Uno de los espectáculos más fascinantes que puede ofrecernos
la naturaleza es la aparición de una nova. En un sector del cielo,
una estrella de repente comienza a arder con una luz cegadora, miles de
veces superior a su brillo normal. Durante días o semanas se convierte
en el punto más deslumbrante del firmamento. Y luego, suavemente
se extingue, perdiéndose para siempre en el océano de la
noche y llevándose con ella al olvido a todo un sistema solar, con
sus planetas, quizás con seres sensibles como nosotros a los que
el universo nunca volverá a cobijar...
Novas
Durante mucho tiempo se pensó que el fenómeno nova correspondía
al nacimiento de una estrella. De ahí su nombre, que deriva del
latín estella nova (estrella nueva). Históricamente,
siempre se las ha considerado como poderosos augurios: en la antigüedad,
la aparición de un nuevo astro en un firmamento aparentemente inmutable
resultaba algo extraordinariamente turbador. Pero la realidad es bien diferente.
Este grandioso espectáculo celeste no corresponde al nacimiento
de una estrella... sino en muchas ocasiones más bien a su muerte,
o en cualquier caso a una fase bien avanzada de su desarrollo. Las novas
no son raras en el universo; este fenómeno puede darse cada año
una docena de veces. En 1892, T Aurigae fue la primera nova reconocida
como una estrella en explosión, gracias a las peculiaridades de
su espectro en comparación con el de las estrellas normales. Se
detectan y estudian anualmente un par de novas, que se clasifican en función
del año y la constelación en que aparecen. Sin embargo, una
nova con brillo suficiente como para ser observada sin ayuda de telescopio
sólo aparece una vez cada década, más o menos.
Podemos considerar a las novas como un tipo de estrella variable. Inicialmente
experimentan un incremento de su brillo que puede hacerlas hasta diez o
veinte mil veces más brillantes que el sol. Posteriormente entran
en una fase de declive, en la que la luz emitida disminuye gradualmente.
El fenómeno suele repetirse varias veces, hasta que la estrella
pierde demasiado combustible nuclear como para continuar.
¿Cómo surgen las novas? Para entenderlo, repasemos primeramente
el ciclo vital de la mayor parte de los soles. Un estrella es, básicamente,
una antorcha de fusión nuclear. Al principio, la antorcha está
apagada; la vida de las estrellas comienza en medio de una fría
nube de gas. Las fuerzas gravitatorias tienden a comprimir ese gas... lo
que a su vez lo calienta. En ocasiones, este fenómeno de compresión
es iniciado por la onda de choque de una explosión cercana... por
ejemplo, de una supernova. Cuando la temperatura en el interior de la protoestrella
alcanza entre el medio millón y el millón de grados centígrados,
se enciende la llama nuclear y los átomos de hidrógeno y
deuterio se combinan para formar átomos de helio. Este proceso genera
muchísima energía, lo que detiene la contracción de
la estrella: la fusión de un gramo de hidrógeno proporciona
tanta energía como la combustión de 20.000 litros de gasolina.
El ciclo continua hasta que se agota el deuterio. En ese momento, la gravedad
comienza a ganar la partida y la estrella reinicia su contracción.
La temperatura aumenta de nuevo hasta alcanzar el punto en que es posible
la reacción entre el hidrógeno y el litio. De nuevo se libera
energía y la contracción se detiene. Cuando el litio se consume,
vuelve a empezar la contracción y la estrella entra en la etapa
final de su desarrollo en la cual el hidrógeno se transforma en
helio a temperaturas muy altas merced a la acción catalítica
del carbono y el nitrógeno. Esta reacción termonuclear se
mantiene hasta que se consume todo el hidrógeno. La estrella, se
hincha gradualmente y se convierte en una gigante roja, alcanzando su máximo
tamaño cuando todo su hidrógeno central se ha convertido
en helio. Si continúa brillando, la temperatura del centro sube
lo suficiente como para empiecen a fusionarse incluso los núcleos
de helio. Durante este proceso la estrella se hace mucho más pequeña
y más densa. Cuando ha gastado todas las posibles fuentes de energía
nuclear, se contrae de nuevo y se convierte en una enana blanca: una estrella
en la que hay tanta materia como en el Sol, pero en un volumen no mayor
que la Tierra. Es en este punto precisamente donde puede entrar en la fase
de nova.
