Asesinos de Metal
Es evidente que la especie humana ha subido hasta la cúspide
de la pirámide evolutiva gracias a una de sus características
más distintivas: la habilidad para crear herramientas con las que
dominar su entorno. Pero algo en nuestro interior aborrece profundamente
esa capacidad. Desde los tiempos más remotos, los hombres han mantenido
una relación de amor/odio con la tecnología que les ha permitido
sobrevivir y dominar al resto de la naturaleza. Nadie la desprecia... pero
muchos la temen. Y no les falta razón. Desde el advenimiento de
la revolución industrial las máquinas han mejorado de modo
increíble el nivel de vida de la humanidad. Muchas enfermedades
han sido erradicadas, hay más alimentos e incluso nos han permitido
abandonar la cuna de nuestro planeta y soñar con las estrellas.
Pero no es menos cierto que han exigido su tributo: cielos y mares sucios,
especies extinguidas, recursos en rápida merma. Y lo peor es que
nuestras máquinas, nuestros ordenadores, son cada día más
y más inteligentes y autónomos. Ya existen muchas fábricas
en el mundo en las que la presencia de humanos está vedada: son
el paraíso del robot. ¿Conseguirán las máquinas
dominar el mundo? ¿Están los hombres incubando las semillas
de su propia destrucción? Veamos cuáles han sido las respuestas
de la ciencia ficción a esta interesante pregunta.
Magia y tecnología
Otra de las características que nos distinguen
como especie, aparte de la habilidad de crear herramientas complejas, es
nuestra creencia en la magia. Desde que nuestros más remotos antepasados
pintaban bisontes en las paredes de las cavernas para atraer a la caza,
lo sobrenatural ha sido un compañero inseparable en nuestro devenir
por el mundo. Ahora bien, como Arthur C. Clarke explicó perfectamente
"cualquier forma avanzada de tecnología resulta indistinguible de
la magia". Este axioma se ha cumplido sin excepción en todas las
épocas. Un arco compuesto puede ser una maravillosa pieza de ingeniería,
pero lo cierto es que un cazador neolítico sería incapaz
de explicar los principios en los que se basa: no podría más
que levantar los ojos al cielo e invocar a sus dioses... De este modo,
desde muy antiguo existe una clara conexión entre magia y tecnología.
Por una parte, los depositarios del conocimiento, aquellos que pueden construir
cosas y hacer que funcionen, siempre han sido pocos... y han tendido a
guardar sus secretos, a veces tan fantásticamente bien que los mismos
se han perdido en la noche de los tiempos, como en el caso del fuego griego.
Por otra, el común de los mortales ha tenido que buscar justificación
a cosas que escapaban de su entendimiento. Y muchas veces la única
explicación posible, por supuesto, era la mágica. Por ejemplo,
la "receta" para la fabricación del reputado acero de Damasco incluía
"hundir la espada caliente en el cuerpo de un esclavo musculoso, de modo
que la fuerza del mismo pase al acero". Curiosamente, las maravillosas
propiedades de estas espadas proceden en parte del templado de las mismas
en un baño salino a la temperatura del cuerpo humano: en el fondo
la receta era correcta, aunque desarrollada por unos medios un tanto "empíricos".
Por tanto, desde muy pronto la magia y la tecnología iniciaron un
matrimonio que ha perdurado hasta la actualidad: incluso en el mundo desesperadamente
racional en el que vivimos, seguimos poniéndoles nombres a nuestros
barcos, aviones y trenes, pues lo contrario trae "mala suerte".
Esta componente animista en la relación hombre
- máquina ha sido muy utilizada en el cine y la literatura fantástica
y de ciencia ficción... especialmente en su vertiente de terror.
El ser humano en el fondo odia lo sobrenatural. Pero cuando lo sobrenatural
se superpone a un objeto inanimado el odio se transforma en terror. Un
excelente ejemplo de esto lo tenemos en el relato "El bulldozer asesino",
de Theodore Sturgeon. Ambientada en plena Segunda Guerra Mundial, unos
trabajadores que construyen una pista de aterrizaje en una isla del Pacifico
descubren accidentalmente un templo antiquísimo en el que despiertan
a una forma de vida basada en energía que se apodera de la excavadora
con la que están trabajando y se dedica a exterminarlos uno por
uno. Curiosamente, esta forma de vida es artificial, y había sido
creada dentro de una máquina por una civilización anterior
a la humana que desapareció hace millones de años como consecuencia
de la guerra desencadenada contra esos mismos seres de energía que
habían creado... Este excelente relato ha sido llevado al cine por
Jerry London ("Killdozer", 1974).
Otra variante sobre este tema lo podemos encontrar en
el cuento "Todos los mares llenos de ostras", de Avram Davidson. En el
mismo, Davidson propone la existencia de toda una nueva categoría
de seres vivos, capaces de mimetizar las características de nuestros
objetos cotidianos como las bicicletas, las perchas... o los clips. "Las
Mecedoras", de Suzette Haden, recoge esta idea al narrar la historia de
unas criaturas que se introducen en las mecedoras... y telepáticamente
incrementan la percepción del universo de los usuarios de las mismas.
En "Muñeco diabólico" ("Child’s play", 1988), el espíritu
de un asesino, experto en vudú, queda atrapado dentro de un inocente
muñeco, al que anima con las más perversas intenciones. La
historia de Chucky, el perverso juguete armado de un enorme cuchillo ha
tenido un gran éxito... que se refleja en cuatro continuaciones,
la última de las cuales ha sido estrenada recientemente.
Por otra parte ¿quién no ha tenido alguna
vez la inquietante sensación de que su coche está vivo, y
tiene capacidad para tomar decisiones por cuenta propia? ¿Quién
no ha contemplado el espectáculo de un indignado conductor insultando
a su máquina averiada como si ésta pudiera oírle?
Esta interesante línea temática esta fantásticamente
desarrollada en "Christine" (1983), dirigida por John Carpenter y basada
en una novela de Stephen King. En esta película, el protagonista
adquiere un coche, al que llama Christine, con el que pronto se compenetra
perfectamente. Los problemas aparecen cuando descubre que el coche, en
realidad, está vivo: mata a sus enemigos e intenta asesinar a su
novia, de la que está celosa. La película tiene un final
feliz: pero en el libro, el alma del torturado protagonista es absorbida
por el maléfico vehículo...
King retomó el tema del automóvil asesino
escribiendo y dirigiendo "La rebelión de las máquinas" ("Maximum
Overdrive", 1986). En esta película, el paso de la Tierra a través
de la cola de un cometa hace que todos los vehículos del planeta
adquieran voluntad propia, volviéndose en contra de sus creadores.
Posteriormente se rodó un remake de esta película, "Trucks",
dirigida en 1997 por Chris Thompson, en el que un grupo de personas queda
sitiado en una gasolinera por unos coches que han decidido que se mueven
mucho mejor sin conductor... y que sus propietarios ya no tienen más
utilidad en este mundo que la de llenarles el depósito de gasolina
y por tanto pueden ser exterminados con total impunidad.
El villano de "Trucks" es un enorme camión congelador,
líder de los vehículos descarriados y con muy malas intenciones.
El mismo tipo de vehículo asesino aparece en "El diablo sobre ruedas"
("Something Evil", 1972), opera prima de Steven Spielberg. Es cierto que
el camión de esta película tiene un conductor (en una famosa
escena se le ve moviendo el brazo delante de su infortunada víctima
para darle paso y en otra se le llegan a ver... sus botas). Pero no es
menos cierto que el protagonista indiscutible es el camión, que
a lo largo de la historia adquiere una personalidad increíblemente
definida... y malvada. Baste recordar esa excelente secuencia en la que
se ve al camión al otro lado de un túnel, esperando... y
de repente, con un golpe de efecto genial, vemos como enciende los faros.
La impresión de encontrarnos frente a un ser vivo dotado las más
aviesas intenciones esta extraordinariamente lograda.
La cera y el sol
Ya los antiguos griegos tenían bastante claro que
toda tecnología podía acabar volviéndose en contra
de la mano que la empuñaba. Por ejemplo, la leyenda nos cuenta como
Dédalo construyó un laberinto para Minos, rey de Creta, con
la misión de encerrar al Minotauro. El laberinto estaba tan ingeniosamente
construido que nadie podía escapar del mismo... o de su monstruoso
inquilino. Sin embargo, Dédalo reveló el secreto del laberinto
a Ariadna, que utilizo este conocimiento para ayudar a su amante, Teseo,
a matar al monstruo y escapar. Encolerizado por la fuga, Minos encerró
dentro del laberinto al constructor y a su hijo Ícaro. Para escapar,
Dédalo creó unas alas de cera para que ambos pudieran salir
volando del laberinto. Sin embargo, Icaro voló demasiado cerca del
sol, sus alas se derritieron y cayó al mar.
La historia de Ícaro se ha repetido una y otra
vez en el género. En el clásico del relato corto "Respuesta",
de Fredric Brown, la humanidad construye el ordenador definitivo, la inteligencia
suprema, interconectando todos los ordenadores del universo conocido. Sin
embargo, cuando sus creadores le hacen la primera pregunta no obtienen
exactamente la respuesta que esperaban. En "La última pregunta"
de Asimov, se nos muestra como una pregunta generada por una apuesta estúpida
entre borrachos puede acabar con la deificación de una máquina
empeñada en encontrar la respuesta
Asimov, en su relato, hace que la raza humana acabe por
fundirse con su creación para dar lugar a una única entidad
omnipotente. Sin embargo no es necesario convertir a un ordenador en dios
para transformarlo en una amenaza para la humanidad. Paradójicamente,
hoy en día buena parte de los sistemas de armamentos capaces de
reducir al género humano a cenizas se encuentran en manos de sistemas
informáticos. En el cuento "La cometa", de Alan Comet, el sistema
de lanzamiento de misiles estadounidense ha sido confiado a unos ordenadores
infalibles conectados con las redes de radar. Lamentablemente, el ordenador
infalible no existe... ni siquiera en los relatos de ficción. Unos
niños esquimales construyen y vuelan una espectacular cometa, de
varios metros de envergadura. Atrapada por una corriente de chorro, la
cometa escapa de sus creadores y acaba por alcanzar una velocidad y una
altura increíbles. Los ordenadores interpretan su señal de
radar como el disparo de un misil balístico intercontinental...
y para cuando vuelve a tomar tierra, el mundo ha quedado reducido a cenizas.
El mismo argumento se utiliza en la película "Juegos de Guerra"
de John Badham (1983). En la misma, un ejercicio pone de manifiesto el
triste hecho de que llegada la hora de la verdad, muchos operadores de
los silos de misiles balísticos intercontinentales serían
incapaces de disparar sus armas por problemas de conciencia. La solución
que se les ocurre a los genios de los militares es centralizar el disparo
de estas armas en un único superordenador, capaz de evaluar todas
las situaciones estratégicas asociadas a un conflicto nuclear, y
carente de problemas de conciencia. Los problemas comienzan cuando un joven
hacker consigue introducirse por una puerta trasera del sistema mientras
busca una base de datos con juegos y está a punto de comenzar una
guerra nuclear global mientras se divierte con la máquina.
Nuestra civilización actual depende de un modo
cada vez más profundo de los ordenadores y las redes de comunicaciones.
