mía de Alharilla, aquí te traigo mi relevo: sangre de mi sangre y carne de mi carne, que sabrá llevarte con el mismo orgullo que lo ha hecho su padre”.
Podría nombrarlos uno por uno, porque me honro con su amistad. Como no soy poeta, prefiero que sean los versos de Alfredo González Callado y las voces del “Coro de la Hermandad” las que, en su honor, canten “Costalero de Alharilla”.
En el santuario se suceden las misas de las cofradías. A las 13 horas, los mayordomos, acompañados de autoridades y miembros de la Directiva con su Presidente al frente, ocupan lugar de privilegio en el altar mayor para escuchar la Santa Misa en honor de Nuestra Patrona. El fervor y la devoción son las notas dominantes de este acto litúrgico entre los romeros. La Palabra de Dios se esparce como semilla bendita sobre el campo abonado que forman los corazones porcunenses que, ese día más que nunca, se consideran afortunados por tener como Madre Celestial a la Virgen de Alharilla.
Al terminar la misa, comienzan los cánticos, vítores y aplausos, con la Virgen a hombros de sus anderos, que ya no pararán de mecerla y bailarla hasta la hora de la procesión.
Los pueblos hermanos de Arjona, Arjonilla y Escañuela, con sus cofradías cada vez más numerosas, aportan colorido y alegría a este despliegue romero que se desarrolla en El Llano de Alharilla.
Este pregonero abogaría por reanudar contactos y desempolvar viejos estatutos para tratar de reactivar las cofradías de Lopera y Villardompardo que, como sabemos, tiempos atrás acudían puntualmente a nuestra romería.
El día pasa lenta y rápidamente: lentamente, porque todavía faltan horas para que la Virgen aparezca por la puerta de su ermita; y rápidamente, porque es poco el tiempo que queda para compartir con familiares y amigos esta jornada romera en la que se canta y se baila, se come y se bebe, se ama y se sueña, se reza y se espera. Sí, se espera; porque primavera tras primavera, la Virgen de Alharilla obra ese milagro, que hace que nuestra fe y nuestra devoción se vayan renovando conforme pasan los años.
El programa se va cumpliendo a rajatabla y el siguiente acto, que se nos anuncia, es el más importante de la romería: “A las 17 horas Tradicional Procesión con Nuestra Patrona Santísima Virgen de Alharilla desde su Santuario hasta el Humilladero”.
¡Es la hora!¡Va a salir la Virgen!
La campana de la ermita repica alegre porque convoca a un pueblo entero a su cita con la Santísima Virgen de Alharilla. Parece estar loca. Su alegre repique no cesa un momento, dando así las gracias al cielo por tañer otra vez el anuncio del más hermoso acontecimiento del pueblo de Porcuna.
Sones de campana que suenan como piropos a esa Madre que no nos olvida; recuerdos de personas ausentes, pasiones marianas de nuestra tierra.
Poco a poco, los romeros van ocupando los alrededores de la ermita. ¡Nadie quiere perderse el momento mágico del encuentro de la Madre con sus hijos!
Un tronar de cohetes nos anuncia que ha llegado la hora. Deslumbrados por su belleza serena y los destellos que emanan del resplandor, que enmarca su divina figura, nos aparece la imagen de Nuestra Patrona. En esos momentos, los romeros, con esa fe que les llena por completo, asoman lágrimas de emoción, a la vez que sus gargantas quedan rotas lanzando “vivas” a esa Flor inigualable, a esa Virgen chiquita y bonita, a esa Reina del Cielo, a esa Reina de la Campiña y de los Olivares, a esa Patrona de Porcuna. En breves palabras: ¡a la Virgen de Alharilla!
La procesión se ha iniciado y, hasta su llegada al Humilladero y regreso a su ermita, se suceden todo tipo de estampas llenas de fervor mariano. Se suceden los vítores, los aplausos, los cánticos. ¡Viva la Virgen de Alharilla! ¡Viva la Patrona de Porcuna! ¡Viva Nuestra Madre! También se suceden silencios sepulcrales y emociones a flor de piel. Romeros que no abren la boca. Romeros que no aplauden, que no gesticulan, pero se adivina que su corazón es un manantial de sentimientos encontrados, de agradecimientos y peticiones cuando la Virgen de Alharilla pasa ante ellos en su trono majestuoso portado por esos anderos, por esos hombres, que saben llevarla como nadie.El recuerdo a nuestros seres queridos queda patente cuando, al llegar a la casa de Pepe Cobo, la Virgen escucha la ya tradicional “Salve” cantada por “El Coro de la Hermandad”, pero con un protagonismo especial de nuestro amigo Luis “El Orejita”. Es el momento más emotivo del recorrido. ¡Quién de los aquí presentes no ha llorado la pérdida de un familiar cercano! ¡Quién de los aquí presentes no añora la presencia de un ser querido! ¡Quién de los aquí presentes no eleva una plegaria por todas esas personas que nos precedieron! A una de esas personas, a Eligio “El Santero del Cielo”, la Virgen visita su casa para que María, su viuda, entre lágrimas, la obsequie con una lluvia de claveles.
Poco a poco, después de saludar a los arjoneros en la casa de la cofradía, donde es recibida con claveles y pétalos de rosas, la Virgen enfila el último tramo del camino hasta su casa.