Analicemos ahora este fenómeno. Volviendo al símil de
la antorcha, una nova es el equivalente de arrojar una lata de gasolina
sobre una llama encendida. Las novas aparecen siempre en sistemas dobles.
En ese sentido, nuestro sol es casi una excepción en el catálogo
estelar: más de la mitad de las estrellas del firmamento pertenecen
a sistemas de dos o más componentes. Imaginemos pues que tenemos
una binaria cuyas estrellas se encuentran separadas y tienen masas diferentes.
La mayor evoluciona más deprisa (un punto curioso es que cuanto
mayor es la masa de una estrella, más rápidamente recorre
su ciclo vital: la estrella que brilla mucho dura poco) y convierte su
hidrógeno en helio en un ciclo carbono-nitrógeno-oxígeno
(CNO) de reacciones nucleares. Al finalizar esta fase, se convierte en
una gigante roja. Su superficie se expande y se traga a la estrella menor.
Las estrellas continúan girando una en torno a la otra. Pero el
gas que las rodea se va calentando y abandona el sistema, mientras la pareja
de soles en su giro se mueven cada vez más cerca el uno hacia el
otro, puesto que van cediendo parte de su momento angular al gas. Al final,
toda la cubierta gaseosa se evapora y las estrellas aparecen orbitando
a muy poca distancia la una de la otra. A estas alturas, la estrella grande
ha consumido todo su combustible nuclear y se ha transformado en una enana
blanca mientras que su compañera permanece más o menos inalterada.
Sin embargo, la distancia que ahora las separa es muy reducida: la estrella
normal comienza a perder materia rica en hidrógeno, que tras arremolinarse
en un disco de acreción cae sobre la enana blanca. La intensa gravedad
comprime el gas, que se irá calentando más y más,
y termina por encender de nuevo el horno nuclear... pero esta vez no lo
hará pacíficamente, sino con la furia de una reacción
termonuclear desbocada, como la que se produce en una bomba de hidrógeno.
En efecto, si el gas fuera normal, se expandiría y enfriaría,
con lo que acabaría la fusión. Pero la materia en el interior
de una enana blanca se encuentra tan comprimida que no se expande ni se
enfría. El resultado final es una explosión de las capas
superficiales que arrastra hacia el espacio productos de fusión
y elementos del núcleo de estrella en explosion e incrementa a su
vez el brillo de modo espectacular. Estos gases pueden abandonar la estrella
a más de 5.000 Km. por segundo: la alta velocidad y el repentino
aumento de volumen hace que se enfríen. Pero el área superficial
del gas en expansión aumenta, lo que intensifica el brillo de la
nova aunque se esté enfriando. Al cabo de un tiempo, la luminosidad
disminuye en el espectro visible, mientras se incrementa en el ultravioleta
y a nivel de rayos X. Unos meses más tarde, lo único que
podrá percibirse de la explosión será una fuente de
rayos X procedentes del núcleo de la enana blanca.
El proceso, sin embargo, no tiene porqué detenerse en este punto.
Si a la estrella compañera le queda suficiente materia, formará
de nuevo un disco de acreción en torno a la enana blanca y reiniciará
todo el ciclo. Puesto que en cada estallido parte del núcleo de
la enana blanca es expulsado al espacio, es evidente que el fenómeno
no puede continuar de modo indefinido. No está muy claro cual es
el resultado final de un sistema de estas características. En cualquier
caso, lo que si se conoce es que el ciclo puede repetirse miles y miles
de veces, en ocasiones con una periodicidad de tan solo centenares de días
entre explosión y explosión.