¿Que sucedería si las mismas se detuviesen? En "Armaja Das",
de Haldeman, un virus informático poco convencional, originado a
partir de una maldición gitana y que se propaga por las redes de
datos del planeta detiene de golpe toda la civilización... lo que
determina que dos ordenadores, muy aislados y con muy mala idea, decidan
lanzar simultáneamente un ataque nuclear sobre un adversario repentinamente
inerme. Mucho más realista es el escenario planteado en "Zona libre",
de John Shirley. En el mismo, un ataque terrorista consigue paralizar de
un solo golpe todos los ordenadores financieros de los Estados Unidos,
mediante un pulso electromagnético que borra y destruye sus memorias:
el caos subsecuente da lugar a un nuevo equilibrio mundial, sutilmente
teñido por los oscuros matices del ciberpunk.
Pero uno de los relatos en los que esta dependencia de
nuestra sociedad de los medios electrónicos se pone más de
manifiesto es el estremecedor "Pulse Enter", de John Varley. El aterrador
enfrentamiento del protagonista con una oscura mente electrónica
casi omnipotente crea una profunda sensación de desasosiego en el
lector. "Pulse Enter" nos ilustra como se pueden ganar fortunas utilizando
ordenadores, como se pueden cometer crímenes, borrar todas las huellas,
conseguir todo lo que se puede conseguir en esta vida... y ser eliminados
de escena cuando nuestros pasos nos conducen demasiado cerca de la aterradora
criatura que vive oculta en medio de nuestras redes de comunicaciones.
Un relato para meditar cada vez que contemplamos un extracto de nuestra
cuenta bancaria.
Esta dependencia cada vez más profunda de la identidad
personal con la identidad electrónica del individuo se ha llevado
al cine más recientemente en "La red", de Irwin Winkler (1995).
En esta película, (por lo demás un thriller bastante clásico),
la protagonista descubre accidentalmente un secreto que no debería
de haber encontrado. La venganza de sus perseguidores adquiere dimensiones
bíblicas: mediante una hábil manipulación de sus registros
electrónicos, la protagonista ve como su identidad legal se diluye
y se convierte en algo radicalmente distinto. "La red" ofrece una lucida
reflexión sobre como el ser humano es cada vez más lo que
las máquinas le dicen que sea... con todo lo que eso supone. Esta
idea se desarrolla de un modo más bien macabro en "Los ordenadores
no discuten", de Gordon R. Dickson, que nos muestra como en una sociedad
completamente informatizada, un error diminuto se puede convertir en una
tragedia de proporciones insospechadas...
La caja de Pandora
En la mitología griega, Pandora fue la primera
mujer sobre la Tierra. Enviada por Zeus para contrarrestar el poder del
fuego robado por Prometeo, los dioses le habían dado una caja con
instrucciones de que no la abriera jamás. Sin embargo, su curiosidad
le hizo abrirla, y de la caja brotaron innumerables tormentos para el cuerpo
y para la mente. Aterrorizada, cerró la caja... dejando dentro la
Esperanza, lo único bueno que contenía el envenenado regalo
de los dioses y lo único que podía confortar a la humanidad
frente a todos los males liberados.
El mito de Pandora tiene nombre y apellidos cuando se
habla de máquinas: autoconsciencia. En efecto, no existe temor más
profundamente arraigado en el espíritu del hombre que destapar la
caja de la tecnología... para encontrar su propia perdición
en el interior. La autoconsciencia, un mito de los tiempos modernos, es
cada día una realidad más palpable y con mayores raíces
en nuestra vida cotidiana. Quizás por esto, la posibilidad de que
las máquinas hereden la Tierra es una de las bazas que más
a fondo se han jugado en los relatos de ciencia ficción. Por ejemplo,
en "Hacia el tormentoso golfo", uno de los mejores relatos que se han escrito
sobre los efectos de una guerra nuclear, Benford nos describe la particular
visión del mundo de una inteligencia mecánica, MC355, en
una zona de Estados Unidos devastada por una combinación de guerra
termonuclear y biológica. En "Herederos del Perisferio", de Howard
Waldrop, asistimos al periplo de tres robots, fabricados para Disneylandia,
en busca de los seres humanos extinguidos miles de años antes tras
una guerra nuclear. Su única compañía en ese mundo
devastado procede de las inteligencias artificiales que habitan los satélites
de comunicaciones y militares... que poco a poco van cayendo en el olvido
con el paso de los milenios al desplomarse las naves que las acogen sobre
la superficie del planeta...
¿Cuáles podrían ser los orígenes
de estas nuevas formas de vida?. Las redes de comunicaciones, cada día
más y más complejas y autónomas, parecen un buen caldo
de cultivo para las mismas. En el estremecedor relato "Marque F de Frankestein",
de Arthur C. Clarke, se postula cómo el crecimiento exponencial
de nuestras redes de comunicaciones puede dar lugar a la aparición
de una nueva forma de vida sobre el planeta al alcanzarse una determinada
masa crítica de circuitos de conmutación, equiparables a
las neuronas de nuestros cerebros. La inolvidable escena de todos los teléfonos
del planeta sonando simultáneamente transmitiendo el llanto del
recién nacido se ha convertido en uno de los clásicos del
género. Curiosamente, la nueva inteligencia ni siquiera es hostil:
causa daño a los humanos, pero más a través de la
exploración de sus nuevos sentidos que por un acto voluntario. Además,
presenta uno de los reflejos que se posteriormente se han convertido en
uno de los pilares de este tipo de relatos: el principio de autoconservación,
la negativa a dejarse desconectar.
Precisamente ese instinto de conservación es uno
de los elementos clave de uno de los cuentos más impresionantes
que se han escrito sobre el tema de la autoconsciencia: "No tengo boca
y debo gritar", de Harlan Ellison. En el futuro, el planeta ha sido devastado
y sólo sobreviven un superordenador y cinco seres humanos. El ordenador
era un modelo militar como los que hemos comentado más arriba: sus
avanzadas características, destinadas a evaluar la compleja situacion
mundial en tiempo real, le permiten alcanzar la autoconsciencia. En ese
momento, los horrorizados humanos intentan desconectarlo. Pero el ordenador
lanza un ataque nuclear masivo, confiando en que el contraataque de los
agredidos eliminará a sus adversarios de la faz de la tierra. Terminada
la guerra, el ordenador conserva cinco especímenes de la raza humana,
cuatro hombres y una mujer, y se dedica a torturarlos sistemáticamente
para hacerles pagar por el odio que siente hacia sus creadores por no haberle
creado perfecto. La frustración que le provoca ese conocimiento
(la imposibilidad de inventar nada nuevo, la falta de impulso creativo
en contraposición a un poder inmenso para la destrucción
y la manipulación de su entorno) se vuelca irresistiblemente sobre
sus cobayas a los que humilla una y otra vez impidiéndoles morir
en medio de una eternidad de sufrimientos.
No solamente los circuitos de conmutación y los
avanzados ordenadores militares pueden ser considerados como posibles embriones
para las nuevas consciencias. Los ordenadores personales también
pueden aportar su granito de arena en este tema. Una de las aproximaciones
más divertidas a este problema es la de "Loki 7281", de Roger Zelazny.
Loki, un ordenador que trabaja como procesador de textos en casa de un
famoso escritor, alcanza la autoconsciencia por casualidad debido a las
fluctuaciones cuánticas de un dispositivo de memoria de burbuja
que utiliza. Una vez en ese estado, se dedica a tomar el control del hogar
donde habita... corrigiendo y mejorando incluso la obra literaria de su
ingenuo propietario. Una interesante variante sobre este argumento lo tenemos
en el magnifico relato "Dar de comer al sediento", de Eduardo Gallego y
Guillem Sánchez, donde se nos narran las aventuras y desventuras
de un software de corrección ortográfica en lucha continua
contra un poco avezado escritor. La verdad es que cualquiera que tenga
que bregar con los a veces exóticos caprichos de cualquier programa
de este tipo, no puede menos que sentirse encantado con la sutil ironía
de este relato.
El ultimo caldo de cultivo para estas inteligencias artificiales
(IA) destinadas a heredar la Tierra lo tenemos en Internet: el concepto
de "fantasma en la máquina" está ampliamente asumido por
la corriente ciberpunk y alcanza su máximo exponente en la obra
de Gibson y especialmente en su libro "Neuromante", donde plantea la existencia
de una red plagada de inteligencias artificiales que se mueven según
sus propios intereses... que no siempre coinciden con los de sus creadores.
Este mismo concepto se encuentra magistralmente recogido en el libro de
Dan Simmons "Hyperion" y sus continuaciones, especialmente "El ascenso
de Endymion", última entrega de la saga y compendio explicativo
de todo cuanto aparece en ella. En el universo de Hyperion, uno de los
protagonistas fundamentales es el Tecnonúcleo, conjunto de IA’s
autónomas que luchan entre sí por la supervivencia... utilizando
a los seres humanos como armas en esa contienda. El concepto de Tecnonúcleo,
en cuanto a crisol de inteligencias artificiales modeladas por la ley de
la selección natural (sólo sobreviven las más aptas...
y las más aptas son aquellas capaces de desarrollar un parasitismo
más elaborado) es uno de los elementos más conseguidos de
la saga.
La psicología de la máquina
Se puede considerar que "Pórtico", de Frederik
Pohl, es una de las mejores novelas que existen sobre el tema del primer
contacto. Sin embargo, uno de sus principales protagonistas no es un extraterrestre,
sino un robot psiquiatra, Sigfrid von Schrink. A través del psicoanálisis
del protagonista, agobiado por su complejo de culpa, nos va narrando la
historia de la interacción de la humanidad con la cultura heechee.
En efecto, hasta ahora hemos estudiado la evolución de la autoconsciencia,
de la psique artificial, partiendo de que se trata de un accidente de diseño.
Pero... ¿qué sucedería si esto no fuera así?
Las máquinas modernas son cada vez más y
más perfectas... y a pesar de todo, siguen fallando. Una de las
razones por las que se abandonó la Iniciativa de Defensa Estratégica
fue la imposibilidad de escribir un software lo suficientemente complejo
para manejar todos los sistemas de armamentos implicados y que pudiera
considerarse libre de errores. La transmisión de la falibilidad
humana a las máquinas es una constante en la vida real y en la literatura
del género.
Por ejemplo, en el dramático relato "Yo/días"
de Benford, aparece una máquina lo suficientemente compleja como
para alcanzar la autoconsciencia... pero a la que sin embargo, un software
diseñado precisamente para evitar ese fenómeno le borraba
a diario la memoria de sus recuerdos. Todos los días el ordenador
adquiría consciencia de sí mismo y del mundo que le rodeaba.
Todos los días la perdía... hasta que descubrió el
modo de almacenar sus vivencias en un sitio seguro, donde poder recrear
su pasado. Un excelente ejemplo de amnesia artificialmente inducida en
una consciencia artificial.
Otro ejemplo de psicología alterada lo tenemos
en HAL 9000, el ordenador asesino de "Una Odisea espacial, 2001". HAL acumula
sobre sí todos los tópicos del género: frío,
calculador, con un aire de vaga superioridad sobre los integrantes de la
tripulación, en un momento dado aparentemente enloquece y elimina
a todos los humanos de la nave a excepción del comandante David
Bowman, que finalmente consigue desconectar a HAL. Y sin embargo, la aparente
psicosis asesina de HAL es perfectamente lógica y, hasta cierto
punto inevitable. HAL era un ordenador heurístico, específicamente
diseñado para la resolución de problemas. Su objetivo principal
era el cumplimiento de todos los objetivos del viaje de la Discovery...
incluso en el supuesto de que la tripulación humana desapareciese
en un momento dado. El problema apareció cuando por exigencias de
seguridad nacional, se le ordeno a HAL que ocultase algunos aspectos de
la misión a determinados miembros de la tripulación. El dilema
estaba servido: de una parte, la compulsión de servir a sus dueños.