Cuando la tarde va cayendo, cuando el cansancio empieza a aparecer, cuando los actos programados van tocando a su fin, llega la hora de la nostalgia y nos viene a la memoria ese familiar o amigo que no ha podido venir y, que muy lejos de aquí, tiene añoranzas de su tierra, añoranzas y recuerdos que se amontonan en su cabeza: olores, colores, sabores, imágenes de su niñez, de su pueblo, de sus ferias. Recuerdos de romerías y de su virgen de Alharilla. Carrera, Paseo de Jesús, Plazoleta, San Benito, San Lorenzo, Llanete Cerrajeros, Cruz de la Monja, San Juan, Casas Nuevas... y ese recuerdo especial a la calle donde nació.
Banderitas al viento, cohetes, olor a vino y “cañadú”, que ya huele a romería, que huele a Virgen de Alharilla. Burros, mulos, caballos y carrozas se encaminan a La Cruz Blanca para iniciar el camino hasta el santuario donde Ella está esperando.
Este año no ha podido venir a verla, pero, con el reloj en la mano, espera que den las cinco de la tarde para imaginarla radiante de belleza saludando a sus hijos, porque por algo es la Reina de sus corazones.
Recuerdos de su niñez que en su cabeza se van agolpando: colores, olores, sabores y tierra de Porcuna.
La Virgen ha llegado a la puerta de su casa. La procesión ha terminado; pero todavía habrá un nuevo forcejeo entre los anderos por no querer entrar, quieren seguir meciéndola sin importarles el cansancio acumulado a lo largo del recorrido.
Se suceden los vivas y los aplausos. Por fin reina la sensatez y, dando ejemplo de madurez romera, los porcunenses se enfrentan al momento más triste de la romería: despedirse de su Patrona.
Rostros cansados, rostros emocionados, ojos enrojecidos, cuerpos sudorosos... es la estampa postrera de la jornada romera. Pero al verla de nuevo en el altar mayor, ese cansancio se torna satisfacción. Y al despedirse, agarrotados los pies y las manos, sólo tienen fuerzas para darle las gracias por haberles permitido estar con Ella un año más, a la vez que le piden que, la próxima romería, puedan decir con orgullo: “¡Este año también he acompañado a la Virgen de Alharilla!”.
Con la procesión terminan los actos del día de romería, pero el programa nos emplaza para continuar con la celebración de la novena en honor de Nuestra Patrona, que culminará con el ya tradicional “Día de las Flores”, donde las mujeres de Porcuna, por méritos propios, adquieren protagonismo. Si el día de romería fueron los hombres, ahora las mujeres de nuestro pueblo se convierten en privilegiadas anderas que, en esta romería chiquita, para mí incluso más entrañable, son las encargadas de procesionar a Nuestra Madre del Cielo.
Mujeres de Porcuna, anderas de Alharilla, sin regatear esfuerzos ni sacrificios, os habéis convertido en piezas claves de nuestra romería. Vosotras, en silencio, habéis sido las verdaderas artífices de mantener viva la llama de la fe y devoción a la Virgen de Alharilla: una mujer, mi madre, me enseñó a rezar, a querer y a venerar a Nuestra Patrona; otra mujer, Rosa, mi esposa, ha transmitido los mismos sentimientos a nuestras hijas Eva y Elena. Es una cadena perfectamente engarzada que perdura a lo largo de los siglos. Una cadena cuyos eslabones lo conforman las mujeres de Porcuna.
Quisiera ser poeta para componer versos y agradeceros todo lo que hacéis y aportáis a nuestra romería. Ante mi incapacidad, quiero rendiros un merecido homenaje a través de la canción compuesta por nuestro amigo Francisco Manuel Moreno y las voces del coro “La Alegría del Llano”.
Porcuna, pasadas estas fechas romeras, vuelve a su quehacer diario, pero con la alegría y la satisfacción de haber cumplido sus obligaciones con la Madre Celestial, que, a lo largo del año, recibirá la visita intermitente de sus hijos, que esperarán con impaciencia la llegada del segundo domingo de mayo para iniciar otra vez el ritual romero que, siempre igual y siempre diferente, tiene lugar en esta bendita tierra andaluza.
Después de todo lo dicho, soy muy optimista respecto al futuro de nuestra romería. El pueblo es el que tiene la palabra a la hora de la continuidad o no de las tradiciones. Porcuna, fiel a su compromiso histórico y mariano, ha sabido guardar las esencias de nuestra romería de generación en generación. De ahí que debamos redoblar esfuerzos para transmitir a nuestros hijos la más preciada de nuestras herencias: ¡la devoción a la Virgen de Alharilla!
Quiero terminar mi pregón repitiendo las palabras que, hace casi ocho siglos, pronunciara Fernando Ordóñez, Maestre de Calatrava:
“Yo, Casto Herrador Martos, Pregonero del año 2.006 por la gracia de Dios, ante el hecho milagroso de la aparición de la imagen de la Virgen, Nuestra Madre, en el paraje de Alharilla, convoco a todos los vecinos de Porcuna, Arjona, Arjonilla, Escañuela, Lopera , Villardompardo y romeros en general a que acudan en romería a este santo lugar para rezar y procesionar a la imagen de María Santísima.
Así mismo, os invito para que sea una jornada de alegría, donde el buen yantar y el buen vino se den la mano, y donde la hermandad y la armonía reinen entre hombres y mujeres. Y, cuando caiga la tarde, volvamos con la satisfacción de haber honrado a María como Madre de Dios y Madre nuestra.
En Porcuna, a doce mayo del año dos mil seis de la era de Nuestro Señor.”¡¡Viva la Virgen de Alharilla!!
¡¡Viva la Patrona de Porcuna!!
¡¡Viva Nuestra Madre!!Casto Herrador Martos