Supernovas
El estallido de una supernova es muchísimo más espectacular
que el de una nova... e infinitamente más raro. Las estrellas que
pasan por esta fase liberan, en el breve período de la explosión,
la energía que en caso de no estallar emitirían a lo largo
de millones de años. De ahí que las supernovas sean más
brillantes que millones de estrellas juntas y constituyan, a menudo, los
astros dominantes de las galaxias donde residen. En efecto, debido a la
forma de nuestra Via Lactea, desde la Tierra no podemos contemplar la mayor
parte de las estrellas que la integran al estar ocultas por el polvo interestelar
y por el propio disco de la galaxia. Sin embargo, este inconveniente no
aparece cuando contemplamos otras galaxias, cuya visión se haya
solamente entorpecida por su posición en el firmamento y la potencia
de los instrumentos ópticos que utilizamos para verlas: todos los
años se pueden observar un buen número de supernovas lejanas,
hasta el punto de que en ocasiones se han descubierto galaxias a partir
del fulgor de una supernova que empezó a arder en su interior. En
cambio, el azar y la geometría de nuestra Vía Láctea
han determinado que no se haya contemplado en la Tierra un fenómeno
de estas características procedente de nuestro propio grupo de estrellas
desde la invención del telescopio, hace casi 400 años. Es
una lástima, porque poco antes las crónicas registran la
aparición de varias estrellas nuevas en el firmamento, la más
espectacular de las cuales fue la supernova del 1054 de la que queda hoy
en día en el firmamento un resto formidable, la nebulosa del Cangrejo.
Las supernovas se clasifican, de acuerdo con la Unión Astronómica
Internacional, con dos letras mayúsculas, SN, el año del
descubrimiento y una letra que indica el número de orden. Así,
por ejemplo, SN1993J correspondería a la décima supernova
descubierta en 1993. Existen básicamente dos grandes familias de
supernovas: las de tipo I y las de tipo II. Las supernovas de tipo II corresponden
a un tipo especial de estrellas dentro de la secuencia principal, con una
masa superior a seis masas solares. Siguen una evolución normal
hasta convertirse en una gigante roja. En esta fase, su núcleo alcanza
una enorme densidad. Un caparazón de más de 100 millones
de kilómetros de ancho envuelve al resto de su materia, mientras
en el interior los elementos más pesados, como el silicio, sufren
fusiones nucleares que los convierten en hierro. Esto marca el comienzo
del fin de la estrella. Al tratarse del elemento más estable, no
pueden darse nuevos procesos de fusión que produzcan energía.
En ese momento, las regiones centrales del cuerpo estelar comienzan a contraerse:
la energía que suministra el núcleo de la estrella ya no
puede compensar la atracción gravitatoria. Llegados a un cierto
punto, el núcleo de hierro implosiona. Los materiales en colapso
rebotan contra el núcleo central y producen una onda de choque que
emerge impulsando las regiones periféricas de la estrella hacia
el espacio. Las partes interiores dan lugar a una estrella de neutrones
extraordinariamente densa, 1,4 veces la masa solar en el volumen de un
asteroide. Si la masa resultante es superior a 3,5 masas solares, el resultado
es un agujero negro. Mientras tanto, la energía liberada durante
el colapso calienta la envoltura de la estrella, que durante algunas semanas
emitirá más luz que la galaxia entera. Las observaciones
de supernovas viejas, como la de la Nebulosa del Cangrejo, confirman la
existencia de una estrella de neutrones rodeada por una nube de gas que
aun hoy sigue expandiéndose por el espacio interestelar.
Las supernovas de tipo I son muy similares a las novas en cuanto a su
mecanismo de ignición. Están constituidas por un sistema
binario en el que una o ambas componentes son estrellas de gran masa. En
este caso, una de las estrellas comenzaría a capturar grandes cantidades
de combustible nuclear de la otra. Si se sobrepasa el valor crítico,
el sistema estallará en una explosión del tipo supernova.