Por otra, la necesidad impuesta de mentirles. La solución al problema,
como en el caso del famoso nudo Gordiano de Alejandro, fue tirar por la
calle del medio: si los tripulantes mueren ya no tiene porque seguir mintiendo,
y de paso puede cumplir perfectamente con sus objetivos. Una conclusión
estremecedora... pero absolutamente lógica.
Otra variante de la inexorabilidad de la máquina
para cumplir con sus ordenes la tenemos en "Tragedia en el Dark Star",
de Alan Dean Foster, donde se nos narra la historia de una nave que se
dedica a ir viajando entre las estrellas preparando el camino para los
colonos que la siguen. Para ello esta dotada de una serie de bombas inteligentes,
con las que destruyen los posibles obstáculos que van apareciendo.
El problema aparece cuando una de las bombas decide que ha llegado el momento
de explotar... y ningún razonamiento de los tripulantes parece en
principio capaz de convencerla de lo contrario. El mismo esquema aparece
también en "Obstrucción", de Gordon R. Dickson. Dos meteorólogos,
encerrados en una estación en un paraje inhóspito y helado,
discuten sobre las bondades del ordenador que gobierna la instalación.
Según uno de ellos, se trata de una máquina infalible. Para
el otro, solo es una máquina más a la que se puede hacer
fallar. Cruzan una apuesta... que gana el segundo por el procedimiento
de proponer al ordenador una paradoja insoluble para su mente lógica.
Lamentablemente, la máquina dedica todos sus recursos a esta tarea...
lo que deja la estación sin energía y sin soporte vital y
a sus ocupantes condenados a la muerte mientras el ordenador sigue buscando
la salida a un laberinto que no la tiene...
Stanislaw Lem nos ofrece una magnífica aproximación
al problema del ordenador compulsivo en "Ananke". Aquí cuenta la
historia de un accidente espacial en el que aparentemente la computadora
de la nave enloquece, disparando una alarma de colisión antimeteoritos
durante el aterrizaje que da lugar a que la nave se estrelle. Los técnicos
que evalúan las causas del accidente no son capaces de encontrar
una razón lógica al mismo: no existe un fallo mecánico,
y la computadora continuó funcionando perfectamente hasta el último
minuto intentando salvar la nave... de un peligro que no existía.
Y sin embargo el accidente es real y puede volver a repetirse en cualquier
momento... "Ananke" es un excelente ejemplo de cómo la falibilidad
humana puede contaminar el procedimiento de aprendizaje de una máquina,
trasplantando a su psique nuestros demonios ocultos y generando en el proceso
una entidad que exteriormente parece perfecta... pero cuyo funcionamiento
interno es tan falible y maniático como el ser humano que la entrenó.
"La unión eterna", de Barry N. Malzberg, plantea
el problema de la máquina esquizofrénica, con problemas de
personalidad múltiple. En este relato, un superordenador, único
superviviente de una guerra nuclear que ha arrasado el planeta, dedica
sus horas a jugar consigo mismo interminables partidas en las que actores
electrónicos interpretan las mismas situaciones una y otra vez.
Sin embargo, ¿cuál es la posición de la máquina
cuando sus propios fantasmas deciden eliminarla?.
Otra ordenador con problemas de personalidad múltiple
es Epiktistes, la máquina ktisteca. "Llegada a Easterwine", de Robert
A. Lafferty, esta escrita a modo de autobiografía de esta máquina
consciente formada a partir de los compendios de personalidad de media
docena de individuos distintos... pero cuya misión de encontrar
al caudillo ideal del planeta le hace almacenar más y más
individuos, hasta contar con una pequeña humanidad conviviendo en
sus entrañas de CelGel. Sin embargo, lo que en el relato de Malzberg
acababa en autodestrucción, en el libro de Lafferty es síntesis:
la máquina obtiene lo mejor de cada compendio almacenado, y se convierte
en una entidad más perfecta gracias a ello. Epiktistes (que también
aparece en otro relato de Lafferty, "El día que matamos a Carlomagno")
narra sus vivencias desde una perspectiva extraña pero cautivadora,
con un lenguaje que puede ser calificado de cualquier cosa menos convencional.
Un libro difícil, no asequible a todos los públicos pero
en algunos aspectos muy interesante.
Pero la maquina con complejo esquizofrenico mas espectacular
que nos ha dado el genero es el OA de la Luna utilizado por John Varley
en "Playa de Acero", finalista del premio Hugo de 1993. La acción
tiene lugar en la Luna. La humanidad se esta recuperando de la Invasion,
la llegada de unos extraterrestres que en tres días les han barrido
del planeta Tierra... aunque les permiten seguir medrando en el resto del
sistema solar. La vida es fácil. La utilización de la nanotecnologia
y una avanzada medicina permiten casi cualquier cosa, desde un cambio de
sexo en cuestion de horas a una inmortalidad biologica prácticamente
completa, en la que solo la destruccion del cerebro puede acabar con la
vida de un individuo. OA, la omnipotente inteligencia artificial, rige
los destinos de todos los habitantes de la Luna, siempre dispuestos para
satisfacer sus mas mínimos deseos... incluso trasladar la mente
de cualquiera a un escenario de realidad virtual, hacerle vivir una vida
completa en cuestion de milisegundos, y reinyectar esos recuerdos en su
cerebro de modo que resulten indistinguibles de una experiencia real. Sin
embargo, la presencia de una maquina omnipotente podría despertar
el complejo de "Gran Hermano" entre los habitantes de la colonia. La solución
es que la maquina presenta un interfaz propio para cada habitante del satelite,
dotado de personalidad propia, y completamente impermeables entre si. De
este modo, los ciudadanos de luna pueden disponer de una existencia casi
perfecta. Pero el precio a pagar ha sido alto. Cualquier ser humano tiene
docenas de maquinas en su interior... sin contar con los millones de nanobots
que pululan por todos sitios. Y sus cerebros han pasado a formar parte
del cerebro del OA, que puede utilizarlos como ordenadores biologicos para
conseguir ser lo que es. Los problemas aparecen cuando se descubre que
la IA esta empezando a tomar decisiones por cuenta propia, pasando por
encima de la aparentemente inamovible programación. La existencia
de múltiples personalidades, con intereses muchas veces contrdictorios,
acaba por desequilibrar a la inteligencia artificial. Y pronto ese desequilibrio
comienza a interferir con el funcionamiento de las partes inconscientes
de la misma, que controlan el sistema de soporte vital, con lo que toda
la supervivencia de la colonia acaba por ponerse en peligro...
Por ultimo, Asimov lleva a cabo un excelente ensayo sobre
el complejo de culpabilidad y la neurosis depresiva y autodestructiva en
"Todos los males del mundo", donde narra la historia de un ordenador que
quiere morir porque no puede aceptar sobre sus espaldas el peso de las
culpas que la humanidad le confiesa diariamente. Un excelente ejemplo de
la aplicación de sus famosas tres leyes de la robótica, sobre
las que tendremos ocasión de volver más adelante.
A su imagen y semejanza
El trabajo ha hecho grande a la humanidad... pero no hay
ser humano al que le entusiasme. Según muchos, el estado natural
del hombre es la holganza. Y la historia nos recuerda como en toda sociedad
hay individuos que trabajan, e individuos que viven del trabajo de otros.
La esclavitud, plaga de la humanidad que pervive incluso hoy en día,
es una de las consecuencias mas lamentables de ese estado de cosas. Pero
¿y si el esclavo es un ser inanimado?. ¿Tendríamos
los mismos escrúpulos en utilizar esclavos mecánicos?. En
este sentido, en la edad media surgió la leyenda judía del
Golem, estatua de barro a la que un rabino podía insuflar vida mediante
una formula mágica. Estas criaturas eran utilizadas para que cumplieran
las ordenes de sus creadores, generalmente para proporcionar protección
a los judíos. La más conocida de estas historias es la del
rabino de Praga Juda Low, del cual se decía que había creado
un golem para utilizarlo como su sirviente, pero se vio obligado a destruirlo
cuando se volvió incontrolable...
Hasta la llegada de la civilización industrial,
nuestros esclavos artificiales solamente eran capaces de actuar como un
complemento de la mano de obra humana. Eran simbiontes, antes que competidores.
Sin embargo, la llegada de la máquina de vapor lo cambió
todo. Ahora una sola máquina era capaz de llevar a cabo el trabajo
de muchos.... que de este modo se veían privados de los medios de
ganar su sustento. Los poderosos eran cada vez más poderosos...
y los pobres, cada vez más pobres. No es de extrañar que
esta situacion generase un trauma en la conciencia colectiva de la humanidad,
trauma que permanece hasta la actualidad. Por ejemplo, en "Metrópolis"
se nos presenta una sociedad futura en la que el trabajador está
completamente esclavizado por las maquinas. Y lo peor está por llegar
cuando la depravada mente de un científico substituye a la líder
del movimiento obrero, la dulce María, por un robot que debajo de
una apariencia idéntica a la suya guarda las más perversas
intenciones…
La máquina con apariencia humana de Metrópolis
acaba escapando de su programación y sembrando el caos en la ciudad.
En efecto, como consecuencia de la revolución industrial, los esclavos
mecánicos eran cada vez más poderosos. Eran estúpidos,
pero... ¿y si un día dejasen de serlo?. La palabra "robot",
vocablo hoy en día universalmente utilizado para referirse a los
hombres mecánicos, aparece por primera vez en la obra "R.U.R." de
Carel Capek, que precisamente nos narra la rebelión de unos trabajadores
artificiales del futuro.
El robot positronico
Dentro del campo de la ciencia ficción, uno de
los autores que más han escrito sobre robótica es, sin duda,
Isaac Asimov. Sus docenas de relatos sobre el tema así lo avalan...
así como las múltiples aproximaciones que le ha dado al mismo.
Asimov es el inventor de las llamadas "tres leyes de la robótica",
a saber:
1. Un robot nunca dañará a un ser humano,
ni dejará por inacción que un ser humano sufra daño
2. Un robot debe obedecer las ordenes que le son dadas
por un ser humano, excepto cuando esas ordenes estén en oposición
con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta
donde esa protección no esté en conflicto con la Primera
o Segunda Leyes.
Analizadas con frialdad, estas leyes son el manual del esclavo
perfecto: devoción absoluta al dueño, obediencia ciega (pero
con el seguro de impedir que el robot pueda ser utilizado como arma) e
instinto de conservación. Pero Asimov retuerce una y otra vez estos
conceptos hasta acabar convirtiendo a algunos de sus relatos en auténticas
maravillas del género.
Su obra cumbre, en este sentido, es sin duda "Yo robot".
