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martes, 25 febrero, 2003

¿Qué pasará con Sharon y los otros?

No tengo palabras, la actual situación me supera. No soy capaz de analizarla con frialdad, incluso dudo de que alguien pueda ser objetivo.

Primero Afganistán invadido con bombas profilácticas, limpias, celestiales... caídas del cielo para restaurar la justicia y expulsar a los herederos de Caín que campaban a sus anchas por aquellas tierras.

Ahora Sharon héroe judeo-americano digno sucesor de la extirpe de David se enfrenta al gigante Goliat, conocido terrorista palestino.

Y dentro de unos días Bush digna reencarnación de los Cruzados que invadieron en otro tiempo Tierra Santa, la emprenderá de nuevo contra el infiel Sadam.

Me pregunto si alguien se cree que todos los palestinos son terroristas. Menos mal que a Bush o a otro superhéroe no le ha dado por restaurar la justicia en España, ¿se lo imaginan bombardeando de nuevo Guernica? Claro que esta vez con el beneplácito de los países civilizados que lo apoyarían en su persecución del terrorismo.

En cualquiera de los casos, sigo pensando como cuando siendo un niño me contaron la historia del pequeño David y el gigante Goliat. Prefiero apoyar al débil. Extrañamente, con los años me encuentro más confundido.

Resulta que los que tiran las piedras, los que lloran más muertos, los que tienen más hambre, los que no tienen derecho ni a vivir donde siempre han vivido... son los malos de la historia, son los hijos de Goliat.

Resulta que los de los tanques, los de los helicópteros Apache, los de los uniformes futuristas... son los buenos, los hijos del rey David.

NO ENTIENDO NADA.

Quizás algún día Yaveh, Alá, Dios, Buda... se pongan de acuerdo y los sienten a todos delante de un tribunal para ser juzgados. Lo cierto es que preferiría vivir lo suficiente para verlos sentados ante el Tribunal de la Haya, tal y como ahora mismo se encuentra Milosevic.

En cuanto al terrorismo, creo que lo dejaré para cuando la objetividad me permita analizarlo.

(Faro de Vigo)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 15:52
Editado: jueves, 29 octubre, 2009 19:52
Categorías: Opinión

lunes, 24 febrero, 2003

Complejo de Dios

Ciertos políticos, empresarios, clérigos, etc. cuando ocupan durante algún tiempo un cargo de alta responsabilidad, adquieren un extraño complejo al cual a mí se me ocurre llamar Complejo de Dios. Desconozco si hay algún estudio serio sobre el tema, si algún psicólogo o psiquiatra lo menciona en sus tesis o trabajos.

Quizás es tan obvio o corriente que no merece ni un análisis minucioso, pues de no ser así no lo entiendo. Veamos, se ha estudiado el complejo de Edipo, el síndrome de Estocolmo, el temor al éxito, el temor al fracaso... y un sinfín de deformaciones de la conducta humana. ¿No es importante entender la maldita razón que deforma hasta tal punto la personalidad de un individuo? Más si tenemos en cuenta que estas personas dirigen muchas veces nuestras vidas directa o indirectamente.

¿Cuál es el motivo que lleva a un ser humano a creer que no es más que eso? ¿Por qué una persona se olvida de todo su aprendizaje moral, ético e incluso teológico? ¿Por qué esa misma persona olvida su misión encomendada?

Y cuando digo misión encomendada no hablo de extrañas epopeyas. Es algo totalmente claro y conciso:

1. En un político, gestor temporal de un estado o la parte que le toque del mismo.

2.En un empresario, gestor temporal de una empresa o la parte que le toque de la misma.

3.En un clérigo, gestor temporal de una iglesia o la parte que le toque de la misma.

4.Etc.

Tiene gracia, normalmente los elegimos nosotros y acaban creyendo que los elige Dios.

(La Opinión de A Coruña)

(El Correo Gallego / 10-mar-2003)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 13:55
Editado: jueves, 29 octubre, 2009 19:53
Categorías: Opinión

lunes, 03 febrero, 2003

Mi Amigo

Mi amigo se pasa el día a la puerta de un supermercado. Esperando a que su suerte cambie.

Jamás le he visto pedir, nada en absoluto. Aunque algunos se detienen y le ayudan, muy poca de esta “buena gente” se compromete.

Mi amigo no es un vago, ni un delincuente. Quizás la vida lo ha tratado mal o su destino ya estaba escrito mucho antes de nacer.

Intenta alcanzar nuestro mundo, desprenderse del lastre que lleva consigo. Pero lo máximo que alcanza es que le ofrezcan la descarga de un camión por cuatro duros o desatascar una cloaca por tres.

A veces su mirada de agradecimiento me hiere más que una bofetada pues, aunque sé que es sincera, me humilla por lo que yo tengo y él no.

Sus palabras se me clavan en los oídos y no puedo frenar su eco durante horas. Pues no puedo o no hago lo suficiente para traerlo a mi mundo.

Su casa es la calle, ya que ni el dinero (que no tiene) ni la buena fe (que no tenemos) le permiten mejor hogar.

Se asea como puede, se alimenta malamente y alguna que otra vez duerme en un lecho parecido al mío.

Me pregunto si alguna vez seré capaz de hacer por él mil veces lo que ahora hago. Me pregunto si ustedes tienen un amigo similar.

¿Cuántos hemos pasado a su lado sin prestarle atención, sin dedicarle ni una mirada? ¿Por qué no lo hacemos?

  • Porque nos avergonzamos de nuestra suerte.
  • Porque tememos que la pobreza se contagie.
  • Porque nos duele nuestra propia pasividad...

Y acabamos rezando una oración: “Servicios Sociales libradnos de todo mal”

Es una pena. Rezar casi nunca sirve de gran cosa.

(El Correo Gallego / 03-feb-2003)

(La Opinion de A Coruña / 16-feb-2003)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 13:41
Editado: jueves, 29 octubre, 2009 19:53
Categorías: Sentimiento