Un efecto secundario interesante de los sistemas dobles es que no siempre
acaban con la volatilización de las dos estrellas en forma de nube
de gas en expansión. En efecto, en ocasiones la estrella acompañante
sobrevive a la explosión y aparece un sistema formado por un estrella
normal y una estrella de neutrones que se conoce como binaria de rayos
X. En algunas ocasiones, esta segunda estrella puede también explotar
como una supernova. Si las condiciones son adecuadas, la segunda explosión
de la pareja dará lugar a la aparición de una estrella binaria
de neutrones: alrededor del 1% de las binarias de rayos X que sufren una
segunda explosión de nova, acaban convirtiéndose en una binaria
de neutrones.
Las explosiones de supernova han tenido siempre mucho peso en la evolución
química del universo. Según el modelo de la gran explosión,
el universo estaba constituido primariamente por hidrogeno y helio. El
resto de los elementos fueron creados por reacciones de fusión nuclear
en el interior de las estrellas. Las supernovas constituyen el mecanismo
primario por el que estos elementos se reciclan en el espacio interestelar,
donde se incorporan a la siguiente generación de estrellas y planetas.
Las estrellas normales no crean elementos por encima del hierro: estos
átomos solo aparecen en las extremas presiones y temperaturas derivadas
de una explosión de supernova. Tomemos como ejemplo la explosión
de la supernova 1987A en la Gran nube de Magallanes, una de las galaxias
satélites de la Vía Láctea. Era una estrella azul,
cuya masa multiplicaba por veinte la solar. Durante la explosión,
una serie de reacciones nucleares produjeron núcleos radiactivos
raros, de corta vida, y otros elementos pesados más estables: buena
parte de la luminosidad de la explosión deriva del calentamiento
de la nube en expansión por la desintegración de estos isótopos
radioactivos. Este punto fue confirmado cuando se detectó que la
disminución en la luminosidad de la supernova durante sus primeros
días de vida correspondía exactamente con el período
de semidesintegración del cobalto 56 y del cobalto 57.
Otro punto extraordinariamente interesante de las supernovas es su comportamiento
respecto a los neutrinos. En la vida cotidiana, los neutrinos pasan inadvertidos.
Estas partículas sin carga eléctrica y prácticamente
sin masa interaccionan muy débilmente. Sin embargo, en una supernova
tienen una importancia decisiva en la dinámica del estallido. De
hecho, la explosión resulta casi insignificante comparada con la
inmensa radiación de neutrinos que transportan la mayor parte de
la energía liberada por la estrella.
Los neutrinos se producen constantemente en el interior de una estrella
como un subproducto de determinadas reacciones nucleares de la misma. En
el caso de una estrella normal, la atraviesan fácilmente sin chocar
con los átomos que la constituyen. Sin embargo, en el caso de una
estrella de neutrones superdensa, su probabilidad de interactuar con la
materia es alta: muchos quedan retenidos en el interior, cediendo parte
de su energía con las colisiones y dando lugar a nuevos pares neutrino-antineutrino.
El resultado es que casi toda la energía de la explosión
es emitida en forma de neutrinos, un 1% a través de la energía
cinética de la materia expulsada y tan solo una parte de cada 50.000
en forma de luz. Si tenemos en cuenta que en el momento culminante de la
explosión la supernova puede brillar tanto como todo el resto del
universo visible, nos daremos cuenta de la inmensa cantidad de energía
implicada en este espectacular fenómeno...
Estrellas en explosión
en la ciencia ficción
La idea de soles explotando y aniquilando planetas enteros ha sido siempre
extraordinariamente atractiva para el mundo de la ciencia ficción.
Así que el tema ha sido tocado desde todos los puntos de vista posibles.
Uno de los enfoques más perfectos es el de "Nova", de Samuel R.