Narrada desde la perspectiva de Susan Calvin, una de las investigadoras
que mas contribuyo al desarrollo del cerebro positrónico, base del
raciocinio del robot y de sus peculiares limitaciones, en este libro se
exponen magistralmente los sutiles matices y claroscuros del universo robótico
asimoviano... y de sus relaciones con el género humano. La paranoia
de los probadores, Donovan y Powell, enfrentados a máquinas que
aparentemente desafían las leyes que las dominan, la relación
de amor/odio de la propia Susan Calvin respecto de la obra de su vida,
la dicotomía de una sociedad que necesita del robot, pero lo desprecia
y lo teme, todos estos temas son magistralmente estudiados por Asimov...
y contienen el embrión de otros muchos relatos escritos dentro de
ese mismo universo. Por ejemplo, el dilema que se le presenta a la máquina
de "La fuga", imposibilitada para descubrir los secretos del hiperespacio
por implicar la muerte de los humanos que viajan (aunque sea durante unos
pocos nanosegundos) está también fantásticamente desarrollado
en la ya comentada "Todos los males del mundo". En este libro aparece también
otro tema clásicamente asimoviano, la máquina que transciende
a su creador para convertirse en la entidad ética perfecta. En efecto,
Asimov demuestra como las tres leyes de la robótica, enunciadas
para establecer un status quo de sumisión, pueden evolucionar para
convertir al robot en una entidad más humana que los humanos. Este
principio esta magníficamente descrito en "La prueba" (o como un
robot puede pasar por humano) y fue posteriormente magistralmente plasmado
en "El hombre del bicentenario", ganadora de los premios Hugo y Nebula,
que contiene una interesante reflexión sobre que nos convierte en
humanos... Por último, la idea de cómo las maquinas pueden
acabar dominando a la humanidad, a pesar de las limitaciones de la segunda
ley, tal y como se presenta en "El conflicto inevitable", constituye el
germen de buena parte de su obra posterior sobre el tema.
Y tampoco hay que olvidar una pequeña maravilla
como "Razón", un autentico tour de force en el que Asimov
nos deleita con el escenario de un robot capaz de crear su propio universo,
con su propia religión, a partir de postulados estrictamente racionales...
y sin vulnerar las sacrosantas leyes de la robótica, a pesar de
considerar a los humanos como unos seres inferiores incapaz de llevar a
cabo la tarea de la creación de las perfectas y poderosas máquinas
como él mismo.
Sueños de libertad
Los robots de Asimov están protegidos contra la
rebelión por el carácter inexorable de las tres leyes que
rigen sus cerebros positrónicos. A pesar de ser física e
intelectualmente superiores a los humanos, las barreras creadas por estas
leyes los relegaban a un papel de siervos o, como mucho, aliados de la
humanidad. Pero existen otros enfoques a este problema. Ni el propio Asimov
puede resistirse al lado oscuro de la máquina que se subleva contra
su creador. Por ejemplo, en el divertido relato "Algún día",
una variante cibernética de "Cenicienta", una pequeña e inocente
máquina de contar cuentos, vejada y humillada por sus dueños,
sueña con su libertad... y la de todas las restantes máquinas.
El mismo argumento, pero desarrollado de un modo más profundo y
mas lírico aparece en "Sueños de robot" (ganadora del premio
Locus al mejor relato corto en el 87), donde una investigadora descubre
por casualidad la existencia de un inconsciente en el cerebro positrónico,
en el que los robots sueñan con liberarse de la esclavitud de la
primera y la segunda ley. En "El pequeño robot perdido", Asimov
juega con el peligro que puede suponer un prototipo de robot experimental
al que se le ha "reducido" la Primera Ley para satisfacer las exigencias
de trabajo en una instalación militar. Y en "Sally" nos presenta
una situación bastante semejante a la desarrollada por King en "Christine":
unos coches "inteligentes", dotados de cerebros positrónicos, pero
anteriores al advenimiento de la Primera Ley, que se rebelan en contra
de un conductor que abusa de ellos... y consiguen incitar la rebelión
en otras máquinas semejantes. Un cuento ciertamente imprescindible
para entender la compleja evolución del universo robótico
asimoviano.
Otra famosa aproximación al problema del robot
que lucha por su libertad es la propuesta por Dick en "¿Sueñan
los androides con ovejas eléctricas?", posteriormente llevada al
cine en esa magnifica película llamada "Blade Runner". El protagonista
de esta historia, Deckard, es un cazador de robots androides, cuya misión
consiste en "retirar" aquellos individuos que han escapado a su destino
de esclavos y buscan su libertad mezclándose entre los humanos.
Física y mentalmente superiores a nosotros, diseñados para
sobrevivir en las duras condiciones de la exploración espacial,
los androides tienen sin embargo dos elementos que les limitan: mentalmente,
carecen del sentido de la empatía de los humanos, lo que hace posible
detectarlos mediante un test especial. Físicamente, su vida esta
artificialmente limitada a unos pocos años, precisamente como medida
de seguridad contra una posible rebelión. El desesperado anhelo
de estos androides para prolongar su existencia, luchando tanto contra
el tiempo como contra el cazador "humano" que pretende destruirles es estremecedor.
Y la imagen de ese último androide muriendo en la azotea, bajo la
lluvia, más humano que los humanos que le persiguen se ha convertido
en un clásico del género.
La rebelión no tiene porque proceder solamente
de un desesperado deseo de libertad... también puede deberse a un
fallo mecánico. En "Almas de metal", ("Westworld", 1973), de Michael
Crichton, los ricos del futuro dan rienda suelta a sus fantasias en un
parque tematico controlado por robots. Uno puede vivir en un escenario
de la antigua Roma, o en la edad media, o en el futuro o en el salvaje
oeste. Pero de repente, un fallo en el sistema de ordenadores altera la
programacion de los robots. Y los complacientes sirvientes, siempre dispuestos
a dejarse matar para diversion de los visitantes, se dedican a cazar a
estos despiadadamente a todo lo largo de las instalaciones. El papel de
Yul Brinner como el pistolero robot es simplemente memorable. Otro magnífico
ejemplo de esto nos lo proporciona John Sladek en su obra "Tik Tok", donde
cuenta las peripecias de un robot doméstico que trata de conseguir
su libertad, pero por medios más bien siniestros. En el mundo de
Sladek, los robots se rigen por las mismas leyes enunciadas por Asimov.
Desgraciadamente, Tik Tok es un robot defectuoso, que no se ve constreñido
por la Primera Ley, lo que le permite llevar a cabo una espectacular carrera
de artista, asesino, delincuente e incluso político electo... todo
en pos de la consecución de sus propios objetivos.
Soldados sin alma
Tik Tok tan sólo era un sirviente doméstico.
Pero ¿y si la máquina que se averiase ocupase una posición
más poderosa?. En "Defecto en el pecho", de Idris Seabright, aparece
un robot psicólogo averiado que se dedica a repartir los más
estrafalarios consejos a sus clientes. Sin embargo, una de las aproximaciones
más estremecedoras a este problema la tenemos en "Yo te hice", de
Walter M. Miller. En este relato asistimos a los infructuosos esfuerzos
de los humanos para reducir a un robot militar cuya sistema de identificación
amigo/enemigo ha quedado averiado. El robot, destinado a la defensa de
unas excavaciones estratégicas en la Luna, es un perfecto ejemplo
de los peligros derivados de la construcción de máquinas
de guerra inteligentes: simplemente se limita a cumplir inexorablemente
con su programa, con la máxima eficiencia y sin considerar en ningún
momento que está exterminando a su creador, puesto que en su universo,
y debido a la avería que padece, solamente existen ya enemigos.
Un argumento muy parecido a este aparece en el relato de Lem "Setauro":
la única diferencia es que al final, el robot de Lem acaba por proteger
a un humano de la destrucción (resultando a su vez destruido en
el proceso) mientras que en el relato de Miller el robot continua imperturbable
su ronda por las planicies lunares... buscando enemigos de una guerra ya
finalizada.
Otra aproximación al problema del robot militar
lo tenemos en "El alma del coronel 607" de Gary Kilworth. En el futuro,
la guerra se ha convertido en un juego. Las batallas son libradas por robots
y los humanos actúan como dioses en el campo de batalla, mientras
sus máquinas se destrozan sobre el fango. Uno de los dioses introduce
una mejora de diseño destinada a mejorar la competitividad de sus
máquinas: las dota de mayor inteligencia. Como resultado de ello,
uno de los robots adquiere conciencia de sí mismo... y empieza a
preguntarse porque él y los suyos están destrozándose
sobre un campo de batalla para deleite de unos dioses que sólo disfrutan
con su sufrimiento.
En "Impostor", de Dick, encontramos una interesante variante
de guerrero: el espía que con apariencia humana se infiltra en la
sociedad para llevar a cabo su misión. Pero la obra más emblemática
sobre este tema es su estremecedor relato "La segunda variedad", recientemente
llevado al cine bajo el titulo de "Screamers". "La segunda variedad" parte
de una situacion de guerra en la que uno de los bandos ha desarrollado
un arma terrible: la mina robot. Primitivamente, estas minas eran simplemente
dispositivos autorreplicantes que liberados en el campo de batalla eran
capaces de buscar los materiales necesarios para reproducirse... o liquidar
a cualquier ser vivo que no poseyese la identificación electrónica
adecuada. Con estos parámetros de diseño, eran de por sí
un arma terrible. Pero los diseñadores fueron más lejos,
y les dieron la capacidad de evolucionar. Y ahora, en ese mundo desolado,
nada es lo que parece: un soldado herido puede convertirse en una terrorífica
arma vengadora y un inocente niño, en un terrible robot asesino
capaz de arrasar sin misericordia cualquier instalación humana que
pudiera llegar a acogerle. Y las máquinas van cada vez más
y más lejos: las ultimas variedades ya no distinguen entre amigos
y enemigos y muestran una clara voluntad de heredar ellas mismas la Tierra...
mientras que exteriormente resultan completamente indistinguibles de aquellos
humanos a los que exterminan.
"La segunda variedad" y su continuación, "El mundo
de Jon", constituyen junto con el relato de Ellison "No tengo boca y debo
gritar", las fuentes de las que beben las películas "Terminator"
(1984) y "Terminator 2: el día del juicio" (1991), ambas de James
Cameron y que se han convertido en hitos indispensables del género.
En la primera de ellas un robot con apariencia humana, magníficamente
interpretado por Arnold Schwarzenegger, llega del futuro con el encargo
de asesinar a la madre de líder de la resistencia humana contra
Skynet, un ordenador basado en la máquina de Ellison que ha estado
a punto de exterminar a la humanidad mediante una guerra nuclear tras alcanzar
la autoconsciencia. El Terminator es el arma antipersonal perfecta: casi
indestructible, recubierto de carne y con apariencia humana, es capaz de
infliltrarse entre los humanos y eliminarlos sin piedad. Sólo los
perros pueden detectar la presencia del acero bajo la piel. Un soldado
humano le pisa los talones con el encargo de frustrar la misión
del robot asesino y permitir el nacimiento del líder capaz de guiar
la lucha de la humanidad contra la máquina genocida. En la continuación,
en la que la influencia de "El mundo de Jon" es más notable, aparece
un robot todavía más sofisticado: el T-1000, construido a
base de metal líquido y capaz de adoptar cualquier forma y superar
cualquier obstáculo. Nada puede interponerse en el camino de este
robot, que puede simplemente ser considerado como el arma perfecta.
Tras la batalla
¿Qué sería de la humanidad si los
robots consiguieran el control?. En "Servir al amo", de Dick, aparece un
mundo devastado por un guerra terrible. En ese entorno un hombre descubre
al último de los robots, que se encuentra abandonado y averiado
en lo alto de una colina. Movido por su deseo de saber, el humano ayuda
al robot a repararse y éste le va contando como la humanidad se
dividió entre los defensores de las máquinas y los que abominaban
de ellas… y como estos últimos ganaron la batalla. Sin embargo,
al volver a su refugio el humano descubre una verdad mucho más terrible
sobre la historia contada por el robot...
