|
Mi
otro hemisferio
Dejadas
de alcanzar, que no es lo mismo
que inalcanzables, quedaron tus manos,
agua de las más débiles locuras,
menudas aprendices de tirano.
Dejado
de alcanzar, que no es lo mismo
que inalcanzable, se me da tu mundo,
con tu pequeño todo y tu recato,
con lo casi infantil de tu desnudo.
Y
es que mi sombra y yo, vamos vena con vena,
abriendo tu silencio cadena por cadena;
y poro a poro caen tus quejas a mis manos,
mi sangre a tus caderas,
que pasan por lo humano de mi mirada y quedan...
Dejadas
de alcanzar, que no es lo mismo
que inalcanzables, como en la penumbra,
como el tierno sollozo de algún niño,
que parte en dos el cuerpo que lo alumbra.
Y
es que mi sombra y yo, vamos vena con vena,
abriendo tu silencio cadena por cadena;
y poro a poro caen tus quejas a mis manos,
mi sangre a tus caderas,
que pasan por lo humano de mi mirada y quedan...
Dejadas
de alcanzar, que no es lo mismo
que inalcanzables, como algún misterio,
que como tal no trae final ni inicio,
porque eres para mí, mi otro hemisferio.
Karel
García, mayo de 1997
|