Delany. "Nova" presenta un futuro donde la humanidad se ha esparcido a
través del universo gracias al viaje más rápido que
la luz. Pero la clave de ese viaje, y de la mayor parte de la tecnología
de esta sociedad futura se basa en un elemento superpesado: el ilirión.
Aunque susceptible de ser obtenido de modo artificial, el ilirión
también aparece en la naturaleza como uno de los subproductos de
la explosión de una nova. En aquellos sistemas solares que han experimentado
en su sol una de estas explosiones, existen minas que se encargan de la
extracción del preciado elemento, que se dedica a todos los usos
imaginables: fuente de energía supercompacta, motores interestelares,
terraformación de planetas... En este universo en el que la posesión
del ilirión juega un papel decisivo en el equilibrio de poder entre
las distintas facciones en las que se ha dividido la humanidad, el capitán
Lorq von Ray persigue la explosión de una nova para obtener siete
toneladas del preciado material directamente de la fuente de la que procede:
el corazón de la estrella en implosión.
El mundo retratado por Delany resulta fascinante. La obsesiva búsqueda
de Lorq tiene numerosos puntos en común con la de la ballena blanca
del capitán Achab: obsesiva, imposible, más allá y
por encima de la propia vida. Acompaña al capitán una tripulación
producto de una de las más variopintas sociedades interestelares
de la literatura del género. El libro mantiene al lector en una
continua sorpresa: las naves MRL, los acoples cyborg que permiten desde
el gobierno de dichas naves a la utilización de cualquier otra maquina,
por complicada que parezca, los instrumentos musicales capaces de excitar
simultáneamente todos nuestros sentidos, la terraformación
de inhóspitos planetas en lugares paradisíacos gracias al
inmenso poder energético del ilirión... a lo largo del libro
el lector avanza de maravilla en maravilla. Pero siempre en los talones
de la búsqueda obsesiva y autodestructiva del maravilloso grial
cuna de toda esa civilización.
Nova presenta una excelente descripción de los mecanismos de
formación de una supernova de tipo II, incluyendo la existencia
de un posible camino de tránsito por su interior. Asimismo ilustra
claramente el papel de la supernova como generador de elementos pesados...
y sus efectos destructivos sobre un posible sistema planetario que girase
en torno a la misma. (concretamente en torno a los restos de una supernova
de tipo I).
"El mundo al final del tiempo", de Frederik Pohl narra la historia de
la evolución de dos formas de vida inteligente de la galaxia. Por
una parte, se nos cuenta la historia de unos seres humanos embarcados en
una expedición de colonización estelar. La descripción
de la empresa es extraordinariamente coherente: los expedicionarios se
desplazan hasta el lejano planeta en un velero solar auxiliado por un reactor
de antimateria.... que va consumiendo parte de la nave al tiempo que su
combustible. Los colonos viajan como inertoides, hibernados por la duración
del largo viaje... aunque parte de la tripulación efectúa
toda la travesía despierta para evitar que algo salga mal, o simplemente
por miedo a los posibles daños derivados del proceso de hibernación.
El otro gran protagonista de la historia es Wan-To. Wan-To pertenece
a una raza de seres constituidos por plasma que han evolucionado en el
interior de las estrellas. La visión que Pohl nos ofrece de estas
entidades resulta simplemente fascinante. Por ejemplo, los seres de plasma
han solucionado el problema de la comunicación a distancias interestelares
mediante la utilización de pares Einstein-Rosen-Podolsky (ERP para
abreviar). Estos pares están constituidos por partículas
que en determinadas condiciones interactúan mutuamente en tiempo
nulo... aun estando separadas por un universo de distancia. El problema
del transporte se soluciona mediante la utilización de taquiones,
cuyas propiedades también están excelentemente descritas
en la obra. La dinámica del núcleo de los soles, los diferentes
tipos de estrellas, la perspectiva del universo desde el punto de vista
de un ser residente en el interior de una estrella y cuyos procesos mentales
están enlazados mediante neutrinos constituyen un prodigio de imaginación...
y de precisión.