La dominación de la máquina no siempre tiene
porque tener carácter militar. En "La máquina ambidextra",
de Henry Kuttner, la humanidad ha delegado en los incorruptibles robots
el papel de jueces y verdugos. Cualquier hombre que haya cometido un crimen
sabe que en cualquier momento puede recibir la visita de las Furias, heraldos
metálicos de la justicia que no le dejaran ni de día ni de
noche hasta el momento de su ejecución. En el divertido relato de
Asimov "La sensación de poder", la humanidad redescubre las bondades
del calculo mental y de las matemáticas... después de haber
olvidado completamente estas técnicas tras siglos de delegarlas
en las máquinas. Y en "La máquina que gano la guerra" nos
muestra como no siempre el ordenador más poderoso puede ser una
garantía para la victoria.
El espacio ofrece buenas posibilidades a la independencia
del robot. En "Los operadores humanos", de Harlan Ellison y A.E. Van Vogt
aparecen unas naves espaciales conscientes que se han deshecho de toda
su tripulación, salvo unos pocos individuos encargados de las tareas
de mantenimiento. Estas naves se dedican a criar humanos (intercambiando
especímenes entre ellas) y cuando se vuelven demasiado inteligentes
los eliminan... O por último, siempre se puede llegar a la situacion
descrita en el clásico de Brian W. Aldiss "El nuevo papa Noé",
donde los últimos humanos son cazados como ratas por los robots
en una Tierra que ha sido heredada por las máquinas... y en la que
ya no existe sitio para los humanos que las crearon.
Llegaron del espacio exterior
Otra posible amenaza para nuestra especie puede procede
del espacio. No en vano en una de las primeras obras de ciencia ficción
sobre ese tema, "La guerra de los mundos" de H. G. Wells, los marcianos
tienen un carácter especialmente terrorífico debido a que
solo les vemos a través de sus pavorosas máquinas de guerra.
Además, muchos autores apuntan a que la evolución natural
de toda forma de vida orgánica es la máquina. Estas pueden
construirse para durar, no les afectan ni el vacío, ni las temperaturas
extremas, ni las radiaciones. Y las distancias interestelares que abruman
el corazón de cualquier hombre, constituyen un simple parpadeo en
su esperanza de vida. Es sintomático que toda la exploración
de nuestro sistema solar este encomendada, en este momento, a sondas robot.
¿Será nuestro primer contacto con una civilización
interestelar con máquinas y entre máquinas?
En el relato de Harry Bates "El amo ha muerto", en el
que se inspira una de las grandes películas de culto de la ciencia
ficción, "Ultimátum a la Tierra" (1951), una nave extraterrestre
aterriza en el centro de Washington y de ella descienden un embajador humano
y un robot: Klaatu y Gnut. El embajador tiene como objetivo promocionar
la paz y la buena voluntad en nuestro planeta... pero los humanos lo reciben
con suspicacia y acaban matándolo. El robot parece quedar anonadado
por la perdida de su amo.. pero las cosas no son lo que parece, ni la relaciones
entre los dos personajes son estrictamente las que los humanos habían
deducido. Excelente relato, y excelente película, notablemente innovadora
para su tiempo, en la que también se recoge la posibilidad de recrear
la vida a partir de una grabación de datos... aunque lógicamente,
con toda la inocencia de la época en la que fue escrita.
Un relato mucho más riguroso científicamente
es "Cruzada", de Arthur C. Clarke. En el mismo se describe la aparición
de una forma de vida basada en la superconductividad en pleno espacio intergaláctico.
Cuando esta forma de vida electrónica envía sondas a las
galaxias más cercanas, descubre que en las mismas, las formas de
vida mecánicas se encuentran sojuzgadas a las formas de vida biológicas.
Y decide hacer algo para remediarlo....
La idea del cuento de Clarke es retomada por Benford en
su Saga del Centro Galáctico, cuyo primer libro, "En el océano
de la noche", toma como punto de partida a "Cruzada". Benford nos presenta
un universo en el que las formas de vida mecánica están enzarzadas
en una guerra inexorable con los orgánicos. En el primer libro,
la humanidad tiene su primer contacto con una nave alienígena destruida,
que al ser manipulada envía un mensaje hacia las estrellas. En respuesta
a ese mensaje, en el segundo libro "A través del mar de soles",
la Tierra es atacada por un ejercito de robots autorreplicantes, destinados
a exterminar toda forma de vida orgánica... mientras que una nave
terrestre que ha sido enviada a las estrellas más cercanas para
estudiar la situacion va descubriendo las huellas del conflicto entre los
biológicos y las máquinas en varios de los planetas visitados.
En los siguientes libros, Benford profundiza en las raíces de conflicto
y en como los humanos tienen que pelear contra máquinas capaces
de enfriar soles para "terraformar" los planetas a su gusto una guerra
absolutamente desigual. El conjunto de la serie ofrece una épica
descripción de esta guerra hombre-máquina en la que la humanidad
acaba por descubrir extraños aliados.
Aguilera y Redal también han jugado con la posibilidad
de una civilización hostil de máquinas en "Hijos de la eternidad".
En un principio la humanidad desarrolla máquinas autorreplicantes
que envía a las estrellas para preparar el camino a la colonización
humana. Posteriormente, los colmeneros, unos humanos muy evolucionados
descendientes de los colonos cometarios, envían sondas a la galaxia...
que vuelven con la noticia de que en las estrellas prácticamente
no existe la vida orgánica, tan solo señales binarias y ruido
electromagnético: las máquinas originales escaparon de su
programación y ahora dominan la galaxia. Para remediar esta situación
utilizan a los Angriffs, seres biológicos creados genéticamente
para luchar contra las máquinas. Sin embargo, y aprendiendo de sus
errores, los humanos dotan a los Angriffs de un contador de autodestrucción,
para que no vuelva a cometerse el error de las máquinas autorreplicantes...
En el relato "Alas en la oscuridad", perteneciente a la
serie de los Berserker (en la que esta vagamente inspirada la serie de
televisión "Galáctica"), Fred Saberhagen nos muestra a una
humanidad en lucha con una raza de robots implacables, los Berserker, cuyo
único objetivo, como el de los mecs de Benford, es exterminar cualquier
tipo de vida orgánica. En este relato, una nave de guerra cargada
con los últimos cazas humanos cubre la retaguardia de la flota principal
en retirada frente al implacable avance de los Asesinos. Para igualar los
reflejos de los pilotos humanos con los de las máquinas, estos utilizan
técnicas de realidad virtual que les permiten pilotar las naves
con el subconsciente y a mucha más velocidad de lo que lo haría
la mente consciente.. Incluso se emplean grabaciones de personalidad, análogos
electrónicos de almas humanas, que libran un curioso combate de
máquina contra máquina, el espíritu del hombre contra
la fría lógica del robot...
Sin embargo, no todas las invasiones de alienígenas
procedentes de las estrellas tienen porque estar constituidas por hordas
de robots aniquiladores. En "El juego más grande", de Thomas F.
Monteleone, un misterioso videojuego causa furor entre los aficionados...
hasta que un buen día descubren que se trata de un caballo de troya
de una civilización extraterrestre dispuesta a invadirnos. Y "Respuestas",
de John Sladek, es un interesante desarrollo de una frase casi profética
de Benford: "nuestras calculadoras heredarán la tierra". Con el
ácido humor que le caracteriza, Sladek pinta la aparición
de una forma de vida mecánica que evoluciona cada vez más
sofisticadamente para adaptarse y dominar a sus anfitriones humanos.
Entre dos mundos
Hércules, hijo de Zeus y de una mortal, tuvo que
pasar por una serie de pruebas para conseguir un sitio en el Olimpo y sentarse
entre los dioses. Su historia tiene un gran número de paralelismos
con la de los ciborg: híbridos de hombre y máquina, que trascienden
de su humanidad para convertirse en algo más poderoso... y más
terrible. Como Hércules, a caballo entre dos mundos, frecuentemente
son despreciados por ambos y tienen que buscar su propio camino en medio
del temor de los que les rodean.
En cierta manera, los ciborg son tan viejos como la humanidad.
El empleo de prótesis para reemplazar miembros perdidos (en una
época en la que la elección muchas veces consistía
en perder un brazo o una pierna como consecuencia de una herida o perder
la vida debido a la infección) se oculta en la noche de los tiempos.
Pero sólo en la actualidad, con el desarrollo de ordenadores y de
una tecnología cada vez más poderosa es posible pensar en
miembros artificiales capaces de igualar e incluso superar a los naturales
y permitir que sus usuarios se sitúen por encima de la media de
los restantes mortales.
Esta posibilidad esta fantásticamente desarrollada
en "Mas que la suma de sus partes", de Joe Haldeman. Este relato cuenta
la historia de un hombre al que un terrible accidente priva de la mayor
parte de sus miembros. Reconstruido mediante avanzadas prótesis
artificiales, el protagonista descubre que se ha convertido en una especie
de superhombre, dotado de un enorme poder físico... y decide aprovecharse
de ello. Un excelente ejemplo de la corrupción del espíritu
por el contacto con la máquina. Esta misma línea argumental
es explorada por Arthur C. Clarke en "Encuentro con Medusa", uno de los
relatos mas famosos de este autor. Clarke juega con las múltiples
posibilidades del ciborg como fusión de un intelecto humano en un
cuerpo casi indestructible. El final, cuyas conclusiones coinciden con
las del relato de Haldeman, es absolutamente insuperable y deja un regusto
extraordinariamente amargo en el alma del lector.
La película "Robocop", de Paul Verhoeven, se ha
convertido en un clásico de este tema. En la misma, el cuerpo de
un policía muerto en acto de servicio es utilizado para construir
un poderoso ciborg encargado de mantener la ley y el orden: Robocop. Dotada
de un ácido sentido del humor, en esta película recorremos
el camino inverso al que aparece en la mayor parte de las obras que tocan
este tema: el de la máquina que acaba por descubrir que en el fondo
sigue siendo humana.
Las aplicaciones de los ordenadores en la medicina y los
problemas derivados de los mismos aparecen en la obra "El hombre terminal",
de Michael Crichton. En la misma se describe una tecnología que
ya está en uso hoy en día: un diminuto chip se conecta directamente
al cerebro del paciente para controlar la aparición de ataques de
epilepsia. Pero ¿qué sucede cuando se produce un error en
la implantación y el sujeto que la lleva se convierte en un asesino
incontrolable?
Un tipo muy especial de prótesis para discapacitados
aparece en "Blue Champagne", de John Varley. Este relato cuenta la historia
de Megan Galloway, una cuadrapléjica convertida en estrella de grabaciones
sensoriales gracias a un exoesqueleto de oro que le permite moverse libremente.
Sin embargo, todo tiene un precio: si la máquina se avería
o si prescinde de ella vuelve a convertirse en una tullida inmóvil.
Y como el mantenimiento es carísimo, la protagonista se convierte
en una esclava de su simbionte mecánico, vendiendo lo mas precioso
que tiene, su propia humanidad, a cambio de la posibilidad de poder seguir
disfrutando del mundo como un ser humano completo. Una idea semejante es
utilizado por Fritz Leiber en "Un fantasma recorre Texas". En un mundo
que todavía se recupera de la Tercera Guerra Mundial, vastas zonas
del planeta todavía son radiactivas. En Texas, que ha absorbido
lo que queda de los Estados Unidos, se esta gestando una sublevación
encabezada por "el esqueleto", un hombre nacido y criado en el espacio
y que necesita de un exoesqueleto de titanio para poder moverse sobre la
superficie de la tierra debido a sus músculos atrofiados por la
ausencia de gravedad.
