|
Al
mar.1994
Soñé
las tumbas de todos los hombres,
miré las tapias, más no vi los nombres,
y con el peso de la vida diaria,
vi que se esconde la rabia.
Soñé
el entierro de los sentimientos,
soñé el suicidio de las almas nobles,
y en el cortejo fúnebre del tiempo,
vi que la rabia se esconde.
Lloré
en la tumba del derecho humano,
y en una lápida decía: la vida,
y en una cruz se leía: aquí descansan en paz:
los sueños limpios, los que se salvaron,
el buen instinto de los que animaron,
la decadencia de los que admiramos ayer
.
La recompensa por lo que alentamos,
la frente en alto por lo que hoy perdemos,
y nuestra sangre, por lo que deseamos tener.
Los hijos muertos, los que se marcharon,
los insalvables, los indetenibles,
yo vi esa marca en cada corazón de mujer.
Yo
vi una madre bajar la cabeza,
amar por tantos, y temer por todo,
sentí en su voz como si me dijera:
éste no es un cementerio cualquiera.
Karel
García, junio de 1995
|