La trama de la novela comienza cuando los destinos de ambas especies
se entrecruzan. En efecto, una de las características comunes de
la raza de Wan-To con los seres humanos es su pasión por la guerra.
Y la guerra entre unos seres tan extraordinariamente poderosos no es un
asunto de broma... especialmente para unos seres tan débiles y desvalidos
como los humanos. Los seres de plasma se dedican a generar supernovas para
aniquilarse mutuamente, interfiriendo con la gravedad y afectando a los
núcleos de las estrellas. Y los humanos se ven súbitamente
inmersos en este enfrentamiento cuando un sol estalla bruscamente en su
camino al planeta que van a colonizar, desbaratando su esquema de deceleración
mediante la vela solar. Posteriormente, todo el grupo de estrellas en que
se encuentra su colonia es desplazado a velocidades relativistas para hacer
de señuelo a los disparos de los parientes de Wan-To. Los efectos
que sobre la ecología del planeta y la sociedad de los humanos tiene
este desplazamiento son una obra maestra de rigor e interés. Y la
manera en que estos humanos son conducidos a su enfrentamiento final con
el ser de plasma en la misma muerte del universo mantiene el interés
del lector hasta la última pagina.
Viajes interestelares, viajes por el tiempo utilizando la hibernación
y los desplazamientos relativistas, comunicaciones mas rápidas que
la luz, encuentros entre diferentes especies, descripción de la
mecánica estelar, repaso de los diferentes tipos de estrellas existentes,
incluyendo algún que otro objeto exótico como las enanas
marrones... todo en medio de la historia de la implacable lucha por la
supervivencia de la colonia humana hacen esta obra un hito indispensable
en el mundo de la ciencia ficción.
Otra gran obra sobre el tema de las explosiones estelares la tenemos
en "Día en llamas", de Poul Anderson. Una nave interestelar, viajando
por encima de la velocidad de la luz, asiste al estallido de una supernova.
Inmediatamente se alista una expedición destinada a la observación
del fenómeno en un planeta situado a pocos años luz de distancia
de la explosión. Pero cuando los negociadores llegan para determinar
las condiciones en las que se va a construir el observatorio, en un planeta
con un nivel científico semejante al nuestro, se encuentran con
una situacion política particularmente compleja... y en ocasiones
altamente explosiva. La forma en que la tripulación de la nave comercial,
formada por varias especies inteligentes, interactua con los testarudos
habitantes de Merseya es un clásico del género.
"Día en llamas" ofrece una descripción particularmente
lúcida de los "efectos secundarios" de una explosión de supernova
a varios años luz del punto del desastre: los efectos del pulso
electromagnético originado por la interacción de la onda
de choque con el campo magnético del planeta sobre los dispositivos
electrónicos, el efecto de la radiación de partículas
alfa y el desastre ecológico asociada con la misma, y el fin de
la navegación estelar hasta que se estabilicen las condiciones de
radiación en el espacio circundante al planeta afectado por la explosión.
Otro gran relato sobre los efectos de una nova lo tenemos en "La estrella",
de Arthur C. Clarke, un relato ganador del premio Hugo. "La estrella" relata
el estremecedor periplo de una expedición astronómica que
alcanza un sistema solar devastado por la explosión de una nova.
Esta expedición descubre inesperadamente entre los restos calcinados
del único planeta que ha sobrevivido al holocausto el cenotafio
erigido por una civilización extraterrestre condenada por el destino
a ser inmolada en la ardiente pira de su sol. Las dudas que la existencia
de esta civilización provocan sobre la fe del narrador y el espeluznante
final del relato lo convierten, sin ningún género de duda,
en una obra maestra. "La estrella" contiene una descripción bastante
realista de los efectos que la explosión de una estrella pueden
tener sobre su sistema planetario.
