Falso Testimonio, 1999 |
El Cazador de moscas, (inédito) |
Falso Testimonio, 1999 |
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Aproximaciones a una poética |
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[...] En este negocio importa la emoción ante la palabra bien dicha, el gusto por la belleza, la precisión del lenguaje; pero, sobre todo, la idea, lo que te comunica con el mundo y humildemente lo transforma. Porque poesía y vida no son entidades incomunicables. Al contrario, ten la realidad como principio y fin. Que ella te señale el camino posible. Escúchame bien, Domene: si no tienes los pies bien asentados en la realidad, dudosa validez ha de tener lo que escribas. No olvides a dónde perteneces: a la gente sin voz, a la tierra que aguarda siempre la lluvia nueva, la lluvia necesaria. Sitúate al otro lado del sentimentalismo vacuo, de la manoseada anécdota adolescente, tan al uso, justo en esa otra frontera donde lo racional y lo honesto han de tener sentido. Procura formular un espacio suficientemente distinto, un lugar de compromiso personal, una sugerente retícula de emociones en la que los miedos interiores y la defensa de un mundo necesario, cobren justo protagonismo. Reivindica, con suficiente ironía y consciencia bastante, la experiencia, eso que nos ocurre, nada que ver con el lance fácil ni con la pose estética de esa poesía reaccionaria escrita para floristerías, sino con lo que nos hace ser lo que somos, el transcurso del tiempo vivido o dejado de vivir, lo malgastado y aquello de lo que hemos obtenido provecho, toda insatisfacción, todo gozo, cualquier demanda. No te sometas a la norma de lo que se considera aceptable, publicable. Construye el poema sin registros, sin certidumbres, abierto a la equivocación, al riesgo, a la extraordinaria posibilidad de lo imposible. Sé, siempre que puedas, testigo de lo común, de lo próximo, de lo diario. Que tu poesía sea íntima, pero solidaria…” (En APUNTES PARA UNA POÉTICA ÚTIL (Francisco Domene habla con Francisco Domene a propósito de El cristal de las doce. 2001)
[...] Sobre Literatura tengo pocas creencias bien definidas. Valoro la honestidad y la coherencia en todos los ámbitos de la vida. Y, como no podía ser de otro modo, también en la Literatura. Los escritores tenemos la obligación de ofrecer al lector un producto, entendido como objeto de conocimiento, que él pueda percibir como verdad, aunque pudiera ser una verdad fingida en su origen. La forma de conseguir ese producto verdadero es una, y no la menor, de las dificultades de la Literatura. Es necesario distinguir lo que es el proceso de creación, que sin duda admite la artimaña estética e incluso la mojigatería, de la obra final que debe mostrarse como una verdad más o menos seductora…” (En ENTREVISTA A FRANCISCO DOMENE, por Juan Carlos Jiménez, Granada, 2000.)
[...] La poesía, quizá no sea principio de nada, pero es el sustento de todo. Hay quienes creemos que es el último refugio, un territorio propio que se nos ha dado únicamente para ser compartido con otros. La poesía no es un vicio solitario, sino un agente socializador. La emoción, la complicidad y la inteligencia van aquí de la mano. Si no es así, todo resulta falso, impostado, fingido. La poesía que me interesa es la que sirve para vivir; una poesía de a diario; ni la que va vestida para el baile de la cancillería, ni la que se pega en las cajitas de bombones, prefiero la poesía que se planta frente a uno, provocadora, y exige un pacto de defensa mutua. Lo mismo en el presente, como en el pasado, hay poesía que busca la verdad íntima de las cosas y poesía que hoza en la apariencia. A veces, no es fácil distinguirlas. En todo caso, yo llamaría poesía actual a la que es útil para entender el mundo en que vivimos. Y, en consecuencia, poesía actual sería también, por derecho propio, gran parte de nuestra tradición poética. Desde luego, con bastante más autoridad que alguna de la que se escribe en nuestros días…” (En ENTREVISTA A FRANCISCO DOMENE, por E. Seijas. Ideal, 2001.) |
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