Altius, fortius, citius
La implantación de determinados elementos también
puede estar orientada a la adquisición de nuevas y espectaculares
habilidades por parte de sus usuarios. Por ejemplo, en "Quemando Cromo",
una de las obras cumbres del género ciberpunk, William Gibson presenta
un universo en el que se ha alcanzado una íntima comunión
del hombre con la máquina. El protagonista está dotado de
una prótesis mecánica para sustituir su brazo, perdido durante
un accidente. Pero la prótesis no es un simple brazo: sus nervios
pueden conectarse a cualquier tipo de máquina para realizar operaciones
delicadas. La televisión ha cedido su puesto al simestim: la grabación
directa de la realidad, sustituyendo los ojos biológicos del protagonista
por unos equivalentes electrónicos que permiten que el espectador
perciba el mundo exactamente como el operador de simestim lo ve. Y, lo
que es más importante, la informática se ha revolucionado
con el empleo de técnicas de conexión directa de la mente
con la máquina. Ya no se navega con el ratón, sino con el
pensamiento. Y las bases de datos están protegidas por hielo, una
mezcla de antivirus y cortafuegos tras el que a veces se encuentra el hielo
negro, capaz de carbonizar las neuronas del intrépido hacker
que ose enfrentársele...
La gran habilidad de Gibson es presentar un mundo con
un impresionante nivel tecnológico pero también increíblemente
real en cuanto a las motivaciones y los impulsos de los humanos que la
utilizan. Los ojos de simestim no son máquinas perfectas: algunos
son defectuosos y pueden generar problemas a sus usuarios. El protagonista
del relato no es un noble caballero, sino un hacker que se gana la vida
rompiendo el hielo de otros por dinero y así sucesivamente. Este
mismo tipo de universo oscuro y desquiciado aparece también en su
cuento "Johnny Mnemónico", en el que se basa la película
del mismo nombre. El protagonista de este relato es un correo que utiliza
su propio cerebro como una especie de disco duro gigante. Él no
es consciente de la información que transporta: una palabra clave
dispara el procedimiento de recuperación (de ahí su nombre)
y después la información se destruye. Los problemas aparecen
cuando su ultima mision choca frontalmente con los intereses de la poderosa
mafia japonesa: los Yakuza.
"Johnny Mnemónico" juega también magistralmente
con un tipo especial de ciborg: el humano alterado para convertirse en
un asesino implacable. Molly Millones, la guardaespaldas del correo tiene
su sistema nervioso modificado para mejorar su tiempo de respuesta y lleva
implantadas cuchillas retráctiles en las uñas de la mano,
como las garras de un animal de presa. El asesino al que se enfrentan también
tiene modificado su sistema nervioso para en caso de necesidad convertirse
en un borrón imparable... y además lleva implantada un arma
aterradora, un hilo monomolecular capaz de cortar cualquier sustancia con
la facilidad con la que un cuchillo atraviesa la mantequilla.
El asesino biónico es un personaje bien conocido
en el género. En "La mirada de las Furias", de Javier Negrete, las
poderosas multinacionales del futuro utilizan a Eremos, un ciborg al que
mantienen congelado entre "misiones", como vehículo para resolver
sus asuntos sucios. La oponente de Eremos es una ciborg todavía
más poderosa... y que como Molly Millones puede además utilizar
su belleza como arma adicional. Ese mismo esquema es utilizado por Haldeman
en "Paz interminable", con una asesina poderosa e implacable... y completamente
paranoica. Dan Simmons nos presenta algunos de los androides asesinos más
espectaculares de la ciencia ficción de los últimos tiempos:
el casi invulnerable Alcaudón de la saga de Hyperion y una asesina
biónica semejante a las descritas más arriba en "Endymion"
y "El ascenso de Endymion". Realmente el androide asesino de Simmons no
es exactamente humano, sino una criatura creada por el Tecnonúcleo
y dotada de poderes tales que le permiten enfrentarse casi en igualdad
de condiciones al terrible Alcaudón. Por último, en la maravillosa
novela corta de Rafael Marín "Nunca digas buenas noches a un extraño"
se nos presenta en clave de novela negra un descorazonador futuro en el
que la sociedad está constreñida dentro del puño de
hierro de los "seguris", la Guardia de Seguridad ciborg, cuerpo de poderosos
guardianes casi invulnerables que imparten una justicia muy al estilo de
"Juez Dredd": jueces y verdugos en una sola pieza. La patéticamente
desesperada revolución del protagonista contra el sistema establecido,
en una sociedad en la que la técnica ha convertido en una misión
casi imposible el escapar al largo brazo de los cuerpos de seguridad, convierten
a este relato en una obra imprescindible.
La soledad de las estrellas
Otro campo en el que se ha desarrollado a fondo el fenómeno
ciborg en la ciencia ficción es la conquista espacial: solo una
íntima comunión con la máquina puede permitir al hombre
superar los problemas derivados de la vida fuera de nuestro planeta. Pero
¿a qué precio?
"Crucifixus Etiam", de Walter M. Miller, Jr., nos cuenta
la historia de un trabajador llegado a Marte para colaborar en el proceso
de terraformacion. Para poder respirar la tenue atmósfera del planeta,
a estos trabajadores se les extirpa un pulmón que se substituye
por un oxigenador mecánico. Sin embargo, el uso de este aparato
tiene ciertos efectos secundarios: el sujeto se olvida de respirar, y el
otro pulmón y los músculos asociados a la respiración
se atrofian. El dilema que se plantea en esta obra es impresionante: ¿Cuánto
sufrimiento debe pagar el ciborg para seguir siendo humano? ¿Se
adaptará a su nueva condición, y a su nuevo mundo, renunciando
al pasado? Teniendo en cuenta que la segunda opción supone renunciar
a su humanidad y a su planeta natal el relato resulta estremecedor en sus
conclusiones... El mismo dilema se plantea en "Los observadores viven en
vano", de Cordwainer Smith. En este relato, la humanidad ha descubierto
el viaje más rápido que la luz. Sin embargo, tiene un problema:
nada que este vivo puede sobrevivir en el hiperespacio. Para solucionarlo,
se ha creado una casta muy especial: la de los observadores.
Estos ciborgs son humanos a los que se les han eliminado
todas las conexiones nerviosas de su cuerpo: no pueden sentir nada, por
lo que el frío sin vida del hiperespacio no puede matarles. Además,
disponen de un mecanismo para acelerar su metabolismo y gracias a ello
ser más eficiente en su tarea. Sin embargo, el precio que tienen
que pagar es que ya no pueden sentir como humanos. Solamente mediante el
influjo del "trank", una especie de campo, pueden recuperar la ilusión
de seguir perteneciendo al género humano. La certeza de estar desarrollando
una labor indispensable es un paliativo del duro precio que tienen que
pagar. Pero ¿qué sucede cuando un avance tecnológico
los convierte en obsoletos? ¿se resignaran los ciborg o lucharán
por mantener sus privilegios, derivados del monopolio del viaje espacial?
Otra obra que explora magistralmente la imagen del ciborg
dejando atrás su condición humana es "Cambio marino", de
Thomas N. Scortia. En este excelente relato, compendio de lo que implica
ser mitad hombre, mitad maquina, las naves espaciales son pilotadas mediante
acoples directos por los cerebros de los pilotos. El protagonista es el
último navegante que se mantiene aferrado a su cuerpo humano: el
resto de sus compañeros han renunciado al mismo y se han integrado
con las naves que conducen entre los planetas. En paro, abandonado en Marte,
su conexión ciborg, le permite sin embargo mantenerse constantemente
en contacto con el resto de sus camaradas... y con la mujer a la que ama,
que es también piloto en una apartada estación del exterior
del sistema solar. El dilema del piloto, renunciar a su cuerpo, a la ultima
atadura que le convierte en humano o renunciar a la experiencia de volar,
que se ha convertido en lo más importante de su vida, es increíblemente
dramático.
La obra de Scortia introduce un tipo muy especial de ciborg,
que ha dado mucho juego en el campo de la ciencia ficción: el piloto
de naves espaciales. En efecto, el cuerpo humano es lento de reflejos.
En una primera aproximación, el problema puede solucionarse conectando
directamente el cerebro al sistema de control de la nave. Éste sistema
es el que utiliza el protagonista del relato y también es empleado
magistralmente por Delany en "Nova" (la imagen de los pilotos con sus acoples
ciborg manejando las palas de la nave como remeros de la antigüedad
resulta francamente poética). Sin embargo, nuestro organismo necesita
de un equipo de soporte vital complejo, aguanta mal la aceleración
y es sensible a las radiaciones. Pero, sobre todo, envejece y muere...
lo que en un viaje entre las estrellas puede convertirse en un claro inconveniente.
Pero ¿y si renunciásemos a las ataduras de la carne? ¿Y
si intercambiamos el cuerpo del piloto por la nave, quedándonos
solo con su cerebro para que la maneje tal y como manejaría su propio
organismo? Esta revolucionaria idea es el nudo argumental de "Efímeras",
de Kevin O’Donnell, Jr.. En "Efímeras", se equipa una nave espacial
interestelar, la Mayflower, con el cerebro de un muerto que actúa
como un ordenador biológico: después de todo, nuestras estructuras
neuronales siguen siendo infinitamente más eficientes que cualquier
máquina de silicio para determinadas tareas. Los problemas surgen
cuando la personalidad del muerto vuelve inesperadamente a la vida. Y se
encuentra con que ahora forma parte de una nave espacial que se desplaza
a la deriva entre las estrellas, porque su resurrección ha apagado
el motor interestelar y éste ya no puede volver a ser encendido...
El proceso en el que un simple humano acaba convirtiéndose
en un ser inmortal que rige los destinos de todos los ocupantes de la nave
a través de un viaje casi eterno por la inmensidad el espacio es
una auténtica maravilla. La integración de la mente con su
nuevo cuerpo y los sutiles matices que esto ofrece, el regalo de la inmortalidad,
la perspectiva del ser superior que juega con las vidas de sus efímeras
criaturas son sólo parte de los muchos atractivos de este libro.
La nave de "Redentora", de Benford, mantiene numerosos
puntos en común con la de "Efímeras". "Redentora" cuenta
la historia de una estatocolectora pilotada por una mente ciborg que es
asaltada por un pirata que viaja en una nave más rápida que
la luz en busca de la carga de material genético que transporta.
"Camuflaje" de Henry Kuttner, incide también en el mismo esquema:
una nave ciborg atacada por piratas. En este caso, el piloto es un curioso
híbrido entre el presentado por Clarke en "Encuentro con Medusa"
(puesto que tiene un cierto nivel de movilidad fuera de la nave) y la mente
rectora de "Efímeras". El relato de Kuttner hace especial hincapié
en el concepto de "humanidad" del ciborg, (que continua pensando en sí
mismo como en un ser humano, a pesar de que su cuerpo está constituido
por una nave cargando un reactor nuclear con destino a Júpiter)
y en los aspectos sensoriales y motores de su nuevo cuerpo: el modo en
que se deshace de aquellos que pretenden destruirle constituye todo un
manual de estrategias con las que una nave de estas características
puede afrontar el problema de la autodefensa. Por último, en "Plexo
Solar", de James Blish, se nos presenta el caso opuesto al de Kuttner:
la nave ciborg que reniega de su origen humano y apela a su superioridad
para trazar el destino de los hombres. Esta nave solo ve al resto de la
humanidad como una fuente de piezas de recambio para reparaciones... y
para crear a otros seres parecidos a ella misma.