Clarke también toca el tema de la supernova en su relato "Partida
de rescate". Una nave de una alianza alienígena multicultural es
desviada para contactar a la humanidad, tras detectarse la inminente conversión
del Sol en una nova. Cuando la nave finalmente llega a nuestro planeta,
descubre que los seres humanos no se han quedado a esperar la explosión
de su sol... y han iniciado su propio viaje hacia las estrellas utilizando
una inmensa flota de naves sublumínicas. "Partida de rescate" es
un relato muy interesante, no solamente por los equívocos culturales
que el contacto entre dos civilizaciones produce sino porque se encuentra
basada en cierto modo en hechos verídicos. En la vida real resulta
prácticamente imposible determinar cuando una estrella va a alcanzar
la fase de nova o supernova. Sencillamente, las capas exteriores continúan
quemándose normalmente... mientras que el núcleo interno
se colapsa. Pero, como hemos visto, sí existe un indicador, aunque
bastante indirecto, para verificar el estado del núcleo de la estrella:
los neutrinos que la abandonan. A mayor densidad nuclear, más interacciones
y menos neutrinos. El problema es que desde que se iniciaron las mediciones
de estas esquivas partículas hemos descubierto que nuestro sol emite
muchísimos menos neutrinos de los que debiera. Esta curiosa anomalía,
ampliamente estudiada y para la que no tenemos en este momento explicación,
es utilizada por Clarke para justificar en su momento el estallido del
Sol.
En la misma línea de "Partida de Rescate" tenemos "Cánticos
de la lejana Tierra". En este libro, asistimos a la diáspora de
la humanidad entre las estrellas huyendo de nuevo del estallido de nuestro
sol. Para solventar los problemas derivados del viaje interestelar a velocidades
subluminicas, los hombres recurren al empleo de naves sembradoras automáticas,
que transportan a las estrellas material genético y embriones en
busca de aquellos planetas aptos para el desarrollo de las formas de vida
terrestre. La educación de los colonos esta mediatizada por la información
guardada en las computadoras de la colonia... de la que han sido eliminados
aquellos elementos "peligrosos" como los datos referentes a las guerras
y las religiones. Sin embargo, justo antes de la muerte del Sol, los seres
humanos se hacen con la llave del viaje interestelar a velocidades casi
lumínicas. El libro relata precisamente el encuentro de la ultima
nave de la Tierra, con una de estas colonias "sembradas" por una nave automática
al principio de la huida de la humanidad desde nuestro planeta madre...
La ultima obra de Clarke sobre estallidos estelares es el fantástico
cuento "Amad ese universo". Como en el relato anterior, en un momento dado
la humanidad detecta que el sol esta a punto de pasar a la fase de nova.
Es imposible abandonar el planeta. La única esperanza consiste en
entrar en comunicación con una lejanísima civilización
capaz de crear y modificar a su antojo púlsares y estrellas. Pero
para que la comunicación tenga el más mínimo sentido,
debe ser más rápida que la luz. La forma en que los humanos
se preparan para la emisión de este desesperado grito de ayuda al
final de la historia es un ejemplo clásico de lo que los sorprendentes
finales de Clarke pueden llegar a ofrecernos. Una pintura excelente de
la desesperación de una civilización que se sabe condenada
por la muerte de su sol.
Una de las más inteligentes especulaciones sobre los efectos
de una explosión solar sobre la vida en nuestro planeta, nos la
ofrece "Luna Inconstante", de Larry Niven, también premiada con
el Hugo. En este increible relato, una noche normal, con una hermosa luna
llena, acaba por convertirse en una horrible pesadilla cuando el mundo
dormido se da cuenta que el enorme incremento en el brillo de nuestro satélite
es debido a que el sol ha estallado. ¿Cómo pasaríais
las últimas horas de vuestra vida antes de la llegada de la onda
de choque de la explosión? ¿Y si en un momento dado todavía
quedase un resquicio a la esperanza? "Luna inconstante" pone de manifiesto
un hecho muy importante, pero que en cierto modo escapa a la comprensión
de lo que denominamos "sentido común"; aún en el caso de
que el sol estalle, la onda de choque de esa explosión no puede
propagarse por la atmósfera a la velocidad de la luz: aquellos situados
justo en el vértice de la medianoche tendrán unas cuantas
horas de vida antes de que la inmisericorde guadaña de la explosión
les envíe al olvido.
