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Osadías
de lo ingenuo
Tengo
claro lo que ofrezco, nubes de tranquilidades,
osadías de lo ingenuo,
pulsaciones de verdades que palabran tiempos.
Y
para que no me pierda, de la cuna al testamento
llevo enterrado en los ojos,
un amor, una leyenda y una realidad de espejos.
Por
eso voy, labios de mar, manos de hoy
que se descubren y descubren otros vientos,
que se hacen patria de un telar de sentimientos,
y banderas de un aliento.
Y
a eso le doy toda la sal de lo que soy,
toda la magia que legaran mis adentros,
toda la gama de sudores que alimento,
mis dudas, y mis aciertos;
y una ansiedad, y un rastro de memoria,
y una humedad de hombre, que hace olas,
si es de mujer la costa.
Karel
García, junio de 1999
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