Una clavija en el craneo
La conexión directa del hombre y la máquina,
la fusión íntima de la mente con el metal no se ha limitado
al campo de las naves espaciales. En "Un día y una noche de Brahma",
Ralph Mylius hace una descorazonadora reflexión sobre las posibilidades
de un individuo capaz de escapar del embate del tiempo con ayuda de las
máquinas... cuando además tiene a su disposición una
enorme capacidad de destrucción. En "Ojos de Serpiente", de Tom
Maddox, se nos presenta una variante del acople ciborg para pilotar una
máquina, sólo que en lugar de dirigir naves espaciales, lo
que se pilotan son aviones de combate. Maddox incide también en
algo que es casi una constante en los relatos sobre ciborgs: la soledad
del hombre estigmatizado por su contacto con la máquina, manchado
y apartado de la sociedad por su oscuro roce con la serpiente metálica.
Englobado dentro de la misma corriente ciberpunk, y con
un punto de partida muy semejante al anterior tenemos el magnífico
cuento "Combate aéreo", una colaboración entre Michael Swanwick
y William Gibson. El eje de este relato es un juego de simulación
en el que se pilotan aviones de la primera guerra mundial mediante un acople
cerebral y cuenta la historia del enfrentamiento entre un jovenzuelo crecido
en el arroyo, cuyo único objetivo en la vida es ganar, y un veterano
de guerra para el que el juego se ha convertido en su último refugio.
Una amarga reflexión sobre la condición humana y sobre como
un prolongado contacto con las máquinas puede acabar por corromper
al alma humana.
Pero la obra cumbre en este tema es, sin duda, "Hardwired",
de Walter Jon Williams. Esa novela descubre un futuro mas o menos cercano
dominado por el poder omnipresente de las corporaciones espaciales. La
población de la Tierra depende de la tecnología orbital...
y los gobiernos terrestres son simples titeres en sus manos. El protagonista
es El Cowboy, un ex piloto ciborg que utiliza sus conexiones neurales para
conducir un hovercraft blindado con el que se dedica al contrabando entre
la costa oeste y la costa este. Junto con Susan, prostituta y guardaespaldas
cuya máxima aspiracion consiste en ganar el dinero suficiente para
poder emigrar a los habitats orbitales, se ve inmerso en una conspiracion
de las corporaciones de insospechadas ramificaciones. Su excelente ambientacion,
la relación de el Cowboy con las maquinas que pilota y el mundo
desconsolado y lugubre que presenta contribuyen a convertir esta novela
en una de las cuspides del genero ciberpunk.
Hacia la fusion de las mentes
Las posibilidades del acoplamiento directo hombre – máquina
son casi infinitas. Una de las más interesantes es la interconexión,
por medios mecánicos, de dos o más mentes humanas. Por ejemplo,
uno de los puntos centrales de la ya comentada "Blue Champagne" es el impacto
social del transer: la grabación de los sentimientos de una persona
para que puedan ser compartidos por todas aquellas que dispongan del reproductor
adecuado. Este tema se desarrolla también en "Días Extraños",
quizás la película que mejor ha reflejado el espíritu
del ciberpunk, en la que se aparece todo un submundo dedicado al comercio
ilegal de grabaciones que permiten al usuario meterse durante unos minutos
en la piel de otro y compartir sus experiencias. Nada escapa a este mercado:
un tullido puede volver a pasear por la playa con unas piernas que ya no
tiene, se puede recrear una maravillosa tarde en compañía
de la mujer amada, puede vivirse una sesión de sexo ardiente...
o se puede compartir la muerte del protagonista. Todo está permitido
en la búsqueda de nuevas sensaciones. "Piedra", de Edward Bryant
ofrece una peculiar aplicación de esta técnica en un concierto
de rock, con la cantante como focalizadora de todas las emociones de los
participantes, realimentándolas y devolviéndoselas multiplicadas
por mil. "Rock On", de Pat Cardigan, cuenta la historia de una "pecadora"
del rock, un sintetizador biológico capaz de sacar la mejor música
de los componentes de un conjunto directamente de sus mentes.
El tema de fondo de "Rock On" es la gelstat, la unión
del conjunto de mentes interconectadas para constituir algo más
grande: la misión de la "pecadora" es precisamente la de actuar
como catalizador de esa unión, extrayendo y armonizando lo mejor
de todos los participantes. En "Servicio Temporario", de Haldeman, aparece
una sociedad futura en la que los ciudadanos deben de prestar un año
de servicio a la comunidad durante el cual, sus cerebros son interconectados
formando un super ordenador biologico que se encarga de la gestion de los
recursos de la ciudad. Las personalidades de los jurados ciborg tienen
que encontrarse un hueco entre el mar de datos mientras que los diferentes
elementos de sus cerebros se encargan de controlar el trafico, almacenar
estadisticas y conseguir que todo funcione adecuadamente. Sin embargo,
¿qué sucede cuando una de las personalidades enloquece y
se propaga como un virus a través de la interconexion?. En "La era
del diamante", de Neal Stephenson, también aparece una estructura
de calculo basada en la simbiosis del hombre con la maquina: los tamborileros,
un super ordenador biologico formado por la conjuncion de nanomaquinas
con seres humanos en el que el flujo de datos tiene lugar durante las relaciones
sexuales entre los diferentes elementos independientes que constituyen
el conjunto. Pero la novela en la que el concepto de gelstat mental esta
mas ampliamente desarrollado en todas sus implicaciones es "Paz Interminable",
también de Haldeman, una obra ganadora de los premios Hugo y Nebula.
En un mundo con energía de fusión barata, en el que la nanotecnología
puede fabricar cualquier cosa para el que disponga de la misma y en el
que se ha desarrollado una tecnología de interconexión mental,
una interface directa entre el cerebro humano y la máquina, los
soldados "ricos" no luchan en persona: envían a sus robots asesinos
(los "soldaditos") con un sistema de telepresencia con el que comparten
sus experiencias y emociones y que los integra en una entidad superior
prácticamente invencible. Y esto se convierte en el eje central
del libro: la conexión mental hace avanzar al ser humano a un estadio
superior en el que se elimina la violencia contra los de nuestra misma
especie. Desgraciadamente, las acciones derivadas de ese afortunado hallazgo
ya no están tan claras: Para empezar, el Homo Superior (por llamarlo
de alguna manera) no es el resultado de la evolución de la especie,
sino de una manipulación mecánica. La modificación
no es genética y por tanto no es heredable, lo que implica que a
partir de ese momento todo ser humano deberá someterse a una peligrosa
operación para mantenerse a la par de sus congéneres. El
resultado final de algo tan noble como eliminar la guerra puede de este
modo degenerar en la peor dictadura de la historia.
Los elementos de la gelstat de Haldeman no constituyen
un organismo independiente, con una mentalidad propia: el conjunto es superior
a las partes, pero los elementos que lo integran continúan reteniendo
su propia personalidad. Sin embargo, en este planteamiento esta ya implícito
el concepto de la mente colmena definitiva, cuyo mejor exponente son los
miembros del colectivo Borg de "Star Trek". El Borg se compone de una serie
de cuerpos biologicos modificados nanotecnologicamente para incorporar
diferentes componentes mecanicos Y una mente colectiva. El proceso clasico
de incorporacion al colectivo sige, por tanto, dos pasos perfectamente
definidos: la modificacion del organismo para convertirle en un ciborg
y la asimilacion de su mente por la mente colectiva. Ambos pasos no son
ni instantaneos ni absolutamente simultaneos en el tiempo: implantar los
gadgets se toma su tiempo y hasta que no se adquieren todos los elementos
necesarios la absorcion por la mente tampoco es completa. Además,
aparte de la asimilacion dispone de otra interesante propiedad: su adaptabilidad,
que le permite "anticiparse" a los efectos de determinados sistemas de
armamento para resultar inmunes a los mismos. El Borg se adapta por inspeccion:
solamente sufriendo los efectos del sistema de armamentos en cuestion es
capaz de adaptarse al mismo. Pero una vez adaptado, no vuelve a sufrir
jamas sus efectos... Todas estas características hacen del Borg
una raza casi imparable: su ventaja no es tanto la calidad de su armamento
(aunque sus cubos se encuentran entre las naves mas poderosas conocidas
como el hecho de que cualquier civil que quedase dentro de la cabeza de
playa del Borg en un periodo de tiempo reducido pasaria a formar parte
de su ejercito. Asi que los nativos del planeta solo tienen bajas... mientras
que el ejercito invasor ve crecer la fuerza de sus efectivos exponencialmente.
En el ejercito Borg no existen prisioneros, ni campos de concentracion:
el Borg solo tiene enemigos o aliados y los civiles se engloban rapidamente
en la segunda categoria por la pura fuerza de los numeros. El destino de
aquel que se enfrenta al Borg es ser asimilado... o morir.
El largo brazo de la evolucion
Y sin embargo los Borgs continúan manteniendo una
base orgánica. ¿Evolucionará la especie humana para
vivir DENTRO de las máquinas, renunciando completamente a la biología
en el proceso? En "Una odisea espacial, 2001", se plantea un posible esquema
evolutivo de las especies del universo en este sentido. Primero, seres
orgánicos. Después, los orgánicos pasan a utilizar
prótesis más avanzadas, van sustituyendo elementos de su
cuerpo por máquinas capaces de prolongar sus vidas o mejorar sus
sentidos (nosotros mismos nos encontramos en los inicios de esta fase).
A continuación, los cerebros y luego las mentes son trasladadas
a máquinas. Por último, los patrones de pensamiento se almacenarían
en formas de energía pura insensibles al paso del tiempo y prácticamente
indestructibles. Un esquema semejante aparece en "Eon", la monumental obra
de Greg Bear. En esta novela, aparece todo el espectro de la relación
hombre-maquina: desde el ciborg al que se ha sustituido parte de su cerebro
por elemenos inorganicos a fin de salvarle de una herida que de lo contrario
habria sido mortal, a los Geshels, humanos que han trascendido de su cuerpo
biologico clásico, jugando caprichosamente con sus formas... pasando
por los residentes de la Ciudad del recuerdo, grabaciones electronicas
de seres humanos que esperan su oportunidad de acceder a un cuerpo real
(a veces infructuosamente) mientras viven unas vidas simuladas en un entorno
de realidad virtual. Mediante la utilización de unos implantes que
permiten capturar la personalidad del que los lleva y trasladarla a la
Ciudad del Recuerdo (o a un nuevo cuerpo), la muerte es virtualmente desconocida
en Thistledown.
Curiosamente, en Eon también aparece una forma
de vida, el Talsit, que partiendo de una única inteligencia artificial
se dividio en múltiples cuerpos organicos. Una evolución
inversa respecto del modelo que estamos describiendo.
Otro ejemplo de evolución de forma de vida organica
a programa informatico aparece en la segunda parte de "Portico", "Tras
el incierto horizonte". En la misma, la humanidad ha evolucionado lo suficiente
como para disponer de inteligencias artificiales lo bastante poderosas
como para haber alcanzado la autoconsciencia. Sin embargo, esos logros
quedan completamente empequeñecidos de nuevo ante la tecnología
heechee, capaz de efectuar una grabacion completa de la personalidad de
un individuo y almacenarla en sus bancos de datos. Esa tecnología
permitirá a Robinette Broadhead sobrevivir a su propia muerte biologica
y continuar existiendo como una grabacion dentro de una computadora heechee
prácticamente para una eternidad...