En la misma línea se desarrolla "Infierno", de Fred y Geoffrey
Hoyle. En esta novela, lo que empieza detectándose como una explosión
de supernova más, acaba por convertirse en el estallido de la totalidad
del centro galáctico. Los efectos térmicos, climatológicos
y radiactivos de semejante holocausto amenazan seriamente la continuidad
de la vida sobre nuestro planeta. Solo los más fuertes y decididos
tendrán la posibilidad de sobrevivir a las furias desatadas por
semejante catástrofe cósmica.
Asimov también trata el tema de las novas en su relato "Luz estelar".
Un criminal que huye de la justicia queda atrapado en mitad de ninguna
parte porque su sistema de navegación se vuelve loco intentando
identificar una estrella que ha pasado a nova en el momento de su salto
al hiperespacio.
Por último, no podemos olvidar aquellos relatos en los que la
influencia de la tecnología provoca de la destrucción de
los soles. En efecto, un arma capaz de inducir en una estrella el estado
de nova es el arma definitiva: no solo destruye el planeta de nuestros
enemigos, sino también su sistema solar y todo lo contenido en el
mismo. Este tipo de armas es utilizada en "Tropas del Espacio" de Heinlein
bajo el nombre de "bomba Nova". También aparecen en la película
"La nueva generación", de la serie de Star Trek, como un torpedo
capaz de apagar soles para cambiar la dirección de una perturbación
cósmica con unas propiedades ciertamente interesantes. Otra novela
en la que se utilizan armas "estelares" es 'Dark Star' (1974) de Alan Dean
Foster. Un equipo viaja en una nave espacial cargada de bombas conscientes
capaces de destruir un planeta entero. Su misión es determinar si
los planetas descubiertos son inestables porque se pueden destruir, su
sol está cerca de ser supernova etc. En ese caso lo vuelan, para
evitar que las futuras colonias que se podrían asentar en el mismo
corran peligro. La tripulación esta psicológicamente desequilibrada
por los largos años pasados en el espacio, puesto que no pueden
regresar hasta haber arrojado todas las bombas. Además la nave tiene
cada vez más problemas y todo el mundo tiene ganas de retornar a
casa. Pero cuando van a detonar la penúltima bomba se encuentran
con que el mecanismo que la ha de soltar sobre el planeta se atasca. La
bomba insiste en estallar y los astronautas deberán de convencerla
de lo contrario... ya que no puede ser desactivada.
En el excelente cuento "Espoleta de Tiempo", de Randall Garrett, la
primera nave con propulsión FTL de la humanidad descubre al llegar
a su destino que la onda de choque de la hiperimpulsion provoca el estallido
de las estrellas a una cierta distancia de las mismas. Lo que plantea un
interesante problema, porque si al parar el motor se produce el estallido
del sol mas próximo a su destino... ¿cómo conseguirá
la nave volver a casa sin destruir al sistema solar en el intento?
Heraldos de portentos, guía de magos en busca de Dios, espadas
destructoras de sistemas solares enteros. Novas y supernovas son ciertamente
fenómenos muy interesantes. Pero es mejor contemplarlos desde lejos.
Sin embargo, si acaso una noche la luna llena comienza a brillar con una
luz desaforada... cuidado. Pensad cuidadosamente en qué vais a emplear
vuestras próximas horas. Porque a lo mejor para el siguiente amanecer
ya no existe un sol como el que conocisteis que pueda alzarse de nuevo
por encima del horizonte.