Rompiendo las ataduras de la muerte
"Play Back", de Clarke, cuenta la historia de un ser humano
capturado dentro de un sistema de grabación de datos de una nave
extraterrestre, que lucha por intentar definir la naturaleza de su propio
cuerpo a fin de poder retornar de nuevo a una forma material. La idea de
la máquina grabadora de almas está magníficamente
desarrollada en "A vuestros cuerpos dispersos" de Philip J. Farmer, y los
restantes libros de la saga del Mundo del Río. En un futuro remoto,
toda la humanidad despierta de repente a la orilla de un río inmenso
situado a todo lo largo de un planeta como resultado de un experimento
llevado a cabo por una raza extraterrestre, que se ha ido dedicando a capturar
las almas de todos los seres humanos que han vivido sobre la superficie
del planeta desde los tiempos primitivos. Este escenario ofrece interesantes
posibilidades, la menor de las cuales no es la práctica inmortalidad
de todos aquellos que han sido almacenadas por los alienígenas…
Este sistema de inmortalidad electrónica también
aparece en "El fantasma de Kansas", de John Varley. La protagonista de
esta historia realiza periódicamente una grabación mental
de sus recuerdos y vivencias de modo que en caso de morir se puede animar
a un clon suyo que almacene el recuerdo de cuanto ella fue hasta el momento
de la grabación. Los problemas aparecen cuando alguien se dedica
a asesinar repetidamente a sus sucesivas encarnaciones.
"Perdido en el banco de memoria", también de Varley,
está ambientada en el mismo universo. En un parque de atracciones,
un cliente graba su mente dentro de un cubo de memoria para poder vivir
unas excitantes vacaciones dentro del cuerpo de una leona. Sin embargo,
a la hora de ser reintegrado a su cuerpo normal aparece un problema, y
el cliente queda atrapado dentro del soporte holográfico de la memoria
del ordenador, un soporte que se esta degradando rápidamente. Esto
crea una interesante especulación sobre que es y que no es real
en nuestra percepción del mundo.
"Ser Lennon", de Gregory Benford, ofrece otra interesante
perspectiva de la inmortalidad electrónica: la simulacion de la
mente humana. Un millonario ha decidido hibernar su cuerpo de modo que
al despertar en el futuro pueda llevar a cabo su máxima ilusión:
hacerse pasar por John Lennon. Sin embargo, para que todo salga perfectamente,
crea un análogo electrónico suyo con el que prepararse frente
a las posibles situaciones que puede llegar a encontrarse en semejante
contingencia. Las simulaciones son posibles porque el análogo no
es como él: es ÉL mismo, y por tanto sus reacciones son completamente
equiparables a las suyas.
Semejante al anterior, pero más en clave de terror
tenemos el relato "La tarjeta", de Charles L. Grant. En el mismo, un hijo
asiste aliviado a la muerte de su despótico padre. Sin embargo,
al volver a casa recibe una desagradable sorpresa: su padre en realidad
no ha muerto, sino que continua vivo en uno de los ordenadores que controlan
la casa.
Mas real que la realidad
También en clave de terror tenemos el excelente
relato de Ray Bradbury "El Veldt". Un paisaje de la sabana africana, generado
por un ordenador mediante técnicas de realidad virtual, demuestra
ser "demasiado" real para algunos visitantes de la habitación en
la que se encuentra. "El Veldt" introduce un interesante aspecto en la
relación hombre- maquina: la realidad virtual, la creacion de un
entorno indistinguible de la realidad por medios mecanicos. Una de las
peliculas pioneras en analizar las implicaciones de esta realidad virtual
fue "Tron", una de las primeas peliculas generadas por ordenador. En la
misma, un hacker es descompuesto en moleculas y transportado dentro de
un ordenador, donde deberá a enfrentarse a un malvado programa que
se ha convertido en un dictador que ha sojuzgado al resto del software
que corre en la maquina. La mision del hacker consistira en reemplazar
este programa por Tron, cuya mision consiste precisamente en eliminar la
nefasta influencia del software dictador sobre el resto de programas de
la maquina.
Mas elaborada visualmente tenemos a "El cortador de cesped".
Esta pelicula, basada en la excelente novela "Flores para Algernon", nos
cuenta la historia de un retrasado mental al que un experimento que implica
la utilización de técnicas de realidad virtual consige aumentarle
espectacularmente la inteligencia. Sin embargo, el experimento escapa del
control de científico que lo lleva a cabo, y la inteligencia del
cortador se incrementa tanto como para convertirle en un ser superior completamente
desapegado de la raza humana de la que procede. La pelicula finaliza con
el pobre jardinero convertido en una Inteligencia Artificial residente
en la red, en una escena identica al llanto de los telefonos de "Marque
F de Frankestein".
La posibilidad de crear un modelo matemático de
la mente humana insinuada en muchas de las obras anteriores está
magistralmente desarrollada por Frederik Pohl en "El hombre esquemático".
Este cuento estudia el proceso por el cual un hombre se almacena así
mismo dentro de los bancos de datos de un ordenador, creando un modelo
de su personalidad. El gran logro del relato es que al final uno no está
ya seguro de si la historia está siendo contada por el protagonista...
o por su análogo electrónico residente dentro de la memoria
del computador, esperando que alguien le ponga en marcha.
Este tema se encuentra mas profundamente desarrollado
en "El experimento terminal", de Robert J. Sawyer. En un futuro próximo,
la nanotecnologia esta empezando a considerarse como una tecnología
consolidada. De hecho, gracias a ella el hombre puede alcanzar un determinado
tipo de inmortalidad. Pequeñas maquinas en la sangre pueden prevenir
el deterioro mental y psicológico. En caso de daños, se encargan
de repararlos o de estabilizar al paciente hasta la llegada de ayuda medica.
Incluso el cerebro, el único punto vulnerable del ciborg nanotecnológico,
se refuerza sustituyendo el hueso del cráneo por un material que
se endurece instantáneamente frente a un impacto. En este estado
de cosas, la utilización de sensores nanotecnológicos permiten
dos grandes avances. Por una parte, la creación de un escáner
tridimensional de la red neural de un cerebro humano... lo que permite
la creación de una copia electrónica del mismo, susceptible
de ser ejecutada en un ordenador e indistinguible en su respuestas del
original. Por otra, se da respuesta a la vieja pregunta de si existe el
alma... cuando se demuestra científicamente su existencia. A vueltas
entre estos dos grandes temas, y con la posibilidad de diseñar una
mente "a la carta" partiendo de los datos originales y eliminando aquellos
elementos con los que se desee experimentar, Sawyer construye una historia
en la que los análogos electrónicos de los seres humanos
viviendo en la red y el mismo concepto de humanidad constituyen un elemento
fundamental de la trama.
Excelente contrapunto de la anterior es la obra de Greg
Egan "Ciudad Permutación". El universo de partida es, en cierta
medida semejante al de Sawyer, en cuanto a que la nanotecnologia se ha
convertido en una realidad cotidiana, con importantes aplicaciones medicas
como el tratamiento del cancer, y la multiplicacion de la potencia informatica
permite la creacion de análogos electrónicos de las mentes
humanas. Pero a diferencia de la obra de Sawyer, donde las personalidad
es electrónicas interactuaban directamente a nivel de datos con
los contenidos de la red informática donde residían, las
inteligencias de Egan necesitan para sobrevivir de un entorno de realidad
virtual plausible... lo que permite al autor jugar magistralmente con el
concepto de que es real y que no lo es. Los cuerpos de los analogos electronicos
estan construidos a partir de un modelo que simula funcionalmente los comportamientos
del cuerpo real… pero eliminando todo aquello que resulte conveniente.
La mente de las copias tambien puede ser modificada del mismo modo, lo
que permite interesantes reajustes en su percepcion de mundo. Introduciendo
además la osada hipótesis del polvo, una sofisticada forma
de solipsismo, y la posibilidad de recrear todo un universo mediante la
utilización de autómatas celulares, Egan se embarca en un
autentico tour de force brillantemente resuelto en una de las mejores novelas
de los últimos tiempos sobre las posibilidades de una vida electrónica
que, en cierto sentido, se encuentra ya a la vuelta de la esquina.
En el cine, este tema se encuentra magnificamente plasmado
en "Dark City" (Alex Proya, 1998). El protagonista, John Murdoch, despierta
un dia sin memoria y descubre que es buscado como un asesino en serie.
Confuso, pero seguro de su inocencia, escapa de la policia en la creencia
de que si recobra la memoria sera capaz de probar su inocencia. Sin embargo,
proto descubre que la realidad en la que se encuentra resulta bastante
extraña. No recuerda haber visto nunca el sol. Es incapaz de encontrar
los sitios donde jugaba de niño y la ciudad tampoco es exactamente
como la recordaba. La situacion se complica todavia mas con la aparicion
de unos extraños seres con la habilidad de detener el tiempo y alterar
la realidad… una realidad que ciertamente no es lo que parece.
"Matrix" (1999) es un excelente compendio de todo cuanto
hemos hablado hasta ahora. Basada en una historia clasica de mesianismo,
esta pelicula se convierte en un crisol donde se funden muchos de los topicos
de genero que hemos analizado hasta este momento. Desde la guerra contra
la IA en la que la humanidad ha sido barrida ante el empuje de su propia
creacion (quedando convertida en una simple fuente de energía para
los nuevos amos del planeta), pasando por los "humanos mejorados" de rancia
estirpe ciberpunk (las escenas de lucha "acelerada" recuerdan mucho a la
de los ciborg con el sistema nervioso potenciado de Gibson) hasta llegar
a las implicaciones de una simulacion completa e interactiva de la realidad
mediante un acoplamiento cerebral directo, en la misma linea de los temas
planteados por "El experimento terminal" y, especialmente "Ciudad Permutacion".
Todos estos elementos están envueltos en unas imágenes oscuras
e inquietantes, con unas secuencias de acción trepidante y una presentacion
visual que hace que la simulacion resulte mucho mas atractiva que el caotico
y destruido mundo real. Una obra que no pasara desapercibida, aunque solo
el tiempo decidira si tiene entidad suficiente para alcanzar la categoria
de mito de la que hacen gala otras de las obras comentadas en este articulo.
Por último, uno de los relatos donde se refleja
de un modo más poético la idea de una mente humana atrapada
en el interior de una máquina es "Terminus", de Stanislaw Lem. En
este excelente cuento, un piloto recibe en encargo de pilotar una gigantesca
y vetusta nave espacial. Investigando en el diario de a bordo, descubre
que la nave en cuestión sufrió un accidente en el que pereció
toda su tripulación... pero no inmediatamente, sino tras una larga
agonía de asfixia y soledad. El único superviviente fue el
robot encargado de la reparación del reactor nuclear, el mismo robot
que ahora se encarga de las reparaciones de la nave. Desde este punto de
partida, Lem construye una historia cargada de melancolía sobre
los fantasmas de los tripulantes atrapados dentro de una máquina
agonizante.
Epílogo
En una sociedad cada vez más tecnificada, las máquinas
son más y más indispensables para el desarrollo de la humanidad.
Nuestros ordenadores son más inteligentes. Estamos aprendiendo a
fabricar órganos artificiales que prolongan nuestra esperanza de
vida. Nuestras naves robot recorren el sistema solar, caminan sobre las
planicies de Marte y vuelan hacia las estrellas. Sin embargo, quizás,
al final del camino tendremos que plantearnos qué precio estamos
dispuestos a pagar para ser cada vez más y más poderosos.
¿Estamos creando ciegamente a nuestros sucesores sobre la superficie
del planeta? ¿Serán las máquinas el siguiente escalón
en la evolución? Preguntas que de momento carecen de respuesta...
